Archive for: octubre 16th, 2017

Dios y las heridas

Por: Yaimara Cao
poblicado en el blog:

Hay en los niños una sensibilidad especial. Ellos viven en un mundo donde lo real y lo imaginario don cómplices para explicar lo increíble. Alguien lo dijo así “hay poesía y hay fantasía en los niños” . La inteligencia y la imaginación de un niño o una niña puede cambiarlo todo porque ellos ven donde los ojos no alcanzan, juntan lo que las ideologías separan, viven sin buscar la maldad, sin otro fin que seguir, como Peter Pan, seguir siendo niño.

Comparto algunas experiencias de mi carrera más importante, la que no se puede postergar, ni te da vacaciones, la de ser madre. Renecito es mi niño, un chiquillo hermoso, travieso y saludable que nació cuando en el noveno año del siglo XXI. Recuerdo que en esos días las noticias anunciaban la turbulencia del golpe de Estado en Honduras, recuerdo que pasé muchas horas siguiendo los acontecimientos desde la cadena Tele Sur.

Hace unos días, Renecito, muy serio me comentó en tono de sentencia “Mamá, Dios no existe” y luego para superar a Friedrich Nietzsche aseguró “Dios soy yo por dentro, porque por fuera soy Renecito… Dios somos todos”. Mi pequeño de ocho años trataba de encontrar al Dios del que le habla su abuelita. ¿Cuántas teorías puede derribar la imaginación de un niño?
En estos días, aquejada de una lesión en la pierna pasé mucho tiempo con él porque se negó a irse con el padre para no dejarme sola, ni ante la tentación de visitar el Zoo o la playa cedió, pero no estaba lastimero, ni me condolía, me cuidaba con naturalidad. “Tu no tienes heridas mamá” me dijo mientras reposaba en el sofá. “Tu no tienes heridas, heridas tiene abuela, porque tu no tienes arrugas y abuela sí, las arrugas son heridas”. Otra vez la profundidad, la hondura del pensamiento infantil que descubre las cicatrices y las heridas de los años en las arrugas de la piel.

Mi pequeño, un niño cubano, aprende en la pregunta crece en el diálogo, admira el conocimiento, y con sus ocurrencias oportuna hace feliz a quienes saben mirar lejos.
Quiero cultivar los sueños anhelos y esperanza mi niño, y de todos los niños del siglo XXI perseguidos por “lo digital” “lo tecnológico”. Quiero que todos consideremos, incluso aquellos con la posibilidad de decidir sobre los demás que Dios somos todos, Dios está en nuestras propias fuerzas y con ello contamos para los cambios que a gritos pide la humanidad.

¿Cómo nació “la margarita” que representa los festivales?

Publicado en el blog Cuba X dentro

Por Luis Enriquez Benet

La edición número 19 del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes comenzará este sábado 14 de octubre en la ciudad de Sochi, Rusia. La cita, convocada por la Federación Mundial de la Juventud Democrática y organizaciones estudiantiles internacionales, reunirá a unos 20 mil jóvenes de 150 países del mundo.

Se trata de una plataforma devenida espacio de comunicación caracterizado por el intercambio libre, donde a través del diálogo, debates, actividades culturales y competencias deportivas,  se intercambian criterios que permiten a la joven generación enfrentar los desafíos actuales.

Al igual que en las ediciones anteriores, el logo del festival es la margarita multicolor que simboliza la continuidad de las tradiciones, la conexión de las generaciones, paz y unidad mundial.

Esta vez caracterizan en el emblema los píxeles de colores, en alusión al progreso tecnológico así como la convivencia en una era marcada por el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

La margarita como distintivo gráfico en la historia de los festivales mundiales, fue creada en la antigua Unión Soviética por el pintor moscovita Konstantín Kuzguinov, con motivo de la sexta edición del certamen en el año 1957.

En esa fecha se realizó un Concurso Nacional donde se presentaron unas 300 creaciones, entre las cuales destacó por su originalidad y sencillez la propuesta de la flor.

Por su aceptación entre los participantes, en 1958 el Congreso de la Federación Mundial de la Juventud Democrática anunció que la margarita de Konstantín Kuzguinov quedaba aprobaba como base permanente para todos los foros posteriores.

De acuerdo con Liubov Borísova, hija del pintor, su padre hablaba de cómo fue el proceso de creación de lo que hoy conocemos como un símbolo mundial:

Me pregunté, ¿qué es el festival? Y respondí así: juventud, amistad, paz y vida. ¿Qué puede simbolizarlo de la manera más exacta? Estaba trabajando en el boceto en mi casa de campo, rodeado de flores. La asociación nació pronto y con una facilidad sorprendente. Una flor. El corazón – el globo terráqueo, y 5 pétalos-continentes a su alrededor. Los pétalos enmarcan el globo azul de la Tierra con el lema del festival: ¡Por la paz y la amistad!

Así mismo asegura que recuerda a su padre decir que, como deportista, se había inspirado en los aros olímpicos, el símbolo de unidad de los atletas del mundo.

Lo cierto es que la margarita ha quedado en la memoria de varias generaciones hasta llegar a convertirse en expresión de la cultura del festival, portando en sí misma los valores e ideales de paz, unión y libertad que este defiende.

 

EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS, UN AÑO DESPUÉS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El próximo 27 de octubre se estará cumpliendo un año de la inauguración “oficial” del Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”. La elección de la fecha no fue gratuita, pues ese día se celebra, gracias a la UNESCO, el Día Internacional del Audiovisual.

En realidad el Proyecto ya había iniciado sus actividades desde el mes de febrero anterior, cuando se realizó el Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, pero hablamos de una “inauguración oficial”, porque aquel 27 de octubre dejamos inaugurado el primer Portal del Paseo Temático, creado por el grupo Orsis, y fue hermoso ver cómo un gran número de personas se congregaban en Nuevo Mundo, y comenzaban a descubrir las infinitas posibilidades que brinda el uso creativo de la tecnología.

Por lo que la prensa anunció por esos días, aquello prometía convertirse en el inicio de esa segunda Campaña de Alfabetización que tanto necesita el país, vinculada en este caso a lo tecnológico. Y las esperanzas eran mayores, pues detrás del Proyecto podíamos encontrar como entes rectores al Sectorial de Cultura en la provincia, el Centro Provincial del Cine, la Asociación Hermanos Saíz, y la Unión de Informáticos de Cuba. Y además de ello, psicológicamente se contaba con la buena opinión que sobre el proyecto aún tiene el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel, una de las personas que más ha defendido en el país la necesidad de informatizar la sociedad.

Sin embargo, un año después todo ha quedado en la promesa. Por poner algunos ejemplos: en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo siguen faltando las máquinas que se necesitarían, no para jugar, sino para organizar los talleres que pueden impulsar el mencionado uso creativo, mientras que la imagen de la institución (la primera de su tipo creada en el país) peor no puede ser, con esas puertas desvencijadas que en dos años la empresa Dural no ha conseguido reponer, no obstante el sinnúmero de gestiones. Y del anuncio de una futura “calle inteligente de los cines” solo queda el recuerdo de las ponencias presentadas en el Segundo Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

Algunos se preguntarán: ¿cómo es posible que nada suceda en un lugar donde está creada toda la infraestructura que permitiría desplegar las más revolucionarias actividades? El asunto no es tan sencillo de explicar, toda vez que las dinámicas culturales resultan absolutamente impredecibles: más allá de la voluntad individual o institucional siempre estará esa gran masa de prejuicios que movilizan o inmovilizan en el aspecto creativo a los seres humanos. Porque es un mito eso de que somos por esencia creadores: la creatividad es algo que hay aprender a cultivar, ya que por lo general lo que estamos haciendo es imitar los actos que hemos aprendido de los otros.

Siempre me gusta recordar que todo esto nació a raíz del Primer Foro sobre Consumo Cultural que organizamos en La Habana. En las conclusiones de aquel primer evento suscribimos la necesidad de pasar de la teoría a la construcción de una agenda práctica, donde hablásemos menos y creásemos más. Hasta ahora el Proyecto ha sido eso: no estamos hablando en abstracto de informatizar la gestión cultural, sino que estamos mostrando que es posible operar con un wifi institucional a través del cual podemos poner a circular contenidos que apoyen nuestra política cultural. Lo que ahora mismo funciona dentro de El Callejón de los Milagros, perfectamente pudiera funcionar en la Biblioteca Nacional José Martí o en la Provincial “Julio Antonio Mella”, en la sede de la UNEAC de La Habana o en la de Camagüey, en el lobby del ICAIC o del Ministerio de Cultura, o en cualquiera de las librerías o galerías de arte que existen en el país.

Que todavía no se vea lo razonable de asumir ese tipo de estrategia como un modo de acercarnos desde la institución a los nuevos públicos, se puede entender. Estamos hablando de crear nuevas modalidades de trabajo, nuevas maneras de pensar la gestión cultural, y siempre será más difícil crear lo nuevo, que afianzar lo que ya existe.

Eso es lo que explicaría, por ejemplo, que la idea de hacer un Taller de la Crítica Cinematográfica germinase en Camagüey de modo tan hermoso en medio de uno de los períodos más oscuros vividos por el país, y en cambio, la de El Callejón de los Milagros, con todas las condiciones creadas, no despunta.

Con el Taller de la Crítica se trataba de salvar algo (el ejercicio de la crítica fílmica) que corría el peligro de perderse, es decir, se aspiraba a salvar una tradición. Por supuesto, coincidió con que al frente del Centro del Cine estaba en ese instante un director como Armando Pérez Padrón, que era y es un gran cinéfilo, y trabajaba dentro de la institución ese apasionado por el cine a tiempo completo que es Luciano Castillo, y el Sectorial de Cultura era dirigido por Zenaida Porrúa, que se enamoró de inmediato de la idea, y al público camagüeyano todavía le gustaba ir a los cines e intercambiar en vivo con los principales expertos del país, y las personas que trabajaban en esos cines (pese a que los salarios siempre fueron los peores) se quedaban en las salas hasta que el último espectador se perdía en la madrugada. Fue una conjura extraordinaria de circunstancias favorables: en esos instantes había mucha gente sintiendo amor por el cine; viviendo por el cine, no del cine.

Hoy es diferente: las personas consumen más audiovisuales que nunca, pero lo hacen por su cuenta, apelando al Paquete, y en su casa. Por eso cada vez tienen menos idea de lo que es “el cine”, tal como lo defendíamos en nuestros antiguos programas culturales. Y en la orilla contraria falta el equipo capaz de articular las nuevas estrategias, toda vez que, en sentido general, nos hemos estancado en las maneras de pensar el fenómeno audiovisual, apelando de modo mecánico a las herramientas heredadas del siglo XX.

Para poner un ejemplo que toca a la crítica: a estas alturas del siglo XXI, apenas Antonio Enrique González Rojas se ha atrevido a incursionar en el libro electrónico como un modo de ponerse al día, sin prejuicios, con los nuevos lectores. Es decir, que en sentido general los críticos cubanos seguimos con “las mismas palabras, los mismos gestos”, escuchándonos entre nosotros mismos (cada vez menos), mientras la vida y su gente van por otro lado (somos la reencarnación de Los sobrevivientes de Titón). De allí que el Proyecto “El Callejón de los Milagros” no pueda contar con el respaldo de la institución “Crítica”, y deba comenzar a formar su comunidad de usuarios prácticamente desde cero.

Y a pesar de lo anterior, creo que el Proyecto va siendo una gran escuela para los pocos que han decidido acercarse y experimentar. Y en este año lleno de frustraciones, se ha conseguido hacer bastante: allí está disponible el Portal “El Callejón de los Milagros”, que a estas alturas ya es también un buen repositorio de libros que hablan del cine, y se han podido impartir Talleres de uso creativo a personas de las más diversas edades (desde niños de 8 años hasta adultos que sobrepasan los setenta). Y hemos celebrado par de Encuentros sobre cultura audiovisual y tecnologías digitales. Y ha nacido esa Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano, que es hija de todos estos meses de permanente aprendizaje.

Así que un año después de creado, y pese a la falta de un apoyo real, sigo creyendo en el Proyecto “El Callejón de los Milagros”. A Miguel de Unamuno le gustaba repetir que lo suyo era poner la levadura con la que los demás después construirían el pan.

En El Callejón de los Milagros entregamos la levadura para elaborar un pan que, para decirlo como Soler Puig, en estos instantes está dormido. Pero lo que importa es eso: que es pan, y en algún momento nos resultará útil.

 

Javier Sotomayor, sus saltos en cifras y detalles

tomado del blog DeporCuba

Por Eddy Luis Nápoles Cardoso

Hace unos días, para ser preciso el viernes pasado, el Príncipe de las Alturas, Javier Sotomayor Sanabria, ha celebrado sus 50 años de vida (Limonar, Matanzas, 13 de octubre de 1967) y a modo de homenaje sería bueno hacer un recuento de sus mejores saltos, revelando detalles poco conocidos en este aspecto.

Sotomayor es el saltador de altura con más brincos sobre los 2.40 metros, listón que superó en 24 ocasiones, muchas bibliografías lo registran con 21 saltos, pero resulta que en tres ocasiones en una misma competencia se elevó por encima de esa cuota. La primera de ellas fue en Salamanca, España, el 8 de septiembre de 1988, momento donde implantó su primer récord mundial, allí tuvo un gasto de nueve saltos para finalmente lograr el 2.43; salvando las tres primeras alturas con un brinco en cada una de ellas, 2.20, 2.25 y 2.30, pero sobre 2.36, realizó dos nulos y uno válido, luego saltó 2.40 en el primero y 2.43 en el segundo.

La segunda oportunidad que saltó dos veces sobre los 2.40 en una misma competencia, fue en San Juan, Puerto Rico, durante el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Atletismo, hecho acontecido, el 29 de julio de 1989, ahora logró una secuencia perfecta en las cinco primeras alturas; 2.24, 2.26, 2.30, 2.34 y 2.40, gastando dos brincos para superar el 2.44, su segundo récord mundial al aire libre. La tercera y última ocurrió en el Gran Prix Diputación de Sevilla, el 5 de junio de 1994, ahora con una competencia menos limpia, inició perfecto en 2.25, luego saltó 2.31 en el segundo y 2.34 en el tercero, para pasar los 2.40 y 2.42 con un salto per cápita, intentando infructuosamente en tres ocasiones, el 2.46.

Precisamente, siguiendo con las revelaciones, les comento que Sotomayor intentó superar en cinco oportunidades, su propia cuota mundial de 2.45, todas realizadas en 1994 y siempre intentando los 2.46; la primera de ellas, en ese mencionado Gran Premio de la capital de Andalucía. La segunda aconteció, el 25 de junio, en La Habana, durante el Campeonato Nacional “Copa Cuba”, donde Javier Sotomayor realizó una excelente demostración, al iniciar perfecto sobre 2.20, seguido de 2.26, luego un nulo sobre 2.35, un salto sobre 2.41 para terminar con dos nulos en 2.46. La siguiente ocasión tuvo lugar, el 10 de junio, en el tradicional Festival de Salto de Altura, que se celebra en Eberstadt, Alemania; aquí, inició perfecto en 2.24, renunciando a 2.27 y 2.30, saltando en el primero 2.33, pero en la siguiente altura (2.36) realizó dos nulos y uno válido, superando los 2.40 con un salto y tres faltas sobre 2.46. Cinco días más tarde, en Londres, durante el TSB/Gran Prix, estuvo perfecto en la tres primera altura, 2.25, 2.30 y 2.35, luego realizó dos faltas y uno exito sobre 2.41, para terminar con dos nulos en 2.46.

Su último ataque al fenomenal 2.45, ocurrió el 11 de septiembre, también en la capital inglesa, ahora durante la VII Copa del Mundo de Atletismo, con una magistral competencia, que transcurrió sin faltas desde el inicial 2.20 hasta 2.40 (2.28, 2.31 y 2.35), gastándose finalmente tres saltos en 2.46.

Entrando en otros detalles, tenemos, que la primera ocasión que saltó sobre los 2.40 metros, fue precisamente aquel 8 de septiembre de 1988, en Salamanca, España, con apenas 20 años, 10 meses y 25 días, siendo el saltador más joven en lograrlo; mientras que la última, aconteció, el 25 de marzo de 1995, en Mar del Plata, Argentina, durante los XII Juegos Panamericanos, ya con 27 años, cinco meses y 12 días.

Sus mayores saltos por años, fueron así; en 1994, logró diez brincos sobre los 2.40, seguido de 1989 y 1993, ambos con cinco, en 1988, solo venció esa altura en dos oportunidades, cerrando, con una en 1991 y 1995, respectivamente.

En otro aspecto, tenemos que las ciudades agraciadas para los récords mundiales de Sotomayor fueron, Salamanca, en 1988 y 1993, Budapest y San Juan, en 1989, mientras que Sevilla, Londres (en dos ocasiones), Eberstadt y La Habana, presenciaron los intentos fallidos por superar su propio tope mundial de 2.45.

A parte, de sus seis triunfos en Campeonatos Mundiales, dos al aire libre y cuatro bajo techo; en los Juegos Olímpicos de Barcelona, 1992 y en el mundial junior de Atenas, 1986, eventos donde doblegó a todos sus adversarios; Sotomayor venció a los mejores exponentes del salto de altura de los años 80 y 90 del pasado siglo, la época dorada de esta especialidad.

Por solo mencionar algunos, durante la temporada de 1988, triunfó en el Día Olímpico de Berlín, Memorial Van Damme de Bruselas, Bislett Games de Oslo, en Koblenza, Rieti, Kvarnsveden, Atenas, Berna y Schwechat, escoltando al sueco Patrik Sjöberg en el Nikaia de Niza, pero dejando en la saga en esos eventos, entre otros, a los alemanes Dietmar Mögenburg y Carlo Thränhart, al ruso Gennadiy Avdeyenko, al rumano Sorin Matei, al italiano Robert Ruffini, al francés Jean-Charles Gicquel y otros menos conocidos, como el bermudés Clarence Saunders y los estadounidenses Thomas McCants y James Lott.

En 1989, entre otros eventos, repitió la dosis en Oslo, se contabilizan también en la DN Gala de Estocolmo, en el PTS de Bratislava, en el ISTAF de Berlín, en Saint Denis, en Simmeraht, en Genova, Sevilla, Madrid, Westwood. Entre los vencidos se citan, el sueco Patrik Söberg, ex-recordista mundial, al ruso Gennady Avdeyenko, titular olímpico de Seúl; el estadounidense Hollis Conway, el ucraniano Rudolf Povarnitsyn ex-plusmarquista mundial y el alemán Carlo Thränhart.

En las temporadas de 1992 y 1993, sus principales triunfos se registraron en Eberstadt, ISTAF de Berlín, la Weltklasse de Zürich, Expo de Sevilla, la Golden Gala de Roma, el BNP Villeneuved’Ascq, el Herculis de Monaco, el TSB de Londres, el McD de Sheffield, el Toto de Fukuoka, en Saint Denis, en Verona, La Coruña, también se impuso en el meeting bajo techo de Chicago. En estos eventos derrotó en varias ocasiones, entre otros, a Sjöberg, a Conway, al alemán RalfSonn, al inglés Steve Smithal bahamés Troy Kemp, al serbio DragutinTopic, etc.

En las temporadas de 1994 y 1995, se impuso en Eberstadt, en la Expo de Sevilla, el TSB de Londres, el Nikaia de Niza, la Golden Gala de Roma, la Athletisima de Lausana, en el Bannes Gran Prix de Sao Paulo, en el ISTAF de Berlín, en Madrid, también en Frankfurt, en Spala. Entre los derrotados se citan, Kemp, Gicquel, al australiano Tim Forsyth, al noruego Steinar Hoen, al alemán Wolf-Hendrik Beyer, al inglés Dalton Grant, al estadounidense Charles Austin, al colombiano Gilmar Mayo, el polaco Artur Partyka, al griego Lábros Papakóstas, etc.

Revisando el historial competitivo de Sotomayor, observamos, que al adversario que derrotó en más ocasiones fue a Troy Kemp, con cerca de una veintena de victorias, pero el bahamés lo venció en una oportunidad, a la hora buena, en la cita mundial de Göteborg 1995, donde ambos saltaron 2.37, pero el cubano lo hizo en el tercer intento y el bahamés empleó uno menos.

En cuanto a sus saltos por continentes, claro, los mejores corresponden a Europa, que es donde más se compite; salto 2.45 en Salamanca, España, en 1993; en América, logró 2.44, en San Juan, Puerto Rico, en 1989; en Asia, 2.36 en Tokio, Japón, en 1991 y en Oceanía, 2.32 en Sydney, Australia, en 2000.

Sus saltos tuvieron por sede grandes y conocidas urbes, como: Londres, New York, Paris, Berlín, Roma, Moscú, Madrid, Atenas, Ciudad de México, Chicago, entre otras, pero también exhibió la potencia de sus piernas en otras menos famosas, como Wuppertal, Arnstadt, Simmerath (Alemania), Pau (Francia), Spala (Polonia), Somoskö, Salgótarján (Hungría), Ravenna, Caserta (Italia), Schwechat (Austria) y Fairfax (Estados Unidos).

En Cuba, aparte de saltar en La Habana, en el Estadio Pedro Marrero y en el Estadio Panamericano, también lo hizo en Santiago de Cuba, en la pista Pepe del Cabo, durante el Nacional Juvenil de 1986 y en Camagüey en la Patricio Lumumba, en el marco de los Festivales de saltos en homenaje a Manuel Pérez Ruiz (Casanova), correspondiente a 1996 y 2000.

Hoy a casi 30 años de su primer récord mundial, aquel 2.43 de Salamanca, sus otras dos cuotas, 2.45 al aire libre y 2.43 bajo techo se erigen como valladares infranqueables para los saltadores

Discurso de Eusebio Leal Spengler en Santa Ifigenia

publicado en El Ciervo Herido
Discurso de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, en el acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, en el cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 2017, “Año 59 de la Revolución”

General Presidente,

Santiagueros,

Orientales,

Cubanos todos:

Asistimos a un acto, por su naturaleza, trascendental; un acontecimiento de los que suelen ocurrir o podemos presenciar una vez en nuestras vidas. Quizás hemos tenido el extraño privilegio de asistir en dos oportunidades a ceremonias de grandes significaciones para Cuba, para nuestra América y también para el mundo.

eusebio-leal-santa-ifigenia-580x330-1-580x330

Hoy, 10 de octubre, cuando apenas se desdibujaban en el cielo las nubes de la noche y se levantaba el sol por el oriente, teniendo como retablo de este camposanto de recordación las montañas de la Sierra, evocamos el día y la hora en que el Padre de la Patria dio inicio al magno movimiento, a la única y sola Revolución que ha existido en nuestra tierra, la que él comenzó y la que hoy continuamos.

Para poder comprender la magnitud del acto tendríamos que explicar antes que el cementerio ha sufrido una hermosa y bella remodelación, y lo que entonces surgió de la voluntad pública, los distintos mausoleos y panteones de los mártires y héroes de la patria, ellos y ellas, han sido hoy colocados en lugar preferente, marcando, como si fuera el dedo de la historia, un discurso comprensible para todos, al mismo tiempo que sentamos las bases para la enseñanza de la historia y del sentimiento patriótico y nacional. Y es que el culto a la historia y el culto a las mujeres y a los hombres ilustres es el oficio y el deber del Estado, y es el nuestro como ciudadanos de un país libre.

Céspedes nació en San Salvador de Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia opulenta. Su raíz estaba allá en una pequeña y noble localidad cerca de Sevilla: Carrión de los Céspedes. De ahí una gran parte de ellos partieron a Cuba, primero a Puerto Príncipe, el Camagüey, y luego se asentaron en Bayamo. Fue parte de esa pirámide que, formando el poder real de la tierra, desarrolló aquella latitud de Cuba y la llegó a convertir en el centro de un episodio tan importante como el que hoy recordamos, el Oriente de Cuba.

Cursó sus estudios en el seno de los monasterios que existían entonces e impartían clases, de Santo Domingo y San Francisco, en Bayamo, y más tarde en La Habana, en el Real Colegio Seminario, también abierto entonces a la formación de hombres para el siglo, y en la Real Universidad. Su vocación fue estudiar leyes, el contacto con la tierra, el ejercicio continuo de su físico. Pequeño de estatura, fuerte e inquieto de carácter, lo cual le llevó rápidamente a tener avidez por el conocimiento, la cultura universal, las lenguas antiguas y modernas, el conocimiento de los clásicos de la literatura, de la filosofía y del pensamiento. Con esta preparación partió a Europa y se formó en la Universidad de Barcelona, donde recibió su licenciatura en Derecho, y posteriormente haría un recorrido que lo llevó hasta Constantinopla, recorriendo una parte de aquella Europa que tanto impresionó a su talento y a su ingenio inquieto, sobre todo, porque había ocurrido la gran revolución de 1848.

Ya esta última, con otras características de aquella otra a la cual Simón Bolívar consideraba el acontecimiento más grande de todos los tiempos, la gran Revolución Francesa, que partió la historia en dos: antes y después. Su eco en la América y en el Oriente fue la revolución haitiana. El pueblo haitiano realizó una epopeya notable, y esa gran revolución haitiana se expresó sobre Cuba y particularmente sobre Santiago; sirvió de acicate a la inquietud de una miríada de esclavos en toda la isla, e iluminó los primeros movimientos encabezados por aquellos, y muchos fueron los que sufrieron el martirio y la persecución por seguir las ideas de liberación que Haití había proyectado sobre el mundo americano: la primera república en esta latitud del mundo.

De regreso a su tierra, lógicamente, con tan amplia experiencia, se sintió inconforme con el estado de las cosas, participó de las ideas más avanzadas de lo que se llamaba entonces el pensamiento liberal, y de esta manera, en la medida en que ese pensamiento iba siendo radicalizado, iban tomándose contra él sucesivas represalias. Enviado a Baracoa, enviado a Manzanillo en destierro interior, retenido en Santiago a bordo de las ruinas del navío del Rey soberano que había combatido en Trafalgar y era ahora una cárcel política, y finalmente, en la conspiración que, vertebrándose ya en el centro y en el oriente de Cuba, les llevó a la ciudad de Las Tunas, a un pequeño sitio, a una finca discreta llamada San Miguel del Rompe, donde se reunieron en la convención, llamada en lenguaje masónico la Convención de Tirsán. En ella apareció su liderazgo nítidamente. Mientras que otros propugnaban por esperar una nueva zafra, reunidos allí hacendados cuyo desarrollo en las ideas políticas y revolucionarias los llevaba como clase al borde del precipicio, él proclama la necesidad de levantarse. Y también había llegado a una conclusión: no debíamos esperar más esfuerzo que el nuestro. ¡Las armas las tienen ellos!, exclamaría en otra ocasión.

De esa manera, apurados los acontecimientos, ante la inminencia del descubrimiento de la conspiración, o quizás anticipándose voluntariamente por el significado de la fecha, decidió, en la madrugada del 10 de Octubre, reunir allí a los que en Demajagua, su ingenio cerca de Manzanillo, a la vista del golfo de Guacanayabo y ante el impresionable retablo de la Sierra, le escucharon pronunciar su histórico llamado al pueblo cubano, a la nación y al mundo, ofreciendo con la libertad de Cuba una mano generosa a todos los pueblos y hombres de la Tierra, al mismo tiempo que proclamaba, en un país donde faltarían tantos años para la abolición de la esclavitud, la libertad de los suyos propios, desentendiéndose del pasado, haciendo un rompimiento con sus posesiones territoriales, con su posición privilegiada, con su condición de amo y señor, para transformarse en libertador.

El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara, lanzado el guante al rostro del adversario, la causa tomó el nombre de aquel sitio y se le llamó entonces Grito de Yara.

El 20 de octubre estaban sobre Bayamo. Capitulada la ciudad que fue su cuna, se establece allí la primera capital de la revolución y el primer ayuntamiento libre, en el cual participan, a piel de igualdad, cubanos, españoles honorables y también negros libres. De esa manera va a hacerse la composición social que él quiere, lo que él tan inmensamente desea.

Bayamo no fue sostenible. Poco después, y apresurando como en una filmación la historia, deben abandonarla ante el avance de las columnas militares españolas. La decisión de dar fuego a la ciudad comienza con sus bienes propios y con los de los otros que se dispusieron a hacerlo.

El fuego de Bayamo, percibido en el horizonte por el Conde de Valmaseda, da a él el recuerdo de la voluntad numantina del pueblo cubano: ¡Libres sí, esclavos no; independientes sí, sujetos no!

Había nacido, con aquella desobediencia política, un movimiento revolucionario, y al incendio sucedió el éxodo. Había nacido el Ejército Libertador.

El ejército había probado sus armas y, al pie de las gradas de la iglesia de Bayamo, Pedro Figueredo, su compañero de infancia, general también de la revolución, dio letra al himno que poco antes había compuesto, absolutamente permeado por la letra y los acordes del más subversivo que recorría entonces la tierra: La Marsellesa.

De esa manera avanzó la revolución hasta llegar a la consolidación de la idea con el levantamiento del Camagüey y de Las Villas. Y con representación de estos tres territorios se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

Todos cedieron, es la verdad, pero él cedió más: era del criterio de que la revolución debía ser sostenida con una mano firme y que era más importante una victoria que un discurso político, que era más importante avanzar y triunfar que cientos de miles de hombres en Oriente, si no éramos capaces de avanzar hacia los confines de Cuba.

Sabía perfectamente que a partir de ese momento quedaba sujeto administrativamente a la Cámara de Representantes y que ella podía sancionar sus propias determinaciones.

De esta manera, el hombre del 10 de Octubre, tal y como lo considera José Martí en su brillante análisis de las personalidades de Céspedes y Agramonte, enfrentará serenamente su destino, un destino que llevó a aquel gobierno peregrino a andar por los montes, mientras que el ejército combatía en los distintos puntos de los frentes abiertos por un adversario temible, un adversario que defendería como un tigre a su último cachorro.

Todo siguió así, hasta que el 27 de octubre las contradicciones estallaron, era el año 1873. Antes, el 11 de mayo, una noticia le había sorprendido y le había descorazonado. Con la muerte de Ignacio Agramonte en Jimaguayú, se derrumbaba el Sucre de esta historia, el que podía continuarlo con un avanzado pensamiento civil, moral y alta competencia militar. La muerte de Agramonte descabeza la continuidad, y de esa forma se prepara Céspedes para su propio destino.

El 27 de octubre de 1873 es depuesto en un lugar llamado Bijagual, un sitio que hoy está cubierto por las aguas de una presa realizada por la Revolución Cubana, una presa que lleva su nombre, como si las aguas de aquel inmenso lago pudiesen borrar el agravio que significó para Cuba no la pérdida de un presidente, sino el descabezamiento de un líder; la caja de Pandora se había abierto, la desunión finalmente los perdería.

Peregrino detrás de la Cámara, viviendo ya en absoluta pobreza, despojado de todo bien material, algunos que le ven en aquellos días finales de su vida lo consideran un anciano.

El “viejo Presidente” sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (Señala), está el sitio. Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. “Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí”. Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes. Poco pudo hacer el prefecto, ni tampoco los que se encontraban en el sitio, ni su hijo que había salido a realizar gestiones próximas. Pronto, cerca de la charca donde solía bañarse todas las mañanas, su caballo Telémaco, herido de muerte, cayó sobre aquel sitio. Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

Por la independencia de Cuba murieron más de 20 miembros de su familia. El primero, su amado hijo Oscar, sacrificado por su negativa de entregarlo a cambio de la deposición de sus ideas, y por último el golpe mortal, poco antes ya de su muerte, cuando se conoce de la aprehensión de los expedicionarios del Virginius, traídos a Santiago, recluidos en el Castillo del Morro, fusilados en las paredes del matadero de esta ciudad, y entre ellos su hermano, el general Pedro Céspedes, exgobernador de Oriente, y su sobrino, hijo de Manuel de Quesada, hermano de Ana, su esposa querida.

El 25 de marzo aquí, en un día tormentoso del año 1879, cuando apenas se escuchaban los ecos de la Protesta de Baraguá, algunos patriotas, incluyendo dos exesclavos suyos y alguien que había marcado el sitio de la fosa común, abrieron el lugar y encontraron los restos inconfundibles. Uno de ellos exclamó, al ver el cráneo levantado: “¡Es él!” Llevado a un nicho anónimo, fue conservado hasta el día en que Cuba podía rendirle el tributo, y el tributo fue ofrecido por don Emilio Bacardí Moreau y por su esposa doña Elvira Cape, que tanto hicieron por Santiago de Cuba, al convocar una cuestación pública para levantar el monumento que hoy, exaltado, ha sido colocado en este sitio. Esto ocurrió en el año 1910.

Como Vidas paralelas de Plutarco, fue la historia de la gran mujer cuyos restos han sido conducidos hoy también a su digno sepulcro: Mariana Grajales Coello, nacida en julio de 1815, en el seno de una familia de libres, hija de ascendientes dominicanos, viene al mundo en Santiago de Cuba. Su educación: la que le era permitida a las muchachas de su raza y de su condición social en aquella etapa. Joven contrae matrimonio con Fructuoso Regüeiferos y pronta fue su viudez; con sus hijos de esa unión y con los de Marcos Maceo posteriormente, traerá 14 al mundo. De esos 14 hijos una murió poco después y otro murió un poco más tarde.

De esa manera, cuando se produce el alzamiento en Majaguabo, en San Luis, el 12 de octubre de 1868, en la finca de nueve caballerías que tenía allí Marcos Maceo y su familia, Mariana se va a convertir en la protagonista principal de esta escena. Habiendo criado a sus hijos en el rigor de sus costumbres, en la fiereza de sus tradiciones y el dominio que tenía de la educación y del que debía imponerse a un grupo numeroso de jóvenes varones, toma la trascendental decisión de convocarlos a todos aquel día, después de que un destacamento patriótico tocó a sus puertas pidiendo comida, armas y, desde luego, hombres. A ese llamamiento saldrían tres de sus hijos, entre ellos el primogénito de su matrimonio con Marcos: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales. Se dice que allí -y así está en el hermoso monumento en La Habana a Antonio Maceo, en el altorrelieve que lo preside-, tomó de la pared de la sala un crucifijo y dijo a todos: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”. Todos salieron a la lucha. El primero en caer en ella fue su esposo Marcos, y cuentan, si no fue de las heridas inmediatamente, otros afirman que en un hospital sus últimas palabras fueron: “He cumplido con Mariana”.

De sus hijos, en esa gran contienda de 10 años, cuatro mueren en la lucha, además de su esposo, ya citado, y cuando vuelve la demanda, más allá de la Protesta, en lo que es llamada Guerra Chiquita, tres de ellos están altamente comprometidos, esperando la llegada de Antonio, entre ellos el joven Rafael y también, desde luego, José Marcelino. Son apresados finalmente y, en altamar, incumpliendo lo pactado, trasladados prisioneros y llevados a las cárceles militares en el sur de España y finalmente al presidio de Chafarinas, donde muere Rafael, general de brigada del Ejército Libertador. Ese fallecimiento le fue ocultado a ella para no agregar a sus tantos sufrimientos uno más.

Después de la Protesta y de su salida de Cuba, vivirá en Kingston, Jamaica, y su casa se convirtió, como en Costa Rica la de Antonio y sus compañeros, en un centro de peregrinación de los cubanos. Allí la visita José Martí, por vez primera en 1892. Confiesa que la vio dos veces y que se impresionó por el carácter, la bondad, el brillo refulgente de los ojos y cómo al contársele cosas de Cuba se levantaba del sillón y vagaba por el hogar recordando los días de gloria, quizás rodeada de la memoria de todo lo que en esa lucha había perdido y por el deseo fervoroso de que se volviera una vez más a luchar y a combatir.

En esa visita de Kingston, Martí hace una hermosa semblanza de ella, semblanza que va a repetir luego de que se conozca su fallecimiento el 27 de noviembre de 1893. Cuando deposita simbólicamente una corona a nombre de Patria, el periódico unitario que él había fundado para su partido, para dirigir la revolución militar y política de Cuba, coloca en la cinta de la corona esta palabra: “Madre.” Y ese concepto y esa expresión de Madre es abarcadora. Ella tenía 78 años, era el Alma Mater, el alma de la madre; era la Mater Patria, la Madre de la Patria.

En 1923 se promoverá el regreso de sus restos a Cuba. Ya entonces quedaba en el pasado la última y gloriosa hazaña. Ella no vivió para ver la muerte de José ni tampoco la muerte de Antonio, caído en el apogeo de su gloria a los 51 años en el occidente de Cuba, a las puertas de La Habana, marcando en esa simbólica balanza, entre el sepulcro de José Martí – nacido en el corazón de La Habana, hijo de español y española –, y allá en La Habana el sepulcro de Antonio Maceo, jamás encontrado, en el Cacahual, lugar de peregrinación de la gloria militar y combativa, junto a los del hijo de Máximo Gómez, Francisco Gómez Toro, su ayudante, sacrificado por no abandonar el cuerpo de su jefe y padrino.

De esta manera, cuando volvieron a la patria los hijos de Mariana, solo volvieron cuatro, tres varones y una hembra. Esa hembra, Dominga, será la que vaya en el buque de la república, Baire, a buscar sus restos en 1923, y son depositados entonces en este cementerio de Santa Ifigenia, velados antes en el Ayuntamiento de Santiago, en medio de una gran solemnidad y de una multitud nunca antes vista.

Esta historia nos lleva directamente a la última piedra extraída de este sitio en que testigos graníticos evocan un cataclismo de la naturaleza. Una piedra enorme fue colocada, en aquel suceso inimaginable, sobre lo alto de una prominente elevación y otras muchas quedaron en el campo. De ellas una fue escogida y fue colocada en ese sitio, y en su interior usted, General Presidente, depositó un día los restos de su amado hermano, líder y conductor de la Revolución Cubana, Fidel. En esa urna y en esa piedra de granito está la voluntad de este pueblo de continuar esta historia.

Él dijo y afirmó categóricamente en su alegato, dicho cerca de aquí, en el hospital convertido en sala de tribunal, que José Martí era el autor intelectual del asalto. Por eso allí, tras de él, en impresionante retablo, están los compañeros que se atrevieron a abrir la enorme brecha en aquel muro de una sociedad, al parecer, impenetrable. Fue su talento, su voluntad de renunciar, como Céspedes, a todos los bienes temporales. No nació precisamente de una condición de pobre, necesitado y rencoroso de una sociedad más altiva, no; nació en finca prominente, tuvo estudios distinguidos, tuvo a su vez todos los atributos del talento, la oratoria, la figura y, sin embargo, todo esto lo subordinó al ideal de continuar el camino de los padres de la Patria.

Esa piedra es la continuación de la única revolución en la que hemos vivido, la revolución iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que continuamos hoy, bajo su dirección (Señala a Raúl). Tres veces ha llevado usted la urna: la primera vez conteniendo las cenizas de su amada esposa Vilma, en el Segundo Frente, heroína de la Revolución, autora intelectual de la unidad de la mujer cubana.

Usted, Teresita, al depositar hoy los de Mariana, lleva en sus manos no solamente los restos de esa heroína, sino también el espíritu de Vilma que fue su mentora.

Ya en 1965, en la escalinata de la Universidad, ante especulaciones sobre las razones de los próceres, Fidel afirma categóricamente, en frases definitorias: “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”. Esa conjunción dialéctica la explicará luego en tres lecciones históricas magistrales: la primera, el 10 de octubre de 1968 en Demajagua, en ese lugar conmemora el primer centenario de la lucha por la independencia. La segunda, el 11 de mayo en Jimaguayú, en 1973, en que define la forma del análisis histórico y da continuación perfecta a lo que es la perla más preciosa de su última y grande aspiración, la que tuvo Céspedes, la que tuvo Martí: la de la unidad nacional en torno a la idea. Y, finalmente, el gran discurso del 15 de marzo de 1978, bajo los Mangos de Baraguá, donde jura continuar la obra de aquel Titán que a los 33 años sorprendió a su adversario por su juventud, por su apolínea figura y por su voluntad de servicio.

El próximo año se cumplirá el 150 aniversario del 10 de Octubre; el próximo año es de gran celebración para Cuba. El llamamiento de la Academia de la Historia, del Instituto de Historia, de la Unión de Historiadores de Cuba, de los maestros cubanos, es solemne en este día: conmemorar dignamente cada acontecimiento, desempolvar cada documento, dar brillo al mármol de las tumbas y de los mausoleos que, como en Santa Ifigenia, heroína del panteón griego y cristiano, aparezca al fondo un bosque de banderas cubanas sobre la tumba de cada mártir, de cada heroína, de cada héroe, que florezcan y crezcan las palmas bellas de Cuba.

En este día tan hermoso agradecemos a todos los que han cumplido y los que han trabajado abnegadamente día y noche para que esta inolvidable mañana sea posible.

Y ahora detengámonos un momento en la tumba del iniciador y veamos allí la escultura hermosa de Cuba que en su bella figura levanta un laurel para extenderlo al pie de su retrato: Padre, un día te trajeron a Santiago con ropas raídas, ensangrentado y desecho; eras joven, pero habías envejecido en el dolor, en el sufrimiento, en la ingratitud, pero jamás te abandonó la esperanza. Tú rechazaste una vez, con palabras gentiles, a las mujeres cubanas la ofrenda de la espada que hoy se ha colocado al lado de tu urna, pero dijiste a ellas que no querías legar a tus hijos ningún bien material, sino tus ideas, tu voluntad y que ella, la espada, sería una posesión futura de la nación libre. Esto se ha cumplido.

Cuando te trajeron desecho, tus zapatos estaban cosidos con alambre. Nada podía identificar lo que latía en aquel cuerpo con los ojos grandes y abiertos como los del Che.

Muchas gracias (Aplausos)

A %d blogueros les gusta esto: