El desamor y la luz

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tomado del blog Mira Joven (Cuba)

Cada relación amorosa suele ser una película, larga o carta, con escenas de alegría y seriedad. Hace poco, una joven escribió por correo electrónico: “¿Y qué pasa si no sales de mi mente, si te has adueñado de mis pensamientos? ¿Acaso debo buscarte, esperarte y seguir con esperanza en la búsqueda de un beso, de una sonrisa o esa seriedad también cautivadora por ser tuya?

En otro lugar, un muchacho garabateaba sobre papel: “Siempre creí que el romanticismo de Bécquer y otros poetas era fantasía, frases líricas en tinta y papel. ¡Cuánto me equivoqué! Ahora sufro, me aconsejo e intento resignarme, empero no puedo. Un vendaval de sentimientos, pasiones y recuerdos me asaltan y desvelan, me recuerdan que soy humano, y que quizá Cupido sí existe, pero es malvado”.

Otros, que construyeron una relación especial a través de los años, intercambian cartas por correo postal, una tradición en peligro de extinción por el empuje de las nuevas tecnologías. Envían textos y reciben otros.

Un frío-caliente recorre sus cuerpos cuando leen cada línea. Él o ella las escribió, rápido o lento, con nostalgia o complacencia. Ambos intentan desnudar las palabras, interpretar las comas y encontrar pizcas de posibilidad.

A veces, huracanes del desamor y tristezas de la inocencia borran la sonrisa, pero siempre se puede comenzar de nuevo y, en ocasiones, salvar la relación.

Escribo sobre este tema a petición de varias personas, incluida quien, como un disparo, me dijo hace poco: “Tus trabajos se están volviendo demasiado serios”, motivo para otro Comentario. También pienso en esa joven, llena de encantos, como todas las féminas, que prefiere construirse una coraza, porque “ya he sufrido suficiente”.

En cuestiones de amor, cada quien tiene sus vivencias, momentos de felicidad, tormentos y espejismos. Las olas de ese sentimiento y la convivencia no suelen mantenerse con ritmo estable, pueden adquirir mayor o menor fuerza, y dañar lo construido durante meses y hasta años.

Especialistas confirman que, con frecuencia, las rupturas de ese tipo causan dolor, ansiedad, depresión y estrés. Según explican, lo peor es cuando algunos desean continuar junto a la otra persona, pero ya no son aceptados.

Refieren que deben pasar por diversas etapas, las cuales no tienen un orden cronológico, pues pueden mezclarse entre ellas, períodos durante los cuales existen días de aparente recuperación y retrocesos.

Algunos hablan de cinco fases (Pérdida, Desesperanza, Ansiedad, Aceptación y Superación) y otros hasta de siete, aunque muy similares (Impacto, Negación, Pena y Depresión, Culpa, Rabia, Resignación y Reconstrucción). Aseguran que se comienza a mejorar a partir de la Aceptación o Resignación.

A pesar del sufrimiento, cada quien debe comprender que los fines en ocasiones son también comienzos. Lo fundamental es continuar en el camino de la vida con dignidad, dedicación y capacidad para sonreír, dar y recibir amor, porque en definitiva la luz quizá nos espere más adelante.

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