Category: Economía

¿Clase burgesa en Cuba?

Por Camilo Rodríguez Noriega

Tomado del Blog Cuba Economía

¿Clase burguesa en Cuba?: comentario a propósito del post ¿Capitalismo en el socialismo? ¿Regresa la explotación?

Por: Camilo Rodríguez Noriega.(Dr.C Filosóficas y profesor titular de la Escuela Sperior del Partido Ñico López)

De un “módulo” temático, publicados por el profesor y bloguero Dr. Carlos García Valdés y que sugiero leer, me he atrevido a aislar, relativamente, el referido en el título de este trabajo, donde el autor afirma:

“La plusvalía del empresario nacional privado no es una ley económica, es simplemente una forma del plus valor que producen sus empleados que a la vez son propietarios asociados de los medios fundamentales de producción y en consecuencia reciben lo que le corresponde de la realización de la propiedad socialista de todo el pueblo. No son explotados, son doblemente beneficiados: por su trabajo en una entidad privada y por la propiedad estatal socialista y los beneficios de una sociedad que es regida por leyes económicas y jurídicas que nada tienen que ver con las del capitalismo. En consecuencia ni los propietarios son capitalistas, ni lo empleados son explotados. Es una realidad compleja pero hay que analizarla, precisamente desde la complejidad y la dialéctica” .

Su invitación al análisis anima la reflexión que continúa. No es que se apunten aquí cuestiones que en el post de referencia no se lean o entrevean. En todo caso, lo que se comenta agradece tanto las respuestas que el mismo ofrece como las preguntas que estimula. Con más precisión: el post ha sido una motivación, a partir del respeto que profeso a su autor, para ordenar unos puntos de vistas al respecto, cargados de incertidumbre en relación a una conclusión sobre el tema.
El asunto referido a la producción de plusvalía dentro de las fronteras nacionales tampoco es ya novedoso en Cuba, ni como realidad ni como reflexión: las empresas mixtas lo plantearon desde sus inicios. Pero sus características y la objetiva compartimentación relativa de su realidad e influjo en relación al resto de la sociedad le otorgaron otro matiz y diferente significado a sus condicionamientos y efectos nacionales. Eso explica, entre otras razones, por qué desde ese momento no surgió la pregunta acerca de la formación de una clase burguesa nacional.

Por empresarios privados nacionales estoy entendiendo a los propietarios privados de medios de producción tales que superan la capacidad de su fuerza de trabajo para emplearlos productivamente y tienen que recurrir a la contratación de mano de obra ajena.

Considero que son explotadores si tales dueños, después de saldar sus deudas con el fisco, se apropian gratuitamente cuando menos del fruto del trabajo adicional de los trabajadores que emplean. Téngase en cuenta que la responsabilidad económica social que corre a cuenta de sus ingresos se sintetiza esencialmente en el binomio pago de salarios (¿siempre por el trabajo necesario?) (1) y tributos.

Pueden ser esos empresarios “el dueño de siete almendrones”, “el propietario de un par de hostales con una veintena de habitaciones”, el de “la paladar mejor establecida” o el de “una cadena de distribución de pizzas con una decena de motos”.(2) Si tales empresarios privados nacionales no producen plusvalía ¿cuál es la base económica de su acumulación empresarial? Otra cosa es que la producción de plusvalía no sea la base económica de producción y reproducción del tipo de sociedad que existe en Cuba hoy.

Por tanto, mi presupuesto de partida es el de que la producción de plusvalía por el empresario nacional privado no es una ley económica que rige objetivamente a nivel societal en Cuba, pero lo es a nivel de cada uno de sus procesos específicos de producción (aunque ni práctica, ni teóricamente agoten el proceso social de producción de plusvalía). Por demás, ¿estaremos ausente de cierta expresión suya en las posibles y reales relaciones económicas, legales o no, entre esos empresarios a través de la re-distribución de ganancias y la posible conformación de una tasa media a nivel sectorial al menos? La situación de este proceso, si es sensato planteárselo, parece importante considerarla en la reproducción de este tipo de relaciones económicas y de todos los actores principales asociados.

De cualquier manera, el estado actual de cosas, aún cuando no sea más que por su novedad y posible repercusión entre nosotros, invita a indagar. Otra cuestión son las fuentes disponibles para esa indagación, cuya limitación sirve para escamotear una información que debiéramos tener en tiempo oportuno. Si algún mensaje político nos recalca Lenin en su obra “Una gran iniciativa” (aquella de donde hemos tomado lo que identificamos como su definición de clases sociales) es la importancia de atender al brote de “lo nuevo” (categoría que, por cierto, no tiene fundamentos ideológicos, como a veces parece, sino ontológicos).

¿Por qué debemos estar atentos en Cuba hoy a los brotes de una clase burguesa?

¿Por qué debemos estar atentos en Cuba hoy a los brotes de una clase burguesa? Porque necesitamos que, aun cuando surja, no se produzca en su plenitud capitalista. Por tanto, tenemos que lograr desde temprano que, sin poder dejar de ser lo que es, se integre orgánicamente, hasta dónde eso sea posible, a nuestra transición socialista. Por eso me parece bien pensar sobre este asunto comenzado por la cuestión de la producción de plusvalía en esas empresas privadas cubanas.

