Category: Sociedad

UCA pedirá la próxima semana a la justicia salvadoreña la reapertura del caso jesuitas

tomado del blog Moncada Lectores

Las víctimas de la masacre de la Universidad Centroamericana (UCA) pedirán el próximo lunes  al Juzgado Tercero de Paz de San Salvador, la reapertura del caso jesuitas, confirmaron fuentes de ese centro de estudios superiores.

La petición se hará “con el fin de lograr un proceso judicial contra los autores intelectuales de la masacre…y se enmarca en la búsqueda de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición frente al crimen de lesa humanidad”. indica una información divulgada por la UCA.

El 16 de noviembre de 1989, fueron asesinados Elba y Celina Ramos, ambas empleados de la UCA, junto a los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró, Juan Ramón Moreno, Amando López y Joaquín López y López.

La iniciativa de reapertura se realizará a más de un año de que la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) declaró inconstitucional la Ley de Amnistía a favor de los militares involucrados en la matanza.

La solicitud será presentada por el P. Andreu Oliva, rector de la Universidad; el P. José María Tojeira, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (Idhuca); y Arnau Baulenas, abogado del Idhuca.

Hasta el momento el único que cumple una condena de 30 años de cárcel por esa masacre es el coronel Guillermo Alfredo Benavides, para quien la UCA ha pedido a la Corte suprema que otorgue el indulto.

Por ese caso, el también coronel Inocente Orlando Montano, está a la espera de ser extraditado desde Estados Unidos a España, donde le espera un juicio por su presunta participación en la autoría intelectual del múltiple asesinato.

Yo no sé lo que es vivir sin Fidel

tomado del blog: Cuba por dentro

Nota: Palabras de tributo y homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a un año de su partida Física. Acto Central de la Cátedra Honorífica para el Estudio del Pensamiento y la Obra de Fidel. Universidad de Oriente.

Por Dr. C. Fidel Antonio Castro Smirnov

Yo soy Fidel. Mi padre es Fidel. Mi abuelo es y será siempre el eterno e invicto Fidel. Mi nombre es Fidel, y mi vida se llama Fidel. Mis pensamientos, mis sueños, mis anhelos, se llaman también Fidel.

La traductora japonesa de Fidel cuenta sus anécdotas

Por: Carlos Miguel Pereira Hernández
tomado del blog Guayacan de Cuba
Michiyo Yamanaka, traductora de la Embajada cubana en Japón, quien trabajó en varias ocasiones con Fidel. Foto: EmbaCuba Japón
En un encuentro reciente en la Embajada Cubana en Tokio, se reunieron estudiosos de la vida de Fidel de Cuba y Japón y también personas que lo conocieron. Entre los testimonios de ese día no podía faltar el de nuestra insuperable y querida Michiyo Yamanaka (Ino-san), quien desde su labor ininterrumpida como traductora de nuestra Embajada en Japón a lo largo de más de 50 años, conoció personalmente a Fidel, a quien le tradujo en disimiles ocasiones. Sus vivencias al respecto hablan por si mismas:
“En febrero de 1972 hice mi primera visita a Cuba, acompañando al ya difunto Sr. Ryoici Kawai, entonces Presidente de la empresa Komatsu, fabricante de equipos de construcción. El Sr. Kawai fue uno de los primeros empresarios japoneses en visitar la Cuba revolucionaria, convirtiéndose también en uno de los pioneros de las relaciones económicas entre Cuba y Japón.
“Durante su estancia en Cuba, el Sr. Kawai fue invitado a almorzar con el Comandante en el Palacio de la Revolución. Fui con él como traductora. Fue la primera vez que tuve el honor de ver y traducirle al Comandante. Cuando el Comandante apareció en la sala donde esperábamos, recuerdo que sentí temblar de la emoción.
“Después de terminar el almuerzo, ocurrió algo inesperado. El comandante invitó al Sr. Kawai a hacer recorridos con él mismo para conocer dónde trabajaban sus equipos. Salimos en un jeep; increíblemente, Fidel manejándolo. A su lado sentado el Sr. Kawai como si fuera su copiloto, y los asientos de atrás, los ocupamos el entonces Embajador de Cuba en Japón, Sr. Ricardo Cabrisas, hoy Vicepresidente del Consejo de Ministros, y yo como traductora. El resto de miembros de la delegación de Komatsu y las escoltas del Comandante iban atrás en otro jeep y un camión.
“Los recorridos duraron casi cuatro horas visitando muchos lugares, incluyendo las obras de la construcción de la gran carretera de Ocho Vías, donde trabajaban los equipos de Komatsu. Fidel, sin guía, llevó la caravana a dondequiera que quería enseñar. El Sr. Kawai estaba asombrado y maravillado porque el Comandante conocía hasta los últimos detalles de la distribución del parque de los equipos de Komatsu. En las calles que pasamos y adonde quiera que llegáramos sin aviso previo, la gente saludaba al Comandante agitando las manos y gritando “Fidel, Fidel”, todo el mundo, desde los niños hasta los ancianos. Conocía por los libros cómo el pueblo quería a su dirigente, pero lo experimenté de cerca. Desde entonces he tenido muchas oportunidades de traducir al Comandante. Siempre me ha impresionado su carisma, de ser hombre muy natural y de calidad humana muy alta.
“(…) En marzo de 2003, cuando el Comandante realizó su segunda visita a Japón, viajó hasta Hiroshima. En la Embajada en Tokio, habíamos preparado los detalles de su visita a Hiroshima en coordinación con las autoridades de Hiroshima, incluyendo las letras que se ponían en la cinta que llevaba la corona de flores que el Comandante colocaría ante el monumento de las víctimas de la bomba atómica.
“En la madrugada del mismo día de la visita a Hiroshima, me llamó por teléfono el entonces Embajador de Cuba en Japón, Sr. Orlando Hernández, porque el Comandante se interesó por las letras que se ponían en la cinta y en vez de la preparada solo con su nombre y el cargo siguiendo las costumbres protocolares, quería poner “A LAS VICTIMAS INOCENTES DE HIROSHIMA Y NAGASAKI”. Esperé para ser las 7:00 a.m. y llamé al funcionario de la Ciudad de Hiroshima con quien hacíamos las coordinaciones. Como la corona ya estaba todo preparada, pensé que se molestara por tener que cambiarla. Por lo contrario, él con el aire de estar emocionado, aceptó con gusto el cambio del texto. A un ciudadano de Hiroshima, le habrá conmovido la actitud del Comandante, de no hacer su ofrenda floral solo protocolarmente, sino con sus sentimientos. Cuando llegamos a Hiroshima la corona estaba preparada con el mensaje que el Comandante quería transmitir.
“En ese mismo viaje, recuerdo que la visita iba a ser de uno solo día, pero cuando llegamos al aeropuerto de Hiroshima para regresar, se supo la noticia de que las condiciones del tiempo en el cielo no eran buenas. El avión especial del Comandante y dos aviones más estaban estacionados en el aeropuerto con el permiso de estar sólo por las horas del día. La extensión de su estacionamiento necesitaba negociaciones complejas. La delegación debía viajar al Aeropuerto de Narita de donde saldría del país. Llegaron las noticias de que el cielo de Narita estaba despejado. Entonces el capitán del avión del Comandante estudió el mapa meteorológico y se mostraba muy cauteloso. Cuando todo el mundo se inclinaba a la posibilidad de volar, el Comandante decidió quedarse respetando la opinión del capitán. Nos quedamos una noche más en Hiroshima. El día siguiente, se continuó viaje hacia el Aeropuerto de Narita.
“Yo iba en el mismo avión especial del Comandante junto con unos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón. Uno de ellos me dijo que es posible que Fidel haya salvado nuestra vida. Hubo una tremenda tempestad en Tokio, por donde iba a volar el avión. Dicen que fue una tempestad inusual por su fuerza. Hubiera pasado algo si se había forzado a volar. El funcionario del MINREX japonés dijo que Fidel tenía algo muy especial que le permite olfatear el peligro de la vida, por eso ha podido sobrevivir en la guerra revolucionaria y posteriormente a pesar de tantos planes del atentado contra su vida. Según él, ese día Fidel ´nos salvó la vida´”

El desamor y la luz


tomado del blog Mira Joven (Cuba)

Cada relación amorosa suele ser una película, larga o carta, con escenas de alegría y seriedad. Hace poco, una joven escribió por correo electrónico: “¿Y qué pasa si no sales de mi mente, si te has adueñado de mis pensamientos? ¿Acaso debo buscarte, esperarte y seguir con esperanza en la búsqueda de un beso, de una sonrisa o esa seriedad también cautivadora por ser tuya?

En otro lugar, un muchacho garabateaba sobre papel: “Siempre creí que el romanticismo de Bécquer y otros poetas era fantasía, frases líricas en tinta y papel. ¡Cuánto me equivoqué! Ahora sufro, me aconsejo e intento resignarme, empero no puedo. Un vendaval de sentimientos, pasiones y recuerdos me asaltan y desvelan, me recuerdan que soy humano, y que quizá Cupido sí existe, pero es malvado”.

Otros, que construyeron una relación especial a través de los años, intercambian cartas por correo postal, una tradición en peligro de extinción por el empuje de las nuevas tecnologías. Envían textos y reciben otros.

Un frío-caliente recorre sus cuerpos cuando leen cada línea. Él o ella las escribió, rápido o lento, con nostalgia o complacencia. Ambos intentan desnudar las palabras, interpretar las comas y encontrar pizcas de posibilidad.

A veces, huracanes del desamor y tristezas de la inocencia borran la sonrisa, pero siempre se puede comenzar de nuevo y, en ocasiones, salvar la relación.

Escribo sobre este tema a petición de varias personas, incluida quien, como un disparo, me dijo hace poco: “Tus trabajos se están volviendo demasiado serios”, motivo para otro Comentario. También pienso en esa joven, llena de encantos, como todas las féminas, que prefiere construirse una coraza, porque “ya he sufrido suficiente”.

En cuestiones de amor, cada quien tiene sus vivencias, momentos de felicidad, tormentos y espejismos. Las olas de ese sentimiento y la convivencia no suelen mantenerse con ritmo estable, pueden adquirir mayor o menor fuerza, y dañar lo construido durante meses y hasta años.

Especialistas confirman que, con frecuencia, las rupturas de ese tipo causan dolor, ansiedad, depresión y estrés. Según explican, lo peor es cuando algunos desean continuar junto a la otra persona, pero ya no son aceptados.

Refieren que deben pasar por diversas etapas, las cuales no tienen un orden cronológico, pues pueden mezclarse entre ellas, períodos durante los cuales existen días de aparente recuperación y retrocesos.

Algunos hablan de cinco fases (Pérdida, Desesperanza, Ansiedad, Aceptación y Superación) y otros hasta de siete, aunque muy similares (Impacto, Negación, Pena y Depresión, Culpa, Rabia, Resignación y Reconstrucción). Aseguran que se comienza a mejorar a partir de la Aceptación o Resignación.

A pesar del sufrimiento, cada quien debe comprender que los fines en ocasiones son también comienzos. Lo fundamental es continuar en el camino de la vida con dignidad, dedicación y capacidad para sonreír, dar y recibir amor, porque en definitiva la luz quizá nos espere más adelante.

COCO, EL NEOCOLONIALISMO DISNEY

Pixar ha logrado que llorar como se lloró en las proyecciones de Bambi sea elogiado por los que antes denunciaban el imperialismo cultural
por ANDY ROBINSON*

<p>Fotograma de la película de Disney 'Coco'.</p>

Fotograma de la película de Disney ‘Coco’.

Este momento de tensión  entre EE.UU y México es muy desconcertante para USA Inc. Porque para las grandes corporaciones estadounidenses (y otra multinacionales), México tiene un valor incalculable a la hora de diseñar sus campañas de marketing. Y, por supuesto, a la hora de diseñar sus producciones cinematográficas. México es “auténtico” y tiene alma. Para un buen creativo corporativo con MBA, especializado en la extracción de valor intangible, quedan enormes yacimientos de cultura popular en México que, increíblemente, aún no han sido convertidos en mercancía.

Es más, en México, con su historia tan cruel, su cultura todavía no mercantilizada se ve estrechamente identificado con la última barrera de protección, la familia, otro elemento de valor inestimable para los creativos del marketing e imagineering precisamente porque se percibe como un santuario del mercado, lo último que se vendería y que se corrompería. México tiene todo lo que le faltaba a McDonalds cuanto intentó sin éxito hacer aquella campaña de  “Say it with love”. Para decirlo con amor y alma, hace falta algo mucho  más potente que un Big Mac regalado al cliente para que llame a su madre o novia y que le diga ante el público: “Te quiero”. Hace falta algo menos obviamente transaccional para así esconder la fría cotización bursátil que motiva cada decisión corporativa necesaria para su expansión imparable e insaciable. Y ¿qué mejor para penetrar hasta la zona más protegida de la cultura que hacer una ofrenda del Día de los Muertos?

La semana del 2 de noviembre podían verse ofrendas en cada uno de los centros comerciales de la Ciudad de México: calaveras de azúcar o chocolate, tamales de maíz, papel picado de colores chillones, panes de muerto, flores anaranjadas cempasúchil ya fotos del difunto, quizá, el fundador de la franquicia. México primero regaló a Frida Kahlo, una revolucionaria reconvertida en un logotipo de moda global. Más tarde, la calavera, un icono de moda auténticamente étnica. ¿Qué mejor que un esqueleto para combatir las acusaciones de superficialidad y narcisismo que suelen hacerse a la moda? 

Y ahora, la ofrenda de la fiesta del Día de Muertos como potente herramienta de marketing. No importa que fuera, en la calle, haya gente llorando y realizando ofrendas improvisadas delante de los edificios que se derrumbaron en el terremoto del 19 de septiembre. Las ofrendas de las multinacionales son mucho más ricas en simbología del México auténtico que esas pobres ofrendas caseras. Ahí están, junto a las marcas de Carolina Herrera, Estée Lauder, Victorias Secret. Y, para rematar, en el multicine, en al tercera planta, Coco, la nueva película de Pixar/Disney sobre el Día de Muertos en México, exhibida en horario continuo.

Ofrenda delante de un edificio derrumbado en el terremoto

La crítica mexicana se ha deshecho en elogios por Coco, un filme muy bien documentado, que entiende lo “auténtico” del pueblo mexicano y que muestra “admiración e incluso respeto a la cultura nacional”, según el diario El Universal. No falta ningún detalle antropológico sobre la gran fiesta popular, de orígenes precolombinos. Desde el papel picado que adorna las calles de México hasta los tamales y pan de muerto en las ofrendas. Desde la Llorona, la madre fantasma que busca a sus hijos muertos, hasta La Catrina, la cómica encarnación de la muerte de Diego Rivera. Sin olvidar la música de Jorge Negrete, Pedro Infante, con un poco de hip hop folclórico del Mexican Institute of sound. Ahí está también el perro de los aztecas, el Xoloitzcuintle, y los animales fantásticos de la artesanía de Oaxaca, los alebrijes, ya en venta en su Disney Store más próxima.

Hasta la izquierda mexicana se ha mostrado agradecida a la filial de la gigantesca Corporación Disney por explorar lo auténtico del pueblo mexicano. Hay que reconocérselo a los creativos gringos de Pixar de la escuela obsesiva de Steve Jobs. No dejarán ninguna piedra sin levantar en su búsqueda. La revista Proceso comparó la película con una novela de Carlos Fuentes. El actor progresista Gael García Bernal pone la voz al desgraciado músico Héctor que no puede cruzar el puente de flores anaranjadas cempasúchil hasta el mundo de los muertos vivientes porque nadie vivo se acuerda de él. Elena Poniatowska dobla al castellano la voz de la abuelita, nana coco, que, pese a su demencia avanzada, finalmente recuerda en una lacrimosa última escena la canción del mismo músico (su padre): Recuérdame. Pixar ha logrado que llorar como se lloró en las proyecciones de Bambi sea elogiado por los que antes denunciaban el imperialismo cultural.

Pero, quizás sea la izquierda la que ha cambiado más que Disney. Curiosamente, dada su reivindicación de la memoria colectiva, Coco ha logrado borrar totalmente la polémica que desató Disney en 2013 cuando anunció que pretendía hacerse con los derechos de propiedad intelectual del mismísimo Día de los Muertos, declarado patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Disney quería el uso exclusivo para dotar a su marketing de “comidas snack y congeladas, adornos de árboles de navidad, imanes decorativos y productos de enseñanza y entrenamiento”, de cierta autenticidad y alma, según contaron sus abogados. Tras una oleada de protestas, la corporación retiró la solicitud.

Disney ya se ha dado cuenta de sus errores. Los cineastas de Pixar hablan de México y su identidad con el máximo respeto: “La película es una carta de amor a México”, ha insistido su director Lee Unkrich, oriundo de Ohio, que también dirigió Toy Story 3. “Coco no existiría sin la belleza ni la inspiración de México y su cultura, ni tampoco sus familias…”, coincide la productora de la película, Darla Anderson. Tras el terremoto que mató a medio millar de personas, entre ellas decenas de niños, Disney no tardó en enviar donativos a los damnificados del estado de Oaxaca, donde hizo gran parte de su investigación para la puesta en escena.

Nadie en México parece estar preguntándose si Coco, y la participación de Disney y otras corporaciones en la reconstrucción, contamina la movilización ciudadana con el veneno de filantropía corporativa. A fin de cuentas, como decía Carlos Monsivais tras la masiva movilización ciudadana después del seísmo de 1985 que derrocó al PRI en el DF, no se trata de ser solamente “solidarios” al organizarse en apoyo a las víctimas, sino de “tomar el poder”.

Para entender por qué no debería elogiarse una película de Pixar sobre el Día de muertos mexicano, lo primero que hay que hacer es visitar la doble exposición México, Walt Disney y El arte de Coco en la Cineteca  Nacional (Filmoteca) de la secretaría de Cultura en Coyoacán, que recorre los viajes de Disney en México y América Latina en los años de la guerra fría. El primer viaje, en 1942, fue como enviado de un programa exterior de Roosevelt para contener el fascismo en América Latina y, lo que sería mucho más importante conforme fueron pasando los años, para detener al comunismo y cualquier movimiento de reivindicación social. Hizo dos películas, el corto Saludos America y el largometraje Los tres caballeros, que, como recuerda la historiadora cultural argentina Marcela Croce en un número reciente deThe Jacobin, “establecieron un precedente por el cual la industria de cine trabajaba para justificar la intervención estadounidense en la región”.

La exposición en la Cineteca Nacional, sin embargo, no se detiene en esa historia de invasiones, golpes y masacres de pueblos indígenas. Recuerda que Disney realizaba minidocumentales para apoyar la campaña de salud pública del presidente Miguel Alemán. Relata cómo Pancho Pistolas, el personaje mexicano creado por Disney entonces, se convirtió en un personaje querido en todo el país. Explica la afición de Disney a la música mexicana y a los trajes de charro que a veces vestían durante sus visitas. “El legado de Walt Disney ha permanecido en los corazones de México (…) esas sonrisas que Disney nos ha regalado son parte de nuestra memoria”, pontifica el texto de la exposición. “México y Disney es un encuentro mágico”, resume.

No hay en la exposición ni una referencia al libro clásico sobre Disney en América Latina, Para leer al Pato Donald, editado en Santiago de Chile en 1972, una crítica demoledora hacia los estereotipos racistas de las tiras cómicas y las películas de Disney sobre América  Latina y hacia la “colonización mental” de los niños con “los sueños de una ideología competitiva de ultra individualismo”, según recuerda su coautor Ariel Dorfman, catedrático de la Universidad Duke de Carolina del Norte en el Huffington Post. Quemados miles de ejemplares del libro en Chile tras el golpe de 1973, la obra fue prohibida en EE.UU., dos años después, por las presiones de Disney. Finalmente, será publicado a finales de este mes y formará parte del catálogo de una nueva exposición sobre Disney en América Latina en el museo MAK de Los Ángeles. ¿Por qué no mencionaron nada de esto Francisco Haghgenbe y Hugo Derat, los dos comisarios de la exposición México y Walt Disney en la Cineteca Nacional? Quizás porque los dos son publicistas de la oficina mexicana de la Corporación Disney. “Nosotros solo prestamos la sala; Disney diseñó la exposición”, se limitó a decir un empleado de la secretaría de Cultura.

*Andy Robinson. Es licenciado por la London School of Economics en Ciencias Económicas y Sociología y en Periodismo por El País UAM. Fue corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Nueva York y hoy ejerce como enviado especial para este periódico. Su último libro es ‘Off the Road. Miedo, asco y esperanza en América’ (Editorial Ariel, 2016).

A %d blogueros les gusta esto: