Category: Opinión

FLOJERA IDENTITARIA

El primer contacto – que yo recuerde – con la transculturación, fue cuando estudiaba en la secundaria y descubrí un cartelito que decía: SE HECHA AIR colgado frente a la casa de Silvano el Ponchero, a pesar de que todos lo conocían por ASFIXIA debido a que muchas veces carecía justamente de AIR en su timbiriche cuando más lo necesitaban los ciclistas del barrio. Ese término (transculturación) que engloba –según el diccionario – “ la adopción por parte de un pueblo o grupo social de formas culturales de otro pueblo que sustituyen completa o parcialmente las formas propias” después fue dando síntomas más serios en diferentes espacios del terruño.

Mi abuelo decía: son unos pamplinosos, cada vez que afloraba una “flojera identitaria” de diversa naturaleza. El viejo se puso farruco, y con razón, cuando Yurkilendis la amiguita de su nieta, llegó a la casa con la banderita norteamericana dibujada en sus uñitas de cada mano, alegando que Mireya la manicura la había convencido para que se las dejara colocar asegurándole que esa era la moda del momento, mi abuela para apaciguar un poco el enfado propuso a la niña quitarlas con acetona y luego que se pusiera otras cosas, pero el abuelo lo único que agregó fue: A LA TAL MANICURA ESA, ES A QUIEN DEBIAN PASARLE UNA BUENA ESPONJA CON ACETONA POR EL CEREBRO.

Después vinieron otras anécdotas bastante notables en la barriada, de casos y cosas donde se percibía ese afán de ponderar lo extranjero a toda costa. Chuchito el hijo de Andrés se convirtió en un fan desenfrenado a los tatuajes, pero con un mal gusto de leyenda, lo mismo se colocaba una frase de un sabio Indio que la lista de los ganadores en los Grammy Latinos, pero el texto debía ser de otras latitudes. El colmo fue que le exigió a “Pedro LA AGUJA” el tatuador, algo en letras chinas, justamente encima de sus partes viriles que era ya el único espacio libre en su epidermis, el pobre pedrito de ese idioma no conocía un pelo, le pidió que le trajera su propio texto en una hojita y Chuchito desesperado por concretar su deseo lo único que encontró así de pronto fue el estuche de una jeringuilla proveniente del país asiático, recortó el cartoncito y allá va eso, ahora el muchacho anda muy orondo con sus caracteres chinos y ojala nunca se quite el pantalón frente a alguna conocedora de ese idioma, porque no está bien eso de andar anunciado que esa parte del cuerpo es DESECHABLE.

Otros se rindieron ante lo ajeno de forma más peligrosa, renunciando incluso a reconocer lo positivo en cualquier producto u obra de factura nacional, si la cosa no era “de afuera” entonces poco valía, aun cuando la practica demostrara lo contrario. Tuvimos años (por suerte creo que superados) donde hasta los nombres dejaron de ser criollos, lo cual no significa que aquellos muchachos , los hermanos González a quienes les afincaron los nombrecitos de ONEDOLLAR y USNAVY , no tengan que vivir apenados por semejante aberración.

Ser optimista es bueno para la salud #FelizAñoNuevo #Cuba

Cambiar de actitud ante los problemas que se van presentando es una buena estrategia. Así que no dejes que los problemas cotidianos consuman tu energía del día, recuerda que conservar una actitud optimista puede ser una gran herramienta para enfrentar los obstáculos que te puedan aparecer en el trabajo, la escuela, la casa, la calle …; en fin, en cualquier lugar, y así ayudar a que tus niveles de estrés bajen.

En esta vida existen gente negativa y gente positiva. Las dos clases de personas, aparentemente, son semejantes en todo, tienen familia, trabajo, escuela, vida social, etc., quizá unos tengan mas y otros menos, pero lo que más los distingue es su manera de ver la vida y las circunstancias que la rodean.

El rumbo que puede tomar cada situación cotidiana, dependerá totalmente de nuestras decisiones, y una de ellas es, definitivamente, la actitud que tomemos ante las dificultades.

José Martí escribió: El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan mas que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz. Con esta frase le ejemplifico que todo depende de nuestra forma de ver las cosas, de las decisiones que tomemos, y definitivamente, la actitud que asumamos.

Se trata de un ejercicio diario, es decir, como todas las virtudes, hay que ponerlas en práctica y repetirlas constantemente para que se afiancen y se conviertan en parte de la persona.

Ver el lado bueno de cualquier situación ayuda a mantener la salud física y espiritual, evita caer en depresión y auxilia a mantener el equilibrio emocional en quien lo ejerce. Por supuesto, habrá ocasiones en que parecerá imposible mantenerse optimista, pero hay que hacer el esfuerzo por encontrar el lado positivo a todos los eventos.

Se puede sacar un sentido incluso del sufrimiento”. Todo lo que nos ocurre, bueno o malo, tiene una razón de ser. Seguro a todos nos ha pasado que en el instante en que sucede determinada situación, no caemos en cuenta de que está pasando por algo; es a la larga, viendo en retrospectiva, que comenzamos a entender para qué suceden las cosas. Por eso, insisto, actuemos como dice el refrán, “al mal tiempo, buena cara”, teniendo la certeza de que, todo lo que acontece en nuestra existencia, tiene un propósito.

Es por eso que te ofrecemos algunas recomendaciones, para que logres mantenerte enfocado en una actitud positiva:

  • Organizar tus actividades por días y horarios, esto te permitirá dedicarle el tiempo adecuado a cada tarea sin que te estés abrumado todos los días con tus pendientes.
  • Cada vez que te surja un imprevisto, debes preguntarte de qué manera le puedes sacar provecho a las circunstancias.
  • Cuando no estés de acuerdo con alguien, toma sólo lo que te sirva de lo que dice, desecha lo demás y no te centres en lo negativo.
  • Date tiempo para concentrarte en cada tarea, no intentes hacer todo al mismo tiempo.
  • Desde que te despiertas en las mañanas, piensa en que va a ser un buen día y recuerda las cosas buenas que tienes en tu vida.
  • No vivas en el pasado, ni en el futuro, lo único que está en tus manos es el presente.
  • Cuando te enfrentes a un problema cotidiano enfócate en cómo lo puedes resolver y después OLVÍDALO, sigue con tu día sin estar pensando en lo malo que te pasó.
  • Si tienes un problema fuerte, recuerda que estar pensando todo el día en él, no te servirá de nada; concéntrate en lo que estás haciendo en el momento, así podrás ser mucho más productivo.
  • Van a existir muchas circunstancias que no dependan de ti, debes aprender a detectarlas y pensar en lo que puedes aprender de ellas sin cambiarlas.

También cosas tan sencillas como: escuchar música alegre que sea de tu agrado, hacer ejercicio, comer saludablemente y dormir 8 horas al día, pueden ser factores que aumenten tu capacidad de mantenerte optimista durante el día.

En resumen, los obstáculos y problemas son parte inherente de la existencia humana, pero afrontarlos de la mejor manera posible y aprender de ellos está en tus manos.

Recuerda que para poder disfrutar de la satisfacción y la plenitud, que son metas y partes esenciales en nuestro paso por este mundo, el optimismo, así como la valoración de las cosas más simples y pequeñas, son parte clave dentro de la ecuación que llamamos vida.

Coca Cola, el bikini y operación“Okopera”

Por: Jorge Wejebe Cobo.
tomado del blog: El adversario Cubano
El control de la mente humana fue una obsesión y, a su vez, un rotundo fracaso de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a pesar de constituir el objetivo durante 20 años de la Operción MK Ultra mediante la cual implantaron en el cerebro de personas -cual conejillos de Indias- receptores de radio por donde suponían que recibirían las órdenes para actuar de acuerdo con los intereses estadounidenses.
Paradójicamente, solo pudieron acercarse a esos resultados al sembrar valores al estilo norteamericano en la conciencia de millones de seres humanos, sin necesidad de abrirles el cráneo, utilizando métodos de guerra cultural y sicológica.
Allen Dulles, director de la CIA, desde 1953 y hasta 1961, al tiempo que dio luz verde a MK Ultra y organizó los golpes de Estado de Irán y Guatemala, concibió la cultura como escenario de guerra sicológica a largo plazo en el destruido Viejo Continente de pos guerra y dirigió la operación “Okopera” en 1953, en la que el arte y la literatura se convirtieron en armas efectivas en la lucha contra la URSS y sus aliados de Europa oriental.
Pero adjudicar el mérito a la CIA de prefigurar las futuras contiendas por la mente de los hombres en el campo cultural, sería erróneo, ya en la década de 1930 Antonio Gramsci, marxista italiano profetizó desde la cárcel bajo el régimen de Mussolini,  que las nuevas guerras se ganarían en el campo intelectual, en la cultura y las ideas, lo cual no paso inadvertido a los teóricos de la inteligencia norteamericana, iniciadores de la Guerra Fría y muchos de ellos desertores del marxismo y la izquierda desde los propios años 30.
Para la época, toda una generación de europeos sobrevivientes de la II Guerra Mundial deambulaban entre sus ciudades destruidas, viviendo en extrema precariedad, pero sin perder su sentido de eurocentrismo cultural al considerar a los bonachones soldados norteamericanos de ocupación que repartían latas de conservas a los hambrientos,- representantes de la nación más poderosa, de nuevos ricos carentes de fuertes raíces culturales y su modo de vida se veía  desprovista de espiritualidad de la cultura clásica del Viejo Continente.
La URSS y los partidos comunistas europeos emergieron de la guerra con una bien ganada reputación y simpatía entre el pueblo y la intelectualidad por haber aportado el esfuerzo principal para la derrota del fascismo y encabezar en sus pueblos la resistencia.
Estandarizar y divulgar en toda Europa la cultura y modo de vida norteamericanos y demoler la simpatía por el ideal socialista fueron las primeras tareas de la CIA, para lo cual oficiales de la Agencia asumieron el papel de productores, de directivos culturales y con los bolsillos llenos de dólares llevaron a las mejores orquestas sinfónicas de EEUU, cantantes y artistas de gira por Alemania Occidental, Italia y demás países,, lo cual tomó un impulso decisivo cuando se liberaron millones de dólares del Plan Marshall para la reconstrucción europea destinados a esos fines.
La Coca Cola no tardó en extenderse como bebida preferente en la Alemania ocupada por los aliados occidentales, gracias a una gran campaña publicitaria  y las medias de nylon, lencerías femeninas y los famosos bikinis importadas de EEUU, hicieron furor entre, las jóvenes europeas como símbolos de la pintoresca modernidad y cultura norteamericanas que tocaba a sus puertas.
La otra cara de la moneda
Pero la estrategia norteamericana no fue solamente una política de terciopelo cultural  completada por  el marketing de los bienes de  consumo  para encantar a la Europa en  crisis. También se recurrió a métodos no tan blandos para mantener sus  intereses  en el Viejo Continente.
Era necesario salvaguardar, por ejemplo en Alemania Occidental, un gobierno decididamente anti comunista y en 1956 fue nombrado el general nazi Reinhard Gehlen -ascendido por Hitler en 1944-, como primer jefe de los servicios de inteligencia de la República Federal Alemana. En ese año también se ilegalizó el Partido Comunista en ese país y desde 1951 el 66 por ciento de los funcionarios dirigentes del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores fueron ex militantes del partido nazi. Además, se promulgaron leyes para la persecución, expulsión de sus trabajos y represión a los ciudadanos con ideas izquierdistas .
También en estados miembros de la OTAN se organizaron células  terroristas denominadas redes Gladio, compuestas por ex nazis y elementos anti comunistas vinculados a los servicios de seguridad del ese bloque militar que tendrían la misión de liquidar cualquier movimiento popular principalmente comunista si llegaran al poder o se producía una guerra con la URSS. Ellos fueron responsables de centenares de hechos terroristas hasta la década de 1980, principalmente en Italia donde perseguían desestabilizar al país y hacer imposible cualquier avance y acuerdo del Partido Comunista de esa nación con otras fuerzas .tradicionales, lo cual fue reconocido por el gobierno italiano en 1990.
Ese era el contexto, no siempre relacionado suficientemente por los investigadores , como la otra cara de la moneda de la guerra cultural que paralelamente llevaba adelante la CIA en Europa desde el final de la guerra hasta los años de 1980.
En su campaña ideológica, además, los norteamericanos se beneficiaron de una ayuda involuntaria, por la aplicación en la URSS y sus aliados europeos de una política presidida por una concepción estética excluyente y única del llamado Realismo Socialista, que reducía la creación artística y literaria a ser ilustradores de la política, impuesta a la intelectualidad con entusiasmo por José Stalin y sus colaboradores desde los años de 1930 y que pervivió con cambios hasta la desaparición del socialismo europeo.
Entonces solo le quedaba a los planificadores de la CIA, lograr el liderazgo de las concepciones estéticas e ideológicas excluidas en el campo comunista y utilizar artistas e intelectuales, descontentos con el realismo socialista. Supuestamente  enarbolando la bandera de la libertad de creación y del arte por el arte, los imaginativos manipuladores de la Agencia se aprestaron a una ofensiva cultural en toda línea
La obsolescencia programada de un congreso.
En 1950 se fundó la institución madre de una tupida madeja de tapaderas culturales de la operación “Okopera”, el Congreso de la Libertad Cultural, dirigido por Michael Josselson. un cuarentón agente de operaciones encubiertas e intelectual lituano, muy resentido por la ocupación de su país por los soviéticos en 1940.
Además, se establecieron sucursales del congreso en 35 países, contrataron, compraron o reclutaron a miles de personas, incluyendo artistas, intelectuales y periodistas para organizar, casas editoras, conferencias, exposiciones de arte, publicaron artículos de opinión en decenas de revistas y formaron su propio servicio informativo para replicar en formato cultural los intereses geopolíticos de EE.UU.
Sin mayores problemas, las principales instituciones norteamericanas mecenas del arte y la cultura como la Fundaciones Ford, Rockefeller, el Museo de Arte Moderno de New York, (MOMA) y otros, colaboraron con dedicación a los planes de la CIA.
También se consolidó un sistema de premios en metálico, de becas y se utilizaron a intelectuales conscientes o no, para la manipulación de ideas dirigidas a un fin único: lograr la hegemonía cultural e ideológica de los intereses norteamericanos en los principales circuitos de arte y de ideas para contrarrestar el socialismo y los movimientos progresistas en todo el mundo.
En esta gran red de influencia extendida por más de 20 años cayeron intelectuales liberales y  críticos con la política soviética, algunos lejos de los postulados de la extrema derecha, quienes fueron calificados como la “ izquierda anti soviética” por la CIA, pero que fueron muy útiles en sus planes.
Entre ellos figuraron George Orwell, Irving Kristol, Melvian Lasky, Isaiah Berlin, Stephen Spender, Sydney Hook, Daniel Bell, Dwight MacDonald, Robert Lowell, Hannah Arendt, Mary McCarthy, y muchos otros en los Estados Unidos y Europa.
Pero para 1967 el retablo de tan gigantesca operación se resintió. Los EE.UU con su intervención en Viet Nam, la invasión de Playa Girón y el cambio de situación en América Latina que trajo la Revolución cubana y un movimiento anti belicista que junto a los conflictos raciales de la década de 1960, puso en peligro al propio sistema de valores  democráticos de la sociedad norteamericana
La crisis la completó los asesinatos del Presidente John F.Kennedy, del líder negro Martin Luther King y posteriomente de Robert Kennedy, Fiscal General en 1968, lo que tuvo que atiborrar de desencanto a una base de intelectuales liberales que vieron entonces la cercanía  con la CIA como algo embarazoso y comenzaron las filtraciones a la prensa.
En 1966 y 1967,  la revista norteamericana  Ramparts, acusada por los servicios secretos por presunta vinculación con el comunismo y en el diario New York Times se publicaron artículos e investigaciones respecto a varias organizaciones patrocinadas por la CIA, como la revista Encounter del Congreso pro Libertad Cultural, con lo cual quedó evidenciado que la agencia pagaba desde hacía más de 30 años todo ese proyecto  y salieron a la luz pública nombres de intelectuales vinculados a esa operación. Era lo único que faltaba para la desbandada final de muchos colaboradores del proyecto.
También en 1967 el Presidente Lyndon Jonhson nombró una comisión para investigar esas acciones de la CIA, dirigido por el subsecretario de estado Nicholas Katzenbach, quien concluyó  que “ninguna agencia federal proporcione asistencia o ayuda financiera encubierta directa o indirecta a ninguna de las organizaciones  educativas y privadas, sin ánimo de lucro”.
Dicha prohibición fue papel mojado para la CIA. En 1975 según el resultado del Comité Especial sobre Actividades Gubernamentales de Inteligencia que volvió investigar a la Agencia y al FBI  encontró pruebas documentales de que esas relaciones se mantuvieron.
Sin embargo, la Operación “Okopera”, y su creación el Congreso de la Libertad Cultural había cumplido con creces sus objetivos y su final puede considerarse una obsolescencia programada, como las aplicadas a los productos diseñados para un tiempo determinado de uso, pero concebida especialmente en la línea de producción de estrategias de los “tanques pensantes” de la comunidad de inteligencia estadounidense.
Para la década de 1960 Europa Occidental era un aliado seguro de la política norteamericana y su hegemonía ideológica y cultural era incuestionable en el Viejo Continente, donde ya se exhibían más films de Hollywood que de otros países. También salieron indemnes las instituciones culturales denunciadas por ser tapaderas de la CIA, como las Fundaciones Ford, Rockefeller, el Museo de Arte Moderno de New York (MOMA) y a más de 20 años de la desaparición de la URSS ese incidente se ve como una honrosa contribución para la destrucción del socialismo europeo
Durante los años de funcionamiento del congreso se multiplicaron las instituciones cubiertas de la CIA que alejaron a los espías del trabajo directo en el terreno y en la actualidad debe ser un rareza encontrar a un oficial de esa Agencia como en los viejos tiempos, sacando el dinero del bolsillo para sufragar las campañas culturales como la hicieron en la destruida Europa de pos guerra.
Pero todo ese arsenal de subversión heredada de la Guerra Fría no fue desechada después que la bandera de la hoz y el martillo se arrió del Kremlin  en 1991 y hoy conforma las bases renovadas de la guerra cultural contra los países  revolucionarios y progresistas,  por medio de la globalización mediática en la red que hace aparecer un esfuerzo artesanal la operación “Okopera” del ya lejano año de 1950.
Tomado de: Cuba es Surtidor

No ha muerto la leyend

Mi generación nació en los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución de 1959 y una parte de ella, en los meses previos. Cuando los barbudos tomaron Santiago, y luego llegaron en caravana hasta La Habana, la República Popular China contaba apenas con una década de fundada y los estados socialistas de Europa del este no rebasaban los 15 años de vida. La Revolución soviética y su Estado multinacional, en cuyas ciudades y naciones muchos de nosotros estudiaríamos, era la más antigua: 40 años de resistencia frente al capitalismo internacional y al fascismo. Pero, adolescentes al fin, en los 70 creíamos que nuestros padres y sus revoluciones eran viejos (algunas revoluciones lo eran, en efecto, pero no por razones de calendario).

He revisitado en estos días mis fotos de los 80, cuando recién graduados de la Universidad blandíamos con ímpetu la espada juvenil, convencidos de que estábamos destinados a instaurar de una vez y para siempre la verdad, la razón y la justicia revolucionarias, y he sacado cuentas: nuestros padres, entonces, eran más jóvenes que nosotros hoy. Ay de quienes no intentaron transformar el mundo en sus primeros pasos por la vida, incluso con cierta dosis de autosuficiencia, esos nunca fueron jóvenes. Los que al paso de los años y las décadas no cejaron en su intento de transformarlo, sin embargo, no pueden considerarse viejos.

Poco a poco descubrimos que la vanguardia revolucionaria es supratemporal, aunque sea muy de su tiempo; conecta bajo tierra (donde crecen y se extienden las raíces) con las vanguardias anteriores y la integran hombres y mujeres de edades diversas. Si alguna duda persiste, Gómez y Martí, Baliño y Mella, podrían despejarla; pero también, el puente histórico que une a Martí y a Fidel. De no ser así, ¿cómo explicar la necesidad que sienten los revolucionarios latinoamericanos de invocar el hacha, el sable o el machete de sus antepasados? Ellos insisten en ser llamados martianos, sandinistas, zapatistas, bolivarianos, fidelistas. Los héroes del pasado alientan a los nuevos, discuten con ellos como jóvenes apasionados que son. No pueden ser embalsamados, son camaradas de lucha. Todavía recuerdo con emoción el instante mágico en que un millón de jóvenes de todas las edades tributaba al Comandante en Jefe de la segunda mitad del siglo XX la más alucinante despedida que un héroe pueda recibir: «yo soy Fidel», proclamaba su pueblo con el puño en alto, lo que significa decir, «no te dejaremos morir». Fidel le había dicho lo mismo a Martí, en el año de su centenario, pero las épocas son diferentes: el Apóstol había sido abandonado, y Fidel no lo está.

Hay que aprender a identificar a un joven. No se trata, es obvio, de cuán tersa sea su piel o negro el pelo, tampoco sirve preguntar la edad. Esos son datos confusos. Los moncadistas eran, aparentemente, como sus coetáneos, pero mientras ellos asaltaban el Moncada muchos otros bailaban en los carnavales. Hay que desconfiar de quienes insisten en acatar los consensos que la moda, las transnacionales de la comunicación o el cansancio han sembrado. Por otra parte, «lo que los jóvenes piensan» es una frase que admite manipulaciones diversas y un truco muy usado por los viejos para justificar su propia deserción. Los consensos se construyen –esa es tarea de revolucionarios– y en la medida en que responden o no a los intereses reales de las mayorías, de los humildes, se acercarán o no a la verdad. La vanguardia de los jóvenes revolucionarios es intergeneracional. No existe un Partido de los de menos edad (estos tienen intereses tan disímiles como el resto de la sociedad); existe en cambio el Partido de los jóvenes de cualquier edad, el que enarbola el ideal comunista.

Es cierto que cada generación aporta un ángulo de visión diferente y que esa mirada otra descubre aspectos soslayados, sensibilidades no percibidas con anterioridad; pero el eje moral de un revolucionario, no importa el siglo en el que viva, es la justicia, la posible y la que aparenta no serlo. Para ello tratará de que las desigualdades de hoy –las inevitables, las que son o parecen «justas»– sean temporales. No se conformará. Ese es el horizonte, la tierra difusa que se vislumbra en la niebla, hacia la que hay que remar: toda la justicia. Nadie remará si desaparece, si deja de ser invocada. Y es imprescindible el relevo de remadores, que todos nos asumamos como protagonistas de este esfuerzo colosal.

El hecho que motiva estas reflexiones es sencillo: en unos días empezaremos a vivir el año 60 de la Revolución, y nosotros, sus primeros hijos, en el transcurso de este y de los siguientes años, alcanzaremos su edad. La Revolución Cubana ya tiene más años que los que tenían los estados socialistas de Europa cuando desaparecieron. El Estado multinacional soviético no existe más. Hemos sido el referente de otras revoluciones latinoamericanas más recientes, sin que nadie intentara copiar nuestros modos y maneras. Muy cerca de estas costas, al acecho, con las fauces abiertas, están los depredadores del gran Capital. Algunos amigos esgrimen razones para la rendición. Dicen, comprensivos: no podemos exigirle al pueblo cubano más sacrificios. Me pregunto si la entrega de nuestras conquistas es un sacrificio menor, si el capitalismo dependiente que espera en las aguas estancadas del barranco al que nos empujan, no acrecentaría el sufrimiento de las mayorías y les arrebataría la posibilidad de pelear por un futuro mejor. Todas las insuficiencias que los revolucionarios detectan, todas las insatisfacciones, podrán ser resueltas si (y solo si) somos capaces de conservar la Revolución.

Mientras avanza el año 60 –los adolescentes de hoy nos suponen muy viejos, es natural–, conmemoraremos otras efemérides: el aniversario 150, por ejemplo, del inicio de la Guerra de Independencia. Alguna vez Fidel se refirió a que en Cuba solo había habido una Revolución, la iniciada por Céspedes en La Demajagua, lo dijo hace medio siglo, cuando éramos muy jóvenes y no sabíamos que nuestros padres lo eran también. En aquella oportunidad, Fidel afirmó: «nosotros debemos saber, como revolucionarios, que cuando decimos de nuestro deber de defender esta tierra, de defender esta patria, de defender esta Revolución, hemos de pensar que no estamos defendiendo la obra de diez años, hemos de pensar que no estamos defendiendo la revolución de una generación: ¡Hemos de pensar que estamos defendiendo la obra de cien años!». Eso explica también por qué la Revolución Cubana del 59 no se fue a bolina cuando las otras cayeron. Explica el engarce de las generaciones en una guerra que para ser anticolonialista, en el siglo XIX, y antimperialista en el xx, tuvo que ser anticapitalista.

Soy cuatro meses mayor que la Revolución que me educó, y tan joven como ella. Una Revolución que se renueva, valga la redundancia, que se refunda. A pocos días de iniciarse el nuevo año –un final y un comienzo que nos otorgamos para la meditación–, no hallo mejor arenga patriótica que la del joven José Martí: «No ha muerto la leyenda. ¡Indómitos y fuertes, prepáranse sus hijos a repetir sin miedo, para acabar esta vez sin tacha, las hazañas de aquellos hombres bravos y magníficos que se alimentaron con raíces; que del cinto de sus enemigos arrancaron las armas del combate; que con ramas de árboles empezaron una campaña que duró diez años; que domaban por la mañana los caballos en que batallaban por la tarde!».

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL 39 FESTIVAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Tomado de: Cine Cubano La Pupila insomne

Gustavo Arcos Fernández-Britto 

El 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano terminó anoche y las mujeres, como realizadoras, artistas o técnicas arrasaron con la mayoría de los galardones. Ellas, no solo fueron las autoras de los filmes sino también, las protagonistas centrales y activas de esos relatos. Un suceso, sin precedentes y gratamente significativo en la historia de estos eventos.

Bajo la premisa, Ver para crecer, llegaron a La Habana cientos de películas e invitados y, los espectadores como siempre, organizaron su particular maratón para disfrutar de la mayor cantidad posible de filmes, siguiendo ese extraño ritual adictivo, que se repite con cada edición. Y es que, para muchos cubanos, ir al cine solo parece cobrar sentido durante estos diez días, en los que se obtiene una… licencia para soñar. El resto del año, las visitas al agromercado, el paquete semanal y la televisión nacional hacen lo suyo. Así que el festival, se convierte en esa puerta o espacio único, donde la gente intenta conocer, o vivir, la vida que no tiene.

Como tener y no tener se ha convertido en el mantra de nuestros tiempos, el festival se ve arrastrado cada año por esa misma lucha de contrarios… posesivos. No hay empresa que se levante sin financiamiento y los organizadores deben convertir polvo en oro, (¿o pesos en CUC?) para tratar de no traicionar a los espectadores que, año tras año, esperan el mes de diciembre para ver, quizás, el mejor cine del mundo. Pero no basta con traer buenas películas y organizar magníficas secciones, hace falta disponer de los espacios de exhibición que estén a la altura de esos esfuerzos y, francamente, el estado de nuestras salas (lunetas muy incómodas, proyectores que no funcionan, sonidos que se distorsionan) dejan bastante que desear, aun y cuando se han producido inversiones (evidentemente erradas) en ese sentido.

Distanciado de su espíritu fundacional el festival ha dejado de ser la fiesta que integraba a todo un país, que llevaba películas a ciudades y comunidades, que hacía vibrar, emocionar y sufrir a millones de personas. Hoy, solo ofrece programas para unas pocas salas de la capital, ubicadas esencialmente en un mismo y reducido circuito del Vedado. Tal desplazamiento (no imputable a sus organizadores, puesto que rebasa sus competencias) tiene consecuencias culturales.

A pesar de esos y otros avatares, la cita, mantuvo su estructura o diseño tradicional, erigido alrededor de muestras oficiales y alternativas, presentaciones especiales, conciertos, encuentros teóricos, conferencias, lanzamientos de libros, homenajes y talleres. Múltiples opciones en un apretado programa, no siempre bien promocionado, sujeto a todo tipo de contingencias (la precaria conexión a internet o, la llegada de los filmes, por ejemplo) que termina por generar incertidumbres y confusiones informativas entre los espectadores. Es un modelo inclusivo, defendido por sus curadores, quienes, intentando mantener las esencias del evento, en su vocación latinoamericanista, han abierto también sus pantallas a lo mejor y más variado del cine universal.

Cuba tuvo una débil representación en los concursos oficiales de este año y su participación no fue refrendada (salvo en la categoría de animación) con ningún premio importante del jurado. Sergio y Serguei obtuvo el gratificante premio del público, pero para los filmes cubanos… es ya un lugar común. Paradójicamente, hemos tenido una de las más prolíficas temporadas de toda nuestra historia fílmica ya que se han rodado, al menos, una docena de largometrajes y cientos de cortos y documentales que ahora transitan por diferentes etapas de posproducción visual y sonora. ¿Los veremos el próximo año?

Cada festival tiene su propio comité de selección, que parte y reparte, colocando obras en el concurso oficial o en las muestras paralelas, siguiendo en primera instancia, criterios artísticos o estéticos. También influyen, los deseos del productor al hacer la inscripción en una u otra sección, el perfil o interés del festival, y hasta los nombres de algunos autores cuyo pedigrí y obra, legitimarían su inclusión. Pero los filmes cubanos se convierten cada año en la manzana de la discordia. Otro “comité” extra- cinematográfico incide y presiona para que no se incluyan ciertas obras, consideradas incómodas o “políticamente incorrectas”. Hace tres años fue Regreso a Ítaca (Laurent Cantet), luego, en el 2016 tuvimos la amarga experiencia con la exclusión de Santa y Andrés (Carlos Lechuga) y este año, en lo que parece ser un patrón contra los filmes con nombres propios, le tocó el turno a Sergio y Serguei (Ernesto Daranas), que, aunque finalmente presentada, tuvo que sortear no pocas escaramuzas.

Como ocurre con la Muestra Joven de abril, los festivales son una excepción para la producción audiovisual cubana. Se levantan como el reducto circunstancial y único donde pueden apreciarse, en una sala y con cierta dignidad, muchas de las películas nacionales que fuera de esos marcos, no encontraran nuevas presentaciones públicas en nuestro entorno. La lista de películas “marcadas para morir” es larga. Alguien dijo que un país sin imágenes, es un país que no existe. Bueno, en el nuestro desgraciadamente hay gente empeñada en hacer realidad ese axioma.

Por suerte, los cineastas cubanos no le hacen el juego al enemigo… interno; filman, viajan, se involucran en diferentes proyectos, encuentran fondos donde sea y siguen adelante con sus ideas y sueños estrenando sus obras por todo el mundo. Ahí está una película como Los lobos del este, dirigida por Carlos Machado Quintela, y presentada en la sección Panorama Latinoamericano. Su obra anterior (La obra del siglo) es justamente una de esas que, aun galardonada en el festival, espera por su estreno tras dos años de realizada.

Pero Carlos, no se sentó a llorar o esperar, se fue a Gran Bretaña y luego a Japón donde encontró el ambiente, los actores, un lobo japonés y las motivaciones para su nuevo filme. Tenemos una película rodada por un cubano, en Japón, con actores y técnicos de esa nación que, por supuesto hablan en japonés, interpretando personajes diseñados y escritos por cubanos que viven en España. Fue editada en Estados Unidos y realizada gracias a la colaboración de al menos cinco naciones. Un ejemplo de los caminos que también puede seguir el cine de la isla. Un cine posnacional que se construye más allá de nuestras fronteras, y de la tutela institucional, que nos hace repensar los conceptos de identidad nacional, especialmente aquellos asociados a una geografía o espacios definidos. Ya hemos tenido varias experiencias en ese sentido. Recordar por ejemplo los filmes: Memorias del desarrollo (Miguel Coyula), El acompañante (Pavel Giroud) y Espejuelos oscuros (Jessica Rodríguez) por solo citar algunos de las más recientes.

El próximo festival estará consagrado a Tomas Gutiérrez Alea en su 90 aniversario. Será la edición 40 y seguramente se organizarán, por aquello de que es un numero redondo, presentaciones y jornadas memorables. Habrá muchas películas cubanas en el 2018, así que los curadores del festival tendrán una ardua tarea por delante al seleccionar o decantar. Ojalá los filmes sean dignos de Alea, y el festival todo, de su honestidad artística, su espíritu crítico y compromiso intelectual.

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