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Un almuerzo con Fidel

tomado del blog Odas a mi Cuba

Madelín Ramírez

Raquel Enrique Cepero y su esposo amanecieron aquel día como cada mañana, preparando la leña para ablandar los frijoles y adobando la carne de cerdo para el asado. Debían además cocinar el pollo, pelar los plátanos, escoger el arroz y lavar los vegetales para la ensalada.

Sobre las once de la mañana, como de costumbre, llegarían los visitantes. El restaurante La Casa del Campesino, en Las Terrazas, hoy provincia de Artemisa, donde el matrimonio trabajaba y vivía desde hacía algunos años, era ya conocido por la excelente comida criolla que aún ofertan.

Raquel no sospechaba entonces quiénes serían los comensales hasta que su esposo la alertó. La campechana cocinera empezó a temblar cuando lo vio frente a sí y todavía hoy se emociona cuando rememora el instante en que Fidel le preguntó qué estaba cocinando.

El Comandante no viajaba solo ese día de marzo del año 2000, le acompañaban el dramaturgo y guionista estadounidense Arthur Miller, la fotógrafa de origen austríaco Inge Morath, el novelista y ensayista William Styron, y el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez.

En una pared de la sala cuelga el cuadro de Fidel, abrazando a la pareja. Raquel sonríe y cuenta que ellos pidieron hacer esa foto, pero fue el propio Fidel quien llamó a los demás para que también se retrataran.

Casi 18 años después llegamos a su cocina y ahí está ella. Mientras limpia el arroz para almuerzo accede a la entrevista. Sus manos continúan la faena ininterrumpidamente como quien escoge entre los granos los pedazos de recuerdo. Los ojos le brillan y la voz simpática y tierna hipnotiza a los entrevistadores.

Ante la pregunta de cuál fue el secreto del menú aquella tarde, confiesa que la comida criolla necesita ese sabor peculiar que da el fogón de leña, algo imposible de atrapar con la modernidad.

Sin haber pasado jamás un curso de cocina, la encantadora guajira insiste en que la magia está en ponerle amor a todo lo que se hace.

Está segura de que aquella delegación de grandes artistas que acompañaron a Fidel percibió ese ingrediente y hasta la propia naturaleza se sumó al festejo.

Nos acababan de poner la luz eléctrica y hacía como seis meses que no llovía, pero ese día llovió, Fidel y sus amigos estuvieron aquí desde la una hasta las cinco de la tarde y nosotros no lo podíamos creer, concluyó.

El hombre de las causas justas.

tomado del blog El joven cubano

Los gritos de aquella mujer negra en el barrio La Pista, de Jagüey Grande, resonaban al viento; se quedó sin casa ante el embate del poderoso huracán Michelle, el fatídico cuatro de noviembre de 2001, y el presidente de Cuba entraba por lo que fue la puerta…
Fidel Castro, al domingo siguiente, visitó el Consejo Popular del histórico Central Australia. Amable Tobías Casanova, el entonces delegado de la circunscripción 47, informaba al Comandante que los aproximadamente mil habitantes de 82 viviendas quedaron sin techos, ni muebles; pero todos vivos.
A la mujer, cuyo nombre escapó a la agenda de esta periodista, le costaba creer que Fidel estuviera parado en lo que fuera la sala de su casa, lo abrazaba y las lágrimas fluían por su rostro, mientras el líder revolucionario con voz segura afirmaba: “Estén tranquilos, se les brindará el apoyo, todo se resolverá…los daños se resarcirán en tiempo récord…”
Un año después en su nueva casa, más confortable para resistir otros vientos, una inmensa foto que dejaba para la historia el abrazo entre Fidel y aquella humilde mujer constituía el centro de la espaciosa sala.
Así sucedió una y otra vez, durante ciclones, accidentes, celebraciones… A la provincia de Matanzas llegó el Comandante en numerosas ocasiones, se le podía ver a pleno sol de un domingo de verano proyectando lo que sería la carretera confortable que une a la ciudad cabecera con Varadero, cuando se removían las piedras de lo que sería más tarde el oportuno Viaducto.
En plena zafra azucarera, detrás de cada detalle de la producción de cítricos en la empresa que, hace 50 años, fundó para el futuro, preocupado por la generación de energía eléctrica, la extracción de petróleo, en el plan de escuelas en el campo, el mayor de Cuba, donde el precepto martiano de estudio-trabajo cobró plena vigencia, así los matanceros vieron a Fidel.
Con su visión característica inauguró hoteles en la Península de Hicacos, y hacia allí también acudía cuando los fenómenos
climatológicos afectaban el territorio occidental del país, ante los ojos incrédulos de miles de turistas foráneos, que no entendían cómo el Presidente de una nación arriesgaba la vida para intercambiar con ellos.
En la escuela Marcelo Salado, de Cárdenas, ante el pupitre vacío de Elián, el niño víctima de la Ley de Ajuste Cubano, quien estuvo secuestrado por la extrema derecha cubano-americana de Miami, el Comandante en Jefe aseguró que sería una batalla de la que no quedaría ni trizas del prestigio del gobierno norteamericano, porque la razón estaba de nuestro lado.
Los vimos asistir a los cumpleaños de Elián, conversar con los niños, inaugurar el museo A la Batalla de Ideas, “único de Cuba y el mundo”.
En cada jornada la mirada firme de aquel con gorra roja y empapado en sudor me reafirma que el hombre de las causas justas nos acompaña a toda hora.
-“Periodista – me dijo- estuve en África, fui combatiente internacionalista, cuando usted quiera puede ir a mi casa, o a donde
vive mi madre, tenemos muchas historias que contar, estos son tiempos de no olvidar, la gente tiene que saber, los jóvenes tendrán que seguir, vivo orgulloso de ser cubano, yo también me llamo Fidel…”

La traductora japonesa de Fidel cuenta sus anécdotas

Por: Carlos Miguel Pereira Hernández
tomado del blog Guayacan de Cuba
Michiyo Yamanaka, traductora de la Embajada cubana en Japón, quien trabajó en varias ocasiones con Fidel. Foto: EmbaCuba Japón
En un encuentro reciente en la Embajada Cubana en Tokio, se reunieron estudiosos de la vida de Fidel de Cuba y Japón y también personas que lo conocieron. Entre los testimonios de ese día no podía faltar el de nuestra insuperable y querida Michiyo Yamanaka (Ino-san), quien desde su labor ininterrumpida como traductora de nuestra Embajada en Japón a lo largo de más de 50 años, conoció personalmente a Fidel, a quien le tradujo en disimiles ocasiones. Sus vivencias al respecto hablan por si mismas:
“En febrero de 1972 hice mi primera visita a Cuba, acompañando al ya difunto Sr. Ryoici Kawai, entonces Presidente de la empresa Komatsu, fabricante de equipos de construcción. El Sr. Kawai fue uno de los primeros empresarios japoneses en visitar la Cuba revolucionaria, convirtiéndose también en uno de los pioneros de las relaciones económicas entre Cuba y Japón.
“Durante su estancia en Cuba, el Sr. Kawai fue invitado a almorzar con el Comandante en el Palacio de la Revolución. Fui con él como traductora. Fue la primera vez que tuve el honor de ver y traducirle al Comandante. Cuando el Comandante apareció en la sala donde esperábamos, recuerdo que sentí temblar de la emoción.
“Después de terminar el almuerzo, ocurrió algo inesperado. El comandante invitó al Sr. Kawai a hacer recorridos con él mismo para conocer dónde trabajaban sus equipos. Salimos en un jeep; increíblemente, Fidel manejándolo. A su lado sentado el Sr. Kawai como si fuera su copiloto, y los asientos de atrás, los ocupamos el entonces Embajador de Cuba en Japón, Sr. Ricardo Cabrisas, hoy Vicepresidente del Consejo de Ministros, y yo como traductora. El resto de miembros de la delegación de Komatsu y las escoltas del Comandante iban atrás en otro jeep y un camión.
“Los recorridos duraron casi cuatro horas visitando muchos lugares, incluyendo las obras de la construcción de la gran carretera de Ocho Vías, donde trabajaban los equipos de Komatsu. Fidel, sin guía, llevó la caravana a dondequiera que quería enseñar. El Sr. Kawai estaba asombrado y maravillado porque el Comandante conocía hasta los últimos detalles de la distribución del parque de los equipos de Komatsu. En las calles que pasamos y adonde quiera que llegáramos sin aviso previo, la gente saludaba al Comandante agitando las manos y gritando “Fidel, Fidel”, todo el mundo, desde los niños hasta los ancianos. Conocía por los libros cómo el pueblo quería a su dirigente, pero lo experimenté de cerca. Desde entonces he tenido muchas oportunidades de traducir al Comandante. Siempre me ha impresionado su carisma, de ser hombre muy natural y de calidad humana muy alta.
“(…) En marzo de 2003, cuando el Comandante realizó su segunda visita a Japón, viajó hasta Hiroshima. En la Embajada en Tokio, habíamos preparado los detalles de su visita a Hiroshima en coordinación con las autoridades de Hiroshima, incluyendo las letras que se ponían en la cinta que llevaba la corona de flores que el Comandante colocaría ante el monumento de las víctimas de la bomba atómica.
“En la madrugada del mismo día de la visita a Hiroshima, me llamó por teléfono el entonces Embajador de Cuba en Japón, Sr. Orlando Hernández, porque el Comandante se interesó por las letras que se ponían en la cinta y en vez de la preparada solo con su nombre y el cargo siguiendo las costumbres protocolares, quería poner “A LAS VICTIMAS INOCENTES DE HIROSHIMA Y NAGASAKI”. Esperé para ser las 7:00 a.m. y llamé al funcionario de la Ciudad de Hiroshima con quien hacíamos las coordinaciones. Como la corona ya estaba todo preparada, pensé que se molestara por tener que cambiarla. Por lo contrario, él con el aire de estar emocionado, aceptó con gusto el cambio del texto. A un ciudadano de Hiroshima, le habrá conmovido la actitud del Comandante, de no hacer su ofrenda floral solo protocolarmente, sino con sus sentimientos. Cuando llegamos a Hiroshima la corona estaba preparada con el mensaje que el Comandante quería transmitir.
“En ese mismo viaje, recuerdo que la visita iba a ser de uno solo día, pero cuando llegamos al aeropuerto de Hiroshima para regresar, se supo la noticia de que las condiciones del tiempo en el cielo no eran buenas. El avión especial del Comandante y dos aviones más estaban estacionados en el aeropuerto con el permiso de estar sólo por las horas del día. La extensión de su estacionamiento necesitaba negociaciones complejas. La delegación debía viajar al Aeropuerto de Narita de donde saldría del país. Llegaron las noticias de que el cielo de Narita estaba despejado. Entonces el capitán del avión del Comandante estudió el mapa meteorológico y se mostraba muy cauteloso. Cuando todo el mundo se inclinaba a la posibilidad de volar, el Comandante decidió quedarse respetando la opinión del capitán. Nos quedamos una noche más en Hiroshima. El día siguiente, se continuó viaje hacia el Aeropuerto de Narita.
“Yo iba en el mismo avión especial del Comandante junto con unos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón. Uno de ellos me dijo que es posible que Fidel haya salvado nuestra vida. Hubo una tremenda tempestad en Tokio, por donde iba a volar el avión. Dicen que fue una tempestad inusual por su fuerza. Hubiera pasado algo si se había forzado a volar. El funcionario del MINREX japonés dijo que Fidel tenía algo muy especial que le permite olfatear el peligro de la vida, por eso ha podido sobrevivir en la guerra revolucionaria y posteriormente a pesar de tantos planes del atentado contra su vida. Según él, ese día Fidel ´nos salvó la vida´”

¿Para dónde vuelan los flamencos?

Por Giraldo Mazola

tomado del blog: Segunda Cita

Ser fidelista no es una desviación de la teoría marxista. Es ser marxista, martiano y tener una confianza infinita en la genialidad de un dirigente -de los que nacen cada cien años y que nuestra generación tuvo la suerte de coincidir con él- y de participar bajo su guía en la gesta definitiva de la redención de la patria.

Esa confianza se va materializando y consolidando poco a poco, mediante sus acciones cotidianas, sus análisis, su estilo de encontrarse siempre en la primera línea de cualquier combate contra enemigos o desastres naturales.

No se trata de una aceptación superficial de las decisiones o criterios del jefe sino la convicción de que sus opiniones a veces soñadoras, -pues un revolucionario siempre debe soñar-, aún cuando no se comprendan en su dimensión al principio, después advertimos que mientras nosotros habitualmente vemos facetas inmediatas de una situación, generalmente él suele apreciar aspectos de más largo alcance.

Recuerdo muchas ocasiones en las que yo estaba sumergido en la cotidianidad y Fidel además de apreciarla se proyectaba a cuestiones perspectivas donde ese problema perdía su dimensión  para ceder el espacio a las de su perspectiva.

Hay infinidad de anécdotas de esas ensoñaciones y de esa confianza en la visión de un futuro asequible cuando el camino presente parecía preñado de obstáculos insalvables. Raúl relata lo que sin dudas es el ejemplo cardinal de lo que digo al explicarnos el encuentro de ambos con el diezmado grupo que sobrevivió a la emboscada de Alegría de Pío, rodeados de miles de soldados  y su afirmación de que con ese exiguo grupo ganaríamos, como ganamos, la guerra que se iniciaba.

Además lograba contagiarnos de esa confianza en el porvenir pero educándonos a soñar y a analizar todas las circunstancias presentes y futuras. Lo percibí cuando René Rodríguez bajó de la sierra en 1957 para llevar al periodista norteamericano Mathews a aquella entrevista histórica y luego para hacerse cargo de los grupos de acción de la capital, quien venía permeado de esa forma de pensar y actuar que inculcaba Fidel.

Quiero referir mis recuerdos de un hecho ocurrido en Camaguey en la década del 70. Fidel impulsaba y supervisaba la ejecución de la infinidad de planes de nuestro desarrollo no únicamente con reuniones en la capital sino con recorridos frecuentes por el país. Eran un método muy práctico para constatar en el terreno su marcha y contagiar a todos sus ejecutores la fe necesaria para vencer obstáculos que parecían a veces insuperables. No acostumbraba a avisar con mucha antelación sus visitas ni a anticipar lo que se proponía recorrer o chequear. Al menos ese es el recuerdo que conservo de Camaguey.

En una ocasión advirtió casi una semana antes su visita y su interés por visitar las fábricas de fertilizantes y de cemento de Nuevitas, la playa de Santa Lucía y el Rectángulo Ganadero de Guáimaro.

Tomamos ante el aviso todas las medidas para revisar y controlar todo lo que estaba en nuestros proyectos de desarrollo y los fundamentales planes de la agricultura y la zafra.

Héctor Argilés, joven combatiente del 26 de julio de Regla que se incorporó a las FAR y llegó a ser el jefe de operaciones de la división 2350 que dirigía el comandante Rogelio Acevedo y era el ariete defensivo de la capital, era entonces el primer secretario del Partido en Nuevitas y se dedicó a revisar todo lo que estaba en su jurisdicción.

Nuevitas contaba en 1959 con apenas unos 10 mil habitantes y un puerto que solo trabajaba medio año en correspondencia con la producción de azúcar y unas pequeñas industrias locales. El desempleo reinaba y la pobreza caracterizaba esa bella ciudad camagüeyana. Del proceso de industrialización propuesto por el Che ya operaba la planta de electrodos y la de alambre con púas, el combinado industrial Esteban Lugo, la fábrica de cemento, la termoeléctrica 10 de Octubre y el complejo químico de fertilizantes. El puerto dejó de ser monoexportador de azúcar para convertirse en la tercera terminal marítima del país en carga general y en el puerto alterno del de La Habana, manipulando más de un millón de toneladas métricas de mercancías. Se le añadieron una base de almacenamiento de combustibles y otra de amoniaco en Pastelillo, por donde también se realizan exportaciones de cemento. Las seis unidades de la termoeléctrica aportaban más de 600 megawatts-hora. El coloso productor de fertilizantes garantizaba el abono nacional para los programas agrícolas cañero y de cultivos varios a diversas regiones. Este florecimiento de modernas industrias representó la capacitación de miles de hombres y mujeres de allí, de Camagüey y de todo el país para el funcionamiento de las grandes plantas y las operaciones portuarias. Surgieron miles de empleos en las importantes ramas industriales y portuarias, y en la construcción de presas, acueductos y viviendas, para garantizar el hábitat a las nuevas familias que el propio desarrollo promovió en la región. Detrás vinieron las inversiones sociales de escuelas de todos los niveles, politécnicos, aulas universitarias, policlínicos, un hospital con excelentes servicios médicos y de urgencia, casas de cultura, redes de comunicaciones, emisora de radio y un canal de televisión. Su población creció hasta más de 40 mil habitantes.

Cuando se produce esta visita de Fidel, apenas catorce años después el cambio era extraordinario.

Además del control de los datos de la siembra de caña y las reparaciones en los dos centrales del municipio, Argilés los visitó repetidamente para precisar la situación así como los proyectos de expansión citrícola de Sola, la construcción de caminos, la marcha de las fábricas de cemento y de generación eléctrica, los planes de vivienda y la siempre tensa situación del puerto.

Incluso fue personalmente a recorrer el primer pedraplén que hacíamos de alrededor de dos kilómetros para unir el cayo Sabinal, con 335 kilómetros cuadrados y 33 de playas -que fuera base de operaciones de corsarios y piratas y de leyendas de tesoros enterrados,- y la tierra firme que ejecutaba el Chino, Rolando Cabrera, combatiente del ejército rebelde, con una pequeña brigada de equipos viejos consistente en un par de bulldozers, varios camiones y un cargador. Recibía el reporte diario de la marcha de ese trabajo pero lo visitó un atardecer. Cuando marchaba con el Chino dentro del cayo se sorprendió con un ruido no conocido y el Chino le aclaró que a esa hora cientos de los flamencos de Santa Lucía volaban por encima de la bahía hasta las casimbas del cayo. Se pusieron a observar y vieron varias decenas que venía planeando bajo para descender en ellas.

Desde luego fue exhaustivo en la revisión de la situación de las fábricas de fertilizantes y cemento donde felizmente todos sus índices de producción marchaban bien y también de la playa de Santa Lucía. Allí si había un buen enredo. La construcción de la carretera asfaltada que la comunicaba con la capital marchaba a un ritmo aceptable pero no así el primer hotel y el campamento que edificábamos en la playa con constructores de la CJC. El primero tenía un atraso de más de cinco semanas que después de numerosos chequeos sólo era posible reducirlo muy poco por la ruta crítica de la obra.

En fin que esperábamos que nos costaría una buena reprimenda cuando el comandante constatara esto. Incluso algunos pensaban que el conocimiento del atraso era la causa de la visita.

Al fin llegó Fidel e inició en la mañana siguiente el recorrido anunciado acompañado de Raúl Curbelo y Jaime Crombet, primer y segundo secretario del Partido en la provincia y de Argilés. La visita a la fábrica de Fertilizantes y a la de cemento fueron muy positivas por las frases estimulantes que dijo a los colectivos de trabajadores. Percatándose de la satisfacción del Comandante por la visita a las dos fábricas y el diálogo con sus obreros, al salir de la de cemento Argilés le plantea: “Comandante quisiera de ser posible una ayuda suya,” y Fidel le responde enseguida preguntándole qué ayuda quiere y entonces le sugiere que sería recomendable pasar por algunas calles de Nuevitas para saludar a la población. Fidel le indica al chofer que tome por donde él le indique y así los carros pasaron por la calle principal y otras avenidas donde el pueblo al ver la caravana y percatarse que iba Fidel, empezaron a salir de las casas, los comercios, saludándolo con tal efusión que fue realmente impresionante.

Al concluir el recorrido Argilés le informó la marcha de la construcción del pedraplén a Sabinal y las dificultades motivadas por la situación de los equipos y el comandante le asignó, anotándolo en su libreta, varios equipos nuevos que llegaron una semana después y dieron un impulso decisivo a aquella obra.

Durante el trayecto a Santa Lucía fue apreciando la construcción de la carretera asfaltada que comenzaba a sustituir el pedraplén que ejecutaba con escasos equipos el entusiasta jefe de viales de la provincia Quiroga y que comenzaba a cambiar la imagen del acceso a la playa.

Santa Lucía, a 120 kilómetros de Camaguey, tiene una faja de arena fina de más de veinte kilómetros de playa arenosa de origen coralino y es después de Varadero la mayor potencial playa del país. El ancho promedio de la franja de arena es de quinde metros. Sus aguas son muy tranquilas, transparentes y de fondos arenosos ideales para el deporte náutico, la pesca superficial, la foto-caza submarina y los baños de mar. Una extensa y bien conservada barrera coralina, parte de la mayor del hemisferio occidental, se extiende paralela  a la costa a dos kilómetros de ella y limita las áreas para baños de mar.

Había entonces decenas de casas construidas por hacendados camagüeyanos y unas pocas edificaciones rústicas hechas después del triunfo de la revolución. El terraplén que lo comunicaba capital, que ahora se asfaltaba, estaba en mal estado y la carencia de instalaciones populares y de agua potable limitaba su disfrute por la población. Se iniciaba, con la carretera, ese primer hotel y la construcción de la presa Atalaya, la solución de esos problemas que darían facilidades para su disfrute.

La playa está limitada al sur por la más grande salina del país separada de la franja arenosa por la laguna natural El Real, poblada por el mayor conglomerado de flamencos rosados del país.

Frente al hotel en construcción, lo esperaba un grupo más nutrido. El jefe de la obra ofreció cifras y datos y explicó las causas del atraso donde en efecto incidían factores objetivos pero también muchos derivados de nuestra inexperiencia y deficiencias.

Fidel escuchaba atentamente la información mientras observaba el entorno. Dio algunos pasos a su izquierda y derecha. Casi finalizaba el jefe de la obra cuando lo interrumpió en voz baja: ¿Para dónde vuelan los flamencos?

Todos los presentes se miraron unos a otros y nadie tenía la respuesta para esta inesperada pregunta. Argilés en un extremo se adelantó un poco y para alivio de todos dijo: “Comandante, al atardecer vuelan muchos de ellos a través de la bahía para las casimbas del cayo Sabinal. Las vi hace poco cuando revisaba el trabajo del pedraplén”

Fidel volvió a caminar mirando ahora hacia la laguna y comenzó a acercarse a los jeeps sin decir nada del atraso de la obra que nos tenía en vilo. Se detuvo y nos explicó a todos lo que me pareció después que era el motivo de su visita a ese lugar.

Con palabras más elocuentes y precisas que las que logro recordar dijo que Santa Lucía sería la playa de los trabajadores camagüeyanos y una de las orientales del norte de esa provincia.

Y ahí se remontó a pensar viendo ante sí lo que requeriría varios años materializar y que la mayoría de nosotros no veía con esa claridad sumergidos en los problemas difíciles de la terminación de las obras iniciales. Para ello tenemos que terminar la presa y la conductora que la abastecerá de agua potable, concluir la carretera que la une a la de Nuevitas y la que acabamos de comenzar, que irá por la costa norte. Aquí habrá que edificar una decena de hoteles pero no como este, tendrán que ser más verticales o extendiéndonos a lo largo de la playa para no reducir la capacidad de la laguna. Con lo que me dicen de los flamencos esto no los afectará y seguirán constituyendo un bello ornato para todos y una prueba del respeto que debemos brindar a nuestra naturaleza.

Hoy, treinta años después, muchos de aquellos sueños son realidades. Santa Lucía cuenta con cinco hoteles de categoría con más de 1 000 habitaciones y dos centros de buceo y deportes náuticos.

Octubre de 1962: ¿Acaso fue Fidel Castro quien puso al mundo al borde del holocausto mundial?

Fidel Castro comparece por CMBF-Televisión Revolución en respuesta al discurso del Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, relacionado con la situación de los misiles soviéticos existentes en territorio cubano, 23 de octubre de 1962. Foto: Archivo de Cubadebate/ Fidel Soldado de las Ideas.

Fidel Castro comparece por CMBF-Televisión Revolución en respuesta al discurso del Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, relacionado con la situación de los misiles soviéticos existentes en territorio cubano, 23 de octubre de 1962. Foto: Archivo de Cubadebate/ Fidel Soldado de las Ideas.

Todavía se observa en cierta literatura los enfoques que, al exponer e interpretar la llamada Crisis de Octubre, señalan a Cuba como la máxima responsable de poner al mundo al borde del holocausto mundial. Ello también responde a la manera errada en que se manejó la crisis, en especial por la dirección soviética, siendo Cuba la más desfavorecida tanto en su imagen internacional como en la solución a que llegaron Kennedy y el premier soviético Nikita Jruschov.

La manera en que Jruschov actuó al producirse la crisis, cuando sin contar con la dirección cubana negoció con Kennedy la salida de los cohetes nucleares de la Isla, y peor aún, de manera subrepticia negoció esa salida a cambio de la retirada de los misiles nucleares estadounidenses ubicados en Turquía e Italia, dejan mucho que desear sobre las verdaderas o fundamentales motivaciones que tuvo Jruschov a la hora de proponer a los cubanos la instalación de los cohetes en Cuba. ¿Qué tenían que ver los cohetes de Turquía e Italia con la defensa de Cuba? ¿Por qué no exigió se devolviera a la Mayor de las Antillas el usurpado territorio de la Base Naval de Guantánamo, se eliminara el bloqueo económico u otros aspectos que sí se ajustaban a los intereses de la Isla?

A pesar de que en las concepciones defensivas ya elaboradas para entonces por parte de la máxima dirección cubana, los misiles nucleares no estaban comprendidos, y de la conciencia de los líderes cubanos de que su presencia en el territorio insular podía afectar el prestigio de la Revolución, se aceptó la instalación de los cohetes, a partir de que se cumplía con un principio ineludible de apoyo internacionalista con el Campo Socialista y la URSS en particular, sobre cuya amistad no existía la menor duda, porque la había demostrado muchas veces. Se trataba entonces de que si la URSS había estado siempre dispuesta a ayudar a Cuba en los momentos más críticos, no se podían esgrimir intereses nacionales estrechos, cuando los que estaban en juego eran los intereses del Campo Socialista como un todo y por supuesto, vistos en un sentido más estratégico, los de la capacidad para defender a Cuba también.

Mucho se perdió en el terreno moral, político y diplomático cuando los soviéticos decidieron que la instalación de los cohetes nucleares en Cuba se hiciera de manera secreta, y solo hacerla pública cuando fuera un hecho consumado, al que Estados Unidos supuestamente tendría que resignarse. El líder de la Revolución Cubana defendió en todo momento que la operación se hiciera pública bajo el respaldo del derecho internacional, pues no había nada ilegal en ello. Aunque mantuvo el criterio de que los soviéticos eran los que debían tomar la decisión final, por consideración a su gran experiencia internacional y militar. (1)

La famosa y tantas veces manipulada carta de Fidel a Jruschov escrita entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de octubre (traducida y enviada al líder soviético desde la embajada de la URSS en La Habana), ha sido uno de los documentos más utilizados para ubicar al líder de la Revolución como un «irresponsable» y hasta un «loco», que puso en riesgo la existencia humana en la faz de la tierra.

Hay que decir que si para Estados Unidos la crisis había comenzado en octubre de 1962, Cuba vivía una crisis que amenazaba su supervivencia como nación independiente y soberana desde enero de 1959, enfrentada a las más disímiles formas de agresión del gobierno de Estados Unidos, incluyendo la invasión mercenaria de Playa Girón en abril de 1961. La «Operación Magosta», la más amplia operación de guerra encubierta, elaborada e implementada por Estados Unidos contra otro país, aprobada por el presidente Kennedy en noviembre de 1961, debía concluir con la invasión directa de las fuerzas armadas estadounidenses en la Isla, precisamente en octubre de 1962.

La carta enviada por Fidel a Jruschov no proponía dar el primer golpe nuclear preventivo, sino que, en caso de producirse la invasión a Cuba —la variante menos probable—, no vacilara la URRS en responder con armas nucleares, evitando cometer los mismos errores de la Segunda Guerra Mundial (2), pues la invasión significaba que ya Estados Unidos se había decidido a iniciar la guerra termonuclear lanzando el primer golpe nuclear contra el país soviético. Es de destacar que si Fidel hubiera dominado el estado real de la correlación de fuerzas nucleares, con una ventaja aplastante para el lado norteamericano, esta misiva jamás se hubiera producido, pues significaba incitar al líder soviético al suicidio de su pueblo.

Fragmentos de las cartas intercambiadas por ambos líderes en esos días de tensión, muchas veces citadas inconexamente, ilustran de manera fehaciente la verdad histórica:

Mensaje de Fidel a Jruschov, el 26 de octubre:

Hay dos variantes posibles: la primera y más probable es el ataque aéreo contra determinados objetivos con el fin limitado de destruirlos; la segunda, menos probable, aunque posible, es la invasión. Entiendo que la realización de esta variante exigiría gran cantidad de fuerzas y es además la forma más repulsiva de agresión, lo que puede inhibirlos.

(…) Si tiene lugar la segunda variante y los imperialistas invaden a Cuba con el fin de ocuparla, el peligro que tal política agresiva entraña para la humanidad es tan grande que después de ese hecho la Unión Soviética no debe permitir jamás las circunstancias en las cuales los imperialistas pudieran descargar contra ella el primer golpe nuclear.

Le digo esto porque creo que la agresividad de los imperialistas se hace sumamente peligrosa y si ellos llegan a realizar un hecho tan brutal y violador de la Ley y la moral universal, como invadir a Cuba, ese sería el momento de eliminar para siempre semejante peligro, en acto de la más legítima defensa, por dura y terrible que fuese la solución, porque no habría otra.

Jruschov a Fidel el 30 de octubre:

En su cable del 27 de octubre Ud. nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear contra el territorio del enemigo. Usted, desde luego, comprende a qué llevaría esto. Esto no sería un simple golpe, sino el inicio de la guerra termonuclear.

Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición suya como incorrecta, aunque comprendo su motivo.

Fidel a Jruschov el 31 de octubre:

No ignoraba cuando las escribí que las palabras contenidas en mi carta podrían ser mal interpretadas por usted y así ha ocurrido, tal vez porque no las leyó detenidamente, tal vez por la traducción, tal vez porque quise decir demasiado en pocas líneas. Sin embargo, no vacilé en hacerlo. ¿Cree usted compañero Jruschov que pensábamos egoístamente en nosotros, en nuestro pueblo generoso dispuesto a inmolarse, y no por cierto de modo inconsciente, sino plenamente seguro del riesgo que corría?
(…)
Nosotros sabíamos, no presuma usted que lo ignorábamos, que habríamos de ser exterminados, como insinúa en su carta, caso de estallar la guerra termonuclear. Sin embargo, no por eso le pedimos que retirara los proyectiles, no por eso le pedimos que cediera. ¿Cree acaso que deseábamos esa guerra? ¿Pero cómo evitarla si la invasión llega a producirse? Se trataba precisamente de que este hecho era posible, de que el imperialismo bloqueaba toda solución y sus exigencias eran desde nuestro punto de vista imposibles de aceptar por la URSS y por Cuba.
(…)
Yo entiendo que una vez desatada la agresión no debe concederse a los agresores el privilegio de decidir, además, cuándo se ha de usar el arma nuclear. El poder destructivo de esta arma es tan grande y tal la velocidad de los medios de transporte, que el agresor puede contar a su favor con una ventaja inicial considerable.
Yo no sugerí a usted, compañero Jruschov, que la URSS fuese agresora, porque eso sería algo más que incorrecto, sería inmoral e indigno de mi parte; sino, que desde el instante en que el imperialismo atacara a Cuba y en Cuba a fuerzas armadas de la URSS destinadas a ayudar a nuestra defensa en caso de ataque exterior, y se convirtieran los imperialistas por ese hecho en agresores contra Cuba y contra la URSS, se le respondiera con un golpe aniquilador.
(…)
No le sugerí a usted, compañero Jruschov, que en medio de la crisis la URSS atacara, que tal parece desprenderse de lo que me dice en su carta, sino que después del ataque imperialista, la URSS actuara sin vacilaciones y no cometiera jamás el error de permitir circunstancias de que los enemigos descargasen sobre ella el primer golpe nuclear. Y en ese sentido, compañero Jruschov, mantengo mi punto de vista porque entiendo que era una apreciación real y justa de una situación determinada. Usted puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy equivocado sin convencerme.

Esta carta también ha sido utilizada para sostener la versión de que a los soviéticos, ante las «propuestas irracionales» del líder cubano, no les quedó más remedio que negociar con Estados Unidos de espaldas a la dirección de la Isla. Este aserto no tiene fundamento, en tanto la decisión soviética de hacer proposiciones a los norteamericanos sin tener en cuenta las opiniones de Cuba, habían sido tomadas en Moscú desde el día 25 de octubre, cuando la carta de Fidel no había sido concebida.

Un testimonio de extraordinaria valía para demostrar la falsedad de los criterios que señalan que Fidel incitó a Jruschov a dar el primer golpe nuclear preventivo contra el territorio estadounidense es el de Alenxander I. Alexéiev, quien se desempeñaba en octubre de 1962 como embajador de Moscú en La Habana y a quien el Jefe de la Revolución le dictara el controvertido mensaje:

La noche del 26 para el 27 de octubre Fidel Castro visitó nuestra embajada y dictó el texto de una carta para que se le hiciera llegar a N.S. Jruschov. En la misma se abordaba cuán tensa se había tornado la situación y la posibilidad de un ataque estadounidense (invasión o bombardeos)a Cuba en las próximas24—72 horas. Fidel alertaba a Jruschov sobre la perversidad de los americanos y lo convocaba a tomar todas las contramedidas imprescindibles, aunque en honor a la verdad, sin llegar a concretarlas. Estando todavía Fidel en la embajada, envié un breve cifrado en el que informaba sobre la posibilidad del ataque a Cuba. Unas horas antes nuestros militares habían cursado un telegrama a Moscú en los mismos términos preocupantes. La carta de Fidel salió para Moscú más tarde, una vez que se tradujo al ruso, y no fue hasta la mañana del 28 que llegó a manos de la dirección soviética, cuando ya había sido adoptada la decisión sobre la retirada de los proyectiles. Se sabe también que lo que llegó por víatelefónicadel Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSSa la secretaría de Jruschov no fue el texto íntegro del mensaje,sino un resumen, motivo por el cual se pudieron producir imprecisiones.

Este mensaje generó serias incomprensiones, ya que N.S Jruschov en una de sus cartas reconvino a Fidel por haberle supuestamente sugerido que asestara un golpe nuclear preventivo contra el enemigo. La carta de Fidel fue dada a conocer por la prensa cubana y de ella no se infiere semejante conclusión.

Fidel admite que el malentendido se debe a inexactitud de la traducción o a que yo no lo haya interpretado a él correctamente. Quisiera hacer constar con absoluta responsabilidad que la culpa no es nuestra. La traducción de la carta que dictó fue hecha por otros funcionarios de la embajada que conocían bien el español y el texto publicado por Granma es idéntico al de nuestra traducción. Por lo que se puede concluir que los reproches de Jruschov carecen de fundamento. En el mensaje no se hacen semejantes afirmaciones. Todo puede haberse debido al extraordinario estrés al que estaba sometida la dirección soviética y al involuntario deseo de justificar la peliaguda decisión de retirar los proyectiles sin el consentimiento de la dirección cubana.

Reitero que Fidel entonces no instó a que asestáramos un golpe nuclear preventivo, sino que se limitó a alertar que los estadounidenses, conocedores de nuestro apego al principio de no ser los primeros en usar las armas nucleares, podían emprender cualquier aventura, incluido un golpe nuclear. Por lo demás, el bombardeo de los objetivos nucleares soviéticos hubiese sido de por sí equivalente a un golpe nuclear. A mi juicio, Fidel no estaba pensando en un golpe nuclear preventivo, sino en la necesidad de advertirles a los americanos que nuestro respeto al principio de no ser los primeros en utilizar las armas nucleares, no debía ser tomado como una garantía que los preservaría de la represalia. El reproche de Jruschov a Fidel es además improcedente, porque la operación que habíamos emprendido al trasladar los proyectiles a Cuba perseguía el objetivo de intimidar a los americanos, disuadirlos de emprender acciones militares, no de emplear los cohetes.

A pesar de transcurridos 55 años de aquellos acontecimientos, aun se intenta tergiversar la historia. Lo cierto es que, como dijera Ernesto Che Guevara en su célebre carta de despedida, al referirse al papel desempeñado por el Comandante en Jefe durante la crisis: «Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días». Solo la posición firme de la dirección cubana, al negarse a cualquier tipo de inspección en el territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, fue lo que salvó el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura, y que la isla no terminara siendo vista como un simple peón de los soviéticos. Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la menos beneficiada con los resultados de la crisis.

Además de la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo, continuaron los planes de sabotaje y magnicidio contra los principales líderes de la Revolución, el bloqueo económico, la subversión, los ataques piratas, el apoyo al bandidismo y el resto de los componentes de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba. Es decir, Estados Unidos siguió invadiendo a Cuba en menor escala, prácticamente día por día, y esto se debió a que los problemas de fondo que habían provocado la crisis no fueron resueltos. Aunque la crisis de octubre de 1962 ha sido la de mayor peligrosidad en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, muchas otras crisis afectarían las relaciones bilaterales durante décadas.

Notas
(1) Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962, A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, (Segunda Edición), p.100.
(2) El 22 de junio de 1941 se produjo el ataque sorpresivo nazifascista a la URSS. El gobierno soviético poseía informaciones de inteligencia de que dicho ataque se ejecutaría y las consideró de carácter provocativo. Debido a ello, no tomó todas las medidas recomendadas para tal caso, con lo cual permitió al enemigo asestarle un potente golpe y el mantenimiento de la iniciativa estratégica durante los primeros meses de la contienda bélica. Información tomada de Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962: A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, 2008, p.179.
Ignacio Ramonet, Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet (tercera edición), Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, pp.315—316.
Ibídem, p.319.
Ibídem, pp. 320—321
Citado por Antolín Bárcena Luis, El intercambio de mensajes entre Fidel Castro y N.S. Jruschov durante la Crisis de Octubre. Apuntes de un traductor a 50 años de los hechos, pp.7—8.
Los Cinco Puntos planteados fueron: 1-Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presiones comerciales y económicas que ejercen los Estados Unidos en todas las partes del mundo contra Cuba.2-Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices.3-Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico.4-Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.5-Retirada de la base naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.

(La versión original de este texto fue publicada en la Revista Contexto Latinoamericano, Vol 2, Año 1, Segunda Temporada, Jul-Dic 2017, Ocean Sur.)

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