De cómo el maestro Roberto Valera le hace un aporte ingenieril a nuestra ciudad

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Tomado del Blog Segunda Cita

Hace unos días circuló por correo electrónico un mensaje del maestro Roberto Valera, insigne músico cubano, a quien no pocas veces se le ocurren ideas geniales. Lo que sigue se explica solo.

 

El maravilloso Malecón de La habana es un disparate arquitectónico

Por Roberto Valera

¿No se han fijado que en Cojímar, en toda la Habana del Este, en Santa María, en Guanabo, en Matanzas, en Varadero, en Santa Fe, en Jaimanitas, en fin, en toda la costa que está al este y al oeste del Malecón de La Habana, el mar penetra cuando hay fuertes marejadas, pero una vez aplacadas el mar se retira, deja escombros, claro, pero no se producen inundaciones del tipo de las que ocurren en la zona del Vedado? En la zona de Playa, por ejemplo, se producen inundaciones en las zonas bajas por falta de alcantarillado, pero no por la penetración del mar.

El fascinante Malecón de La Habana es un muro continuo, un obstáculo que impide que el mar, después que sus grandes olas lo saltan y penetran, pueda retirarse siguiendo su ciclo normal. El agua queda atrapada. Los tragantes de nuestro Malecón, cuando hay fuerza del mar, sólo sirven para que por ellos penetre más agua; no tragan, más bien, vomitan.

Los malecones que he visto en el mundo, tienen fuertes balaustres de hormigón o tienen espacios que dejan que el agua pase por ellos y pueda retirarse cuando, después de la tempestad, llegue la calma. Se construyen con un período de retorno especificado. Así los vi en Santo Domingo, en New York, en Mazatlán; incluso en grandes ríos como el Sena de París, el Neva de San Petersburgo, o el Vístula de Polonia.

Claro, esto es la opinión de un ciudadano que ama su Habana, un músico, no un especialista en construcción civil. ¿Qué pensarán de esto los ingenieros hidráulicos y arquitectos cubanos? ¿Estoy equivocado?

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Mensaje de Aurelio Alonso a Eneyde Ponce de León, geógrafa con una larga experiencia en Planificación Física:

¿Está equivocado o no? ¿Un poco equivocado o equivocado del todo? Si no lo estuviera, ¿es posible que nadie se haya percatado? ¿O es que se hace imposible ya subsanar este despropósito? Conociendo la República que se vivió no tengo dudas de que Carlos Miguel de Céspedes y otros tiburones se hayan enriquecido a costa de la construcción, la ampliación y el mantenimiento del muro, pero no resolvemos mucho con esclarecer el pasado si no nos sirve para dar solución al futuro. Por favor indaguen con los arquitectos e ingenieros civiles más viejos que se mantienen en pie. Abrazos y besos,

Aurelio

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Respuesta de Eneyde Ponce de León:

Aureliano, no está muy equivocado Roberto Valera… Deja ver si busco un Estudio sobre El Malecón que hicimos… Por ahora acudo a mi memoria, no tan buena, lo sabes.

El Malecón siempre lo consideré un gran impacto ambiental, asumido como la mejor “imagen urbana” que puede identificar a  ciudad, útil como vía y a la vez espacio urbano multifuncional; a decir de Eusebio Leal “el banco más extenso de La Habana”, es el espacio público más diverso, admirado y concurrido.

Quizá ahora surjan mil propuestas, desde los que quieran hacer un muro alto en competencia con Trump, los defensores a ultranza de no hacer nada y los que desviarán la atención hacia el mar…

El Malecón se construyó por tramos, el primer tramo se inició en 1901 ó 1902, desde la Punta a la calle Genios. ¡En 1906, ya se reportó la primera inundación! Inmediatamente fue aceptado como un espacio de actividades y encuentros, además de dar una fachada de la ciudad hacia el mar  (Malecón tradicional, de la Punta al Parque Maceo).

Entre la euforia del automóvil, la necesidad de una vía expedita que conectase la Quinta Avenida directamente con el Este de la ciudad camino hacia las playas, casas de segunda residencia y Varadero, la construcción de los túneles, más poco conocimiento o despreocupación por la naturaleza, se construye el tramo del Malecón desde el Hotel Nacional hasta la desembocadura del Almendares sobre el lápiz litoral.

La construcción del muro del Malecón se erigió como barrera al libre movimiento del mar en un espacio propio de su dinámica litoral: “terreno ganado” al mar.

El Malecón y calle Primera son más altas que la calle Tercera, por lo que el agua que sobrepasa el muro, al no poder salir, se va acumulando hacia las zonas más bajas, por demás con deficiente drenaje pluvial.

La salida directa de los drenes de drenaje al mar no permite la salida de agua mientras se está produciendo el evento meteorológico.

La poca curvatura del muro propicia el sobrepaso de la ola, no la rebota  .

A esto se suman las complicaciones que la mano humana aportó:

– El incremento de superficies pavimentadas y construcciones que aumentan el escurrimiento superficial.

– La insuficiencia, obstrucción y falta de mantenimiento del drenaje pluvial.

– Extracciones de arena en los años sesenta, acentuaron aun más el perfil batimétrico, que es muy acentuado desde calle J hasta el restaurante 1830, y cuando se producen las condiciones sinópticas propicias en los frentes fríos, bajas extratropicales y ciclones, permite que se formen olas –no sé cómo decir– completas, de gran energía.

Recuerdo, para terminar este comentario, estudios realizados desde los noventa con el objetivo de hallar solución a estos problemas, los cuales tendrían que ser tomados en cuenta de nuevo ahora, que el cambio climático acentúa la vulnerabilidad del litoral habanero.

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