Aprendamos a convivir con “los otros”

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tomado del blog: Nuestra Media Luna

Por: Michel Álvarez Morales

Vivir en el mundo de hoy es un privilegio para muchos, no sucede de esta manera con una parte de los habitantes del globo terráqueo, las civilizaciones poseen sus costumbres, tradiciones, cultura, creencias religiosas y leyes, elementos claves que determinan el marco contextual donde actúa y se desarrolla cada individuo.

La adopción de diferentes formas culturales que se consiguen con el transcurso de la vida, vienen a convertirse en paradigmas para los nuevos individuos que aprenden de la realidad en que se desarrollan, el resultado de este aprendizaje -en muchos casos, con necesidades de renovar-, trae consigo la aparición de nuevas representaciones culturales en las sociedades.

En algún momento nos hemos preguntado, cómo funciona esta herencia cultural en nuestros hijos, cómo nos vemos reflejados en su formación y educación, qué ejemplo de conducta representamos para ellos. Estas y otras interrogantes se enfocan alrededor del tema que me urge compartir con ustedes.

En la sociedad que me ha tocado vivir como individuo activo, se visualizan algunas irregularidades que necesariamente apremian resolverse, por ejemplo, el maltrato animal; hoy constituye una manera de diversión en algunos niños, jóvenes y adultos, como señal de reaparición de ciertas actuaciones ya controladas hace algunos años.

El vecino que va en su coche de pasaje o carga y su caballo no quiere caminar, arremete con furia y rabia contra el equino utilizando un látigo de elaboración casera, para el propietario, mientras más le duela al pobre animal, mejor, situación que observamos día a día en nuestra sociedad medialunera; he visto expresiones de alegría en niños, jóvenes e incluso adultos, ver al animal sufrir por este abuso, sucede a los ojos de todos, pero nadie regula, ni controla la realidad.

Otra manifestación de maltrato animal a gran escala, la padecen los caninos, conozco una persona que tiene dos hijos varones y una niña recién nacida, a petición de los varones, buscó dos perros, no es el mero hecho de tener los perros que quiera, sino, cómo él los cría y les enseña a sus hijos el método de crianza que ha creado; falta de atención en la alimentación y un brutal maltrato a los caninos, son las enseñanzas que hoy reciben los niños, quienes han imitado las acciones de su papá contra los inocentes animales.

Entonces, podrá predicar esta familia desamorada aquella frase que desde pequeños nos enseñaron en la escuela “el perro es el mejor amigo del hombre”, no creo que los caninos deseen tener una amistad con este tipo de personas.

Hace unos días observaba un hombre enseñando nuevos modales a un perro, golpeaba descontroladamente su cabeza con una piedra, sufrí mucho en ver como el animalito lloraba y aquel hombre no tenía piedad de él, caramba, de qué material está elaborado el corazón de estas personas.

Considero que el estado y las instituciones responsabilizadas para estos fines, deben prestar inmediata atención a los comportamientos que muchos grupos de la sociedad van generando y trasmitiendo de generación a generación, los que, en un futuro no muy lejano, pudieran atentar contra la sociedad culta que queremos formar, sino somos capaces de amar a nuestros animales, cómo podemos aspirar a ser un pueblo culto.

Podemos lograr una sociedad que vea a sus animales como parte de su propia familia, ellos necesitan del amor, sienten y sufren. Los invito a defender el cuidado de esta otra familia que por razones de la vida Dios los creo para que convivieran junto a nosotros, denunciemos los maltratos que hoy se cometen contra ellos.