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CONTRA EL CREATICIDIO: PROHIBIDO NO SOÑAR.

 

 

Todo evento cultural es, en el fondo, un sueño comunitario. Por eso la importancia de los eventos (que duran muy pocas horas), no debería medirse por lo que ocurra en su período de realización, sino por las secuelas que deja en el día a día posterior de sus participantes. Un evento debería ser la semilla que fecunda la creatividad cotidiana de la comunidad donde tuvo lugar el suceso: de lo contrario, tendría más de efímera reunión familiar que de acontecimiento cultural con alguna trascendencia.

De allí que no sería aconsejable conformarnos con lo sucedido recientemente en el Tercer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, por gratificante que haya sido la presencia física de Jorge Luis Tapia Fonseca (Primer Secretario del PCC en la provincia) e Isabel González Cárdenas, Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, en la inauguración del mismo.

O que como parte de su programa de actividades, dejásemos inaugurada la Mediateca “El Callejón de los Milagros” que, gracias a la plataforma Omeka, permite a los usuarios interactuar y compartir libros o recursos de todo tipo vía Wifi, o la cartelera electrónica diseñada por el Grupo Smart Soluciones, o los Talleres de creatividad impartidos a niños y niñas de quinto y sexto grado. Todo eso estuvo muy bien, pero la pregunta que nos desafía es: ¿cómo mantenemos ese entorno de creatividad?

A mí siempre me gusta recordar que la idea del Proyecto para el Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, nació a raíz de lo expuesto por el hoy presidente del país Miguel Díaz-Canel en las conclusiones del VIII Congreso de la UNEAC. Y todo lo que se ha venido haciendo en estos cuatro años forma parte de aquel conjunto de propuestas que se discutieron y elevaron, incluyendo la implementación del “Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual” diseñado por el ICAIC.

De allí nuestro interés en fomentar las alianzas estratégicas con las diversas instituciones (Etecsa, Joven Club, Desoft, Universidad, Educación, etc) que podrían contribuir en la construcción de esa plataforma inclusiva que necesitamos en estos tiempos de tanta interactividad virtual. De hecho, nadie mejor que el propio Díaz-Canel ha descrito lo que necesitamos impulsar en esta área, cuando en la clausura del 1er Taller Nacional Informatización y Ciberseguridad, (2015), describiera a la informatización como,

“…un proceso complejo, retador, necesario, que tiene que ser abordado en la multi y la interdisciplinariedad, con visión de país y contando con la participación institucional y ciudadana, el cual debe abarcar transversalmente todos los escenarios y ámbitos de la vida política, económica y social del país, y constituir un imprescindible apoyo y soporte al perfeccionamiento integral de nuestra sociedad socialista, próspera y sostenible

Aún a riesgo de que se interprete como mera vanidad provinciana, hay que decir que en lo que a informatización de la gestión cultural se refiere, acá en Camagüey se han conseguido impulsar un grupo de acciones que no existen en otra parte del país. O sea, que si un lugar en Cuba hoy podría servir para dar inicio de un modo formal a esa Campaña de Ciberalfabetización que ya sabemos necesita con gran urgencia la nación, ese lugar sería Camagüey, donde están al alcance de la mano todos los recursos y herramientas necesarias para llevarlas a buen término, y donde existe una infraestructura (el Paseo Temático del Cine) que es única.

¿Cómo es posible entonces que, a pesar de eso, todavía las distintas áreas de Cultura, Educación, y Nuevas Tecnologías de la ciudad, se muestren poco creativas con lo que el Gobierno ha puesto a su disposición? ¿Cómo explicar que la comunidad académica y estudiantil (ya sea a través de la Universidad o Educación en sentido general) siga ajena a todo lo que allí existe? ¿Cómo es que, tal como se describe en el texto “Política integral para el perfeccionamiento de la informatización de la sociedad en Cuba” suscrito por el Ministerio de Comunicaciones en julio del 2017, todavía no pensemos en, “implementar modelos educativos en todos los niveles de enseñanza, que generen el capital humano con las capacidades para desarrollar, sostener y utilizar las TIC”?

Lo primero es que dentro del sistema institucional cubano todavía el concepto de Informatización asociada a las Humanidades Digitales no se aprecia. Y es lógico, porque ese concepto es algo que tendríamos que construirlo con nuestras propias manos, acorde a nuestras propias necesidades. Por otro lado, cuando en una institución cultural hablamos de informatizar la sociedad cubana pensamos solo en el uso de Internet. No digo que acabar de garantizarle a todos los cubanos el acceso a la red de redes a precios que resulten inclusivos (y no excluyentes, como los que ahora promueve Etecsa), no resulte algo que se deba priorizar, pues al igual que Ignacio Ramonet, pienso que “no tener Internet hoy es como si en una sociedad de otra época no hubiese acceso a la imprenta, por ejemplo”.

Es decir, por experiencia personal sé que la tecnología es importante, pues ahora mismo ni en Nuevo Mundo ni en la sede del Proyecto tenemos computadoras para prolongar los Talleres de creatividad que se hicieron con los niños durante el Tercer Encuentro, porque las mismas se alquilaron al Joven Club solo para los días del evento, pero más allá de esa carencia material estaría también la carencia de una estrategia formativa.

Sencillamente nos hemos conformado con colocar en los espacios un grupo de máquinas que serán utilizadas por los niños y jóvenes fundamentalmente para jugar. O seguimos ampliando los puntos públicos de red wifi, sin acompañar esas acciones imprescindibles con cursos o talleres que ayuden a impulsar la creatividad. Es decir, como no hay una Política Pública que estimule el uso creativo, pues es natural que nos quedemos en el mero consumo de contenidos.

Como resultado, las dinámicas culturales concebidas desde el sistema institucional siguen guiándose por la lógica que dicta el pensamiento analógico de antaño. El público ha cambiado la manera de consumir la cultura, pero los encargados de garantizar una Política Cultural que desde las instituciones garantice la circulación eficiente de los bienes culturales, sencillamente se divorcian de ese público ahora nómada y, en apariencia, más autónomo.

Esa brecha entre las instituciones y las formas no estatales de gestión informática, volvió a ponerse de manifiesto en la última jornada del Tercer Encuentro sobre Cultura Audiovisual, en eso que llamamos la “sopa de piedras”. Páginas como “Live Camagüey” (concebida por un grupo de amigos que aman la cultura camagüeyana), por ejemplo, nos da la medida de que la creatividad no es monopolio, efectivamente, de las instituciones, por lo que estas hoy más bien deberían funcionar como esponjas atentas a todo lo que acontece fuera de su radio de acción.

Sin embargo, cuatro años después del Congreso de la UNEAC y la exhortación pública de Miguel Díaz-Canel seguimos en el mismo lugar de antaño, con el inconveniente de que la tecnología y el nuevo consumo cultural evoluciona todos los días, y se desentiende cada vez más del viejo entramado institucional. ¿Qué hacer frente a un escenario como este?

No creo que la solución pueda llegar con orientaciones autoritarias que reproducen el viejo esquema del poder cultural, sino en todo caso de la formación de comunidades de usuarios que desde la base se inserten en las instituciones. En el viejo discurso hay una apelación a la incursión inteligente en los terrenos de la cultura, pero los públicos de ahora cuentan con el recurso del zapping para creer que se libran de la retórica que les hace sentir que son “sermoneados” o “dirigidos”.

Aquí debemos recordar lo que Anatole France observaba en su momento: “Solo se ejerce una fuerte acción sobre los individuos apelando a sus pasiones o a sus intereses, no a su inteligencia”. Hasta que los individuos (incluyendo a quienes deciden las Políticas Culturales o dirigen nuestras instituciones) no descubran de modo individual que la informatización de la gestión cultural puede beneficiar sus intereses o los que representan, no estaremos en condiciones realmente de impulsar el uso creativo de la tecnología dentro del sistema institucional.

De allí que más que un Congreso puntual, o un Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales que se celebra una vez al año, lo que necesitamos son plataformas permanentes de trabajo, donde se borren las falsas fronteras que muchas veces se establecen entre las instituciones y “los otros”, y predomine el espíritu inter-creativo interesado en fomentar el bien público.

¿Censura o escaramuzas contra el ICAIC? Váyanse, que yo me quedo

La persistencia en considerar censura la decisión del ICAIC de no proyectar en la sala Chaplin el filme en progreso Quiero hacer una película, del novel realizador cubano Yimit Ramírez, puede parecer enfermiza a simple vista. Si nos atenemos al modus operandi de la información en redes sociales como Facebook, no es extraño que ocurra; por cuanto se trata de un escenario generador de este tipo de conducta. Como suele ocurrir, la diatriba forma parte del lugar común de la propaganda contra Cuba, su gobierno y su pueblo, por lo cual asombra que personas más enteradas de lo que ocurre en el mundo del cine en Cuba hayan preferido ignorar hechos concretos de la escaramuza y alteren, con olímpico descaro, la cadena de sucesos. Se ha creado un juicio público a una institución de la Revolución Cubana con argumentos falsos, falaces. Se ha acumulado una presunta historia de atrocidades de censores y hasta se ha llamado al apocalipsis de la susodicha Muestra Joven; todo esto disfrazado de pensamiento crítico y deseos de que el certamen cambie y entienda ciertos preceptos, ciertas prácticas concretas en relación con el arte y la experimentación.

 Detalle de Portada de Bisiesto, No. 0, tabloide impreso en el Combinado de Periódicos Granma que
circulará diariamente durante la Muestra. Foto: La Jiribilla

Y todo parte de la primera puesta en escena a través del muro de Facebook de su organizadora, quien ya andaba buscando por esa vía entidades que aportaran a la ponina del financiamiento [1].

Un crítico de cine que el público cubano conoce por la televisión, y que goza del privilegio de ejercer la enseñanza —sin la menor censura, por cierto— como Gustavo Arcos, primero acude a esa plataforma, defenestrando a los “censores eternos” y anunciando que nada más tiene que decir (acaso pensaba que el aluvión sería tan devastador que quedaría el ICAIC reducido a cenizas apenas estallara su frase en el espectro mediático). Sin embargo, su modo más claro de demostrar que no le quedaba nada por decir fue relanzarse de inmediato en OnCuba. Tal como podría suponerse, Arcos recicla allí las mismas falacias con que supuestamente había concluido y acusando de paso a los demás de su orfandad de argumentos propios y su tendencia a la cita. Podría alegarse que no ha sido el único en operar de este modo, pero su ejemplo es modal en este caso. No han faltado otros presuntos críticos que, tal como Arcos, aparcan sus herramientas de análisis y se suman con entusiasmo al coro propagandístico anti-institucional.

Instalado en sus nichos de la academia y los medios, este extraño abogado desliza frases del tipo “si los jóvenes creadores quieren ser independientes y no sentirse cada año sometidos a los límites (cada vez mayores) que pone la institución, no queda otra que salir de ella y repensar o idear nuevos espacios”; lo que, bien leído, equivale a plantear: Váyanse, muchachos, que yo me quedo en el confort de mis variados e influyentes espacios.

Valdría la pena entonces que nos hagamos varias preguntas relacionadas con todo esto. Por qué los defensores del equipo coordinador de la Muestra ignoran, ocultan, tergiversan, que la decisión del ICAIC no fue eliminar la obra en progreso sino pasarla a una sala donde fluyera el debate (espero no le teman al debate de partes)[2] ¿Por qué, si tan sutiles son en presunciones de conducta hacia la institución, rehúsan el diálogo previo dentro de los espacios de la propia muestra que organizan y claman en alharaca de lugares comunes por una exhibición de reality show arteramente orquestada? ¿A qué viene ese afán de echar a pelear a la institución con el cine que se hace fuera de ella, cuando hay una extensa y fructífera tradición de diálogo respetuoso, de indiscutible signo inclusivo, de lo cual dan fe la propia Muestra y su continuidad?

Vista hace fe. Imágenes tomadas del tabloide Bisiesto, No. 0. Foto: La Jiribilla

¿Por qué todos los que le hacen el coro a estos manipuladores y manipuladoras de la opinión pública, obvian el sencillo hecho de que el propio Yimit Ramírez lleva otras dos obras a la misma Muestra Joven donde supuestamente se le ha censurado?[3]

¿Por qué les resulta tan importante mediatizar las ofensas a Martí, e incluso descontextualizarlas de una obra que supuestamente las justificaría?

¿Ninguno tiene idea de las obras de las artes plásticas, por ejemplo, que usan a Martí en verdaderos desafíos artísticos —no exentos de polémica—, y que forman parte incluso de la Colección (¡oficial!) del Consejo Nacional de Artes Plásticas?

¿Cómo es que estos agudos inspectores, o cazadores de censores, ni siquiera se dan cuenta de que la circulación del Programa del evento, financiado por la institución que critican a cajas destempladas e impreso en la más oficial de las empresas cubanas (Combinado de Periódicos Granma), desmantela de plano el falso argumento de la aplicación de censura?

Si algo está podrido más acá de Dinamarca, muy cerca de nosotros y del accionar cotidiano de las instituciones, es justo la opinión de críticos, realizadores e intelectuales cubanos que no operan desde el análisis y el rigor consustanciales a su oficio y cuya obra desaparecería si borrásemos de ella lo que aluda o rememore el auspicio de la institucionalidad de la Revolución. Algo, con demasiados elementos que engranan a la perfección, parece responder a un entramado desestabilizador y subversivo, en primer lugar, por la recurrencia en sus textos del ya mencionado lugar común contrarrevolucionario y la consiguiente sublimación de cualquier indicio que refuerce su correlato cinematográfico. Esa es la actitud sine qua non para tender las manos bajo el gajo de los 20 millones (oficiales) que el departamento del Tesoro estadounidense ha designado para el derrocamiento del sistema político cubano [4]. Como lo han demostrado muchos investigadores de este tema, en cuestiones de injerencia subversiva la erogación extraoficial (difusa e imperceptible como pocas), triplica a la oficial, como promedio al menos. No es de extrañar que con el nuevo inquilino de la Casa Blanca (que tantas lecciones de manipulación a través de las redes de Internet está dejando), y el activo cabildeo contrarrevolucionario, ese promedio se exalte un poco más y se dirija, sin obvias expresiones políticas, a la “noble tarea” de desacreditar a la institución. Evidentemente, hay un grupo que dice: “Más en mis manitas (¿de hombre fuerte?), por favor”.

Casi a las puertas de la Muestra misma, que pese a todo tendrá lugar al amparo del ICAIC, considero útil compartir estos argumentos ante el despliegue falaz de información y juicio que ha caracterizado los días previos al evento, especialmente en la red social Facebook. Reto a los defenestradores de oficio, que tan pronta, oportuna y públicamente se han manifestado, a que equilibren la condición de censura que alegan con la capacidad de la institución para no dejarse llevar por provocaciones mal intencionadas y pensar más en el todo que en cualquiera de sus partes, mostrando la madurez y el aplomo requeridos para dar continuidad a un hecho cultural que trasciende con mucho la voluntad de sus coordinadores.

Notas:
[1]  Véase Un insulto a Martí que nos concierne a todos, en http://www.lajiribilla.cu/articulo/un-insulto-a-marti-concierne-a-toda-nuestra-sociedad
[3]  “Trump aprueba 20 millones de dólares para los programas subversivos contra Cuba”, en http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/03/25/trump-aprueba-20-millones-de-dolares-para-los-programas-subversivos-contra-cuba/ 
[4] “Trump aprueba 20 millones de dólares para los programas subversivos contra Cuba”, en http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/03/25/trump-aprueba-20-millones-de-dolares-para-los-programas-subversivos-contra-cuba/ 

III ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES (Camagüey, Cuba)

Tomado del blog Cine Cubano La pupila Insomne

El Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, con el auspicio del Sectorial Provincial de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz, el Centro Provincial del Cine, y la Unión de Informáticos de Cuba en Camagüey, convocan al III ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES, el cual se celebrará en Camagüey los días 25, 26, y 27 de abril del 2018, con los siguientes ejes temáticos:

Homenaje a Desiderio Navarro, pionero en el uso de lo digital en función de la promoción cultural en Cuba.

El enciclopedismo digital del siglo XXI

Políticas públicas e informatización de la gestión cultural

Objetivo principal: El encuentro pretende propiciar un espacio para el intercambio de experiencias vinculadas al trabajo comunitario, dirigido a fomentar entre niños, adolescentes, educadores y promotores culturales, un uso creativo de la tecnología, así como el consumo crítico del audiovisual.

Para ello se organizarán sesiones de trabajo que permitan la actualización y discusión de los presupuestos teóricos y conceptuales pertinentes, vinculándolos a una agenda práctica que a su vez estimularía la inter-actividad e inter-creatividad de los participantes.

Objetivos permanentes:

· Socialización de productos y servicios del mundo digital relacionados con la cultura audiovisual.

· Impulsar el vínculo entre las nuevas tecnologías, la cultura audiovisual, y los proyectos comunitarios.

· Contribuir a que la informatización de la sociedad marche acompañada de la necesaria campaña de ciberalfabetización de los ciudadanos.

· Conocer experiencias valiosas del territorio nacional y propiciar el intercambio fluido entre las diversas áreas de Cultura, Educación y Nuevas Tecnologías.

· Impulsar el Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual, aprovechando el uso creativo de las nuevas tecnologías.

· Fomentar alianzas con las diversas instituciones y organismos del territorio, vinculadas a la cultura, la educación y las tecnologías en Camagüey (Sectorial de Cultura, Educación, AHS, ISA, Oficina del Historiador de la Ciudad, Etecsa, Joven Club, Universidad de Camagüey, UPEC, Desoft)

Modalidades de participación:

El simposio funcionará a través de ponencias y exposiciones académicas que, acompañadas de demostraciones prácticas en el PASEO TEMÁTICO DEL CINE, vinculará a la comunidad camagüeyana con lo que allí se exponga, posibilitando que los ciudadanos se integren a las diversas experiencias compartidas por los especialistas.

El Encuentro también se plantea la construcción de una plataforma permanente de trabajo, en la cual confluyan los saberes culturales, educativos y tecnológicos.

ACTIVIDADES COLATERALES

Ø Exposiciones interactivas

Ø Taller “Programar es crecer” para niños y adolescentes

Ø Taller de creación audiovisual para niños y adolescentes

Ø Exposición de fotografía humorística del realizador Francisco Puñal

Ø Descarga de archivos

Ø Presentación de libros

Ø Ciclos de materiales audiovisuales

Ø Cibertertulia “El Callejón de los Milagros”

CONTACTOS:

Coordinador General: Juan Antonio García Borrero

Teléfonos: 32258189// 32257996

Correo: virgen1964

nuevomundo

ADIÓS, 2017

 

 

Despido el año 2017 compartiendo con los amigos del blog una noticia que, al menos en lo personal, me permitirá ingresar al 2018 con mucho entusiasmo. Y es que gracias al apoyo de Americas Media Initiative y la Universidad de Tulane de New Orleans, muy pronto la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) estará online.

Sé que lo que viene no será más fácil de lo que hasta el momento se ha logrado, con todo y que ya estemos hablando de 4000 páginas aun estando offline. El hecho de que estemos en presencia de un proyecto colaborativo, donde será posible acceder a esta base de datos desde cualquier parte del planeta conectado a Internet, y además de consultar la información, contribuir a su enriquecimiento, no nos garantiza que el conocimiento construido de ese modo sea necesariamente más sólido o legítimo.

Y es que uno de los grandes peligros del enciclopedismo digital del siglo XXI se origina precisamente en el hecho de que al “democratizarse” la posibilidad de escribir en la red, se descuida la evaluación crítica de lo publicado: de nada vale que tengamos 4000 páginas si no nos acompaña la seguridad de que encontraremos rigor en lo investigado y publicado. Y como en lo personal me importa que la Enciclopedia funcione ante todo como una herramienta académica, que auxilie a los estudiosos del cine cubano vivan donde vivan, pues será preciso establecer determinadas reglas. Y seguir cultivando la cultura del debate civilizado, algo de lo que he podido obtener muchísimas lecciones en esta década administrando el blog.

No quiere decir que el investigador más riguroso no se equivoque, pues eso forma parte del juego epistemológico en el que todos los individuos nos movemos cuando aspiramos pasar de la simple opinión al análisis que revela a la realidad como un todo lleno de contradicciones. Por eso la idea es crear una comunidad transnacional de estudiosos del cine cubano que tengan en mente aquella sugerencia de Bloch (comprender antes que juzgar), y que sean capaces de exponer los puntos de vistas desde una perspectiva científica o rigurosamente analítica.

Como ven, un desafío de grandes dimensiones, pero como anotaba Lezama, solo lo difícil es estimulante. Felicidades entonces para todos los amigos de “Cine cubano, la pupila insomne” en el fin de año, y nos vemos en el 2018.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL 39 FESTIVAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Tomado de: Cine Cubano La Pupila insomne

Gustavo Arcos Fernández-Britto 

El 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano terminó anoche y las mujeres, como realizadoras, artistas o técnicas arrasaron con la mayoría de los galardones. Ellas, no solo fueron las autoras de los filmes sino también, las protagonistas centrales y activas de esos relatos. Un suceso, sin precedentes y gratamente significativo en la historia de estos eventos.

Bajo la premisa, Ver para crecer, llegaron a La Habana cientos de películas e invitados y, los espectadores como siempre, organizaron su particular maratón para disfrutar de la mayor cantidad posible de filmes, siguiendo ese extraño ritual adictivo, que se repite con cada edición. Y es que, para muchos cubanos, ir al cine solo parece cobrar sentido durante estos diez días, en los que se obtiene una… licencia para soñar. El resto del año, las visitas al agromercado, el paquete semanal y la televisión nacional hacen lo suyo. Así que el festival, se convierte en esa puerta o espacio único, donde la gente intenta conocer, o vivir, la vida que no tiene.

Como tener y no tener se ha convertido en el mantra de nuestros tiempos, el festival se ve arrastrado cada año por esa misma lucha de contrarios… posesivos. No hay empresa que se levante sin financiamiento y los organizadores deben convertir polvo en oro, (¿o pesos en CUC?) para tratar de no traicionar a los espectadores que, año tras año, esperan el mes de diciembre para ver, quizás, el mejor cine del mundo. Pero no basta con traer buenas películas y organizar magníficas secciones, hace falta disponer de los espacios de exhibición que estén a la altura de esos esfuerzos y, francamente, el estado de nuestras salas (lunetas muy incómodas, proyectores que no funcionan, sonidos que se distorsionan) dejan bastante que desear, aun y cuando se han producido inversiones (evidentemente erradas) en ese sentido.

Distanciado de su espíritu fundacional el festival ha dejado de ser la fiesta que integraba a todo un país, que llevaba películas a ciudades y comunidades, que hacía vibrar, emocionar y sufrir a millones de personas. Hoy, solo ofrece programas para unas pocas salas de la capital, ubicadas esencialmente en un mismo y reducido circuito del Vedado. Tal desplazamiento (no imputable a sus organizadores, puesto que rebasa sus competencias) tiene consecuencias culturales.

A pesar de esos y otros avatares, la cita, mantuvo su estructura o diseño tradicional, erigido alrededor de muestras oficiales y alternativas, presentaciones especiales, conciertos, encuentros teóricos, conferencias, lanzamientos de libros, homenajes y talleres. Múltiples opciones en un apretado programa, no siempre bien promocionado, sujeto a todo tipo de contingencias (la precaria conexión a internet o, la llegada de los filmes, por ejemplo) que termina por generar incertidumbres y confusiones informativas entre los espectadores. Es un modelo inclusivo, defendido por sus curadores, quienes, intentando mantener las esencias del evento, en su vocación latinoamericanista, han abierto también sus pantallas a lo mejor y más variado del cine universal.

Cuba tuvo una débil representación en los concursos oficiales de este año y su participación no fue refrendada (salvo en la categoría de animación) con ningún premio importante del jurado. Sergio y Serguei obtuvo el gratificante premio del público, pero para los filmes cubanos… es ya un lugar común. Paradójicamente, hemos tenido una de las más prolíficas temporadas de toda nuestra historia fílmica ya que se han rodado, al menos, una docena de largometrajes y cientos de cortos y documentales que ahora transitan por diferentes etapas de posproducción visual y sonora. ¿Los veremos el próximo año?

Cada festival tiene su propio comité de selección, que parte y reparte, colocando obras en el concurso oficial o en las muestras paralelas, siguiendo en primera instancia, criterios artísticos o estéticos. También influyen, los deseos del productor al hacer la inscripción en una u otra sección, el perfil o interés del festival, y hasta los nombres de algunos autores cuyo pedigrí y obra, legitimarían su inclusión. Pero los filmes cubanos se convierten cada año en la manzana de la discordia. Otro “comité” extra- cinematográfico incide y presiona para que no se incluyan ciertas obras, consideradas incómodas o “políticamente incorrectas”. Hace tres años fue Regreso a Ítaca (Laurent Cantet), luego, en el 2016 tuvimos la amarga experiencia con la exclusión de Santa y Andrés (Carlos Lechuga) y este año, en lo que parece ser un patrón contra los filmes con nombres propios, le tocó el turno a Sergio y Serguei (Ernesto Daranas), que, aunque finalmente presentada, tuvo que sortear no pocas escaramuzas.

Como ocurre con la Muestra Joven de abril, los festivales son una excepción para la producción audiovisual cubana. Se levantan como el reducto circunstancial y único donde pueden apreciarse, en una sala y con cierta dignidad, muchas de las películas nacionales que fuera de esos marcos, no encontraran nuevas presentaciones públicas en nuestro entorno. La lista de películas “marcadas para morir” es larga. Alguien dijo que un país sin imágenes, es un país que no existe. Bueno, en el nuestro desgraciadamente hay gente empeñada en hacer realidad ese axioma.

Por suerte, los cineastas cubanos no le hacen el juego al enemigo… interno; filman, viajan, se involucran en diferentes proyectos, encuentran fondos donde sea y siguen adelante con sus ideas y sueños estrenando sus obras por todo el mundo. Ahí está una película como Los lobos del este, dirigida por Carlos Machado Quintela, y presentada en la sección Panorama Latinoamericano. Su obra anterior (La obra del siglo) es justamente una de esas que, aun galardonada en el festival, espera por su estreno tras dos años de realizada.

Pero Carlos, no se sentó a llorar o esperar, se fue a Gran Bretaña y luego a Japón donde encontró el ambiente, los actores, un lobo japonés y las motivaciones para su nuevo filme. Tenemos una película rodada por un cubano, en Japón, con actores y técnicos de esa nación que, por supuesto hablan en japonés, interpretando personajes diseñados y escritos por cubanos que viven en España. Fue editada en Estados Unidos y realizada gracias a la colaboración de al menos cinco naciones. Un ejemplo de los caminos que también puede seguir el cine de la isla. Un cine posnacional que se construye más allá de nuestras fronteras, y de la tutela institucional, que nos hace repensar los conceptos de identidad nacional, especialmente aquellos asociados a una geografía o espacios definidos. Ya hemos tenido varias experiencias en ese sentido. Recordar por ejemplo los filmes: Memorias del desarrollo (Miguel Coyula), El acompañante (Pavel Giroud) y Espejuelos oscuros (Jessica Rodríguez) por solo citar algunos de las más recientes.

El próximo festival estará consagrado a Tomas Gutiérrez Alea en su 90 aniversario. Será la edición 40 y seguramente se organizarán, por aquello de que es un numero redondo, presentaciones y jornadas memorables. Habrá muchas películas cubanas en el 2018, así que los curadores del festival tendrán una ardua tarea por delante al seleccionar o decantar. Ojalá los filmes sean dignos de Alea, y el festival todo, de su honestidad artística, su espíritu crítico y compromiso intelectual.

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