Category: Opinión

De la épica y sus tantos rostros

Tomado del blog De Lupas y Catalejos

La historia no está hecha solo de grandes mujeres y hombres, sino también de quienes alumbran como fuego en la cotidianidad…

De mi abuelo heredé un libro grande y muy pesado. Ahora, si miro atrás, creo que con ese texto sobre las piernas debo haberme parecido a Nené Traviesa en aquella ilustración sobria y maravillosa de La Edad de Oro.

El volumen resumía en fotos la historia de Cuba y yo lo hojeaba despacio, muchas veces. Ahí vi por vez primera la sangre escaleras abajo en Humboldt 7 y entendí que la libertad no era barata.

Página por página descubrí que lo que somos hoy tiene unas raíces fuertes y hondas en el ayer de muchas personas, gente que amó, que sufrió, que no actuó sabiendo que su huella se perpetuaría, gente común afincada en su tiempo.

Porque la historia, al contrario de lo que casi siempre predicamos, no está hecha solo de las grandes mujeres y hombres y de sus luchas y esperanzas, sino también de quienes alumbran como fuegos en la cotidianidad y echan a andar un país desde el anonimato de la existencia individual.

Por eso Cuba puede preciarse de su pequeñez iluminada: no solo tiene al poeta apóstol José Martí, al enamorado Agramonte, al enfebrecido (de pulmones y revolución) Villena, al cubano Che, al Camilo hondo, a la fuerte Celia, al futurista Fidel… Acoge la isla a millones de cubanos y cubanas hechos a la medida de la épica, sabedores de que hay algo más grande que ellos mismos que se llama nación y vale todos los sacrificios… y por sus desprendimientos van sembrando episodios que forjan una historia colectiva y hermosa, la que a fin de cuentas nos pone cada día en el sentimiento y el respeto del mundo.

Cuando Cubahora invitó en su foro ¿Qué memorias de la historia cubana te conmueven? a completar el rompecabezas de la memoria colectiva, las respuestas fueron desde la cumbre hasta la batalla de todos los días.

Así se entremezclaron el fin de la guerra hispano-cubano-norteamericana con el asalto al Cuartel Moncada, “las huellas que dejaron los proyectiles en las paredes y ver en lo que se ha convertido”.

Desde la consternación y la negativa al olvido (una forma de aniquilar la historia que tiene muchos adeptos) se mencionó el fusilamiento de los estudiantes de Medicina, la tortura y el asesinato de Abel Santamaría, la operación Peter Pan, el bombardeo al aeropuerto de Ciudad Libertad.

Porque el heroísmo también nos signa, se escribió de la primera carga al machete, de la Protesta de Baraguá, de Girón y de la Crisis de Octubre.

A Fidel, guía de las seguridades y de la dignidad, el de Cinco Palmas, el ciclón Flora, la batalla por Elián, se refirieron varios usuarios, y no podía ser de otro modo porque todo lo relacionado con él “es conmovedor, está lleno de sentimientos muy puros”.

Sobre la resistencia del pueblo cubano en los convulsos años 60, y durante el Periodo Especial, cuando intentaron rendirlo por hambre, también opinó un lector, en un tributo merecido a todos los que, al decir de otra lectora, aportan “un granito en este libro grande”.

Las disquisiciones filosóficas sobre el fin de la historia dejaron de estar de moda, pero a muchos poderes les convienen los desmemoriados. Del recuerdo viene el compromiso, de la historia se aprenden, además de los caminos, los errores sobre los cuales no vale volver.

La historia no solo nos conmueve, también, y sobre todo, nos mueve.

CUBA DEFENDIDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

tomado del blog El ciervo Herido

GRAZIELLA 2

GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

La historia transcurre a través de procesos de larga duración. Los conflictos que hoy desgarran al mundo amenazan la supervivencia del planeta, desencadenan migraciones indetenibles, incitan a la violencia y se expresan en un racismo prepotente. Tuvieron su origen en la colonización desatada hace algo más de cinco siglos promovida por la codicia de las materias primas. Comenzaba así, como lo advirtió Carlos Marx, la acumulación originaria del capital. El oro y la plata venían de una América recién conquistada, pasaba por España para llegar a las naciones que se estaban forjando en el norte de Europa. Vendría luego el enfrentamiento feroz por el dominio de los mercados con la consiguiente exaltación del espíritu competitivo. En apuntes juveniles, el propio Marx señalaba que para multiplicar las ganancias había que estimular la aparición de nuevas necesidades, en un camino de creciente enajenación humana. Sobre la sangre de los vencidos, sobre culturas truncas, los triunfadores enmascaraban el crimen tras la cobertura propagandística de una supuesta misión civilizatoria.

Sin embargo, del universo de los oprimidos fue surgiendo un pensamiento que dinamitaba las bases del gran relato instaurado por las narrativas oficiales. Se basaba en el reconocimiento de las realidades concretas que configuraban contextos específicos que apuntaban, además, a claves comunes, a pesar de las diferencias históricas y culturales. Conectaban a la América Latina con los extensos territorios de Asia y África, proveedores tradicionales de materias primas y de fuerza de trabajo a bajo costo. El estallido de una perspectiva renovadora a escala planetaria se produjo a mediados del siglo pasado, cuando los colonizados de ayer tomaron la palabra en los grandes foros internacionales, mientras se combatía en Vietnam, en Argelia, y triunfaba la Revolución Cubana.

Acabo de repasar Pensamiento anticolonial de Nuestra América, recopilación de ensayos de Roberto Fernández  Retamar auspiciada por Clacso y Casa de las Américas. Ha sido un regreso a textos leídos, uno a uno, cuando se dieron a conocer por primera vez, apenas salidos del horno, a la vuelta de los 60. 

Atravesados por el tiempo transcurrido, el de la historia y el de mi propia existencia, adquieren mayor dimensión y riqueza. La realidad de ahora, marcada por el derrumbe de la Europa socialista, el dominio desembozado del capital financiero, las incertidumbres de una izquierda fragmentada, la crisis de valores, el desconcierto y escepticismo de muchos intelectuales, tiende un velo sobre las contradicciones fundamentales que eslabonan el curso de los procesos históricos de larga duración.

Hemos olvidado que, concluida la Segunda Guerra Mundial, se hizo visible el lazo que vinculaba a Asia, África y América Latina, los tres continentes que padecieron el yugo colonial. Algunos Estados obtuvieron entonces su independencia política y modificaron con su presencia la composición de las Naciones Unidas. Ante ese foro, Fidel Castro pronunció en 1960 un discurso memorable. Con plena autoridad, la voz de Cuba alertaba de los peligros latentes a quienes recién se estrenaban en el convite de las naciones.

Mucho antes, en los albores del XIX, la América Latina había alcanzado su primera independencia, lastrada todavía por numerosas manquedades. Al calor de esas contradicciones, fue madurando un pensamiento. Poco difundido, subyacente, circulaba por nuestros países. Su resonancia se acrecentó en el estallido de la Revolución Mexicana en 1910. Estábamos aprendiendo a descifrar las claves de la historia con mirada propia. Así lo hicieron Mella y Mariátegui. A mediados de la misma centuria, las voces de nuestros escritores se proyectaban más allá de nuestras fronteras. Nuestros economistas esbozaron la teoría de la dependencia con sus consecuencias en lo social y en lo cultural.

Se revelaba entonces con plena claridad que, en Cuba, llegada tardíamente a la ruptura del vínculo con España, la intervención norteamericana había sustituido las fórmulas anquilosadas de coloniaje por la instauración del modelo neocolonial. La aparente independencia política quedaba sometida a las presiones de la economía. Implementada en la Isla, la fórmula habría de tener larga y dramática historia.

En ese renovado batallar de las ideas, Roberto Fernández Retamar sitúa a José Martí en su Tercer Mundo. En acuciosa y profunda relectura, articula vida y obra. Solo así, pasando por el epistolario, por los artículos de Patria, por la concepción del Partido Revolucionario Cubano, puede revelarse todo lo que en silencio tuvo que hacerse, junto a la suprema lucidez de un actuar político imbuido de las tendencias dominantes en el acontecer de su tiempo, pero afincado siempre en la realidad concreta de un contexto específico.

