Intercambio de mensajes entre los escritores Frédérick Lavoie y Eliades Acosta Matos

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tomado del blog La Isla desconocida

El escritor canadiense Frédérick Lavoie estuvo en la pasada Feria del Libro de La Habana. Allí anunció la preparación de un libro sobre Cuba que ya tiene título: Antes del después: viaje a Cuba con George Orwell. Su rutina de trabajo consiste en visitar países que el Gobierno estadounidense quiere derrocar o que ya ha logrado derrocar, para escribir largos reportajes que respalden esa pretensión. Intercambia correos con algunos escritores cubanos, pero a menudo encuentra respuestas inesperadas. He recibido este intercambio de mensajes y me parece útil su difusión. Se respeta la peculiar ortografía del señor Lavoie.

El miércoles, 4 de octubre de 2017 7:55:55 a. m.
Estimado señor Acosta,

Gracias por su respuesta rapida en el Twitter. Al inicio, debo decir que yo no escribo muy bien en español, pero entiendo todo. Disculpame para los errores.
Como dije en su mensaje, yo soy un escritor canadiense ahora escribiendo un libro sobre la Cuba de hoy.
Me intereso particularmente la istoria de la publicacion, de la recepcion y de la disponibilidad del libro 1984 de George Orwell en Cuba entre 1961 y hoy.
Como sabe probablemente, el proximo año, la editorial Art y Literatura ha publicado una nueva edicion del libro con una nueva traduccion cubana.
En el enero de 1961, una otra editorial que se llamaba Librerías Unidas y que existe solo de 1959 y 1961, tambien publicaba 1984 (y tambien Rebelion en la Granja). Tres meses despues, en abril de 1961, el gobierno cubano cerró la editorial. Su dueño, Adolfo Cacheiro, que tambien fue el dueño de la librería El Gato de papel en la calle Obispo, fue arrestado el día de la invasion de playa Giron, porque ayudaba a los contrarevolucionarios. Se fue del país en mayo del mismo año.
En esto tiempo, como lo sabe seguramente, la director de la Biblioteca Nacional fue Maria Teresa Freyre de Andrade. Su sobrina, Margarita Cano, que trabajaba con su tia entre 1959 y 1962, me dijó que a un momento en la Biblioteca fue implementado una sistema de permissiones especiales para consultar algunos libros. Desde este momento, los libros como los de Orwell, de Koestler y de otros autores fuen disponibles solo con una permission especial. Margarita ne se recuerda cuando exactamente fue implementada esta sistema, pero parece que fue un poco antes o despues del discurso Los Palabres a los intelectuales de Fidel Castro pronunciado en la misma biblioteca. ¿Sabe usted alguno sobre la istoria de esta sistema de permissiones especiales? Y tambien, sobre la istoria precisamente de los permissiones especiales para consultar 1984? ¿Quien podria consultar este libro cuando usted estaba el director de la biblioteca? Lo que yo sé por seguro es que en febrero y en setiembre del proximo año, cuando fue a la Biblioteca Nacional, no tenía problema para consultar 1984 o otros libros publicados por Librerias Unidas, excepto uno: cuando pedi el libro El Cero y el Infinito, de Arthur Koestler, me dijo que solo los « investigadores » pueden consultarlo. No podia con mi carné de «profesional». ¿Sabe porque especificamente la consultacion de ese titulo requiere un status especial?
Si usted tiene cualquier informacion sobre lo que me intereso – Librerias Unidas, el functionamento de la Biblioteca Nacional, 1984 y otros – por favor, transmitalo. Estaré muy agradecido.
Una vez más, disculpa por la pobreza de mi español y gracias por su ayuda.

Frédérick Lavoie

miércoles, 4 de octubre de 2017 1:10:15 p. m.
Estimado Sr. Lavoie

He recibido su mensaje y paso a responderle:

1)  He leído sus opiniones y puntos de vista sobre Cuba, la Revolución y su política cultural, a raíz de su participación en la Feria del Libro de La Habana, y me permito decirle, con absoluta honestidad, que me ubico en una posición diametralmente opuesta a la suya. Reconozco su derecho a defender sus criterios, como mismo me reconozco el derecho a ejercer los míos.

2) Puedo intuir que sus investigaciones intentan fundamentar sus criterios, y en este sentido, como nos hallamos en posiciones encontradas, los míos lo dejarán insatisfechos. Créame que lo siento, pero siendo usted, como afirma, un convencido defensor de libertades y derechos, espero que en su libro refleje los que le enviaré, con el mismo respeto y fidelidad conque los formule.

3) No me deja claro quién o quiénes patrocinan su investigación, que siempre son costosas, ni qué destino pretende dar al texto acabado. Me gustaría algún comentario al respecto.

4) Como usted bien conoce, fui director de la Biblioteca Nacional desde 1997 al 2007, por lo que solo puedo opinar o dar información sobre el mismo. De los períodos anterior y posterior a este, deberá dirigirse a otras personas.

5) La obra de Orwell, Koestler, Stephen Spender, y otros autores “antitotalitarios”, según el eufemismo utilizado y popularizado por la comunidad de inteligencia norteamericana y occidental, fueron puntas de lanza en la guerra cultural contra el socialismo y las revoluciones, en el marco de la Guerra Fría. Muchas otras corrieron igual suerte, pero en el caso de estos tres autores concretos, ellos no solo se brindaron sino que participaron jubilosamente en esta confrontación, a sabiendas de qué intereses representaban y a qué precio. El primero no fue solo un apóstol de libertades y un antiestalinista convencido (yo lo soy), sino también un delator de sus compañeros a los que tachó de comunistas, entre ellos Chaplin. Usted debe conocer las listas y los comentarios que adicionó a las mismas, destinadas a los servicios de inteligencia británicos, lo cual lo convierte en la negación de lo que decía defender. Creo que coincidamos en que las ideas se deben defender con ideas, y a la luz del sol, y no mediante arteras delaciones. En el caso de Koestler y Spender, sus nexos con la CIA alrededor de la convocatoria al Congreso por la Libertad de Europa, son de sobra conocidos. No había en ellos ingenuidad alguna y si la defensa, por medios muy discutibles y nada intelectuales, de las posturas de los Estados Unidos (quien pagaba) contra el socialismo y las revoluciones. Puedo respetarlos por sus obras, en lo propiamente literario, como me ocurre con Vargas Llosas, y rechazarlos por su acciones. Es lo que hago. Desde este punto de vista, no reverencio, como al Santo Grial, ninguna de las obras que legaron, y francamente, no creo que hubiesen disfrutado de tanta propaganda y publicidad de haber militado en el otro lado, o ser simplemente, creadores literarios y no guerreros culturales.

6) En mi período como director de la Biblioteca Nacional, fiel a las concepciones que siempre he sustentado y sustento, intenté dar las mayores facilidades para el acceso de 1984 de Orwell, como a otras obras y autores que no circulaban en Cuba, incluyendo el fomento de la colección de cubanos en el exterior. No me asustan ni los libros, ni los escritores, ni las ideas. Creo en el debate y en el pensamiento critico. En los textos de la época que le remitiré, escritos míos y entrevistas diversas, podrá apreciar las dificultades prácticas que enfrentamos en ello, y también las soluciones halladas, entre ellas, la creación a escala nacional de los “Clubes Minerva”, donde se podía  encontrar esta obra de Orwell, la cual podía ser tomada en préstamo. mucho antes de que tuviese una edición cubana.

7) Todas las bibliotecas del mundo, absolutamente todas, e incluyo la de la Universidad del Sur de la Florida con cuya directora tuve ocasión de conversar varias veces, tiene políticas restrictivas de acceso a ciertos segmentos de sus colecciones, por razones diversas, que podamos compartir o no, pero existen. Por ejemplo, los libros editados en Cuba, debían ser protegidos en un recinto cerrado en Miami, porque eran suceptibles de ser robados o destruidos. Organizaciones como American Libraries Asociation e IFLA, tienen comités especiales para conocer denuncias por censura de libros, y créame, se asombraría de que cuentos infantiles como “La Caperucita Roja” estén prohibidos en ciertas bibliotecas de la “tierra de los libres”, como reza el himno norteamericano. Le asombra que Cuba, país asediado, atacado y en la mira permanente de la potencia más poderosa de la tierra, que ha usado contra ella desde armas biológicas hasta la guerra cultural, haya instaurado , en los momentos más álgidos de la confrontación, ciertas restricciones en la circulación de productos culturales, que siempre son ideológicos? Exactamente lo mismo explica, con añadido grado de salvajismo incivil e ignorancia, que en Miami se hayan destruido discos de música cubana, obras de arte plástica y libros de autores revolucionarios.

8) Fue bajo mi dirección que la Biblioteca Nacional implantó el sistema de categorización de usuarios, como lo tienen todas las bibliotecas nacionales del mundo, y muchas otras, con muchas más restricciones en los accesos a ciertas colecciones, que la nuestra. Lejos de las campañas de infundios de los patrocinadores del bluff que fueron las llamadas “bibliotecas independientes” (ver entrevistas al respecto), ese sistema permitió atender y ampliar el acceso a las demandas más especializadas de acceso. Aprecio que usted puede dar fe de ello.

9) Le estoy remitiendo por WeTransfer varias entrevistas , artículos y ensayos que pueden ilustrar mejor la época de la cual hablamos y mi posición al respecto, que sigue siendo la misma. Hay mucho de campaña gastada en todos estos temas. Hay mucho de guerra cultural trasnochada y cansona. Mucho de manipulación e hipocresía. Puedo ponerle muchos ejemplos de la cultura mundial actual que demuestran que las guerras culturales continúan, muchos años después de desaparecer la URSS y el campo socialista . A esas manipulaciones hoy s ele llaman posverdad y datos alternativos de la realidad, contranarrativa, o dominio del espectro total: es lo mismo, promovido por los de siempre.

Espero le sean de provecho estas ideas al vuelo, saludos cordiales y éxito en su labor:

Eliades Acosta Matos

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