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Médico cubano cuenta por Facebook su batalla contra el Ébola

Ronald-Hernandez-Torres-755x490No lo veo conectado en Facebook pero igual le escribo. Quizás lea mi mensaje durante la noche, en el descanso, o por la mañana temprano, cuando vaya a leer las noticias.

“Ronald, soy periodista. He seguido con mucho interés las noticias que has compartido desde tu perfil en Facebook sobre el estado de los colaboradores cubanos que te acompañan y me pregunto si accederías a concederme una entrevista”, posteo y prometo que será “cortica”, aunque eso de la brevedad nunca se me ha dado muy bien.

De pronto, el botón verde que señala a quien esperas como “conectado” se activa y aparece él, respondiéndome.

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Mandela no ha muerto

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Tomado de La Isla Desconocida

por Enrique Ubieta Gómez
Ha muerto Nelson Mandela a los 95 años de edad. Su fortaleza física permitió que viviera algo más de dos décadas en libertad, después de su excarcelación.  El gobierno racista fue apoyado durante muchos años por los principales estados imperialistas, pero la victoria cubano-angolana contra el ejército blanco sudafricano que intervenía en nombre de los intereses de aquellos estados, resquebrajó de manera definitiva sus posibilidades de permanencia.

Por otra parte, el prestigio inmenso de este luchador, la lucha de su pueblo y el reclamo de las fuerzas progresistas de todo el mundo, hacían impostergable la solución de un conflicto verdaderamente anacrónico en las postrimerías del siglo XX.

Formado como revolucionario, Mandela comprendió en la cárcel que debía anteponer a sus convicciones la eliminación inmediata del oprobioso régimen del apartheid. Para los opresores, sin duda, la apuesta pasaba por el reconocimiento al hombre indoblegable.

Los mismos estados que apoyaron el apartheid y se hicieron los sordos ante su prolongado encarcelamiento, empezaron a ensalzar sus virtudes, a mostrar el afecto tardío de los oportunistas. La victoria del pueblo sudafricano frente a todos los poderes se consumó finalmente, y Mandela emergió como un Titán benevolente, que anteponía la paz y la convivencia, para la construcción de una nueva Sudáfrica. "Mientras salía por la puerta hacia la entrada que me conduciría hasta la libertad, sabía que si no dejaba mi amargura y mi odio atrás, todavía estaría en prisión", escribió. mandela_fidel_1991

El premio Nobel de la Paz –absurdamente compartido con el representante de la opresión, cuya firma del acuerdo no era una dádiva sino una derrota, y cuyo nombre no será venerado como el de su oponente–, fue el primer presidente de la nueva Sudáfrica, y no olvidó a sus amigos.

Ha muerto Mandela y ha nacido un nuevo mito. Walt Street, que conspiró para eternizar el apartheid, rinde hipócrita homenaje y El Nuevo Herald trata inútilmente de esconder el instintivo odio de clase que los adversarios de las revoluciones latinoamericanas sienten hacia su figura. Nuestra tarea, la de los pueblos, es no dejar que nos limen al guerrero, que lo endulcen hasta desvirtuarlo, que lo deshuesen o mercantilicen. Mandela es nuestro y lo defenderemos.

 

Memorias de Angola

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Tomado de Segunda Cita.
 
Estoy al borde del mar, cuando se me acerca un vecino de veraneo e indaga por la suerte del cuarteto Los Cañas.
 
 — ¿Existen todavía? —me pregunta—, porque yo fui chofer y escolta de ellos en Cabinda, en 1976.
 
Así, de pronto, me suena raro, porque yo anduve media Angola con Los Cañas, pero no los recuerdo en Cabinda. Entonces me viene a la memoria que cuando yo regresaba en junio a Cuba, Los Cañas estaban siendo enviados a la zona por la que Vicente, el mago Aira y yo habíamos iniciado nuestra ruta de fuego: la rica provincia de Cabinda, separada del resto de Angola por el delta del río Zaire, lo que origina el concepto de enclave defendido por el FLEC, grupo guerrillero separatista. Inevitablemente rememoro cómo aquellos complejos problemas territoriales diseñaban las principales consignas del MPLA y su nación recién inaugurada: De Cabinda a Cunene, Angola es una. Un solo pueblo, una sola nación.
 
Viendo a nuestras familias retozar en las olas, le pregunto a Leal ―el vecino― las circunstancias que lo llevaron a estar en África por aquellas fechas. Me dice que era chofer de un comandante y que este lo cedió como apoyo a la agrupación de Ramón Espinosa, cuando Fidel declaraba que la defensa de Cabinda era estratégica para el futuro de la República Popular de Angola. Por esa importancia, en la segunda mitad de 1975, ciento y pico de instructores cubanos y algunos combatientes de las FAPLA habían defendido aquel territorio de cinco invasiones simultáneas.

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