Archive for: enero 22nd, 2018

“Reconciliación y perdón son sinónimos de impunidad”. Por Sara Rosenberg

Tomado del blog La pupila Insomne

La lucha por la memoria y contra la impunidad del terrorismo de estado vertebra la lucha del pueblo argentino.

Es un tema profundo. Es la lucha por nuestra historia, que sintetiza la consigna clara y contundente:  Memoria- Verdad- Justicia.

Es la lucha de las madres, los familiares, los hijos -y de todos los que no olvidamos ni perdonamos- lo que ha permitido juzgar a una parte de los genocidas –militares, policías- implicados en el terrorismo de estado que acabó con la vida de treinta mil detenidos desaparecidos, robó niños, asesinó impunemente y devastó el país para imponer un proyecto económico que sólo podía imponerse a sangre y fuego. Y que hoy de una manera mutada sigue imponiéndose con la  violencia de clase –mediática y física- que necesitan para someter a la gente.

Hay una continuidad en el proyecto que hoy está llevando adelante la oligarquía

-con sus representantes parlamentarios- para imponer nuevamente a sangre y fuego el neoliberalismo. El despojo y la desposesión de las mayorías incrementa la acumulación que necesita el capital financiero y de las grandes corporaciones.  La lucha de clases es aguda. Y en esa lucha la bandera de Memoria- Verdad y Justicia ha permitido y permitirá la cohesión que las grandes mayorías necesitan para enfrentarse al mismo enemigo de siempre. Hoy vestido de amarillo –el color del PRO- y apodado la “fiebre amarilla”.

No es casual que el macrismo libere a los genocidas que han sido juzgados y que deberían permanecer para siempre en prisión.  No es casual, porque son sus socios desde siempre. El grupo económico “Macri” fue uno de los favorecidos por la estatización de la deuda privada llevada a cabo en 1982 por el Estado Terrorista . El pueblo tuvo que cargar con las deudas de los especuladores, como en el caso de las empresas del grupo –SIDECO,SEVEL Y FIAT – que llegaron a más de 250 millones de dólares .
Ninguno de los militares juzgados por crímenes de lesa humanidad –tortura, asesinato, robo de niños- se ha arrepentido y mucho menos ha dicho nada sobre dónde están los desaparecidos o los hijos nacidos en cautiverio.  Funcionan, hoy como ayer, con espíritu de cuerpo y siguen siendo fieles a su ideología criminal. En los  setenta se desata en todo el cono sur de América la cacería y el crimen contra la  organización popular y contra el pensamiento antiimperialista; un proyecto que se preparó detalladamente y es posible decir que se inicia con el golpe contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, preparado por los chicago boys y su mentor intelectual, -Friedman- y su mentor logístico el gobierno de USA, la CIA y como no el ubicuo Kissinger.

No es casual que ahora el golpe parlamentario en sus variadas formas y la represión se desaten – Argentina, Honduras, Perú, Brasil…- porque una vez más necesitan acabar con la resistencia de los pueblos a la política neoliberal. No es casual tampoco que todavía no se haya podido llegar a juzgar a las empresas que participaron en este genocidio y que tienen nombres propios: Ford, Mercedes Benz, Ledesma,  Clarín, etc. y a toda la red civil que financió, apoyó, participó y fue cómplice  de los crímenes de lesa humanidad.

La red civil criminal ha salido indemne de estos juicios, por el momento, y sigue gobernando el país. Y siguen operando desde el mismo lugar y con el mismo objetivo: robar y acumular. Sólo que ahora lo hacen de una manera más “democrática”, no necesitan un golpe de estado militar porque han desarrollado técnicas de un alto nivel de perversión del discurso capaces de enloquecer a una parte de la sociedad –esa clase media que aspira a compartir el botín- decidida a sostener a los verdugos y a repetir sus mentiras de cruel y mediocre manual evangélico-goebeliano mientras es saqueada a mansalva.

En ese contexto se ha producido un hecho de enorme importancia para la salud mental –salud histórica- de nuestro pueblo: los hijos e hijas de los genocidas hablan, cuentan la verdad, se organizan y se movilizan junto a las familias que han sido víctimas del terrorismo de estado y en sus testimonios hay una dignidad  asombrosa.  Una elección y una lección de valentía que nos demuestra una vez más que la voluntad humana existe y que cuando hay voluntad los vínculos profundos se transforman y pueden transformar el horror individual en justicia colectiva.

He leído y he escuchado a la hija de uno de los más sanguinarios verdugos de nuestro pueblo, la hija de Etchecolatz. Y he recordado aquel viejo libro de Franz Fanon, Los condenados de la tierra, cuando analiza lo qué sucedía con los asesinos y torturadores que volvían a sus casas y hacían “vida normal” –golpeaban y violentaban a su familia- y también recordé aquella frase: “matar a un colonizador es matar dos pájaros de un tiro: es matar a un asesino y matar al esclavo para que nazca un hombre libre”.

Ha pasado mucho tiempo, pero la memoria de nuestro pueblo es  una memoria que renace, crece y se fortifica. Que se hace cada día más dueña de su historia  y no lo hace desde el lugar que la oligarquía hubiera querido que lo hiciera, desde el victimismo, sino desde un profundo combate por la justicia y por el necesario castigo y juicio y prisión a los culpables. Este combate por la historia es un  combate ético y político de largo alcance.

Los genocidas son gente peligrosa, son asesinos y seguirán asesinando. Siguen  sirviendo al mismo proyecto político que hoy encarna Mauricio Macri y sus cómplices. Por eso Milagro Sala sigue presa, por eso el crimen de Santiago y Nahuel y la brutal represión contra el pueblo mapuche se desata, por eso encarcelan a dirigentes sociales y políticos, por eso allanan locales de organismos de derechos humanos y fraguan causas y noticas falsas cada día, por eso se atreven a hablar de “reconciliación como en Sudáfrica”, y por eso hoy en la Plaza de Mayo una vez más se les ha respondido con claridad que no perdonamos, no nos reconciliamos y no olvidamos. [1]   “Reconciliación y perdón son sinónimos de impunidad”, dijeron   miles de voces memoriosas.

En España, hasta el día de hoy las fosas y los crímenes del franquismo siguen impunes.  Y no se trata –como la burguesía española franquista y liberal dice- de  crear conflicto o reabrir heridas y hasta el insultante querer cobrar indemnizaciones, sino que se trata de cómo los asesinos siguen siendo impunes y se perpetúan –y los muertos desde el 36 hasta ahora no descansan-, de cómo la historia ha sido transformada en un vacío, en una zona opaca que impide crecer y comprender que se ha robado no sólo el derecho a las victimas de la dictadura sino el derecho de  varias generaciones a saber quienes son y adonde van. El olvido –consensuado por los partidos políticos y muy bien articulado desde Washington- pudrió la posibilidad de hacer justicia y nunca mejor dicho entronizó a la monarquía como sucesora del régimen. La tergiversación y el robo de la historia es la gran tragedia del pueblo español. Y es desde allí desde donde se deberían leer los conflictos actuales y el desgraciado rol de “imperio con muletas” como lo llamaba Fidel, con su papel de socio asociado en sociedad con el imperialismo norteamericano que le paga con el papel de mediocre potencia colonial en América Latina y partícipe en las guerras más sucias  en Oriente medio, en África y en el este de Europa. Pedacitos de botín y siembra de bases militares para operaciones que de poco le sirven al pueblo español, condenado día a día a perder sus derechos políticos y sociales más elementales, mientras crece una juventud desmemoriada, carne de cañón para empresas y ladrones de cualquier futuro.

¿Cómo podría existir esa pretendida reconciliación-perdón con los asesinos?

El pueblo argentino tiene una excelente salud histórica, una buena memoria y  jamás olvidará ni permitirá la impunidad.

Y es una lucha profunda, abarca todos los aspectos de la vida porque es una lucha por la historia y por eso es una lucha que alumbra el futuro.

(1) https://www.pagina12.com.ar/90673-reconciliacion-y-perdon-son-sinonimos-de-impunidad

21 enero 2018

Los años no pasan por gusto

Por Adriel Bosch Cascaret
-Oye ya no quieres hablar con la gente que estudió contigo porque eres periodista- me dijo la muchacha y yo atónito la descubrí entonces casi pasando frente a mí.

La reconocí sin contratiempos y salí a cortarle el paso, le deposité un beso en las mejillas y le repliqué que de eso que me reclamó nada, que creerme cosas no se me da bien.

Ahí mismo construimos una conversación de casi una hora de actualización sobre nuestras vidas y la de los otros 53 compañeros del aula de la secundaria, hace ya 15 años dejados atrás.

Aquello me tomó por sorpresa y fue interesante, casi increíble, sobre todo porque posiblemente en tres años de secundaria no me habló en general más de 60 minutos y casi puedo afirmar que para ella yo apenas existía.

Eran tiempos duros aquellos, de pura adolescencia, cuando ser callado, solitario, estudioso y de pocos amigos, podía ser visto como un pecado para muchos.

Pero en mi aula la cosa era peor. Ya dentro de Guantánamo, mi escuela –la Rafael Orejón- era considerada la de los hijos de “mamá y papá” –descendientes de gente con buenas posibilidades económicas o con excelente posición en la sociedad-, pero al interior del colegio mi grupo era la de los hijos de “mamá y papá”, y eso implicaba que los pocos de origen muy humilde teníamos muchísimos menos puntos de popularidad, y con color de piel negra o mestiza, la cosa se ponía en ocasiones al borde de lo imposible –aunque en algunos casos el dinero los aclaraba a la vista de otros.

Ahí, en el grupo, tuve que aprender por cuenta propia sobre discriminación y diferencias, sobre la violencia que puede acompañar una pregunta sin respuesta, unas palabras colocadas con mala intensión, la burla de quienes no respetan al que no vive o es como ellos, y el único escudo que encontré fue alejarme de la mayoría.

Pero hasta de lo malo puede brotar una flor. Las diferenciaciones provocaron que cada uno tratará de buscar a sus iguales –los de más dinero, lo intermedios, los de menos posibilidades, los más claritos, los oscuritos con dinero y los que no tenían y los inadaptados- y eso permitió que pudiera encontrar algunas de las amistades que me han acompañado toda una vida – sinceras, sencillas, solidarias, presentes aunque se imponga la distancia geográfica y el tiempo que no para.

En esa etapa gris además aprendí a crecerme a los malos tiempos, a confiar más en mi y que no es bueno cerrarse al mundo –aunque todavía hoy en grandes grupos siempre busco refugio en mi mismo, y solo con el tiempo doy a conocer al Adriel chistoso, conversador, discutidor y fiestero, que llevo también conmigo; y no le impongo a nadie lo que quiero pero hago lo que quiero, pese a ir en ocasiones contra todas las corrientes, y eso no siempre es bueno.

Por suerte la secundaria es solo recuerdo y experiencia. Los años han pasado y aquellos 54 muchachos hoy somos hombres y mujeres. Varios viven en tierras lejanas, y entre los que seguimos aquí no han disminuido las diferencias económicas, el color de piel no ha mutado, pero ha llegado para todos la madurez que solo dan los años, y con eso el respeto -y hasta ha crecido un extraño cariño por el resto de aquellos compañeros, sin mirar pieles ni billeteras-, que hace que hoy quienes ni te dirigían la palabra soliciten la tuya si creen que andas “levantando la nariz”.

El “vuelo” de los tatuajes

tomado del blog: Mira Joven (Cuba)

Por Yasel Toledo Garnache

Luego de varios días junto a su novio, Lili decidió tatuarse el nombre de él, como muestra de su amor hacia quien le provocaba sensaciones especiales.

La joven, bella y sensible, no imaginaba que aquello dolería, derramó lágrimas, gritó…, pero soportó, deseosa de mostrar a todos su pasión, definida en apenas siete letras.

Otros también tienen tatuajes, hechos por impulsos, porque quieren lucir diferentes, ser parte de una especie de «moda», impresionar a los demás… Muchos exponen mariposas, frases, animales, rostros, flores, paisajes…, varios de los cuales lucen hermosos y repletos de creatividad, pero, ¿cuán favorables son? ¿En verdad nos hacen más atractivos e interesantes?

Personas famosas, deportistas y músicos, actores y cantantes, los tienen y los muestran a millones de jóvenes y adultos en el planeta, gracias a las fotos e imágenes televisivas, con indudable efecto en sus seguidores.

Esta «tradición» vive desde civilizaciones como las del Antiguo Egipto, el Japón imperial o las culturas precolombinas, en las cuales tuvo diferentes funciones, incluida la de distinguir grupos de personas, como delincuentes, esclavos y prisioneros.

Una de las evidencias más antiguas de tatuajes en momias se encontró en una perteneciente a la cultura Chinchorro, comunidad de pescadores en la costa de Chile, consistente en un bigote delgado sobre el labio superior de un hombre adulto del año 2 000 antes de Cristo.

En 1991 fue descubierta una momia neolítica dentro de un glaciar de los Alpes de Ötztal, con 57 dibujos en la espalda. Durante varias etapas, como la Edad Media, fueron prohibidos, por ser considerados  mutilaciones al cuerpo heredado por Dios.

Cada uno es logrado mediante la modificación permanente del color de la piel, con agujas u otros utensilios que inyectan tinta y más pigmentos bajo la epidermis.

Según investigaciones, el 36 % de los ciudadanos de Estados Unidos, entre 18 y 25 años de edad, posee alguna parte de su cuerpo marcada de la manera señalada, y la cantidad aumenta entre los de 26 y 40. En Europa, al menos cien millones de pobladores los exhiben.

Especialistas explican que las tintas utilizadas suelen provenir de metales, como mercurio, plomo, titanio, cadmio, níquel, cobre, hierro y zinc, todos potencialmente tóxicos en altas dosis.

Agregan que, cuando el «tatuador» las inyecta, el organismo genera una respuesta consistente en enviar glóbulos blancos para limpiar la zona, y durante ese proceso son eliminadas varias partículas, pero otras permanecen atrapadas en el tejido conjuntivo.

Aseguran que esa práctica agresiva al organismo puede provocar infecciones bacterianas, fúngicas y víricas; irritaciones temporales y reacciones alérgicas que podrían convertirse en crónicas; intoxicaciones dérmicas; quemaduras inusuales y sarpullidos en esa parte del cuerpo si recibe luz solar durante un tiempo mínimamente prolongado.

Otros elementos desfavorables son que el tatuaje puede ocultar enfermedades dérmicas graves y dificultar pruebas médicas, por tener en el sitio del dibujo o frase una conductividad eléctrica como resultado de la concentración de metales. A todo eso se suman otros riesgos relacionados con el empleo de las agujas, la posible falta de higiene, tintas inadecuadas y otros aspectos.

Marcar el cuerpo para siempre jamás debe ser cuestión de juego ni impulso. Tal vez, después de varios años la mariposa sobre la piel ya no favorezca el vuelo de la imaginación o el nombre del amado constituya un mal recuerdo, nada de lo cual podrá ser borrado, como con una goma, sin dejar huellas. Lo peor es lacerar la salud.

Cada decisión representa un paso en el camino de la vida, donde lo más hermoso, las mejores pinturas, colores y obras, radican en el alma, en los gestos llenos de amor y bondad.

Tomado del blog Cuba en Fotos

Monumento ecuestre de José Martí en el Parque 13 de Marzo (+ Fotos )

Reproducción fiel, exacta y única de ese monumento ecuestre del Apóstol, cuyo original está en El Parque Central de Nueva York. Ubicada en el Parque 13 de Marzo del Centro Histórico de La Habana. Escultura de la artista estadounidense Anna Hyatt. Fotos: Roberto Suárez 
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