Archive for: Julio 15th, 2017

Ideas y consejos de una profesora a sus estudiantes de 5to año del curso 2016-2017 Graduación Facultad 2

Tomado del blog Cuba Por Dentro

El 12 de julio es un día de nacimientos de grandes en la historia. Personajes de las artes que nuestros artistas aficionados deben conocer y estudiar como el escultor Marcelo Pogolotti y el músico Amadeo Roldán;El 12 de julio es un día de nacimientos de grandes en la historia. Personajes de las artes que nuestros artistas aficionados deben conocer y estudiar como el escultor Marcelo

Pogolotti y el músico Amadeo Roldán; grandísimos de las luchas independentistas como el hijo de esclavos y también poeta Juan Gualberto Gómez y una de las mujeres y madre con más coraje: Mariana Grajales. Hoy también nacen ustedes, los hijos de Ingeniería en Ciencias Informáticas de la mejor Facultad 2 de la Universidad de las Ciencias Informáticas. Y como estos personajes, deben hacer historia y crear sus propias hojas de vida para que no pasen desapercibidos, para hacer el bien, para emplearse en lo que mejor saben hacer.

Aun algunos antiguos estudiantes y profesores me preguntan por qué fui la elegida para este honor. Sinceramente, puede que hasta yo me lo haya preguntado. Y aunque me pone en un aprieto gordo de verdad, con lo que saben que me molesta lo gordo, les agradezco el reconocimiento que pararme aquí, ante ustedes, me causa.

El próximo sábado 15, muy oportunamente, tengo reunión de la graduación del 2002. Hace 15 años nos graduábamos los únicos 96 estudiantes de Ingeniería Informática de ese año porque la carrera era nacional. Hoy somos casi una plaga, sin embargo continuamos siendo medios incomprendidos en lo que hacemos. Y eso está claro. Aun hay algunos que, sentados aquí ya, están esperando ver una modelación o un algoritmo que resuelva un problema difuso del que todos esperan una soluciones exactas. En aquel momento se agradecía la aparición de un Carlos Varela, de un Silvio Rodríguez o de un Gerardo Alfonso que, con sus letras y su pasión, nos hiciera remover el piso y se bailaban ritmos acompasados como el casino, el merengue y la kisomba que nuestros colegas africanos, no solo angolanos, nos trajeron. Las discotecas eran el ambiente dubitativo de nuestros padres. Hoy los gustos son otros y muchos prefieren remover ellos mismos el corazón (y algunas cosas más) de sus parejas al compás de las caderas con un (sin adjetivo) reguetón. Ya casi nadie oye rock ni lee un buen libro. Sentarse en el malecón solo es hobby de algunos. Sin embargo, la cita para nuestra reunión el sábado dice así textualmente: “y quizás acabemos en el malecón como antaño”.

Los tiempos no son los mismos. Esperar que se comporten, piensen o ideen igual es una utopía pero hay principios que no deben decaer nunca. La universidad es un tiempo donde se corren dos maratones y digo maratones con toda intención: lo importante no es la velocidad si no la resistencia y la perseverancia. Un maratón es la que tiene como meta apropiarte de cuanto conocimiento puedas, desarrollar cuantas habilidades tengas potencial para ganar y formarte bajo el amparo de sentimientos y valores para con tu profesión, tu trabajo y tu patria. El otro maratón tiene la virtud mayor de enseñar a ser el tipo de persona por el que te vas a definir, a ser disciplinado o no, a tener palabra o no, a responsabilizarte por tus acciones y a tender la mano sin necesidad de que alguien te lo pida, sea amigo o no. A mi entender, la universidad ha dejado de prestarle un poco de atención a este tipo de segunda maratón, que debe ir en paralelo y que de verdad logra un profesional comprometido como dice el objetivo rector del plan de estudio que acaban de vencer.

Hoy, estoy convencida, quien ya pudo concientizar el momento que vive, tienen muchos temores, alegrías y sentimientos confundidos y mezclados en una gran madeja. ¿Podré hacer lo que me manden cuando llegue a mi nuevo trabajo?, ¿estaré a la altura de lo que se me pide?, ¿mis amigos seguirán siendo mis amigos?, ¿los volveré a ver?. Les cuento que a las dos primeras preguntas solo el camino que ya recorrieron y que no tiene remedio y el que sean capaces de forjarse, les van a dar la respuesta. En cuanto a los amigos deben entender que las graduaciones tienen el símil de ser despedidas pero les cuento que los verdaderos amigos, aunque sea una llamada de vez en vez, van a darles, no importa dónde estén ni en qué condiciones. Ya son hombres y mujeres, hay quien por edad hace rato, y deben empezar a entenderlo y comportarse como tales. La universidad es casa de “travesuras” de alta calidad, según lo dispusieron ustedes los clientes, con una gestión del costo mínimo. La vida real es diferente: los clientes son variados, la calidad como dice Jarabe de palo, DEPENDE de según como se mire, y el costo… altísimo porque la gestión de riesgos se va de las manos.

Hoy tienen algo que escasea en sus vidas y eso se llama tiempo. Si les parece que son jóvenes y claro que lo son, tanto como yo, es un dato con una probabilidad rara, que cuando chasqueas los dedos, ya no es. Les sugiero entonces: propónganse metas a corto plazo, realizables pero retadoras, que los haga crecer siempre. Estar estancados los hace obsoletos y convertirse en heredados en vida, no es tener buena reputación. Nunca dejen para mañana, siquiera para ahorita, lo que pudieron haber hecho ayer. La vida es un ir y venir con obstáculos y vicisitudes de todos los colores y les aseguro que todavía no tienen ni remota idea de lo que son capaces de hacer, de vencer y de maniobrar. Si alguien hace dos meses me hubiera dicho que iba a tomar las decisiones que he tomado en estas dos semanas, me le hubiera reído en la cara porque me hubiera parecido inconcebible que estuviera en tal situación. Y, como para variar poco, al menos en mi vida, la conciencia y la razón no se ponen de acuerdo, hay que irse por una de ellas y rezar porque hayas tomado el mejor camino.

Muchachos, es hora de otros consejos:

La universidad los preparó que fueran curiosos y no menesterosos: estudien, investiguen, averigüen. Recuerden siempre que los proyectos, trabajos de curso y la tesis no se hicieron solos.
No siempre se va a estar donde se prefiere y eso no hace que sea mejor o peor ni que el lugar tenga la culpa de lo felices o infelices que puedan ser. Eso solo lo pueden hacer ustedes con voluntad y corazón.
Hagan lo que hagan, siempre que sea con la premisa de que al poner la cabeza en la almohada puedan dormir como buenos samaritanos y no como guerreros bárbaros. Las guerras y personas que destruyan sobran en este mundo
Pocas cosas en la vida no tienen su simulacro en la universidad. Cuando enfrenten alguna decisión, busquen su analogía que algo similar tuvieron los tiempos docentes. Eso los va ayudar a calmarse y encontrar la mejor solución.
Hagan su papel de ingenieros y solucionen. Emprendan aunque sepamos que es difícil. Si fuera fácil cualquiera pudiera hacerlo.

No tengan miedo a asumir tareas porque ellas son quienes le enseñarán lo que falta. Algunos ya me han oído muchas veces, algunos piensan que es una letanía, hoy lo repito a todos: No cambien el lindo envase por un buen contenido. Un short corto, un par de chancletas o un pelado exótico no los define. Y si lo hacen, solo valen eso. Sean ustedes algo más que la moda o una tendencia.

Valoren las experiencias que tengan porque ninguna es tan buena ni tan mala como parece y todas son fuentes de sabiduría. A un traspié, un disimulo de caída, una mirada alrededor a ver quién ríe, echarle una mirada terrorífica y seguir con el mejor talante. Sean parte de las soluciones, no de la creación de problemas y, si necesitan ser problema alguna vez, pues también sean parte de la solución entonces.

Si alguna vez dudan, recuerden a la profesora que les habló aquí hoy. Todos los días amanece con alguna, incluso con la duda de si podrá levantarse de la cama. Nunca las hagan notar. Coger lucha es parte del plan si quieren hacer la diferencia.

No me resta nada más que decirles. Aun les falta 15 años para ser mis colegas amén de lo que algunos piensan. Pero de cualquier manera les digo con alegría y con el agradecimiento de alguien que ve sus pichones volar.

