Archive for: febrero 2015

Reportaje a Villafranca conmociona la red (I): Supongamos

reportj_on_cuba_villafranca

Dedicamos espacio al debate generado en la blogosfera doméstica tras la publicación de en OnCuba de un reportaje sobre Reynaldo Villafranca, el enfermero cubano fallecido de malaria en Sierra Leona

tomado de Supón

Hagamos un ejercicio de la imaginación. Supongamos por un momento que no hablamos de Villafranca. Que en lugar de vivir en ese barrio marginado, pobre, de Los Palacios, vive en un reparto en las afueras de la capital. Que no se abrió el camino hasta la profesión de enfermero a través de años de jornalero y obrero calificado, sino que estudió una carrera universitaria y fue de los alumnos más brillantes. Pensemos por un momento que en lugar de dedicar sus ratos libres y sus noches a travestirse y doblar a alguna que otra cantante famosa en el cabaret del pueblo, desde joven sentía pasión por los cartoons y hasta llegó a tener una tira semanal en Dedeté. Más información

Celina

10968567_10152784444053515_6472042496123586913_n

tomado de La Esquina de Lilith
Viendo una foto en el muro del musicólogo Oni Acosta, me sorprendí de que estuviera viva. Acostumbrados a que los famosos lo sean hasta el final, me acurrucó el día ver a la reina de la música campesina, a la Celina González que durante años señoreó el punto cubano, recostada en un sillón, con un rostro que no era de sonrisa ni de lágrima, sino de espera más allá del lente de la cámara que, quién sabe, es posible que la retratara por última vez.

Hoy, después de una larga enfermedad, murió Celina González, el cuerpo que nos dejó la enfermedad de aquella criolla de voz estridente e imagen fuerte que tronaba sin llegar al fabricado grito que abrazaron como muestra de originalidad más de uno de sus contemporáneos. Celina era la mujer fuerte que está en nuestras casas, que se mueve al ritmo de la vecindad, que se persigna con la misma naturalidad con que acaricia a sus hijos, esa cubana que es una trenza de dulzura y acero, de ímpetu y beso.

Celina, para muchos, era la imagen más límpida de Cuba. Más allá de las florituras de Juana Bacallao y las alhajas que ni falta le hacían al portentoso timbre de Celia Cruz. Celina era la belleza y la hidalguía, señorío y mesura. Se sentía reina y lo era. La reina de todos. La única, después de aquella que llevaba un lunar coronándole la frente. Vivía su arte y su realeza. La manga florida, la falda siguiéndola en cortejo, la barbilla, la flor en el costado, la manta, que tanto me la emparentó con la reina española, la gran Lola Flores. Más información

A %d blogueros les gusta esto: