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Celina

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tomado de La Esquina de Lilith
Viendo una foto en el muro del musicólogo Oni Acosta, me sorprendí de que estuviera viva. Acostumbrados a que los famosos lo sean hasta el final, me acurrucó el día ver a la reina de la música campesina, a la Celina González que durante años señoreó el punto cubano, recostada en un sillón, con un rostro que no era de sonrisa ni de lágrima, sino de espera más allá del lente de la cámara que, quién sabe, es posible que la retratara por última vez.

Hoy, después de una larga enfermedad, murió Celina González, el cuerpo que nos dejó la enfermedad de aquella criolla de voz estridente e imagen fuerte que tronaba sin llegar al fabricado grito que abrazaron como muestra de originalidad más de uno de sus contemporáneos. Celina era la mujer fuerte que está en nuestras casas, que se mueve al ritmo de la vecindad, que se persigna con la misma naturalidad con que acaricia a sus hijos, esa cubana que es una trenza de dulzura y acero, de ímpetu y beso.

Celina, para muchos, era la imagen más límpida de Cuba. Más allá de las florituras de Juana Bacallao y las alhajas que ni falta le hacían al portentoso timbre de Celia Cruz. Celina era la belleza y la hidalguía, señorío y mesura. Se sentía reina y lo era. La reina de todos. La única, después de aquella que llevaba un lunar coronándole la frente. Vivía su arte y su realeza. La manga florida, la falda siguiéndola en cortejo, la barbilla, la flor en el costado, la manta, que tanto me la emparentó con la reina española, la gran Lola Flores. Más información

Pensar a #Cuba con Buena Fe

BuenaFE #Cuba

Mi amor por ellos no es nuevo; muchos saben de la admiración que me provocan por ese tino con el que ven a Cuba, por esa manera tan genial, artística y políticamente hablando, con que meten la mano en el entramado social que no siempre es tan amable –como ellos mismos me han confesado- para hacer música con entrañas de nación.

Y es que Buena Fe es eso, sentir el palpitar de una isla con objetividad pero también con optimismo; quizás por eso me identifico tanto con ellos. Claro que mis expectativas se superan cada vez que tengo la oportunidad de conversar “en vivo” con Israel y Yoel, e intercambiar un poco acerca de nuestra realidad, más allá de las letras de sus composiciones.

Esta vez, durante la última entrevista que compartimos en Guáimaro, al inicio de su gira por las provincias orientales en el verano, hablamos de la Cuba de hoy y los jóvenes. Sus respuestas, como siempre, merecen la pena compartirlas.

“Hoy Cuba está en un proceso muy complejo, de reformarse, de encontrar nuevas vías, nuevos caminos” –me decía muy confiado Israel Rojas, voz principal y director de Buena Fe-. “No siempre es tan sencillo, dejar la rémora de lo viejo y abrir las puertas a cosas nuevas para uno no siempre es fácil, imagínate para una nación, para todas las estructuras, para el cambio de mentalidad que se requiere”.

“Yo creo que estamos como en una etapa de dejando atrás la adolescencia, las quimeras imposibles, y poniendo los pies sobre la tierra, para entrarle a una nueva etapa de la vida nacional espero que, sin sacrificar la solidaridad, con mucho más realismo, con mucho más pragmatismo desde el punto de vista económico. Hasta cierto punto con mayor capacidad de ser sustentables más allá de los devaneos del mundo, de la economía mundial, porque no puede ser que sigamos dependiendo tanto del mercado internacional para comer cuando tenemos tantas hectáreas sin cultivar”. Más información

Sinfonity y el bendito sacrilegio de querer tocar a Vivaldi

03Pudiera creerse que solo interesaban a nuestras legiones de metaleros y algún que otro curioso. Pero vi a más de una señora que jamás se ha acercará a la obra de Joe Satriani levantarse del asiento y arrancar a aplaudirlos.

Leo Brouwer e Isabelle Hernández, más sabios que este autor prejuiciado, tuvieron el olfato de invitar a una orquesta de guitarras eléctricas al VI Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, y ha sido ese llamado lo que ha mantenido viva la experiencia de Sinfonity los últimos dos años, confesó Pablo Salinas, director de la agrupación.

La retribución a su esfuerzo comenzó con la noticia, en la mañana del sábado 4 de octubre, de que las entradas de su concierto se habían agotado. En el equipo del Festival brincó una alarma alegre; sabíamos que su originalidad sería de gran atractivo para los espectadores, pero no imaginamos que la sensación llegara a tanto teniendo en cuenta que, con la honrosa excepción del programa que en el Canal Habana les dedicara Guille Vilar, en Cuba su trabajo era absolutamente desconocido.

Minutos antes del comienzo del concierto, nos aparecimos en la puerta del teatro con un paquete de entradas y sentimos lo que deben sentir los revendedores a la puerta de un estadio durante la final de la Serie Mundial de la MLB. En un instante los boletos volaron de nuestras manos; apenas dábamos abasto para entregarlas, meter el dinero en un bolsillo y evitar ser aplastados contra la puerta del Mella. Fue alucinante. O eso creía yo. Lo alucinante fue lo que ocurrió dentro, cuando 11 guitarras armadas en coro mezclaron rigor con virtuosismo y entregaron uno de los Vivaldi más extraordinarios que alguna vez se escucharán en La Habana.

Estos hombres han tenido la osadía de retrotraer uno de los instrumentos más jóvenes del mundo hacia los tiempos del siglo XVIII, en un homenaje a todos los artistas de arco, en especial al grupo de mujeres que –transgresoras como ellos– se lanzó siglos atrás a cruzar los Alpes con la música de Vivaldi a cuestas.

La idea, creo yo, no es sonar como una orquesta de cuerdas, sino partir de una partitura leída en clave de guitarra eléctrica. Sin embargo, en ciertos pasajes, al cerrar los ojos se podía ver-y sobre todo escuchar- sin dificultades una sección de violines, cellos y violoncelos en todo su cromatismo. Moviéndose entre esos dos planos, el de la traducción y el de la reproducción, Sinfonity embrujó a una audiencia que aplaudió frenética cada una de las piezas, prueba de que, a pesar de todos los cantos funerarios, Vivaldi y sus composiciones consiguen despertar las mismas emociones que hace casi trescientos años.

Aunque probablemente sea el concierto más discreto de los que se han presentado, en términos de montaje en escena; ha sido a su vez uno de los más espectaculares del Festival Leo Brouwer; una de esas actuaciones notables que quedan en el oído de los espectadores más allá de la memoria.

Desde el sábado 4 de octubre, quienes disfrutamos de Sinfonity no podremos escuchar a Vivaldi de la misma manera. Ahora juraremos que en el segundo movimiento de Verano hay unas eléctricas distorsiones; que los solos en Otoño tienen un inconfundible aire rockero; que ese Vivaldi era un metalero del carajo y que Steve Vai y compañía no pasan de ser unos dignos admiradores del maestro de la armonía y la invención.

 

Créditos:

Sinfonity (España) Orquesta de Guitarras Eléctricas

Pablo Luis Salinas, guitarra y director

Miguel Larregla de del Palacio

José Antonio Romero

Miguel Losada

Luis Cruz Vivar

Guillermo Guerrero

Sergio Bernardo Rivas

Osvaldo Rene Grecco

Salvador López, contrabajo y bajo eléctrico

Paloma Suárez, productora y mánager

Jesus Suzo Ramallo, ingeniero de sonido

(Tomado del blog El microwawe)

Consumo cultural: Entre el gris de lo alternativo

Tomado de CubaxDentro

Michael Jackson Hospitalized In Los Angeles

István Ojeda Bello

Tomado de Soy Cuba

¿Cuál es la naturaleza de eso que los adolescentes ven o escuchan fuera de los mecanismos «formales»? ¿Son una competencia o una opción válida frente a los medios de comunicación?

Casi siempre vienen tras algo en específico. Por ejemplo ya se acabó La Voz Kid y ellos me preguntan ¿qué tienes similar a eso? o parecido a Parodiando.

Nadie podría decir cuando comenzó pero ya hoy la programación de los canales de televisión, los cines o la radio dejaron de ser la principal fuente de la cual los adolescentes y jóvenes obtienen películas, series, telenovelas o música. De hecho hay quien asegura que muchos se han desconectado por completo de las propuestas institucionales.

El más reciente estudio sobre las actividades que realizan los jóvenes y la satisfacción que les reporta confirmó esa certeza. Los resultados demuestran que, aunque ver televisión es lo segundo que más hacen (lo primero es escuchar música), el consumo cultural a través de DVD, VCD, VHS, computadoras e Iphones es la segunda actividad que más satisfacción reporta a este sector poblacional.

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