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El mundo de las colas (+Caricaturas)

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Tomado del Blog Mira Joven (Cuba)

 

¿Quién no ha pasado varias horas en una cola o dado decenas de carreras en busca de una firma, un producto o un trámite? ¿Quién en medio de todo y hasta después de pasar gran parte del día en determinado lugar no ha escuchado: “se acabó”, “ya vamos a cerrar”, “hasta aquí”…

Y entonces aumentan las protestas, el “¿cómo es posible?”, el “¿por qué?”… Si sumáramos los minutos de espera en esos sitios, seguramente acumularíamos unos cuantos meses, y cuidado…

Según un estudio divulgado en Internet, como promedio algunas personas en América pasan cuatro años o más de su vida esperando. Nadie lo duda, ese fenómeno (las colas) es muy necesario e importantísimo, tanto que ha recibido disímiles investigaciones de autores de varios continentes.

Sí, porque las grandes filas también existen en ciudades, como Minsk, Moscú, París, Londres, Washington, Sofía, Lisboa, Madrid, Helsinki, Budapest…, o al menos eso dicen las páginas digitales, pues en verdad yo no podría hablarles mucho de observación participante.

Cuentan que la más grande para entrar a un baño, de la cual se conoce, fue en Bruselas, en 2009, cuando 756 individuos debieron aguardar su oportunidad para acceder, aunque no conocimos cuánto demoró el último.

Durante el tiempo de espera, difícilmente, allá hablen con tanta energía sobre deportes, política, el último acontecimiento del barrio… o surjan chistes y  piropos tan originales como los de aquí. No sé en esos sitios lejanos, pero en las colas cubanas, a veces, uno se entera de ¡cada cosa!, “noticias” reales o ficticias, que en ocasiones despiertan sonrisas.

Colas

Caricatura tomada de periódico Venceremos

Las colas, catalogadas de explosivas cuando crecen en vez de disminuir, son fundamentales como modo de organización para acceder a un servicio o producto, pero suelen quitar demasiado tiempo a los individuos, por eso resulta esencial agilizar cada proceso, lo cual se logra por ejemplo, con el establecimiento de varios puntos de suministros y filas cortas para llegar más rápido a ellos.

A nadie le gusta esperar demasiado. Según una investigación en Estados Unidos, el 89 % de los clientes abandona las tiendas cuando ve a muchos esperando. Verdaderamente, eso no siempre ocurre así en todos los espacios, pues en ocasiones la única alternativa es seguir ahí hasta conseguir la meta.

En el mundo, numerosos servicios y compras están al alcance de un clic en Internet, y Cuba también da pasos importantes en el mayor aprovechamiento de la tecnología.

Precisamos que en algunas entidades se menciona la palabra (informatización) con orgullo, pero en verdad el intento de mejorar con los nuevos equipos ha causado otros problemas, sea por poco dominio de quienes los emplean, por déficit de los dispositivos o fallas de los sistemas computarizados.

Con frecuencia, es necesario tener un puesto en las filas desde la noche anterior, y varios hasta duermen en esos sitios. A veces, usted puede estar en la misma cola hasta más de un día, y al final no resolver su problema. Del otro lado, de la puerta quizá lo reciba alguien poco agradable, con un “no” surrealista, que acabe con el anhelado final feliz.

Ahí, uno puede observar a “vivos excesivos” que encontraron la manera de sacar provecho, pues marcan varias veces y comercializan sus turnos o simplemente entran y salen rápido.

En ocasiones, se escucha el llanto de algún bebé, y ese ser, llamado Burocracia, que puede llevar bigote o vestido, hace de las suyas.

Colas en Cuba 2Hace poco, estuve diversas jornadas en uno de esos lugares, en el cual suspendieron en una ocasión la atención por ser el Día de los trabajadores del sector, en la siguiente solo laboraron hasta el mediodía sin explicar la razón, y luego hubo demoras en la sesión vespertina, porque llegó tarde el almuerzo, mientras decenas de pobladores intentaban organizarse fuera, con la esperanza de lograr sus objetivos.

A eso se suma, que en ciertos sitios donde se acumulan las personas no hay asientos, baños públicos ni agua potable, y algunos clientes llegan, pasan como por una pasarela y se marchan algunos minutos después, sin necesidad de la larga espera y ante la vista de los demás. Cuando sucede eso, el malestar es enorme y la gente comenta hasta con exageración.

Todo esto es más lamentable luego de la aplicación en el país de la Resolución 54, de protección a los consumidores, cuyo cumplimiento debe exigirse al máximo, aunque aclaramos que algunas de las experiencias, bases de este trabajo, no pertenecen a entidades de Comercio, pues se incluyen otras dedicadas a trámites diversos.

Ojalá se multipliquen los escenarios, donde se pueda acceder a los servicios más demandados, pues cuando existen pocos para un municipio completo o para varios es muy complejo. Resulta fundamental crear las condiciones indispensables para que todos puedan esperar de manera armónica. Sería positivo que los trabajadores mantengan siempre el esmero para satisfacer, y los clientes la disciplina. Existen buenos ejemplos de locales hasta climatizados de forma artificial y rigor en la organización y lo demás, que debieran ser moda en todas partes.

Soñemos que en el futuro las colas, convertidas en un ejercicio de resistencia enorme, sean recuerdos o palabras en libros y periódicos, pero mientras llegue ese paraíso, tratemos de hacerlas más agradables o simplemente menos frustrantes.

En cada sitio, deberán analizarse las opciones para mejorar las experiencias de sus visitantes, con garantía de rapidez, calidad y buen trato.

Palabras de Yasel Toledo Garnache en acto por aniversario 199 del natalicio de Carlos Manuel de Céspedes

Palabras pronunciadas en la Plaza de la Revolución de Bayamo, 18 de abril del 2018.

tomado del blog Mira Joven (Cuba)

Yasel Toledo Garnache en acto por natalicio de CéspedesCompañeros de la presidencia

Bayameses, hijos todos de Cuba y ese Padre grande que es Carlos Manuel de Céspedes:

Quiero que hoy pensemos en el patriota enorme, sin dimensiones, absoluto, pero sobre todo en el ser humano, en ese cubano de heroicidades, sacrificios y enseñanzas para el presente y el porvenir. Hoy cumpliría 199 años de vida, los cumple, y ojalá esa cifra aumente hasta la eternidad, lo cual solo dependerá de nosotros y las futuras generaciones, de nuestra capacidad para mantenerlo como luz de la nación.

Deseo que imaginemos al niño capaz de defender hasta con los puños a quien consideraba víctima en una pelea de infantes en el colegio, al muchacho lleno de virtudes, amante del juego de ajedrez, el arte y los bailes, que ganaba con facilidad el agrado de las damas y sabía tocar música de piano, pero también disparar y pelear como un guerrero por su país.

Hoy y siempre debemos homenajear al héroe, iniciador de las gestas independentistas, pensador de proyección internacional, Primer Presidente de la República en Armas y Padre de la Patria,pero también al hombre exigente y sensible, que prefirió dejar la tranquilidad, las fincas, los lujos y joyas para empuñar las armas e irse a la manigua, en el mambí que incluso en los momentos más difíciles, de más dolores personales, tuvo la claridad para saber que Cuba era lo esencial, lo más importante.

Día triste aquel de su deposición como Presidente. Jornadas de sufrimiento también las siguientes, pero gigantesca otra vez la postura del Padre, para quien lo fundamental era la salud de la Patria. ¡Cuánta grandeza en sus acciones y palabras!

Céspedes, quien murió disparando su revolver de seis balas, es también un símbolo de resistencia, valor, inteligencia y fidelidad a los ideales.

Ni siquiera en esas horas de borrasca interior desvió el pensamiento plasmado en su Diario, cuando redactó: “La historia proferirá su fallo. A todos he recomendado la prudencia y que sigan sirviendo a Cuba, como yo lo haré mientras pueda”.

No era fácil mantener esa ecuanimidad, cuando tanto sucedía a su alrededor, y la indignación hasta le provocó fiebre ligera, según escribió. Parte de su mayor dimensión radica en comportarse como lo hizo hasta el final. Sinsabores, incomprensiones y discrepancias no pudieron lacerar su integridad de patriota y cubano total, a favor de una causa enorme y justa, la independencia.

Yasel en actoCada día debemos recordar, al cubano Carlos Manuel, que repleto de bondad y sencillez dedicó sus últimos días a enseñar a leer y escribir en San Lorenzo. A ese hermano grande de los jóvenes de hoy, que, solo y con problemas en la visión, cayó físicamente en combate sin rendirse ante los enemigos, el 27 de febrero de 1874, pero constituye ejemplo de todos nosotros.

Hablar de él en este lugar, donde palpita parte de las esencias de la nación, donde el corazón del país y los sueños son más fuertes, tiene un significado especial. Por aquí caminó aquel niño, amante de los ajiacos y las viandas, el hijo de Jesús María de Céspedes y Luque y Francisca de Borja del Castillo y Ramírez de Aguilar, por aquí dio pasos y soñó aquel pequeño que, poco a poco, logró una altura superior a todo lo físico.

¡Cuánto simbolismo hay en este sitio! Imaginemos a los mambises en octubre de 1868, el entusiasmo de todo un pueblo. Luego, las llamas consumiendo el lugar, en enero de 1869, los habitantes hacia el monte, el asombro de los españoles colonialistas ante ese  acto de coraje y patriotismo gigantesco. Los techos caían, las construcciones se volvían negras…, Los niños, jóvenes, ancianos y mujeres embarazadas o con pequeños en brazos se iban a la manigua. Día triste y grande, de gloria y amor a un sueño. Una ciudad antorcha, todo un ideal iluminado desde Bayamo.

Veamos al héroe también junto a su familia, en el alzamiento de La Demajagua, en aquel octubre de púas y machetes convertidos en armas, en la Asamblea de Guáimaro, en otros momentos trascendentales.

Su ejemplo gravita de forma especial en esta ciudad y en Manzanillo, donde también soñó e hizo a favor de su país, en todo el territorio de la actual provincia de Granma. Mucho tiene que enseñarnos todavía ese hombre de bigotes que vemos en imágenes, vestido con traje y siempre serio, el ser humano capaz de escribir cartas de amor estremecedoras y graduarse de abogado con honores.

acto por Céspedes¿Qué haría hoy aquel hombre generoso e intransigente a veces? ¿Cómo podemos ser verdaderamente fieles a su legado?

Las nuevas generaciones de cubanos tenemos el desafío de ser siempre consecuentes con sus ideas y ejemplo, como hijos agradecidos y valerosos. Nos ha tocado vivir una época de transformaciones, de grandes preguntas. Cuba se actualiza no sólo en lo económico. Habitamos un planeta cada vez más complejo, en el que a las dificultades del mundo físico se suman las del virtual.

Eso nos confiere una responsabilidad adicional con el presente, con la historia de este país, con Céspedes, Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera y otros grandes, con nuestros abuelos y padres, con los profesores y, sobre todo, con nosotros mismos, con nuestra moral de revolucionarios y muy capaces. Una responsabilidad enorme con el futuro.

La pasividad, el caminar con los ojos cerrados, el preferir el silencio antes que señalar un problema no son alternativas. Tenemos que ser protagonistas, Quijotes de este tiempo, si fuese necesario, como lo fueron Carlos Manuel y aquellos gigantes.

Comprendamos que en lo adelante no andaremos de paseo por las riveras, no navegaremos por un río apacible, debemos imponernos retos y tener el valor profesional suficiente para lograrlos. Por eso resulta vital la superación, evitar el sedentarismo intelectual, para ser también mejores ciudadanos, estudiantes, trabajadores y artistas, mejores cubanos, no unos que sólo aprueben o critiquen, que aplaudan o bajen la cabeza, sino personas que piensen, reflexionen, y, sobre todo, busquen y encuentren soluciones a favor de los colectivos y la nación.

Hagamos de la belleza, entendida como bondad y búsqueda de perfección, una especie de puente interminable, de motor que impulse cada gesto, cada palabra, cada acción nuestra, y nos guíe en el camino de los anhelos.

La victoria eterna dependerá en parte de mantener siempre junto a nosotros a Carlos Manuel de Céspedes, no como un nombre o una estatua, sino como un ser vivo, un amigo capaz de guiarnos como brújula exacta, fuente de esencias y dignidad.A él y a otros grandes como José Martí y Fidel Castro, símbolos de la nación, juramos fidelidad y compromiso, seguros de que Granma y Cuba siempre triunfarán.

¡Viva Carlos Manuel de Céspedes!

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Una guagua en Nuevo Vedado

Por Rodolfo Romero Reyes

La noticia se propagó de boca en boca y sí, realmente el hecho clasificaba como noticioso. Aunque el reparto es céntrico y por sus márgenes confluyen infinidad de rutas principales (de ahí su abreviatura con P de principales: P-4, P-9) y otras rutas alimentadoras (69, 27, 179), nunca en la historia de aquella opulenta barriada del famoso municipio capitalino Plaza de la Revolución, había existido una ruta de ómnibus que atravesara parte de sus calles interiores. El anuncio de la A44 merecía titular en primera plana.

Desacostumbrados los vecinos del lugar —y también imagino que las autoridades provinciales— a estas rutinas, la señalética para indicar las paradas resultó de las peores del país. Quizás se agotaron las señaléticas azules que tradicionalmente se utilizan, o tal vez, el indicar las paradas en cartones viejos escritos con plumón negro, fue un intento por mostrar una cuota de humildad ante semejante conglomerado de mansiones y casas enormes, que no es lo mismo, pero es igual.

Como aquellos famosos periodistas que desenmascararon «Watergate» dando una cobertura, nota tras nota, de los resultados de su investigación en curso, deduje que ese hecho aparentemente intrascendente, desembocaría en nuevos sucesos de interés público. La primicia no se hizo esperar, por primera vez en la historia de Cuba, los vecinos de un barrio escribieron una carta protestando por el paso de la guagua por sus calles.

Para los lectores foráneos, es útil aclarar que, con los problemas que históricamente ha presentado el transporte público en la Isla —consecuencia directa del férreo bloqueo económico impuesto injustamente por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba—, lo común es que las cartas de la población sean para solicitar que las guaguas pasen por los vecindarios, nunca lo contrario. Por tanto, la actitud de aquellos vecinos resultaba inverosímil.

La carta en cuestión movilizó a las autoridades locales del Poder Popular. Un joven delegado, recién electo, convocó a vecinos y autoridades para atender la demanda colectiva. Antes de la reunión, mi investigación periodística había arrojado dos resultados preliminares. El primero era que «todo el vecindario» era en realidad seis o siete vecinos inconformes. Segundo, el reclamo de un firmante no representaba obligatoriamente a toda la familia. «Papá, se puede saber por qué tu firmaste esa carta, qué bien se ve que tú te vas en el carro temprano para el trabajo, pero la que va al tecnológico y vira en la guagua soy yo, procura que no la quiten porque me vas a tener que comprar una moto eléctrica», reclamó en altercado familiar una de las adolescentes del barrio.

Con estos dos elementos, tuve la certeza de que la demanda no tendría lugar. Sin poder presentarme a la cita nocturna, pues obviamente al vivir en Guanabacoa mi presencia allí resultaría sospechosa, decidí auxiliarme de una «Garganta Profunda» que sí residía en el lugar en cuestión.

En el cónclave se expusieron dos criterios. Quienes defendían el paso de la guagua argumentaban que los demás eran unos egoístas que tenían carros y por eso no necesitaban el medio de transporte colectivo. Los demandantes, en cambio, aludían otras cuestiones. En primer lugar estaban «preocupados» porque el paso de la guagua todos los días afectara el asfalto y produjera baches innecesarios —lo cual a juicio de GP afectaba directamente a sus carros—; en segundo, el ruido provocado por el motor y el claxon atentaría contra la tranquilidad que se respira en la vecindad —a juicio de este periodista, muchas de estas casas no se afectan por los ruidos, por sus gruesas paredes, aires acondicionados, equipos de música y largos pasillos—; y, como tercer aspecto, defendían la seguridad vial de niñas y niños que transitan para las escuelas —me pregunto si solo en Nuevo Vedado conviven escuelas, niños y guaguas.

Por fin se impuso el sentido común, la democracia, el consenso ciudadano y el poder del pueblo: «la guagua se queda», anunció el «apuesto» delegado —según adjetivo utilizado por Garganta—. Los demandantes no se fueron derrotados: la guagua que antes entraba y salía al reparto por una misma calle, modificó levemente su ruta para no producir tantos baches. Hasta yo salí beneficiado: encontré un nuevo tema de investigación, el transporte público en La Habana, fuente inagotable de conflictos que seguramente me dará trigo para múltiples trabajos periodísticos.

Candados al deseo de hacer

Tomado del blog Mira Joven (Cuba)

Por Yasel Toledo Garnache

¿Y qué pasa si el trabajador lleva varios días cabizbajo, con la tristeza circulando por las mareas de su cuerpo? ¿Y si el jefe enaltece la incomunicación y ya existe como un muro entre ambos? ¿Qué debería hacer quien se siente como atado, a pesar de tantos deseos de ser útil, proponer y aportar?

El muchacho de esta historia, que puede tener varios nombres, quiere recuperar su alegría de antes y la energía para impulsar proyectos, conversar y soñar en un ambiente de entusiasmo y unidad. En estos momentos lo carcome la inmovilidad, y eso le duele, le golpea el alma, por eso cierra los ojos e intenta recobrar el ánimo de casi siempre.

Numerosos jóvenes llegan a los centros laborales repletos de ímpetu y deseos de hacer, demostrar lo aprendido en la academia, sin embargo, no encuentran el escenario más adecuado. A otros de más edad también les puede suceder algo similar.

A veces, del otro lado de la puerta los recibe alguien que pone frenos a la voluntad, candados al deseo de hacer o que, simplemente, les explica: «aquí está todo inventado, lo tuyo es solo esto, eso y aquello».

En ocasiones, hasta se encuentran un jefe que habla siempre más alto que los demás. Hace una reunión en la empresa casi todos los días y su palabra preferida parece ser «yo», porque es la primera de la mayor parte de sus oraciones. Da golpes sobre la mesa, regaña y amenaza con expulsiones. Los subordinados, quienes no suelen expresar sus criterios, le tienen miedo, y él parece orgulloso.

«Respeto, me tienen respeto», piensa el hombre del buró y retoca la corbata inexistente. Camina por el interior de la instalación y no saluda a nadie, entra a la oficina en las alturas, su reino más pequeño, y cierra la puerta.

Otras veces, son recibidos por personas que verdaderamente los tratan bien, pero todas parecen muy conformes con los resultados productivos y las maneras de organización del trabajo, aunque los éxitos pudieran ser mayores.

El recién llegado propone, quiere hacer de una manera diferente, habla de ciencia, de que sería más favorable intentarlo de esta manera…, y eso motiva incomprensiones. Él percibe también poca unidad, deficiente gestión de la comunicación interna y demasiada conformidad.

Cada acción suele indicarse desde las oficinas, sin debate entre todos ni propuestas de ideas. Luego no se valoran los impactos y existe la sensación de lanzar pelotas sin importar cuántas caen en zona de strikes.

Verdaderamente, la comunicación interna, el ambiente agradable y el afán colectivo de conquistar triunfos son esenciales. Especialistas aseguran que la mala gestión comunicativa suele ser causa de numerosos problemas puertas adentro, incluidos sentimientos negativos entre compañeros, relaciones débiles de jefes y subordinados, un mal clima laboral y disminución de la producción, en cantidad y calidad.

Resulta lamentable que en algunos sitios pululen las malas sensaciones, los chismes, rechazos a las figuras de autoridad cercanas, frustraciones, los resentimientos y la desmotivación.

Para lograr la armonía y éxitos no existen modelos. Alguien o varios podrían tener las mejores intenciones, pero a veces un «rosca izquierda», una persona empeñada en nadar siempre en contra, pudiera lacerar las sonrisas, por eso es esencial también conocer a cada quien y descubrir las maneras de motivarlo.

Afortunadamente, en algunos sitios todo fluye bien, con entusiasmo, propuestas desde la humildad y el anhelo de ayudar, sin pretender aplausos.

Cada centro laboral debe constituir un grupo de amigos, una familia unida por el objetivo común de alcanzar éxitos individuales, pero sobre todo colectivos, aprovechando al máximo las potencialidades de cada uno, siempre con exigencia y la fuerza necesaria para señalar los errores con respeto, y especialmente indicar cómo hacerlo.

También es necesario felicitar a los más destacados, dar unas palmaditas en el hombro, buscar entre todos soluciones a las dificultades y encontrar las maneras más favorables de alcanzar triunfos, con unidad y conciencia de que la fuerza y la inteligencia del grupo siempre serán superiores a las de cada quien.
El presente y el futuro serán mejores si todos caminamos juntos como un gran equipo, a favor del bien.

Un voto por nosotros, por Cuba

Carlos Manuel de Céspedes fue el Padre de la Patria mucho antes de que le asesinaran a su Oscar. Lo fue no solo porque con el tañer de sus campanas anunciara el inicio de la búsqueda definitiva de la independencia, sino porque al libertar a sus esclavos los abrazó e igualó y les enseñó la necesidad de ser libres y de luchar para que la libertad sea para siempre.

Una necesidad irredenta que en el brazo y el alma del mulato inmenso se convirtió en intransigencia, y en honra para la madre que prefirió al hijo Calixto muerto antes que cautivo, como otras tantas, que dieron sus mejores semillas a la mejor causa.

La misma causa que movió al Maestro, aun desde el destierro, a forjar la guerra sustentada en el partido que “no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y el bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre”.

En la etapa definitiva, una generación bendita dio lo que tenía: sus ahorros, su laboratorio Tión, una granja de pollos, las ventas de juegos de comedor y sala, un estudio fotográfico, el empeño de su salario, su trabajo, su automóvil… hasta  llegar a los 16 489 pesos que la llevó a asaltar la Historia.

Después de la Sierra se nos hizo posible el sueño por primera vez. Comenzaba a tomar cuerpo el hermoso ideal de justicia social, sustentado en el programa del Moncada, en la reinstauración de los artículos más progresistas de la Constitución de 1940 y en esa fundamentalísima Ley de 1959. Las bases para que en 1976 nuestros padres dieran la más profunda lección de democracia colectiva en la aprobación popular de una Carta Magna, concreción de una sentencia de la Primera Declaración de La Habana: “el voto tiene que ser el derecho ciudadano a decidir”.

Para poder decidir el futuro muchos lo ofrendaron todo, incluso su mañana. Por eso presiden las seciones de la Asamblea Nacional las dos enseñas patrias, aquel primer estandarte de 1868 y la que recorrió el país en caravana victoriosa. Porque Cuba ha tenido un único proyecto de lucha, emancipador y libertario que vio el nacimiento de varios partidos y se quedó con el único capaz de representarlo como vanguardia organizada de la nación.

Con los años nada ha sido fácil. Bien lo vaticinó el barbudo. Es un hecho, y no una letra muerta, que aquí “la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado”, el mismo que tiene que realizar la voluntad del pueblo trabajador y como poder del pueblo, y en servicio del pueblo tiene que garantizarle un honroso día a día.

Pero esto no es responsabilidad de otros, es trabajo nuestro. Ese Estado, representado en la Asamblea Nacional como su máximo órgano, no cae del cielo, sale del barrio como resultado de un amplio proceso de consulta popular -ese que empezamos el 26 de noviembre y culminará el 11 de marzo con las elecciones generales-, y tiene su sustrato en el dictado del pueblo que es la Constitución vigente aprobada en referendo popular, el más  hermoso acto democrático.

Para algunos la mayor trascendencia de estas elecciones es que, después de ocho legislaturas, y por primera vez desde hace casi 60 años, el país no será dirigido por ninguna de las dos figuras más notorias de la Generación del Centenario de Martí, Fidel y Raúl.

La riqueza de Cuba está en sus conquistas. En esta República, que se empeña en ser de todos y para el bien de todos, cada dos años y medio el pueblo renueva o mantiene a su gobierno de casa, y cada cinco años lo hace en todo el país, con la prerrogativa de revocar del cargo a quien mal lo represente. Creernos ese poder popular es el mayor reto y compromiso, y la mayor trascendencia de este país-utopía.

No es un hombre quien hace la Patria, es la gente; el pueblo, ese motor catalizador de las transformaciones, sobre todo cuando nos crece dentro el patriotismo que nos viene desde mucho antes de la manigua cuando el padre Varela nos anunciaba que a la libertad no se llega por negocios ni concesiones.

Por eso este no es un momento de relevo, no. Porque es un momento de hacer “lo más difícil”, continuar lo que empezó Carlos Manuel de Céspedes y concretaron un puñado de hombres valientes, en una obra humana, inacabada pero perfectible.

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