Salón de la Fama del Béisbol Cubano: ¿Hora de traerlo de vuelta?

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Tomado del blog Universo Beisbol

El Salón de la Fama del Béisbol Cubano, algo que parecía olvidado, fue mencionado por el presidente de la Federación Cubana de Béisbol durante el Décimo Período de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Es interesante apuntar que este tema fuese traído a la luz, teniendo en cuenta que fue la maquinaria del béisbol de Cuba — con su prejuicio y autoritarismo — la responsable de que fuese parado luego de la segunda exaltación.

El Salón de la Fama del Béisbol Cubano renació en un ambiente fracturado: durante las primeras reuniones, el entonces comisionado Heriberto Suárez expresó con elocuencia que algunos de los nombres en la boleta debían revisarse, y esto era obviamente por la presencia de algunos desertores, principalmente Antonio Pacheco, uno de los más importantes nombres y uno de los más grandes peloteros que jugaron en las Series Nacionales.

Ismael Sené, historiador del béisbol y miembro de SABR, emitiendo su voto durante la primera selección, celebrada el 8 de noviembre de 2014. (Foto: Reynaldo Cruz/ Archivo de UB)

Como jugador, Pacheco se ganó toda la aclamación posible: fue campeón internacional en cada categoría, desde las ligas infantiles hasta el nivel olímpico. En el primer nivel, logró la gloria nacional no solo con Santiago de Cuba en las Series Nacionales, sino también en las Series Selectivas con Serranos y Orientales. Entonces se retiró, se hizo manager de Santiago de Cuba y fue también campeón nacional. Llevó al equipo Cuba a una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008; y pese al hecho de que muchos criticaron sus decisiones en el juego decisivo, la escuadra cubana no ha vuelto a tener un mejor final en torneos mundiales con equipos profesionales, y se ha igualado solamente dos veces (las Copas Mundiales de la IBAF de 2009 y 2011) desde entonces.

Omar Linares (derecha) habla luego de que se anunciara que es parte de la primera clase del Salón de la Fama desde 1960. A su lado, Ian Padrón, uno de los principales promotores del proyecto, escucha. (Foto: Reynaldo Cruz/ Archivo de UB)

Pero no entró en el Salón de la Fama del Béisbol Cubano en la primera votación, la cual para apurar las cosas y exaltar a cuantos fuese posible — evitando además caer en la tendencia de exaltaciones masivas — , recibió a cinco peloteros de antes de la Revolución Cubana y a otros tantos de las Series Nacionales. ¿Los nombres? Orestes Miñoso, Esteban Bellán, Conrado Marrero, Amado Maestri y Camilo Pascual, de antes de 1959; y Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Braudilio Vinent, Orestes Kindelán y Antonio Muñoz, de las Series Nacionales. Muchos no votaron por Pacheco (aunque sí hizo el corte final) no porque era desertor. En mi caso personal, emití mi voto favoreciendo principalmente a peloteros de las primeras Series Nacionales, que tuvieron un enorme impacto en el béisbol en aquel tiempo, pero que terminaron olvidados porque no había habido Salón de la Fama desde 1960, y otros jugadores sí tuvieron carreras más largas. Particularmente, enfaticé en Manuel Alarcón, que se retiró a los 27 años siendo el dueño de los récords de Series Nacionales para victorias, ponches, juegos completos, y que además había ganado el título nacional prácticamente solo en 1967.

Hay que decir que el tono de Heriberto Suárez fue amenazador, incluso dando a entender que luego de años sin Salón de la Fama, podrían hacerlo desaparecer antes de su nacimiento, porque, por supuesto, ellos tenían el poder. Y tal vez, ese fue el primer pecado capital: la maquinaria cubana de béisbol no debería tener poder ALGUNO sobre quién entra al Salón y quién no. Ellos han cometido errores garrafales con el paso de los años, y los ejecutivos y/o comisionados están sujetos a ser exaltados también, lo cual nos dice que no deberían tener influencia de ningún tipo en los resultados de las votaciones. El Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown trabaja de conjunto con Major League Baseball, pero no bajo sus órdenes, como me expresara el Presidente Jeff Idelson en una entrevista, y este debería ser el caso en Cuba.

Sin embargo, Vélez cometió un error mientras hablaba al Parlamento, citado por Oscar Sánchez Serra en Granma, declarando que el Salón de la Fama:

… fue otro de los temas introducidos al debate y al respecto, Vélez explicó que ya se ha exaltado a cinco peloteros de antes del triunfo de la Revolución y otros tantos después de 1959. Pero lo cierto es que hoy está detenido; y es algo por lo que debemos luchar, así como por un Museo Nacional de esta pasión de todos los cubanos. Es el mejor homenaje a los ídolos, a lo héroes que aplaudimos o criticamos todos los días y también a los propios aficionados.

Entonces, ¿por qué ELLOS lo pararon en primer lugar?

Primero, otros tres peloteros fueron exaltados: Luis Tiant Jr. y Willie Miranda de antes de 1959 y Pedro Luis Lazo de después de 1959. Pacheco no hizo el grado esta vez tampoco, y fue solamente debido al rechazo de las autoridades beisboleras, lo cual provocó que muchos de los votantes (quienes están convencidos de que tuvo los suficientes votos para ser exaltado) renunciaran como protesta. Así que la declaración del Presidente de la Federación Cubana de Béisbol es incorrecta.

El Vedado Tennis Club debió haber sido la sede. (Foto: Reynaldo Cruz/ Archivo de UB)

También, ya se había escogido un sitio para construir el museo: el Centro José Antonio Echeverría, antiguo Vedado Tennis Club, que tiene una larga historia dentro de la Unión Atlética Amateur, debido a los muchos torneos ganados por su equipo de béisbol. Fue otra idea repentinamente detenida y asesinada por los poderes del béisbol, y en su lugar “ofrecieron” una habitación en el Estadio Latinoamericano para el museo, lo que es, en el mejor de los casos, una tremenda falta de respeto y humillación a una nación que tiene una historia beisbolera que data de los 1860.

En fechas recientes, el gobierno cubano anunció que a partir del 1º de enero de 2018, todos los cubanos que han abandonado el país ilegalmente serían bienvenidos a regresar sin problemas, excepto los que usaron la Base Naval norteamericana en la Bahía de Guantánamo como su ruta de escape. Esto, por supuesto, parece una muy inteligente y sensata riposta a las decisiones tomadas por el presidente norteamericano Donald Trump contra el pueblo cubano. ¿Hará la maquinaria del béisbol lo mismo a favor de sus jugadores? Nuevamente, esto sería lo más sensato. Después de todo, las decisiones de los peloteros habrían sido distintas si las circunstancias les hubiesen permitido ir a las Ligas Mayores sin tener que abandonar su país.

El Salón de la Fama del Béisbol Cubano pide y merece ser retomado. Y exige hacerlo de la manera correcta, sin excepciones, sin prejuicios, sin discriminación. Hay un pequeño aspecto que no debe olvidarse: la inmensa mayoría de los peloteros cubanos que han abandonado el país han hecho enormes contribuciones a la gloria nacional e internacional del béisbol cubano. Son una parte esencial de la historia del juego en Cuba, la segunda más antigua nación beisbolera e históricamente la segunda más importante del mundo. Borrarlos o hacer de cuenta que no existieron es un crimen contra la historia del deporte, y solamente traerá desinformación, ignorancia y mentiras.

Más importante, ¿cómo puede alguien amar o respetar algo que no conoce? Esta es una de las razones principales por las que los jóvenes sienten menos amor e interés por el béisbol, y debería ser el enfoque para rescatar el Salón de la Fama.

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