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Discurso de Eusebio Leal Spengler en Santa Ifigenia

publicado en El Ciervo Herido
Discurso de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la ciudad de La Habana, en el acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, en el cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 2017, “Año 59 de la Revolución”

General Presidente,

Santiagueros,

Orientales,

Cubanos todos:

Asistimos a un acto, por su naturaleza, trascendental; un acontecimiento de los que suelen ocurrir o podemos presenciar una vez en nuestras vidas. Quizás hemos tenido el extraño privilegio de asistir en dos oportunidades a ceremonias de grandes significaciones para Cuba, para nuestra América y también para el mundo.

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Hoy, 10 de octubre, cuando apenas se desdibujaban en el cielo las nubes de la noche y se levantaba el sol por el oriente, teniendo como retablo de este camposanto de recordación las montañas de la Sierra, evocamos el día y la hora en que el Padre de la Patria dio inicio al magno movimiento, a la única y sola Revolución que ha existido en nuestra tierra, la que él comenzó y la que hoy continuamos.

Para poder comprender la magnitud del acto tendríamos que explicar antes que el cementerio ha sufrido una hermosa y bella remodelación, y lo que entonces surgió de la voluntad pública, los distintos mausoleos y panteones de los mártires y héroes de la patria, ellos y ellas, han sido hoy colocados en lugar preferente, marcando, como si fuera el dedo de la historia, un discurso comprensible para todos, al mismo tiempo que sentamos las bases para la enseñanza de la historia y del sentimiento patriótico y nacional. Y es que el culto a la historia y el culto a las mujeres y a los hombres ilustres es el oficio y el deber del Estado, y es el nuestro como ciudadanos de un país libre.

Céspedes nació en San Salvador de Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia opulenta. Su raíz estaba allá en una pequeña y noble localidad cerca de Sevilla: Carrión de los Céspedes. De ahí una gran parte de ellos partieron a Cuba, primero a Puerto Príncipe, el Camagüey, y luego se asentaron en Bayamo. Fue parte de esa pirámide que, formando el poder real de la tierra, desarrolló aquella latitud de Cuba y la llegó a convertir en el centro de un episodio tan importante como el que hoy recordamos, el Oriente de Cuba.

Cursó sus estudios en el seno de los monasterios que existían entonces e impartían clases, de Santo Domingo y San Francisco, en Bayamo, y más tarde en La Habana, en el Real Colegio Seminario, también abierto entonces a la formación de hombres para el siglo, y en la Real Universidad. Su vocación fue estudiar leyes, el contacto con la tierra, el ejercicio continuo de su físico. Pequeño de estatura, fuerte e inquieto de carácter, lo cual le llevó rápidamente a tener avidez por el conocimiento, la cultura universal, las lenguas antiguas y modernas, el conocimiento de los clásicos de la literatura, de la filosofía y del pensamiento. Con esta preparación partió a Europa y se formó en la Universidad de Barcelona, donde recibió su licenciatura en Derecho, y posteriormente haría un recorrido que lo llevó hasta Constantinopla, recorriendo una parte de aquella Europa que tanto impresionó a su talento y a su ingenio inquieto, sobre todo, porque había ocurrido la gran revolución de 1848.

Ya esta última, con otras características de aquella otra a la cual Simón Bolívar consideraba el acontecimiento más grande de todos los tiempos, la gran Revolución Francesa, que partió la historia en dos: antes y después. Su eco en la América y en el Oriente fue la revolución haitiana. El pueblo haitiano realizó una epopeya notable, y esa gran revolución haitiana se expresó sobre Cuba y particularmente sobre Santiago; sirvió de acicate a la inquietud de una miríada de esclavos en toda la isla, e iluminó los primeros movimientos encabezados por aquellos, y muchos fueron los que sufrieron el martirio y la persecución por seguir las ideas de liberación que Haití había proyectado sobre el mundo americano: la primera república en esta latitud del mundo.

De regreso a su tierra, lógicamente, con tan amplia experiencia, se sintió inconforme con el estado de las cosas, participó de las ideas más avanzadas de lo que se llamaba entonces el pensamiento liberal, y de esta manera, en la medida en que ese pensamiento iba siendo radicalizado, iban tomándose contra él sucesivas represalias. Enviado a Baracoa, enviado a Manzanillo en destierro interior, retenido en Santiago a bordo de las ruinas del navío del Rey soberano que había combatido en Trafalgar y era ahora una cárcel política, y finalmente, en la conspiración que, vertebrándose ya en el centro y en el oriente de Cuba, les llevó a la ciudad de Las Tunas, a un pequeño sitio, a una finca discreta llamada San Miguel del Rompe, donde se reunieron en la convención, llamada en lenguaje masónico la Convención de Tirsán. En ella apareció su liderazgo nítidamente. Mientras que otros propugnaban por esperar una nueva zafra, reunidos allí hacendados cuyo desarrollo en las ideas políticas y revolucionarias los llevaba como clase al borde del precipicio, él proclama la necesidad de levantarse. Y también había llegado a una conclusión: no debíamos esperar más esfuerzo que el nuestro. ¡Las armas las tienen ellos!, exclamaría en otra ocasión.

De esa manera, apurados los acontecimientos, ante la inminencia del descubrimiento de la conspiración, o quizás anticipándose voluntariamente por el significado de la fecha, decidió, en la madrugada del 10 de Octubre, reunir allí a los que en Demajagua, su ingenio cerca de Manzanillo, a la vista del golfo de Guacanayabo y ante el impresionable retablo de la Sierra, le escucharon pronunciar su histórico llamado al pueblo cubano, a la nación y al mundo, ofreciendo con la libertad de Cuba una mano generosa a todos los pueblos y hombres de la Tierra, al mismo tiempo que proclamaba, en un país donde faltarían tantos años para la abolición de la esclavitud, la libertad de los suyos propios, desentendiéndose del pasado, haciendo un rompimiento con sus posesiones territoriales, con su posición privilegiada, con su condición de amo y señor, para transformarse en libertador.

El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara, lanzado el guante al rostro del adversario, la causa tomó el nombre de aquel sitio y se le llamó entonces Grito de Yara.

El 20 de octubre estaban sobre Bayamo. Capitulada la ciudad que fue su cuna, se establece allí la primera capital de la revolución y el primer ayuntamiento libre, en el cual participan, a piel de igualdad, cubanos, españoles honorables y también negros libres. De esa manera va a hacerse la composición social que él quiere, lo que él tan inmensamente desea.

Bayamo no fue sostenible. Poco después, y apresurando como en una filmación la historia, deben abandonarla ante el avance de las columnas militares españolas. La decisión de dar fuego a la ciudad comienza con sus bienes propios y con los de los otros que se dispusieron a hacerlo.

El fuego de Bayamo, percibido en el horizonte por el Conde de Valmaseda, da a él el recuerdo de la voluntad numantina del pueblo cubano: ¡Libres sí, esclavos no; independientes sí, sujetos no!

Había nacido, con aquella desobediencia política, un movimiento revolucionario, y al incendio sucedió el éxodo. Había nacido el Ejército Libertador.

El ejército había probado sus armas y, al pie de las gradas de la iglesia de Bayamo, Pedro Figueredo, su compañero de infancia, general también de la revolución, dio letra al himno que poco antes había compuesto, absolutamente permeado por la letra y los acordes del más subversivo que recorría entonces la tierra: La Marsellesa.

De esa manera avanzó la revolución hasta llegar a la consolidación de la idea con el levantamiento del Camagüey y de Las Villas. Y con representación de estos tres territorios se reúnen en la ciudad de Guáimaro, donde la Asamblea Constituyente lo elige primer Presidente de la República de Cuba en Armas.

Todos cedieron, es la verdad, pero él cedió más: era del criterio de que la revolución debía ser sostenida con una mano firme y que era más importante una victoria que un discurso político, que era más importante avanzar y triunfar que cientos de miles de hombres en Oriente, si no éramos capaces de avanzar hacia los confines de Cuba.

Sabía perfectamente que a partir de ese momento quedaba sujeto administrativamente a la Cámara de Representantes y que ella podía sancionar sus propias determinaciones.

De esta manera, el hombre del 10 de Octubre, tal y como lo considera José Martí en su brillante análisis de las personalidades de Céspedes y Agramonte, enfrentará serenamente su destino, un destino que llevó a aquel gobierno peregrino a andar por los montes, mientras que el ejército combatía en los distintos puntos de los frentes abiertos por un adversario temible, un adversario que defendería como un tigre a su último cachorro.

Todo siguió así, hasta que el 27 de octubre las contradicciones estallaron, era el año 1873. Antes, el 11 de mayo, una noticia le había sorprendido y le había descorazonado. Con la muerte de Ignacio Agramonte en Jimaguayú, se derrumbaba el Sucre de esta historia, el que podía continuarlo con un avanzado pensamiento civil, moral y alta competencia militar. La muerte de Agramonte descabeza la continuidad, y de esa forma se prepara Céspedes para su propio destino.

El 27 de octubre de 1873 es depuesto en un lugar llamado Bijagual, un sitio que hoy está cubierto por las aguas de una presa realizada por la Revolución Cubana, una presa que lleva su nombre, como si las aguas de aquel inmenso lago pudiesen borrar el agravio que significó para Cuba no la pérdida de un presidente, sino el descabezamiento de un líder; la caja de Pandora se había abierto, la desunión finalmente los perdería.

Peregrino detrás de la Cámara, viviendo ya en absoluta pobreza, despojado de todo bien material, algunos que le ven en aquellos días finales de su vida lo consideran un anciano.

El “viejo Presidente” sube con sus ropas raídas el camino del monte y llega finalmente a San Lorenzo, no lejos de aquí, al final, entre aquellas montañas (Señala), está el sitio. Una traición llevó hasta aquel lugar a los que le perseguían y buscaban en él la prenda preciosa, pues jamás habría podido ser entregado vivo. “Seis balas tiene mi revólver, cinco para ellos y una para mí”. Allí, el 27 de febrero de 1874, a media mañana, se sintió la presencia del enemigo en los montes. Poco pudo hacer el prefecto, ni tampoco los que se encontraban en el sitio, ni su hijo que había salido a realizar gestiones próximas. Pronto, cerca de la charca donde solía bañarse todas las mañanas, su caballo Telémaco, herido de muerte, cayó sobre aquel sitio. Poco después descargas y el sonido estentóreo de un arma pequeña que disparaba una y otra vez, haciéndose distantes los disparos hasta escucharse el último. Le faltaban 51 días para cumplir 55 años.

Por la independencia de Cuba murieron más de 20 miembros de su familia. El primero, su amado hijo Oscar, sacrificado por su negativa de entregarlo a cambio de la deposición de sus ideas, y por último el golpe mortal, poco antes ya de su muerte, cuando se conoce de la aprehensión de los expedicionarios del Virginius, traídos a Santiago, recluidos en el Castillo del Morro, fusilados en las paredes del matadero de esta ciudad, y entre ellos su hermano, el general Pedro Céspedes, exgobernador de Oriente, y su sobrino, hijo de Manuel de Quesada, hermano de Ana, su esposa querida.

El 25 de marzo aquí, en un día tormentoso del año 1879, cuando apenas se escuchaban los ecos de la Protesta de Baraguá, algunos patriotas, incluyendo dos exesclavos suyos y alguien que había marcado el sitio de la fosa común, abrieron el lugar y encontraron los restos inconfundibles. Uno de ellos exclamó, al ver el cráneo levantado: “¡Es él!” Llevado a un nicho anónimo, fue conservado hasta el día en que Cuba podía rendirle el tributo, y el tributo fue ofrecido por don Emilio Bacardí Moreau y por su esposa doña Elvira Cape, que tanto hicieron por Santiago de Cuba, al convocar una cuestación pública para levantar el monumento que hoy, exaltado, ha sido colocado en este sitio. Esto ocurrió en el año 1910.

Como Vidas paralelas de Plutarco, fue la historia de la gran mujer cuyos restos han sido conducidos hoy también a su digno sepulcro: Mariana Grajales Coello, nacida en julio de 1815, en el seno de una familia de libres, hija de ascendientes dominicanos, viene al mundo en Santiago de Cuba. Su educación: la que le era permitida a las muchachas de su raza y de su condición social en aquella etapa. Joven contrae matrimonio con Fructuoso Regüeiferos y pronta fue su viudez; con sus hijos de esa unión y con los de Marcos Maceo posteriormente, traerá 14 al mundo. De esos 14 hijos una murió poco después y otro murió un poco más tarde.

De esa manera, cuando se produce el alzamiento en Majaguabo, en San Luis, el 12 de octubre de 1868, en la finca de nueve caballerías que tenía allí Marcos Maceo y su familia, Mariana se va a convertir en la protagonista principal de esta escena. Habiendo criado a sus hijos en el rigor de sus costumbres, en la fiereza de sus tradiciones y el dominio que tenía de la educación y del que debía imponerse a un grupo numeroso de jóvenes varones, toma la trascendental decisión de convocarlos a todos aquel día, después de que un destacamento patriótico tocó a sus puertas pidiendo comida, armas y, desde luego, hombres. A ese llamamiento saldrían tres de sus hijos, entre ellos el primogénito de su matrimonio con Marcos: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales. Se dice que allí -y así está en el hermoso monumento en La Habana a Antonio Maceo, en el altorrelieve que lo preside-, tomó de la pared de la sala un crucifijo y dijo a todos: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”. Todos salieron a la lucha. El primero en caer en ella fue su esposo Marcos, y cuentan, si no fue de las heridas inmediatamente, otros afirman que en un hospital sus últimas palabras fueron: “He cumplido con Mariana”.

De sus hijos, en esa gran contienda de 10 años, cuatro mueren en la lucha, además de su esposo, ya citado, y cuando vuelve la demanda, más allá de la Protesta, en lo que es llamada Guerra Chiquita, tres de ellos están altamente comprometidos, esperando la llegada de Antonio, entre ellos el joven Rafael y también, desde luego, José Marcelino. Son apresados finalmente y, en altamar, incumpliendo lo pactado, trasladados prisioneros y llevados a las cárceles militares en el sur de España y finalmente al presidio de Chafarinas, donde muere Rafael, general de brigada del Ejército Libertador. Ese fallecimiento le fue ocultado a ella para no agregar a sus tantos sufrimientos uno más.

Después de la Protesta y de su salida de Cuba, vivirá en Kingston, Jamaica, y su casa se convirtió, como en Costa Rica la de Antonio y sus compañeros, en un centro de peregrinación de los cubanos. Allí la visita José Martí, por vez primera en 1892. Confiesa que la vio dos veces y que se impresionó por el carácter, la bondad, el brillo refulgente de los ojos y cómo al contársele cosas de Cuba se levantaba del sillón y vagaba por el hogar recordando los días de gloria, quizás rodeada de la memoria de todo lo que en esa lucha había perdido y por el deseo fervoroso de que se volviera una vez más a luchar y a combatir.

En esa visita de Kingston, Martí hace una hermosa semblanza de ella, semblanza que va a repetir luego de que se conozca su fallecimiento el 27 de noviembre de 1893. Cuando deposita simbólicamente una corona a nombre de Patria, el periódico unitario que él había fundado para su partido, para dirigir la revolución militar y política de Cuba, coloca en la cinta de la corona esta palabra: “Madre.” Y ese concepto y esa expresión de Madre es abarcadora. Ella tenía 78 años, era el Alma Mater, el alma de la madre; era la Mater Patria, la Madre de la Patria.

En 1923 se promoverá el regreso de sus restos a Cuba. Ya entonces quedaba en el pasado la última y gloriosa hazaña. Ella no vivió para ver la muerte de José ni tampoco la muerte de Antonio, caído en el apogeo de su gloria a los 51 años en el occidente de Cuba, a las puertas de La Habana, marcando en esa simbólica balanza, entre el sepulcro de José Martí – nacido en el corazón de La Habana, hijo de español y española –, y allá en La Habana el sepulcro de Antonio Maceo, jamás encontrado, en el Cacahual, lugar de peregrinación de la gloria militar y combativa, junto a los del hijo de Máximo Gómez, Francisco Gómez Toro, su ayudante, sacrificado por no abandonar el cuerpo de su jefe y padrino.

De esta manera, cuando volvieron a la patria los hijos de Mariana, solo volvieron cuatro, tres varones y una hembra. Esa hembra, Dominga, será la que vaya en el buque de la república, Baire, a buscar sus restos en 1923, y son depositados entonces en este cementerio de Santa Ifigenia, velados antes en el Ayuntamiento de Santiago, en medio de una gran solemnidad y de una multitud nunca antes vista.

Esta historia nos lleva directamente a la última piedra extraída de este sitio en que testigos graníticos evocan un cataclismo de la naturaleza. Una piedra enorme fue colocada, en aquel suceso inimaginable, sobre lo alto de una prominente elevación y otras muchas quedaron en el campo. De ellas una fue escogida y fue colocada en ese sitio, y en su interior usted, General Presidente, depositó un día los restos de su amado hermano, líder y conductor de la Revolución Cubana, Fidel. En esa urna y en esa piedra de granito está la voluntad de este pueblo de continuar esta historia.

Él dijo y afirmó categóricamente en su alegato, dicho cerca de aquí, en el hospital convertido en sala de tribunal, que José Martí era el autor intelectual del asalto. Por eso allí, tras de él, en impresionante retablo, están los compañeros que se atrevieron a abrir la enorme brecha en aquel muro de una sociedad, al parecer, impenetrable. Fue su talento, su voluntad de renunciar, como Céspedes, a todos los bienes temporales. No nació precisamente de una condición de pobre, necesitado y rencoroso de una sociedad más altiva, no; nació en finca prominente, tuvo estudios distinguidos, tuvo a su vez todos los atributos del talento, la oratoria, la figura y, sin embargo, todo esto lo subordinó al ideal de continuar el camino de los padres de la Patria.

Esa piedra es la continuación de la única revolución en la que hemos vivido, la revolución iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que continuamos hoy, bajo su dirección (Señala a Raúl). Tres veces ha llevado usted la urna: la primera vez conteniendo las cenizas de su amada esposa Vilma, en el Segundo Frente, heroína de la Revolución, autora intelectual de la unidad de la mujer cubana.

Usted, Teresita, al depositar hoy los de Mariana, lleva en sus manos no solamente los restos de esa heroína, sino también el espíritu de Vilma que fue su mentora.

Ya en 1965, en la escalinata de la Universidad, ante especulaciones sobre las razones de los próceres, Fidel afirma categóricamente, en frases definitorias: “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”. Esa conjunción dialéctica la explicará luego en tres lecciones históricas magistrales: la primera, el 10 de octubre de 1968 en Demajagua, en ese lugar conmemora el primer centenario de la lucha por la independencia. La segunda, el 11 de mayo en Jimaguayú, en 1973, en que define la forma del análisis histórico y da continuación perfecta a lo que es la perla más preciosa de su última y grande aspiración, la que tuvo Céspedes, la que tuvo Martí: la de la unidad nacional en torno a la idea. Y, finalmente, el gran discurso del 15 de marzo de 1978, bajo los Mangos de Baraguá, donde jura continuar la obra de aquel Titán que a los 33 años sorprendió a su adversario por su juventud, por su apolínea figura y por su voluntad de servicio.

El próximo año se cumplirá el 150 aniversario del 10 de Octubre; el próximo año es de gran celebración para Cuba. El llamamiento de la Academia de la Historia, del Instituto de Historia, de la Unión de Historiadores de Cuba, de los maestros cubanos, es solemne en este día: conmemorar dignamente cada acontecimiento, desempolvar cada documento, dar brillo al mármol de las tumbas y de los mausoleos que, como en Santa Ifigenia, heroína del panteón griego y cristiano, aparezca al fondo un bosque de banderas cubanas sobre la tumba de cada mártir, de cada heroína, de cada héroe, que florezcan y crezcan las palmas bellas de Cuba.

En este día tan hermoso agradecemos a todos los que han cumplido y los que han trabajado abnegadamente día y noche para que esta inolvidable mañana sea posible.

Y ahora detengámonos un momento en la tumba del iniciador y veamos allí la escultura hermosa de Cuba que en su bella figura levanta un laurel para extenderlo al pie de su retrato: Padre, un día te trajeron a Santiago con ropas raídas, ensangrentado y desecho; eras joven, pero habías envejecido en el dolor, en el sufrimiento, en la ingratitud, pero jamás te abandonó la esperanza. Tú rechazaste una vez, con palabras gentiles, a las mujeres cubanas la ofrenda de la espada que hoy se ha colocado al lado de tu urna, pero dijiste a ellas que no querías legar a tus hijos ningún bien material, sino tus ideas, tu voluntad y que ella, la espada, sería una posesión futura de la nación libre. Esto se ha cumplido.

Cuando te trajeron desecho, tus zapatos estaban cosidos con alambre. Nada podía identificar lo que latía en aquel cuerpo con los ojos grandes y abiertos como los del Che.

Muchas gracias (Aplausos)

Lo que Fidel le dijo a Lula: Realidades silenciadas.

tomado del blog La Pupila Insomne

En días recientes se han estado publicando en la web algunos análisis que recomiendan para la producción de alimentos en Cuba copiar soluciones de otros países de clima, demografía y recursos energéticos e hídricos muy diferentes. Sobre alguna de esas comparaciones ya escribí antes en el texto “Hay que decirlo todo” pero recomiendo este fragmento que publicara Fidel de su conversación con el líder brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva  en enero de 2008, donde se mencionan elementos que no aparecen en los referidos análisis. Antes de que aparezca  algún  combativo comentarista, aclaro que esto lo dijo la misma persona que afirmó “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado” y dedicó su vida a concretarlo, pero en ningún momento convocó a ocultar realidades objetivas como las que menciona aquí: 

Tú eres productor de alimentos, le añadí, y además acabas de encontrar importantes reservas de crudo ligero. Brasil posee 8 millones 534 mil kilómetros cuadrados y dispone del 30 por ciento de las reservas de agua del mundo. La población del planeta necesita cada vez más alimentos, de los cuales ustedes son grandes exportadores. Si se dispone de granos ricos en proteínas, aceites y carbohidratos ―que pueden ser frutos, como la semilla del marañón, la almendra, el pistacho; raíces, como el maní; la soya, con más del 35% de proteína, el girasol; o cereales, como el trigo y el maíz―, es posible producir la carne o la leche que desees. No mencioné otros de la larga lista.

En Cuba, le continué explicando, tuvimos una vaca que estableció récord mundial de leche, una mezcla de Holstein con Cebú. De inmediato Lula la mencionó: “¡Ubre Blanca!” exclamó. Recordaba su nombre. Le añadí que llegó a producir 110 litros diarios de leche. Era como una fábrica, pero había que darle más de 40 kilogramos de pienso, el máximo que podía masticar y tragar en 24 horas, una mezcla donde la harina de soya, una leguminosa muy difícil de producir en el suelo y clima de Cuba, es el componente fundamental. Ustedes tienen ahora las dos cosas: suministro seguro de combustible, materias primas alimenticias y alimentos elaborados.

Se proclama ya el fin de los alimentos baratos. ¿Qué harán las decenas de países con muchos cientos de millones de habitantes que no cuentan con una cosa ni otra?, le expreso. Esto significa que Estados Unidos tiene una enorme dependencia externa, pero a la vez un arma.

Sería echando mano de todas sus reservas de tierra, pero el pueblo de ese país no está preparado para eso. Ellos están produciendo etanol a partir del maíz, lo cual provoca que retiren del mercado una gran cantidad de ese grano calórico, continué argumentándole.

Lula me cuenta, con relación al tema, que los productores brasileños están vendiendo ya la zafra de maíz del 2009. Brasil no es tan dependiente del maíz como México o Centroamérica. Pienso que en Estados Unidos no se sustenta la producción de combustible a partir del maíz. Eso confirma, le afirmé, una realidad con relación a la subida impetuosa e incontrolable de los precios de los alimentos, que afectará a muchos pueblos.

Tú en cambio cuentas, le dije, con un clima favorable y una tierra suelta; la nuestra suele ser arcillosa y a veces dura como el cemento. Cuando vinieron los tractores soviéticos y los de otros países socialistas se rompían, hubo que comprar aceros especiales en Europa para fabricarlos aquí. En nuestro país abundan las tierras negras o rojas de tipo arcilloso. Trabajándolas con esmero, pueden producir para el consumo familiar lo que los campesinos del Escambray denominaban “alto consumo”. Ellos recibían del Estado cuotas de alimentos y consumían además sus productos. El clima ha cambiado en Cuba, Lula.

Para producciones comerciales de granos en gran escala, como requieren las necesidades de una población de casi 12 millones de personas, nuestras tierras no son aptas, y el costo en máquinas y combustibles que el país importa, con los actuales precios, sería muy alto.

Nuestra prensa publica producciones de petróleo en Matanzas, la reducción de costos y otros aspectos positivos. Pero nadie señala que su precio en divisas hay que compartirlo con los socios extranjeros que invierten en las sofisticadas máquinas y la tecnología necesarias. Por otro lado, no existe la mano de obra requerida para aplicarla intensivamente en la producción de granos, como hacen los vietnamitas y chinos cultivando mata a mata el arroz y extrayendo a veces dos y hasta tres cosechas. Corresponde a la ubicación y tradición histórica de la tierra y sus pobladores. No pasaron antes por la mecanización en gran escala de modernas cosechadoras. En Cuba hace mucho rato que abandonaron el campo los cortadores de caña y los trabajadores de los cafetales de las montañas, como era lógico; también gran número de constructores, algunos de la misma procedencia, abandonaron luego las brigadas y se convirtieron en trabajadores por cuenta propia. El pueblo sabe lo que cuesta arreglar una vivienda. Es el material, más el elevado costo del servicio que le prestan por esa vía. El primero tiene solución, el segundo no se resuelve ―como creen algunos― lanzando pesos a la calle sin su contrapartida en divisas convertibles, que ya no serán dólares sino euros o yuanes cada vez más caros, si entre todos logramos salvar la economía internacional y la paz.

Héroes en directo (+ Video)

por István Ojeda Bello
tomado del Blog: Cuba Izquierda
Estrechó mi mano con suavidad y en ese instante, de a lo sumo un par de segundos, no tuve tiempo de pensar en el valor de su gesto. Mirándolo en retrospectiva caí en cuenta que había tenido, quizás, mi primer y único contacto físico, directo, con la Generación del Centenario con quienes habían estado en la posta tres del Cuartel Moncada, en el desembarco del Granma, en la Sierra Maestra y hace 20 años en el retorno a Cuba de los restos del Che Guevara. No es para sentirse mejor que nadie pues se trató de algo casi formal y sin otra trascendencia como no sea la que uno le atribuye desde las lecturas, las historias, los testimonios.

Al cabo de unos años, no sabemos cuantos pero ocurrirá, no tendremos a todos esos héroes que literalmente hicieron la Revolución. ¿Cómo construimos en nuestras mentes la noción de ese heroísmo pretérito del cual no tenemos vivencia directa?

Hay quien añora haber vivido en los años 60 cuando estallaban por doquier las experiencias del cambio súbito, cuando, dicen, parecía inminente el mundo nuevo. Es una idea tentadora pero inútil porque excluye a los heroísmos posteriores y hasta los cotidianos de la contemporaneidad. Escojo entonces todos por igual. El del guerrillero que se fue a la montaña antes de ver su primera barba; el del muchacho que se jugó la vida en África y luego con el rostro atravesado por la edad enseña su diario; o el de quienes salen a trabajar en una fábrica, un hectárea de tierra, una escuela o un modestísimo puesto de refrescos y bocaditos.

El tiempo va en una sola dirección por eso desdeño la visión idílica de los heroísmos como también de Fidel, ahora que no lo tendremos ya más físicamente presente cada 13 de agosto. A él me niego a recordarlo con canciones lacrimógenas o de agradecimiento que inducen a una tristeza paralizante. Prefiero encontrarlo en el diálogo entre el impulso juvenil que quiere obtener todas las respuestas del veterano y escucha por respuesta la exhortación a continuar juntos el camino porque no hay saber terminado sino un inmenso campo de interrogantes…

(Buena Fe) Grande la tormenta, que no se anima a escampar.
En el suelo están los troncos más severos.
Anegada la sabana, se hizo río el manantial.
Tanta lluvia que ha borrado los senderos.

Viejo mapa que no nos dirá cómo llegar.
Adelante solo reina un gran fanguero.
Se adelanta un caminante y algunos salen detrás.
Tras los pasos del añoso del sombrero.

¿Acaso tú sabes la ruta?
¿Acaso ya pasaste antes?
¿Sabes de atajos y grutas?
Cuéntanos todo lo importante.
Cuéntanos todo lo importante.
Cuéntanos todo lo que sabes.
Cuéntanos todo lo que sabes.

(Silvio Rodríguez): Vengo de un tiempo de plagas y sequías.
Pero a sangre y sudor se hizo cosecha.
Más lo que se pudo que lo que se quería.
Y heme aquí, latiendo aún esta fecha. 

No me sé el camino, solo tiran de mí
los anhelos, de posibles maravillas.
Salgo a caminar pues no aprendí a dormir
mientras en el zurrón,
mientras en el zurrón,
mientras en el zurrón queden semillas.

Dime tú,
Cuéntame… Cuéntame…
Dime del sueño que acunas.
Con cuál fe llenarás tu templo
del dulzor que tendrán tus uvas.
Cuenta tú que tendrás más tiempo.
Cuéntame, que tienes más tiempo.

Fidel entre dos infancias

Por Silvio Rodríguez

Tomado del Blog Segunda Cita

Escuché hablar de Fidel por primera vez en mi infancia, bastante antes del 1º de enero de 1959. Por entonces su nombre se decía en voz baja y a veces se percibía en los murmullos de los mayores. Una noche lo escuché mencionar en la radio, también a bajo volumen, en casa de unos parientes que tenían onda corta. Allí escuchábamos una emisora clandestina que trasmitía desde las montañas de la Sierra Maestra, donde aquel nombre prohibido y sus amigos se peleaban a tiros con el ejército.
Así que lo primero que aprendí de Fidel es que a veces había que ser discreto: no se podía decir su nombre, no se podía decir que escuchábamos aquella emisora, como tampoco se podía decir que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Por lo mismo también fue secreto que, de mis soldaditos de juguete, mis afines eran los rebeldes, y que sus enemigos eran los mismos enemigos de los rebeldes de la realidad.

Apenas dos años después del triunfo revolucionario, Fidel, para mi, fue aquel hombre joven, enérgico y barbudo que a unos metros por encima de mi cabeza, en la playa de Varadero, despedía a un ejército de la enseñanza que al amanecer partiría a los campos y montañas de Cuba, armados de faroles y cartillas de alfabetización.

Aquel fue el primer discurso en directo que le escuché, y se me quedó el gusto, porque desde entonces muchas veces volví a estar cerca de donde Fidel se paraba a hacer historia. Incluso cuando mi servicio militar, si alguno de mis escasos permisos coincidía con un acto público, ahí estaba yo, lo más cerca posible de la tribuna. Puedo contar que estuve en el estadio en que aquel joven colombiano, armado de su acordeón, nos dio a conocer “Cuba sí, yanquis no”. Y también aquella vez de la escalinata universitaria, cuando alguien omitió la palabra Dios de un escrito de José Antonio Echeverría, y Fidel se indignó e hizo el memorable discurso donde nombró a los estrechos de miras como “mancos mentales”.

Confieso que cuando Fidel habló de los “elvispreslianos” me sentí en conflicto, porque a mi, desde chiquito, me gustaban las canciones y la guitarra de Elvis Presley. Pensé que sus palabras, más que a la música, se referían a jóvenes que se la pasaban en la ingravidez, ajenos a las urgencias del país. Fue un punto incómodo, pero que nunca me puso en tres y dos, porque mis jerarquías sentimentales siempre fueron maduras.

La primera vez que estuve un poco más cerca de Fidel, fue a través de terceros. Me refiero a cuando alguien cercano tuvo un encuentro directo con él y pude escuchárselo contar. Esto pasó la noche más difícil de la Crisis de Octubre, cuando el Jefe de la Revolución se reunió con algunos dirigentes, entre ellos los responsables del semanario Mella, donde yo trabajaba. Aquella reunión fue para informar sobre la posibilidad de que, al amanecer, Cuba sufriera dos impactos nucleares. La idea de ese ataque –que según leí después fue de Robert Kennedy—, era dividir nuestra alargada isla en tres pedazos, para facilitar un desembarco posterior. Un consejo que se dio en aquella reunión fue que, cuando el ataque ocurriera, procuráramos mirar hacia el oeste, para no quedar ciegos por el resplandor y poder resistir la invasión en el tercio de país que quedaríamos.

Yo tenía 15 años. Después de escuchar que el mundo se acabaría por la mañana, cuando mis compañeros subieron y me quedé solo, me refugié en la luna. Mirándola, algo me dijo que todo aquello era demasiado para que fuera cierto. Puede que me ayudara a pensar así una conga demencial que iba Belascoaín abajo, a dos cuadras de donde yo estaba con mi fusilito. Pero lo cierto es que mientras unos cavilaban sobre la suerte del mundo y otros rumbeaban que éramos socialistas, Fidel estaba despierto, organizando la resistencia después de la hecatombe nuclear. Era el mismo Fidel que en aquel lugar llamado Cuatro Palmas, después del arduo desembarco del yate y de la derrota de Alegría de Pío, dijo a los pocos que quedaban que ahora sí iban a hacer la Revolución. El mismo hombre del que algunos de sus compañeros pensaron que se había vuelto loco. Por eso creo que una de las cosas que hizo a Fidel ser Fidel fue su extraordinaria capacidad de previsión, y su certeza de que siempre va haber un después para seguir luchando.

Y quizá porque yo disto de ser así –ya que carezco de esa grandeza–, porque a mi la realidad puede llegar a abrumarme e incluso a persuadirme, debo decir que ese supuesto loco, ese inconforme impenitente, ese rebelde con causa me reclutó desde la infancia.

Hay otros ángulos de Fidel, menos públicos, que no dejan de ser muy seductores: como cuando confiesa que lo que más le gustaría sería pararse en una esquina, o cuando acepta el reto de quién hace la mejor paella y se pone un delantal, o cuando dice que le hubiera gustado ser poeta.

Seguramente hay una multitud de Fideles habitando el mismo esqueleto y conformando al hombre que tuvo la energía y la suerte de llevar adelante una vida exigente, difícilmente comparable, tan auténtica que arrastró consigo a sus contemporáneos y que todavía hoy convoca y suma pensamientos. Por eso no dudo de que hay Fidel para muy largo rato.

A menos que venga otro período oscuro en el que otros injustos logren devolverlo a otra montaña, a otro silencio como el de cuando escuché su nombre allá, en mi infancia. Si ese velo cayera, no dudo que Fidel vuelva a romper el mutismo impuesto y que otro día, con otro nombre luminoso como el de aquel enero, volverá a obtener la victoria.

El fidelismo post Fidel

Por Javier Gómez Sánchez

Tomado del Blog La Pupila Insomne

¿Es compatible el pensamiento centrista con el pensamiento fidelista? Me hacía esa pregunta recientemente en medio del debate entre revolucionarios y el choque ideológico con los proyectos de comunicación que propone la socialdemocracia.

Creo que aun cuando los que intentan dar impulso a esa socialdemocracia para Cuba reconocen su mayor obstáculo en el comunismo cubano, chocan alrededor de este con una envoltura mayor: el fidelismo.

El fidelismo viene a desarrollarse afortunadamente, no solo con la vida longeva de su creador, sino en la época de mayor divulgación y soporte tecnológico de la ideas. No conocemos la voz de Martí, hay muy pocas fotos suyas y ninguna imagen cinematográfica.  No se soñaba siquiera que sus reflexiones pudieran ser divulgadas de inmediato con herramientas como Facebook, Twitter, o blogs. Martí lo más que podía hacer para divulgar sus ideas era el periódico, que pasaba semanas o meses antes de llegar a muchos lugares, si llegaba.

Eso puede evitar en el futuro que pase con Fidel lo mismo que ocurre con Martí, que sus palabras e ideas son objeto de manipulación y apropiación con mucha más facilidad.

La manipulación del pensamiento martiano se ha hecho por dos recursos: Por un lado, se separan las ideas del hombre que las generó, de su circunstancias personales, geográficas, sociales, y culturales. De la condición migratoria, generacional, y del desarrollo general de las ideas en el mundo de su época. Por otro lado, al mismo tiempo, presentar a Martí como un dogma (la vida nos demuestra que los que se auto titulan ¨anti dogmáticos¨ pueden llegar a convertir el ¨anti dogma¨ en un nuevo dogma), insistiendo en que ¨Martí nunca dijo esto o aquello¨. Pretenden entonces atar a Cuba en su siglo XXI a la Cuba, a la América, y al Mundo del siglo XIX. Pero… ¿Cuánto más hubiera legado Martí si hubiese vivido hasta los 90 años, lúcido hasta 1943? ¿Cuánto hubiesen avanzado sus ideas?

¿Entonces cómo podemos evitar que el fidelismo se convierta en el futuro en algo manipulable? Se convierta, por difícil que esto parezca, en parte del discurso que fabrique la  contrarrevolución cubana dentro de 50 o 100 años. Y a quien le parezca esto una idea estrambótica, le recomiendo que lea con cuidado lo que hoy se escribe, donde ya comienza a estilarse  ¨elogiar¨ a Fidel pero decir que ¨la época de Fidel¨ ya pasó porque el bloqueo puede terminar o han llegado relaciones diplomáticas con Estados Unidos, etc, entonces ya lo que se generó a partir de sus ideas no es necesario, o ha perdido actualidad y  que es conveniente abandonarlo como un lastre.

¿Cómo evitar que los que hoy utilizan a Martí, habilidosamente lleguen a hacerlo mañana con Fidel Para que no tengan que enfrentarse a eso nuestros hijos, nuestros nietos,  o nosotros mismos? Que aten las ideas de Fidel solo al tiempo y a las condiciones en que generaron. Que disfracen de dialéctica lo que en realidad sea la demolición de las ideas fidelistas. Creo entonces que el legado principal de Fidel fue precisamente dejar algo mucho mayor que sí mismo como hombre en sus circunstancias: El fidelismo.

Para preservar el fidelismo y que nos sirva de herramienta de ética, de acción política y de pensamiento tendríamos entonces que llevar con nosotros sus esencias. Esas esencias yo quisiera verlas en cuatro pilares fundamentales:

1-La unión del paradigma de la Independencia con el de la Justicia Social. Muy necesario en estos tiempos en que algunos intentan engañarnos diciéndonos que nuestros independentistas carecían de ideas respecto a la lucha de clases. Fidel hizo que no hubiera definitivamente nada en Cuba más patriota que el socialismo, y que no haya manera de ser socialista sin ser independentista. Deberían entender eso los que andan con una banderita cubana en una mano, supuestamente hablando de mejorar el socialismo,  mientras alargan la otra para recibir dinero estadounidense.

2- La unión a partir de la definición. Desde la diversidad y la no exclusión, pero siempre hacia la definición que da base sólida y sincera a la unidad, que no es una  alianza por circunstancias como son los pactos electorales. No la habilidosa pretensión del  inclusismo nacionalista ni del dialoguismo de la cubanidad.  Cuando últimamente tan de moda se ha puesto la ambigüedad, la ambivalencia y la equidistancia, ser fidelista no es ser extremista, pero es imposible ser fidelista desde el ¨centro¨. En estos tiempos en que nos tratan de engañar con la frase martiana de ¨Con todos y para el bien de todos¨, siendo tan burda la manipulación y de patas tan cortas para el conocimiento de la Historia que los propios ideólogos del centrismo lo reconocieron, aunque alguno la siga repitiendo por ahí. Esa unidad se materializa en el PCC. (Esos mismos ideólogos socialdemócratas admiten que su obstáculo en Cuba no es la cantidad de comunistas, sino que están reunidos en un solo partido. ¡Qué problema!)

3-La búsqueda de un modelo propio. Tanto para los que reprocharon la copia del modelo soviético, como los que aspiran a que copiemos un modelo socialdemócrata (ahora alguno de los primeros aparece defendiendo a los segundos) que no ha solucionado los problemas del mundo, y cada vez los alivia menos en su parte más desarrollada. En medio de este mundo, que Cuba tenga una democracia y una administración en construcción, es por la lucidez  de los cubanos y no por su extravío. De esa búsqueda surgió la Conceptualización.

4-La trascendencia cubana más allá de los límites del tiempo, de la geografía, de las fronteras y de la imposición social e histórica. El entender la dialéctica empujando la dialéctica. En un mundo ya dividido entre países ricos-desarrollados y países pobres-subdesarrollados trabajar por lograr cosas 30, 40, 50 años antes que el resto de nuestra región y ayudar a otros a hacerlo. El fidelismo es disminuir el tamaño del mundo ante las ideas y acortar el tiempo en que se comprenden.  Para los que desde una pretendida lucidez nos ponen como Ícaro y para los que nos dicen que abandonemos el internacionalismo hablándonos de un nacionalismo que en realidad nos empobrece. El internacionalismo cubano es la universalidad de Cuba.

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