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¡Sopla, viento!

bonita

 

 

 

 

 

 

Parque de mi ciudad, 7:30 pm. El viento soplaba, mezcla de temporal anunciando tormenta, truenos, lluvia.

Mi saya –por encima de las rodillas- se negaba a obedecerme. El bolso en una mano, la sombrilla en la otra. La saya y el pelo al viento.

Guardé la sombrilla, a fin de liberar mis manos y poder mantener la pieza de ropa en mi cuerpo. Pegada al cuerpo, y no bailando libre al viento.

Mientras atravesaba el parque de un extremo a otro –por entre tantos bancos, personas, estatuas- pensé en la mala elección de una saya para ese día. Una saya de tela que estaba a punto de salir volando. Toda una odisea por mantenerme vestida.

Ya estaba llegando al otro extremo del parque, a punto de quedar a salvo entre calles estrechas y portales. A salvo de que la saya se alzara más de unos centímetros, pues ya en ese momento yo la tenía agarrada con ambas manos.

Estaba casi a salvo cuando un hombre, tal vez ansioso al ver mi lucha contra el viento –pero con intenciones diferentes a las mías- gritó. Un grito que hizo que otros se volvieran a ver qué sucedía.

Yo implorando que el viento se calmara, que la saya se calmara. Y él ciertamente invitaba al viento a arremolinar toda mi ropa.

Ahí, a unos pasos de salir del parque, noté la desesperación de aquel hombre. Gritó. Gritó alto, sin disimulo:

— ¡Sopla! ¡Sopla, viento, que tú eres macho!

Por Leydi Torres Arias
https://botellasalmar.wordpress.com/

Guantánamo: Tierra entre ríos

En Guantánamo

En Guantánamo

Otra vez se repitió la historia, el hecho de estar bien lejos de mi casa. La primera vez fue en Camagüey. En esta ocasión, el sendero al Yunque, la aproximación a la Base Naval de Guantánamo, el paseo en bote por el río Toa, el sabroso chocolate baracoense, la visita al Monumento Nacional Playita de Cajobabo por donde desembarcaron José Martí y Máximo Gómez, fueron algunos de los lugares programados durante la visita, junto a la joven Guerrilla de Blogueros, a la más oriental provincia de Cuba.

Guantánamo, identificado también por la internacional canción La Guantanamera, del compositor cubano Joseíto Fernández, fue fundada en 1797 y su auge lo alcanza por la influencia de los emigrantes franceses provenientes de Haití. En el territorio se hallan tres Patrimonios de la Humanidad: el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, núcleo de la Reserva de la Biosfera Cuchillas del Toa; la Tumba y los Cafetales Franceses.

 

 

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La primera avanzada de guerrilleros arribó a tierras del Guaso el martes 12 de mayo en horas de la mañana. Allá nos esperó Adriel Bosch, joven periodista del territorio y organizador del evento de blogueros que se desarrolló.

Tras una incómoda madrugada por la demora del avión rumbo a la ciudad oriental, vino bien una merienda y un poco de chocolate caliente para quienes gustaran.

En la noche visitamos la Asociación Hermanos Saíz y por unas horas, hasta que el cansancio nos venciera, disfrutamos de música Jazz y boleros en el Café Cantante América. Al día siguiente, después de llegar la otra parte de la tropa, partimos hacia la plaza de la Revolución Mariana Grajales y al poblado de Caimanera, zona de reconocidos valores naturales e históricos.

Desde el Hotel Caimanera observando la Base Naval de Guantánamo

Desde el Hotel Caimanera observando la Base Naval de Guantánamo

Allí se ubica en los márgenes de una extensa bahía de bolsa la Industria Salinera más grande de Cuba y la Base Naval de Guantánamo, territorio usurpado hace más de 20 siglos por Estados Unidos.

Vista de Guantánamo

Vista de Guantánamo

Cada región tiene sus encantos y la naturaleza se encarga de ilustrar las bellezas según la situación geográfica de determinada región. Diferentes tonalidades de verde y azul, los claros y oscuros de la tierra que cubre el territorio, así como la diversidad del canto de las aves que armonizan el paso por los senderos forman parte de la magia natural guantanamera.

Por si fuera imposible para unos, escalar El Yunque para otros, incluyéndome, fue algo extraordinario. Cuando pensábamos que llegábamos a la cima más complejo se hacía el ascenso. Agarrados de los troncos de árboles, auxiliándonos mutuamente y también conociéndonos más, arribamos a los 575 metros de altura. Allá donde el aire era más puro y nos acariciaba el rostro pudimos apreciar el paisaje de montañas, ríos, y al fondo, la Bahía de Porto Santo por donde entró Cristóbal Colón.

En la cima del Yunque

En la cima del Yunque

Si bien impresionante y agotador fue el ascenso al Yunque, la frescura del río Duaba aplacó el cansancio dándonos un chapuzón. Mientras que el río Toa fue escenario de varias competencias y actividades recreativas que se efectuaron en la comunidad que lleva su nombre.

El intercambio fue interesante. Los tradicionales juegos de los lugareños permitieron tener un día de diversión y por qué no de conocimiento también, pues en mi Pinar del Río no se hacen. Llamó la atención la carrera de balsas, creadas con caña brava, donde además de hombres las mujeres andaban muy rápido en ellas.

Intercambio reacreativo- cultural en la comunidad Paso del Toa

Intercambio reacreativo- cultural en la comunidad Paso del Toa

Ensartar cangrejos fue una experiencia para dos blogueros nuestros: Rafael y Carlos, quienes valientes cogieron seis de estos crustáceos durante los juegos.

Una acción inolvidable aconteció ese día cuando se hizo el Estanquillo Patria, espacio donde donamos diferentes publicaciones, revistas, periódicos, libros infantiles y para colorear, lápices de colores, entre otras cosas, con el afán de apoyar el desarrollo cultural en la comunidad Paso del Toa, en representación de las distintas provincias que asistimos a Guantánamo.

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El baile, el canto y la risa no faltaron en las actividades nocturnas ya fuesen en la Casa del Changüí, el Ranchón de la ciudad de Baracoa o en el campismo El Yunque donde los trabajadores nos acogieron la mayoría de los días y algunas de nuestras campistas blogueras mostraron su talento para participar algún día en un Karaoke y recibir los aplausos del público.

En nuestro andar por el Guaso conocimos de su historia, cultura, costumbres y tradiciones, modos de vida e interacción entre sus habitantes. Como todo lo que inicia culmina, concluimos nuestra estancia con la visita al Monumento Nacional Playita de Cajobabo que se encuentra adosado a un enorme paredón de roca.

La Guerrilla de Blogueros en el Monumento Nacional Playitas de Cajobabo

La Guerrilla de Blogueros en el Monumento Nacional Playitas de Cajobabo

Esta fue mi primera vez en Guantánamo. Quisiera que dicha página de la vida no volteara su hoja y me permitiera en una y otra ocasión, regresar a la tierra donde la humildad y humanidad reinan en la región oriental.

Como bien expresó Lilibeth Alfonso Martínez “la Guerrilla de Blogueros surgió como una necesidad de hacer físicas las relaciones de amistad y compañerismo forjadas en las redes sociales y, sobre todo, desde el trabajo en las páginas personales (blogs) en internet”, y nuestro andar por algunas provincias de Cuba ha consolidado dicho planteamiento.

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Por: Magda Iris Chirolde López

https://magdeando.wordpress.com

La Guerrilla de blogueros gozando en la Casa del Changüí

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En la noche de ayer tuvimos el placer de recibir en la Casa del Changüí a la Guerrilla de blogueros de la blogosfera cubana, que con una representación de provincias, llegaron hasta Guantánamo para realizar su Vll Encuentro que lo llevará a lugares culturales, históricos y sociales del territorio más oriental de Cuba desde el 13 al 17 de mayo. Fue una noche donde todos bailaron a ritmo de changüí, nengón, kiriba y el contagioso son tradicional al estilo del grupo Universales del Son.

A este post le inserte algunas de las imágenes que yo mismo tome durante la visita a esta institución changüisera, donde bailaron y gozaron, lo que nos llena de orgullo al ver tantos jóvenes interesado en conocer la historia y la cultura guantanamera en especial el changüí, además de tomar las imágenes también me dispuse a colaborar con el sonido donde me dedique a reproducir música de todos los tiempos y edades a las que ellos no dejaron pasar ni un instante, es una Guerrilla de jóvenes como la que merece estos tiempos.

En la mañana se realizo el recibimientos de los participantes y luego del almuerzo visitaron la Plaza de la Revolución Mariana Grajales, luego se trasladaron hacia el  municipio de Caimanera donde se presentó la blogosfera guantanamera, del blog Base Naval Guantánamo y de la Guerrilla de la Blogosfera Cuba en teatro del Comité Municipal del PCC, además de visitar el hotel Caimanera en el que conocieron de esa región.

Para mañana jueves esta previsto visitar la Sala de la Cosmonáutica del Museo Provincial, la cafetería Primada dedicada al delisioso chocolate, el Zoológico de piedras, para luego del almuerzo partir hacia el municipio Baracoa donde tendrán debate de la Guerrilla de la Blogosfera Cuba y acamparan en el campismo El Yunque.

El viernes 15 realizarán la ascensión a El Yunque, visitaran el monumento de Alto del Pino y Playa Duaba. Estanquillo Patria y termina la jornada con una actividad recreativa en El Ranchón de la ciudad de Baracoa.

Por:

http://elchanguisero.cubava.cu/2015/05/la-guerrilla-de-blogueros-gozando-en-la-casa-del-changui/

Mi ascenso al Yunque

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Subir lomar hermana hombres. Y divide grupos. Hombres, pero también mujeres. Subir lomas tiene un efecto particular sobre el cerebro, hace que hable consigo mismo, que hablemos con nosotros mismos. Es como si la falta de oxígeno, la altura, nos pusiera a trabajar más rápido las neuronas. Todo lo pienso, hasta lo último, mientras escalo el Yunque, esa montaña en forma de pieza de herrero que corona el paisaje de Baracoa, ciudad primada, ciudad que excepto algunas construcciones es solo ruina, pero que se las arregla para verse bella, como algunos sitios de la Habana.

Dialogo conmigo a falta de aire para hacerlo con los demás. Para los que no me conocen, soy obesa. Peso, o pesaba la última vez que me subí a una balanza, unos 120 kilos, demasiados para mis 1.67 de estatura, demasiados incluso si tuviera otros centímentros más del piso al cielo, de modo que articular palabras no cabía en mi ecuación para subir al Yunque. Era eso, o respirar, o caminar. La diferencia entre avanzar cuesta arriba y quedarme sentada en una piedra.

Para aclarar, el hecho de que intentara escalar el yunque, y lo diga así, “escalé el yunque”, no significa que llegara a la cima. De hecho, me faltaron, exactamente, 30 minutos de camino para llegar, y lo aclaro porque dejarlo así, primero, los haría suponer algo que nunca fue, y en segundo lugar, por puro respeto a quienes sí llegaron, y se comieron la fruta en el puesto de venta y se tiraron la foto de grupo al lado del busto de Antonio Maceo.

Lo digo sin remordimientos. En realidad, hice lo que pude, como todo el mundo. Sencillamente, en algún momento sentí que no podía más y me detuve, me senté en una piedra y le informé, en un grito donde invertí lo que me quedaba de aliento, que ahí me quedaba al Coka, a Julio César, el habanero que cada tanto se retrasaba de su grupo para esperarme, para decirme, !dale lily!, como si en vez de aire, de piernas entrenadas, lo que me faltara fuera motivación.

Subir lomas hermana hombres, y muestra a los verdaderos amigos. Una loma, como nada más, te dice quién se preocupa por ti. Coka me llevó lo que pudo, cargada no, pero casi en su mano, casi en su pecho. Coka me devolvía el aire, la confianza, aunque no fuera suficiente. Sé que, si se lo hubiera pedido, se hubiera quedado conmigo hasta el final, hasta el final de mi espera, sobre aquella piedra, o hasta el final del camino, llevándome así fuera arrastrada, como un fardo.

A estas alturas, sospecho que lo sabía. Me vio levantarme temprano y ponerme los zapatos, desayunar, preguntar por alguna bebida energética…, y no me dijo nada, pero creo que en el fondo, sabía que no podría subir aquella montaña, que sería incapaz de completar los seis kilómetros desde la base del campismo hasta la cima aparentemente plana del Yunque.

El guía también lo sabía. Se lo habrá dicho la experiencia, los años de ver a grupos subir y a personas quedarse en el camino. Quizás lo vio en mi cuerpo, en la piel blanquecina de quien camina poco, o quizás en mis ojos, en algún sitio que ni siquiera yo pude descubrir, y por eso cuando, a la orilla del primer y único paso de río que tuvimos que atravesar le pregunté si habría otro, se quedó callado, como quien sabe que saberlo me sería tan útil como un par de botas de agua en Saturno. Quizás estoy siendo injusto y solo no me escuchó, o estaba tan absorto en sus problemas, que ni siquiera reparó en mí, una más entre aquel grupo de trepadores entusiastas.

Pero Coka sigue siendo un gran amigo y el guía un buen guía. Por eso los liberé, a los dos. Por eso, en algún momento de la subida, al primero le dije que no seguiría, aunque seguí, y por eso, cuando de pronto no supe qué trillo coger y aún podía escuchar su voz, preferí sentarme sobre otra piedra a llamarlo y encadenarlo de nuevo a mi lentitud, a mi falta de resuello, a mi trastabillar entre las piedras y las huellas frescas en el fango.

Subir lomar hermana hombres, pero divide grupos. Delante, van los de avanzada, con el guía, y después otro grupo, y uno más atrás, hasta llegar a la imagen de mí misma sentada en una piedra, escalando unos metros y descansando, teniendo extensas conversaciones sin interlocutor, mirando a la cima porque a esas alturas, solo la cima es importante, es todo, verla es el recordatorio de por qué el esfuerzo, el sudor corri{endote por el cuerpo, la gratificación a los pies adoloridos, al dolor en la espalda.

Eso y la vista, la vista inmensa del verde, de las montañas, del río a nuestros pies. Esa vista por la que vale la pena desgarrarse los zapatos, perder el aliento, subir de última sin nadie a quien pedirle ayuda, agua, una mano. Fue la visión de la cima lo que me llevó hasta allá arriba, mucho más allá de lo que yo misma pensé que llegaría, y su falta la que terminó por convencerme de la imposibilidad de lograrla.

Sentada, esperando al grupo en bajada, uno tiene tiempo para todo, para pensar, para ver. El verde de Baracoa, desde esas cimas, no es igual a ninguno, y la fauna variada, fuerte, colorida. Sentada, escuché decenas de trinos, vi artrópodos que nunca antes había visto, y en las palmas o los árboles, varios tipos de orquídeas, de plantas trepadoras, de helechos arborescentes que difícilmente pudieran transplantarse a otro sitio.

Sería genial tener una laptop, o una tablet, una hoja de papel y empezar a escribir. Es increíble lo bien que se piensa en medio de la nada. Las ideas llegan claras a la mente, como si luego de acostumbrarse al sonido neutral de la naturaleza, uno fuera realmente capaz de escucharse a sí mismo.

Pero no la tengo, no tengo, siquiera, la certeza de acordarme de todo lo pensado cuando baje la cuesta, así que después de un rato decido regresar sobre mis pasos, hasta donde pueda, hasta donde, de nuevo, me enfrente a una encrucijada que sea incapaz de resolver, y tenga que regresar a la piedra, esa piedra genérica que está en todos los caminos como esperando que alguien se detenga y se siente sobre ella,  la eliga entre todas como un trono de desesperanza o de tregua.

La bajada, para quienes nunca la han vivido, no es como la piensan. La bajada es una subida diferente, y no todos los santos ayudan. A mí, por ejemplo, me ayuda estar sola, lejos de los lentes y los flashes, a salvo de mis complejos…, tan libre que me permito bajar como puedo, sin necesidad de mantener las poses que, delante de otros, serían imprescindibles.

Entonces me sostengo a gatas, pero como gata bocarriba, o pongo las manos, el cuerpo de frente a la tierra y me aso a cualquier cosa que creo pueda sostenerme. Las bajadas, a veces, pueden ser más difíciles que las subidas. Las bajadas son las madres por excelencia de los accidentes, de los resbalones, y la hermana de fuerzas que, a esas horas, nuestro cuerpo es incapaz de controlar. La gravedad, el cansancio, el temblor en las piernas, la falta de azúcar en la sangre, las ganas de descansar, darse un baño caliente o un baño a secas.

Podría perderme en un campo de lechugas, pero el descenso marcha sin problemas. El río me guía, el murmullo inconfundible del río que, desde cualquier altura, puedo seguir como un hilo de Ariadna para llegar al mismo lugar desde donde partí. Si en la subida la cima era la promesa, en la bajada esa corriente viva es el alivio, la certeza de la salvación, de que pase lo que pase él siempre estará para guiarme.

De modo que, cuando por fin el río deja de ser un murmullo y se convierte en visión real, en corriente que te retuerce el cuerpo y la voluntad, en peces, en pequeñas cascadas que lo mantienen oxigenado, y vivo, me aso a él, me sumerjo y me dejo llevar, arrastrar por entre las piedras enormes, hasta que el abandono se vuelve peligroso y retomo el control sobre mi cuerpo.

Quisiera quedarme allí mismo, pero tampoco puedo. Tomo un poco de sol y al rato, vuelvo sobre mis pasos. Rebaso el río, dejando detrás a un par de pescadores que me informan que en medio de la corriente se esconden los robalos y los camarones, y me abandonan llena de intrigas y preguntas, para perderse en la corriente que, ante el ojo inexperto, pareciera marchar sin sorpresas.

Ya no puedo pensar bien, y los sonidos, los ruidos del mundo vuelven a poblar mi cabeza, a competir con mis pensamientos, con la frases que arriba, sentada sobre aquella piedra desnuda,  llegaban preclaras, como esas frases donde pudiera caber el mundo, esas frases que son de punto y final, definitivas. Así que me escondo de mí misma, y miro el paisaje. Me fumaría un cigarro, me tomaría una cerveza y empezaría a escribir, pero no tengo laptop, ni tablet, ni un papel decente.

Me hace falta un cigarro, y una cerveza, pero solo tengo la memoria, y las palabras del Coka que allá arriba, mientras me decía !arriba, Lily!, me pidió una crónica, una crónica donde no podía faltar la palabra obesa, obesidad, o cualquiera de sus derivaciones o sinónimos…, pero solo tengo la espera, el deseo de llegar a mi casa, tomarme unas pastillas, unas cuantas pastillas para el dolor, encender la computadora, y cumplir, de una vez y por todas, mi palabra.

 

Por:

https://eskinalilith.wordpress.com/

Crónicas de Guantánamo: El Yunque

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El Yunque no es de metal, es una montaña de rocas, tierra y árboles, una montaña cuadrada como la cama de un gigante madrugador. Al Yunque subimos cruzando el Duaba, un río de aguas transparentes y con prisa. El Duaba es hermano del Toa, uno tiene historia, el otro record.

En la base de la montaña se cultiva el coco y el cacao, las dos plantas maravillosas que sostienen la economía de la zona. Entre la foresta se distinguen los techos de las haciendas y los secaderos. El camino a la cima sube culebrino eludiendo los abismos, sostenido entre las rocas, marcados por el socavón de la lluvia. Poco a poco se supera altura y se llega al alto.

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En la cúspide alguien erigió un busto del general Maceo. Con ojos de eternidad observa al este. Allí está el lugar donde desembarcó la goleta Honor. En esa playa las enormes olas destrozaron la embarcación pero el honor quedó intacto y aún sobrevive en la cabeza de bronce y en la mirada eterna del héroe que no ha olvidado la dolorosa ruta de la libertad.

Compartimos con el titán el paisaje. Toda la geografía de la costa. Las desembocaduras de los ríos la arcada de la bahía, los valles y los deltas y más allá, el Paso de los Vientos: Cuna de tormentas, pasarela de huracanes. Compartimos el paisaje y aprendemos, de la natural persistencia de los fundadores, el acomodo de las dimensiones: En lo alto el viento y el sol; en la hondura el mar, en el pecho el amor.

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Las montañas son retos sobre el horizonte. Las montañas seducen con sus enormidades. Ella en cambio es apenas una avecilla pero igual seduce. Los sé por el rayo que me anima desde sus manos apoyadas en las mías durante la ruta de ascenso, lo sé porque elaboro latidos al verla, con sus artes de mariposa equilibrar el paso al cruzar las rocas.

Quien trepa serranías sabe que con iguales fuegos se marcan en la piel las rutas del sacrificio y de la pasión.
Descendemos, el calor obliga a meterse en la fresca corriente del Duaba. Aún sumergido puedo ver entre las copas de los árboles la cuadrada silueta del Yunque, ese que no es de metal sino de rocas, tierra, árboles y parece la cama de un gigante madrugador y enamorado.

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por: https://www.facebook.com/rcruzfajardo

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