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Lombadía (II) Un lago del hierro y la madera

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Cual dos brazos de agua extendidos entre las montañas de los Alpes Italianos, así es el lago de Como. Desde el lado de Lecco y a despecho del tiempo esta sigue siendo una zona que persiste en la tradición del trabajar el hierro y la madera, aunque ahora sea elaborando piezas de alta tecnología metálica en fábricas pequeñas, o en muy automatizadas carpinterias de pocos obreros.

Hoy las autopistas y carreteras primermundistas atraviesan  estas elevaciones uniendo a sitios sacados de una postal como Varenna y otros municipios como Bellano donde su síndico nos muestra los cuadros que evocan la época en que todo llegaban aquí por agua. El tiempo puede jugarte una mala pasada: de un día de radiante sol y 23 grados celcuis de temperatura pasas a otro típicamente invernal con solo seis.

Ferraroli, nuestro anfitrión cuelga en el balcón de la casa que nos acoje una bandera de la estrella solitaria para hacer notar lo mucho que quiere a Cuba y el gusto de recibirnos.

 

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Es, como si me hubieran multiplicado por mil las cascadas de El Nicho y a las crestas de la Sierra Maestra las hubieran elevado y cubierto con nieve. Sobre el lago confluyen multitud de ríos que tras la lluvias tiñen de marrón las azules aguas del lago. Así se ve en Orrido, o la casa del Diablo como también le llaman. Allí el torrente del líquido es encordecedor y más, al caminar por el estrecho sendero labrado sobre la roca, ni siquera le resta fuerzas las enormes tuberias de una hidroeléctrica construida en 1952 y que todos los años genera más de 13 megawatts de electricidad.
Hacia arriba en una estrecha vía asfaltada en 1929 está Esino Lario. En la actualidad -cuenta Patricia en el museo local- es un solo municipio pero hasta principios del siglo XX sus dos poblados se resistieron a convivir en una misma demarcación administrativa a contrapelo de su cercanía, apegados a un milenaria tradición que los dividía en el Esino superior habitado por los celtas y el Esino inferior, por los romanos.

 

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En medio de los dos “Esinos” está Beatriz, una argentina que a sus 75 años no entiende como 600 personas hablen de dos comunidades cuando la modernidad las unió en la práctica. Ella habla con soltura de todo, de su pasado glorioso como actriz en Milán y de sus hijos repartidos por varios países de Europa.

Los italianos, me dice, aprecian mucho la tierra, por eso se contruyen muchas casas, quizás para marcar su territorio. Sin embargo la noción de antigüedad de los inmuebles es diferente. Una casa de dos décadas se estima como nueva, tal vez porque las iglesias por ejemplo tiene un milenio de construidas.

Esa afición constructiva residencial se alimenta en la actualidad del turismo pues cada uno de estos municipios se colma de turistas alemanes, franceses y del propio Milán que vienen huyendo del calor de sus llanuras en el verano o simplemente para estar alejados de todo y de todos en cualquier época del año.

Mas, en el fondo, sigue estando el hierro: visto en balcones y rejas finamente labradas; y la madera que todavía alimenta la calefacción cuando hace frío.

Por: : István Ojeda Bello

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Lombardía (I): Brugherio es silencio

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Para Dianet Doimeadios ella no lo sabía pero  vio mi futuro antes que nadie…

Con las obvias diferencias de una región rica como lo es el norte de Italia, Brugherio una ciudad tan provinciana como cualquiera de sus homólogas en otra parte del mundo: con ese silencio típico de quien funciona como una especie de dormitorio pues la mayoria de sus habitantes trabajan en Milán, la gran urbe de las catedrales y los bancos. Ni siquiera los autos perturban su calma, solo tiene licencia tácita para hacerlo la campana de su vetusta iglesia de estilo neoclásico.

Aquí rara vez un edificio sobrepasa los cinco pisos y todavía son típicos los techos a dos o cuatro aguas de tejas de barro como si el tiempo no hubiera pasado, aunque los paneles fotovoltáicos y las antenas satelitales digan los contrario.

Bien temprano en la mañana o al caer la tarde, es cuando apenas uno puede crusarse con algún transeúnte. Ora alquien que saca a su mascota a pasear ora quien lleva a sus hijos a los parque que se alternan con los condominios, las casas de renta y los pequeños comercios.

Brugherio tambiéne es la acogida cálida de los amigos que bridan su especialidad: vinos, pizzas, pastas y el cariño entrañable y desinteresado por Cuba.

 

Por: : István Ojeda Bello

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Éxodo: ¿Corre el béisbol el riego de tener el mismo destino del voleibol?

La salida ilegal de Norge Luis Ruiz es el último golpe que ha recibido el béisbol cubano. (Foto: archivo de Universo Béisbol)

La salida ilegal de Norge Luis Ruiz es el último golpe que ha recibido el béisbol cubano. (Foto: archivo de Universo Béisbol)

Durante años, el voleibol cubano estuvo disfrutando de la mágica suerte de ver cómo sus mejores exponentes se marchaban del país y mostrar un equipo que vendía cara la derrota en la Liga Mundial de Voleibol al año siguiente, sobre todo por contar como jóvenes figuras que aparentemente surgían de la nada. Claro, que se trata de un deporte de laboratorio que llevó a fenómenos como Wilfredo León a convertirse en uno de los mejores jugadores del planeta con apenas 16 años, pero esa suerte se terminó cuando llegó el momento en que no hubo de dónde escoger y ya el equipo cubano no está en la elite. Hoy, el béisbol, sin ser ese deporte de laboratorio, corre tal vez el riesgo de sufrir un destino mucho más oscuro.

Y es que semana tras semana aparece en las redes la noticia o el rumor de la salida ilegal del país de no uno, sino dos, tres, cuatro o cinco peloteros, sean o no de los más rankeados dentro de Cuba. Pero tal vez el golpe más grande ha llegado ahora, cuando una de las mayores promesas del pitcheo cubano, Norge Luis Ruiz, ha decidido cruzar el mar para llegar a tierras haitianas, donde de seguro comenzará los trámites para establecer residencia, y no duden que antes de que si lo logra antes de que se llegue al trade deadline[i] algún conjunto de la Gran Carpa terminará contratando sus servicios.

Alguien en la calle de forma categórica me afirmó, una vez que se dio a conocer la preselección del equipo cubano que jugará en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, que este era “uno de los peores equipos cubanos que se habían hecho”, pero le di una respuesta algo tajante y con una dosis de ironía: “puede ser, pero es tal vez el equipo cubano en el que menos injusticias se han cometido, porque no queda mucho de dónde escoger”. Otra persona fue un poco más lejos al gritarme que calentara el brazo, que a este paso íbamos a tener que jugar pelota nosotros mismos.

Resulta que aunque las autoridades del béisbol en la nación se empecinen en pretender que todo está bien, la situación actual de la pelota cubana es más que crítica. Casi todos los conjuntos del país han perdido dos o tres jugadores desde que terminó la etapa regular, y la lentitud o inmovilidad de la Federación Cubana de Béisbol respecto a las contrataciones, aparejado a la falta de seriedad a la hora de honrar las mismas, no crea un clima favorable en la mente de los jugadores.

Por eso, incluso conociendo las restricciones, un jugador como Norge Luis Ruiz decide pasar por alto el hecho de que tiene solamente 21 años y tres series y decide arriesgarse a demorar en ser fichado, pues el equipo que lo firme tendrá que pagar a la MLB un dólar por cada dólar gastado en el jugador, o sea, que un contrato en el que el jugador perciba 50 millones de dólares le costaría al club 100 millones.[ii] Nada para horrorizarse: ya los Boston Red Sox corrieron ese riesgo con el joven cienfueguero Joan Manuel Moncada.

Ruiz, lanzador de mucha velocidad, resistencia (stamina) y con mucha mentalidad ganadora, podría trabajar un poco más en su madurez, en el control y en el gasto de energía (se mueve demasiado entre lanzamiento y lanzamiento) y podría sin dudas convertirse en uno de los más efectivos abridores del Big Show. Su bajo rendimiento en esta temporada hizo sospechar a más de una persona que este suceso iba a tener lugar tarde o temprano.

La fiebre de peloteros cubanos irrumpiendo en el escenario de las Mayores, y el éxito que están teniendo —enfrentémoslo, la calidad es innegable: José Dariel Abreu, Yoennis Céspedes, Yasiel Puig, Alexander Guerrero, Aroldis Chapman, Kendrys Morales, Adeiny Hechavarría, Yunel Escobar, Odrisamer Despaigne, Yasmani Tomás, Yasmani Grandal, Leonys Martín, Alexei Ramírez, y muchos otros— está sin dudas influyendo mucho en las decisiones que están tomando. Por otro lado, el día a día en Cuba les va llevando por ese camino, y en muchas ocasiones la decisión aparece hasta sin que hayan pensado en ella anteriormente. En estos momentos se trata de un sector bastante susceptible —no el béisbol como tal, sino el sector general de la población que abarca distintas esferas y que es mejor remunerado en cualquier otra parte del mundo— y cualquier incidente puede llevarlos a decidir algo en lo que no habrían pensado de haber tenido otra realidad en el país.

Y está, por supuesto, la posibilidad de probarse en el mejor béisbol del mundo, en la Gran Carpa, en las Grandes Ligas, en el Big Show, en la Major League Baseball. El incentivo económico está ahí, pero tal vez la idea de verse en el Jumbotron[iii] puede ser más fuerte, o el sueño de ganar una Serie Mundial con o contra los New York Yankees (dependiendo de dónde estén sus alianzas) puede pesar demasiado en la mente de alguien que lo mejor que sabe hacer es lanzar pelotas o batearlas.

Poco a poco, el béisbol cubano se va quedando sin tener de dónde escoger, y mientras los demás países se desarrollan y sus prospectos tienen el incentivo de poder ser fichados para jugar en las Grandes Ligas, a Cuba se le escapan los atletas sin que sus posibles sucesores tengan tiempo para desarrollarse. Si contamos además que esos posibles sucesores también están comenzando a buscar las tierras que se hallan más allá del mar, el peligro de descender en las ubicaciones de torneos de nivel es aún más latente. El riesgo de tener un futuro como el presente actual del voleibol existe, y se hace más latente cada vez que un pelotero toma otro camino.

Pensar en recuperar el primer lugar del Ranking Mundial de la IBAF, algo que parece ser el centro de la agenda de la actual administración del béisbol cubano (y que no tiene mucha cara de ser posible dadas las circunstancias), no debe ser la prioridad. La prioridad debe ser mirarnos precisamente en el espejo de del “voli” y evitar por todos los medios correr la misma suerte… si eso es lo que están haciendo, deberían cambiar la estrategia… porque en verdad no parece ser posible que dé resultado.

[i] Trade deadline: es el plazo que tienen los conjuntos de la Major League Baseball para fichar o transferir jugadores. Una vez que este momento llega, deben esperar a que termine la temporada para realizar cualquier tipo de transacción.

[ii] El Convenio Laboral de la MLB (CBA por sus siglas en inglés) establece que para que un pelotero cubano elegible pueda firmar deberá tener 23 años y haber jugado cinco Series Nacionales en Cuba, de lo contrario el club está obligado a pagar una multa o impuesto a la MLB de un dólar por cada dólar que se pague al jugador.

[iii] Jumbotron: Pantalla gigante

Por Reynaldo Cruz

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Mi ascenso al Yunque

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Subir lomar hermana hombres. Y divide grupos. Hombres, pero también mujeres. Subir lomas tiene un efecto particular sobre el cerebro, hace que hable consigo mismo, que hablemos con nosotros mismos. Es como si la falta de oxígeno, la altura, nos pusiera a trabajar más rápido las neuronas. Todo lo pienso, hasta lo último, mientras escalo el Yunque, esa montaña en forma de pieza de herrero que corona el paisaje de Baracoa, ciudad primada, ciudad que excepto algunas construcciones es solo ruina, pero que se las arregla para verse bella, como algunos sitios de la Habana.

Dialogo conmigo a falta de aire para hacerlo con los demás. Para los que no me conocen, soy obesa. Peso, o pesaba la última vez que me subí a una balanza, unos 120 kilos, demasiados para mis 1.67 de estatura, demasiados incluso si tuviera otros centímentros más del piso al cielo, de modo que articular palabras no cabía en mi ecuación para subir al Yunque. Era eso, o respirar, o caminar. La diferencia entre avanzar cuesta arriba y quedarme sentada en una piedra.

Para aclarar, el hecho de que intentara escalar el yunque, y lo diga así, “escalé el yunque”, no significa que llegara a la cima. De hecho, me faltaron, exactamente, 30 minutos de camino para llegar, y lo aclaro porque dejarlo así, primero, los haría suponer algo que nunca fue, y en segundo lugar, por puro respeto a quienes sí llegaron, y se comieron la fruta en el puesto de venta y se tiraron la foto de grupo al lado del busto de Antonio Maceo.

Lo digo sin remordimientos. En realidad, hice lo que pude, como todo el mundo. Sencillamente, en algún momento sentí que no podía más y me detuve, me senté en una piedra y le informé, en un grito donde invertí lo que me quedaba de aliento, que ahí me quedaba al Coka, a Julio César, el habanero que cada tanto se retrasaba de su grupo para esperarme, para decirme, !dale lily!, como si en vez de aire, de piernas entrenadas, lo que me faltara fuera motivación.

Subir lomas hermana hombres, y muestra a los verdaderos amigos. Una loma, como nada más, te dice quién se preocupa por ti. Coka me llevó lo que pudo, cargada no, pero casi en su mano, casi en su pecho. Coka me devolvía el aire, la confianza, aunque no fuera suficiente. Sé que, si se lo hubiera pedido, se hubiera quedado conmigo hasta el final, hasta el final de mi espera, sobre aquella piedra, o hasta el final del camino, llevándome así fuera arrastrada, como un fardo.

A estas alturas, sospecho que lo sabía. Me vio levantarme temprano y ponerme los zapatos, desayunar, preguntar por alguna bebida energética…, y no me dijo nada, pero creo que en el fondo, sabía que no podría subir aquella montaña, que sería incapaz de completar los seis kilómetros desde la base del campismo hasta la cima aparentemente plana del Yunque.

El guía también lo sabía. Se lo habrá dicho la experiencia, los años de ver a grupos subir y a personas quedarse en el camino. Quizás lo vio en mi cuerpo, en la piel blanquecina de quien camina poco, o quizás en mis ojos, en algún sitio que ni siquiera yo pude descubrir, y por eso cuando, a la orilla del primer y único paso de río que tuvimos que atravesar le pregunté si habría otro, se quedó callado, como quien sabe que saberlo me sería tan útil como un par de botas de agua en Saturno. Quizás estoy siendo injusto y solo no me escuchó, o estaba tan absorto en sus problemas, que ni siquiera reparó en mí, una más entre aquel grupo de trepadores entusiastas.

Pero Coka sigue siendo un gran amigo y el guía un buen guía. Por eso los liberé, a los dos. Por eso, en algún momento de la subida, al primero le dije que no seguiría, aunque seguí, y por eso, cuando de pronto no supe qué trillo coger y aún podía escuchar su voz, preferí sentarme sobre otra piedra a llamarlo y encadenarlo de nuevo a mi lentitud, a mi falta de resuello, a mi trastabillar entre las piedras y las huellas frescas en el fango.

Subir lomar hermana hombres, pero divide grupos. Delante, van los de avanzada, con el guía, y después otro grupo, y uno más atrás, hasta llegar a la imagen de mí misma sentada en una piedra, escalando unos metros y descansando, teniendo extensas conversaciones sin interlocutor, mirando a la cima porque a esas alturas, solo la cima es importante, es todo, verla es el recordatorio de por qué el esfuerzo, el sudor corri{endote por el cuerpo, la gratificación a los pies adoloridos, al dolor en la espalda.

Eso y la vista, la vista inmensa del verde, de las montañas, del río a nuestros pies. Esa vista por la que vale la pena desgarrarse los zapatos, perder el aliento, subir de última sin nadie a quien pedirle ayuda, agua, una mano. Fue la visión de la cima lo que me llevó hasta allá arriba, mucho más allá de lo que yo misma pensé que llegaría, y su falta la que terminó por convencerme de la imposibilidad de lograrla.

Sentada, esperando al grupo en bajada, uno tiene tiempo para todo, para pensar, para ver. El verde de Baracoa, desde esas cimas, no es igual a ninguno, y la fauna variada, fuerte, colorida. Sentada, escuché decenas de trinos, vi artrópodos que nunca antes había visto, y en las palmas o los árboles, varios tipos de orquídeas, de plantas trepadoras, de helechos arborescentes que difícilmente pudieran transplantarse a otro sitio.

Sería genial tener una laptop, o una tablet, una hoja de papel y empezar a escribir. Es increíble lo bien que se piensa en medio de la nada. Las ideas llegan claras a la mente, como si luego de acostumbrarse al sonido neutral de la naturaleza, uno fuera realmente capaz de escucharse a sí mismo.

Pero no la tengo, no tengo, siquiera, la certeza de acordarme de todo lo pensado cuando baje la cuesta, así que después de un rato decido regresar sobre mis pasos, hasta donde pueda, hasta donde, de nuevo, me enfrente a una encrucijada que sea incapaz de resolver, y tenga que regresar a la piedra, esa piedra genérica que está en todos los caminos como esperando que alguien se detenga y se siente sobre ella,  la eliga entre todas como un trono de desesperanza o de tregua.

La bajada, para quienes nunca la han vivido, no es como la piensan. La bajada es una subida diferente, y no todos los santos ayudan. A mí, por ejemplo, me ayuda estar sola, lejos de los lentes y los flashes, a salvo de mis complejos…, tan libre que me permito bajar como puedo, sin necesidad de mantener las poses que, delante de otros, serían imprescindibles.

Entonces me sostengo a gatas, pero como gata bocarriba, o pongo las manos, el cuerpo de frente a la tierra y me aso a cualquier cosa que creo pueda sostenerme. Las bajadas, a veces, pueden ser más difíciles que las subidas. Las bajadas son las madres por excelencia de los accidentes, de los resbalones, y la hermana de fuerzas que, a esas horas, nuestro cuerpo es incapaz de controlar. La gravedad, el cansancio, el temblor en las piernas, la falta de azúcar en la sangre, las ganas de descansar, darse un baño caliente o un baño a secas.

Podría perderme en un campo de lechugas, pero el descenso marcha sin problemas. El río me guía, el murmullo inconfundible del río que, desde cualquier altura, puedo seguir como un hilo de Ariadna para llegar al mismo lugar desde donde partí. Si en la subida la cima era la promesa, en la bajada esa corriente viva es el alivio, la certeza de la salvación, de que pase lo que pase él siempre estará para guiarme.

De modo que, cuando por fin el río deja de ser un murmullo y se convierte en visión real, en corriente que te retuerce el cuerpo y la voluntad, en peces, en pequeñas cascadas que lo mantienen oxigenado, y vivo, me aso a él, me sumerjo y me dejo llevar, arrastrar por entre las piedras enormes, hasta que el abandono se vuelve peligroso y retomo el control sobre mi cuerpo.

Quisiera quedarme allí mismo, pero tampoco puedo. Tomo un poco de sol y al rato, vuelvo sobre mis pasos. Rebaso el río, dejando detrás a un par de pescadores que me informan que en medio de la corriente se esconden los robalos y los camarones, y me abandonan llena de intrigas y preguntas, para perderse en la corriente que, ante el ojo inexperto, pareciera marchar sin sorpresas.

Ya no puedo pensar bien, y los sonidos, los ruidos del mundo vuelven a poblar mi cabeza, a competir con mis pensamientos, con la frases que arriba, sentada sobre aquella piedra desnuda,  llegaban preclaras, como esas frases donde pudiera caber el mundo, esas frases que son de punto y final, definitivas. Así que me escondo de mí misma, y miro el paisaje. Me fumaría un cigarro, me tomaría una cerveza y empezaría a escribir, pero no tengo laptop, ni tablet, ni un papel decente.

Me hace falta un cigarro, y una cerveza, pero solo tengo la memoria, y las palabras del Coka que allá arriba, mientras me decía !arriba, Lily!, me pidió una crónica, una crónica donde no podía faltar la palabra obesa, obesidad, o cualquiera de sus derivaciones o sinónimos…, pero solo tengo la espera, el deseo de llegar a mi casa, tomarme unas pastillas, unas cuantas pastillas para el dolor, encender la computadora, y cumplir, de una vez y por todas, mi palabra.

 

Por:

https://eskinalilith.wordpress.com/

Crónicas de Guantánamo: El Yunque

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El Yunque no es de metal, es una montaña de rocas, tierra y árboles, una montaña cuadrada como la cama de un gigante madrugador. Al Yunque subimos cruzando el Duaba, un río de aguas transparentes y con prisa. El Duaba es hermano del Toa, uno tiene historia, el otro record.

En la base de la montaña se cultiva el coco y el cacao, las dos plantas maravillosas que sostienen la economía de la zona. Entre la foresta se distinguen los techos de las haciendas y los secaderos. El camino a la cima sube culebrino eludiendo los abismos, sostenido entre las rocas, marcados por el socavón de la lluvia. Poco a poco se supera altura y se llega al alto.

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En la cúspide alguien erigió un busto del general Maceo. Con ojos de eternidad observa al este. Allí está el lugar donde desembarcó la goleta Honor. En esa playa las enormes olas destrozaron la embarcación pero el honor quedó intacto y aún sobrevive en la cabeza de bronce y en la mirada eterna del héroe que no ha olvidado la dolorosa ruta de la libertad.

Compartimos con el titán el paisaje. Toda la geografía de la costa. Las desembocaduras de los ríos la arcada de la bahía, los valles y los deltas y más allá, el Paso de los Vientos: Cuna de tormentas, pasarela de huracanes. Compartimos el paisaje y aprendemos, de la natural persistencia de los fundadores, el acomodo de las dimensiones: En lo alto el viento y el sol; en la hondura el mar, en el pecho el amor.

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Las montañas son retos sobre el horizonte. Las montañas seducen con sus enormidades. Ella en cambio es apenas una avecilla pero igual seduce. Los sé por el rayo que me anima desde sus manos apoyadas en las mías durante la ruta de ascenso, lo sé porque elaboro latidos al verla, con sus artes de mariposa equilibrar el paso al cruzar las rocas.

Quien trepa serranías sabe que con iguales fuegos se marcan en la piel las rutas del sacrificio y de la pasión.
Descendemos, el calor obliga a meterse en la fresca corriente del Duaba. Aún sumergido puedo ver entre las copas de los árboles la cuadrada silueta del Yunque, ese que no es de metal sino de rocas, tierra, árboles y parece la cama de un gigante madrugador y enamorado.

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por: https://www.facebook.com/rcruzfajardo

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