Hay que clonar muchos Pachango en Contramaestre

tomado del blog: Caracol de Agua

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com


Alfonso Gutiérrez González (Pachango), es uno de esos hombres de hablar torrencial, empieza y no termina nunca. Montando siempre el caballo local que no niega la raíz de donde viene, Contramaestre, municipio de oriente; guajiro por más señas, cultor de la guaracha, donde es famoso ya entre sus coterráneos, por dos números inolvidables que tienen sabor a Cuba: La Motorina y La Wi-fi.
En su cabeza musical, sus pachangadas, como gustan decir sus amigos, andan proyectos, anhelos, sueños; siempre con su contingente Juan Marinello y la Sociedad Cultural José Martí a cuestas, intentando salvar el río Contramaestre, proteger las cuevas de esta zona del oriente o cuidando la preservación del patrimonio intangible, como lo hizo del 10 al 14 de julio, al crear la I Jornada Entre Teclas y Armonías, dedicada a José Gutiérrez González (Cheo, Pipito), alias con los que era conocido su hermano, en el mundo musical de su tiempo.
Técnico medio en elaboración mecánica de la madera  Pachango quería estudiar Arquitectura y un día montó un tren y fue a dar a la escuela de Boyeros, en La Habana, pero la boleta estaba mal confeccionada y después de muchas tribulaciones, fue a dar a la Tomás Royo Valdés del municipio Batabanó, donde estudió técnico medio en elaboración mecánica de la madera.
Allí fue delegado al Congreso de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM) de 1981, donde, por su cubanía proverbial, promovió que Fidel Castro picara el kake con el dedo, hecho que produjo sonrisas y ganó la admiración del Líder histórico por aquel joven de hablar rítmico, atropellado y con una jocosidad que no admitía rostros amargados.
En sus años habaneros (1979-1982) ganó amistades que aún lo acompañan, desde un Abel Acosta hasta un Felipe Pérez Roque. Los unía la música, los dicharachos, la picaresca a lo Fautino Oramas y los cuentos del folklor cubano, estilo Samuel Feijoo.
Al graduarse, tenía la disyuntiva de quedarse en La Habana o regresar a oriente, optó por lo último y dejó atrás un mundo donde podía haber llegado a ser un destacado dirigente juvenil.
Se estableció en Yara, provincia Granma, donde vivió seis meses y trabajó como profesor de literatura en una Facultad Obrero Campesina. Allí fundó el grupo Llamará, junto a varios amigos.
Decide regresar a Contramaestre en 1983.  Encontró un municipio con una vida cultural amenizada por agrupaciones aficionadas como Los Astros, la Típica Variación, Orbita 1 y el combo Nuevo Ritmo de Eloy Castellanos.
Empezó a trabajar en el establecimiento 104 Mario Silot, perteneciente a la Empresa Provincial Muebles del Hogar, atendiendo Control de la calidad.
A raíz de la muerte de Eloy Castellanos, dos integrantes de la orquesta Los Astros, lo invitaron en los primeros meses de 1984, a tocar el piano en la agrupación (“-¡aquello fue una locura!”), recuerda Pachango.
Se unió a un sueño, junto a hombres que la mayoría tenía un septo grado de escolaridad y cursaban el noveno en la Secundaria Obrero-Campesina.
Los Astros (una constelación de elegidos)  Decidieron llamarse Los Astros, porque en su contexto fundacional, creían ser los músicos elegidos de Contramaestre; así se veían desde su jovialidad provinciana.
Soñaron el Universo y tomaron el planeta Tierra.  Ganaron el Festival Nacional de Artistas Aficionados de 1984. Sentaron cátedra en el mundo musical cubano de Santiago, donde se esperaba el triunfo de Ricardo Leyva con el grupo Ruble Son. El jurado entendió que Los Astros cumplían con todos los parámetros del concurso, incluso se puso de pie y ovacionó la descarga del director Cheo Gutiérrez, que hacía unos meses había asumido la dirección.
Tuvieron 10 años de aficionados, donde fueron seleccionados mejor grupo representativo del sistema de casas de cultura de Cuba; participaron en 1985 en la Gala por el XXV aniversario de la creación del Movimiento de Artistas Aficionados. Invitados a la gala del Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en febrero de 1987.
A partir de 1989, se evalúan como profesionales. En su historia han grabado varios demos promocionales en la EGREM de Santiago de Cuba. Números antológicos han hecho historia en el gusto del público bailador, entre los que se encuentran, Eso que me pone mal, Canto a Ogum, Parrandero, Sacala telemá, El pintaó, Pato robado y Meneíto.   
Como agrupación, Los Astros surgieron un 14 de diciembre de 1979. Su primer director fue Meléndez, luego Cheo Pipito, Alexis Tamayo y en sus últimos años, nuevamente Cheo Gutiérrez.

En ese bregar, donde nada se le dio fácil, Pachango tocó piano, batería, bajo, percusión; era un utilero nato; donde hacía falta, ahí su genio, su fuerza para sobreponerse a lo imposible y hacerlo bien.
Cuando los Astros se apagan  Los Astros se apagan cuando se produce un cambio de nombre en 2015, por una decisión unilatateral de personas con criterios extra-artítiscos, que a espaldas de los integrantes,   registraron la orquesta en el Instituto de la Música con otro nombre: “La Gran Combinación”.
El 1 de octubre de 2016, el Centro Provincial de la Música en Santiago de Cuba informó superficialmente que la orquesta debía recesar por la mala comercialización de su producto; según algunos funcionarios, no conseguía vender su obra. La comunicación de la decisión se produjo vía telefónica.
A partir de esa fecha, Pachango lo apostó todo a la guaracha, siguiendo la picaresca de Faustino Oramas, Ñico Saquito y se convirtió en el guarachero insignia de este pueblo, defendiendo su creación con el Grupo Taburete, del cual es director. 
A ritmo de contingente  El contingente Juan Marinello surgió el 1 de octubre de 2001 en Contramaestre, por indicación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura. Asesoró metodológicamente al Movimiento de Artistas Aficionados. De sus canteras surgieron la mayoría de los músicos profesionales de Contramaestre.
El 27 de enero de 2008, su líder, Pachango, creó el “Encuentro de Contingentes” de las cinco provincias orientales. El 2 de febrero se realizó el gran evento regional, en el que participaron todas las manifestaciones artísticas de la cultura.
Por sus destacados resultados, el Contingente Juan Marinello fue declarado “Referencia Nacional”, el 5 de febrero de 2008 por el Ministerio de Cultura.
Bajo la dirección de Pachango, el Contingente realizó 9 ediciones del encuentro. En 2016 desaparece por falta de apoyo gubernamental.  
Entre Teclas y Armonías (Primera edición)  La Jornada Entre Teclas y Armonías empezó como una locura, según algunos funcionarios, que no admitían una temporada de música, donde se integrarán las raíces fundacionales que dieron lugar, a lo que hoy pudiera llamarse, “Cultura musical de este pueblo”.

Su primera edición corrobora que Contramaestre necesita muchos Pachango, con ganas, ideas y colaboradores inteligentes que apoyen sus proyectos, bien aterrizados y no tan idealistas como piensan sus detractores. Entre Teclas y Armonías lo confirmó.
Nunca antes en la historia de este municipio oriental, se habían unido folklor, tradición, religión, historia e identidad local, como componentes básicos del “Ser espiritual de Contramaestre”.
“La Ruta de los artistas” en el Cementerio de Maffo, fue otro de sus grandes aciertos. Saber nombres olvidados de esta parte de la geografía cubana, como Melba Mondejar, José Cañete, José Gutiérrez González (Cheo Pipito), Félix Griñan Berroa, Alicio Cárdena Despaigne, Rosa Gutiérrez González, Reinaldo Santana, Orlando Concepción Pérez, tiene un inmenso valor para la conservación de la memoria vinculada al patrimonio intangible.
La peregrinación desde el lugar donde nació Contramaestre el 5 de febrero de 1913 como asentamiento poblacional, es un hecho que también debe reconocerse.
Un gran acierto fue la ubicación de los conversatorios en la esquina del parque Jesús Rabí, donde todos los días se dan cita los personajes que más saben de hechos vinculados al surgimiento y evolución de Contramaestre como pueblo.
Incluir el componente religioso en el programa, con un altar de la Virgen de la Candelaria en la antigua Casa de la Trova, donde un antropólogo especializado en estudios de este tipo, disertaría ampliamente sobre la misma y su simbolismo en Contramaestre, fue una feliz genialidad de Pachango, porque no se puede negar esa raíz identitaria que nos acompaña; finalmente no pudo concretase por razones de organización.
Visitar en la comunidad El Manguito a Orlando Fajardo Fornaris, uno de los fundadores de la primera Banda de Concierto, fundada el 24 de diciembre de 1952, por el maestro, Miguel Milanés, arrancó lágrimas al vecindario de allí que no podía creer en un homenaje muy tardío, pero tan merecido, a un hombre que pertenece a la historia musical de este pueblo oriental.
La presentación cada noche en el parque Jesús Rabí de agrupaciones de primer nivel de Contramaestre, como Los Astros, Orbita 1, Bachata de Oriente, Taburete y Tradison, es una de esas pachangadas que merecen ovacionarse largamente, porque posiciona en el lugar más céntrico de la ciudad, lo genuinamente local.
Entre Teclas y Armonías (Convocatoria)  El domingo 14 de julio de 2019 se lanzó la convocatoria a la II Jornada Entre Teclas y Armonías. Su comité organizador acordó desarrollar este evento que privilegia la cultura e historia musical local, en el mes de julio de cada año; siempre dedicado a una figura del patrimonio intangible de Contramaestre.
También se hizo el lanzamiento del concurso “Cheo Gutiérrez in Memorian”, que premiará la mejor composición, arreglo musical e interpretación, de la música popular cubana.
Clonar muchos Pachangos es una urgencia
En la actualidad Pachango trabaja como promotor del sistema de casas de cultura en Contramaestre.
Entre sus méritos fundamentales sobresale la distinción de “Laureado por la Cultura Cubana” y la medalla Raúl Gómez García.
No logro explicarme, en la conclusión de este texto, como una persona como Alfonso Gutiérrez González no ha sido merecedor del Premio Memoria Viva. ¿Qué necesita para alcanzarlo?
La cultura en municipios como Contramaestre ganaría en calidad e impacto, si los funcionarios de la política cultural tuvieran la habilidad de clonar muchos Pachango y no dejar que la modorra localista niegue lo que con gracia, talento y liderazgo, pueden hacer personas como él.

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