En el contexto nacional las consecuencias de este proceso específico de producción de plusvalía se realizan apocadamente a nivel social dado los conocidos “amortiguadores socialistas” existentes. Parece claro que las desconexiones sociales que sufre dicho proceso a causa de aquellos “amortiguadores socialistas” dificultan la conexión orgánica societal de las relaciones económicas propias de estos espacios empresariales como para que se deslinden socialmente de modo epidérmico y sea posible calar su alcance real. Situación esta que lejos de ser una dispensa para subestimarlas nos conmina a despertar como sensibilidad epistémica esa relación de tránsito entre lo que ahora es y lo que está siendo, de lo cual solo sabremos explícitamente después.

En mi criterio, de lo que se trata es de indagar y develar cómo en una sociedad como la cubana se metaforsea socialmente el proceso empresarial privado de producción de plusvalía y cómo pesa tal metamorfosis en la acumulación o des-acumulación social socialista, planteada en un sentido integral y no solo económico. Y cuánto va ello o no de la mano de la conformación de nuevas relaciones de clases.

Pero cualquiera que sea la metamorfosis, en el contexto cubano actual aquellas relaciones económicas se cuelan en el tejido social con tal fuerza contaminante (precisamente por ser Cuba) que se trasladan también, de algún modo, (por ocurrir en y desde cualquier barrio de vecinos en un contexto de justicia social para todos) a la calidad de las relaciones sociales dominantes a través de las subjetividades y comportamientos que estimulan.

No puede pasar inadvertida la larga distancia económica ¿y social? entre el dueño de siete almendrones y el trabajador que requiere recurrir todos los días, sin alternativas recurrentes, al transporte público; entre el titular de la paladar mejor establecida y la familia que puede hacer ahorros para ir allí un vez al año a celebrar un aniversario significativo; entre el propietario de un par de hostales con una veintena de habitaciones y el trabajador que tiene o aspira a un modesto apartamento; entre el dueño de una cadena de distribución de pizzas con una decena de motos y aquel ciudadano que no renuncia al pan de la bodega. Eso, en Cuba, es un dato de realidad altamente sensible. Son brechas de inequidad no socialista.

Al respecto no es ocioso constatar empíricamente que los cambios en la percepción corriente de movilidad social ascendente en una parte de la población cubana parecen estar creando la representación de que el resultado positivo del proceso de actualización pasa por el arribo a una especie de clase media (¿burguesa?) con la que se llega a identificar el sentido (¿burgués?) de prosperidad, cuya abrupta irrupción en nuestro discurso político se acompañó de una pobre construcción ideológica socialista previa y de un apócrifo sabor de novedad práctica que echaba descuidadamente por tierra, aún como contrasentido, más de 50 años de su propia creación nacional a nivel popular masivo.

Por otra parte, la “apropiación gananciosa” por esos empresarios de las bondades de nuestra justicia social produce cierto efecto desgastante en el sentido socialista, en tanto aquellas les liberan de presiones directas de sus trabajadores, los que, aun siendo explotados o discriminados, pueden sentirse felices. Se crea la apariencia de que el bienestar viene del lado privado cuando en realidad el mismo parasita relativamente en las generosidades del otro – el socialista ahora posible- cuya ausencia en otras realidades sociales se transfiere como peso de necesidades que presionan sobre los empresarios privados, pues es el salario que pagan a los trabajadores que emplean la fuente única para saldarlas en los que les sea posible. Si esto es así ¿no estarán también las seguridades socialistas tributando al proceso de acumulación de esos empresarios privados? Incluyo en mi respuesta afirmativa a esta pregunta los iguales beneficios socialistas que ellos mismos reciben, incluida la estabilidad social.

Como decía Fidel, en la idea que cita García Valdés, frente a la introducción de estos elementos de capitalismo lo decisivo es cuidar el poder. Pero si esos empresarios emplean formas encubiertas (pero públicas) de explotación y discriminación asociadas a la propiedad privada ¿no se está dañando el poder del pueblo? ¿Cómo se traduce o traducirá en términos de poder político la creciente acumulación del empresariado privado en Cuba?

Las respuestas a estas preguntas, entre otras muchas posibles, parecen parte importante en el análisis acerca de la posible constitución de una clase burguesa en Cuba hoy (también acerca de la posible constitución de un nuevo sector social de la clase obrera cubana). En todo caso, lo que ocurre es propio de la naturaleza de la transición socialista al tiempo que esta debe poner su impronta. ¿Será, o deberá ser, una burguesía “capitalista”, en el entendido habitual de su naturaleza íntegra? (¿será, o deberá ser, una clase obrera al estilo capitalista tercermundista?). Las bases de reproducción de esa posible clase en formación no son netamente capitalistas; múltiples son sus condicionamientos con origen en las ventajas socialistas. Se trata pues de una posible burguesía cubana, donde la carga semántica del gentilicio trasciende la alusión a una pertenencia nacional y lo de burguesía ¿sería correcto? Pero no es solo, ni en esencia, una discusión de términos, pero también estos son importantes.

¿Deberá dejarse la respuesta sobre la formación o no de esta clase social al curso objetivo y espontáneo de los procesos para enterarnos después? ¿No debiera construirse el “nuevo pacto social” más allá de lo que lo hacen y harán las leyes y ciertos mecanismos económicos? ¿Es este o no un asunto público que compete a la conciencia nacional?

Claro que ser rico no es igual a ser burgueses. Tampoco la inorganicidad burguesa de los nuevos ricos significa que la búsqueda de organicidad como clase no esté en marcha, con más o menos intención colocada en el asunto. La estructuración de una clase excede el ámbito particular de las relaciones de propiedad y, en general, el económico.

¿Acaso no se va conformando una esfera superestructural que la nutre, aunque no sea dominante, en nuestra sociedad? ¿Es que entre tales empresarios no se va creando fácticamente cierto “pacto social” aun cuando no se auto-visibilicen explícitamente como una nueva clase social? (¿es que ya no empiezan a hacerlo?). Al respecto debe ser estimada hasta esa suerte de “solidaridad” que crece entre tales empresarios (más que competencia hasta ahora) como expresión de conciencia de compartir una práctica diferente y novedosa en nuestro contexto.

¿Es que el modo de vida pequeño-burgués no va anidando en ciertos lares, incluso desde el manto de lo legal o semi-legal y al amparo de la política económica dominante? ¿No vemos surgir, abriendo trinchera en terreno popular, una identidad que va limándose en los nuevos patrones de interacción social que acompañan nuevas prácticas de poder, saber, deseos y discursos? Sería bueno revisar componentes de la vida cotidiana como vida familiar y empleo de tiempo libre, más allá del trabajo en ese empresariado privado nacional.

De cualquier modo, la discusión pasa ahora por la realidad de la conformación o no de una clase burguesa (importando, por cierto, su magnitud en términos de concentración de propiedad y riquezas: ¿pequeña?, ¿mediana?, ya que grande parece estar descartada), lo que de por sí no es un hecho menor en nuestro contexto. Y no lo es no precisamente porque no encaje con una determinada noción de lo que debe ser el socialismo, si no por lo que la desregulación posible del estado de cosas puede desencajar objetivamente el socialismo ahora posible. Pero lo esencial del asunto es ¿cómo hacer que eso ocurra, si es necesario, sin menoscabo del poder del pueblo en Cuba?

Subrayo, y coloco como premisa primaria del análisis, ese “si es necesario” en relación a la existencia o no de una clase burguesa, porque es de lo que debemos estar suficientemente seguros para proyectar cualquier examen que sobrepase la resbaladiza apoyatura emocional de lo deseado y lo indeseado. Por eso considero muy útil aquella confesión con que Engels comienza su artículo Clases sociales: las necesarias y las superfluas: “Muchas veces me he preguntado en qué medida son útiles, o incluso necesarias, las diferentes clases de la sociedad…”. (4)

Su lectura nos invita a plantearnos la problemática de la función económica necesaria o no de cada clase, real o posible. En nuestro caso convendría también valorar, sin voluntarismo alguno, la función social y política de cada componente de la diversidad socio-clasista. Una incorrecta apropiación de esta cuestión en su totalidad puede ser muy riesgosa en Cuba hoy. De ahí la legitimidad de la pregunta: ¿es necesaria o superflua la formación de una clase burguesa en Cuba hoy? En el fondo está la cuestión de la objetividad histórica o no del argumento que es menester sopesar.

A veces este tema adquiere el tono de si es o no “querido” el advenimiento de esa clase, viniendo de otros presupuestos que participan de cierta disputa: ¿debemos, porque nos es posible, restringir al punto máximo el paso a formas privadas o hemos de mudar rápidamente hacia ese tipo todo lo que ahora sintamos ineficiente? A propósito, la adjudicación del carácter eficiente o no a cada tipo de propiedad, que es uno de los argumentos mundanos casi apriorísticos que circulan en la discusión corriente de la cuestión, no debiera omitir por ingenuidad, ni por maldad, la variable “responsabilidad económica social diferenciada entre empresa privada y empresa estatal socialista”, como bien lo hace notar el doctor Carlos García. Asimismo, la diseminación de actores económicos que surge asociada al proceso posible de estructuración de esa clase burguesa debe ser también objeto de profundo examen, incluso desde y para la función preventiva de la normativa política y jurídica.

En todo caso, si la diversidad estructural es consustancial a la actualidad de la transición socialista cubana, parece ser que eficiencia económica socialista, legalidad flexible -controlada y respetada- para viabilizar la necesidad histórica, formación ideo-cultural de subjetividades anticapitalistas, aseguramiento de reproducción del acumulado socialista existente en el desarrollo de las nuevas identidades socio-clasistas y la re-forja conceptual y práctica de una plataforma axiológica de valores humanistas compartidos deben ser, entre otros, antídotos esenciales en los que hemos de empeñarnos con conciencia clara del momento actual. Pero solo podrá fructificar si somos consecuente con aquella idea fundante de Fidel: “…todo lo que la Revolución realice, tiene que ser realidad primero en la conciencia del pueblo. Eso es lo verdaderamente democrático, ya que esta es una Revolución de mayorías, y por eso es una revolución democrática… “.(5) La alianza estratégica entre política, ciencia y conciencia popular es sustancial.

Estamos por tanto frente a un asunto académico y político, pero la matriz es política, porque la cuestión económica es también una cuestión política de suma actualidad. Claro que la variable mediadora es el problema del poder político, porque como bien recuerda el Dr. Carlos Valdés citando a Fidel: “… ¿Quién tiene el poder? Esa es la clave… ” .(6) Nadie crea que escondemos esta verdad, ni que nos sonroja reconocerla. Ese el leitmotiv de nuestra lucha. De él depende lo demás. Solo que debemos entender cada vez mejor ¿qué es tener el poder?

Notas:
(1) A propósito ¿cómo se calcula en Cuba el trabajo necesario en estas empresas?
(2) Me aprovecho de referencias que aparecen en el trabajo de Ariel Terrero: La riqueza pendiente. (3) En: Economía con Tinta. Suplemento del periódico Granma, 30 de junio de 2017; p. 2
(4) Ver artículo en: Revista Marx Ahora no.40/2015; pp. 162-165. Palabras citadas en p.162.
(5) Castro Fidel. Discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, el 27 de noviembre de 1959.
(6) Fidel Castro. Discurso pronunciado el 15 de enero de 1960.

¿Capitalismo en el socialismo? ¿Regresa la explotación?

tomado del blog Cuba Economía

por: Carlos García Valdes

La motivación de una Tesis. 

En la  Defensa de una   tesis de diplomado, en la que participé como invitado, un cursista  trató el tema del sector privado en su territorio y  entre  las principales ideas definía  a un segmento de este sector como capitalista y consideraba  la existencia de una burguesía. En  el calor del debate el autor hizo precisiones, relativizó conceptos “picantes” y el Tribunal cumplió sus funciones facilitadoras, instructivas y educativas. Al final, por supuesto, “dictó sentencia”.

El resultado del ejercicio: evaluación de excelente, aplausos, abrazos  y  la  motivación expedita a pronunciarnos de manera sumaria  sobre este asunto, que más allá de la actividad docente provoca inquietudes, criterios, discrepancias académicas  y populares.

Las reformas de los 90 y la eclosión de elementos capitalistas.

Después de las nacionalizaciones de los sesenta incluyendo la acometida de 1968 (Ofensiva revolucionaria) contra la pequeña producción mercantil urbana que limitó la propiedad privada y su mercado a los pequeños agricultores, se dejó de hablar de capitalismo como realidad socio económica en Cuba.

No se hablaba de plusvalía, por lo menos en los textos y clases de economía política del socialismo y se enfatizaba en que se había eliminado la explotación del hombre por el hombre y eso era un proceso irreversible. Así  lo explicitaban los documentos rectores del Partido (Plataforma Programática, Programa del PCC y otros) y la Constitución de la República aprobada en 1976. En su artículo 14 declara que “En la República de Cuba rige el sistema socialista de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios de producción y en la supresión de la explotación del hombre por el hombre”  (1) Esta última sentencia se repite de forma exacta en el artículo 14 de la
Constitución enmendada en 1992 aunque en este se precisa el alcance de esa forma de propiedad. (2)

Pero ya en esta versión de la Carta Magna de la República se admite que en casos excepcionales se puede trasmitir total o parcialmente algunos bienes de propiedad estatal socialista si se destinan a los fines del desarrollo del país. También en el artículo 23 se declara que el Estado reconoce la propiedad de las empresas mixtas, sociedades y  asociaciones económicas creadas con apego a la ley.  (3)

Ya en esa fecha se había iniciado una dinámica de inversión extranjera en particular en el turismo y posteriormente en la extracción del níquel, en astilleros, exploración del petróleo,  telefonía y otras actividades. La ley 77 de 1995  de inversión extranjera  respalda e impulsa esta trayectoria.
Paralelamente   se impulsa el trabajo por cuenta propia, el usufructo de tierras y los mercados de oferta y demanda. Por primera vez después de 1968 el país retomaba una dinámica de desarrollo de la pequeña propiedad privada urbana y rural  y de la propiedad capitalista a nivel de inversión extranjera aunque sus horizontes eran  muy limitados.

El 6 de agosto de 1995 el Comandante en Jefe Fidel Castro declaró en un discurso:  “Hemos dicho que estamos introduciendo elementos de capitalismo en nuestro sistema, en nuestra economía, eso es real; hemos hablado, incluso, de consecuencias que observamos del empleo de esos mecanismos. Sí, lo estamos haciendo. (…) ¿Quién tiene el poder? Esa es la clave,… ” (4)

En el V Pleno del CC del PCC de marzo de 1996,  en el Informe  leído por su segundo secretario en aquella fecha, Raúl Castro, se afirma: “Tenemos y tendremos socialismo: Pero el único socialismo ahora posible requiere asimilar de forma creciente factores tan difíciles de conducir como las relaciones monetario-mercantiles e incluso determinados elementos capitalistas”.

Ante la nueva realidad reconocida por la máxima dirección del país algunos economistas políticos sacaban sus conclusiones. Una de ellas era asociar la plusvalía obtenida por la parte capitalista de las empresas mixtas a la explotación de los trabajadores cubanos que la producían. Pero no todos razonábamos así.

La plusvalía no es la ley que  preside la construcción del socialismo.

En un texto dedicado totalmente a la experiencia cubana en cuanto a la propiedad social,  publicado en 2005, cavilamos lo siguiente:

 “La cuestión de la plusvalía es un tema de discusión. De forma individual, es decir a nivel de cada empresa mixta, hay una parte del excedente que no se convierte en propiedad social, y esta ganancia del capitalista es una suerte de plusvalía producida en un país de economía socialista.

“Así las cosas dejaríamos el análisis a nivel del primer tomo de El Capital. Pero es en este tomo donde Marx, por una cuestión de método y de didáctica, hace el mayor número de abstracciones. En los otros tomos, y en especial el tercero, la ganancia o forma externa de la plusvalía no es el resultado de un proceso individual de producción de plusvalía, sino de un proceso social en el que participa toda la clase capitalista, y este es el elemento metodológico al que debemos aferrarnos.

“En el socialismo la producción del excedente y del ingreso neto correspondiente, también es un fenómeno social, y lo que predomina no es la plusvalía que es una categoría social, sino el primero que es lo característico del socialismo y expresa, consecuentemente, relaciones socialistas de producción. Los trabajadores contratados por la empresa mixta a través de una empleadora estatal, reciben los mismos beneficios por su plus trabajo, que los demás trabajadores del sector estatal: tienen derecho a la seguridad social, a la reubicación en caso de cualquier conflicto con la entidad, y a todo el sistema de derechos básicos directamente formadores de los derechos humanos de que gozan todos los miembros de la sociedad cubana.” 

En aquellos momentos no estaba en desarrollo la propiedad privada nacional y no podíamos extender estas conclusiones a  este sector, pero ahora en las nuevas circunstancias  defendemos este mismo enfoque porque el punto de partida teórico metodológico no se modifica. Todo lo que planteamos de la empresa mixta y en particular de la parte extranjera se lo podemos aplicar a los empresarios privados nacionales reconocidos en la Conceptualización del Modelo.

Ni capitalismo ni explotación ni burguesía pero…

Conozco, al menos, que un colega considera la existencia de capitalismo a escala de la pequeña  y mediana empresa privada nacional y esa opinión gana adeptos porque en realidad es muy  atractiva la suposición. Como deduje hace unos 15 años a partir de “El Capital”, la plusvalía y su forma metamorfoseada (vaya palabrita) la ganancia en todas sus modalidades  no son  un proceso empresarial sino un fenómeno social. La plusvalía (y la ganancia) es la ley que mueve al capitalismo desde la época de Marx hasta la de    Trump, ese terrorista presidencial instalado en la cima del poder en virtud de la democracia estadounidense donde la voluntad del pueblo expresada en el voto popular  no vale nada.

La plusvalía del empresario nacional privado no es una ley económica es simplemente una forma del plus valor que producen sus empleados que a la vez son propietarios asociados de los medios fundamentales de producción y en consecuencia reciben lo que le corresponde de la realización de la propiedad socialista de todo el pueblo.

No son explotados, son doblemente beneficiados: por  su trabajo en una entidad privada y por la propiedad  estatal socialista y los  beneficios de una sociedad que es regida por leyes económicas y jurídicas  que nada tienen que ver con las del capitalismo. En consecuencia ni los propietarios son capitalistas, ni lo empleados son explotados. Es una realidad compleja pero hay que analizarla, precisamente desde la complejidad y la dialéctica.

Puede haber gente rica pero no tienen que ser precisamente por ello  capitalistas, o  burgueses,  porque el capitalismo es un sistema socio económico y la burguesía es una clase social orgánica,  poseedora de la inmensa mayoría de los medios fundamentales de producción y explotadora de toda una clase  o varias,  con una participación ampliamente mayoritaria en el Ingreso Nacional y en las estructuras del poder, amparada por instituciones diversas, entre ellas los medios de desinformación masiva , órganos represivos,  y otras. Es importante repasar la definición leninista de clases sociales
 Mil, cien mil o medio millón de ricos no constituyen una clase social de este rango. El ingreso y el nivel de vida hasta, la opulencia incluso, no son suficientes para estructurar una clase social. Aunque parezca un contrasentido podemos tener burgueses sin burguesía.

 

 

No quiero decir con esto que no  haya formas encubiertas de explotación asociada a la propiedad privada, entre estas sobre intensidad de trabajo en las entidades particulares, violación de contratos o no contratos, discriminación racial y otras aberraciones. Tampoco es despreciable el poder corruptor de los que amasan fortunas y el surgimiento de modos de vida y comportamientos sociales que  en absoluto  tienen que ver con los principios y valores del socialismo. Abordar esto con una mediana profundidad nos llevaría mucho  tiempo y espacio.   

Un tema como este  reclama eso y mucho más, pero estos ejercicios de inteligencia y prudencia que son los post no deben  ser, como regla,  fragosos. Pero de seguro volveremos sobre esta problemática teórica  y práctica.

 

Notas:
(1)   Constitución de la República de Cuba. Editora Política, La Habana 1976.
(2) Constitución de la República de Cuba. Editora Política, La Habana 1992.
(3)  Ibídem.
(4)  Fidel Castro “Discurso pronunciado el 15 de enero de 1960” en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f150160e.html
(5) Raúl Castro, Informe del Buró Político al V Pleno del CC, marzo 1996.
(6)  Carlos M. García. Propiedad social, la experiencia cubana, Editora Política, La Habana 2005, p 1907-198

La economía no cree en fanfarria

stop

 

La prensa cubana trae este jueves un titular que me ha dejado atónita. Un diario ha despertado a los cubanos asegurándole que la “Economía cubana comienza a apretar el acelerador”.

Ayer, el General Presidente dijo en su discurso en la Asamblea Nacional: “Ciertamente ha podido revertirse la tendencia a la desaceleración del crecimiento del Producto Interno Bruto —conocido por las siglas PIB— que se manifestó en años recientes.  Hasta el 30 de junio el PIB creció un 4,7% y estimamos que al concluir el año quedará en el entorno del 4%.  Y esto es muy bueno, teniendo en cuenta que en el pasado año solo crecimos un 1%; no obstante, para lograr este 4% esperado, hay que trabajar duro y con mucha disciplina, sobre todo en el orden económico como señalaba el ministro de Economía, Marino Murillo”.

Las líneas resaltadas en negrita son más que claras, así como el discurso completo. Hablando en buen cubano: el conductor tiene el combustible justo para llegar a la meta, no quiere especular ni crear falsas expectativas, le ha dicho a los pasajeros que solo si se ajustan al recorrido podrán cumplir con el programa diseñado para el día.

A los cubanos nos gusta especular, pero con el plato de comida nuestro de cada día NO, y eso es la economía para los lectores dentro de la Isla, siempre antecedido por un sinnúmero de cuentas diarias donde la lista debe dar con el billete.

Despertar el interés del lector por la noticia no nos pude llevar a crear, porque ingenioso sí es, un titular triunfalista. Que se haya revertido la tendencia a la desaceleración del crecimiento de la economía cubana no quiere decir que hayamos comenzado a apretar el acelerador, una cosa no lleva a la otra.

La ciencia “que estudia los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para satisfacer las necesidades humanas” no cree en el impresionismo. En fin, que la noticia es buena pero, ¡cuidadooooo!, hay que ser cautelosos y continuar “a nuestro ritmo”. La economía no cree en fanfarria y la prensa… tampoco debería.

La bolita: suerte propia y dinero ajeno

DSC_0024-opLos nombres y circunstancias de los personajes fueron cambiados para proteger su identidad) “…porque a las mujeres, la política y el azar nadie los entiende; pero no podemos vivir sin eso”, comenta el viejo apostador de bolita mientras anotan su número. Yo te doy 2 pesos, y si me salen, se vuelven mil. ¿Ustedes son comemierdas o el comemierda soy yo? ¿Cuántas veces tengo que apostar pa´ que me salga el parlé? Desde el año pasado cazo al 8 con el 88; parece que los sacaron del sorteo. ¿Y al 12? ¿Quién entiende al 12? El 12 es mujer santa y también puta. ¿Cómo el mismo número es las dos cosas? ¿Acaso en la vida es así?”… Prosigue el hombre su monólogo mientras Osvaldo le ofrece el comprobante. “Suerte, mi viejo; si te sale, acuérdate de mí que vine a recogerte”, dice, y se guarda las dos monedas en el bolsillo. El otro prosigue la perorata de la historia de su vida, que si con 17 años estaba tirando tiros en Etiopía, que le dieron una casa, una moto y un televisor cuando regresó ileso, que hubo quien no viró o quien lo hizo tuerto, manco o cojo, que en el Período Especial lo vendió todo para comprar comida y alcohol… Cada día desde hace 15 años, Osvaldo recorre religiosamente las calles de un barrio de La Lisa. No importa la lluvia, el sol, o el calor inclemente. Sin ser policía ni del CDR, conoce al detalle la vida de los vecinos. Anticipó, por ejemplo, el explote del jefe del almacén de comida de la zona. La suerte es loca, pero no estúpida, y el tipo no supo aprovechar su momento. En un tiempo perdió la cabeza y desviaba las rastras de arroz, azúcar, coditos, lo que fuera, a la vista de todos. En estas cosas hay que tener discreción. Toda la jama del barrio salía de sus traquimañas, y la paga iba directo a su morral. Empezó a jugarle 6 mil y 7 mil pesos diarios a más de 30 números. Tuvo contento a los banqueros, pero en una semana se sacó cuatro números consecutivos: 270 mil, 50 mil, 70 mil, y 270 mil otra vez. Casi arruina al banco. “Yo fui su listero los cuatro días. Con lo que me regaló, me compré la moto. Pero cuando el DTI le cayó encima un mes después, habló por los codos y la mierda se nos puso hasta el cuello. Por suerte las aguas tomaron su nivel. Él tenía que haber cogido una lancha y pirarse pa´ la Yuma, pero la avaricia rompió el saco, y en el tanque, seguro le rompieron otra cosa”, cuenta Osvaldo para el coro de consortes que en la esquina estallan de la risa. *** El negocio de la bolita en Cuba —que junto a las peleas de gallos constituye el juego prohibido más popular del país—, posee una estructura definida y estable que lo hace funcionar con eficiencia. Cada día se realizan dos sorteos, uno a las 2:15 pm y otro a las 8:15 pm. La información se obtiene vía Internet, mediante conexiones ilegales de televisión por cable o por estaciones de radio de onda corta. En los casos contactados asumen como referencia los resultados de la lotería de Miami. Para convertir el billete de lotería a los números de la bolita, se desecha la primera cifra del número que salió “en el Norte”. Los siguientes dos números son considerados como el fijo, y el par consecutivo como los corridos. Por ejemplo, si el resultado fuese el 423 57 80, el 23 lo asumen como fijo, y el 57 y 80 como corridos. El parlé sería la combinación del fijo con los corridos (23-57 y 23-80). Aunque en las diferentes zonas varían los premios, suelen poseer valores semejantes. Los corridos los pagan entre 20 y 30 pesos por cada uno apostado, los fijos entre 75 y 100, y los parlé de 900 a 1000. El verdadero empuje y masividad del juego lo aporta la gente que está detrás y que se enriquecen o pierden según su posición en el sistema. En el escalón más bajo de los organizadores, un ejército de listeros recorre las barriadas citadinas buscando a los clientes; o bien, como en el caso de Osvaldo, que es muy conocido en su zona, los jugadores visitan al apuntador para realizar las apuestas. Con jerarquía superior aparecen los colectores, que acuden dos veces al día —una por cada tiro de la charada— a casa del listero. Aquí recogen el dinero y las anotaciones para llevarlas al banco una hora antes del sorteo. Como no resulta propicio involucrar a tanta gente, algunos apuntadores hacen a la vez de colectores, pero solo aquellos elegidos tratan personalmente con el banquero, la figura clave y más protegida del engranaje. Existen muchos listeros que jamás llegan a conocerlo. Quien contrata a Osvaldo –llamémosle X– se involucró en la Bolita desde principios de los 90´s. Las cabezas del negocio suelen llevar décadas en él. La desconfianza que siempre muestran a flor de piel no es paranoia o capricho: además de las autoridades, los banqueros eluden a los maleantes que acechan su dinero y a los competidores que quieren arruinarlos. A la “bóveda” solo llegan las personas de máxima cercanía del dueño, casi siempre familiares. Algunos se encargan de organizar la información que traen los colectores, lo cual consiste en pasar en limpio y en una sola hoja todas las apuestas a las que debe responderse. Este es un momento crítico para el banquero, porque termina de realizarse después que se conoce el número salido. Si alguien lo traiciona e inventa una apuesta a posteriori, él no tendrá manera de comprobar y deberá desembolsar su dinero, por eso no le quita el ojo al proceso. El misterioso banquero fue el padrino de Osvaldo. Amigo de su padre —muerto en una misión militar en África—, se encargó del cuidado del muchacho desde la adolescencia. De ahí la confianza y consideraciones mutuas. Además de la cercanía fraternal, Osvaldo es el apuntador estrella de la zona, por lo que recibe otros beneficios por su condición, además del dinero que le corresponde. El hombre reporta cerca de 2 mil pesos diarios, de los cuales le toca el 20 por ciento, la norma general, según afirman diversas personas. Entre los banqueros existe competencia por robarse a los mejores listeros. Por eso, X estimula a su ahijado con dinero extra y con los premios de algún número. *** En casa, la mujer del listero prepara algo en la cocina. Se anticipa a la llegada de la hija. En pocos meses la niña cumplirá 15 años y papá “trabaja” duro para la fiesta. En los últimos tiempos, el hombre llega más tarde de la calle y corre riesgos superiores, pero gracias a eso incrementan los ahorros. X también los ha ayudado y promete aumentos. A Osvaldo lo envidia mucha gente que anhela su puesto. Afloran los enemigos. Otros listeros han comenzado a difamarlo para robarle clientes. Riegan en el barrio que no anunció el último aumento del banco al parlé —a mil pesos—, y sigue pagando los 900 de antes. Que el fijo lo mantiene en 75 y el corrido a 25, cuando ya los subieron a 100 y a 30. Que deben dejarlo a él y apostar con ellos. Osvaldo se defiende con la desmemoria, alega que en ese mismo mes iba a pactar las nuevas tarifas. De repente, llega un joven inspirado con un billete de 100. “Ayer soñé, y viví, y tengo la certeza”, dice. “Voy a ganarme to´ esa mierda. Ponle 20 pesos al 98, fijo, y 20 más al 71, y otro Camilo al 69. Ponle 20 a cada parlé”. Osvaldo le entrega el comprobante al muchacho. Un par de horas después su mujer sirve la mesa. La niña no para de hablar de todos los fotógrafos que le recomendaron en el aula. El que prefiere la muchacha cobra 200 CUC por el álbum. El estudio queda en una finca en las afueras de la ciudad. El padre llega a tiempo para almorzar con su hija antes de la visita del colector. Nunca le ha gustado que ella lo vea en los trasiegos del negocio, aunque no la mantiene en la ingenuidad y le ha enseñado cuándo callarse y mantener la discreción. Luego, sobre la mesa de la que han retirado los platos y cubiertos, el apuntador organiza la lista y el dinero que le pasará al banquero. Como es costumbre, selecciona los números que no reportará para quedarse con la ganancia. Cuando llega a la apuesta del muchacho inspirado, duda. Las jugadas pesadas siempre son peligrosas. Si sale uno de los corrido, debe pagarle 600 pesos; pero si es el 98, serían 2 mil. El parlé no, eso es casi imposible. Osvaldo calcula que si falla, cuenta con el fondo para asumir la apuesta. Lo puede restar de los ahorros de los 15 de la niña. Me voy a meter los 100 pesos y bien, se convence. A las 2:10 de la tarde, como siempre, enciende el televisor en el canal 3, el habilitado para el cable ilegal. Se coloca los espejuelos y termina de afilar el lápiz sobre una esquina del papel. Cada día, en par de ocasiones, experimenta la aceleración del pulso que tanto disfruta. Lo disfruta como ver un juego de béisbol, o un filme de suspenso; con la lejanía del observador que se sabe por encima del resultado, que siempre se siente ganador. Cinco minutos más tarde, caen en la pantalla encendida los números de la lotería de La Florida: 598 56 71. El suspenso se vuelve tragedia. Sentada en el aula, la niña de Osvaldo ignora que su fiesta de quince años se ha evaporado. En otra sala, un joven salta de alegría con su novia por los 20 mil pesos que se han ganado. Bendita sean tus piernas, le susurra al oído mientras le aprieta una nalga. (Por: René Camilo García)(Tomado del blog: La Letra Incómoda)

#ETECSA confirma que #Holguín tendrá #WIFI en breve

wifi-holguin1

Por: Luis Ernesto Ruiz Martínez.

Fuente: Visiondesdecuba

Aunque mis amigos del Ahora intentaron encontrar una confirmación de ello con las autoridades de ETECSA en la ciudad, fue necesario esperar que los “jefes de arriba” confirmaran que los parques Calixto García y Julio Grave de Peralta son los lugares en los que estará disponible la señal.

Para no pensar mucho en este misterioso silencio de los funcionarios de ETECSA en Holguín, prefiero compartir con ustedes las declaraciones de Luis Manuel Díaz Naranjo, Director Comercial de esa entidad a nivel nacional, publicadas ayer por Juventud Rebelde.

—¿Dónde se abrirán las nuevas áreas de navegación wifi?

—Bajo el nombre de WIFI_ETECSA se encontrará la conexión para navegar en una primera etapa en 35 sitios a nivel nacional. Estos son, La Habana: La Rampa, desde el Malecón hasta el cine Yara; el parque ubicado en avenida 51, La Lisa; el parque Fe del Valle, en Galiano y San Rafael; el Anfiteatro de Marianao y el Paseo de la Villa Panamericana. Pinar del Río: parques Independencia y Roberto Amarán. Artemisa: bulevar y parque de la Iglesia. Mayabeque: parque de Güines y bulevar de San José. Matanzas: parques La Libertad y Peñas Altas. Villa Clara: parques Leoncio Vidal y Remedios. Cienfuegos: parque Martí y el Rápido Punta Gorda. Sancti Spíritus: parques Céspedes, de Trinidad, y Serafín Sánchez. Ciego de Ávila: parques Martí y Morón. Camagüey: parque Agramonte y plaza del Gallo. Las Tunas: Plaza Martiana y Tanque de Buena Vista. Holguín: parques Calixto García y Julio Grave de Peralta. Granma: bulevares Bayamo y Manzanillo. Santiago de Cuba: parques Céspedes, Ferreiro y Plaza de Marte. Guantánamo: parque Martí y parque central Baracoa. Isla de la Juventud: bulevar Nueva Gerona.

—¿Qué se necesita para acceder a WIFI_ETECSA?

—El usuario debe tener un dispositivo (ordenador portátil, teléfono móvil inteligente, tableta) que tenga conexión wifi y una cuenta de acceso Nauta, ya sea permanente o temporal.

—¿Qué es una cuenta Nauta? ¿Dónde se contrata y se adquieren luego los cupones de recarga?

—Una cuenta Nauta es la modalidad de acceso a Internet que puede ser temporal o permanente; esta última significa que es recargable. Se contrata en las unidades comerciales de Etecsa, donde también se comercializan los cupones de recarga. Al mismo tiempo, estos cupones ya pueden ser adquiridos con los agentes de telecomunicaciones que han suscrito contratos con Etecsa para la comercialización de los mismos.

—¿Cómo conectarse a la red WIFI_ETECSA?

—Se debe activar la señal inalámbrica (wifi) en su dispositivo. En las zonas de cobertura, el terminal detectará la señal inalámbrica mostrando los puntos de acceso presentes. Se selecciona la red o punto de acceso nombrada WIFI_ETECSA.

—¿Cómo se accede a la navegación (iniciar sesión)?

—Al utilizar el navegador web, automáticamente se muestra la ventana de autenticación del portal Nauta. Se introducen entonces los datos de la cuenta de acceso (nombre de usuario y contraseña). Se abrirá una ventana o nueva pestaña donde se visualiza el «tiempo consumido», el «tiempo disponible» y la opción «Cerrar sesión».

—¿Qué datos se introducen para acceder a la navegación (iniciar sesión)?

—Los datos que se introducen son usuario y contraseña de la cuenta de acceso Nauta (temporal o permanente). Para el caso de las cuentas permanentes es necesario escribir el usuario@dominio de la cuenta de acceso.

—¿Cómo desconectarse de la red WIFI_ETECSA?

—Para desconectarse de la red los usuarios deben  desactivar la señal wifi del dispositivo.

—¿Cómo consultar de manera rápida la información de la cuenta de acceso?

—En la ventana de autenticación Nauta se introducen los datos de la cuenta de acceso (usuario y contraseña) y se va al link (vínculo) de Información de usuario, disponible en esa ventana. Automáticamente se muestra, entre otros datos de interés, el «saldo disponible» que tiene el usuario en su cuenta de acceso; esta consulta es libre de costo.

—¿Qué pasa si no me puedo conectar al punto WIFI_ETECSA?

—El usuario debe comprobar varias cuestiones: que se seleccionó y habilitó la red WIFI_ETECSA, que en los Ajustes Avanzados de la red WIFI_ETECSA se encuentre activado el DHCP y esté sin proxy.

—¿Qué pasa si no se puede navegar?

—También el usuario debe comprobar otros aspectos: que en el navegador estén habilitadas las cookies; comprobar que se introduce el usuario y la contraseña de la cuenta de acceso Nauta correctamente y que esta tenga saldo.

—¿Qué es DHCP y cómo se activa?

—Son las siglas en inglés de Dynamic Host Configuration Protocol. Es un protocolo de red que permite asignación de direcciones IP dinámicas. Se activa en la opción Ajustes Avanzados de la red WIFI_ETECSA.

—¿Dónde se deshabilita el proxy?

—Entrando en los Ajustes Avanzados de la red WIFI_ETECSA.

—¿Qué son las cookies?

—Las cookies son pequeños archivos usados por los sitios web para almacenar información en el dispositivo (como información para iniciar sesión y las preferencias de un sitio). Es por ello que para iniciar sesión en la ventana de autenticación del portal Nauta se necesita tener habilitadas las cookies.

—¿Cómo activar las cookies?

—Las cookies se activan entrando en los Ajustes del navegador de su dispositivo, en muchos navegadores esto se encuentra en la opción de Seguridad y privacidad.

—¿El uso de la cuenta de acceso Nauta desde esta modalidad de acceso (wifi), descuenta del saldo del móvil?

—No, se descuenta del saldo de la cuenta de acceso de Nauta, nunca del saldo del móvil.

—¿Cuál es la velocidad de conexión a través de wifi?

—Hasta 1 MB por usuario.

—¿Cuántas personas pueden conectarse en un sitio WIFI_ETECSA?

—Depende de la configuración del área; en las más pequeñas, hasta 50 usuarios, y las más grandes, cien usuarios simultáneamente.

—¿Se puede utilizar la cuenta Nauta en otro sitio que no sea WIFI_ETECSA?

—Sí, en todos aquellos sitios que la autentificación del servicio sea mediante la plataforma Nauta y donde el punto de acceso no tenga una restricción a solicitud del tercero que la utiliza.

A %d blogueros les gusta esto: