Category: Categorías

Dejémosle ser maestros, teachers

tomado del Blog: Fomento en vivo

por Dayenis López
El maestro deviene paradigma ético-moral y espejo en que se miran constantemente sus alumnos. Como bien sentenciara Luz y Caballero, “instruir puede cualquiera; educar solo quien sea un evangelio vivo”.
Por lo tanto, el educador debe ser ejemplo, desde todo punto de vista, mientras que su actuación, no solo en el aula, sino también fuera de ella, es un fiel reflejo de lo que explica en clase.
Hoy es el Día Mundial del Docente. La UNESCO dedica este día a promover la autonomía de los docentes, fortalecer y crear nuevos maestros de todas las enseñanzas. Pero, ¿qué tipo de maestros requieren nuestras aulas? ¿Cómo incentivar el amor por la docencia?
La docencia, como profesión y como pasión, es una disciplina a la que se la debe abordar con respeto y dedicación, demandando un gran compromiso por parte del maestro. Este compromiso será el contrato tácito establecido por el docente hacia su rol de comunicador, transmisor y precursor de la curiosidad del estudiante.
Desafortunadamente, esto que debería resultar como denominador común para todos aquellos que persiguen la vocación, parecería escasear en algunos, generándose como resultante personas que atentan contra la profesión. Mal llamados docentes, quienes extasiados por el aparente rol de autoridad que les confiere dicha relación de profesor – alumno, se empapan de esa jerarquización en lugar de involucrarse en el universo del estudiante y en la real dedicación que conlleva. Estos son casos que ya no se manifiestan de manera aislada, cada vez se presentan de forma más recurrente, y su evidencia radica en los mismos estudiantes y en su desarrollo de aprendizaje.
En contraposición a estos desalentadores de la profesión, aparecen aquellos a quienes sí les es legítima, y por sobre todo quienes desde sus nuevos aires renovadores hacen su aporte. Realmente hace que se transforme en una necesidad poder gestar a un nuevo grupo de docentes dentro de un circuito de profesionales ya instalados en la institución educativa. Generalmente se trata de personas de joven edad, con nuevas ideas, y entusiastas de aprender el ejercicio de la docencia.
Transitando el período de formación pedagógica, y culminando ya con la última instancia de éste, es claro notar cómo el número de estudiantes ansiosos por el ejercicio de la docencia ha disminuido. Cuba afronta un déficit creciente de profesionales del sector educacional entre otros motivos, por la falta de reconocimiento al maestro, las dificultades salariales y materiales y el despojo de su propia vocación por un cúmulo de reglas, normativas y burocracias que rigen hoy el trabajo del profesor.
Encontrar el goce en saberse como educador no sólo significa que un alumno termine con el curso de determinada materia, se trata de una dimensión aún mayor a esto, es lograr la autosuperación del sujeto, como estudiante, como individuo social, como agente de un grupo, y por sobre todo como sujeto curioso, con sed de aprendizaje, consiguiéndolo a partir de la superación de esas barreras individuales que lo limitan.

La última trepada del CU-455, la del salto al infinito

tomado del blog Fanal Cubano

Héctor R. Castillo Toledo

El 5 de octubre de 1976 un DC-8 de la aerolínea Cubana de Aviación taxea sobre la losa del aeropuerto de Timehri, en Guyana. Es un avión; para el argot cotidiano de la aeronáutica se trata del CU-455, dos letras y tres números apenas, un vuelo que pronto entrará en la historia, una trágica historia…

Son las 10:57 de la mañana del día siguiente cuando la aeronave enfila su nariz al aeródromo de Piarco, en Puerto España. Según la hoja de vuelo llevan 27 minutos de retraso, demora provocada por la espera a integrantes de una delegación oficial de la República Popular Democrática de Corea.

La escala técnica en Trinidad y Tobago es breve. Allí suben al avión, organizados pero con inusitado y contagioso bullicio, los 24 muchachos de nuestro equipo juvenil de esgrima. Vienen de regreso desde Caracas, de donde llegaron en un vuelo de la Pan American con los pechos henchidos por la gloria de todas las medallas áureas puestas en disputa durante el Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte.

Se me antoja que entre los chistes cruzados de un asiento a otro, hace las delicias de la muchachada aquel que iguala al vetusto DC-8 con el tren lechero por la cantidad de paradas que realiza la aeronave en su trayecto hacia La Habana. Puede que alguno empleara la broma mientras el pájaro de metal sale rumbo a Barbados, su próximo destino… el último, pero eso sólo lo sabe el Diablo encarnado por cuatro forajidos.

Hay tanto futuro, tantas ansias de vivir y deseos de reencontrarse con los suyos, que permanecen ajenos al meticuloso examen de las autoridades aduaneras, práctica que aplican desde un reciente y frustrado atentado a un avión de Cubana en Kingston, Jamaica. Entre las normativas figura no aceptar carga, correo, ni bultos sin acompañante; chequear el equipaje de mano y revisar si algún pasajero porta armas. La revisión no va más allá, el equipamiento utilizado por los custodios no está preparado para la detección de sustancias explosivas.

Media hora más tarde el bromista arremete de nuevo con que si un pitirre les hace señas paran a recogerlo, tal como hace el expreso entre Cienfuegos y la capital cuando las vacas le mueven la cola. Apenas han transcurrido 32 minutos desde el despegue en Puerto España y ya toman pista en el aeropuerto de Seawell, Barbados, y alguien recuerda que aún deben hacer escala en Kingston.

Varios pasajeros abandonan el vuelo; entre quienes dan por concluido su viaje se hallan Freddy Lugo y José Vázquez García (nombre falso con el que Hernán Ricardo Lozano adquirió su boleto), los sicarios empleados por los autores intelectuales del salvaje acto. Detrás de su estela con olor a azufre y odio ha quedado la carga mortífera, bien disimulada…, pero ya en conteo regresivo.

No ha transcurrido siquiera una hora cuando los motores ensordecen de nuevo con su rugido y el tubo metálico con alas devora metro a metro la pista que parece una cinta sinfín en alocada carrera. Alerones arriba. La rueda delantera se despega del hormigón y comienza la trepada, la última, la del salto al infinito…
Desde la torre los controladores de vuelo ven el punto alado alejarse en la distancia. Apenas se distingue. Prosigue el habitual ajetreo en la sala de control de tráfico aéreo cuando la rutina es rota por un clamor en los audífonos…

    – ¡Seawell! ¡Seawell!… ¡CU-455!
    – CU-455… Seawell
    – ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente!
    – ¡Tenemos fuego a bordo!
    – ¡Cierren la puerta! ¡Cierren la puerta!
    – ¡Nos estamos quemando intensamente!
    – ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua Felo, pégate al agua!
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?

Por respuesta sólo se escucha la estática en el éter. Silencio, nada más. Sabrá Dios adonde habrá volado el último pensamiento de aquellos 73 inocentes a quienes sentenció el odio irracional.

Pronto corrió la noticia, trasladada de persona a persona con urgencia, pesar y rabia, era concisa y devastadora: “Se cayó un avión cubano en el mar por un sabotaje. No hay sobrevivientes…”.
La evidencia posterior implicó a los ejecutores: Lugo y Ricardo fueron detenidos. Días después eran puestos presos los autores intelectuales del atentado en pleno vuelo: Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes tiempo más tarde (18 de agosto de 1985), y luego de dos intentos fallidos, consiguieron “escapar” del penal de San Juan de los Morros con el contubernio de las autoridades venezolanas de entonces.

Como es usual en estos casos, ambos buscaron la protección del amo yanqui. A Bosch le extendió un indulto el presidente George Bush padre y murió sin remordimientos de conciencia viviendo en Miami, asiento de la mafia anticubana. El otro tuvo tiempo aún para nuevos servicios a la CIA y prestarse a sucias componendas en Centroamérica contra los movimientos de izquierda y en particular contra la Revolución Sandinista.

Luego pareció esfumarse, pero seguía latente su empecinamiento por hacer daño a Cuba. Y volvió a pagar de trasmano con dinero yanqui a nuevos mercenarios para poner bombas en instalaciones turísticas en La Habana, una de las cuales le cortó la vida al joven italiano Fabio Di Celmo.

Años después, en 2000, un operativo conjunto entre la inteligencia cubana y autoridades panameñas permitió abortar un nuevo acto brutal de Posada Carriles, quien con el concurso de otros connotados terroristas de origen cubano fraguaba un atentado con explosivos al líder de la Revolución, presente en la nación istmeña para la Cumbre Iberoamericana.

El objetivo, tal como lo describieron, era volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá durante un acto de Solidaridad con Cuba al que asistiría Fidel, organizado por los estudiantes. Macabro plan en la nación que se aprestaba a ser sede de una cumbre que justamente enfilaría sus debates bajo el siguiente orden: Infancia y adolescencia, un nuevo proyecto para un nuevo siglo.

Poco antes de culminar su mandato, la presidenta Mireya Moscoso, “generosamente” retribuida por la mafia cubanoamericana asentada en Florida, concedió el indulto al terrorista y sus compinches de idéntica laya.

Transcurrieron 42 años desde el abominable crimen y las autoridades de los Estados Unidos nunca atendieron el negro historial criminal de Luis Posada Carriles, autor intelectual confeso del atentado junto a Orlando Bosch Ávila, indultado a finales de los ’80 por el entonces presidente George H. W. Bush, el hombre que estaba al frente de la CIA en el momento del sabotaje al vuelo CU-455, la agencia que apenas un día después de la voladura, al igual que el FBI, dijo tener desde antes conocimiento pleno del plan de atentado y los autores materiales e intelectuales del criminal suceso.

A pesar de ello, ambos crápulas se radicaron en Miami, la sentina de la contrarrevolución, donde morirían apacibles y sin remordimientos de conciencia, pero peor aun, sin purgar ante la justicia por sus probados crímenes. Bosch falleció el 27 de abril de 2011. Siete años más tarde, el 23 de mayo de este 2018 lo haría también aquel que nunca se escondió para proclamar su inconclusa cruzada contra el proyecto socialista cubano. Como escribió una amiga en Twitter desde España, ambos deben estarse “quemando lentito en las brasas del Infierno”.

Finding Nemo

tomado del blog Letra Joven

Por Rodolfo Romero Reyes

La primera vez que utilicé el seudónimo de Nemo fue precisamente en las páginas de la revista Alma Mater. Respondió en aquel momento a una petición de alguien —algún directivo, supongo—, en mi opinión un poco absurda. Me fue comunicada por quien, en aquel entonces, fungía como director de la publicación.

En ese momento yo colaboraba con bastante sistematicidad en la sección: «¿Quién le pone el cascabel al látigo?». En primer lugar porque era la sección que me permitía llevar a un medio nacional el mismo estilo con el que escribíamos en La Papilla, publicación dedicada a «dar chucho» en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. En segundo lugar, había descubierto que ese espacio, con más de 20 años de creado, había sido testigo de autores bien graciosos y carismáticos que yo frecuentemente leía. Y en tercero, porque siempre tuve gran sentido de pertenencia por la publicación que antes fue de Mella, también de Tamara y ahora de Mayra.

Me llama mi director y me informa que una persona no podía publicar dos y tres trabajos en un mismo número. Tampoco se podían monopolizar los espacios y mi nombre aparecía con mucha frecuencia, según él. Pero, como él era mi amigo, me dio una idea: «Te buscas un seudónimo y entonces algunos trabajos los firmamos con tu nombre y otros con el seudo».

Aquella idea, en principio un poca loca, me fue agradando. Entonces decidí buscar. Siempre he sido fan de Silvio Rodríguez y algunas de sus canciones han acompañado parte importante de mi vida: Playa Girón, Historia de las sillas, El elegido, obviamente Escaramujo, y Quién fuera.

De esta última siempre guardé tres imágenes bellas: Silvio desconectado del mundo, con la mano en su oreja, repitiendo «corazón…»; mi amiga Yaima siendo «un poderoso sortilegio» en el umbral de los misterios; y aquella muchacha que buscaba una escafandra, «al pie del mar de los delirios». Me pregunté muchas veces: ¿Quién fuera Lennon y McCartney…? ¿Quién fuera Nemo, el capitán?

El capitán Nemo, comandante del submarino Nautilus, es el protagonista de la novela de Julio Verne Veinte mil leguas de viaje submarino y uno de los personajes de La isla misteriosa. Nemo es un personaje sombrío y misterioso, que esconde su verdadera identidad tras un nombre que alude al episodio de Ulises y Polifemo en la Odisea. Obsesionado por un misterioso pasado, ha renunciado a vivir en sociedad y recorre los mares en un afán de investigación científica (las exploraciones del submarino Nautilus), de justicia (ayuda a los revolucionarios griegos en su lucha de emancipación respecto a Turquía), y de venganza (se dedica a hundir navíos que lleven la bandera de Inglaterra). En Veinte mil leguas de viaje submarino, Nemo y su leal tripulación parecen suicidarse hundiéndose en los torbellinos del Maelstrom.

Más que de los libros, tomé el seudónimo de la canción de Silvio. Así empecé a firmar como Nemo. Después, cuando tuve que escribir sobre mi tesis de licenciatura un artículo para la Editorial Caminos, utilicé la metáfora de «Nemo y su primera expedición», en la cual iniciaba una travesía incierta como parte del Proyecto Escaramujo, un «nautilus educomunicativo» que empezábamos a construir en la Facultad de Comunicación.

Así empecé a firmar indistintamente como Rodolfo y como Nemo. Una amiga que «lanza botellas» de Villa Clara insiste en decir que fue por el pececito anaranjado de la película animada. Yo le confieso que no, pero no me hace caso.

Aunque la idea nunca fue esconderlo, el verdadero nombre de Nemo se volvió un misterio. Todos en Escaramujo lo sabían pero los lectores de Alma Mater no. Hasta el día en que, y aquí viene lo cómico de esta historia, como parte de los cambios editoriales de la revista empiezan a pedir que los artículos deben ir acompañados de una foto de su autor.

Y entonces, en el próximo número, sin que diseñadores, editores o el propio director se dieran cuenta del garrafal error, salió para los estanquillos un artículo firmado por Nemo acompañado de una foto mía. ¿Qué les parece? Ese día cualquiera pudo encontrar a Nemo, sin ninguna complejidad.

Publicado por vez primera en 2015.

Cómo explicárselo

Esta tarde se me quebró la voz mientras leía mi texto “Según pasan los años” en voz alta.

Manzano, como lo llamamos todos los que lo queremos y admiramos, me había invitado a almorzar y a asistir a su “Peña del hurón azul”, que conduce junto a Reyna Cruz, su esposa.

Se me había olvidado que era hoy. Había ido, no tan temprano, cerca de la Plaza Roja (por la calzada de 10 de octubre) a ver si me aguardaba algo en el segundo piso de la tienda “El Asia”.

Máximo, el librero, me había dicho que todos los sábados había una especie de feria, de mercado de las pulgas, donde sacaban muchas cosas. Cuando llegué a la parada del rutero en Monte, ceca del Parque de la Fraternidad, me llevé la sorpresa de ser el primero en marcar. Me bajé en la Plaza Roja y, ¡milagro, milagro!, la librería “Alejandro de Humboldt” estaba abierta. Compré dos libros de En lo más implacable de la noche, la antología de Idea Vilariño publicada por Casa de las Américas. En “El Asia” no había nada esperándome.

Como ya sabía el camino emprendí el regreso por la Calzada de 10 de octubre, rumbo a Centro Habana, con el firme propósito de llegar a pie. Sabiendo el camino no podía ser tan largo. O bueno… por lo menos para mí. Cuando llegué a la Esquina de Teja, antes de doblar para buscar Monte, sonó mi celular: era Roberto Manzano. Quería saber si iba a ir a su casa a almorzar.

-Era hoy… no sé, Manzano, por qué pensaba que era el próximo fin de semana. Estoy en la Esquina de Teja. Lo que me demore en llegar…

Como estaba seguro del recorrido peatonal más no del guagüero decidí esperar un rutero o una máquina que me bajara a La Habana para, después de pasar por Concordia, dejar mi morral (la mochila) y reemprender el camino de regreso. La vuelta del bobo, sí. Como corresponde.

Una mano me tocó el brazo y me llamó. Era Zuleica Romay. Nos dimos un fuerte abrazo, sudorosos y emocionados. No alcanzamos a conversar mucho porque, ¡milagro, milagro!, ya venía el rutero. Semi vacío.

Dejé mi mochila (mi morral), tomé un poco del yogur que hace Michel, cogí el único ejemplar que tengo acá de Un librero y emprendí el camino de regreso al Parque de la Fraternidad, a la parada del rutero. Marqué el último en una cola zigzagueante y amplia. De repente, sin anuncio, apareció un P 8 vacío. Corrí a él e hice el viaje, hasta la parada de La Palma, sentado, con la ventana abierta y el viento corriendo por mi cara.

Apenas me bajé de la guagua una máquina, a la que le faltaba un pasajero, me estaba esperando para llegar a la Curva de Párraga. Ya todos habían almorzado cuando llegué. Manzano, como lo llamamos todos los que lo admiramos y queremos, abrió su abrazo inmenso apenas me vio. Hacía seis meses no nos encontrábamos. La última vez fue el 17 de febrero.

-Llegué tarde, lo siento…

-No te preocupes… lo importante es que viniste… Y, al ser el último, eres el más afortunado: puedes comer más.

-Eso era en otros tiempos, Manzano… -le respondí sonriéndole al que fui alguna vez: lento pero aplastante como la pata del elefante.

Conversamos un rato. Nos actualizamos y emprendimos todos el camino al “Hurón Azul”, la casa de campo de Carlos Enríquez donde, desde hace un año, funciona la peña que coordinan su esposa Reyna y él.

Si la palabra “apóstol”, en Cuba, no tuviera ya dueño, sería la indicada para nombrar a Roberto Manzano. Apóstol de la poesía. Y como lo conozco (y todos los que lo conocemos) sé que, aunque esta palabra no tuviera dueño, él la rechazaría.

Estar con Manzano, escucharlo, es encontrarse con un ser humano de una bondad y sabiduría infinitas, un poeta en el sentido amplio y profundo de la palabra, un creador, un artesano, un amador de las palabras y del estudio. Un permanente y constante descubridor para quien la vida debe vivirse de acuerdo con la vocación y con una fidelidad absoluta a la verdad. Creo, y no me sonrojo al decirlo, que es el hombre más noble que he conocido. El poeta más amable que existe.

Uno de los invitados a la peña de hoy era el poeta Jorge García Prieto, quien nos leyó algunos de sus poemas y décimas entrañables. Y nos habló (como debe ser en toda peña de poesía) de un poeta que admiraba: Eduardo Mejides Díaz, autor de un solo libro, una delgadísima plaquette publicada por Ediciones Extramuros en 1986, La rendija de la calle, escrito ante la insistencia de un amigo y acompañado por una botella de ron. Poeta del que no se sabe su paradero. Está perdido. O como dijo Jorge: “Desaparecido”.

No me resistí a fotografiar todos sus poemas con mi cámara invencible. Había algo que me tocaba en lo más hondo: aquello que me hablaba directamente sobre lo que no hay que olvidar jamás y “recordar para recordar”. Como un deber. Como un pacto. Porque si no se hace esas vidas, esos momentos, esos tiempos se perderán irremediablemente. Son poemas que me hablan a los ojos. Que me dibujan lo irrepetible.

Este fue uno de los que leyó Jorge:

Elegía

A Francisco, a quien no puede decirse en un poema; a esos, a los que dijeron ¡coño!, se nos ha ido “Mortadella”.

tu traje de béisbol está canoso
francisco martínez “mortadella”
las pelotas andan de luto
y el jonrón que nunca diste te recuerda
francisco te perdiste por el cáncer
y te buscaron iglesias
misas
oraciones
y hasta el brujo
más brujo
de los brujos
y ni los hospitales más audaces te encontraron
y hoy que has permorido a ciencia cierta
me pregunto
quien nos menichea
el placer está muy pálido
a decir verdad
aquí todo está muy pálido
tu casa
la bodega
el camión de leche que vendiste
el bombillo de la esquina
pobrecitos todos
si los vieras
ahora que te hemos deshallado eternamente
cómo explicarle a tu guante
a tu gorra
a tus espais
a esas cosas tremendas que mimabas
cómo explicarle que jamás se efectuará un torneo
“MORTADELLA IN MEMORIAM”
cómo explicárselo
francisco
cómo.

Tal vez fue el tono de los poemas de “Chaca” que Jorge leyó… tal vez el saber que era la primera vez que iba a leer algunos textos de mi libro ante cubanas y cubanos que no conocía o que frente a mí estuvieran Manzano y Reyna o quién sabe qué fue… lo único cierto fue que cuando leí “Según pasan los años” y volví a pronunciar los nombres de Gilber y Rolando, no pude evitar que mi voz se quebrara un segundo y tuviera que decir “lo siento” y Manzano, como lo llamamos todos los que lo que lo admiramos y queremos, me sonriera y me dijera:

-Tranquilo. No importa.

Y yo terminara de leer y por un momento, tan sólo un momento, esos dos libreros volvieran a existir en mis palabras y comenzaran a habitar en la memoria de todos los que, a pesar del calor y la lejanía, nos habíamos reunido en la “Peña del hurón azul” para compartir por un rato la poesía y la amistad.

Y un vaso de té con ron, un buchito de café y un pedacito de cake porque hoy la peña cumple un año y no podemos dejar de celebrar y “armarnos de amigos, porque los amigos son los amigos y si nos entran a trompones se reparten entre todos”.

Y de recordar sin explicárselo.

El COI amenaza con eliminar el boxeo de los Juegos Olímpicos de Tokio + Aiba: Boxeo cubano no estará en Buenos Aires

Tomado del blog: MD La peña

La Comisión Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional (COI) comenzó su reunión en Buenos Aires, ciudad que acogerá los Juegos Olímpicos de la Juventud desde el sábado, con un tema candente en la agenda: la posible exclusión del boxeo del programa olímpico por la situación dirigencial de la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA).

El COI amenazó con quitar al boxeo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 porque el dirigente uzbeco Gafur Rakhimov, durante mucho tiempo vicepresidente de la AIBA, ha quedado como único candidato a presidente para las próximas elecciones de la entidad en noviembre, pese a ser señalado como uno de los principales criminales en su país por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

“El COI reitera que si el proceso de conducción no es resuelto de forma satisfactoria en el próximo Congreso de la AIBA, la existencia del boxeo en el programa olímpico y hasta el reconocimiento de la AIBA como Federación del COI están bajo amenaza”, informó Mark Adams, vocero del Comité Olímpico Internacional.

La AIBA, que regula las normas del boxeo amateur a nivel competitivo, se encuentra inmersa desde el año pasado en una severa crisis política y económica. Rakhimov asumió a fines de enero la presidencia interina después de que el taiwanés Wu Ching-Kuo dejara su cargo en noviembre del año pasado debido a una serie de irregularidades en la administración del organismo.

A esto se le suma que Rakhimov es señalado por la Interpol y Departamento del Tesoro de los Estados Unidos como uno de los “principales delincuentes del crimen organizado”de su país y “una persona importante involucrada en el comercio de heroína”. Tiene congelado sus activos en los Estados Unidos y los estadounidenses tiene prohibido “realizar transacciones financieras o de otro tipo con él”.

En este contexto, Thomas Bach, presidente del COI, ya había asegurado en los Juegos de invierno de Pyeongchang que el boxeo olímpico corría peligro. En febrero, Bach dijo que el organismo que preside “se reservaba el derecho de quitar al boxeo” del programa olímpico.

El boxeo ha estado en el programa en todos los Juegos Olímpicos desde 1920 a pesar de las controversias habituales sobre juicios y denuncias de combates fijos. En Buenos Aires 2018 participarán 82 boxeadores (54 hombres y 28 mujeres), de 38 nacionalidades diferentes.

 

Aiba: Boxeo cubano no estará en Buenos Aires

 

La Federación Cubana de Boxeo informó hoy que definitivamente no tendrá presencia en el torneo de los III Juegos Olímpicos de la Juventud, pactados desde el sábado en Buenos Aires, capital argentina.

“Contrario a lo comunicado antes, la Asociación Internacional de Boxeo (Aiba) nos informó que no dispondremos de competidor alguno”, dijo el máximo directivo de ese deporte en la Isla, Alberto Puig de La Barca.

La noticia echa por tierra lo anunciado sobre la participación de un atleta y su entrenador, y recoloca en primer plano las trabas que impidieron concursar en el clasificatorio continental organizado en Estados Unidos.

La no emisión de visados en la embajada del país del norte en La Habana y la asignación de la cita en Ciudad México, dos días después de iniciado el evento en Colorado Springs, provocó decir adiós a esa lid, igualmente premiada con boletos para el Campeonato Mundial para juveniles acogido en agosto por la ciudad de Budapest.

Entonces solo la convocatoria de la Aiba, limitada a tres divisiones, salvó el accionar cubano en la justa del orbe, donde se coronó el ligero welter Idalberto Umará y terminó en bronce el semicompleto Christian Pinder.

Hace unos días, durante la final de la VIII Serie Mundial, Puig recibió con agrado el mensaje en torno a la aprobación de un peleador con su preparador, y la lógica hizo pensar en Umará.

Sin embargo, la realidad terminó por destrozar tales expectativas, pues la invitación oficializada por los organizadores fue destinada a un invitado en su condición de participante en una versión precedente.

“Hemos mostrado nuestro desacuerdo con esa contradicción, que nos priva de contar con al menos un atleta”, enfatizó el también comisionado nacional.

A %d blogueros les gusta esto: