Archive for: julio 2014

Presidencia del Parlamento responde pero no satisface o Mariela Castro estaba clara al votar en contra

mariela castroLa rápida respuesta que nos ofreció la Presidencia del Parlamento a la carta del Proyecto Arcoíris que entregamos hace solo tres semanas es un hecho positivo, aunque su contenido no me satisfizo, y finalmente prueba que la diputada Mariela Castro Espín, en mi criterio, tenía razón al votar en contra de la Ley del Código de Trabajo en diciembre de 2013.

Trataré de ser lo más objetivo posible en este análisis, para tranquilidad de los funcionarios que me acusan de estridente. Y lo más breve de que soy capaz, dentro de la complejidad que tiene el asunto.

Como anuncié en la entrada anterior, la pasada semana me citaron a una reunión en la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, encuentro que presidió José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del Parlamento y también de la comisión que tuvo a su cargo la redacción final de la LeyNo.116 Código de Trabajo, junto con Madalina Marrero, jefa del área de Atención a la Población, Tubal Páez, jefe de Comunicación, y Ulises Infante, especialista del área jurídica.

En ese contacto de poco más de una hora, Toledo Santander me transmitió los argumentos que fundamentarían la omisión en el texto definitivo de la ley laboral del principio de no discriminación por identidad de género en el inciso B del artículo 2, sobre los principios fundamentales que rigen el derecho al trabajo, tal y como propusieron activistas LGBTIH durante el proceso de consulta popular del anteproyecto y resumió la diputada Mariela Castro Espín, junto con otras propuestas, en la sesión ordinaria del Parlamento donde votaron el nuevo Código de Trabajo.

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¿Funcionarios o parricidas del arte?

2002_650-640x480Mientras escribo estas letras escucho a Silvio Rodríguez y me vienen muchas cosas a la mente: Haydeé Santamaría extendiendo sus emplumadas manos, como gallina protectora, para resguardar a unos vilipendiados jóvenes con guitarras; Domingo del Monte gestionando con los burócratas de La Habana la presentación de la obra de un desconocido: su ahijado Milanés.

¿Qué sería de la Cuba de hoy y la Nueva Trova sin las alas protectoras de Teté? ¿Qué sería de Matanzas, y la Isla toda, sin las tertulias y la actitud Del Monte? Ambos resultaron excelentes funcionarios del arte.

Pero quiso la vida que esa palabra, funcionario, se arropara de lo peor de ese extenso y empinado camino que significa el necesario Socialismo: la abulia de los burócratas.

¿Desconocen acaso que la esencia misma del término resulta revolucionaria por excelencia? Un funcionario debería ser gestor de lo imposible: ¡lograr que las cosas funcionen!, a pesar de los bloqueos (el de afuera y los de adentro), la escasez de recursos, el visto bueno de arriba, etc, etc, etc…

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