Category: Entrevistas

Un siglo comprometido con la Revolución

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Cien años y una claridad que asombra. Logra hilvanar cada palabra y emitir ideas precisas con su voz apasionada. Reclinado en una silla, con sus muletas como habituales compañeras, Bernardo Lazo de la Cruz deja perplejo a quien le escucha. Es una especie de evangelio vivo con mucho que contar.

Aseguran que en cada hombre viaja un colosal volumen de sabidurías y vivencias, y qué decir si se ha vivido un siglo para contarlo. Bernardo nació un 20 de mayo en el lejano 1915, y tuvo la dicha de celebrar un nuevo año junto a los suyos. Como un patriarca disfrutó de su cumpleaños en compañía de sus 4 hijos, 6 nietos, y 16 bisnietos; y su esposa Dora, “el horcón que me sostiene hace 63 años.”

Pero este aniversario resultó especial para Bernardo, no solo por el cúmulo de años, sino además porque sus amigos de la Asociación de combatientes a la cual pertenece decidieron agasajarlo.
Y cómo no festejar a quien ha dedicado su extensa vida a la Revolución, con una hoja de servicios sin tacha. Ya en el temprano 1935 ingresó en las filas comunistas, sensibilizado por la Guerra Civil Española.

También fue maestro, y en ese período el estallido revolucionario lo sorprendió en Las Villas. Allí apoyó a la Columna del Che Guevara a su llegada a la Sierra del Escambray.

A principios de 1959 ingresó en el naciente Ministerio del Interior, del cual es fundador. Entre sus numerosas batallas recuerda la lucha contra los bandidos que cometían sus desmanes en el sur de la provincia matancera.

La Campaña de Alfabetización para él tiene un significado especial. Dirigía un centro escolar en la barriada matancera de Los Mangos, donde tenía a su cargo un numeroso grupo de alfabetizadores.

Recuerda aquella hazaña con regocijo, y el instante en que izaron la bandera de Territorio Libre de Analfabetismo representa según sus palabras una de las páginas más bellas de la historia de Cuba.

Hoy sus días transcurren en el calor de su hogar, quizás renombrando aquellos lugares y sucesos vividos, siempre con una sonrisa a cuestas, la mirada transparente y la frase certera. Bernardo es como un gran árbol que cobija al caminante, sus ideas denotan a un hombre que ha sido consecuente y comprometido con la Revolución durante toda su vida centenaria.

por: arnaldomirabal

https://arnaldobal.wordpress.com/

La trova es terapia para curar el alma

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Tan grande como el mismo hecho de existir es para el trovador Lainier Verdecia Blanco la oportunidad que le ha dado la vida de ser artista, de poder con sus creaciones musicales alegrar la vida y mover a la reflexión a otras personas.

Por esa razón es que cada vez que coge su guitarra no solo trata de sacarle acordes y acompañarla con su voz, sino que también intenta conectar con quienes le rodean para por unos instantes alejarlos de sus preocupaciones y miedos y dejarlos desandar por los caminos musicales de la trova, para él, la mejor terapia para curar el alma.

Dice que la música siempre ha estado ligada a su vida, pues de pequeño pudo aprender a tocar la guitarra gracias a las enseñanzas de su papá Laureano, quien allá en Media Luna, provincia Granma, en el tiempo libre se dedica a sacarle melodías a las cuerdas para acompañar añejas canciones de la “Década prodigiosa” en descargas y en los espacios de aficionados.

“Así fui creciendo, poco a poco descubrí a Silvio, Pablo, Varela y otros exponentes de la nueva y novísima trova, que hoy constituyen referentes para mi, y tomé prestadas sus canciones para regalar a las amistades en las noches donde inventábamos con que combatir el ocio. Ya vencidos lo estudios secundarios pude ingresar en la especialidad de música a la Escuela de Instructores Cacique Hatuey, de Bayamo, período que me permitió aprender a leer las partituras, a dominar otros instrumentos y ampliar mi espectro sonoro”, recuenta Lainier.

¿Cuándo llegas a Guantánamo?

“Aquí arribé con 18 años durante el Servicio Militar Activo en la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo. Ahí descubrí el amor y decidí echar anclas aquí. De eso hace ya 4 años.

“Pero además de la mujer de mi vida, durante el tiempo como soldado llegó a mi la motivación para componer mis propias canciones. Puedo afirmar que en Guantánamo me hice trovador pues aquí fue donde supe que tenía cualidades para asumir tal compromiso.

En los inicios en esta urbe, comencé a irme al centro a ver los espacios que existían de música y así conocí la Casa de la Trova Benito Odio, la Casa del Joven Creador, y al grupo Barra Abierta.

Háblame del vínculo que has tejido con Barra Abierta y la Casa del Joven Creador.

grupo Barra Abierta

grupo Barra Abierta

Barra Abierta ha sido un espacio para tejer amistades que me abrió la puerta a la Asociación Hermanos Saíz y me permitió conocer escenarios de Las Tunas, Holguín, La Habana, Bayamo, Caimanera, y Baracoa, y presentarme con ella en diferentes centros y eventos dentro de la propia ciudad del Guaso como la Jornada de la Canción Política.

En los dos años que tengo con ese piquete aprendí a hacer música dentro de una banda, a acompañar los temas de otros y buscar complicidad para los propios. Este grupo como proyecto todavía no se parece a lo que queremos, pero estamos en el camino, es cuestión de tiempo y superación.

Por su parte, la Casa del Joven Creador ha sido un hogar. Al vincularme a ella pude consolidar mi relación con la AHS, organización de la que soy miembro desde abril último y a la que quise pertenecer desde adolescente cuando supe que existía, pero en Media Luna se veía lejos de mis posibilidades.

En la vieja casona de los noveles creadores guantanameros encontré una vía para promocionar mi obra y mis canciones, conocer a otros trovadores del resto del país, aunar ideas sobre la cultura y su compromiso social, y para interactuar con otras manifestaciones artísticas.

¿A qué le cantas?

Los temas para cantar me surgen en el desandar diario, aunque los que más me motivan son el amor y la propia vida, la sociedad. Como para componer no existe hora ni lugar, cuando llega la musa la aprovechó. Puede ser que una madrugada se me ocurra un verso, lo escribo, y luego llega el completo. Por eso, por si las moscas, siempre ando con que escribir y cuando no lo tengo lo pido.

Para poder crecer artísticamente se necesita una superación constante. Esto ustedes los más noveles lo asumen totalmente de forma individual o existen mecanismos institucionales.

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La superación sobre todo depende de uno, de la voluntad, de los deseos de seguir aprendiendo. Yo por lo menos estudio hasta el cansancio, y me gusta recibir las críticas de las personas y especialistas que van a las peñas o presentaciones, eso siempre ayuda.

La participación en eventos como la propia Jornada de la Canción Política se convierte en una gran escuela práctica donde se conoce de primera mano las corrientes por las que se mueve la trova actual en el país, de esa interacción siempre se aprende.

Ahora, institucionalmente la AHS ayuda en cuanto a la participación en actividades y festivales, pero la presencia de centros que incidan en la superación de los músicos no profesionales es casi inexistente. Yo por suerte tengo formación musical como instructor, pero uno necesita recordar conocimientos, conocer nuevas tendencias, y en eso necesita mayor ayuda.

¿Dónde de forma habitual podemos escucharte?

Junto con Barra Abierta todos los martes me presento en la Casa de la Trova Benito Odio, en esa misma institución participamos en la peña Trova mía, con la conducción de Martha Beatriz, y en la Casa del Joven Creador estamos los terceros viernes de cada mes.

Llevas meses preparando tu concierto y al fin se acerca la hora ¿Qué ocurrirá este viernes?

Este 18 de julio a las 8:30 pm en la vieja casona de los jóvenes creadores guantanameros tendré mi primer concierto en solitario, en el que pienso mostrar parte de mi quehacer en estos últimos años. Allí nos vamos a encontrar para compartir canciones varios trovadores amigos como Yoyi Barret y Annalie. Serán 16 temas entre míos y de los invitados.

Este será un gran paso en el intento por enrolarme en los caminos del arte, de la música, de la trova, en busca de trascender, y espero tener como testigos allí a mis amistades, vecinos, a la gente que han ayudado a ser quien soy, y a todos los interesados en escucharme.

Por Adriel Bosch Cascaret

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

https://desdeesteladodelaisla.wordpress.com

El riesgo nuestro de cada día

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Esta entrevista juega con los tiempos verbales. Con el presente y el pasado reciente, diría yo. Tuvo un comienzo “de altura”, a bordo de un Antonov, y terminó surcando el ciberespacio para acortar distancias entre dos continentes, internet mediante.

Los dos viajábamos hacia La Habana, con propósitos diferentes…muy diferentes. Él en pocas horas partiría para el África para conformar el primer equipo de prensa encargado de reportar in situ la labor de los médicos cubanos en la lucha contra el Ébola en África.

Al acomodarnos en los asientos, todo auguraba un viaje en silencio, sobre todo por su parte. Y no era para menos. Pero el oficio de este escribano una vez más le jugó otra mala pasada, y aunque desde cabina una voz refería que el avión estaba equipado con cuatro salidas de emergencia, ya para “El Yorda”, no había escapatoria posible. En un asalto a grabadora “armada” le comencé a lanzar interrogantes que el consintió en responder, después de un amable y acostumbrado: “Déjate de joder”.

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¿Cómo te llegó la noticia?

“Estaba en mi casa viendo la novela con mi abuela y me llamó Bárbara Betancourt, directora del Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Me preguntó que si estaba dispuesto a cumplir una misión riesgosa y difícil e inmediatamente yo le dije que sí, que estaba dispuesto”.

¿No te dijeron de qué se trataba? ¿No suponías nada?

“No, no me dijo. Al principio pensé en Brazil. Pero Bárbara me dijo que debía de informar mi disposición y a los 15 minutos me llamó para decirme que me iba para África. Pero, para serte sincero, jamás pensé en el ébola. Cuando me lo dijeron, claro que me impresioné. Lo primero que hice fue sentarme a conversar con mis abuelos, y le dije que ya yo había dado mi respuesta, y que me iba pasara lo que pasara”.

Una pregunta difícil: sabes que esta es una misión muy riesgosa y que existe la posibilidad de que no regreses ¿Cómo lo asumes?

“No pienso en lo que pueda suceder, sino en lo que voy hacer con las ideas que llevo. Me siento sobre todas las cosas muy orgulloso de que me hayan escogido entre tantos excelente colegas que hay en el país. Voy muy contento, con muchos deseos de hacer. Soy el primero y es un reto y una responsabilidad también, porque voy a marcar un precedente y tengo que hacerlo bien

Soy una persona que adora trabajar y las cosas difíciles me motivan en ese sentido. El riesgo… ese está todos los días. Por eso uno no debe dudar cuando sabe que va a hacer algo que le gusta, por riesgoso que sea.

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¿Y la familia…?

“La familia queda muy preocupada, y yo también, pero me voy tranquilo porque ellos saben lo importante que es esto para mí. Mi mamá está muy nerviosa y mi esposa ni siquiera me lo creía cuando se lo dije. Mi papá, también me dio muchos consejos. Todos de alguna manera me han dicho que la misión más importante que llevo es la de regresar.

Por un momento lo dejo tranquilo y vuelve a su consulta interna, a tejer expectativas y a disfrazar temores. Solo lo interrumpo una vez más para decirle que me escriba desde allá, que esa ha sido sólo la primera parte de la entrevista, y él, entre risas, me dice “sí, ya te dije que no jodas más”.

Yordanis lleva ya tres semanas en África. Sus reportes nos han llegado desde Liberia, Sierra Leona y ahora desde Guinea Gonarky, territorio donde se encuentra más grave la situación del ébola. Vía Internet me mantiene actualizado sobre su experiencia y así también me respondió el cuestionario que da fin a aquella entrevista.

¿Cómo fue el proceso de preparación en la habana después que nos separamos?

Fueron momentos muy intensos. A veces ni te daba tiempo procesar tanta información. La Viceministra Marcia Cobas y su equipo de trabajo, nos hicieron saber cada detalle de las Brigadas Medicas por cada país, y profesores del IPK, de la Dirección Nacional de Colaboración Médica y especialistas en la materia, nos proporcionaron toda la información necesaria.

La misión desde el principio fue la realización de un documental. Pero quise probarme e imponerme metas, y comencé a editar yo mismo los materiales, ya que no viajábamos con Editor.

El equipo está integrado por el excelente escritor y periodista Enrique Ubieta (actual director de la publicacion La calle del Medio) y el popular camarografo Tomas Oliveros, más conocido como el Cangrejo, quien convaleciente aun de un accidente en Argelia y sin pensarlo dos veces me dijo, “vamos a ponerla buena”. Y eso me dio mucha confianza.

Háblanos del viaje.

Viajamos de madrugada hacia Paris. Casi 24 horas para Llegar a nuestro destino final con escalas en Francia, Marruecos y Monrrovia.

Llegamos en la madrugada del día siguiente. Nos esperaba la dirección de la Brigada Médica en Liberia. Me fue muy grato encontrar a gente tan noble; fue como si nos conociéramos de hace mucho.

Acá por razones de seguridad, uno no se debe andar saludando mucho, porque aproximadamente cada 4 minutos, te tienes que lavar las manos con una crema que contiene cloro, pero ellos nos dieron un abrazo que yo en particular agradecí, porque me transmitieron confianza.

Amaneció y con el nuevo día empezó el trabajo. Luego de acampar en casa de los propios médicos, nos dimos la tarea de empezar los contactos.

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Logramos muy buenos testimonios, que se verán en el documental. Nuestro equipo visitó algunos centros y recogió vivencias de los protagonistas de esta historia. El canciller de Liberia Augustine Kpehe Ngafuan a nombre de la Presidenta de la nación nos recibió y dijo palabras muy emocionantes.

En Sierra Leona logramos ver de cerca a los primeros pacientes con ébola, aún cuando no pudimos obtener testimonios de ellos. En este país, lo más emocionante fue despedir al primer grupo de colaboradores que regresaba a Cuba. Ver cómo se recordó la muerte del enfermero, horas tristes en que todos lloraron. Logramos igualmente que nos recibiera el canciller del país quien nos hablo con mucho cariño de Fidel.

De Sierra Leona, viajamos a Marruecos, y tras una corta estancia, a Guinea Conacry, donde me encuentro actualmente.

¿Cuáles van siendo los momentos más difíciles?

Cada vez que entramos a los Centros de Tratamiento aquí en Guinea. Es aquí donde confieso que más temor he sentido, pues hemos conversado con pacientes portadores del virus lo cual ha implicado largas horas dentro. Pero a eso vinimos, a contar historias, a ver las difíciles condiciones en que trabajan nuestros médicos y enfermeros, a experimentar sus temores, a vivir con ellos…

Cada vez que voy a entrar, rezo y pido mucho a los santos porque nos protejan, al equipo completo, porque aquí a cada instante estas en peligro.

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Pero durante toda nuestra estancia hemos vivido momentos muy tristes, escuchando las historias, y sin pena a confesarlo he llorado al ver personas que han muerto, entre ellos muchos niños… Aunque, todavía no soy padre, el corazón se le aprieta mucho a uno al ver morir a un niño.

Las personas más afectadas por el ébola ven a los niños como pequeñas bombas de tiempo. Los pequeños no se lavan las manos con frecuencia, constantemente tocan a las personas y rompen todas las reglas sobre el cuidado para no contraer la enfermedad. Algo tan sencillo como cambiar un pañal se convierte en un grave riesgo.

Dentro de estas naves, hay que tener mucho cuidado, un error es fatal. En la zona Roja por el traje no se reconocen las caras de los médicos, pero uno sabe que son cubanos, cuando ves que se acercan tanto al paciente.

Nuestra médicos, también lloran mucho por ese motivo al entrevistarlos, aunque luego nos piden no poner esos fragmentos para que sus familias no se preocupen demasiado. Recuerdo historias como la del pequeño Abubatta, quien quedó huerfano de ambos padres y hasta ayer no se sabía que iba a ser de su vida.

Más de 3 500 niños se han contagiado y al menos 1,200 han muerto hasta el momento, según calculan funcionarios de la ONU. Pero hemos visto también pacientes salir de la zona roja del Centro de Tratamiento de Coyah, ubicado a 60 km de la ciudad de Guinea.

¿En qué condiciones viven nuestros médicos?

Aquí nuestros médicos están en la selva, en un hostal de varias cabañitas. La generación eléctrica es inestable y sólo alcanza para una parte del día. En las madrugadas, dormir se hace casi imposible ante temperaturas que superan acá los 40 grados.

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¿Cuánto te ha aportado África?

Esta misión me ha dado la posibilidad de conocer gente muy noble. Cubanos que han pasado por momentos difíciles como la pérdida de un familiar en Cuba, sin posibilidad alguna de ir a su funeral, otros a los que les ha nacido un hijo que no conocen.

Respeto mucho más ahora la importancia de la familia. No sabes cuanta fuerza me da escuchar la voz de mi abuelo, y saber que está bien, de mi abuela, mis padres, de mi esposa.

Estar aquí nos marca por siempre y sobre todo nos hace mejores personas.

Hoy, cuando ya he sobrepasado la mitad del tiempo que debemos estar fuera de Cuba, les aseguro, que hemos Crecido y que me hubiera arrepentido toda mi vida de haber dicho que no.

¿Descemer Bueno es chantajeado en #Miami?

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No hay dudas, que la presión mediática obliga a Decemer Bueno, no solo a retractarse de su entrevista a RT en Español, sino también a traicionar al pueblo cubano, donde se le acogió, abriéndole las puertas nuevamente a su patria y a su público.

Descemer, parece no tener ningún compromiso musical, tampoco político, ni moral con su público en la isla, cuando en la entrevista dada al canal Univisión por sus declaraciones al canal de noticia RT dijo: “Yo le quiero pedir disculpa de todo corazón a toda la Comunidad Cubano Americana que esta aquí en Miami”, motivado por la avalancha de críticas recibidas por sus comentarios al canal ruso.

¿Dónde queda la supuesta libertad de expresión que reina en Miami?, que deja al descubierto el temor insuperable de aquellos que no tienen el coraje, y olvidan los principios esenciales de humanidad. No hay que ser político para darse cuenta y denunciar lo que le ha costado a este pueblo más de 50 años de bloqueo, no hay que documentarse tanto cuando sus efectos están palpables en la vida cotidiana de cualquier cubano, sobre todo de aquellos niños, que esperan por medicamentos de ultima generación de fabricación y patentes americanas y que Cuba no puede acceder directamente.

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Entrevista con el viejo eremita de la literatura

ermitañoEra ya tarde cuando fui a entrevistar al Viejo Eremita. Lo hallé envuelto en una toalla  estilo Thomas Chippendale y un turbante hindú. Su pasión por el erasmismo lo llevaba a un conjunto de excentricidades, que al cabo se disolvían en una intrascendencia clave e inevitable.
El Viejo Eremita era tan viejo como eremita, nunca se le conoció por otros atributos a pesar de su multifacética producción literaria. Iba desde el cuento fácil hasta la pornografía barroca. Pero el papel que asumió como ser apartado y antiguo sustentaba una fama mundial, la cual servía de alimento a los entresijos de sus obras.
“Un Viejo Eremita no siempre fue viejo y eremita, como suelen creer”, estas palabras salieron de una boca fumadora y barroca. Como esas historias que hilvanaba en secreto y que nadie lee y todos dicen leer. Me explicó que su ceguera, otro atributo, no sólo era falsa sino verdadera. Falsa por carente de sustento real, y verdadera por irrebatible.
“Cuando un hombre decide no ver, no ve nada”. Claro, él no veía, pero observaba más que los demás desde su torre de marfil. Su turbante le servía de antena para plagiar aquellas metáforas del aire que nadie usa, y la toalla estilo Thomas Chippendale era una especie de escudo medieval que lo mismo se usa en las nalgas que en el pecho. La utilidad de aquellos atributos físicos se vinculaba a la cábala y al deseo que tiene todo eremita a saber del encierro real de otros. “Porque el verdadero encierro es la libertad que  gozan los demás”, insistía en señalar a lo largo de la entrevista.
La Humanidad necesita de eremitas que encierren esa parte del hombre que es una bestia y que así logra la libertad más absoluta. Por lo general dos castas se destacaron en dicha tarea: los santos y los escritores. Ambas profesiones igual de intercambiables e inútiles. Aunque haya hombres sin tacha, la tacha sigue, aunque exista el arte, se hace aún contraarte.
Así que un eremita lo mismo pudiera encerrarse que no, ambas acciones resultan útiles e inútiles. La utilidad del encierro está en el encierro mismo, que resulta una virtud. Su inutilidad reside en que no cambia nada ni aspira a cambiar nada. De todas formas un eremita vive encerrado, así esté libre. En una muchedumbre se sentirá eremita.
Los mejores, como mi entrevistado, se iban a la casa, construían pobres chozas, echaban mano a torres improvisadas con palos, pintaban viviendas de pescadores en viajes a paisajes imaginarios. El acceso a su literatura, siempre escabroso, implicaba la entrada en un mundo de encierro. Para algunos lectores esos elementos literarios, como un cuarto, una cama, la máquina de escribir y la infelicidad; son sutilezas de otro encierro. Pero la obra de un autor es su primero, esencial y único encierro.
Un eremita de la literatura tiene además otras cualidades. Hermetismo es el sustantivo que de inmediato los críticos cincelan a la entrada de esos encierros. Hermes, dios de la comunicación, encripta su mensaje para que sólo lo lea aquel avezado. Y así la poesía o el relato actúan como cartas privadas que un eremita escribe para todos, y que lee el elegido. De manera que la obra funciona como celda cerrada y jaula abierta.
Lo que para unos es celda, otros lo toman como la Puerta.
La Puerta es el único camino.
Sólo el eremita lo transita sin moverse de sitio.
En verdad el eremita se mueve.
Los demás lo vemos inmóvil, porque estamos como en  piedra.
Todo eremita es un Gran Móvil y mueve a los demás eremitas mensajes que a su vez moverán el movimiento colectivo. El móvil del eremita está en lo inmóvil, o lo que vemos como tal. Ellos deciden ver para no ver, nosotros no podemos decidir qué ver y por eso jamás vemos nada. Sólo el eremita en su caverna accede al fuego y vive dentro de las llamas.
La gran tragedia de mi eremita era su temor a que lo accedieran.
El acceso era la transgresión y la burla a su erasmismo recalcitrante, la ruptura de la celda y la llave que se pierde. Volver al encierro se torna luego imposible. El eremita por su propia naturaleza rehúye dar la mano, saludar o decir “hola” aunque sea de lejos. Permite que se sepa de su vida sólo fragmentariamente y a través de los siglos, mediante hagiografías de santos escritas a mano corrida en medio de los monasterios.
Todo eremita es ante todo un monje, no importa de qué credo. Los hay literarios, pero también de la comida chatarra, el sexo, la falta de sexo, la soledad y la adicción a las muchedumbres que gritan y a la vez sostienen el silencio. Los que escriben historias o poemas a menudo tienen una celda en lo alto de un castillo, una jaula tapiada que da a la campiña. Le llevan la comida y él bebe y vive mientras oye el canto de los pájaros.
Todo eremita es el Eremita con mayúsculas. Lleva en sí el erasmismo mayor y lo guarda como una logia, jamás devela el misterio de su encierro ni la antigüedad de esos escritos. En una cronología de eremitas se sostiene que la finalidad última de esos hombres está en una Obra Mayor, cuyo trabajo consiste en proseguirla y dejarla siempre inconclusa. Aquel libro de libros trata sobre todos los libros, los escritos y los imaginables. Los inimaginables y los indecibles. De manera que los eremitas tienen un gran valor y a la vez carecen de valor; encarnan la superficie y viven en lo profundo; están en todas partes y carecen de residencia.
Esos erasmistas constituyen una logia sin logia, que jamás toma conciencia de su organicidad ni su estructura.
Según la leyenda, los eremitas viven a la espera de un eremita de eremitas. Un plebeyo que vaya sobre un asno y diga la verdad sobre el libro siempre inconcluso. En manuales apócrifos se prueba la posibilidad de ese mesías, pero el credo de casi todos refuta su plausible venida. Por constituir libros sediciosos sólo se leen a la luz del candil, en noches donde resulta fácil la refutación y el arte negativo.
Aquel eremita de la literatura no estrechó mi mano, no saludó, sólo emitió  bocanadas de humo barroco en medio de la entrevista. Un encuentro que dejó casi nada que publicar. No le interesaba el futuro de su logia, porque se supone que nunca hubo un pasado o un presente. Tampoco le incumbía la palabra logia, o el término eremita. Ambas carecían de sustento si se ponían bajo miras metafísicas. Y la metafísica es el arte de indefinir lo indefinible. O sea de oscurecer lo oscuro.
Su ceguera habitual era voluntaria y declarada, sus escritos estaban en blanco, su mirada iba hacia la pared como el que se busca en las manchas de humedad. Aquella mirada era un cuadro polisémico, o sin sema. Como quiera que se le vea, el eremita erasmista estaba en un estado donde la verdad y la mentira carecían de peso, al punto de que ambas flotaban como equivalentes en ambos puntos de una balanza.
El sentido de una entrevista con el viejo eremita de la literatura pudo estar en conocer su aporte a esa historia inconclusa que jamás se ha de escribir. Un libro de libros que sólo los apócrifos prometen darle final, pero que estos hombres del desierto, los castillos y las letras inconformes y las páginas en blanco; jamás tomarán en serio.
El eremita no toma nada en serio, su vida sólo es seria cuando se abandona el encierro y entonces deja de ser vivida. La vida del eremita depende de su muerte constante, de que niegue entrevistas u oculte datos, de que no concluya el libro de libros, en que le suban la comida con rondanas hasta la ventana de una celda tapiada. El desierto es desierto gracias a los eremitas. No hay literatura, no hay sombras, no hay libros; sólo quedan estos seres de bocanadas barrocas que dicen y no dicen y viven en una contradicción que alguna vez será la única y real coherencia.
(Tomado del blog Letra irreverente. Por Mauricio Escuela)

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