De cómo me hice Leñadora: la culpa es de mis padres

Rate this post

tomado del blog Bitacora de Glenda

La culpa de todo la tienen mis padres. Boza chiflaba en el balcón con cada hit o carrera. Yo no solo imitaba la posición de sus labios, sino que con el tiempo aprendí a hacerlo. Luego mi madre me acompañó a cada juego de fin de semana, cuando regresaba de la universidad. Allí, sobre el banco de primera, nos colábamos en la peña del CIMEX, saludábamos a Joan Carlos en primera y también a los rivales.

Allí conocí a Los Gurriel, y mami “luchó” pelotas firmadas por los equipos de Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Guantánamo, Camagüey y Las Tunas. Mami tiene carisma para lograr lo que se propone, no hay dudas.

La culpa de todo la tienen mis padres. Por darme el dinero para aquel pulóver y gorras de Las Tunas que todavía conservo, cuando era fácil conseguir una chamarra con el equipo de tu preferencia.

Si lo soltaba desde mi casa, aquel pulóver iba solo al estadio. Allí, con mi muela de estudiante de periodismo, conocí a Pedroso, Osmani Urrutia, Hermidelio y mi amigo Henry. Jamás los traicioné, ni cuando nos gritaban “Palestinos” en el Cándido González de Camagüey.

Éramos dos o tres muchachitas y como 20 varones. Éramos el apoyo de los Leñadores en aquella temporada cuando clasificaron a play off por primera vez. El equipo salía fuera del dogout de primera antes del juego y nos daban merienda. Agradecimiento por el apoyo, o tal vez nos vieron cara de hambre, jeje.

Más de una vez Los Leñadores me dieron dolores de cabeza. Más de una vez estuve al borde del infarto, y los odié y maldecí, como hace uno con la gente que quiere bien, cuando nos hacen mal. Y más de una vez recibí improperios, insultos y burlas porque nunca he escondido que soy tunera, 100% Leñadora.

Acaban de ganar la semifinal con Industriales y yo acabo de quedarme sin saldo en el teléfono. Al no estar en el estadio, con mi gente tenía que compartir la alegría. He maldecido, he dicho malas palabras, he aplaudido y gritado en mi casa. En mi barrio deben odiarme o admirarme. Lo que sí sé es que a esta altura, ya todos en Santa Clara saben de dónde soy. Poco importa, nunca lo he escondido. Soy tunera y leñadora. La culpa de todo la tienen mis padres