Category: Sociedad

Justificaciones prostitutas

Por Gretel Díaz Montalvo
tomado del Blog Las 4 y 20

Dos años, un mes y 25 días han pasado desde la ultima coma o punto que le regalé a este blog. Dos años, un mes y 14 días se han cumplido desde que supe que sería mamá.

Y dejé de escribir. ¿Me cansé? ¿Me obligaron? Nada de eso, solo dejé de escribir. Mi vida me estaba dando un giro de 180 grados, tenía novio pero no planes de ponernos serios ni de responsabilizarnos por alguien más. Aquello era un cubo de agua fría en plena madrugada invernal y tenía que asimilarlo.

Mis neuronas se entretuvieron en la adaptación y dijeron adiós a muchas cosas. Mi hoy esposo y yo también nos detuvimos en la vida sin planes que llevábamos y nos pusimos serios. Bueno, hasta nos casamos y tratamos de preparar todo lo necesario para la llegada del bebé.
En esa etapa no quería hacer nada, mi cabeza solo atinaba a hacer cosas de madre futura y ya que el susto se había desvanecido el embullo y la alegría me secuestraron para entretenerme más en la función de futura madre.

Y llegó Daniel. Menos tiempo tenía para hacer otras cosas solo me ocupaba de sus avances, sus horarios… de su vida. Y me metí tanto ahí que ni me dio por publicar cosas de mi bebé, de sus primeros pasos y palabras. Me volví fantasma.

Aún voy por la vida así, pensando más en él que en mi. Pero se me acabó la licencia de maternidad y tuve que comenzar a trabajar. No tenía justificación había que escribir.

Los primeros escritos fueron mecánicos, sin gracia; poco a poco me fui dando cuenta que solo eran justificaciones mías, que las neuronas seguían ahí solo tenía que dejarlas salir porque ser madre y escribir no son enemigas. Me había prostituido de mala manera. Pero ya estoy dejando atrás esa vida en pausa y me cargo las pilas. Ah de paso comparto fotis de estos más de dos años.

Vestida y con sombrilla

 

Tomado del blog Cuba Profunda

Para cuando mi mamá cumplió mi edad, ya yo tenía nueve años. Esa cuenta de aritmética elemental me ha dejado pensando y no precisamente en que me ha agarrado tarde para tener mis propios hijos, porque en definitiva la planificación familiar y el empoderamiento de la mujer para algo existen; sino en la relatividad de la percepción: cuando yo tenía nueve años, me figuraba que a los 33 mis padres eran personas viejísimas.

Quiero creer que fue eso, un error de apreciación, lo que provocó la escena costumbrista que aún me da vueltas en la cabeza.

Sube el telón y aparecen dos muchachos al borde de los 20 años que conversan animadamente recostados a la fachada de una cafetería. Baja el telón.

Sube el telón y viene Gisselle caminando por la acera, pensando de seguro en la rutina laboral que está a punto de morderle una canilla; con su saya negra, su pullover blanco y verde y su sombrilla de Artex con arabescos verdes. Vestida y con sombrilla, parafraseando una canción de Silvio. Y Gisselle se dispone a pasar frente a los muchachos. Baja el telón.

Sube el telón y casi junto al oído de Gisselle comienza el diálogo entre los jóvenes que mi abuela calificaría como “unos pichoncitos”.

—Mira, asere, cómo le pega la blusa con la sombrilla.

—Oye, sí, el mío; qué bien combinadita viene.

(Hasta ahí, lógicamente, todo en orden. Todo, excepto el “asere” y “el mío”, por supuesto, apelativos que a fuerza de escucharlos en cada esquina no parecen en Cuba nada del otro mundo. Pero la conversación pica y se extiende).

—Y lo bien que les queda el color verde a las rubias.

—Así mismo, el mío. Conclusión: ¡qué interesante está la veterana esa!

Baja el telón.

Cuando sube el telón, Gisselle ha seguido de largo como una gata a la que le tiran un jarro de agua fría. ¡La veterana esa! No sabe si reírse o si llorar, si aquello era un piropo o una ofensa, si esos chiquillos recién salidos del tiesto merecían una sonrisa o un sombrillazo. Y mientras baja el telón ella decide que lo va a tomar a la ligera, como su madre la primera vez que la llamaron temba.

Todavía temba es un calificativo que se puede soportar con entereza, pero veterana suena más bien a sobreviviente de guerra. Prefiero creer entonces que fue un error de apreciación lo que provocó ese piropo de pena; un error de apreciación y no la certidumbre descarnada de que tantos años de stress me están pasando la cuenta.

Yoey, Dianet y un pino – Rodo, Karen y el Turquino

pos-kmilo

Por: Camilo Santiesteban Torres

Fuente: Letrajoven.wordpress.com

Hace casi tres años, Rodo y yo viajamos tres cuartos de isla para ser testigos de una unión maravillosa. Resulta que los afanes de una linda holguinera por los pinos cerca del mar –y por Yoey, quien sería su esposo– materializaron la idea de una boda interprovincial –que a alguno le iba a tocar–. Él, habanero; ella, holguinera. Él, enamorado, y ella enamorada de él y de las bodas tipo Corazón Valiente.

Aquella tarde–noche todo fue hermoso –hasta Yoey–. La pasamos tan bien y la idea fue tan genial que, decidimos, ya de regreso, jamás contarle de esta experiencia a ninguna novia nuestra con amplias posibilidades de envolvernos y pasar a un plano superior. Qué les digo, pasó algo de tiempo y todo fue campana. Sólo hablábamos de los detalles de la juerga, nada del romance gibareño, ni del mar y mucho menos del pino. Entonces apareció Karen, que rápidamente escaló sentimentalmente al Rodo y allá fue él a soltar la lenguaza.

Podrían preguntarme: ¿Y a ti qué? Ah! Si supieran que cada vez que al Rodo se le ocurre algo yo pongo rodilla en tierra, me entenderían un poquito.

Nada, que llegando de Baracoa, camino a casa en un P–16, todo iba sin lío y de pronto llego a mi hogar horas después y me meriendo el notición de que los nenes se iban a casar y para colmo en el Pico Turquino. Lo del Turquino no me parecía locura, lo de la boda sí. Más tarde que temprano el clima y el fango, invertirían esto último.

Por suerte ya teníamos al notario: José Francisco Reyes Moreno, alias el Tato.

La idea era loca pero atractiva. Algo excéntrica, pero romántica, quizás hasta muy nacionalista. No importaba sin alguien juzgaba o no.

Poco a poco la cosa dejó de ser de dos, para ser algo de dos docenas, o más. De alguna forma el Rodo implicaba y también resolvía. Nuestro móvil: el amor (su amor); nuestro vehículo, los blogueros, la guerrilla, nuestros amigos.

Agencias de viajes, costureras, Adela, el ticket fantasma, un nombre árabe extraño que parecía de hombre, ausencias, reintegros y un Antonov 158 que parecía un P–15. Todo eso pasó antes de vernos subidos en un camión rumbo a Santo Domingo.

A eso de las cuatro y pico de la mañana un guía optimista nos dijo, más bien advirtió ciertas cosillas, tales como: chubasquillos, algo de fango en el camino, tormentillas eléctricas y algún que otro rayito. Fuera de eso todo estaba bien.

Señores, esta vez no había ninguna dama necesitada, ningún inválido(a), o algún flojo de pata. Iría por primera vez a mi paso. Entonces los lamentos hipoglicémicos de mi querido amigo Tato me aguaron mi anhelo. A él su corpulencia no le ayudó en nada. Catorce kilómetros después de comenzada la marcha, Tato delegó en mi su responsabilidad y regresó. Al rato me reía, porque me pasé 20 minutos persuadiéndolo y terminé diciéndole: Mira que eres pendejo.

Llegamos a la cima y los novios se vistieron, el resto seguimos mugrientos. Yasel ofició la boda, apareció una nueva testigo, porque la chica árabe… nada de nada. Fue un momento inolvidable con un director loco y fotos originales y trilladas. Las nubes dijeron –su tiempo acabó– y a llover se ha dicho. Rey y Claudio llegaron con la lluvia, sabíamos que lo harían. Bridamos con Ron Caribe Refino, como los hombres- hombres y mujeres- mujeres que suben el Turquino. La bajada fue un show de fango y malas palabras.

A los novios les regalé un soporte para su locura, un estuche para que no se erosionara y una vela para que recuerden siempre, en los momentos oscuros –que habrá– la luz la tienen justo con ellos. Ahora voy a ser machista: el Rodo tiene el fósforo y Karen la caja pa´ rayarlo, jajaja.

Les deseo felicidad. El amor no está sobrevalorado.

Nota: el pino de Dianet era una casuarina, según Itzván.

Hasta pronto blogueros.

Yo rezo por ti, Paquito

Yo rezo por ti, Paquito

Yo rezo por ti, Paquito

Por: Luis Mario Rodríguez Suñol

Fuente: https://micubaneo.wordpress.com

No soy católico ni devoto a religión alguna. Pero tampoco soy ateo; más cuando de vez en vez lanzo mis “Gracias a Dios”, o en plan desesperado, suelto mi clásico “Señor, tírame un salve”. Más, cuando me he santiguado varias veces y casi asfixio la circulación de mi niña con una cinta roja en el pie izquierdo. Aclaradas las bases teológicas de este texto continúo.

Quiero hablar de Francisco o Paquito, no del Sumo Pontífice, no de su Santidad, no del Santo Padre, no del Obispo de Roma. Y discúlpenme los que se ofendan por mi espontánea informalidad, pero les recuerdo que gracias a dios no soy devoto a religión alguna. Tampoco creo que al Papa le moleste, y si de algo sirve, yo siento que lo conozco de toda la vida.

El Paquito del que les hablo se convirtió de la noche a la mañana en el primer Papa latinoamericano y jesuita de la Iglesia Católica, y desde el 19 de septiembre en el tercer Papa que visita a nuestro país. Sin embargo, la visita de Francisco ha dejado un sabor popular sin precedentes en la Isla. Hay sus razones. Primero, Paquito es de la zona. Segundo, Paquito habla perfecto español, y sobre todo perfecto argentino. Tercero, Paquito es un Papa fuera de lo común, por decirlo del algún modo.

Francisco, antes Jorge Mario Bergoglio, llegó al Vaticano para sacudirlo a intramuros. La humildad, se ha convertido en su escoba. No usa las lujosas zapatillas rojas, se mudó a un pequeño apartamento en el Vaticano y guardó el Mercedes papal en el garaje, para utilizar un Renault de 20 años de antigüedad con 305.775 kilómetros recorridos.

Paquito agarra su Samsung Papal o su tablet eclesiástica y se pone a twittear. Sí, el papa está en twitter y tiene más de 10 millones de seguidores. Se para en la Plaza San Pedro y en un discurso le pide perdón a los divorciados por el daño que les ha hecho la iglesia católica al no aceptarlos.

Su carisma se divorcia de los protocolos y dogmas de la nunciatura vaticana. Sus discursos son escritos y leídos a la izquierda. Ha denunciado ampliamente “un nuevo colonialismo” que crea políticas con consecuencias nefastas para los pobres. Manifestó con la lengua bien rasurada, que el capitalismo deshumaniza y que el dinero debe servir y no gobernar.

Hay dos pasajes que han desvelado mi admiración por él. Uno, cuando el Jueves Santo, en el 2013, se inclinó para lavar los pies de dos musulmanes. El otro cuando recibió a un transexual en visita privada. Después de eso, me dije: “Este tipo es un líder”. Mentira, antes dije: “Este tipo está loco”.

Paquito llegó a Cuba sin avión privado ni papamóvil claustrofóbico. Eso nos los hizo mucho más terrenal. Se bajó del auto cuando quiso y no cuando debía. Tocó al pueblo y el pueblo lo tocó a él. En Estados Unidos le asignaron un carro blindado y lo primero que hizo al subir fue bajar la ventanilla y saludar a la gente.

Francisco se para ante el pleno del Congreso de los Estados Unidos, y les dice: “En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades”.

De su visita me quedo con varias cosas. Con la frase que concluyó la homilía que leyó en La Habana: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”; con el gesto de agarrar la mano de Raúl y colocarla en su corazón, con cada bendición que realizó, y sobre todo con su definición del pueblo cubano: “Un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza”.

En su estancia por Holguín no tuve la posibilidad de verlo, pero más que verlo hubiese querido darle un abrazo, y justo antes de que los rascacielos segurosos del vaticano me alejaran de él, decirle de corazón: “Yo rezo por ti Paquito”.

 

Periodismo de Barrio ya se hizo (y es hermoso)

Así nos recibieron en Pueblo Nuevo, Centro Habana

Blog: Polémica Digital.  de Elaine Díaz

Amigos y amigas…

Ustedes que están del otro lado del correo electrónico y han sumados sus direcciones voluntariamente para tener las primicias sobre Periodismo de Barrio, ustedes que ni siquiera se conocen entre sí pero no han dejado de creer, ustedes que probablemente se hayan vestido de blanco en 2009, durante aquellos días del concierto Paz sin Fronteras, cuando parecía imposible que Juanes y Olga Tañón se le unieran a los Van Van en La Habana y gritaron junto al maestro Formell aquel “ya se hizooooo, duélale a quien le duela”… Para ustedes es este primer correo electrónico de una nueva organización periodística sin fines de lucro enfocada en las historias de las comunidades afectadas por desastres naturales o aquellas que, por su localización, son vulnerables al impacto de fenómenos naturales como huracanes, inundaciones, sequías, fuegos, deslizamientos de tierra, u otros ocasionados por la incidencia del hombre.

Periodismo de Barrio, como Paz sin Fronteras, ya se hizo. No sin tropiezos. No sin malos ratos. Pero se hizo. Y el número cero, que saldrá el próximo domingo – debo decirles – es hermoso. El primero de agosto de este año, cinco jóvenes periodistas nos lanzamos a recorrer los principales municipios afectados por las inundaciones súbitas del pasado 29 de abril. Llegamos hasta Centro Habana, Cerro, La Habana Vieja y 10 de Octubre. Tocamos las puertas de las casas una y otra vez y nos recibió gente sencilla, de bien, gente que te da guayabas y agua fría y refresco de pipa gaseado. Recorrimos los barrios de la mano de los gobiernos locales, cogimos la ruta 26 en el Hospital Naval y nos sentamos a escuchar a quienes predicen el clima en Casablanca. Nos pasamos una tarde con el comando de Rescate y Salvamento que alejó tantas muertes ese día. E hicimos periodismo. Ese periodismo cuya vocación está profundamente vinculada con el servicio público.

Algunos nos negaron entrevistas. Otros desconfiaron de nuestras intenciones. Pero para todo ello estábamos preparados. La desconfianza nos hizo más fuertes. Nadie debe confiar en otro sin ver el resultado de su trabajo antes. Y eso es lo que queremos mostrarles el 18 de octubre. Nuestro primer número se basa en el acto de fe de aquellos que quisieron ser los primeros en arriesgarse, de esos que tenían tanto que decir que prefirieron hablar a permanecer callados.

Tiene cinco reportajes larguísimos, reposados, porque hacemos periodismo lento, y entrevistamos a las mismas personas una y otra vez, y verificamos cada dato, y contrastamos cada fuente y somos poca gente y tenemos pocos recursos. Periodismo de Barrio no se lee en un día. Guárdenlo en su navegador. Abran cada semana un reportaje, descubran junto a nosotros esa Cuba que no se ve en Facebook, ni en Twitter, una Cuba que no es noticia de último momento. Y no dejen de enviarnos su opinión. 

Tiene, también, un perfil de un delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular. De un hombre de bien. De un hombre con un bote rojo sin remos que entra a un barrio insalubre a salvar gente. Alguien que nos monta en su moto con sidecar y nos lleva a San Felipe y a quienes sus vecinos respetan. Tiene imágenes dolorosas, porque a seis meses de las lluvias, hay quienes siguen durmiendo en los esqueletos de sus colchones en el piso, e imágenes desde la esperanza, porque a seis meses de las lluvias hay barrios que han sabido gestionar soluciones. Tiene un editorial que dice quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos.

Y no tiene ni un centavo que no sea del dinero que ahorré yo, Elaine Díaz, durante mi estancia como becaria en la Nieman Foundation for Journalism de la Universidad de Harvard. Hay quienes usan sus dineros para comprarse casas, o carros, o ropa, o zapatos, o comida. Hay quienes lo usan para viajar. Hay quienes compran sexo. Hay quienes compran ideologías. Y hay quienes se deshacen de él. Porque el dinero, seamos honestos, corrompe. Quien nada ha tenido, nada pierde. Yo tuve mucho, tuve a mi familia, y tuve Campo Florido, y tuve una finca que me salvó de pasar hambre en los ´90 – durante el periodo especial. Sé sembrar tomates y vender mamoncillos en la playa con la misma impertinencia con la que escribo.

Si mañana Periodismo de Barrio no pudiera seguir por causas ajenas a nuestra voluntad – como un cataclismo climático – si no hubiera un número uno que alumbrara ese número cero que saldrá el domingo, aún así habría valido la pena cada segundo de estos dos meses. Por Mónica, por Julio, por Geisy y por Tomás – que son los nombres que verán una y otra vez firmando los trabajos. Deben memorizarlos, porque no todos los días se encuentran periodistas con almas tan limpias y vocación tan clara. Pero, sobre todo, habría valido la pena por todos esos que nos miraron con los ojos bien abiertos porque nunca antes habían sido escuchados, por todos los que nos tendieron la mano, por todos los que creyeron y creen que hacer algo diferente en Cuba, hoy, no solo es posible, sino necesario…

“Cuando llueve todo sea moja, dice un refrán, pero aún más los pobres”, así comienza Lemebel una crónica sobre las inundaciones en Chile y así empieza Periodismo de Barrio.

 

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