Permiso, aquí me bajo

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Se deja de escribir cuando el mundo comienza a girar
y uno es el que no se mueve.
Cuando las vueltas te cierran los ojos y el viento
-ese mismo que antes te levantaba la falda
para regalarte silbidos-
te desata los cordones.
Y te caes,
por supuesto,
y la calle te desangra los tobillos.

Se retoman las letras cuando el mundo para
y uno,
atrevido,
saca los codos y no pide permiso
para bajar.

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