De esa manera, la acción requerida por las exigencias de la inmediatez se inscribía orgánicamente en una visión, profética y estremecedora, de futuridad. Por eso, «Patria es humanidad», tal y como lo entendieron el martiniqués Frantz Fanon al comprometerse con la causa argelina y el argentino Ernesto Che Guevara, entregado al destino de «los condenados de la Tierra».

No alcanza este breve espacio para volver sobre Caliban, proyección emancipadora de este Caribe nuestro. No quiero, sin embargo, dejar escapar la oportunidad para insistir en la urgencia de retomar, a la luz de la contemporaneidad, el debate sobre civilización y barbarie. Lejos de volver las espaldas a los avances de la ciencia, tenemos que ponerla al servicio de un concepto de modernidad que contribuya a la salvación de nuestra especie y detenga la expansión prepotente de un poder hegemónico, valido ahora de la instrumentalización de la cultura. En nuestras más legítimas fuentes originarias habremos de encontrar el camino para afinar las ideas, esas armas imprescindibles en el combate de nuestros días.

Enhorabuena

publicado en el blog Segunda Cita

Por Fidel Vascós González

Saludo la nueva línea editorial de la revista cuatrimestral Cuba Socialista en su IV Época (iniciada en enero – abril de 2016), que incluye un Dossier de debates acerca de temas de importancia para el desarrollo de nuestra Revolución Socialista. El director de la revista Enrique Ubieta Gómez presentó el pasado viernes 9 de febrero en la Casa del Alba Cultural y como parte de la Feria Internacional del Libro de La Habana, los cinco números que hasta ahora han visto la luz.

Incluir criterios discrepantes en una misma edición de un órgano editado por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba se enmarca dentro de la herencia intelectual de Ernesto Che Guevara en su concepción y ejercicio de la cultura del debate. El Che defendía sus ideas con firmeza y fundamentados argumentos; pero respetaba las consideraciones de los demás aunque discreparan de las suyas. Y lo hacía sin proferir ataques personales ni convertir la polémica en un torneo literario.

La transición socialista en la que nos encontramos y la complejidad del mundo contemporáneo requieren del concurso de diferentes ideas para encontrar el camino más adecuado para el desarrollo económico y social del país. El debate de ideas está a la orden del día en nuestro proceso revolucionario y el tratamiento respetuoso en la polémica es una de las enseñanzas que en este campo debemos asumir del Che.

Como una muestra de lo dicho deseo destacar el No. 5 de la publicación, correspondiente al período mayo – agosto de 2017, en el cual se recogen planteamientos de miembros del Consejo Editorial de Cuba Socialista, así como de autores que escriben en La Pupila Insomne, en Cuba Posible y en otras publicaciones impresas o difundidas por medios electrónicos. También un debate en Facebook entre Arturo López – Levy y Enrique Ubieta y el intercambio entre Aurelio Alonso y el propio Ubieta. No coincido con algunas denominaciones con las cuales la dirección de la revista califica a determinados participantes en el debate, aunque reconozco su derecho a hacerlo. Pero el momento no es para exponer mis discrepancias, sino para apoyar el empeño iniciado.

Con la nueva línea editorial, Cuba Socialista se ha constituido en un ejemplo a seguir por la prensa plana (periódicos y revistas) en nuestro país. Es un buen augurio para los debates que se desarrollarán en el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) a celebrarse este año 2018.

¡Enhorabuena, Cuba Socialista!

La Habana, 13 de febrero de 2018

“Año 60 de la Revolución”

La culpa no la tiene el celular

 Mientras leía los comentarios del foro “Móviles para adolescentes ¿Necesidad o Adicción?”,  abierto hace unos días por Cubahora, me puse a sacar cuentas.

Tuve mi primer teléfono celular a los 22 años, es decir, hace cinco.  Antes de eso no puedo decir que jamás hubiese deseado uno, pero tampoco me obsesionaba.

El primer móvil había llegado a mi entorno estudiantil en la época del preuniversitario. Eran contadas las compañeras y compañeros de grupo que los utilizaban. Se consideraban un lujo, porque muy pocos padres podían pagar algo así.

Wifi

Ya en la universidad la historia fue otra. Se multiplicaban cada vez más y solo los menos estábamos «incomunicados».

Sin nunca haberlo pedido, cuando me gradué de la licenciatura mis padres me regalaron un celular. Era un Alcatel pequeñito, y a mí me encantaba: podía, además de hablar y textear, escuchar radio y música.

Creo que puedo considerarme afortunada, el consumismo no tiene en mí una víctima propicia. Nunca pensé cambiar mi «Tamagotchi» por alguna de aquellos aparatos grandotes y brillantes que me circundaban.

De hecho, cuando me regalaron un teléfono más moderno, con sistema operativo Android, dejar al anterior fue una agonía y me parecía casi una traición; le tenía cariño.

En mi móvil actual leo, también lo uso para compartir archivos o aplicaciones a través de Zapya o Xender; funciona como reloj despertador, me recuerda los cumpleaños de mis seres queridos…Y no soy su esclava, es una herramienta que, como todas a lo largo de la historia de la humanidad, solo contribuye a hacerme la vida mejor.

Si he contado esta experiencia personal es para sentar una postura: así como no debemos botar el sofá tampoco podemos deshacernos del móvil.

Claro, no soy una adolescente  y he escapado de peligros asociados al uso de dispositivos móviles por ese grupo etario y también por niños y niñas:

  • El celular como sinónimo de estatus y poder adquisitivo
  • Acceso a contenido audiovisual inapropiado para la edad (violencia, muerte, sexo)
  • Adicción a los videojuegos
  • Vulnerabilidad de la información personal y de la intimidad
  • Riesgo de sufrir accidentes en la vía pública por no prestar la debida atención.

Según una investigación realizada por el Centro de Estudios Sobre la Juventud, el 94 por ciento de los adolescentes y jóvenes cubanos posee acceso a alguna tecnología informática, y es el teléfono móvil la más extendida.

Movil

El dato no me alarma, alegra. Sin dudas, en el futuro que vivirán necesitarán de habilidades tecnológicas; no obstante, hay puntos que merecen toda la reflexión en una sociedad como la nuestra, abocada a una informatización cada vez mayor; y valen tanto para las nuevas generaciones y sus padres, como para todos los ciudadanos que usan las nuevas tecnologías.

Un celular es un objeto, frágil y caro. Sacralizarlo y suponer que por el modelo y el precio del que portemos, o el hecho de tener uno o no, seremos más o menos, apunta a un vacío de alma evidente.

En mi opinión, un niño no debe tener un móvil ni llevarlo a la escuela; está expuesto a perderlo, a que se lo roben, o a entretenerse en medio de clase.

Celulares

En el caso de los adolescentes, lacera la falta de percepción de riesgo de los padres. Muchos olvidan la humildad de sus juventudes, quieren darle a su prole los gustos que no tuvieron, aunque en ello se les vaya la vida; y sucumben a la dictadura de las marcas de móviles. Después puede que les duela advertir en sus hijos los signos de la vanidad y de más cariño hacia un aparatico que por otras cosas más valederas.

Andan los vástagos sin que nadie les controle qué contenidos consumen en el celular, quién los llama, qué tipo de mensajes reciben, cuántas horas juegan, o qué fotos de sí mismos almacenan.

No hago una apología de la vigilancia paterna, pero sí de la responsabilidad. Me duelo cuando veo padres que recargan la cuenta nauta de sus hijos para que se conecten a Internet y se entretengan, sin siquiera pensar qué pueden encontrar en sus búsquedas.

Celulares

Las familias alrededor del mundo saben de bullying, de ciberacoso, de pedofilia… y restringen los sitios que sus hijos pueden visitar. Internet no ha llegado a todas las casas ni a todos los móviles cubanos, pero el momento de prepararse es ahora y las vulnerabilidades también están aquí.

Que cada vez más la relación móvil –persona sea de pura necesidad (tecnológica, lúdica, informativa, profesional) y menos de adicción en cualquiera de sus variantes, es la meta en pos de la cual debemos proyectarnos.

Como ya dije, no es cuestión de desechar los móviles. Fíjese bien la próxima vez antes de denostar a un adolescente o joven concentrado en su celular. Le aseguro que los habrá leyendo, usando un diccionario, completando un crucigrama… La tecnología tiene un lado de luz, y los nativos digitales poseen  muchísimas competencias para encontrarlo.

(Publicado originalmente en Cubahora)

Los años no pasan por gusto

Por Adriel Bosch Cascaret
-Oye ya no quieres hablar con la gente que estudió contigo porque eres periodista- me dijo la muchacha y yo atónito la descubrí entonces casi pasando frente a mí.

La reconocí sin contratiempos y salí a cortarle el paso, le deposité un beso en las mejillas y le repliqué que de eso que me reclamó nada, que creerme cosas no se me da bien.

Ahí mismo construimos una conversación de casi una hora de actualización sobre nuestras vidas y la de los otros 53 compañeros del aula de la secundaria, hace ya 15 años dejados atrás.

Aquello me tomó por sorpresa y fue interesante, casi increíble, sobre todo porque posiblemente en tres años de secundaria no me habló en general más de 60 minutos y casi puedo afirmar que para ella yo apenas existía.

Eran tiempos duros aquellos, de pura adolescencia, cuando ser callado, solitario, estudioso y de pocos amigos, podía ser visto como un pecado para muchos.

Pero en mi aula la cosa era peor. Ya dentro de Guantánamo, mi escuela –la Rafael Orejón- era considerada la de los hijos de “mamá y papá” –descendientes de gente con buenas posibilidades económicas o con excelente posición en la sociedad-, pero al interior del colegio mi grupo era la de los hijos de “mamá y papá”, y eso implicaba que los pocos de origen muy humilde teníamos muchísimos menos puntos de popularidad, y con color de piel negra o mestiza, la cosa se ponía en ocasiones al borde de lo imposible –aunque en algunos casos el dinero los aclaraba a la vista de otros.

Ahí, en el grupo, tuve que aprender por cuenta propia sobre discriminación y diferencias, sobre la violencia que puede acompañar una pregunta sin respuesta, unas palabras colocadas con mala intensión, la burla de quienes no respetan al que no vive o es como ellos, y el único escudo que encontré fue alejarme de la mayoría.

Pero hasta de lo malo puede brotar una flor. Las diferenciaciones provocaron que cada uno tratará de buscar a sus iguales –los de más dinero, lo intermedios, los de menos posibilidades, los más claritos, los oscuritos con dinero y los que no tenían y los inadaptados- y eso permitió que pudiera encontrar algunas de las amistades que me han acompañado toda una vida – sinceras, sencillas, solidarias, presentes aunque se imponga la distancia geográfica y el tiempo que no para.

En esa etapa gris además aprendí a crecerme a los malos tiempos, a confiar más en mi y que no es bueno cerrarse al mundo –aunque todavía hoy en grandes grupos siempre busco refugio en mi mismo, y solo con el tiempo doy a conocer al Adriel chistoso, conversador, discutidor y fiestero, que llevo también conmigo; y no le impongo a nadie lo que quiero pero hago lo que quiero, pese a ir en ocasiones contra todas las corrientes, y eso no siempre es bueno.

Por suerte la secundaria es solo recuerdo y experiencia. Los años han pasado y aquellos 54 muchachos hoy somos hombres y mujeres. Varios viven en tierras lejanas, y entre los que seguimos aquí no han disminuido las diferencias económicas, el color de piel no ha mutado, pero ha llegado para todos la madurez que solo dan los años, y con eso el respeto -y hasta ha crecido un extraño cariño por el resto de aquellos compañeros, sin mirar pieles ni billeteras-, que hace que hoy quienes ni te dirigían la palabra soliciten la tuya si creen que andas “levantando la nariz”.

A %d blogueros les gusta esto: