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Los diversos mapas de un país (II)

bahia-de-nuevitas-foto-kakoABRE PARÉNTESIS Camagüey, ciudad hospitalaria pero que no deja de recordarte a cada paso su sensación de superioridad, o cuando menos su singularidad dentro de lo que sea que podamos llamar identidad cubana. CIERRA PARÉNTESIS

Al día siguiente fuimos víctima de un tour desenfrenado por las iglesias de Camagüey, por los parques de Camagüey, por los museos de Camagüey, por el montón de lugares-que-no-puedes-dejar-de-visitar-si-vas-Camagüey.

Nuestros amigos de Camagüey enfrentaron el típico dilema del anfitrión que desea que sus huéspedes la pasen bien y vean todo lo que hay que ver y al final terminan convertidos en un lío de horarios y actividades contrarreloj. Se aprecia y agradece su gesto, pero conocer una ciudad conlleva un ritmo muy particular. Conocer una ciudad tiene mucho de desandar sin demasiada orientación por calles irreconocibles, de pasar cinco veces por delante de una fachada antes de aprender a reconocerla, de sentarse en todos los bancos de todos los parques y mirar a la gente hacer sus gestos cotidianos. Conocer una ciudad tiene mucho de caminar en sentido contrario a los puntos turísticos del mapa e ir a dar con tus huesos a alguna otra parte.

Finalmente partimos de Camagüey, y pasamos por la casa de Ortelio y Yami, una pareja de agricultores locos que son un recordatorio viviente de la importancia del trabajo, un par que se merece algo más que unas líneas sueltas en un caótico diario de viaje y sobre los que espero escribir en algún momento.

De ahí seguimos rumbo Limones-Tuabaquey, que probablemente no sea una de los lugares que más llame la atención a un amante del turismo de naturaleza, pero su pequeña cueva con pinturas rupestres, su río Máximo, su montaña dividida, sus mosquitos y otros bichos picadores nos recordaron sanamente que esto era una guerrilla.

Sirvió también porque fue el único espacio en esta ventura en el que discutimos sobre el destino de la llamada comunidad “Blogosfera Cuba”, y su vástago más querido –por mí, quiero decir– la revista. Dice una amiga, que percibe un desencanto progresivo en la gente cada vez que discutimos de esos asuntos, que la definición de Blogosfera Cuba es un club de blogueros que se dedica a turistear Cuba. Y si fuera solo eso bastaría. Pero es algo más. Es un montón de sensibilidades diversas tocando distintos puntos del país, palpando con dientes y uñas las vidas de los pueblos, caseríos, ciudades, lomas, puertos, ríos. Es un montón de manos distintas trazando a su manera los mapas de un país.

Dejamos Limones-Tuabaquey y tomamos la carretera para Nuevitas (alias Muela Quieta, como nos explicaron nuestros amigos camagüeyanos), con su bahía desconcertante, su micromundo industrial y su destrucción a ojos vista.

Cuando estábamos llegando nos avisaron que teníamos una sorpresa. En viaje cargado de visitas protocolares a fincas, cines, casas del Joven Creador, museos y centros nocturnos realmente no sabíamos que podría ser una sorpresa. Pero ni la mente más alocada de este grupo (fuera de los implicados, claro) hubiera podido suponerlo. Apenas nos bajamos de la guagua en el puerto, nos dijeron que subiéramos a bordo de un remolcador Polargo 5 en el que finalmente, después de unos largos minutos, nos encontramos cruzando la bahía. Un puto paseo por la bahía de Nuevitas. Para muchos de nosotros fue la oportunidad única, quién sabe si irrepetible de despegarnos de la tierra firme y adentrarnos en el mar, dejando atrás todo lo poco que tenemos seguro.

Viajar por mar es la forma más vívida del viaje. Las variantes terrestres no son más que aceleradas formas de llegar a donde nuestros propios pies podían habernos llevado tarde o temprano. La fórmula aérea, sin dudas la más desafiante, nos obliga a encerrarnos en complejos artefactos que nos alejan del elemento (con la notable excepción de artilugios como las avionetas, que forman más bien parte del territorio de la magia). El barco en cambio conserva esa cercanía que nos hace creernos conquistadores, un vínculo natural y extraordinario a la vez.

Sentado en un extremo de la embarcación (¿la popa?, quién sabe, qué importa) con el agua salada salpicándome, el sol achicharrando mis pelos y el viento limpiándome de todos los pecados me sentí inmensamente feliz. Pensé en ella, en una suerte de ridículo intento de compartir esa felicidad por la vía telepática. Amo mucho a esa mujer que me hace sentir en casa. A pesar de todísimos los pesares.

Terminamos ante uno de los tres ballenatos de Nuevitas, que es como llaman a los cayos que existen en la bahía. No lo dijimos pero sé que varios lo pensamos tras tirarnos del puente del remolcador y bañarnos en una playa hermosa en su salvajismo. En cierto momento sentimos la tentación de decirle al capitán que se fuera, que nosotros estábamos bien ahí, que si quería volviera en una semana a ver si de casualidad nos habíamos aburrido, pero que mejor viniera con bastantes suministros porque nos parecía que íbamos a echar allí una temporada bien larga.

Mientas escribo de esto una parte de mí se pregunta si no es un regodeo obsceno este el de hablar de barcos y baños en playas semivírgenes, pero creo que lo obsceno son las regulaciones que existen para que un cubano pueda poner un pie mar adentro. Que vivimos en un archipiélago, coño, y como habitantes de isla nos pasamos la vida mirando más allá del horizonte. Pero no, ahí están las ejemplares leyes cubanas, prestas a hundir cualquier intento de desafío a nuestra insularidad, condenándonos para bien y para mal a los precisos confines de la playa firme y unas cuantas brazadas más.

Nuevitas, que para nosotros se resume tal vez en la tríada remolcador, cayo y ballenato. Sin dudas fue la sorpresa más sorprendente que alguien pudiera imaginar.

Pedro es un joven instructor de arte que forma parte del Movimiento Audiovisual Nuevitero -un grupo de gente que sin demasiado en el morral se empeña en hacer audiovisuales-, y fue nuestro guía improvisado en la noche nuevitera. Con él anduvimos sobre los trozos de asfalto que probablemente no visite carro alguno, vimos las ruinas de construcciones imponentes y una ceiba sembrada el 20 de mayo de 1902.

Caminar por las calles de Nuevitas no es un sano ejercicio para la conciencia ni la lógica. No hay manera de explicarse de qué forma un pueblo que destila tanto esplendor pasado, con edificaciones impresionantes, con un diseño industrial de tanto potencial, con una bahía casi perfecta, se esté deslizando aceleradamente hacia el abismo. O sí hay manera de explicárselo, solo que a este pueblo no lo quiebra el mercado sino la desidia y la errática implementación de políticas. Pero bueno, de esto sabemos bastante. La historia de nuestras vidas.

Al día siguiente visitamos la playa de Santa Lucía que, la verdad sea dicha, no me interesó demasiado. La tarde sirvió en cambio para convencerme de que Rachel y Kako son del tipo de personas que quiero cerca de mí, porque están tan o más locos que yo, porque nos desvelan y encabronan los mismos asuntos (lo que no significa ni por asomo que estemos de acuerdo en todo), porque el día que decida soltar todo y largarme a entender Cuba puedo contar con ellos. Qué más puede pedir alguien que delira con la idea de la redacción de una revista dispuesta a soñar un país. (Tomado del blog El Microwave. Por Rafa González Escalona)

¿Descemer Bueno es chantajeado en #Miami?

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No hay dudas, que la presión mediática obliga a Decemer Bueno, no solo a retractarse de su entrevista a RT en Español, sino también a traicionar al pueblo cubano, donde se le acogió, abriéndole las puertas nuevamente a su patria y a su público.

Descemer, parece no tener ningún compromiso musical, tampoco político, ni moral con su público en la isla, cuando en la entrevista dada al canal Univisión por sus declaraciones al canal de noticia RT dijo: “Yo le quiero pedir disculpa de todo corazón a toda la Comunidad Cubano Americana que esta aquí en Miami”, motivado por la avalancha de críticas recibidas por sus comentarios al canal ruso.

¿Dónde queda la supuesta libertad de expresión que reina en Miami?, que deja al descubierto el temor insuperable de aquellos que no tienen el coraje, y olvidan los principios esenciales de humanidad. No hay que ser político para darse cuenta y denunciar lo que le ha costado a este pueblo más de 50 años de bloqueo, no hay que documentarse tanto cuando sus efectos están palpables en la vida cotidiana de cualquier cubano, sobre todo de aquellos niños, que esperan por medicamentos de ultima generación de fabricación y patentes americanas y que Cuba no puede acceder directamente.

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¿Por qué renunciar al Palmar?

palmar-juncoDurante 23 años un grupo de matanceros ha estado argumentando que el Palmar de Junco debe ser el museo del beisbol de nuestro país y acoger a los peloteros seleccionados para formar parte del salón de historia de dicho deporte y no se pudo…

Sin embargo, un grupo de personas con un gran poder mediático y económico, durante solo unos meses ejercieron una presión descomunal para que en el Vedado Tennis Club se ubicara tanto al museo, como al local que acoja a nuestros peloteros más famosos.

¿Dónde estuvo la diferencia? Que en Matanzas esperamos pacientemente a que las instituciones responsables de ello se “lanzaran al ruedo”, pero no lo hicieron y en La Habana un grupo de personas se “lanzaron a los medios” y ante tanta presión, el INDER y la Comisión de Beisbol tuvieron que “montarse en el carro”.

Pero, ¿por qué renunciar al Palmar? Hagamos en el Palmar un museo de beisbol y pongamos en él a nuestros mejores peloteros. Ya buscaremos el parqueo que no tiene y que fue uno de los “argumentos” esgrimidos. ¿Por qué no se puede convertir el Palmar en museo y que haya más de un museo de beisbol, si hay decenas de museos de historia?

Seguramente, a cualquier conocedor del beisbol le interesará más ir al lugar donde por primera vez aparece registrado oficialmente se jugó organizadamente el beisbol en Cuba, al estadio de beisbol activo más antiguo del mundo, donde han jugado los mejores peloteros de nuestro país hasta 1985; que ir a un lugar con un gran parqueo, seguro grandes cafeterías y restaurantes, también locales para la venta de distintos artículos, con un sistemático acceso a los medios de comunicación, pero cuando se hable de beisbol… tiene la historia que pueden tener decenas de lugares en Cuba.

Parqueos, cafeterías, locales bonitos, venta de artículos, existen en muchos lugares del país; la historia del Palmar, nadie la tiene. ¡Arriba Palmar!

(Tomado del blog La Joven Cuba. Por Jesús López Martínez)

En tierras del tinajón

20141118_100623Ahora guardo mis tesoros; los que me dejaron las tierras camagüeyanas. Primero, la amistad plagada de nubes, raíces, mariposas, deportes, reflexiones a las 4 y 20.

Luego me quedan los recuerdos del panal de abejas, del níspero, la risa de los juegos donde el asesino y el policía no dan pie con bola en las decisiones, y por ello hubo muchos inocentes muertos en combate.

Después de 10 horas y un frío que hacía temblar la voz, nos recibieron el turquinauta y la mariposa. Creo que los matanceros tienen su despiste de nacimiento, tuvimos que caminar dos cuadras más y yo rezando para que la mochila no cayera en desgracia: más arruinada no podía estar. Escaleras arriba, nos quedamos en el quinto piso, con agua caliente, ventilador y sin televisor: ninguna de las tres cosas las esperaba.

Se suponía que este viaje era para respirar otros aires y a la vez reflexionar. Ideas para valorar el estado de la blogosfera en Cuba, en intentar sumar más personas al grupo, en saber no pasar del idealismo, ni el oficialismo.

En algo si estábamos seguros, cada uno tenía una bitácora para utilizarla a su antojo y que solo el amor haría florecerla de pensamiento. Ahora las palabras salen de mi arruinada mochila y observo mis otros tesoros y las historias por contar; esas que este encuentro entre amigos; nos dejó un halito de esperanza.

El enigma de la muerte de Ignacio Agramonte, las ganas de progresar a pesar de los pocos recursos de Ortelio el campesino o del basurero del Lago de los sueños, los caracoles de los Balllenatos de la bahía de bolsa de Nuevitas, la natura de Santa Lucía, el diente de cocodrilo del centro de conservación del Cocodrilus Acutus, y la piedra de carbono, tan negra que guarda la noche, del rio Máximo.

Camagüey fue algo más que tomar agua de tinajón.

(Tomado del blog De donde crece la palma. Por Betsy Benítez)

Vindicación del Período Especial

El problema no es
darle un hacha al dolor
y hacer leña con todo y la palma.
El problema vital es el alma.
El problema es de resurrección.
Silvio Rodríguez (1994)

peEl tema podría resultar cansón, pero aún hay mucha luz por arrojar sobre esa etapa reciente del país. Casi siempre, las pasiones de uno u otro lado tienden a sesgar la mirada, y la gente, por destacar tanto una arista, obvia inevitablemente las otras.
Que en el Período Especial se pasó muchísimo trabajo, es cierto; que el nivel de vida de la población cayó en picada, real; que la alimentación fue el terreno más sensiblemente afectado, no hay dudas; ¿pero es que acaso nada más ocurrió en esos 15 años? Como los extremos son hermanos gemelos, representar a aquella Cuba como el “infierno del hambre” es tan errado como dibujarla cual el “paraíso socialista”. El maniqueísmo siempre falsea la realidad.
Esa década oscura fue, sin embargo, la época dorada del deporte olímpico cubano. Nunca se ganaron tantas medallas de oro como en Barcelona, Atlanta y Sidney (34 en total, por 22 en todas las décadas anteriores). Mientras nos apretujábamos en los camellos, veíamos por la noche cómo Omar Linares disparaba tres jonrones en la final del 96 frente a Japón, cómo las Morenas del Caribe se volvían diosas de ébano sobre el taraflex, cómo Félix Savón se convertía en el rey de todos los cuadriláteros.
Por aquellos mismos años, se filmó la película cubana que más cerca ha estado de alcanzar un Óscar (Fresa y Chocolate), Dulce María Loynaz fue reconocida con el premio Cervantes, y Alicia Alonso dijo adiós a los escenarios.
Con los ejemplos anteriores, no pretendo una apología a la cultura o el deporte de los 90´s, desconociendo los logros y avances de años precedentes, sino simplemente alumbrar eventos que en ocasiones solemos soslayar. Solo miro las dos caras de la misma moneda.
A veces sentimos furia, impotencia, frustración; a veces criticamos irreflexivamente todo lo que se relaciona con ese momento, desde la realidad misma hasta las decisiones y los decisores que manejaron la crisis. Y yo me pregunto con frecuencia, sin pretender eximir a nadie de sus errores y pecados, ¿qué habríamos hecho nosotros en su lugar?, ¿cuáles habrían sido las alternativas posibles ante aquel panorama?
En una conversación inédita para un trabajo de clases, un alto dirigente de la época me confesó, ante mis reproches, las dramáticas elecciones a las que se veían abocados cada día. “Mira, muchacho, una vez nos llamaron del Ministerio de Salud Pública porque se habían acabado todos los marcapasos de la reserva, teníamos que hacer una compra urgente. Nosotros solo contábamos con el dinero exacto para pagar el suministro de petróleo de la semana. Era una cosa o la otra. O apagábamos todas las termoeléctricas, o se nos morían los cientos de pacientes con marcapasos en el país. ¿Qué habrías hecho tú?”. Nada pude responderle. Ante ese escenario, no me molestan las tantas noches a oscuras.
Yo nací en 1992, y poco o nada recuerdo de los momentos más duros. Solo los apagones, y la acera en la noche con los vecinos, y el calor, y las horas congeladas en las que no llegaba la guagua. En aquel entonces, una lata de malanga costaba 120 pesos. Mi madre solo ganaba 55 a la quincena. No sé cómo, pero en mi casa nunca nadie dejó de comer, ni perdió la dignidad —por muy “cara” que resultara—, ni se prostituyó, ni se vendió al mejor postor ante la desesperación. Sí, aunque suene a panfleto y retórica dogmática, fue una heroicidad la resistencia. Y hoy, a 20 años de aquello, yo se lo agradezco a mi familia.
A pesar de todo esto, habrá quien acuse a los cubanos de “cobardes”, de “sumisos ante el régimen”; habrá quien argumente que todo fue por “temor a la represión del gobierno”, más que por decisión personal. Pero yo les pregunto a esos, ¿qué pasó el 5 de agosto de 1994?
Cuentan que en la revuelta, hasta las abuelas tiraban las macetas de los balcones sobre la cabeza de los policías, que la gente tomó las calles dispuesta a todo; ¿pero qué pasó cuando Fidel Castro los encaró? Cuando Nicolae Ceaucescu intentó hacer lo mismo en 1989, su propio pueblo lo fusiló horas después ante la televisión rumana, Gorbachov tuvo que salir silbado de la Plaza Roja el primero de mayo de 1991 cuando se enfrentó a la ira del pueblo. ¿Por qué entonces la gente no tiró las piedras de sus manos contra la cabeza del tribuno? ¿Algún dispositivo de seguridad lo habría podido impedir? ¿Qué significaron para la sociedad esos incidentes?
Como estas, todavía quedan muchas interrogantes por responderse en torno al Período Especial. Las miradas serán múltiples, a veces antagónicas. La multiplicidad de criterios es la riqueza de pensamiento. El coro unánime solo significa silencio o miedo.

(Tomado del blog La Letra Incómoda. Por René Camilo García)

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