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Fidel sobre el sistema político cubano, 18 de marzo de 1990

 

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el encuentro con intelectuales brasileños, en el Palacio de Convenciones de Anhembi, Sao Paulo, Brasil, el 18 de marzo de 1990

(…)

En las entrevistas de prensa, pude percatarme de algo: un nivel de confusión considerable (RISAS), un nivel de desinformación muy grande. Creo que es una lección muy objetiva del poder de los medios masivos internacionales, las agencias de cables, los satélites y todos los medios con que cuenta Estados Unidos para hacer sus campañas y hacer su propaganda. Es algo en verdad notable.

(…)

Sobre elecciones en Cuba, una vez y otra vez, y sobre las elecciones directas; téngase presente que esas preguntas se hacen aquí en este país, donde hubo una gran batalla por las elecciones directas, en un momento determinado, que fue el camino de cambiar la situación que estaba viviendo el país. Sobre la Revolución y lo que va a pasar después que yo me muera y todas esas cosas.

Por ahí me hicieron algunas preguntas simpáticas, si le tenía miedo a la muerte, y qué va a pasar, cómo es; y esas preguntas se repetían. Y cuándo va a haber elecciones en Cuba, ya no directas, sino cualquiera (RISAS).

Con una gran paciencia, realmente, y con agrado les fui respondiendo y más de una vez les dije a algunos periodistas, ¿por qué ustedes no profundizan en los problemas? ¿Por qué no van a la esencia de los problemas? ¿Por qué se dejan guiar por consignas? ¿Por qué se dejan arrastrar por pautas que traza el imperialismo, que lo hace de esta manera y de otra?

(…)

Todo ese tipo de problemas lo vi y pensaba, desde luego, qué necesidad tan grande hay de esclarecer, y qué necesidad hay de dialogar y de debatir y de discutir. Lo que sí les puedo decir es que mis interrogadores, como regla, se quedaban sin contrarrespuesta, o se quedaban con la boca abierta. ¡Cuántas cosas he tenido que decir! Cualquiera podría pensar que me pasé un mes pensando todas esas cosas. Y no, se me ocurrieron en el acto muchas de ellas. Realmente nadie habría sido capaz de imaginarse tantas tonterías como he oído en estos días, y no siempre tonterías, y muchas de buena fe.

Pero me dolía, gente inteligente, gente preparada, que no viera más que un ángulo, un minúsculo ángulo, y un solo aspecto del problema.

Sobre el fenómeno de las elecciones directas ni se sabe las cosas que fui diciendo. Incluso les preguntaba: ¿Pero las elecciones directas son las únicas que existen en el mundo?

Díganme, ¿son las únicas? ¿Es la única forma de democracia que existe o que es admitida como forma democrática?

Ya resulta que no saben de nada más.

Les decíamos: “¿Ustedes saben si en Cuba hay elecciones o no? ¿Ustedes se han leído la Constitución de Cuba alguna vez?” “No.” “¿Ustedes saben que en Cuba hay una constitución?” ¡Ah!, no, ellos no saben que en Cuba hay una constitución. “¿Ustedes no saben que en Cuba hay elecciones cada dos años y medio?” ¡Ah!, no, no saben. “¿Usted sabe cómo en Cuba se escogen los candidatos en cada una de las más de 10 000 circunscripciones del país?” “No.” “¿Y usted sabe que allí es el pueblo y no el Partido el que postula a los candidatos?” “No.” Es así.

Tuvimos la buena suerte de adoptar ese método y no el que habían hecho otros países socialistas, y cómo son aquellas: no puede haber más de ocho ni menos de dos candidatos, y en casi todas hay que ir a una segunda vuelta, porque los dos que quedan en primer lugar necesitan el apoyo de la mitad más uno.

¿Y quiénes escogen? Los vecinos. ¿A quiénes escogen? A los mejores. El Partido no puede intervenir en la postulación de un delegado de circunscripción, y ese delegado de circunscripción es el que elige todos los poderes del Estado, constituye la Asamblea Municipal, y no solo eso, elige el Poder Provincial y elige la Asamblea Nacional del Poder Popular, y más del 60% de los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular son esos delegados postulados por el pueblo y elegidos por el pueblo. Puede haber alguno que no sea delegado de circunscripción y lo elijan diputado nacional. Nosotros procuramos que los cuadros fundamentales no participen en esa elección de circunscripción, para que sea de una manera espontánea y libre la selección de los que van.

Puede postularse o lo pueden elegir, pero más del 60% son aquellos delegados de base elegidos diputados por los mismos delegados de circunscripción; no es que haya uno, dos, tres y una cadena de elecciones indirectas, sino que son los mismos que eligen allí en la base los que después constituyen todos los poderes del Estado.

Entonces les digo: “¿A todos los jefes de Estado los eligen por votación directa?” “No, no sé.” Digo: “Bueno, el Rey de España es jefe de Estado, ¿lo elige alguien por votación directa?” ¡No, si son descendientes de los Borbones, de no sé cuántos siglos, que tuvieron no sé que guerras dinásticas!, casi desde la época de la reina Isabel de Castilla, no por un derecho democrático, sino por un derecho genético (RISAS); son los genes trasmitidos desde la reina Isabel la Católica. Les dije: “Nadie va a España y ningún parlamento acuerda enviar un telegrama a España para que elijan al Rey por voto directo o al Jefe de Estado.” Lo eligieron hace 500 años, mucho más tiempo que el que hace que me eligieron a mí por primera vez Presidente (RISAS Y APLAUSOS).

He tenido distintos cargos, primero no tenía ninguno y me hice la ilusión de que podía estar sin ninguno, hasta que realmente se crearon unos problemas tremendos, estaba todo paralizado y a mí me exigieron ser Primer Ministro, yo no quería ser Presidente; es que no me gusta el título, da la casualidad. Y a mí nadie me dice Presidente ni cosa que se parezca, a mí me dice todo el mundo Fidel y ese nombre sí que no me lo van a quitar ahora, ¿no?, porque es que soy vecino de los ciudadanos, y eso no lo entienden. Se creen que yo soy un señor todopoderoso, por allá arriba, que vive en una urna de cristal, alejado del mundo, un dios allá en el Olimpo.

Fui Primer Ministro durante mucho tiempo, había otro Presidente, y fue la dichosa nueva Constitución la que me hizo a mí Presidente, porque establecieron el cargo de Presidente del Consejo de Estado que es, a su vez, jefe de gobierno. En nuestro país no hay ni siquiera un régimen presidencialista, es una presidencia colegiada, como hay una dirección del Partido colegiada. Yo no puedo decretar un indulto por mi cuenta, esa facultad la tienen todos los presidentes en todas partes; hay que reunir al Consejo de Estado y pedir la opinión de cada uno de los miembros del Consejo de Estado para indultar a alguien. No puedo nombrar a un embajador, es el Consejo de Estado el que nombra al embajador; no puedo nombrar a un ministro, señores, ¡yo no puedo nombrar a un ministro!, es el Consejo de Estado el que nombra a los ministros, y tiene que hacer un decreto con la participación de todos. Esto no significa que yo no tenga autoridad o que no tenga influencia o que no tenga peso en la vida del país.

Dicen: “¿Qué usted hace?” Lo que hago es hablar, no doy órdenes, hablo y persuado a las personas de lo que debe hacerse; y puedo persuadir, pero no es que hago decretos, hago cosas, nombro a este por mi cuenta. Señores, yo no designo ni embajadores, ni jefes de departamentos, ni jefes de direcciones del Estado. Todo eso tiene, incluso, su mecanismo, su fórmula; todo eso tiene una política de cuadros, se estudia y considera el expediente de cada cual.

Por ahí los gobiernos se pasan todo el tiempo firmando decretos, nombrando gente. En nuestro país están muy descentralizadas, incluso, las funciones del Estado.

Entonces les sigo preguntando —no es que a cada uno le haga preguntas, a uno le hago una y a otro otra—, les digo: “¿Cuántos jefes de gobierno de Europa se eligen por voto directo?” Digo: “A Felipe no lo eligen por voto directo, ni al Primer Ministro de Italia, ni al Primer Ministro de la RFA, ni a la Primera Ministra de Inglaterra o de Grecia”, los enumero todos y ninguno está elegido por voto directo, sino que votan por los parlamentarios, más o menos, en el Parlamento; a veces se reúne una coalición y nombran a un primer ministro, cuyo partido no tiene la mayoría de los votos en el Parlamento.

¿Y a los diputados cómo los eligen? Por listas, señores. Todo el mundo sabe el truco: un partido postula a 12, y pone uno, dos, tres y cuatro, como los primeros de la lista, y esos son los que van a salir. En Cuba la población elige a los delegados, y ellos eligen todos los poderes. En los países mencionados, el pueblo no participa ni en la elección directa de los diputados. Bueno, está bien, hasta me parece mejor, para que no haya una guerra entre cada uno de los aspirantes de un mismo partido. No es que lo impugne, pero no es un sistema de elección directa.

¿Por qué no les escriben allá a ellos? ¿Por qué no les plantean a toda esa gente que se elijan por voto directo? ¿Y por qué no le escriben al Primer Ministro de Japón? ¿Y por qué no hablan en Estados Unidos para que hagan otra forma de elección? Allí, en definitiva, vota el 48% de los electores, a los demás les parece una basura tan grande todo aquello que ni votan (APLAUSOS). Allí hay un solo partido, porque no hay nada más parecido en este mundo que el Partido Republicano y el Partido Demócrata, y más nada. Da lo mismo, ese es el tipo de alternancia que tienen: un partido burgués por otro partido burgués, un partido imperialista por otro partido imperialista. Y allí se turnan, y salen electos los presidentes de Estados Unidos con el 25% o 26% de los votos, y después el ciudadano en cuatro años no vuelve a saber para qué sirve el voto, ni vuelve a participar en cuatro años en la vida del país.

En nuestro país el delegado de circunscripción tiene que reunirse sistemáticamente con los electores, y rendir cuenta y explicar. El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; de congreso en congreso de estudiantes de nivel medio y de estudiantes de nivel universitario; de congreso en congreso de campesinos, de las masas del país organizadas, y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Y allí están la dirección del Partido y del Gobierno discutiendo cada uno de los problemas fundamentales con todas esas instituciones.

Hablan de los años en el poder y yo les digo: ¿Y a Felipe cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y a la Thatcher cuánto tiempo la pueden elegir? ¿Y a Khol cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y al Primer Ministro de Japón cuánto tiempo lo pueden elegir y cuántas veces? Un período, dos períodos. Hay algunos de ellos que, eufóricos, dicen: “Vamos a estar 30 años.”

¿Y si Felipe tuviera la salud de Matusalén y viviera 500 años y no cometiera grandes errores? Lo pueden elegir hasta ochenta veces. Puede ser Primer Ministro 320 años. Y no van allá a preguntarle: “Felipe, ¿qué tiempo tú vas a estar aquí, chico? ¿Cuántas veces te pueden elegir a ti?”

Entonces a la Thatcher, al de Japón, al de España, los pueden elegir ochenta veces y a mí no. ¿Por qué protestan? ¿Y si me eligen y me reeligen por qué protestan? Al fin y al cabo, no he cometido tan grandes meteduras de pata (APLAUSOS). Porque si, en definitiva, nosotros, como dirigentes de la Revolución Cubana, hubiéramos cometido grandes errores, no estaríamos ahí; no estaría la Revolución, no nosotros, no estaría la Revolución, y nosotros estaríamos seguramente muertos (APLAUSOS).

¿Es que acaso resulta lo más fácil en la historia de este mundo hacer una revolución a 90 millas de Estados Unidos y resistir más de 30 años el bloqueo imperialista, la hostilidad, la calumnia, la guerra contra nosotros, la permanente amenaza, que nos ha obligado a invertir tantos recursos y nos ha obligado a invertir tantas energías y hacer tantos sacrificios? ¿Habríamos podido resistir? ¿Quién iba a salvar el socialismo en Cuba, los tanques soviéticos? Los soviéticos estaban allá, bien lejos, no podrían llegar a Cuba. Los tanques que llegan allí rápido son los yankis, ¿comprenden? Eso nos ayudó mucho.

En vez de decir qué desgracia haber vivido tan cerca de Estados Unidos, puedo decir: qué suerte haber vivido tan lejos de la frontera de la Unión Soviética, que nunca se nos ocurrió confiarnos en que venían a salvarnos nuestra Revolución, si nosotros nos divorciábamos de las masas y del pueblo y empezábamos a cometer todo tipo de errores. Pero, además, qué suerte, porque a una revolución que no sea capaz de defenderse a sí misma, no vale la pena salvarla. ¿Para qué sirve una revolución que haya que estarla salvando? (APLAUSOS)

Esas han sido nuestras concepciones. Nos han obligado a trabajar duro, y a mantener como un principio elemental de la Revolución la estrecha vinculación con las masas y la estrecha unidad del pueblo, o no podríamos.

Salió una periodista de una agencia internacional y sacó también la historia, dijo: “Usted dijo que cuando uno está de visita en un país, es preferible marcharse un minuto antes y no un minuto después, y usted lleva tanto tiempo en Cuba.” Y le dije: “Pero tú te has olvidado de que en Cuba yo no soy visitante, soy vecino de allí, nací allí y pienso morirme allí.” ¿Qué tendrá que ver lo que yo dije?

Pero volviendo siempre a la misma idea, le expresé: “Mire, compañerita, la culpa no la tengo yo, la culpa la tienen los yankis, porque han estado 30 años tratando de matarme y no han podido” (RISAS). Pareciera que lo mejor es que los yankis hubieran tenido éxito. “Ellos llevan 30 años tratando de aplastar la Revolución y no han podido, y yo llevo una pelea con ellos y junto al pueblo. Y es el pueblo el que me ha puesto allí y me ha dado esa tarea; cuando me quiera dar otra, gustosamente la hago. Ojalá no me la dé ahora, porque estos momentos que vienen son difíciles y son los que, realmente, más le gustan a uno. Ahora, el revolucionario no deserta y, como dijo Mella, el descanso de los revolucionarios es la tumba. Lo cual no puede querer decir, bajo ningún concepto, ¡bajo ningún concepto!, que tenga que tener el mismo cargo, ni mucho menos.”

Bueno, para qué les voy a decir a ustedes. Creo que todos nosotros estamos haciendo el máximo aporte que hemos hecho nunca y trabajando, realmente, como no hemos trabajado nunca, con el cúmulo de experiencias que tenemos ahora. Creo que somos útiles y que las tareas que desempeñamos las podemos desempeñar perfectamente bien, porque el país ha tenido que vivir en tiempos difíciles y tiene que vivir un tiempo todavía más difícil. Pero creo que yo sería el primero, en el instante en que me diera cuenta de que soy inútil y que perjudico en lo que estoy haciendo, sería el primero en pedirles y exigirles a mis compañeros que me liberen de cualquier responsabilidad, si esa no la puedo cumplir; de la que no me liberaré nunca es de la responsabilidad de ser soldado de la Revolución. Y —como le dije a una de las entrevistadoras— mientras me lata el corazón, me funcione el cerebro y pueda mover un dedo, estaré luchando por la Revolución y seré soldado de la Revolución; aunque esté en silla de ruedas, me siento capaz de combatir.

Bonitillo y sencillo

tomado de: Letra Joven

Por Rodolfo Romero Reyes

¿Cómo definir a alguien integral? Cuando escribo la interrogante, me pregunto si la cuestión de la integralidad solo nos preocupa en algunos países, específicamente en aquellos con vocación socialista. Sí, porque quizás en el primer mundo los parámetros son: competitividad, creatividad, inteligencia… No imagino que para ser el jefe de una empresa o el «trabajor/a del año» haya que ser una «persona integral».

En cambio, en Cuba aprendimos que la integralidad es la meta. De ahí que para ser buen estudiante no baste con formarse académicamente, sino que es necesario también contar con determinadas competencias o actitudes. En ese sentido aparecen parámetros como: ser artista aficionado en los festivales de cultura, participar en los juegos deportivos, sobresalir en docencia o en investigación, conocer la historia de Cuba, llevarse bien con los compañeros de aula, mantener buena asistencia y puntualidad, cumplir con las normas de la beca, entre otros.

Estoy de acuerdo con que, teniendo en cuenta el mundo mejor por el que estamos apostando, debemos priorizar la formación integral, aunque no es menos cierto que algunos parámetros de dicha formación resultan ambiguos o subjetivos. ¿Cómo medir que un estudiante tiene «buen porte y aspecto»?

En las enseñanzas primaria y secundaria, la cuestión de la integralidad es premiada con un diploma o el reconocimiento colectivo en los matutinos de la escuela. Pero al llegar a la educación superior, puede determinar una ubicación laboral y de esta forma comprometer el futuro de los estudiantes. Así que ahí el asunto gana mayor seriedad. Hasta existen Asambleas de Integrales, en 5to. año, en las cuales salen a flote los trapos más sucios y clasificados con tal de subir un peldaño en el escalafón.

Por suerte, mi 5to. año de Periodismo pasó ileso de tal evento. Aún no recordamos por qué, pero quizás sabiéndonos uno de los grupos «mejor llevados» e integrados en la historia de la Facultad de Comunicación, algún mensajero celestial decidió que no debíamos pasar por eso, evitando el mal rato que, en algunos casos, suponen estos debates asamblearios.

Pero no todas son malas experiencias y les cuento una, la más simpática. Estaba en el preuniversitario cuando, al llegar al grado doce, se hizo el análisis previo a la conformación del escalafón final.

Uno de los primeros analizados fue Manolo, el tipo más gracioso de mi aula, y probablemente de la unidad 5 de la graduación 31 de la Lenin —sí, porque en la unidad 6 estaban Tato y Fernando que le hacían competencia—. Después de que algunos realzáramos sus virtudes, siempre hubo quien le criticó su poca «participación en los debates estudiantiles». Manolo lo «cogió muy a pecho» y decidió que esa misma asamblea sería el lugar para demostrar que aquel era ya un señalamiento superado.

A partir del siguiente analizado, cada vez que le daban la palabra al grupo, el Manu se «despatillaba» —como los muñequitos verdes de los semáforos—, pedía la palabra y comenzaba a dar sus criterios. Como no conocía mucho a las personas en cuestión —pues era un grupo recién formado con las personas que queríamos estudiar Letras o Ciencias Sociales— y haciendo gala de su buen humor, comenzaba su discurso diciendo:

—Bueno, de Raúl yo pudiera decir que es un muchacho bonitillo y sencillo, y se lleva bien con todo el mundo…

—Patricia, es una muchacha bonitilla y sencilla. Ella e Ileana son muy responsables y estudiosas—. De más está decir que cada vez que mencionaba los dos adjetivos, el aula entera era una gigantesca carcajada. Pero más allá de la mala cara de la profesora guía, que sentía le estaban «saboteando la actividad», Manolón continuaba.

—Julio, es un chamaco bonitillo y sencillo…

Y así, hasta que llegó mi nombre. Me puse de pie y la profe guía preguntó:

— ¿Qué creen de Rodolfo?

Manolo levantó la mano y sorprendió con un repentino cambio en su «speech».

—Rodolfo… ummmm… Rodolfo es un muchacho extremadamente sencillo.

VACUNAS

tomado del blog: La Bicicleta

 

Aunque es un orgullo para todos los cubanos que nuestros niños al nacer sean protegidos de forma gratuita contra trece enfermedades, no es justamente de esa solución médica que estaré escribiendo aquí, aun cuando el centro de esta crónica sean las vacunas.

Se trata de otras formas de inmunización, de vacunaciones contra dos o tres cosas que hacen tanto o más daño que la viruela, el tétanos o la influenza. Imaginemos que se inventan algunas vacunillas contra determinados males contagiosos que se andan propagando peligrosamente a nivel social.

Después del lógico anuncio y la organización de la campaña, primero se tendrían que vacunar los indolentes, esos a quienes lo mismo les da que el Titanic se vaya por un bache o que un salidero de agua en plena calle, gane más caudal que el Amazonas. Habrá que convocar algunos voluntarios para ordenar la cola y producir las dosis de reserva por si acaso se pone complicada la demanda.

Cuando se tenga listo el antígeno contra las ¨Malas Pulgas¨ (me refiero a las malas de verdad, las que transforman el carácter de los humanos) vendría muy bien un censo general en establecimientos públicos y privados, para que no se queden fuera ni los semblantes agrios, ni las caras torcidas, ni las malas contestas. Reconozco que la medicina puede que necesite de una segunda vuelta para determinados ¨pacientes¨, porque conozco gente que andan por encima de nueve en la escala de diez, en eso del maltrato.

Será de aplausos la vacuna contra el pesimismo y se precisará urgencia total para aplicarla en cuanto surgen los primeros síntomas, porque es una dolencia que tiende a complicarse cuando se combina con desaliento y conformismo, se vuelve crónica y entonces lo mejor sería poner en cuarentena indefinida a los irremediables.

Imagino el impacto con la inoculación del preparado contra el chisme, que además de preventivo tendrá que ser terapéutico para cortar en todas sus fases la pandemia. En este caso si habría que convocar a las fuerzas del orden interior para casos como Consuelito la ¨Bisagra¨(cuando no está en la puerta está en la ventana)  o Nicolás ¨De buena tinta¨ quienes presentarán fuerte resistencia al pinchazo, considerando que sus vidas pueden perder totalmente el sentido si se logra la definitiva extinción del chismorreo.

Pero el logro mayor será cuando se pueda vacunar a la gente contra el odio, las guerras y los egoísmos. Ese día,  después de muchos siglos, nos convirtamos en humanos de verdad.

Público y notorio, por Pedro de Jesús

Fomento, Cuba

Tomado del blog: Fomento, Cuba

por Pedro de Jesús, escritor fomentense, quien comparte con Fomento en Vivo sus aportes al proyecto constitucional.

TÍTULO I. FUNDAMENTOS POLÍTICOS

  •  Eliminar párr. 32. La idea que contiene este párrafo ya está expresada, de otro modo, en el Título IV, Capítulo IV, párr. 236, donde se dice que es un deber de los ciudadanos cubanos «servir y defender la Patria». Siendo la Constitución un texto de mínimos, resulta improcedente repetir la idea en dos títulos. Además, la defensa de la patria es un deber cívico, más allá de que adquiera o tenga significado político. Por tanto, no debería reflejarse en el título que desarrolla los fundamentos políticos del Estado cubano.
  • Eliminar párr. 33 de este título y modificar su ubicación, posponiéndolo en el Título X. El contenido de la idea que desarrolla este párrafo es más propia del Título X, Defensa y Seguridad Nacional. Además, siendo que la traición a la patria no figura como delito en el vigente Código Penal, sería conveniente asegurarse, desde el propio texto constitucional, sobre el contenido y alcance que se le dará al término.
  • Modificar párr. 36. Se sugiere escribir Himno de Bayamo, en cursivas toda la expresión denominativa y con mayúscula inicial su primera palabra, porque se trata del título de una composición musical, y estas son las normas ortotipográficas que corresponde seguir para tales casos. También convendría agregar el título original de la pieza,La bayamesa, porque así la bautizó su autor, y porque así aparece asentada en el Decreto 74 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, emitido el 22 de agosto de 1980, donde se declara el 20 de octubre como Día de la Cultura Nacional

No se trata de cambiar un título por otro, sino de reconocer los dos, tanto el que se registra en el Decreto 74/1980, La bayamesa, como el que se refrenda en el anexo a la Ley 42/1983, De los Símbolos Nacionales, Himno de Bayamo. Ambas denominaciones están avaladas por su uso popular desde el siglo XIX. El artículo quedaría así: «Los símbolos nacionales son la bandera de la estrella solitaria, La bayamesa o Himno de Bayamoy el escudo de la palma real.»

  • Modificar párr. 38, sustituyendo la fuerza por la organización, porque me parece más pertinente esta palabra para un texto constitucional: «El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la organizacióndirigente superior de la sociedad y el Estado.»
  • Modificar párr. 41, añadiendo al Partido Comunista de Cuba, así: «La Constitución es la norma suprema del Estado. Todos están obligados a cumplirla. Las disposiciones y actos del Partido Comunista de Cuba y de los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, se ajustan a lo que esta prescribe.» Se sugiere la inclusión porque las disposiciones y actos del PCC también deben atenerse a la Constitución. El hecho de que el PCC sea una organización política, no un órgano del Estado, no debería eximirlo de esta responsabilidad constitucional, mucho menos si, como se ha declarado antes, es la organización dirigente superior de la sociedad y el Estado.
  • Modificar párr. 42, añadiendo al Partido Comunista de Cuba, así: «El Partido Comunista de Cuba y todos los órganos del Estado, directivos, funcionarios y empleados, tienen la obligación de observar estrictamente la legalidad socialista y velar por su respeto en la vida de toda la sociedad.» Igual razonamiento que en el párrafo anterior.
  • Modificar párr. 43, haciendo los añadidos que se señalan: «El Partido Comunista de Cuba y los órganos del Estado, sus directivos, funcionarios y empleados, están obligados a respetar y atender tantoal pueblo como a sus representantes electos, mantener estrechos vínculos con ellos y someterse a su control, en las formas establecidas en la Constitución y las leyes.» En cuanto al PCC, igual argumento que en los dos párrafos previos. En cuanto a los representantes del pueblo electos, considero necesario incluirlos en la formulación para remarcar los derechos que se les refrendan a diputados y delegados en los párr. 365, 368, 652 y 653. Sin el empoderamiento real y efectivo de diputados y delegados ante las instituciones no se garantizaráel verdadero control ciudadano de los asuntos de gobierno.

TÍTULO II. FUNDAMENTOS ECONÓMICOS 

  • Modificar párr. 93.Del modo en que se define la propiedad privada, solo parece contraponerse a la propiedad personal (párr. 94) e, implícitamente, a la de las organizaciones políticas, de masas y sociales (párr. 92), en tanto ninguna de estas se ejerce sobre medios de producción. Pero las restantes formas de propiedad —socialista de todo el pueblo, cooperativa y mixta (párr. 89, 90 y 91)— se ejercen sobre medios de producción, aunque no aparezca explícitamente este aspecto cuando se les define. De manera que deben elegirse otros rasgos más pertinentes de la propiedad privada que permitan, conceptualmente, distinguirla de la socialista de todo el pueblo, la cooperativa y la mixta. Opino que no se resuelve satisfactoriamente el asunto añadiendo la expresión de conformidad con lo establecido. No se trata de convertir ese artículo en un tratado de economía, pero si se ha considerado que es necesario definir los tipos de propiedad, debe hacerse con un mínimo de coherencia teórica.

Título iv. Derechos, deberes y garantías

  • Añadir párr. en el Capítulo II, Derechos individuales. La Constitución nuestra debería incluir la práctica de la eutanasia como un derecho individual. Es algo muy humano, que aliviaría el dolor de muchísimas personas, tanto pacientes como familiares, y, además, ahorraría valiosos recursos humanos y materiales en las instituciones sanitarias.
  • Modificar párr. 158, añadiendo «desde el momento de la detención» u otra frase que exprese similar idea.
  • Modificar párr. 173.En mi opinión debería rescribirse así o de un modo similar: «Todas las personas tienen derecho a recibir información veraz sobre la gestión de los órganos del Estado a través de sus directivos, funcionarios y empleados, conforme a las regulaciones establecidas». Primero, porque en la redacción original no se clarificael tipo de información a que se refiere el artículo; segundo, no se precisanlos sujetos que deben garantizar el cumplimiento del derecho, y, por último, los adjetivos «adecuada y oportuna» resultan muy ambiguos y podrían prestarse para interpretaciones arbitrarias, como que un directivo, funcionario o empleado de un órgano estatal decida, por ejemplo, no brindar información porque, aviesamente, la considere «inconveniente» e «inoportuna», tal como ha sucedido durante años. Es por eso que propongo eliminar estos adjetivos.
  • Añadir párr. después del párr. 181.Debe añadirse un párrafo donde quede precisado el derecho de los ciudadanos a recibir de los medios de comunicación información veraz y completa. También otro párrafo donde se consigne explícitamente que, además de los medios de comunicación fundamentales, pueden existir otros que no sean propiedad socialista de todo el pueblo. Digo esto porque la vicepresidenta primera de la UPEC, Dra. Rosa Miriam Elizalde, aseveró hace pocoen una conferencia (transcrita por Cubadebate) que en el Proyecto de Constitución «no se cierra la posibilidad de que se reconozcan otros tipos de propiedad y gestión en la prensa, lo cual deja abierta la puerta a medios “no fundamentales” como los blogs, por ejemplo, que son de propiedad personal, u otros tipos de propiedad mediática que el Estado decida conservar por interés de la colectividad y sujetos a ley». Sin embargo, tal y como están redactados los párrafos del Proyecto relativos a la prensa no considero que se explicita esa posibilidad.
  • Eliminar párr. 191. Esos deberes se desarrollan en los párr.200 y 201.
  • Modificar párr. 192, eliminando la incidental «los que están obligados al mantenimiento del hogar y a la formación integral de los hijosmediante el esfuerzo común, de modo que este resulte compatible con el desarrollo de sus actividades sociales». Además de que esta expresión reduce el matrimonio únicamente a la finalidad reproductiva, su contenido se halla implícito en el párr. 193, donde dice que la ley regula “los derechos y obligaciones” del acto de formalización del matrimonio.¿No es la Constitución un texto de mínimos? ¿Por qué, entonces, jerarquizar una obligación del matrimonio sobre las otras que la ley regula?
  • Añadir un párr. entre el párr. 205 y el 206. Puede añadirse este, tomado de la Constitución de 1976: «El Estado organiza instituciones tales como círculos infantiles, seminternados e internados escolares, casas de atención a ancianos y servicios que facilitan a la familia trabajadora el desempeño de sus responsabilidades». Si se considera inadecuado —como dijo la presidenta de la FMC en las discusiones de la Asamblea Nacional— nombrar las instituciones porque estas, en el futuro, pudieran adquirir otras formas y denominaciones, basta con escribir: «El Estado organiza instituciones para el cuidado de niños y ancianos que faciliten a la familia trabajadora el desempeño de sus responsabilidades».Insisto en esta propuesta porque de nada vale que se instituya el derecho al trabajo en igualdad de condiciones para el hombre y la mujer, y que no se precise la forma en que el Estado lo garantizará para familias que convivan con hijos menores y/o ancianos. En las discusiones de la Asamblea Nacional, cada vez que un diputado pedía la inclusión de particularidades como estas en la redacción del documento, se insistía en que el texto constitucional debía ser un texto de mínimos. Pero estas mismas particularidades se hallaban en el texto constitucional vigente hasta ahora, y no dejó de ser la Constitución… Pienso que el Estado no debe abandonar a su suerte a muchos cubanos (sobre todo cubanas)que viven en hogares de bajísimos ingresos, sin ni siquiera el aliciente de una remesa del exterior y que, como no pueden pagar cuidadores particulares para sus niños y/o ancianos, se les hace imposible trabajar y salir del círculo de pobreza en que viven. Debemos asegurarnos desde la letra de la Constitución de que el Estado se comprometerá con ofrecer las garantías que arriba se propone añadir.
  • Modificar párr. 217, añadiendo la palabra todos, así: «El Estado garantiza el acceso y la gratuidad de todos los servicios de atención, protección y recuperación”. Sugiero esto para asegurarnos, desde el texto constitucional, de que ciertos servicios médicos no pierdan en el futuro su gratuidad, como ha quedado plasmado enla Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista: «Se cobran aquellos [servicios de salud] complementarios y de carácter no fundamental…».Los logros de la salud pública cubana, junto con los de la educación, constituyen las mayores conquistas sociales de la Revolución, y el Estado debe profundizar y ampliar los derechos asociados con esos ámbitos vitales, no reducirlos, porque en ellos radica buena parte del consenso social y político en torno a la Revolución y el Estado.
  • Modificar párr. 220, sustituyendo pregrado por posgrado, así: «El Estado garantiza a sus ciudadanos servicios de educación gratuitos y asequibles para su formación integral, desde el preescolar hasta la enseñanza de posgrado, conforme a…». La enseñanza de posgrado produce ciencia, conocimiento, y contribuye al desarrollo del país. Cursar una maestría o un doctorado no es solo una cuestión de interés personal; atañe a los intereses de la nación. Cobrar estos servicios educativos, en cualquier forma que sea, sería un retroceso.
  • Modificar párr. 222, eliminando la formación posgraduada (que se ha propuesto incluirla en el párr. 220) y añadiendo la palabra gratuita. Así: «Se garantiza la educación gratuita de personas adultas, de conformidad con las regulaciones establecidas.»

 

Título V. Principios de la política educacional, científica y cultural 

  • Modificar párr. 277, eliminando la expresión y en su contenido respeta los valores de la sociedad socialista cubana. Así: «la creación artística y sus formas de expresión son libres». Propongo eliminar la expresión porque resulta ambigua. En ningún lugar del Proyecto de Constitución se menciona cuáles son esos valores de la sociedad socialista cubana. Solo hallé, en el párr. 96 «los valores socialistas de equidad y justicia social». Pero, supongo, no son estos los valores a que alude la expresión en este otro contexto. Como tampoco son estos —o no únicamente ellos— los valores a que se refiere el párr. 197, donde se habla de que los padres deben formar a sus hijos «como ciudadanos con valores morales, éticos y cívicos, en correspondencia con la vida de nuestra sociedad socialista». ¿Son tan obvios esos valores que no hace falta especificarlos en algún sitio de la Constitución? Para mí no está claro que lo sean. De hecho, opino que los más altos valores morales, éticos y cívicos de una sociedad socialista son valores UNIVERSALES, también estimados como tales en las sociedades capitalistas (aunque muchos no los asuman ni practiquen en esas sociedades, cosa que también, por cierto, sucede en las sociedades socialistas).
  • Eliminar párr. 280 o modificarlo. El contenido de este párrafo está implícito en el párrafo anterior, donde se dice que uno de los principios de nuestra política cultural es que «vela por la riqueza artística, patrimonial e histórica de la nación y por su salvaguarda. Los bienes que conforman el patrimonio cultural de la nación son inalienables, imprescriptibles e inembargables». Los «monumentos» y los «lugares notables» a que alude el párrafo 280 forman parte de la riqueza patrimonial, constituyen bienes del patrimonio cultural de la nación. ¿Por qué particularizarlos en párrafo aparte?

No obstante, si se considera necesaria esa particularización, debería modificarse la redacción del párrafo, porque la expresión «monumentos de la nación» es ambigua. No se sabe bien si la palabra monumento se utiliza en el sentido con que lo hacen los cuerpos normativos de la clasificación cubana en materia de patrimonio (Ley 2/1977 y Decreto 55/1979),y si dentro de ellos se habla solo de los monumentos nacionales, o si se incluyen también los monumentos locales,o si se utiliza la palabra monumentoen alguno(s) de su(s) sentido(s) más genérico(s) en nuestro idioma.Para evitar esta ambigüedad, sugeriría redactar el párrafo siguiendo las normativas legales cubanas sobre el asunto. Quedaría: «protege los centros históricos urbanos, los objetos, las construcciones y los sitios declarados monumentos nacionales y locales conforme a la ley».

 Título VI. Estructura del Estado  

  • La Constitución tiene una carencia injustificable. ¿En qué principios, facultades, procedimientos, etc., se sustenta la relación entre las diversas instancias del PCC (país, provincia y municipio) y sus homólogas del Estado y el Gobierno? ¿Qué puede y no puede hacer, por ejemplo, el CC del PCC o el Buró Político de ese propio órgano respecto de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Consejo de Estado, el Presidente de la República o el Primer Ministro? ¿A qué deberes se sujeta esa relación y qué derechos tiene cada una de sus partes?

Aunque el PCC sea la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado, o justamente porque lo es, debe tener refrendado en el texto constitucional el alcance y forma en que ejercerá ese poder sobre los órganos del Estado. Porque ese «más allá» del Estado en que se sitúa al PCC no debe hacerlo inescrutable ante el pueblo, cuya soberanía se ha depositado en el Estado.

Opino, además, que, igual a la propuestade que los miembros del Consejo de Ministros no puedan formar parte del Consejo de Estado, los integrantes de las más altas estructuras de dirección del Partido (Buró Político y Comité Central) no deberían, por mandato constitucional,ser miembros de los órganos del Estado. Solo así podrá garantizarse una verdadera contrapartida y un verdadero ambiente de control.

  • Añadir un párrafo en el Capítulo I de este Título. Debería añadirse un párrafo de carácter general donde se establecieran, al igual que para el Presidente de la República, la edad mínima (35 años) y la máxima (60 años) para ocupar por vez primera todos los cargos electivos del Estado que la Constitución recoge en este Título y en el Título VIII, así como que se limite explícitamente el desempeño de esos cargos a dos periodos consecutivos, tal como se acordó en la Primera Conferencia Nacional del PCC, por motivos que huelga repetir aquí.Si no resulta conveniente expresarlo de manera general en este capítulo, sugiero que se añada en los párrafos correspondientes a cada uno de esos cargos.
  • Modificar párr. 307 y 308, eliminando en ellos la subordinada que contradigan la Constitución o las leyes, o añadiendo otras causas posibles para la revocación. Si se queda como está, la Asamblea Nacional del Poder Popular solo puede ejercer la facultad de revocación en tanto órgano garante de la constitucionalidad, pero se le suprime la posibilidad de ser más proactiva y revocar decretos-leyes o acuerdos del Consejo de Estado y decretos presidenciales que, aunque respetuosos de la Constitución y las leyes, carezcan de racionalidad, viabilidad, oportunidad, pertinencia, etc.
  • Modificar párr. 342, aumentando la cantidad de periodos ordinarios de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Dos veces es muy poco para las necesidades de legislar que tiene este órgano, razón por la cual la cantidad de leyesque desde 1976 hasta la fecha ha promulgado la Asamblea Nacional es excesivamente menorrespecto de la cantidad de decretos-leyes refrendados por el Consejo de Estado en igual lapso. Taldesbalance obra en detrimento de la capacidad y potestad legislativa de laAsamblea Nacional. Eso debe cambiar.
  • Modificar párr. 371, añadiendo la palabra revocación u otra sinónima. Aunque en el párr. 307 se declara explícitamente la facultad que tiene la Asamblea Nacional del Poder Popular para revocar los decretos-leyes y acuerdos del Consejo de Estado, en el párr. 371 no resulta clara esa posibilidad. Quedaría así: “Los decretos-leyes y acuerdos que adopte el Consejo de Estado se someten a la ratificación o revocaciónde la Asamblea Nacional del Poder Popular en la sesión más próxima”.
  • Modificar párr. 382, eliminando la subordinada que contradigan la Constitución o las leyes, o añadiendo otras causas posibles para la revocación. Si se queda como está, el Consejo de Estado solo puede ejercer la facultad de revocación en tanto órgano garante de la constitucionalidad, pero se le suprime la posibilidad de ser más proactivo y revocar decretos presidenciales, decretos, acuerdos y demás disposiciones que, aunque respetuosos de la Constitución y las leyes, carezcan de racionalidad, viabilidad, oportunidad, pertinencia, etc.

Título VIII. Órganos locales del Poder Popular 

  • Modificar párr. 619. Elpresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular debería ser electo por el pueblo, y dejar los cargos de vicepresidente y secretario para la elección de la Asamblea, aunque sin la mediación de la Comisión de Candidatura, como se hace hasta ahora; es decir, que sean los propios delegados presentes en la Asamblea quienes propongan los candidatos a vicepresidente y secretario y que luego se sometan a votación. De igual modo pudiera hacerse con el cargo de presidente en caso de que se desestime la propuesta de su elección directa por el pueblo. Lo que sí debe desaparecer es la Comisión de Candidatura, porque es un ente intermedio que atenta contra el verdadero ejercicio democrático de la Asamblea. Como sabemos, aunque en el sistema actual los delegados tienen derecho a añadir candidatos a la propuesta de la Comisión de Candidatura, en la práctica eso no sucede o sucede solo formalmente.
  • Modificar párr. 667, añadiendo la posibilidad del plebiscito. Así: “convoca a consulta popular o plebiscitoasuntos de interés local en correspondencia con sus atribuciones”. El plebiscito, con carácter vinculante, le daría a la Asamblea Municipal del Poder Popular mayores oportunidades de propiciar la verdadera participación ciudadana en los asuntos de gobierno de la localidad. No hay que tener miedo de esto, sino todo lo contrario. Basta con reglamentarlo minuciosamente en las leyes y normas jurídicas que correspondan.
  • Modificar párr. 670. Propongo rescribirlo así: «vela porque se mantenga informada a la población sobre las decisiones de interés general que se adoptan por los órganos del Poder Popular». Lo sugiero porque la expresión un adecuado nivel de información puede resultar ambigua.

Título IX. Sistema electoral 

  • Modificar párr. 682, eliminando y un deber. Quedaría: “El voto es un derecho ciudadano. Lo ejercen voluntariamente…”. Sugiero este cambio porque en el caso de que un elector no tenga intención de voto por ninguno de los candidatos a delegados de su circunscripción, es su derecho no asistir a las urnas. Sin embargo, si decide ejercer su derecho de no votar, estaría incumpliendo el deber de votar. De hecho, en el Título IV, Capítulo IV, Derechos y Deberes Cívicos y Políticos, párr. 246 y 250, la participación en «elecciones, plebiscitos, referendos, consultas populares y otras formas de participación democrática» se contempla como un derecho, no como un deber.
  • Modificar párr. 688, sustituyendo dieciocho por veinticinco. Quedaría: «Si la elección es para diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular deben, además, ser mayores de veinticinco años». Propongo esto porque no considero que una persona menor de veinticinco años tenga la suficiente madurez intelectual ni la suficiente experiencia vital como para encarar satisfactoriamente las responsabilidadespropias de un diputado.
  • ¿El proyecto de la nueva Ley Electoral se someterá a consulta popular, al igual que este de la Constitución?Porque opino que para que los Órganos del Poder Popular acaben de dar el salto cualitativo que se espera de ellos, en cuanto a que consigan la verdadera participación ciudadana en los asuntos públicos de la localidad y el país, debe cambiarse el modo en que se nominan los diputados a la Asamblea Nacional, y el estatus tanto de delegados como de diputados.

Los candidatos a diputados deben nominarse en asambleas populares —al igual que se hace con los delegados—, y que luego se sometan a elección. Los llamados «diputados de proyección nacional»del sistema actual (así se les llama en la prensa y en las asambleas) no representan los intereses de la localidad en el Parlamento. Sucede con frecuencia que los electores ni siquiera los conocen, o porque no son verdaderos líderes locales, o porque ni siquiera nacieron ni viven en el lugar. Y los ministros o presidentes de instituciones de carácter nacional o provincial no tienen por qué ser diputados, ni los máximos representantes de las organizaciones políticas y de masas, salvo que por su verdadera interacción con la comunidad de electores, estos los nominen y elijan. Esta última Asamblea Nacional ni siquiera cuenta con el 50 % de delegados de base, y eso es perjudicial para el principio democrático de la representación.

Considero, además, que tanto a delegados como a diputados debe liberárseles totalmente de sus responsabilidades laborales durante el periodo que ejerzan, pagándoles el mismo salario que devengaban antes de asumir el cargo o asignándoles un salario que se determine a tales efectos. Solo si delegados y diputados pueden dedicarse a tiempo completo a las responsabilidades inherentes a sus cargos estaremos dando un paso de avance respecto del funcionamiento del Poder Popular.

DONALD TRUMP: EL ARTE DE MENTIR, AL PEOR ESTILO DE HOLLYWOOD.

Por: ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
La mentira política no requiere de la mano del arte para trascender, por cuanto ella misma supera con creces las transposiciones creativas. Para los estudiosos de la política norteamericana, las falsedades y exageraciones de Donald Trump no tienen comparación en los anales presidenciales de ese país
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Miente el gobierno de Trump al acusar a Cuba de ser responsable de ataques acústicos. Foto: http://www.lavanguardia.com

«Hay que tener buena memoria después de haber mentido».

La frase corresponde a Pierre Corneille (1606-1684), poeta y dramaturgo francés, autor de una de las mejores comedias de todos los tiempos, El mentiroso, con un personaje, Dorante, perteneciente a la vasta galería de charlatanes imaginativos  que van por la vida tratando de obtener lo que quieren a base de imaginación y engaño.

La mentira y el mentiroso se reiteran en la literatura y el arte, desde un principio asociándose al enredo amoroso y a las ansias de poder y gloria.

Ya en Las nubes (423 a.n.e) Aristófanes hace coincidir la mentira con la artimaña encaminada a obtener un propósito. En La Divina comedia (terminada hacia 1321) la mentira dejará de ser un concepto general para adquirir una significación de corte antropológico: «el ser mentiroso», que Dante situará en el octavo círculo del Infierno, junto a políticos corruptos, hipócritas, ladrones y fraudulentos de toda laya.

La disputa medieval metafísica entre la verdad y la mentira cobrará cuerpo teórico  en las figuras de Dios y el Diablo, este último considerado padre por excelencia de la falsedad y el engaño (recordar al presidente Chávez cuando en aquella intervención suya en la onu, después  de hablar un W. Bush desordenado en falacias, dijo, con magnífica ironía, que el lugar olía a azufre).

Un Diablo siempre dispuesto a mentir y a participar en el juego de la seducción mediante la trampa, y que alcanzará estatura de clásico en el Mefistófeles creado por Goethe en su Fausto.

El mentiroso ha sido plato fuerte de estudiosos y creadores, por cuanto en manos de ellos el concepto universal de la verdad se hace añicos ante un pragmatismo regido por el egoísmo y los fines más aviesos.

La mentira política no requiere de la mano del arte para trascender –aunque haya sucedido–, por cuanto ella misma supera con creces las transposiciones creativas que, a partir de la realidad, han hecho grandes artistas, algunos de ellos aquí citados.
Pero en ese terreno, como dijera el maestro Corneille, también «hay que tener buena memoria después de haber mentido».

Lo saben los estudiosos de la política norteamericana, para quienes las falsedades y exageraciones de Donald Trump no tienen comparación en los anales presidenciales de ese país, donde no ha faltado el «ser mentiroso» remitido por Dante al octavo círculo del Infierno.

Libros, compilaciones y artículos miles  se han escrito acerca de las mentiras del presidente formado histriónicamente bajo las premisas del reality show,   pero bastaría citar estas ligeras joyas soltadas sin inmutación alguna: «Obama nació en Kenia», «se rompió el récord de asistencia  en mi toma de posesión» (teniendo fotos comparativas en las manos que lo negaban), «acabo de hablar con el jefe de los Boy Scouts» (llamada que no tuvo lugar) y «Meryl Streep es una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood».

Hace unos  meses, Sheryl Gay Stolberg escribió un artículo titulado «Todos mienten, pero Trump es un experto», en el que aseguraba que desde «hace más de 40 años, los presidentes de Estados Unidos han mentido en aspectos importantes de sus gobiernos y han logrado salir impunes; sin embargo, con la era Trump se ha llegado a un nuevo nivel y solo el 20 % de las afirmaciones del mandatario son ciertas». 

Ya Politifact, un proyecto del Tampa Bay Times dedicado a verificar datos, había asegurado que solo el 20 % de las declaraciones de Trump por ellos revisadas eran ciertas, mientras un total de 69 % «son mayoritariamente falsas, falsas, o de plano pertenecen a la categoría de mentiras burdas».

Mintió el presidente James Knox Polk al argumentar las razones de la guerra con México en 1846: «Mueren allí estadounidenses», dijo dramáticamente, cuando la verdad era que los esclavistas querían anexarse «por las malas» la mitad del país.

Mintió McKinley en 1899 en lo referente a la participación de su país en las guerras que sostenían cubanos y filipinos en sus respectivos países contra la dominación española. Libertad era la palabra utilizada por la tropa estadounidense, la verdad es hoy tan objetiva que no hace falta extenderse.

Mintió el presidente Wilson al justificar la participación de Estados Unidos en la primera Guerra Mundial. «Es para llevar la democracia», dijo, cuando no pocos sabían que aquello era una piñata sangrienta en beneficio de la repartición imperial.

Mintió Truman al afirmar que Hiroshima era un objetivo militar y por lo tanto merecía una bomba atómica.

Mintieron Kennedy, Johnson, y Nixon en relación con no pocas interioridades  exterminadoras vinculadas a la invasión a Vietnam del Sur, «para que no cayera en manos del comunismo».

Mintió Reagan al justificar su agresión a Granada, por constituir  una amenaza a la paz de Estados Unidos, y Bush padre, al intervenir en Panamá (con miles de muertos por parte de la  población) y más tarde en Irak, en 1991, tan rico el país en petróleo –verdadera causa de las pesadillas «humanitarias» que llegó a confesar el mandatario–. Mintió también su hijo, con el cuento de las armas de destrucción masiva, una segunda injerencia bélica a ese país  de la  que todavía no se sabe a cabalidad la cantidad de víctimas y daños que dejó.

Rápida relación de mentiras presidenciales –hay muchas más–relacionadas con invasiones de Estados Unidos a objetivos que le interesaban y que  traigo a colación después de que los supuestos  ataques sónicos a objetivos estadounidenses en Cuba  –sin  sustentación, hechos trizas por especialistas de medio mundo– se convirtieran, de la noche a la mañana, en ataques de microondas, quizá como antesala de que mañana se transformen en una  conspiración de índole interplanetaria  dirigida –¡ay Hollywood!, ¡ay guionistas de Washington!–  por los insistentes  cubanos.

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