FELICIDADES MIS INGENIEROS!!!

Su profe, Madelín Haro Pérez

12 de julio de 2017

LA CRISIS CIVILIZATORIA Y EL PAPEL DE LA ÉTICA. FREI BETTO

por Frei Betto

tomado del blog El Ciervo Herido

En griego, ethos significa casa en el sentido amplio de hábitat del ser humano, tanto en lo relativo a la naturaleza como a la vida social. Ethos es una casa en construcción, y en ella el ser humano se pregunta por el sentido de sí mismo, por el rumbo y el objetivo del proyecto que asume. La ética es, pues, un proceso mediante el cual conquistamos nuestra humanidad y construimos nuestra casa, o sea, nuestra identidad como persona (ser político) y como clase social, pueblo y nación.
La humanización de sí, de los otros y del mundo es un permanente “llegar a ser”, según el punto de vista apuntado por Teilhard de Chardin: cuanto más nos espiritualizamos, más nos humanizamos. Y nuestra espiritualización es una cuestión ética antes que una opción religiosa.
El ser humano tiene dos actitudes posibles ante la vida: vivir de la tradición o de la innovación. Vive de la tradición quien se somete al mundo en el que se inserta sin cuestionarlo ni cuestionarse en él. Es la tendencia predominante en este mundo globocolonizado en el que vivimos hoy. El modo de la tradición es propio de los animales, incapaces de innovar su hábitat. Son atávicamente presos de la naturaleza.

Al ser humano le es dado el poder de innovar, de distanciarse de la naturaleza y de sí mismo, de preguntarse por el sentido de la vida y los valores a asumir ante el abanico de opciones que se abre a su libertad. Porque somos esencialmente seres históricos llamados a hacer historia.

La libertad no es dar rienda suelta a los deseos. Añádase que, con frecuencia, nuestros deseos no son propiamente nuestros. Son deseos de otros infundidos en nosotros por la publicidad y la trivialidad. Libre es quien se distancia de la tradición, de las presiones circundantes y, al indagar por el sentido, actúa de acuerdo con la inteligencia. La modernidad prefiere decir: actúa de acuerdo con la razón. Pero “la razón es la imperfección de la inteligencia”, alertó Santo Tomás de Aquino. El conocimiento no se adquiere solo mediante la razón; involucra la intuición, los sentimientos, las emociones, el sentido estético, etc. Así, la ética no nace del logos, sino del pathos, allí donde reside la emoción. Nace de la tierra fértil de la subjetividad, en la que se fortalecen las raíces de nuestros valores y principios.

La razón es la estancia intermedia entre el pathos y la contemplación, la forma suprema de conocimiento, el que nos hace vivenciar lo Real. Si no percibimos esa diferencia, somos capaces de reconocer la miseria y analizarla (razón), pero no siempre somos sensibles a ella o nos produce indignación, hasta el punto de actuar para erradicarla (pathos).

Ética social

Sócrates fue condenado a muerte por herejía, como Jesús. Lo acusaron de predicarles nuevos dioses a los jóvenes. En realidad, la iluminación de Sócrates no le abrió los ojos para ver el Cielo, sino la Tierra. Advirtió que no podía deducir del Olimpo una ética para los humanos. Los dioses olímpicos podían explicar el origen de las cosas, pero no dictarles normas de conducta a los seres humanos.

La mitología, repleta de ejemplos nada edificantes, obligó a los griegos a buscar en la razón los principios normativos de nuestra buena convivencia social. La promiscuidad reinante en el Olimpo podía ser objeto de creencia, pero no convenía que se tradujera en actitudes; así, la razón conquistó autonomía frente a la religión. En busca de valores capaces de normar la convivencia humana, Sócrates apuntó a nuestra caja de Pandora: la razón.

Si nuestra moral no dimana de los dioses, entonces somos nosotros, los seres racionales, quienes debemos instituirla. En Antígona, la pieza teatral de Sófocles, Creonte le prohíbe a Antígona sepultar a su hermano Polinice en nombre de razones de Estado. La protagonista se niega a obedecer “leyes no escritas, inmutables, que no datan de hoy ni de ayer, que nadie sabe cuándo aparecieron”. Es la afirmación de la conciencia sobre la ley, de la ciudadanía sobre el Estado, del derecho natural sobre el divino.

Sócrates sostenía que la ética exige normas constantes e inmutables. No puede depender de la diversidad de opiniones. Platón aportará luces a la razón humana, al enseñarnos a discernir entre realidad e ilusión. En su República, recuerda que, para Trasímaco, la ética de una sociedad refleja los intereses de quienes detentan el poder en ella. Concepto que sería retomado por Marx y aplicado a la ideología. ¿Qué es el poder? Es el derecho concedido a un individuo o conquistado por un partido o clase social de imponer su voluntad a los demás. Y Aristóteles nos apartará del solipsismo al asociar felicidad y política.

Más tarde, Santo Tomás de Aquino, inspirado en Aristóteles, nos dará las primicias de una ética política, al priorizar el bien común y valorizar la conciencia individual como reducto incorruptible, y la soberanía popular como el poder por excelencia. Maquiavelo, por el contrario, despojará la política de toda ética, al reducirla a mero juego de poder y comercio de intereses, en los que los fines justifican los medios.

Lo moderno y lo posmoderno

La crisis civilizatoria es un fenómeno singular que nos sitúa en la frontera entre dos proyectos civilizatorios: el moderno y el posmoderno.

Hoy en día experimentamos algo que nuestros bisabuelos no conocieron: un cambio de época. Ellos conocieron períodos de cambios. No fueron, como nosotros, contemporáneos de un cambio de época.

Durante los últimos dos milenios, la historia de Occidente estuvo signada por dos grandes épocas: la medieval y la moderna. La primera se prolongó durante mil años. La segunda, la mitad que la primera.

Lo que caracteriza a una época es su paradigma. El de la época medieval era la religión. La centralidad de la fe cristiana favoreció la hegemonía política de la Iglesia. Toda la cosmovisión de la Edad Media estaba marcada por factores religiosos y nociones teológicas.

Esa religiosidad infundió en las personas una ética basada sobre la noción del pecado, el miedo al infierno y la esperanza de alcanzar una vida eterna feliz después de la muerte. Eso no significa que los medievales estuvieran exentos de actitudes antiéticas. Por el contrario, la carencia de libertad de expresión y pluralismo político favoreció la intolerancia religiosa manifestada por la Inquisición en la ejecución de supuestos herejes y en empresas colonialistas que, travestidas de Cruzadas, saquearon tierras y riquezas de pueblos tenidos por impíos o enemigos de la fe cristiana.

La época medieval se desplomó entre los siglos XIII y XV debido a la influencia de la nueva cosmología de Copérnico, que desbancó la de Ptolomeo; los viajes marítimos emprendidos por la Península Ibérica; el descubrimiento del Nuevo Mundo; la introducción en Europa de las obras de Platón y Aristóteles; y el acervo científico aportado por los árabes. Esos fueron algunos de los factores que pusieron en jaque el paradigma medieval y, al cabo de poco tiempo, introdujeron el nuevo paradigma que sustentaría la modernidad: la razón y sus dos hijas dilectas, la ciencia y la tecnología.

Con Kant, la modernidad buscó escapar de los parámetros religiosos basando la ética sobre valores subjetivos y universales. No obstante, algunos de sus filósofos más importantes, como Husserl, Heidegger y Whitehead no le concedieron importancia a la cuestión ética. Excepciones notables son Bergson y Scheller.

Para Kant, la grandeza del ser humano no reside en la técnica, en subyugar la naturaleza, sino en la ética, en su capacidad para autodeterminarse a partir de su libertad. Existe en nosotros un sentido innato del deber, y no dejamos de hacer algo porque sea pecado, sino porque es injusto. Y la ética individual debe complementarse con la ética social, ya que no somos un rebaño de individuos, sino una sociedad que exige, para la buena convivencia, normas y leyes y, sobre todo, la cooperación de los unos con los otros.

Hegel y Marx recalcaron que nuestra libertad es siempre condicionada, relacional, porque consiste en una construcción de comuniones con la naturaleza y nuestros semejantes. Aun cuando la injusticia convierte a algunos en desemejantes.

En las aguas de la ética judeo-cristiana, Marx resalta la irreductible dignidad de cada ser humano y, por tanto, el derecho a la igualdad de oportunidades. En otras palabras, somos tanto más libres cuando más construimos instituciones que promuevan la felicidad de todos.

La filosofía moderna hará una distinción aparentemente avanzada que, de hecho, abre un nuevo campo de tensión, al subrayar que, respetada la ley, cada quien es dueño de sus actos. La privacidad como reino de la libertad total. El problema de ese enunciado es que traslada la ética de la responsabilidad social (cada quien debe preocuparse por todos) a los derechos individuales (cada quien que cuide de sí).

Esa distinción amenaza con hacer ceder a la ética frente al subjetivismo egocéntrico. Tengo derechos, prescritos en una Declaración Universal, pero, ¿y los deberes? ¿Qué obligaciones tengo para con la sociedad en la que vivo? ¿Qué tengo que ver con el hambriento, el oprimido y el excluido? De ahí la importancia del concepto de ciudadanía. Las personas son diferentes y, en una sociedad desigual, se les trata según su importancia en la escala social. Pero el ciudadano, pobre o rico, es un ser dotado de derechos inviolables y deberes para con el bien común, y está sujeto a la ley como todos los demás.

La crisis de la modernidad

Todos los contemporáneos de este inicio del siglo XXI somos hijos de la modernidad. Su advenimiento, entre los siglos XV y XVI, hizo brotar un gran optimismo en cuanto a su futuro. Se creyó que pondría fin a las guerras, la peste, el hambre y tantos males que afectaban a las personas en el Medioevo. Ese optimismo se expresó en las obras de Voltaire, Tomás Moro, Campanella y otros.

La modernidad produjo una escisión entre la ética y la política. Se privatizó la ética, que se limitó a las virtudes asumidas por el individuo, y en cuanto a la política, se estableció como un campo que prescindía de la eticidad. Y se convirtió en mera herramienta de búsqueda del poder y permanencia en él, como si fuera un fin en sí mismo.

Somos la última generación moderna. Podemos mirar atrás y hacer un balance de la modernidad. Hay que reconocer que en los últimos 500 años la humanidad logró grandes avances, desde el saneamiento básico hasta la comunicación digital. Llegamos a posar los pies sobre la superficie de la Luna, pero seguimos siendo incapaces de aportarle nutrientes esenciales al organismo de millares de niños cuyas vidas se ven segadas precozmente por el hambre.

La modernidad fue atropellada por el capitalismo. La “ética” de los resultados sustituyó a la ética de los principios. En nombre del desarrollo, el progreso, el crecimiento económico y la paz, se implantaron el colonialismo y el neocolonialismo; se diseminaron las guerras; se acumularon arsenales nucleares; se distribuyó de manera piramidal la riqueza del mundo; se le impuso al planeta, mediante la globocolonización imperialista, un único modelo de sociedad, el del consumismo hedonista, que induce a las personas a trocar la libertad por la seguridad.

Hoy, los habitantes de la Tierra somos 7 mil 200 millones, de los cuales casi la mitad carece de condiciones dignas de vida. Baste recordar los datos divulgados por la ONG británica OXFAM en enero de 2017: 8 individuos tienen en sus manos la misma renta de 3,6 mil millones de habitantes del mundo, ¡la mitad de la humanidad!
En materia de ética estamos, como diría Guimarães Rosa, en la tercera margen del río. Abandonamos la ética religiosa de la época medieval, fundada sobre la noción del pecado, y aún no hemos logrado alcanzar la ética socrática basada sobre la razón. Es ese vacío el que le permitió al capitalismo desfigurar los cimientos de la modernidad, deshacer los grandes relatos, proclamar el “fin de la historia” y propalar la falacia que intenta imponernos la idea de que la democracia y el capitalismo son connaturales. Ese vacío creó un espacio para que se proclamara la competitividad como valor y virtud, descartando la solidaridad.

¡Hay que hacer la crítica de la razón monetarista! Es ella la que pretende que todos seamos consumistas y no ciudadanos; meros juguetes entregados a la mano invisible del mercado y no protagonistas sociales; y adeptos de la fe en el fin de la historia, o sea, la inmaculada concepción en que el capitalismo está dotado de calificativos divinos: eterno, omnipresente, omnisciente y omnipotente.

La pregunta fundamental que se nos plantea hoy es cuál será el paradigma de la posmodernidad. ¿El mercado, la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, o la globalización de la solidaridad?

Temo que prevalezca el mercado, a menos que seamos capaces de aglutinar fuerzas para una poderosa movilización en torno a una nueva propuesta ética, fundada sobre dos principios básicos: la irreductible sacralidad de toda vida humana y el compartir de los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano.

La vida humana extrapola toda ideología, filosofía o teología. Es un milagro de la naturaleza, si consideramos las excepcionales condiciones ambientales que permitieron su aparición, y para nosotros los cristianos, es un don de Dios. Hay que subrayar que hoy esas condiciones están amenazadas por la devastación de la naturaleza. Como advierte James Lovelock, la “venganza de Gaia” puede anticipar el apocalipsis.

Solo la firma convicción de que todos sin excepción, incluido el criminal más incorregible, tenemos derecho a la vida, puede llevarnos a superar todo tipo de prejuicio o exclusión. La ética exige justicia y, por tanto, que se castigue al delincuente en nombre de la defensa de los derechos de la comunidad. Pero la vida del delincuente es el límite de la ley. Esa vida no debe ser extinguida, ni debe negársele al delincuente su dignidad humana por medio de la tortura o de condiciones abyectas de encarcelamiento.

Lo mismo se aplica a todas las demás relaciones sociales y, por tanto, implica el fin de toda forma de opresión, desde la relación interpersonal y de género, como en el matrimonio, hasta las relaciones institucionales de trabajo, en las que debe prevalecer la dignidad humana sobre la ambición de lucro, y se debe sobreponer la solidaridad a la competitividad.

Esa dimensión relacional debe complementarse con la dimensión social de la ética. La humanidad no tiene futuro si no se comparten los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano. Se trata de una cuestión aritmética que depende de un desafío ético: o les aseguramos a todos medios suficientes para una vida digna, incluidas las condiciones socioambientales, o, como alertara Thomas Piketty, caminaremos rumbo a la barbarie, esto es, la concentración de la renta en manos de un número cada vez menor de afortunados conducirá a la humanidad a un colapso, porque los pueblos de las naciones periféricas afectadas por la guerra, la falta de trabajo, vivienda y alimentación suficiente, tratarán cada vez más de refugiarse en los países ricos. Y los recursos naturales, como el agua potable, serán cada vez más escasos y estarán monopolizados por grandes empresas transnacionales. En resumen, el efecto de la progresiva privatización de los recursos naturales será la exclusión progresiva de grandes contingentes humanos del acceso a los bienes esenciales para la vida.

Joseph Schumpeter explicitó en 1912 la naturaleza antiética del capitalismo, al insistir en que su motor era la “destrucción creativa”, o sea, que le cabe al mercado descartar las actividades y las personas que no son suficientemente productivas, y obligar así a los débiles a cederles su lugar a los fuertes. Ese darwinismo social abrió un espacio para el surgimiento de la competencia desenfrenada. Y sirve para justificar las guerras.

En 1980, la suma de los activos financieros mundiales equivalía al PIB global, unos 27 billones de dólares estadounidenses. En 2007, poco antes de que estallara la primera gran crisis financiera del siglo XXI, el PIB mundial era de 60 billones, y los activos financieros de 240 billones, ¡cuatro veces mayores! Esa es la famosa “burbuja”, que se sigue hinchando…

Por tanto, sin ética no habrá avance civilizatorio. Sin ética, el hombre se convertirá, de hecho, en lobo del hombre. Sin ética, el capitalismo se fortalecerá, y la ambición de lucro y apropiación privada de la riqueza cobrará más importancia que la defensa y la preservación de los derechos humanos.
No habrá sociedad ética mientras haya capitalismo.

La izquierda y la ética

La credibilidad de la izquierda depende, sobre todo, de su actitud ética. Fidel insistía en ese principio:

“Un revolucionario puede perderlo todo, la libertad, los bienes, la familia, hasta la vida, menos la moral”.
En el siglo XX era costumbre entre los integrantes de la izquierda la práctica de la autocrítica. Guardando las proporciones, esa práctica tenía su origen en el acto penitencial de los cristianos al reconocer sus pecados. Al escalar al poder en la Unión Soviética, Stalin se erigió en único señor de la crítica. La autocrítica se hizo obligatoria y se tradujo en purgas y asesinatos.

Hoy en día, la carencia de mecanismos que propicien la autocrítica frecuente hace que muchos grupos progresistas pierdan el sentido crítico. Sobre todo cuando asumen el gobierno y se dejan cegar por la ilusión de que ejercen el poder. Lo cierto es que el poder no siempre ocupa el gobierno, pero ejerce una presión sobre él –económica, social, política e ideológica– que solo puede contenerse y vencerse mediante otra instancia que lo supere: el poder popular.

Los avances conquistados en las últimas décadas por gobiernos progresistas en América Latina son significativos en cuanto a sus dimensiones económicas, sociales, políticas y ambientales. Pero no se puede afirmar lo mismo en cuanto a su dimensión ética. Ciertas fallas han comprometido la credibilidad del proceso de cambios y de algunos de sus líderes. Tal vez Jesús, Gandhi, Luther King y Mandela no hayan tenido, históricamente, el éxito que esperaban. Pero sus testimonios éticos perduran como referencia ejemplar de conducta militante y del valor de las causas que encarnaron.

Por tanto, el desafío futuro para la emancipación de América Latina consiste en asociar un profundo proceso de cambios estructurales que la libere progresivamente de la hegemonía capitalista, con actitudes éticas que pongan de relieve la diferencia con los enemigos de clase. Pero eso no puede depender exclusivamente de virtudes personales. Urge crear mecanismos institucionales que impidan los desvíos éticos. No hay que esperar una ética de los políticos, sino una ética de la política, o sea, una institucionalidad gubernamental que inhiba todos los procedimientos que favorezcan los privilegios personales, lesivos a los intereses y derechos de la colectividad.

Ser ético, por consiguiente, es una opción revolucionaria, capaz de engendrar el hombre y la mujer nuevos soñados por la utopía comunista.

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Por Gretel Díaz Montalvo
tomado del Blog Las 4 y 20

Dos años, un mes y 25 días han pasado desde la ultima coma o punto que le regalé a este blog. Dos años, un mes y 14 días se han cumplido desde que supe que sería mamá.

Y dejé de escribir. ¿Me cansé? ¿Me obligaron? Nada de eso, solo dejé de escribir. Mi vida me estaba dando un giro de 180 grados, tenía novio pero no planes de ponernos serios ni de responsabilizarnos por alguien más. Aquello era un cubo de agua fría en plena madrugada invernal y tenía que asimilarlo.

Mis neuronas se entretuvieron en la adaptación y dijeron adiós a muchas cosas. Mi hoy esposo y yo también nos detuvimos en la vida sin planes que llevábamos y nos pusimos serios. Bueno, hasta nos casamos y tratamos de preparar todo lo necesario para la llegada del bebé.
En esa etapa no quería hacer nada, mi cabeza solo atinaba a hacer cosas de madre futura y ya que el susto se había desvanecido el embullo y la alegría me secuestraron para entretenerme más en la función de futura madre.

Y llegó Daniel. Menos tiempo tenía para hacer otras cosas solo me ocupaba de sus avances, sus horarios… de su vida. Y me metí tanto ahí que ni me dio por publicar cosas de mi bebé, de sus primeros pasos y palabras. Me volví fantasma.

Aún voy por la vida así, pensando más en él que en mi. Pero se me acabó la licencia de maternidad y tuve que comenzar a trabajar. No tenía justificación había que escribir.

Los primeros escritos fueron mecánicos, sin gracia; poco a poco me fui dando cuenta que solo eran justificaciones mías, que las neuronas seguían ahí solo tenía que dejarlas salir porque ser madre y escribir no son enemigas. Me había prostituido de mala manera. Pero ya estoy dejando atrás esa vida en pausa y me cargo las pilas. Ah de paso comparto fotis de estos más de dos años.

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