Tag: Cuba

Periodismo de Barrio ya se hizo (y es hermoso)

Así nos recibieron en Pueblo Nuevo, Centro Habana

Blog: Polémica Digital.  de Elaine Díaz

Amigos y amigas…

Ustedes que están del otro lado del correo electrónico y han sumados sus direcciones voluntariamente para tener las primicias sobre Periodismo de Barrio, ustedes que ni siquiera se conocen entre sí pero no han dejado de creer, ustedes que probablemente se hayan vestido de blanco en 2009, durante aquellos días del concierto Paz sin Fronteras, cuando parecía imposible que Juanes y Olga Tañón se le unieran a los Van Van en La Habana y gritaron junto al maestro Formell aquel “ya se hizooooo, duélale a quien le duela”… Para ustedes es este primer correo electrónico de una nueva organización periodística sin fines de lucro enfocada en las historias de las comunidades afectadas por desastres naturales o aquellas que, por su localización, son vulnerables al impacto de fenómenos naturales como huracanes, inundaciones, sequías, fuegos, deslizamientos de tierra, u otros ocasionados por la incidencia del hombre.

Periodismo de Barrio, como Paz sin Fronteras, ya se hizo. No sin tropiezos. No sin malos ratos. Pero se hizo. Y el número cero, que saldrá el próximo domingo – debo decirles – es hermoso. El primero de agosto de este año, cinco jóvenes periodistas nos lanzamos a recorrer los principales municipios afectados por las inundaciones súbitas del pasado 29 de abril. Llegamos hasta Centro Habana, Cerro, La Habana Vieja y 10 de Octubre. Tocamos las puertas de las casas una y otra vez y nos recibió gente sencilla, de bien, gente que te da guayabas y agua fría y refresco de pipa gaseado. Recorrimos los barrios de la mano de los gobiernos locales, cogimos la ruta 26 en el Hospital Naval y nos sentamos a escuchar a quienes predicen el clima en Casablanca. Nos pasamos una tarde con el comando de Rescate y Salvamento que alejó tantas muertes ese día. E hicimos periodismo. Ese periodismo cuya vocación está profundamente vinculada con el servicio público.

Algunos nos negaron entrevistas. Otros desconfiaron de nuestras intenciones. Pero para todo ello estábamos preparados. La desconfianza nos hizo más fuertes. Nadie debe confiar en otro sin ver el resultado de su trabajo antes. Y eso es lo que queremos mostrarles el 18 de octubre. Nuestro primer número se basa en el acto de fe de aquellos que quisieron ser los primeros en arriesgarse, de esos que tenían tanto que decir que prefirieron hablar a permanecer callados.

Tiene cinco reportajes larguísimos, reposados, porque hacemos periodismo lento, y entrevistamos a las mismas personas una y otra vez, y verificamos cada dato, y contrastamos cada fuente y somos poca gente y tenemos pocos recursos. Periodismo de Barrio no se lee en un día. Guárdenlo en su navegador. Abran cada semana un reportaje, descubran junto a nosotros esa Cuba que no se ve en Facebook, ni en Twitter, una Cuba que no es noticia de último momento. Y no dejen de enviarnos su opinión. 

Tiene, también, un perfil de un delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular. De un hombre de bien. De un hombre con un bote rojo sin remos que entra a un barrio insalubre a salvar gente. Alguien que nos monta en su moto con sidecar y nos lleva a San Felipe y a quienes sus vecinos respetan. Tiene imágenes dolorosas, porque a seis meses de las lluvias, hay quienes siguen durmiendo en los esqueletos de sus colchones en el piso, e imágenes desde la esperanza, porque a seis meses de las lluvias hay barrios que han sabido gestionar soluciones. Tiene un editorial que dice quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos.

Y no tiene ni un centavo que no sea del dinero que ahorré yo, Elaine Díaz, durante mi estancia como becaria en la Nieman Foundation for Journalism de la Universidad de Harvard. Hay quienes usan sus dineros para comprarse casas, o carros, o ropa, o zapatos, o comida. Hay quienes lo usan para viajar. Hay quienes compran sexo. Hay quienes compran ideologías. Y hay quienes se deshacen de él. Porque el dinero, seamos honestos, corrompe. Quien nada ha tenido, nada pierde. Yo tuve mucho, tuve a mi familia, y tuve Campo Florido, y tuve una finca que me salvó de pasar hambre en los ´90 – durante el periodo especial. Sé sembrar tomates y vender mamoncillos en la playa con la misma impertinencia con la que escribo.

Si mañana Periodismo de Barrio no pudiera seguir por causas ajenas a nuestra voluntad – como un cataclismo climático – si no hubiera un número uno que alumbrara ese número cero que saldrá el domingo, aún así habría valido la pena cada segundo de estos dos meses. Por Mónica, por Julio, por Geisy y por Tomás – que son los nombres que verán una y otra vez firmando los trabajos. Deben memorizarlos, porque no todos los días se encuentran periodistas con almas tan limpias y vocación tan clara. Pero, sobre todo, habría valido la pena por todos esos que nos miraron con los ojos bien abiertos porque nunca antes habían sido escuchados, por todos los que nos tendieron la mano, por todos los que creyeron y creen que hacer algo diferente en Cuba, hoy, no solo es posible, sino necesario…

“Cuando llueve todo sea moja, dice un refrán, pero aún más los pobres”, así comienza Lemebel una crónica sobre las inundaciones en Chile y así empieza Periodismo de Barrio.

 

De madrugada en Infanta y 23 o ¿Incorrecta actuación de la policía? (+Audio)

policiaNo suelo salir los sábados en la noche, pero un amigo cubano que vive en los Estados Unidos y vino de visita me insistió en que mi pareja y yo le acompañáramos a dar una vuelta. Sobre las nueve y media o diez de la noche llegamos a Infanta y 23, en el Vedado, uno de los puntos de reunión de la comunidad LGBT desde hace bastante tiempo, a escasos metros del Malecón habanero.
Corría una agradable brisa marina en la esquina frente al Ministerio de Comercio Exterior, y nos sentamos a conversar y tomar unas cervezas sobre la amplia plataforma de granito que rodea a ese edificio. Al principio había pocas personas, pero luego llegaron más, sobre todo jóvenes, como dicen que usualmente sucede allí los fines de semana.
Conversamos de lo humano y lo divino, e incluso me encontré con colegas y amistades de la prensa y el activismo. El tiempo pasó rápido. La gente hablaba, enamoraba, flirteaba, escuchaba música o hacía quién sabe qué con sus teléfonos móviles, exhibía sus peinados y atuendos de moda, en fin, eran felices.
En las más de cinco horas que estuvimos en esa esquina no vimos ninguna discusión o incidente, pero la tranquilidad terminó al filo de las tres y media de la madrugada cuando la Policía llegó con un aparatoso despliegue de infantes y silbatos para despejar el área. Había que ir para el muro del Malecón: esa era la orden. Porque sí.
Según me contaron después, esto sucede en el lugar con mucha frecuencia. El capitán de la Policía con quien traté de razonar al respecto, también lo confirmó. El oficial nos explicó los motivos de la medida, pero sinceramente, no me convenció. Porque, además, tuvo que darme la razón acerca de que no sucedió nada esa madrugada que justificara la actuación policial.
¿No habrá otra manera de prevenir las supuestas indisciplinas que puedan ocurrir —pero que no ocurrieron, al menos esa noche— sin causar esa impresión de desalojo masivo? ¿Por qué pueden sentarse en ese mismo sitio quienes navegan por wifi y no las demás personas? ¿Es legal impedir la permanencia en una zona pública que no tiene ninguna señal de restricción en el acceso?
Llamo a las autoridades policiales y del gobierno de la capital a reflexionar sobre esto.
Aquí el audio de nuestra tensa conversación con los agentes del orden público:

Fidel Galván y el telón que nunca cae (+Audio)

fidel-galban-ramirez-portada(Escuche en este enlace el documental “A las puertas de lo insólito” sobre la vida de Fidel Galván Ramírez)

No fue una partida, más bien una llegada. No salió de este mundo, sino que entró al universo de la eterna sonrisa. El niño nos mira desde el escenario, junto a sus muñecos, bromea y hasta vemos cómo guiña un ojo. Lo acompañan Tin el Sabio, Raulín, Tina y Fina las vecinas que hablan sobre la fantasía como algo posible. El Gato simple, siempre amigo del pícaro ratón, nos señala una estrella que rutila sobre las dos iglesias de San Juan de los Remedios, la luz sube hasta el Tesico y se vuelve amor.
Fidel y su fidelidad al arte, Galván y su galvánica energía para tornar inolvidable lo olvidado. El Maestro (o el niño) se sitúa en la floresta de los símbolos de que hablara Beaudelaire, en ese Parnaso de los sabios locos de encanto, donde yace la poesía como oro de dioses. Aún durante mucho tiempo obrará su mística sobre el cielo de Remedios. Tendrá la noche que competir con la risa que el niño esparce desde el retablo de muñecos.
Entonces habrá esa luz en los ojos de tantas generaciones que oyeron la música de los viejos titiriteros de feria, a la sombra de un Fidel que creció hasta nublar el horizonte del teatro para niños en Cuba. Su misterio, tan simple como profundo, consiste en una pizca de polvo de asombro con mucha ternura. Los personajes, tan ciertos como increíbles, podrían toparnos en cualquier calle de este u otros mundos.
No salió, entró, no descansa, vive. Está sentado ahora mismo en la luneta de la primera fila. Podemos verlo con su barba larga y cuidada o quizás mucho más joven, un niño que aún sueña con la actuación. Un Maestro que aprende de cada destello y describe en la lluvia el tintineo de las verdades menos ocultas y más difíciles.
Como toda obra de gran poeta, sus letras se extienden en la estera del tiempo hasta volverse inconclusas. Remedios no llora a un hijo, no hay lágrimas en la risa de tantos rostros. Las sombras pierden lugar porque el artista sobrepasa al hombre. El telón jamás cae cuando el aplauso es incesante, merecido, inevitable.
Seguirá allí, en esos niños que ya son viejos y serán siempre niños. En aquellos que acaban de nacer, en los que están por llegar. Fidel Galván pasa sobre los tejados de Remedios envuelto en luces y músicas de retablos medievales, llegará para alegrarnos en las fiestas de San Juan y las parrandas. Quizás durante otros quinientos años. La gente será simple y brillante como el Gato, inocente y despierta.
Esta vez el telón no caerá, las luces están encendidas, el público sigue de pie. Será que al fin se entiende que los poetas tienen un alma lumínica, que jamás fenece incluso bajo el olvido y el vituperio. Pero Galván cuenta con el amor de todos y más aún: él mismo es amor. Lo acompañan de un lado su Rabindranth Tagore y del otro José Martí. A sus espaldas hay una luz demasiado intensa como para nombrarla.
No salió, lo vemos entrar, camina hacia la floresta de los poetas. Alguien menciona la palabra genio, otros murmuran frases entre ruidos de escenario. Las luces nos ciegan y apenas lo vemos cuando su risa se oye más alto, allá, en lo alto del universo, donde otras risas lo reciben.
El telón sigue sin caer, la obra continúa.

(Por: Mauricio Escuela)Tomado de La Letra Irreverente)

 

¿Prohibido tatuarse?

“No solo se trata, en el caso del tatuaje insular, de la prueba que puede representar, desde el punto de vista del sacrificio del cuerpo, la inscripción dolorosa de la carne, sino también del valor que supone su asunción en un país donde ha sido ampliamente marginado.” Margarita Mateo

tatoo-755x490Aunque miles de personas lo ignoran y violan la ley, pagar por un tatuaje en Cuba es ilegal, según contempla la legislación vigente en el país. Por tal motivo, numerosos locales donde se realiza este arte corporal han sido cerrados en la isla, fundamentalmente en La Habana. Los funcionarios del Departamento de Inspectores Supervisores de la capital (DIS) han abordado a los creadores en sus estudios, con la orden expresa de desmantelarlos. Ante el temor del decomiso y las multas, la reacción de quienes ejercen el oficio ha consistido en dejar la actividad o proseguir en ella de manera clandestina. Aún muchos clientes y amantes de la manifestación artística se interrogan por el motivo de la arremetida. ¿Por qué razón ya no puedo hacerme tatuajes?, se preguntan. “No es una prohibición de ahora, sino que simplemente nunca estuvo permitido. El Estado ofreció una gama de opciones para ejercer el trabajo por cuenta propia, que aparece normado en la Gaceta Oficial #27 Extraordinaria del 26 de septiembre del 2013, y entre las actividades autorizadas, el ejercicio del tatuaje no aparece recogido. Lo que el documento no regule, queda inmediatamente en el terreno de la ilegalidad”, aclara Alberto Castro García, abogado adjunto del bufete colectivo José Martí, en Centro Habana, quien junto a su colega Carlos Manuel Díaz ha brindado asesoramiento a las personas afectadas. En dicha legislación, se excluye explícitamente esta variante de las artes visuales. En la descripción de la actividad “pintor-rotulista” se especifican las limitaciones: “Realiza rótulos de todo tipo, tamaños y colores, en objeto y superficies, que no incluya la piel de las personas”. Este tecnicismo en la elaboración de la norma priva de seguridad jurídica a decenas de personas que viven de tatuar, algunos con más de 20 años en la actividad. Tal es el caso de Leo Canosa, reconocido artista y fundador del estudio La Marca, en La Habana Vieja. “Nosotros también estamos a la expectativa de lo que pueda suceder. Por suerte aún no nos han tocado a las puertas y seguimos haciendo el trabajo. Conocemos que han cerrado algunos locales, y hemos invitado a nuestro espacio a colegas que se han visto en esa situación o con temor de caer”, afirma Canosa.

¿Negocio nuevo o viejo arte?

“En Cuba, el tatuaje es una antigua tradición cuyo origen parece remontarse a las antiguas escarificaciones de los esclavos africanos traídos a la isla, en diálogo fecundo con la tinta de los culíes chinos”, aclara la ensayista y profesora Margarita Mateo, en el ensayo “La piel y la memoria” (1). Durante siglos, esta práctica quedó reducida a círculos cerrados de personas, usualmente relacionadas a sectores marginados de la sociedad. Pero desde la segunda mitad de la centuria pasada, comenzó a proyectarse con un matiz más artístico. “El tatuaje, reivindicado en estos fines de siglo, puede ser asumido como símbolo del arte posmoderno, que se despliega en un nivel superficial y se resiste a cualquier intento de interpretación, (…) a la vez que expresa, en su propia superficialidad, un amplio sentido”, ha escrito Mateo. A pesar de la legitimidad que críticos de arte le ofrecen a esta expresión, el tatuaje en Cuba se ha visto institucionalmente limitado. Únicamente la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que agrupa a jóvenes creadores de la isla, ha ofrecido algún amparo a los cultores del género. No obstante, y aun sin existir regulación legal para la actividad, durante la década de 1990 se realizaron exposiciones colectivas y encuentros con artistas foráneos, lo cual consolidó la práctica del tatuaje en el país. De aquellas experiencias, surgieron exponentes en la isla que han proseguido su actividad hasta el presente.

¿Quién vela por la salud?

Aunque las autoridades han perseguido al tatuaje por constituir un delito económico, la arista más sensible del problema ha sido obviada por completo: la regulación de las normas higiénico-sanitarias para proteger la salud de la población. “Como no está contemplado legalmente, ninguna de las personas que realiza esta labor posee conocimientos avalados para tal práctica, al menos no con validez en el país. Quien se perfore la piel en estos sitios, corre el riesgo de contagiarse con alguna enfermedad, puesto que ningún especialista ha verificado que ahí se realicen correctamente los procesos de esterilización”, advierte la doctora Miriam Álvarez Viltres, especialista en medicina general integral. El director de La Marca, Leo Canosa, refiere que los tatuadores en el extranjero reciben cursos básicos de enfermería y esterilización, sin lo cual les resulta imposible obtener las licencias facultativas para ejercer el oficio. Como en Cuba no existe legislación al respecto, ninguna dependencia del Ministerio de Salud Pública puede velar por el respeto a las normas higiénico sanitarias. “Mientras no sea reconocido como una actividad económica legal, no se puede emitir una licencia sanitaria específica para este fin”, corrobora la doctora Álvarez, quien explica además que la situación imposibilita al sistema sanitario del país encargarse de la remoción de la tinta mediante la técnica del laser, por lo que muchas personas acuden aún al riesgoso recurso de las quemaduras. El sistema de salud cubano, prestigioso a nivel mundial, deja sin cobertura preventiva a miles de personas que practican este arte corporal, por el simple hecho de no adelantarse a la aprobación de una norma de carácter económico. En la mayoría de los países, las autoridades sanitarias dictan sus regulaciones específicas con independencia de las normas de orden tributarias o laborales. Tal es el caso del Decreto 35/2005 —en Cataluña— y la Resolución para la Regulación y Control del Funcionamiento de los Establecimientos de Estética Humana, aprobado este año en Venezuela. “Con la licencia sanitaria, podrían verificarse las medidas de respeto a la salud humana en estos establecimientos. De todas formas, las personas seguirán tatuándose y lo mejor es que lo realicen de manera organizada y segura”, propone Álvarez, quien también funge como profesora asistente de la carrera de Medicina en la Facultad Finlay-Albarrán.

¿Prohibido tatuarse?

Por el momento, los peritos no han seguido abordando a los creadores, confirma Yanser Fraga León, vicepresidente de creación artística de la AHS. “Hasta ahora, no nos han informado de nuevos decomisos ni inspecciones, por lo que suponemos que nuestros pedidos fueron escuchados por los funcionarios del gobierno provincial, a quienes responde la DIS”, declara a OnCuba. “En una reunión con esta entidad, les explicamos sobre la manifestación artística del tatuaje, porque se percibía desconocimiento sobre la materia. Tratamos de incidir para que terminaran los cierres. Consideramos, y así se lo transmitimos a la Dirección Provincial de Cultura y a las autoridades del gobierno provincial, que nos parecía erróneo, en pleno siglo XXI, tomar esas medidas contra las expresiones del arte”, informa Fraga León. Si bien la actuación de la AHS logró frenar momentáneamente la arremetida, aún persiste el vacío jurídico que impide la legalización de los tatuadores. Mientras no se modifique la norma, el problema persistirá indefinidamente. “La iniciativa debe partir del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, que son los entes facultados para aprobar la modificación de la Ley. Como se comporta la vida legislativa en el país, la vía más expedita constituye que un Ministro le proponga al Consejo de Estado legalizar la actividad, y que este determine los procedimientos a seguir”, explica el abogado Alberto Castro. El jurista apunta al Ministerio de Cultura como la institución clave para impulsar el proceso. También el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social debe intervenir, para expedir y controlar las licencias de cuentapropistas, y el Ministerio de Salud Pública para velar por las normas higiénico-sanitarias. Igualmente opina Yanser Fraga, quien adelanta que actualmente el Ministerio de Cultura realiza una consulta con las autoridades del gobierno provincial de La Habana, “para determinar cómo se actuará, de manera consensuada, con los tatuadores o artistas que se dedican a esta profesión”. Aunque el dirigente juvenil se muestra esperanzado, y afirma que “la consulta realizada con el Ministerio de Cultura debe redundar en la solución definitiva del problema”, los afectados no perciben en corto plazo la respuesta que valide su trabajo. Michel Martínez Guerrero, tatuador, artista y excoordinador de la sección de artes plásticas de la AHS, recuerda que en innumerables ocasiones ha abogado por el reconocimiento de esta labor. “Durante el II Congreso de la asociación, en 2013, le planteé al viceministro de cultura, Fernando Rojas, que cuándo se iba a atender el caso de nosotros. Eso viene en camino, nos respondió. Y desde entonces, mira cuántos obstáculos hemos enfrentado”, afirma Guerrero desde su estudio en Nuevo Vedado. Por el momento, estos creadores deben esperar el impulso de la norma jurídica que los legalice. A lo sumo, pudiesen “sensibilizar” a las autoridades encargadas de los procedimientos, como recomendaron los abogados que los asesoran. Pero mientras se resuelve el tecnicismo, pagar por un tatuaje en Cuba seguirá siendo un delito penado por la Ley. “La solución no puede ser prohibir el cobro”, reclama Yoandris Santos, quien ha practicado el oficio desde hace doce años. “¿Acaso debo invertir 300 dólares en tintas y máquinas que me traen del extranjero para tatuar gratis aquí? ¿A quién se le ocurrió eso?”, se pregunta con gran estupor.

1. Margarita Mateo. (1995). Ella escribía poscrítica. La Habana: Letras Cubanas.

(Por: René Camilo García)(Tomado de OnCuba)

La bolita: suerte propia y dinero ajeno

DSC_0024-opLos nombres y circunstancias de los personajes fueron cambiados para proteger su identidad) “…porque a las mujeres, la política y el azar nadie los entiende; pero no podemos vivir sin eso”, comenta el viejo apostador de bolita mientras anotan su número. Yo te doy 2 pesos, y si me salen, se vuelven mil. ¿Ustedes son comemierdas o el comemierda soy yo? ¿Cuántas veces tengo que apostar pa´ que me salga el parlé? Desde el año pasado cazo al 8 con el 88; parece que los sacaron del sorteo. ¿Y al 12? ¿Quién entiende al 12? El 12 es mujer santa y también puta. ¿Cómo el mismo número es las dos cosas? ¿Acaso en la vida es así?”… Prosigue el hombre su monólogo mientras Osvaldo le ofrece el comprobante. “Suerte, mi viejo; si te sale, acuérdate de mí que vine a recogerte”, dice, y se guarda las dos monedas en el bolsillo. El otro prosigue la perorata de la historia de su vida, que si con 17 años estaba tirando tiros en Etiopía, que le dieron una casa, una moto y un televisor cuando regresó ileso, que hubo quien no viró o quien lo hizo tuerto, manco o cojo, que en el Período Especial lo vendió todo para comprar comida y alcohol… Cada día desde hace 15 años, Osvaldo recorre religiosamente las calles de un barrio de La Lisa. No importa la lluvia, el sol, o el calor inclemente. Sin ser policía ni del CDR, conoce al detalle la vida de los vecinos. Anticipó, por ejemplo, el explote del jefe del almacén de comida de la zona. La suerte es loca, pero no estúpida, y el tipo no supo aprovechar su momento. En un tiempo perdió la cabeza y desviaba las rastras de arroz, azúcar, coditos, lo que fuera, a la vista de todos. En estas cosas hay que tener discreción. Toda la jama del barrio salía de sus traquimañas, y la paga iba directo a su morral. Empezó a jugarle 6 mil y 7 mil pesos diarios a más de 30 números. Tuvo contento a los banqueros, pero en una semana se sacó cuatro números consecutivos: 270 mil, 50 mil, 70 mil, y 270 mil otra vez. Casi arruina al banco. “Yo fui su listero los cuatro días. Con lo que me regaló, me compré la moto. Pero cuando el DTI le cayó encima un mes después, habló por los codos y la mierda se nos puso hasta el cuello. Por suerte las aguas tomaron su nivel. Él tenía que haber cogido una lancha y pirarse pa´ la Yuma, pero la avaricia rompió el saco, y en el tanque, seguro le rompieron otra cosa”, cuenta Osvaldo para el coro de consortes que en la esquina estallan de la risa. *** El negocio de la bolita en Cuba —que junto a las peleas de gallos constituye el juego prohibido más popular del país—, posee una estructura definida y estable que lo hace funcionar con eficiencia. Cada día se realizan dos sorteos, uno a las 2:15 pm y otro a las 8:15 pm. La información se obtiene vía Internet, mediante conexiones ilegales de televisión por cable o por estaciones de radio de onda corta. En los casos contactados asumen como referencia los resultados de la lotería de Miami. Para convertir el billete de lotería a los números de la bolita, se desecha la primera cifra del número que salió “en el Norte”. Los siguientes dos números son considerados como el fijo, y el par consecutivo como los corridos. Por ejemplo, si el resultado fuese el 423 57 80, el 23 lo asumen como fijo, y el 57 y 80 como corridos. El parlé sería la combinación del fijo con los corridos (23-57 y 23-80). Aunque en las diferentes zonas varían los premios, suelen poseer valores semejantes. Los corridos los pagan entre 20 y 30 pesos por cada uno apostado, los fijos entre 75 y 100, y los parlé de 900 a 1000. El verdadero empuje y masividad del juego lo aporta la gente que está detrás y que se enriquecen o pierden según su posición en el sistema. En el escalón más bajo de los organizadores, un ejército de listeros recorre las barriadas citadinas buscando a los clientes; o bien, como en el caso de Osvaldo, que es muy conocido en su zona, los jugadores visitan al apuntador para realizar las apuestas. Con jerarquía superior aparecen los colectores, que acuden dos veces al día —una por cada tiro de la charada— a casa del listero. Aquí recogen el dinero y las anotaciones para llevarlas al banco una hora antes del sorteo. Como no resulta propicio involucrar a tanta gente, algunos apuntadores hacen a la vez de colectores, pero solo aquellos elegidos tratan personalmente con el banquero, la figura clave y más protegida del engranaje. Existen muchos listeros que jamás llegan a conocerlo. Quien contrata a Osvaldo –llamémosle X– se involucró en la Bolita desde principios de los 90´s. Las cabezas del negocio suelen llevar décadas en él. La desconfianza que siempre muestran a flor de piel no es paranoia o capricho: además de las autoridades, los banqueros eluden a los maleantes que acechan su dinero y a los competidores que quieren arruinarlos. A la “bóveda” solo llegan las personas de máxima cercanía del dueño, casi siempre familiares. Algunos se encargan de organizar la información que traen los colectores, lo cual consiste en pasar en limpio y en una sola hoja todas las apuestas a las que debe responderse. Este es un momento crítico para el banquero, porque termina de realizarse después que se conoce el número salido. Si alguien lo traiciona e inventa una apuesta a posteriori, él no tendrá manera de comprobar y deberá desembolsar su dinero, por eso no le quita el ojo al proceso. El misterioso banquero fue el padrino de Osvaldo. Amigo de su padre —muerto en una misión militar en África—, se encargó del cuidado del muchacho desde la adolescencia. De ahí la confianza y consideraciones mutuas. Además de la cercanía fraternal, Osvaldo es el apuntador estrella de la zona, por lo que recibe otros beneficios por su condición, además del dinero que le corresponde. El hombre reporta cerca de 2 mil pesos diarios, de los cuales le toca el 20 por ciento, la norma general, según afirman diversas personas. Entre los banqueros existe competencia por robarse a los mejores listeros. Por eso, X estimula a su ahijado con dinero extra y con los premios de algún número. *** En casa, la mujer del listero prepara algo en la cocina. Se anticipa a la llegada de la hija. En pocos meses la niña cumplirá 15 años y papá “trabaja” duro para la fiesta. En los últimos tiempos, el hombre llega más tarde de la calle y corre riesgos superiores, pero gracias a eso incrementan los ahorros. X también los ha ayudado y promete aumentos. A Osvaldo lo envidia mucha gente que anhela su puesto. Afloran los enemigos. Otros listeros han comenzado a difamarlo para robarle clientes. Riegan en el barrio que no anunció el último aumento del banco al parlé —a mil pesos—, y sigue pagando los 900 de antes. Que el fijo lo mantiene en 75 y el corrido a 25, cuando ya los subieron a 100 y a 30. Que deben dejarlo a él y apostar con ellos. Osvaldo se defiende con la desmemoria, alega que en ese mismo mes iba a pactar las nuevas tarifas. De repente, llega un joven inspirado con un billete de 100. “Ayer soñé, y viví, y tengo la certeza”, dice. “Voy a ganarme to´ esa mierda. Ponle 20 pesos al 98, fijo, y 20 más al 71, y otro Camilo al 69. Ponle 20 a cada parlé”. Osvaldo le entrega el comprobante al muchacho. Un par de horas después su mujer sirve la mesa. La niña no para de hablar de todos los fotógrafos que le recomendaron en el aula. El que prefiere la muchacha cobra 200 CUC por el álbum. El estudio queda en una finca en las afueras de la ciudad. El padre llega a tiempo para almorzar con su hija antes de la visita del colector. Nunca le ha gustado que ella lo vea en los trasiegos del negocio, aunque no la mantiene en la ingenuidad y le ha enseñado cuándo callarse y mantener la discreción. Luego, sobre la mesa de la que han retirado los platos y cubiertos, el apuntador organiza la lista y el dinero que le pasará al banquero. Como es costumbre, selecciona los números que no reportará para quedarse con la ganancia. Cuando llega a la apuesta del muchacho inspirado, duda. Las jugadas pesadas siempre son peligrosas. Si sale uno de los corrido, debe pagarle 600 pesos; pero si es el 98, serían 2 mil. El parlé no, eso es casi imposible. Osvaldo calcula que si falla, cuenta con el fondo para asumir la apuesta. Lo puede restar de los ahorros de los 15 de la niña. Me voy a meter los 100 pesos y bien, se convence. A las 2:10 de la tarde, como siempre, enciende el televisor en el canal 3, el habilitado para el cable ilegal. Se coloca los espejuelos y termina de afilar el lápiz sobre una esquina del papel. Cada día, en par de ocasiones, experimenta la aceleración del pulso que tanto disfruta. Lo disfruta como ver un juego de béisbol, o un filme de suspenso; con la lejanía del observador que se sabe por encima del resultado, que siempre se siente ganador. Cinco minutos más tarde, caen en la pantalla encendida los números de la lotería de La Florida: 598 56 71. El suspenso se vuelve tragedia. Sentada en el aula, la niña de Osvaldo ignora que su fiesta de quince años se ha evaporado. En otra sala, un joven salta de alegría con su novia por los 20 mil pesos que se han ganado. Bendita sean tus piernas, le susurra al oído mientras le aprieta una nalga. (Por: René Camilo García)(Tomado del blog: La Letra Incómoda)

A %d blogueros les gusta esto: