Fidel. El legado

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tomado del blog Turquinauta

por Rafael Cruz

Esta fue mi intervención en el encuentro con los estudiantes del diplomado de dirección política en ocasión del primer aniversario de la desaparición física del Comandante en Jefe y líder de la Revolución cubana, compañero Fidel Castro Ruz

Como ocurre con los hombres que han prestado un gran servicio a la humanidad, el tiempo que sigue al momento de su deceso es tiempo de recordación reflexiva, de reconstrucción de su ideario, de crecimiento sostenido de su legado. Así vive el Comandante en Jefe sus primeros doce meses de inmortalidad, en el pensamiento, la voz, el texto, las imágenes de los que le amaron y también- luz que hace sombras- de los que no le amaron. Este primer año posterior al 25 de noviembre del 2016 no es otra cosa que una premonición de los años futuros, cuando la figura del héroe, el pensador, el estratega, el estadista, el comunista, el hombre, el personaje de muchas miradas se continúe expandiendo en la galaxia de los siglos de como un Big Bang, como un brote que da paso a una selva, rehaciéndose interminablemente su legado.

Para de algún modo aproximarse metodológicamente al estudio de la obra de Fidel Castro pretendo resaltar siete puntos de partida. No son obviamente los únicos, pero al menos sirven para establecer un estudio fecundo del pensamiento y de la acción del gigante. Parafraseando la máxima marxista: sin teoría fidelista no hay acción fidelista, entendiendo a revolución y fidelismo como sinónimos en el sentido dialéctico, transformador, rebelde, humanista lo cual hace casi imposible separar en el líder la acción y el pensamiento, mas bien se ven como una unidad compleja. Estas siete líneas de análisis son:

La arquitectura axiológica humanista de Fidel.
La relación Fidel- Pueblo.
Fidel y la sociedad como sistema.
Comprensión de la política para la emancipación.
Fidel y la visión de la historia
Los ideales rearmados.
El partido comunista de Cuba. Obra de Fidel.

Cada uno de estos temas valen un libro, un examen interminable, pero obviamente en los límites y fines de una intervención en tan limitado tiempo tan solo se pueden presentar así como se anuncia la existencia de un mundo infinito, al que debemos llegar como una condición indispensable de compromiso público con la teoría y práctica por ese mundo mejor posible, es decir un mundo verdaderamente habitable. Digamos que esta propuesta se alinea no con un sedimento, sino como un desafío. No como un anclaje sino como una inquietante realidad de sistemático cuestionamiento. Por otro lado los límites entre un contenido y otro se difuminan, porque la realidad no separa las cosas, en la realidad ello se expresa como un todo, por tanto la separación es tan solo para el estudio, para el análisis.

En esta intervención solo nos referiremos brevemente a la arquitectura axiológica de Fidel Castro. Esta es un formidable edificio de valores humanistas conformados desde su infancia, en los años primogénitos de la familia y las relaciones con los desposeídos. Un proceso de edificación que se hizo firme en la vida estudiantil, en sus años breves como abogado profesional, pero sobre todo en la interacción de la lucha revolucionaria. Es ese conjunto de valores lo que distingue a Fidel de su condición de clase social originaria, lo que le permite germinar como líder y las señales lumínicas para que el pueblo lo identificara como tal.

Los valores humanistas de Fidel son consecuentes con la herencia que llega de la Fe cristiana pero trasciende y supera ese ámbito al mezclarse con los componentes de la ética martiana, del natural estado de la cultura familiar campesina, que es un conjunto de normas éticas reunidas alrededor del término decencia, práctica establecida entre los humildes del campo, cultivada por la familia de Biran aun cuando son los dueños.

Más tarde la formación marxista aporta argumentos a esos valores solidificados en la personalidad del patriota. La solidaridad, el altruismo, la responsabilidad, la dedicación al trabajo, el patriotismo, la bondad y un valor complejo porque en él se concentran muchos de los otros pero con una carga de cultura, interpretación de la historia y nacionalismo revolucionario para distinguirlo del chovinismo, o de su versión burguesa radicada en el liberalismo, y es el antiimperialismo de Fidel, similar al de Martí, de quien quizás obtuvo sus bases teóricas.

Estos son tan solo algunos de esos valores resultantes del proceso formativo en la vida del guerrillero. La huella de esos valores son perfectamente visibles en el anecdotario, en la biografía, en la memoria de los que lo conocieron. Por cierto todos los cubanos de las generaciones que acompañamos su vida activa como estadista, tenemos la sensación de haber intercambiado personalmente a él, tal de firme es la alianza del hombre/comandante con el pueblo.

Pero también se puede encontrar profundas evidencias de esos valores en la Revolución que él lideró: La justicia social como núcleo interno del sistema, las sistemáticas reconfiguraciones en lo económico, en lo social, en lo político dentro de la Cuba posterior al 1959 para aproximarse lo más posible al ideal de la equidad. La línea de acción establecida por el Programa del Moncada está signado por un profundísimo sentido de valores humanistas revolucionarios, basta ver como los problemas allí identificados: el problema de la tierra, el de la vivienda, se desprenden de sus componentes económicos para concentrarse en la calidad de vida del ser humano, en el campo, en la ciudad, en la dignidad de cada persona, o en la definición de “pueblo” que da el joven rebelde en ese documento.

El otro documento donde los valores son protagonísta es el Concepto de Revolución expresado por Fidel donde asegura que Revolución es: “defender valores en los que se cree, al precio de cualquier sacrificio…Altruismo, modestia, desinterés.. No violar principios éticos”. Por otro lado o mejor por muchísimos lados sus valores se expresan en los caminos del internacionalismo, desde Argelia hasta los más de un centenar de naciones del mundo donde hoy hay trabajadores de la salud cubana o de otras esferas de la actividad, con hitos formidables como el del Ébola o la fundación de la Escuela Latinoamericana de Medicina, y de las misiones libertadoras en tres continentes de las cuales la guerra en la República Popular de Angola es la más recordada.

Uno de los aportes fundamentales a la axiología en Fidel está la confirmación de que no se puede despojar la política de los valores, que ninguna alternativa política es más importante que la vida de un ser humano, que el político, es decir la persona que profesionalmente ejerce la labor política en la sociedad tiene que estar dotada de un sólido conjunto de valores del humanismo revolucionario.
Digamos que si el socialismo no puede existir sin esos valores que engrandecen a los seres humanos, Fidel dentro del modelo socialista cubano representa los asideros que permiten sostener la esencia del proyecto nacional. No es justo además adjudicar las disfuncionalidades actuales del sistema a las decisiones del pasado, en los tiempos cuando Fidel estaba al frente de la Revolución, y no es por negar las responsabilidades que el ejercicio de la dirección política, entre las que está asumir los aciertos y los errores, tenemos los que una vez fuimos cuadros en cualquiera de los niveles de la sociedad, sino porque el cúmulo de factores que confluyen en la suerte final de una línea de acción en el caso de un país es amplio por quienes actúan en él y por las contradicciones que el contexto histórico genera. Fidel sabía eso, pero nadie fue más duro con él en la crítica a la práctica de gobierno que él mismo, lo cual le aporta mucho de esa distinción axiológica de la que hablamos aquí.

Muy llamativo es en que se habla de un ser de carne y huesos, imperfecto en su humanidad, visible, fotografiable, abordable, un ser humano establecido como paradigma. Porque en cuestión de valores y de guías, la humanidad -Cuba no es la excepción- está abarrotada de iluminados y gurúes, pero en su inmensa mayoría pertenecen al mundo de lo esotérico de la santidad y otras congregaciones de deidades expuestas en altares, panteones o místicos legendarios quienes nos llegan en la incertidumbre de la historia o del tiempo; en cambio Fidel es reconocible, sin misticismos ni magias, una persona en la cual cabemos todas las personas del archipiélago al tiempo que él alcanza a desplegarse o multiplicarse en la extensión popular, como si en la repartición de su legado, cada cubano hubiese ganado con Fidel los valores revolucionarios que le sirven para conjugar su vida con el fulgor de una estrella.
 

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