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En Boca de Samá hay suficientes razones para repudiar el terrorismo de #EEUU contra #Cuba. #TenemosMemoria

Resultado de imagen para ataque a Boca de SamáPor Arnaldo Vargas Castro.

Quien visita por primera vez la comunidad costera de Boca de Samá (municipio de Banes, a unos 70 kilómetros de esta ciudad de Holguín), interactúa con sus sencillos y alegres habitantes, mientras disfruta la paz y agradable brisa marina , está muy lejos de imaginar que 46 años atrás (12 de octubre de 1971) terroristas entrenados y patrocinados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, irrumpieron en el lugar, dejando un saldo de dos muertos y tres lesionados, incluyendo una niña.

Esa historia ha sido contada muchas veces por sobrevivientes del ataque, como Carlos (Chino) Escalante Gómez, quien recibió varios impactos de balas en su cuerpo y se desempeñaba como jefe del puesto fronterizo, que se divisa en una elevación rocosa al nordeste del caserío; Nancy Pavón, que era apenas una niña soñadora, como su hermanita Aracelis, cuando la metralla le cercenó un pie, impidiéndole calzar zapatos de por vida; y el también lesionado obrero agrícola Jesús Igarza Osorio.

Escalante, pegado siempre al litoral, donde mantiene su humilde hogar y la costumbre de mirar hacia el anchuroso mar, no puede evitar que se le nublen los ojos cuando recuerda la muerte de los valiosos jóvenes, Lidio Rivaflecha Galán, oficial del Ministerio del Interior (Minint); y el miliciano Ramón Siam Portelles, en el enfrentamiento a los invasores, quienes, dando muestra de su cobardía, se retiraron a toda prisa hacia la lancha que los devolvería al barco estadounidense que esperaba distante en alta mar y de donde dispararon con armas de mayor poder hacia el caserío.

Una vez en su guarida miamense, los terroristas contaron la imaginaria hazaña de haber aniquilado “a un grupo de combatientes comunistas del puesto fronterizo en un pueblo llamado Boca de Samá”.

Todos los años, en esta fecha, los vecinos de Boca de Samá recuerdan aquel suceso y se aferran más a la idea de no permitir jamás que vengan terroristas del Norte a perturbar la calma en que viven, trabajan, estudian, reciben servicios médicos y comparten sus memorias con amigos de diferentes países que los visitan e incluso, allí se han celebrado diversos talleres contra el terrorismo de Estado, organizados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Los visitantes se impresionan con la belleza del lugar, la higiene, el ordenamiento de las viviendas, los pequeños acudiendo a su escuelita primaria, el acceso a los servicios médicos, comerciales y gastronómicos, las actividades que realizan en un círculo social y cómo se conserva y promueve la historia del lugar desde un pequeño museo.

Recuerdo el día en que tuve la oportunidad de encontrarme en Boca de Samá con Griselda y Yudith, respetivas hijas de Rivaflecha Galán y Sian Portelles. Ellas me hablaron del orgullo de su cubana, de cómo las alimenta el recuerdo de sus padres, porque supieron exponer sus vidas en cumplimiento del deber patrio. “Ellos hicieron lo mismo que haríamos nosotros hoy si llegase a ocurrir otro ataque mercenario por aquí”, concluyó Yudith.

Para eternizar en la memoria de aquel triste suceso “…y que jamás se vuelva a repetir”, como aseveró Chino Escalante, a la entrada de Boca de Samá se levantó un monumento contra el terrorismo, que es visitado por todo el que llega a ese apartado lugar de la geografía holguinera, cuyo nombre se deriva de la ensenada que da acceso al caserío y cuyas primeras menciones se relacionan con las exportaciones de banano que hacía desde allí, la compañía estadounidense United Fruit Company, denominada después como United Fruit Sugar Company.

Han pasado los años, pero se mantiene viva la memoria, porque el gobierno de estados Unidos actual no concibe posibles cambios en las relaciones entre ambos países. Los asesores del presidente muestran a una Cuba que amenaza al imperio, pero jamás mencionan la invasión mercenaria por Playa Girón y las 681 acciones terroristas cometidas contra este noble pueblo con la irreparable pérdida de tres mil 478 mujeres, hombres y niños, así como más de dos mil discapacitados.

Por todas esas razones, en Cuba resulta imposible olvidar

Tomado de Visión desde Cuba

Una entrevista a Orlando Borrego, asistente y confidente del Che Guevara

Por Miguel Bonasso
tomado de Segunda Cita

El guerrillero argentino ayer hubiera cumplido 75 años. Página/12 habló con el autor de dos libros sobre sus ideas y vida, que combatió con él en la Sierra, fue su viceministro, su compañero de seminario sobre “El Capital” –con Fidel también de alumno– y nunca pudo cumplir el encargo de crearle “una fuercita aérea” en Bolivia. Un diálogo que aclara algunos mitos y malentendidos y describe al hombre y al comandante.

Cuando Orlando Borrego recibió los materiales para un futuro libro que le enviaba su jefe, el Che Guevara, desde Praga, estaba muy lejos de imaginar que contenían una terrible profecía: la implosión hacia el capitalismo de la Unión Soviética. El Che, a quien Borrego había secundado en la creación y desarrollo del famoso Ministerio de Industrias, colocaba la lente sobre el famoso Manual de Economía Política ordenado por Stalin y llegaba a conclusiones sorprendentes para la época (1965): “El estudio sereno de la teoría marxista y de los hechos recientes nos colocan en críticos de la URSS (…) Creemos importante la tarea (del libro) porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin, ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es más trágico, esto no se refiere solamente a un campo de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados finales son incalculables. (…) La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: se está regresando al capitalismo”.

El documento guevarista, de gran valor teórico e histórico, está contenido en el libro Che: el camino de fuego (Ediciones Hombre Nuevo, Buenos Aires, 2001) del cubano Orlando Borrego, junto con otros aportes fundamentales sobre la reflexión teórica que iba procesando el Che mientras trabajaba en la construcción práctica del socialismo cubano. El próximo martes, 17 de junio, Borrego presentará en Buenos Aires su nuevo libro Che, recuerdos en ráfaga que complementa, desde el terreno anecdótico, el nuevo abordaje sobre la rica personalidad del Comandante Guevara iniciado con El camino del fuego.

En vísperas de la presentación, Borrego dialogó con Página/12 y el cineasta Tristán Bauer -un especialista en el tema guevarista- acerca de esos años decisivos (1959 a 1965), en que vivió día a día junto a su famoso jefe las etapas fundacionales de la Revolución Cubana. Desde aquel día lejano en que el joven estudiante y militante del 26 de Julio se integró a la columna 8 “Ciro Redondo”, al mando de un argentino irónico, aparentemente despectivo, que en un almuerzo inaugural le dijo para pincharlo: “Los estudianticos no sirven para combatientes”. Y luego, de postre, le cuestionó su afición “burguesita” por los Lucky Strike, hasta que el “estudiantico” reaccionó y el Che se disculpó con una carcajada: “Bueno, no te pongas bravo” y, en relación a los cigarrillos, “los americanos también producen buenas cosas”.

Vendrían después los entrenamientos y combates, hasta la histórica toma de Santa Clara, en la que Orlando Borrego participó “modestamente”, según sus palabras. Sin embargo, para su frustración, no pudo marchar con el Che a La Habana y permaneció en Santa Clara como ayudante de regimiento. Hasta que Guevara, establecido ya en La Cabaña, debió reemplazar a un general de Fulgencio Batista que comandaba la junta económico-militar de la fortaleza. Suárez Gayol, uno de los colaboradores del Che, le sugirió que designara a Borrego, que era contador. Entonces, el joven primer teniente de la revolución pasó a sustituir a un general de intendencia en aquel cuartel maestre de gran complejidad en el que la dictadura de Batista había metido hasta cines y tiendas de lujo para los oficiales superiores. Paralelamente a sus tareas administrativas, Borrego fue nombrado jefe de los tribunales que sentenciaron a los torturadores batistianos.

En agosto de 1959, en una reunión informal, el comandante Guevara le preguntó si quería trabajar con él en “la aventura de la industrialización” y no lo pensó dos veces. Cuando al Che lo nombraron presidente del Banco Nacional de Cuba, Borrego quedó como jefe del Departamento de Industrialización, “aunque para nada entendía de aquello”. A partir de ese momento se convertiría en el segundo de Guevara y en el hombre que habría de reemplazarlo en los viajes, hasta quedar a cargo de la decisiva industria azucarera y no poder acompañar al jefe en la lucha del Congo y en la encrucijada final de Bolivia.

Entre el ’59 y el ’63 vivieron una odisea muy bien relatada en los dos libros de Borrego: “Los nuevos administradores no sabían nada. Una vez nombramos a un muchacho de las FAR que todavía no había cumplido los veinte años. Cuando armamos el Ministerio de Industrias ya había cientos de fábricas y la cosa se volvía inmanejable: trabajábamos desde las nueve de la mañana hasta las tres o cuatro de la madrugada. Yo despachaba todas las noches con el Comandante, hasta que en una de esas desveladas me dijo: ‘Oye, nos estamos agotando demasiado, hagamos un pacto, no nos quedemos más allá de la una de la madrugada'”.

-¿Cómo era el Che en la jefatura? ¿Tan duro como algunos lo pintan? 

-Esa es una parte que yo quiero desmitificar, porque se lo ha pintado como el jefe guerrillero superduro. Si bien un jefe militar no puede ser nunca muy blando, supo ser con todos nosotros afectuoso y bromista. Como cualquier ser humano tenía contradicciones, era superorganizado en la dirección del trabajo en el ministerio y desorganizado para sus documentos personales. Lo veo frente a su escritorio, con un lío de papeles, donde sin embargo sabía dónde estaba cada cosa. ¿Tal carpeta? Para allá, le decía al secretario.

-¿Quién era el secretario? 

-Es interesante, porque de ese hombre no se ha hablado nunca, José Manuel Manresa, que murió hace poco tiempo. Había sido soldado de Batista y el Che, que calaba a la gente, se olvidó que ese hombre había sido soldado de Batista y lo mantuvo a su lado, primero como mecanógrafo y luego como el hombre total de confianza que incluso lo inyectaba cuando le daban los ataques de asma. Manresa se manejaba muy bien en el desorden del escritorio y sabía dónde estaba cada cosa. Había tal empatía con el Che que ya se entendían por señas. A veces bastaba un gruñido, un sonido ininteligible y Manresa sabía que debía buscar la carpeta azul.

-¿Cómo hablaba el Che? ¿Con un acento híbrido entre argentino y cubano? 

-No, no, otra mentira, otra leyenda. El Che asimiló el lenguaje cubano. Ya cuando fue a la Sierra Maestra, hablaba como cubano. Ahora sí, es verdad que cuando se irritaba por algo le salía el acento argentino, las palabras argentinas.

-¿Cómo lo definiría, dejando las hipérboles, en aquella etapa de construcción? 

-Jamás se me ocurren elogios desmesurados en relación al Che. Pero sí considero que es un clásico de la ciencia de la dirección. Que se apegó a estudiar como un salvaje, no sólo la experiencia socialista sino también la capitalista, con autores de las escuelas más conocidas de aquella época. La organización del ministerio, que estuvo a cargo de Enrique Oltuski, es un precedente muy importante en Cuba…

-Según diversas biografías, Oltuski sería uno de los hombres claves del Che.

-Sí. Un personaje: polaco, judío, formado en Estados Unidos. Durante la lucha guerrillera, Oltuski (que era el jefe de Las Villas) tuvo broncas horribles con el Che, pero el comandante lo nombró jefe del proyecto de organización del Ministerio de Industrias. Y Oltuski hizo una gran tarea apoyado en especialistas, incluso algunos que habían sido asesores de organización de grandes empresas norteamericanas. Trabajó en ese proyecto durante meses. Mientras seguíamos en el Departamento de Industrialización que funcionaba en la Plaza de la Revolución, en el edificio donde ahora está el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Hasta que nos asignaron el edificio donde ahora está el Ministerio del Interior. El Che iba revisandoel proyecto cada tanto tiempo. Cuando Oltuski terminó fuimos al ministerio y el Che comenzó su inspección por el comedor, preparado ya para recibir a toda la gente, con el menú semanal incluido. En las oficinas estaban todos los detalles cuidados: los documentos, los papeles, las lapiceras, los lapicitos afilados, todo eso. Nunca se ha hecho en Cuba después una organización con semejante detalle, en la que bastaba con trasladarse y ponerse a trabajar. Ayudamos todos pero el que dirigió ese proyecto fue Oltuski, el polaco, un tipo riguroso, que había trabajado en la Shell y sabía de organización. O sea que la selección del Che fue excelente. Cuando llegamos al despacho del ministro, el Comandante dijo al abrirse la puerta, “esto sí que no lo acepto”. Porque se habían puesto unos muebles que no eran lujosos, pero él consideró lujosos porque tenían mucho color.

-Era muy duro en la ideología de las costumbres, ¿no? Muy austero.

-Superaustero. En todo, en la comida, en todo, de no aceptar nada que el pueblo no tuviera también, de no tener ninguna distinción porque era jefe. Por eso, cambió los muebles que le parecían para señoritos y hoy el despacho se conserva tal cual, como museo. Bien, cuando pasamos al nuevo edificio se armó el equipo de viceministros, y él me nombró viceministro de Industrias Básicas y luego su segundo (viceministro primero) para coordinar todo el trabajo de los viceministros, despachar con él y aliviarle la carga, porque era además jefe de una región militar y atendía la Junta Central de Planificación.

-¿En qué etapa? 

-Desde el ’61 hasta el ’64. Hasta que se fue al Congo. Durante ese tiempo estuve yo como viceministro primero y después, cuando le dio la gana, me nombró ministro del Azúcar. ¿Eso tú sabes cómo fue? Yo estaba en la casa, me había acostado a las 3 o 4 de mañana y llamó como a las 6 y pico. El era muy afónico cuando llamaba por teléfono, tenía una voz muy especial, y me dice: “Bueno, estate acá dentro de unos minutos, en la casa”. Y salí para su casa. Y me abrió la puerta y me dice con esa cara de ironía: “Buenos días, señor ministro”. Y nada más. Y yo dije: “Bueno, se va de viaje otra vez”. Porque yo me quedaba de ministro. Y me dice: “No, no me voy de viaje, pasa para acá”. Y nos sentamos. Y me dice: “Anoche te designamos ministro de la Industria Azucarera”. Y dije: “¿Cómo?”. Se había decidido la famosa zafra de los diez millones. Esto fue muy duro porque yo había soñado con que cuando el Che se fuera de Cuba, yo sabía que se iba a ir, y entonces yo iría con él.

-¿Usted ya sabía que se iba a ir a otro lado? 

-Sí, ya sabía. Lo sabíamos desde México, porque en México le dijo a Fidel que cuando se encaminara la Revolución Cubana quería irse a luchar a América latina, por supuesto a Argentina, y que no quería ningún tipo de limitación y eso fue un compromiso personal de Fidel. Sobre este tema se han escrito muchas mentiras y toda esta infamia de que el Che se fue de Cuba disgustado con Fidel. Así que volviendo a lo del ministerio, me dijo: “Sí, se te designó anoche”. Y yo: “Es una broma, ¿no?”. “No, broma no, se te designó anoche”. “Oye, ven p’acá, ¿yo soy una mesa o una silla?” “No, ¿por qué dices eso?” “¿Es que a mí se me puede mover como un objeto? ¿Y si no estoy de acuerdo con ser ministro?” “Vamos, vamos… que un carguito de ministro le gusta a cualquiera”. Yo tenía 26 años entonces y no sabía nada del sector azucarero.

(En ese punto del diálogo interviene Tristán Bauer para recordarle a su amigo Borrego que no nos ha contado todavía cómo funcionaba el grupo de jefes revolucionarios que se puso a estudiar El Capital de Carlos Marx.) 

-Al tercer año del triunfo de la revolución, se decide en el Consejo de Ministros crear un seminario sobre marxismo, y empezar a estudiar El Capital. En el grupo estaban Fidel, el Che y otros compañeros. Entonces les piden a los soviéticos que manden alguien especializado en El Capital y los soviéticos designan a un compañero que se llama Anastasio Mansilla, que era uno de aquellos muchachos españoles que cuando la guerra de España sus madres los mandaron para la Unión Soviética porque tenían miedo que los mataran. Mansilla llegó a la URSS a los nueve o diez años, creció y estudió allí, se hizo economista y después doctor especialista en El Capital. Ese era el profesor enviado por Moscú para darle clases al Consejo de Ministros de Cuba. Dicen que el seminario era tremendo, Mansilla cuenta las discusiones. Allí en el libro yo cuento que Fidel y el Che eran los alumnos más difíciles. Me lo contó Mansilla, con quien nos hicimos amigos. El me ayudó con el profesorado que hice en la Unión Soviética, murió ya. Me contaba que las discusiones eran tremendas, aunque con mucho respeto por el profesor que trataba a los comandantes como simples alumnos. Un día discutían el capítulo sobre las formas de reproducción ampliada del capital. Y Fidel Castro le dijo al profesor, con todo respeto: “Quiero que usted revise, porque yo me he encontrado con un error de traducción en ese capítulo”. Trabajaban sobre la edición clásica del Fondo de Cultura de México. Y el profesor replicaba: “Comandante, yo soy profesor especialista en El Capital, y allí no hay ningún error”. Al otro día vuelve Fidel y le dice: “Mire, profesor, yo le ruego revise, tómese el tiempo, si usted quiere se pasa a un despacho el tiempo que quiera, porque hay un error”. Y Mansilla se pone a estudiar y efectivamente había un error. Cuando terminó el seminario, el Che le dice a Mansilla, que había ido a Cuba contratado por un año: “Yo quiero trasladar el seminario éste al Ministerio de Industria, para continuar más a fondo con el estudio de El Capital, con el equipo mío de dirección”. Y Mansilla dice: “Bueno, Comandante, yo vine por un cierto tiempo a Cuba, eso hay que hablarlo con la Unión Soviética, con el partido”. Hablan con el partido, y Mansilla regresa a Cuba, por otros dos años, para el seminario en el Ministerio de Industrias. Donde participó el Che y todos los viceministros. Empezábamos a las nueve de la noche y a veces uno amanecía con el profesor estudiando. Con mucho rigor y mucha polémica. Porque había mucha polémica entre el Che y el profesor, por como pensaba el Che y como pensaban los soviéticos. Aunque el Che discutía de manera diplomática. No así Oltuski. Una noche se produjo una discusión, Oltuski no pudo más y dijo: “Mire Mansilla, ya no joda más que éstas son mariconadas de Nikita (Kruschov)”. Mansilla se enojó y le dijo: “Altuski -no le salía decirle Oltuski- yo no jodo más y no le permito que diga eso”. El Che lo regañó a Oltuski y cuando se fue Mansilla le dijo: “Eres una mierda tú, es una falta de respeto… pero es verdad que Nikita es maricón”. (Risas.) 

-Lo cual nos lleva a ese documento clave en su libro El camino del fuego, que es el análisis que le envía desde Praga en 1964.

-Con el Che teníamos una correspondencia clandestina cuando él estaba en Praga. El estudiaba aquel Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y me manda algunos manuscritos con Aleida (March, la mujer de Guevara). El me sugería en aquella correspondencia que trabajáramos en un libro sobre ese tema, del cual me mandó el prólogo. Entonces qué hizo: tomó el manual que había encargado Stalin, le hizo algunas marquitas y notas al margen y empezó a escribir la crítica a cada parte. La idea era que yo lo trabajara con un par de compañeros para hacer un libro.

-Ese texto le otorga un valor trascendente a su libro, porque allí se profetiza la implosión de la Unión Soviética un cuarto de siglo antes de que ocurra.

-Una herejía… tan herejía, que cuando yo recibo los cuadernos de Praga y me los empiezo a leer no lo podía creer. Imaginate tú, yo que estaba intoxicado de materialismo histórico, dialéctico, decir que aquello se derrumba, imaginate tú… (Interviene Tristán: “En 1965. ¿Quién decía eso en la izquierda en aquel momento?”) 

-Nadie. Una herejía. Los que habíamos estudiado, materialismo histórico sobre todo, no concebíamos que un régimen social pueda regresar atrás, que el socialismo retorne al capitalismo. Es una herejía… y es la verdad. Fidel dijo hace poco en relación con eso: “El Che era el único adivino que había entre nosotros”.

-O sea que el Che no tenía una visión dogmática del marxismo.

-Para nada, el marxismo para él es una guía para la acción. Como lo es para marxistas lúcidos como Mariátegui o Gramsci. Distinto en cada país, Perú, Cuba. El Che caracterizó a Cuba como un país subdesarrollado pero con ciertos niveles de desarrollo, con su sector industrial azucarero, carretera central, teléfonos, radio hasta en la Sierra Maestra, diarios y revistas, una producción cultural.

-¿Cómo fue la despedida? ¿Usted supo lo del Congo y luego lo de Bolivia? 

-Yo sabía que se iba a algún lugar, pero no me dijo me voy para Africa tal día ni nada de eso. Pero hubo un encuentro con él que a mí me llamó mucho la atención, porque unos días antes de marcharse, yo estaba en el Ministerio del Azúcar y me llama, y me da una serie de consejos: “Estamos en tiempos difíciles, tienes que trabajar con mucho cuidado, siempre tienes que alertar a Fidel de cualquier cosa que pienses, siempre dile la verdad”, porque el plan era muy difícil, el de la zafra de los diez millones. Yo pensé: “¿Por qué me dirá todo esto?” Y me sigue diciendo, “me voy a cortar caña unos días a Camagüey. Me voy a pasar un mes cortando caña”. Le dije, “déjeme saber adónde va a estar” y me contestó “déjame eso. Eso lo organizo yo, no te preocupes por nada”. Del Congo no me dijo absolutamente nada. Esa es la verdad histórica. El se va al Congo, termina el Congo, viene Praga, allí empezamos los carteos, yo no tenía idea de que iba a volver a ver al Che y le ofrecí irme con él. Le hago una carta diciéndole que me mande a buscar y me envía una carta que reproduzco parcialmente en el libro, porque hay otra parte muy personal que no quiero publicar por el momento. Pero yo sabía que se acercaba la ida del Che por un hecho muy concreto que es la guerrilla de Salta, viene (Jorge Ricardo) Masetti, para acá, para la guerrilla de Salta. Y con él salen para acá, para Argentina, dos entrañables hermanos míos que eran dos escoltas del Che. Eso al Che lo golpea tremendamente. Yo sé que el Che está al irse.

-Su objetivo estratégico era Argentina, Bolivia era un paso…

-El objetivo estratégico de la guerrilla de Bolivia era la Argentina. Esa es la historia. Después de lo Praga yo decía, dónde estará este argentino ahora, y soñaba acompañarlo, ya en la carta me dice: “Para la segunda etapa harán falta hombres. Esa etapa va a ser muy difícil. Cuando haya la oportunidad, tú serás bienvenido. Todo depende de ti y de nuestro jefe”. Pero Fidel no me autoriza y por eso yo no caigo en Bolivia. Me quedé allí trabajando en el ministerio y estuve un año muy mal después de la muerte del Che. No podía aceptar que el Che estuviera muerto. Tuve problemas psicológicos. Soñaba con el Che haciendo un discurso.

-Hay una foto muy elocuente en el libro: están ustedes dos sentados, sonrientes, distendidos. Sin embargo, el epígrafe dice: “En San Andrés, Pinar del Río, semanas antes de su partida a Bolivia. La foto fue tomada por el propio Che con una cámara automática (agosto 1966)”. Lo que primero salta a la vista es que el Che ya no tiene barba. Ha comenzado su transformación. Pero todavía no se ha afeitado el pelo, ni se ha caracterizado de viejo. ¿Cómo fue la despedida? 

-Un buen día llega Ariel Carretero, quien me traía las cartas del Che cuando lo de Praga, y se me aparece y me dice que viene con una noticia importante para darme: “¿Tu jefe está aquí?” “¿Qué jefe?” “El Che. Y te acaba de mandar a buscar y que vayas a verlo enseguida.” Entonces Celia Sánchez arregló las cosas y salimos enseguida. En una operación supersecreta, imaginate, la vida de él. Allí yo insisto en que me voy a Bolivia. El me dice “que tú estás en el ministerio” y luego concede: “Bueno, sí habla con Fidel, si Fidel acepta, descuéntalo” y “me vas a ayudar a organizar una fuercita aérea en Bolivia”. Lo decía porque él y yo nos hicimos pilotos de aviación juntos. También dijo: “Y te vas a ir con tu cuñadito”, Enriquito Acevedo, que era uno que él quería mucho, que siempre estaban fajados. “Si Fidel aprueba lo de Enriquito sí, si no no”. Entonces yo voy y hablo con Fidel y por supuesto le meto un discurso, y me dice “Borrego, Borrego, si el Che fue el que insistió que fueras ministro de Azúcar. Ahora vas a dejar ese ministerio embarcado”. “Mira, cuando esté eso más consolidado yo voy a estar de acuerdo”. Y acepta que yo me vaya cuando el Che esté consolidado en Bolivia. Luego fue a mi casa y le dijo a mi mujer, Martica, con quien se llevaba muy bien: “Martica, para que sepas que en algún momento éste se va a ir para afuera, porque éste es un ave migratoria”, entonces, Marta le dice “yo ya me imaginaba”. Quedamos en ese acuerdo. Se va el Che para Bolivia y yo ya le cuento a Enrique de esa posibilidad. Saltaba como un niño chiquito, saltaba frente a un espejo, contento con irse con el Che para Bolivia.

REMEDIOS CONTRA EL OLVIDO

Ronaldo Veitía: Nunca las cosas me han sido fáciles

tomado del blog Un guajiro arrepentío

Por Lemay Padrón Oliveros

Es absolutamente inconfundible, no solamente en Cuba, sino también en el planeta judo. Su trayectoria llena de éxitos deportivos, y marcada también por algún que otro virón de ojos a los árbitros cuando se sintió perjudicado, lo hacían un punto de referencia en el arte de los judoguis.

Al decidir que ya no seguiría al frente de la selección nacional femenina de Cuba, el profesor Ronaldo Veitía, cinta negra y octavo dan, sorprendió a más de uno. Muy orgulloso de sus “57 medallas mundiales, entre ellas 16 campeonas, más que Brasil, Estados Unidos y Canadá, sumando ellos masculinos y femeninos, y habiendo comenzado ellos mucho antes que nosotros, y con más recursos económicos”, decidió dar el paso al costado cuando no se sintió a gusto.

Gracias al prestigio ganado en estas décadas, ha impartido cursos en Ecuador, Francia, Colombia, Portugal, Canadá y Estados Unidos, pero vayamos al origen. ¿Cuáles fueron sus principales resultados como atleta?

“Competí en varios dual meet, contra Panamá y la República Popular Democrática de Cores, y también tuve resultados aceptables en campeonatos nacionales. Tengo un libro que saldrá próximamente llamado “Ronaldo Veitía: Ippón de historias”, donde explico que nunca las cosas me han sido fáciles. Yo tenía una hermana que vivía en Miami, y en aquel entonces eso era una mancha. A lo largo de mi vida demostré que he ido hasta el fin del mundo, casi 60 países, y seguimos aquí. A la editora le dije, si vas a censurar algo de lo que escribí, publico el libro en el extranjero, pero me prometió que saldría íntegramente.”

¿Y esa vena de escritor?

“Historia que no se escribe, se olvida, y por eso me gusta publicar libros. No se trata de darse bombo, sino de divulgar lo que han logrado nuestras judocas; las Marianas del general Veitía, como nos han puesto.”

¿Cómo valora sus relaciones con la prensa?

“Tengo 12 álbumes, desde que comencé en el judo, con recortes de periódicos y revistas. En mi primer Mundial conquisté dos séptimos y un quinto lugar. Un periodista que ya falleció sacó un trabajo en el que hablada de todo lo logrado por la RFA, que había ganado el Mundial. No mencionó nuestro resultado y eso me molestó, porque según él, lo que valían eran las medallas. Llegó el Mundial de Yugoslavia, donde Estela Rodríguez se convirtió en la primera campeona mundial del judo cubano, masculino y femenino. Entonces vino el mismo periodista a entrevistar a Estela y le dije: el último que la entrevista, eres tú.

“Igual me pasaron cosas muy lindas, aunque recuerde sobre todo estas más recientes, como una crónica que me hicieron en la televisión el día de mi retiro.”

¿Qué pensó cuando lo pusieron al mando del equipo nacional de mujeres en 1986?

“Me dije, me quieren embarcar, porque las mujeres siempre he dicho que son como un crucigrama: cuando tienes resuelta la línea horizontal, te falta la vertical; impredecibles como el clima: sol abrasador por la mañana y por la tarde tormentas que desbordan ríos. Pero eso es lo que las hace interesantes. Si no hubiese trabajado con mujeres hubiera visto la vida de manera distinta. Estar con ellas me hizo ver cuánto valen y cuánto te pueden aportar en tu vida. Mi esposa siempre me decía: tienes que entenderlas, cuando llegaba bravo por algo que ocurría. Yo les decía a ellas, es increíble que las discusiones con mi mujer sean por culpa de ustedes. Muchas la ven como una madre, porque hasta han coincidido fuera de Cuba y ella sabe el trabajo que se pasa para ser campeón.”

Sé que la fe también le ha traído sus problemas…

“Yo siempre fui creyente de San Lázaro. Cuando gané los Juegos Olímpicos por equipos en Sydney-2000 nadie me echó a ver las medallas que siempre llevo al cuello. El entonces presidente del Inder, Humberto Rodríguez, estaba muy contento y me dijo que podía llamar gratis a la casa cuantas veces quisiera. En fin, mucha alegría porque logramos el hecho histórico de dominar el medallero en un torneo como ese. Cuatro años más tarde alcancé cinco medallas, pero una plata y cuatro bronces. En ese momento se fijaron en que si yo tenía las cadenas, que si la parte educativa se afectaba porque le inculcaba eso a las muchachas, y hasta mi moñito me criticaron. Eso no me gustó nada, porque ya en ese momento llevaba casi 20 años como entrenador principal del equipo femenino, y tuve campeonas de todo tipo, también militantes de la UJC y el PCC, como yo mismo. Yo dije que sí era creyente, y que si había problemas, que nombraran a otro, pero que mi fidelidad a la revolución no tenía nada que ver con eso.

Lo que hice fue trabajar más duro y ser mejor cada día. Para que no hablaran de más, me sumé al cuello una medalla del Che, para que vieran que yo también creía en el hombre nuevo, ¿qué mejor santo que el Che?, y ahí está, junto a mi San Lázaro. Así se calmaron las aguas.”

Muchos piensan que estar en su posición le hace aprovechar ciertos privilegios…

“Una vez pedí ayuda para adquirir una taza de baño, y el Jabao (Tomás)Herrera me dijo que me iba a poner en una lista. Entonces le solté uno de mis refranes: le pido a Dios que no me dé, que me diga donde hay y yo me lo busco solo. Es más bonito no tener que pedirle nada a nadie. Cuando yo llegué al Cerro Pelado yo tenía mi casa y nunca pedí nada, las mejorías en mi casa las he realizado con mi esfuerzo.

“El Comandante (Fidel Castro) me regaló un Lada, y cuando decidí comprarme un KIA, me exigieron que debía devolver el Lada. Luego cuando se me rompió el motor del KIA también fue una historia para llorar, porque terminé pagándolo de mi bolsillo en una tienda como un cubano más.

“Tuve problemas hasta con mi jubilación. Lo que quiero ahora es tranquilidad. Me pidieron que siguiera con Idalys (Ortiz), pero por mi salud no podía dedicarle el tiempo que ella merece. Ella lloró mucho y hablé con la sicóloga para que hiciera un trabajo fuerte con ella, pero ya yo quería terminar. Con ella también tuve la satisfacción de que entrené a la única judoca no asiática que se lleva un oro en una Olimpiada en la máxima categoría. Te dejo otra historia; el anterior presidente del Inder le dijo: ¿tú sabes cuántos niños están sin casa en estos momentos?, y no le dio una casa. Son cosas que disgustan.

“Te voy a hacer otra anécdota. Gracias a Eugenio George, que para mí es un Dios, Estela logró vestirse para el Mundial. Fui a pedir un mono y me dijeron, no existe porque no tienes una firma que te vista. Eugenio enseguida me dijo, ve al almacén con Estela para que le tomen las medidas, y así fue como ella subió al podio a recibir su medalla vestida con un mono de Mizuno, que era la del patrocinio con el voleibol cubano.”

Coménteme algo de esos amigos que le regaló el judo…

“Nadie sabe las cosas que hemos logrado por la amistad y por admiración hacia nuestro trabajo y el esfuerzo de las muchachas. Desde una caja de frutas hasta una gira completa por Europa, y a veces molesta que aquí no hubiéramos recibido el mismo tratamiento. No tenemos cómo pagarles a los amigos de años en Francia y en Japón, ha sido una ayuda invaluable. Aquí tuve problemas porque protesté cuando me quitaron la preparación de altura. Gracias a ese trabajo llegamos a ser campeones mundiales y olímpicos, pero hemos acostumbrado a la gente a que aunque nos den solamente un ladrillo, levantamos una casa, y eso no puede ser.”

¿Y los enemigos?

“Mi difunta madre decía: cuando un hombre hace una obra que sobrepasa dos centímetros de su cabeza, tiene muchos enemigos, y yo no quería creerle, pero es verdad. Uno gana muchos amigos, pero también muchos enemigos, se ve en el boxeo, cuando alguien gana mucho, ya quieren que pierda, aunque lo admiren. Enrique Núñez Rodríguez me contó una vez que el difunto Félix B. Caignet le dio una lección. Núñez Rodríguez estaba preocupado porque cada vez que hacía algo bueno, siempre alguien lo criticaba, y Caignet le dijo: no te preocupes, que esa es la envidia, que es admirar con rabia, quieren ser como tú, pero no pueden. A eso Núñez Rodríguez le agregó una frase más que me dijo: el rayo nunca busca la verdolaga, siempre busca la palma más alta, búscate pararrayos, que lo vas a necesitar.”

Personalmente, uno de los triunfos más emotivos considero que fue el de Legna Verdecia en Sydney-2000. ¿Cómo lo recuerda?

“Estaba en desventaja, pero yo le decía: aquí estamos tú y yo nada más. El resto del mundo tiene apoyo en todas partes, pero los cubanos no llevan público a las competencias, por eso le decía que confiara y me escuchara. Además, ocurrió el incidente con la bandera, cuando un federativo me quiso quitar la bandera en el momento de la celebración, y lo tuve que empujar. Eso me costó no salir a la esquina al otro día, pero algo como eso no se puede dejar pasar. Desgraciadamente creo que mi ausencia afectó a Driulis (González) en la final, que perdió por un detallito.

¿Y su relación con los árbitros?

“Algunos dicen que fue por mí que se puso la regla de que los entrenadores no pueden hablar sino hasta que el árbitro canta Mate. Entre las cosas que más me han dolido en todos estos años han sido las injusticias arbitrales. El ejemplo más claro está con Yalennis Castillo en Beijing-2008, que fue un despojo. Hubiera sido otro oro para Cuba, y en Londres-2012 hasta el título por países, porque quedamos segundos con un oro y una plata, y ganó Japón, con una de cada color, pero a (Yanet) Bermoy no le marcaron un yuko en la final que le hubiera dado el oro. Si hubieran sido justos mis muchachas hubieran logrado mucho más, pero a lo largo de la historia este deporte ha sido muy clasista y discriminatorio.”

La derrota más dolorosa…

“La de Daima Beltrán en Atenas. Una medalla ya en el bolsillo que se perdió en un instante. Uno mira lo que se hizo, pero siempre sueña con lo que se pudo hacer. Muchas veces dije que se necesita invertir para tener resultados, y dejábamos de ir a competencias asequibles para nosotros. Idalys fue bronce en Beijing con 17 años, la primera medalla de la delegación. La china fuera de serie le ganó solamente por yuko. Meses más tarde había Mundial, y dijeron que no había presupuesto para llevarla. Hoy es la gran estrella, pero si en ese momento se le hubiera dado al tomeguín el alpiste que merecía, hoy cantaría mejor.”

¿Su mejor alumna?

“Todas tienen un lugar en mi corazón, por eso no me gusta mencionar a algunas por encimas de otras.”

¿Y algún caso que no rindió lo que usted esperaba?

“Diadenis Luna podía haber dado mucho más, pero tenía su forma de ser. En general creo que todas merecían mucho más, si se entregaban con más ímpetu. No me puedo quejar, porque vi a Driulis campeona olímpica con serios problemas en la cervical, a Legna ganar un torneo en Alemania con un dedo fracturado, etc.”

¿Por qué aprendió francés antes que japonés?

“Creo que he ido más a Francia, y a lo mejor como el idioma se parece más, no sé. Del japonés solamente domino el vocabulario del judo.”

En los últimos tiempos el deporte cubano fue duramente golpeado por las deserciones, y el judo no fue la excepción. ¿Cómo vivió esos momentos?

“Siempre trabajamos para que la fidelidad no se pierda. En el caso de Yurisel Laborde, que fue el más sonado, ella tenía insatisfacciones, porque fue dos veces campeona y subcampeona mundial, y cuando hizo una petición no recibió la respuesta correcta. Siempre digo que cuando alguien se marcha, hay que ver cuánta culpa tenemos nosotros en Cuba.”

Dirigir tantos años seguramente le trajo también momentos duros, en los que debió tomar difíciles decisiones…

“Los momentos de decisiones no son de titubeos. Yo muchas veces consulto con la foto de mi difunta madre y, si recibo respuesta, ¡adelante! Creo que me ha salido bien, como cuando para Beijing subimos de peso a Yalennis y terminó con esa injusta plata, con solamente dos meses en esa categoría. La vida no se ha hecho para entenderla, sino para vivirla, mientras van pasando los años entiendes un poco más, pero a veces te llega la muerte y todavía no la entiendes.

“Yo les decía a mis alumnas: voy a dar cinco pesos por cada minuto de llegada tarde que tenga, y cuando empezaron a pagar el estímulo en CUC me dijeron, suba el precio profe, y les dije: está bien, pero de todas maneras nunca me van a ganar. Hablo no de ahora que tengo un auto, sino de cuando iba caminando hasta el Cotorro a pie, para luego coger botella hasta el Cerro Pelado y no regresar hasta que la novela de la televisión terminaba.

“En el orden competitivo, me voy también con la satisfacción de haber logrado una campeona mundial juvenil y de mayores el mismo año, que fue Bermoy, además de otras como la propia Legna y Yurisleidis Lupetey, que fueron un año primera en juveniles, y al otro año en el Mundial absoluto. No son muchos en el mundo los que han logrado eso, pero la gran prensa de otros países solamente se acuerda de sus méritos y tratan de subestimar los nuestros. En un Mundial nos pasó con Driulis, que seleccionaron a otro como el más destacado porque ganó sus cinco combates por ippón, cuando Driulis había hecho lo mismo, y con diferentes técnicas en cada caso.”

¿Pensó bien lo del retiro?

“El trabajo me robaba mucho tiempo y quería disfrutar de mis nietos más pequeños. Todos mis hijos fueron judocas, y esta que vive conmigo es cinta negra y fue entrenadora, igual que un hermano que vive en España. Mi mujer lleva casi 40 años conmigo, aguantando pesadeces de todo tipo. A veces me miro en el espejo y me digo: que pesado eres, por eso todas las medallas son compartidas. De no haber sido por ella me hubiera descarriado completamente. A ella le debo gran parte de lo que soy. Por otra parte estaba la salud, he perdido salud en bien del judo cubano, y ahora tengo más tiempo para hacer lo que los médicos me recomiendan

Ya que mencionó a Mercedes, ¿cómo se conocieron?

“Yo era profesor de judo y ella llevaba a su niño, que considero mi hijo aunque lo conocí con siete años. Empecé a meterme con ella y enseguida le dije al resto de los padres y profesores: no se mueva nadie que esto es mío. Tampoco fue fácil, me tuvo siete meses detrás de ella, hasta que por fin comenzamos la relación y nos entendimos muy bien. Le pido a Dios que ella tenga salud para en esta última parte de mi vida tenerla de compañía. También me motivó a realizar otro tipo de labores, como la ayuda a niños que padecen de cáncer, porque como dijo el Papa Francisco en México, la cariño-terapia es lo más importante para tener una buena salud, y por eso hacemos esa labor. Del mimo modo, la cariño-terapia que me da el pueblo de Cuba, me tiene feliz y me llena. Ayer mismo me sacaron lágrimas unos músicos que vinieron a mi casa. No sé cómo se enteraron que a mí me gusta mucho la canción de Pablo Milanés del serial Algo más que soñar. Porque uno llore no es que sea débil, yo me pasé demasiado tiempo siendo fuerte.”

Entonces no hay marcha atrás…

“He tenido proposiciones para entrenar otros equipos extranjeros, y siempre digo: sería incapaz de entrenar a alguien para enfrentar la gloriosa escuela que yo di mi vida por construir. Igual te digo que los rivales se han alegrado (sonríe). El otro día vinieron a entrevistarme unos periodistas brasileños y dijeron: menos mal que te retiraste, porque así podemos ganar más medallas y les dije: si yo tuviera la tercera parte de los millones de dólares que tienen ustedes para este deporte, nadie les ganaba a las cubanas. Tengo la satisfacción de que nunca me ganaron unos Panamericanos. Les dejo la historia en sus manos, les dije a mis sucesores. Quisiera que todo se repitiera, de corazón.”

Tomado del blog La Pupila Insomne

Fernando, el gobierno de Estados Unidos parece apostar por las vías amables para forzar un cambio político en Cuba, tratando de influir en diferentes sectores sociales con dos vías:  la de la división y la de la confusión.  ¿Realmente lo está consiguiendo?

Fernando.-  Yo te diría en dos palabras que no; pero hay que decir más:  los Estados Unidos no son nuevos en esto; incluso, hace 115 años casi, el presidente Roosevelt, el viejo, que era joven, dijo que el garrote y la zanahoria; el garrote era lo que él usaba más en ese momento contra Venezuela, por cierto.  Con nosotros han usado el garrote más de medio siglo, después de 1959, pero lo usaron muy duro en 1898 cuando nos invadieron y ocuparon; pero también usaron la zanahoria.  Y en todo el sistema de 60 años de dominación que hubo en Cuba, Estados Unidos practicó las formas de penetración cultural de encontrar cómplices, y los encontró, de tener un sistema que por eso es que se llama neocolonialismo, porque consiste por un lado en dominar económicamente, pero también culturalmente, y por otro lado en tener cómplices subordinados que reciben beneficios, dominan el país y los sirven a ellos, son dominantes dominados.

De manera que ellos se han dado cuenta, de pronto, que después de más de medio siglo de guerra prácticamente abierta, ilegal, inmoral, todo esto que sabemos, pues más valía como bien dice el presidente de la República, Obama, cambiar la táctica, pero no la estrategia.  Pero lo que pasa es que a veces ellos tienen cosas que parecen como un niño malicioso, que dicen:  él no se va a dar cuenta.  Si no fueran criminales uno se reiría.

Yo estuve en Panamá hace año y medio, en aquella reunión a la que Obama fue, porque si no no iba a haber reunión, si no iba Cuba no iba a poder, entonces allí parecía que todo era zanahoria, incluso hubo medios verdaderamente conservadores, para no decir reaccionarios, que decían que el personaje más importante que estaba allí era Raúl Castro; eso se lo mandaron a decir.

Pero nosotros, por suerte, incluso no los viejos, si no los jóvenes cubanos, tenemos mucha experiencia, es un combate contra el país más poderoso militarmente del mundo, pero también más poderoso culturalmente del mundo, eso nos ayuda mucho, porque ellos están aplicando a fondo, tienen centenares de acciones culturales legales; nosotros denunciamos las ilegales, pero las legales aquí están, centenares sucedieron el año pasado, centenares están sucediendo este año.

Ellos están permitiendo y auspiciando que entre en Cuba la mayor cantidad de dinero posible desde Estados Unidos, en la forma de remesa que siempre ha sido muy hermoso que los familiares ayuden a su familia; pero ahora, más bien, es que se hagan inversiones por lo que ellos aspiran a que mañana sea un empresariado burgués en Cuba y apoyar esas inversiones.

No creo que tampoco ellos estén pensando solamente en lo que ellos llaman ni la sociedad civil ni el pequeño empresario, ellos están pensando en todo, están tratando de confundirnos a fondo, de encontrar cómplices dentro del país.

Bueno, está bien, por lo menos hay quien dice:  Pero por lo menos lo dicen.  Yo no hallo que eso sea algo especialmente bueno, es que hay formas de trabajar, una de las formas de trabajar del imperialismo norteamericano es la aparente franqueza, o lo que actualmente llaman transparencia.

Yo no creo que estén teniendo éxitos, pero sí creo muy fuertemente que no hay que descuidarse nunca y que, incluso, es terrible cómo vienen decenas y decenas de miles de norteamericanos que ninguno ni es mala persona, ni pretende nada malo con Cuba; pero nosotros somos una pequeña isla que ha sido sometida al colonialismo nuevo norteamericano demasiado tiempo y no podemos ver nada inocentemente.

José Manzaneda.–  Fernando, en tus escritos afirmas que el dilema de la Cuba de hoy y del futuro sigue siendo entre el desarrollo del socialismo, que debe ser profundizado, y el retorno al capitalismo.  ¿Realmente esto es un peligro hoy?  ¿Es una hipótesis el regreso al capitalismo?  Y si es así, ¿sería más fuerte este riesgo hoy que hace 10, 15  o 20 años?

Fernando.-  Sí, yo creo que son reales las dos cosas.  Es decir, primero, el peligro es real, es una disyuntiva y no hay fórmulas intermedias.

Yo les decía a mis compañeros del Consejo Nacional de la UNEAC hace unos meses, que el capitalismo sueco puede tener cosas buenas y malas, pero sin dudas es sueco; el capitalismo cubano no podría ser cubano, tendría que ser norteamericano-cubano, es decir, para Cuba no hay una posibilidad de capitalismo autónomo.    Entonces, de entrada, la disyuntiva no puede ser: bueno, vamos a seguir introduciendo cosas del capitalismo, vamos a hacer lo que antiguamente algunos llamaban un socialismo de Estado, que es un tránsito hacia que una cantidad de funcionarios se conviertan en empresarios, etcétera, no es factible, eso no es factible en Cuba.

En Cuba no es factible que digamos: sí, vamos a hacer un capitalismo, pero no va a ser neoliberal, ustedes verán que vamos a tener una política social muy buena. Nada de eso es factible.

Podría ser, incluso, que algunas personas hasta lo crean, de buena intención, y digan: si hacemos un pluripartidismo, por ejemplo, y un sistema democrático de elección de personas, vamos a evitar que haya corrupción, que los pobres empiecen a pasar hambre, etcétera.  Eso, desgraciadamente hay demasiados ejemplos en el mundo de que no es posible, ni siquiera en Estados Unidos donde casi 4 millones de personas no tienen donde dormir, y le tildaron de comunista a este presidente que está terminando porque trató de que una parte grande de los 52 millones de personas que no tienen posibilidad de una asistencia médica correcta, tuvieran algo.

Es decir, nosotros por lo menos tenemos, y en Cuba creo que eso es de lo más importante, una población con un grado de conciencia política que posiblemente sea un récord mundial y eso sí es una cosa muy, muy valiosa.  Y por esto es que yo digo muy claramente: no hay nada intermedio, creer que hay algo intermedio es confusión; se trata de o el capitalismo, o el socialismo.

Hay quien dice, exagerando mucho, que si Cuba pasara al capitalismo sería como Haití; no, como Haití nada más que es Haití, cada uno vive su desgracia, pero la nuestra sería grande, entre otras cosas, porque hemos dado no solo un ejemplo al mundo de cómo es posible que incluso un pequeño país al lado de Estados Unidos, como se decía siempre, subdesarrollado, haya cambiado tan profundamente la vida en favor de toda la población y no de una fracción pequeña de ella.

Pero, bueno, no solo es un ejemplo del mundo, sobre todo que es la vida de nosotros, es lo que hemos logrado hacer entre todos, y no es posible permitir, de ninguna manera, que nuestros hijos y nuestros nietos vuelvan a lo que hubo.

José Manzaneda.-  Fernando, tú afirmas que el capitalismo sigue existiendo hoy agazapado en diferentes actitudes, en diferentes prácticas, en cierta psicología social, que de alguna manera habría venido fortalecida por la reintroducción de algunos factores de mercado en los últimos años en la sociedad cubana, ¿cuál es el antídoto?

Fernando.-  Yo tengo dificultades para la gran prensa; por ejemplo, yo soy marxista, pero no me queda más remedio, porque me permite darme cuenta de que no se trata meramente de que haya manera de producir, de intercambiar, de ganar dinero los que son dueños, no, se trata de mucho más; se trata de una cultura, el capitalismo es una cultura y en esa cultura, por ejemplo, no es conseguir que la mayoría esté de acuerdo o se sienta mal muchas veces y otras no, o se sienta bien porque hay fiestas, o cobra más dinero; pero no pretenda para nada cambiar lo esencial de la existencia, eso es la cultura capitalista.  Por eso se puede tener una cantidad enorme a veces de diversidades, otras veces no, otras veces se decreta un Estado de excepción y no se puede tener ninguna; pero lo esencial es cultural.  Toda dominación bien establecida, moderna, es cultural, siempre fue así, de un modo u otro, pero ahora más que nunca.

Entonces hay un capitalismo del comercio exterior, y Cuba lo sufre muy duro; hay un capitalismo del bloqueo contra Cuba que es una barbaridad, veinticinco veces le han dicho que no, y es simpático cómo los de la zanahoria mandaron a la señora a abstenerse.  Si yo lo estoy acusando a usted o usted es inocente o es culpable, pero no es que se abstuvo, es una de dos.

Pero, bueno, son formas, digamos, más brutales; pero hay formas más sutiles y una de ellas importantísima es el capitalismo de la educación que cada uno recibió, de la educación que desde niño era lo tuyo, si acaso cuando más lo de tu familia, el interés personal, el egoísmo, aunque se dijera que el afán de lucro no; el egoísmo que opera tanto contra la solidaridad entre las personas y que entonces es muy difícil de erradicar y tiene la capacidad de regresar, de retornar; tiene la capacidad de aparecerse de modo difícilmente censurable, como cuando dice:  no, pero él está tratando de resolver, por ejemplo —resolver es un verbo cubano—, y en realidad, ¿a costa de quiénes?, habría que preguntar, ¿contra quiénes?, ¿exigiendo que les paguen lo que nunca se pagó, por ejemplo?  ¡Pero qué hermoso es que todos los servicios sociales, que todo lo que son bienes de las personas lo tengan las personas, sin ser otra cosa que personas y no por el dinero que tienen en el bolsillo!

El dinero, como equivalente general de la mercancía es un gravísimo problema cultural; ningún país como Cuba, aunque tenga un poder como el que tenemos, lo ha podido quitar, el salario tampoco.  Por eso yo dije al inicio que, bueno, como soy marxista me doy cuenta de que vivimos en una transición socialista, por muy solidarios y humanos a fondo, y con ganas de que ya no haya ninguna forma de dominación.

Lograr, por ejemplo, que todos los cubanos entendieran que la mitad de los cubanos no era inferior a la otra mitad, por ser mujeres, ya fue un éxito dificilísimo, no fue de un día para otro y todos éramos socialistas, vaya; y una parte de los socialistas decía: sí, pero ella que es socialista e inferior a mí que soy socialista.

¿Qué quiere?, que la transición exige no solo paciencia, sino mucho trabajo, no solo usar un tiempo largo, sino educar una y otra vez, y un conjunto de formas que van desde la coerción social hasta la autoeducación, es complejo, y a nosotros se nos ha hecho difícil por una cantidad de las medidas que se han aplicado a partir de los primeros años noventa, porque se han introducido fórmulas primero para sobrevivir, después para que fuera viable la economía del país y todavía estamos en lo segundo, ya lo tenemos, pero una y otra vez hay que volverlo a tener.  Entonces esto ha hecho que crezcan diferencias sociales entre nosotros que no había y que crezca entonces el valor del dinero, que no lo tenía, tenía valor, pero poco; que crezca entonces también la relación directa de lo que cada persona hace, con lo que recibe personal o familiarmente y la calidad de la vida que en algunos aspectos tiene.

Es decir, la relación que tenía la actividad de los cubanos con esto, era muy indirecta, a pesar de lo que dicen a veces los manuales que son tonterías, aquí toda cubana, todo cubano, por ejemplo, tenía derecho gratuitamente a todos los servicios, y los servicios eran de verdad universales y muy satisfactorios, así fue subiendo el grado cultural y con él suben lo que llaman los sociólogos, expectativas.  Usted quiere más, porque sabe más, porque tiene un mundo más complejo interior, porque tiene más gustos desarrollados y entonces cuando no hay más y le dicen:  Sí, pero si tuvieras dinero habría más; sí, pero si tienes dos trabajos hay más; sí, pero si consigues de algún modo, aunque no sea lícito, sino incluso que pueda ser delictivo, pues aparecen problemas que vienen de una cosa que pudiéramos hasta llamar monstruosa, el aumento enorme de la cultura, de las capacidades laborales pero de todo tipo, del gusto, de las expectativas y el no aumento a ese tamaño de los bienes y servicios.

Entonces la diferenciación social es un enemigo que toca duro a la puerta en nombre del capitalismo, aunque no lo parezca.

José Manzaneda.-  El Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, que dirige Fernando Martínez Heredia, realiza numerosas actividades en el campo de la investigación cultural, los estudios de opinión, sobre diferentes grupos sociales, actividades académicas, presentaciones, publicaciones.  Me gustaría, Fernando, que nos presentaras el instituto y cuáles son algunas de las líneas fundamentales de trabajo.

Fernando.-  No me gusta, porque es como hacerse propaganda, aprovechando lo solidario, pero es una institución grande, para los tamaños nuestros, y se tiene que ocupar de cosas muy diversas, entonces hacer ese tipo de relaciones con siete líneas, por ejemplo, puede ser aburrido para el lector.  Prefiero llamar la atención sobre el hecho de que, por ejemplo, a nosotros nos interesa mucho la participación en el consumo cultural, no meramente cuánto hay, cómo es, dónde hay más o menos, sino también cómo puede participar la población en ese consumo desde la elección del consumo, desde el conocimiento de los factores que pueden haber o no, y, claro, hay un problema también en este caso de la educación y del gusto.

O sea, nosotros tenemos que vernos hasta un punto, que en nuestro caso es pequeño, con las bellas artes y hasta un punto, que en nuestro caso es muy grande, con las formas de cultura popular; en ese sentido puede que tengamos trabajos históricos que son muy importantes, como las tradiciones orales, los conjuros, las formas que tiene la gente de ejercer una cultura que los que van a la universidad no siempre se dan cuenta de que también es cultura.

O el trabajo con los que son portadores, como llamamos en la jerga, culturales; porque en un poblado de oriente o de Pinar del Río han mantenido durante más de un siglo una forma cultural expresiva con danza, música y una letra que o viene de uno de los que construyeron Cuba con sus culturas —y no digo de los que aportaron, porque casi siempre se dice que aportaron los africanos, y el que aportó es porque era una persona secundaria, y es que todos concurrieron—, y nosotros, por ejemplo, no solo lo investigamos, y es una fase la investigativa, sino que también lo promovemos en la medida pequeña en que podemos hacerlo.  Por ejemplo, hace 10 días tuvimos la reunión anual de premiación de lo que llamamos memoria viva, que es una premiación no de un primer premio, sino de unos 30 premios, son gentes que son grupos culturales de todo el país, de todas las provincias que concurren aspirando, y lo importante, por un lado, es que gana premio una cantidad y, por otro lado, que se presenta un número muchísimo mayor y son tan importantes como los que ganaron los premios; pero son portadores los grupos.

También premiamos a personas que han echado la vida entera como personalidades, pero personalidades que solo son conocidas en la comunidad, en el barrio, cuando más en el municipio, que no salen por la noche en el noticiero cuando cantan ni cuando bailan y que son también portadores culturales importantes.  Bueno, eso se llama Memoria Viva y todos los años se convoca, se hace con mucha seriedad y se otorga el premio, y esto fue hace 10 días.

Hay cosas de otro tipo que pueden ser hasta un poco farragosas para el que no le gusta, ¿no?, como el uso de la estadística y tenemos que con las estadísticas discutir con funcionarios, porque les aportamos un trabajo sociológico ya de otro tipo, cuantitativo, con instrumentos cuantitativos que ayuden a discernir mejor y no lo que se le ocurre a uno que es bueno.  En ese sentido apoyamos a la institución a la que pertenecemos que es el Ministerio de Cultura; pero también partimos de esto, y con esto termino, de que no hacemos solamente lo que nos piden que hagamos, que eso sería muy estrecho y pequeño y no nos permitiría ni siquiera hacer bien lo que nos piden, hay que tener ideas propias tienen que ocurrírseles a uno con temas necesarios y llevarlos adelante, y eso hacemos.

José Manzaneda.-   En tus escritos y en tus reflexiones, Fernando, insistes en la necesidad de impulsar la participación en el país, impulsar el debate franco, transparente, sin miedo a la discrepancia.  ¿Cómo está la salud de la participación y la salud del debate discrepante en la Cuba de hoy?

Fernando.-  Nunca está de más hablar de eso.  Y alguna vez yo he escrito para ser más fuerte, que el debate en el socialismo es como la respiración para las personas, de ese mismo tamaño, es vital; el debate en el capitalismo puede ser incluso interesantísimo, pero tiene otras funciones, tiene las funciones del sistema en el cual existe; cuando participas en él y corren las consecuencias, personas que están opuestas al sistema, es interesante, pero el sistema se encarga de que no sea capaz de acabar con él.  En el socialismo tiene que suceder lo contrario, es decir, el sistema tiene que promover el debate, tiene que promover la discusión, tiene que promover la diferencia, tiene que promover, incluso, las divergencias.

A mí me gusta mucho lo que dijo el Presidente nuestro, que es un guerrillero antiguo, Raúl Castro, que le tocó, porque le tocó ser el ministro de las Fuerzas Armadas toda la vida, y resulta que un militar de toda la vida, cuando tomó posesión, al poco tiempo hizo un discurso donde dijo:  yo lo que les pido a todos, por favor —porque Fidel es tan grande que solo entre todos lo podemos sustituir—, es que tengamos discusiones y que tengamos discrepancias entre los compañeros.  Yo dije: ah, qué bien, porque cada profesión tiene su defecto profesional, y él demostró no solo que no lo tenía, sino que tenía muy claro qué cosa era muy necesario.

Pero no es fácil, los hábitos de autoritarismo que no siempre vienen de algo malo, por ejemplo, para los viejos la lucha frontal fue algo familiar y saben que a veces si no era autoritario no había posibilidad, pero los hábitos de autoritarismo tienen que ser desterrados y no lo han sido, y hay una lucha con ello, y reaparecen de pronto y uno se asombra y dice:  ¿Todavía tú piensas así como un troglodita?  ¿Todavía tú crees que hay un compañero que no es contrarrevolucionario, pero no sabe que está sirviendo sin querer a la contrarrevolución?, como dice a veces algún que otro funcionario nuestro.  Ah, bueno, esas son cosas reales contra las cuales hay que luchar.

Ahora, debatir por debatir, para sentir cómo se hace ruido no vale la pena tampoco.  A mí me parece que para debatir hay que estar bien informado, si no se hace real que las áreas tienen que informar de verdad y que los periodistas tienen que servir de verdad, y los medios, por tanto, y que no puede haber lo que en Cuba llaman secretismo contra los que no son secretos de seguridad para nada, entonces, ¿cómo va uno a opinar si no tiene información?  La información es básica, la información, como diría un filósofo europeo, es necesaria, pero no es suficiente; es necesario entonces que se discuta, pero para esto también es conveniente, por lo menos, que haya una educación sobre discusiones, sobre discutir.

Si no hay educación yo no me opongo, más vale que sean ineducados, pero que discutan; pero si se discute educadamente, se avanza muchísimo más y no se pierde la fraternidad.  Pero, además, se gana en eficiencia, es decir, el debate para algo.  Y por esto decía: no solamente por hacer ruido, sino para que se convierta por un lado en una norma que hay que hacerle caso a los debates, no es posible que incluso se diga:  pero qué bien se ha discutido algo, pero después no hicieron nada.  Entonces es frustrante, se convierte en un adorno; el debate como adorno hay que rechazarlo.

El capitalismo tiene sus adornos, el socialismo debe tener sus adornos, pero otros adornos, los adornos con los cuales se adorne la gente, se adornen las calles, se adornen las fiestas, pero que alguna cosa que tiene que servir para avanzar no sirva como un adorno; es decir, estoy en contra de que se prohíba y en contra de que no sirva para nada.

José Manzaneda.-  Hemos conversado, con mucho placer, con Fernando Martínez Heredia, uno de los grandes intelectuales de la Revolución Cubana, director del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, nos ha recibido en su casa y realmente se lo agradecemos.

Despedimos nuestro programa desde la capital de Cuba, desde La Habana.

(Transcripción de Dialogar, dialogar)

 

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