¿Solo para leer?

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Por: Karla Gil Peña

tomado del Blog Grafomanía 
Dicen que los libros no se deben valorar por su portada, y es cierto. Sin embargo, fue lo primero que me impresionó de Ciudad en red; permítanme contarles.
En una visita a la librería, me llamó la atención un libro de la sección infantil. Pensé que debía contar una historia al estilo anime, pues así lo sugerían los personajes de la carátula. Lo hojeé. Era una novela donde predominaba el diálogo.
No soy fan a los diálogos en la narrativa, incluso, en mis cuentos evito utilizarlos; aún así, me cautivó su diseño. Estaba indecisa, había otros que deseaba comprar como Arabescos mentales, Sitios que no vuelven, En la línea del pánico… Por fin tomé una decisión: no lo llevé.

Como si el destino deseara que lo leyera, luego de unos meses, una amiga me lo regaló. Entonces recordé que no me gustaban los diálogos y lo engaveté. El destino siguió presionando: “¡qué es un regalo, coño! Hazlo por tu amiga, quizás la lectura no será trabajosa como crees, quizás…” Cuando me di cuenta, ya estaba por la mitad de la historia…

Ciudad en red, de Sigrid Victoria Dueñas(La Habana,1980), es una excelente novela juvenil de ciencia-ficción. Se desarrolla en una Cuba futurista, donde las habitaciones de las casas cuentan con áreas virtuales y dimensionales, antivirus en los baños, y ávatars capaces de tomar decisiones y elegir qué información asimilar. Cada personaje posee una psicología diferente, adecuadamente trabajada por la autora, además de un diseño acertado para el ambiente en que se desarrolla la trama, sobre todo, para los amantes de las historietas mangas, solo que con un lenguaje a lo cubano.

El libro cuenta que Andresito (Chibi), un niño de siete años, y su hermano Andrés (Mega), se han inscrito como competidores en el XXI Certamen de La Habana en Red para menores de edad, en esa ocasión, dedicado a José Martí.

Para nada una competencia aburrida: los competidores deben hallar las pistas, o ítems con links. Algunos serán trampas que los alejarán del objetivo y les restarán puntos. Para acceder a ellos, los competidores deberán registrarse con su identificación personal, así el sistema sabrá a qué participante agregar o restar puntos. Los objetos con los links están relacionados con la vida y obra de José Martí. En caso de que dos competidores registraran un link al unísono, sus ávatars deberán combatir. Es un universo virtual donde puedes ver e interactuar con tu ávatar como con cualquier otro humano, ¡y aún mejor: ser parte de las batallas sin ser lastimado! ¡Es mejor que las gafas 3D! Claro, habría que usar un dermosensor que, según Sigrid, es un cuadradito negro, de unos tres milímetros, que permite a las terminales nerviosas de la piel “sentir” la red, palparla como un mundo real.

A medida que avanza la historia, aparecen nuevos personajes, además de los padres de Chibi y Mega, como son Faren, un niño de personalidad sombría, pero que en el fondo no es malo; Cisne, una joven de pelo azul; Salgari, un chico de espejuelos tan gruesos que Chibi pensó que eran un dispositivo virtual; las gemelas Ying Yang y Gémenis; y Samus, una niña de catorce años que en el certamen anterior casi vence a Mega, actual campeón, ¡y qué combate para decidir quién se alzaba con el título! La chiquita reprogramó la red para eliminar el ambiente virtual y lo dejó en números binarios.

Entonces, ¿cómo ganó Mega?…

Ciudad en red no solo constituye un medio para vincular y enseñar a los adolescentes temas tecnológicos y de la vida del Apóstol Nacional, sino que también aborda el tema hacker, cómo las personas asimilan y contribuyen a la informatización de la sociedad, y el machismo, con respecto al cual cito las palabras de Mega: “-Eso solo demuestra que ustedes las mujeres no están hechas para la matemática”.

Entonces, ¿este librito de la sección infantil es solo para leer?… Claro, es un libro, ¿qué otro uso tendría?
Quien piense de la manera anterior, subestima el potencial de los libros. Ciudad en red sería una divertida serie animada, historieta mensual y/o videojuego, dedicados a diversos temas, por ejemplo: a escritores nacionales y de la literatura universal, la música, el teatro, la biología o la robótica. Pues, si uno de los clientes de la tienda en que estaba Mega, al este asociar correctamente un anillo con el poema Abdala, afirma haber aprendido más de Martí en ese momentico que en toda su vida, ¿por qué no enseñar otros temas con nuevas historias de Chibi y su hermano a través de historietas, animados y videojuegos?

Regresando a la novela, los competidores deberán hallar el ítem clave para ganar, esta es la respuesta al acertijo del certamen: ¿Qué o quién es “La Irrecuperable”?… ¿Quién será el campeón? ¿Mega otra vez? ¿Las gemelas? ¿Faren con su ávatar Glacial, capaz de “absorber” programas y añadirlos a su propia configuración? ¿Chibi, el participante más joven e inexperto? ¿Samus, la chica de los ceros y unos? Creo que no, ella no entenderá la red en esta oportunidad: está programada en base a letras… ¡No espere a que un amigo le regale el libro para enterarse de quién se llevó el trofeo! ¡Cómprelo, apresúrese! Le aseguro que encontrará más que una cautivadora portada.

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