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YO TENÍA UNA BICICLETA

tomado del blog La Bicicleta

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Comencé a trabajar en la Unión de Jóvenes Comunistas en el año 1991 y cómo decía buen cubano de mi tierra, ese fue el año en que se cagó el Buey; se desmerengó el campo socialista; se fastidió la economía; se jodieron los Carnavales del municipio – y creo que de toda Cuba – y a mi abuela se le murió la puerca.
Me enfrenté al trabajo en un territorio amplio, sembrado de barrios dispersos, lleno de niños alegres y personas de cubanísimo arraigo; pero todos jodidamente lejos unos de otros y de mí pequeña oficina. Como eso de que “Si Maoma no va…” , etc,etc,etc, es cosa de refranes y no de trabajo político, pues ni yo era Maoma, ni las montañas de allá caminan un centímetro; así que al Nene (que no me conocen por allí y hasta por aquí, sin ese alias) tuvo que dar más pedales que Pipián Martínez, aquella figura legendaria del ciclismo cubano.
Así fue que tuve mi primera bicicleta y eso que de niño soñaba con una, pero mi barrio era rural, mi tienda pequeña y para lo ocasión en que venían los juguetes (daban tres por niño una vez al año y por la libreta) a veces solo venía un “ciclo” de aquellos pequeños, justo lo necesario para mi edad, pero por lógica se lo llevaba el primero en la cola, que eso de los números para comprar los juguetes será tema para otra historia.
Pero regresemos al asunto pedalístico de los años 90. Me asignaron una Bicicleta Forever de fabricación China, azul, cómoda y ligera. Pero la susodicha no se movía sola, su energía tenía que ponérsela yo, y yo entonces, no tenía mucha energía, porque la alimentación se puso de croqueta para abajo un buen trecho.
Así entonces emprendí mi bregar por las carreteras-terraplenes – trillos y matojos de cuanto barrio tenía una escuelita, pues yo era nada menos que el Presidente Municipal de los Pioneros y todos sabemos que en Cuba se podrán acabar hasta las croquetas, pero nunca se van a acabar los pioneros, ni sus guías entusiastas, de esos que te veían llegar sudando a chorros detrás del manubrio y te decían con sana alegría: Venga Presidente, venga de nuevo mañana que la carreta con los niños para la acampada, ¡se ponchó! como si los 16 KM que yo había pedaleado no fueran nada.
Yo tenía mis normas de consumo, eso que ahora es tan común para controlar el gasto de los combustibles, pues a mí ya me eran familiares esos datos; así por ejemplo, la Forever hacía 8 KM por guarapo, unos 10 KM por batido de fruta bomba o mango e incluso una vez llegó a promediar hasta 16 KM después de una milagrosa jarra de jugo de naranjas con ¡Leche Condensada!
Nada, que por estar de pequeño maldiciendo al dios de las bicicletas por dejarme fuera del reparto, pues el personaje debe haberse enfadado tanto que me mandó bicicletas hasta en los sueños desde 1991 hasta casi llegado el año 2000. Ahora a cada rato le caigo a maldiciones al dios de los AUDIS, ojalá el tipo sea igual de HP.

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