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Cáncer: te confieso mis miedos

Tomado del blog: Bitácora de Glenda

El día que el médico de guardia me examinó los senos, yo ni siquiera podía excitarme con su cara de doctor lindo. Estaba asustada.

Mis miedos comenzaron en 2013, pero no con el cáncer de seno de mi hermana Kenia. Mis miedos comenzaron un domingo mucho después, con mis propios dolores en los senos… y no se han marchado más.

Desde entonces una displasia —normal a mi edad y por mi condición de nulípara— debe ser evaluada cada tres meses con ultrasonido y examen médico. Los antecedentes de cáncer en mi familia así lo sugieren.

Cada consulta, cada ultrasonido, es una prueba de resistencia a mis nervios. Nada puede disimular mis dientes apretados, nada puede calmarme: ni 500 padres nuestros y avemarías, ni un juego en el celular, ni un buen libro, ni conversar de cualquier tontería o tema interesante. Tengo miedo, siempre.

Hace dos años el seguimiento a una imagen en ambos senos me tuvo en vilo durante mucho tiempo. Una desapareció, la otra comenzó a crecer. “Hay que operar, no voy a correr riesgos”, me tranquilizó mi doctora… y también me asustó.

Yo era la operada número 4 de siete. La lista era por edad. Las tres muchachas que me sucedían se habían operado ya otras 2 veces. Y aunque disimulé calma, ellas notaron mis nervios. Y yo noté los suyos, a pesar de conocer el procedimiento.

Cambio de ropa: bata verde. Silla de ruedas: preoperatorio. Agujitas en las orejas para los nervios. Salón quirúrgico: cuatro médicos; brazo izquierdo amarrado; hidrocortisona en vena para el asma; anestesia general… y todo se apagó.

Desperté 45 minutos después en postoperatorio. Seno izquierdo vendado. Receta con pastillas para el dolor, método para limpiar la herida. Reposo por 15 días. Y el brazo izquierdo sin poderlo levantar.

Luego vino la rehabilitación por una bursitis, la consulta de seguimiento externo, la recogida de la biopsia. Negativa. Alivio. Llanto. Todavía miedo.

La cicatriz hizo un queloide en mi seno izquierdo. Desnuda frente al espejo no se ve, pero se descubre al tacto. Es mi marca personal, y hay quien dice que me vuelve una mujer más interesante, como imperfecta, más real. Yo he aprendido a quererla, más allá de esteticidades.

Cada tres meses vuelve el ciclo atemorizante. Sigo con mucho miedo, pero mi cicatriz me recuerda que el miedo no me puede paralizar.

¿El diagnóstico médico a un clic?

Tomado del blog: De lupas y catalejos
La paulatina llegada de Internet a Cuba propicia búsquedas sobre enfermedades, uso de medicamentos, tratamientos alternativos (Abel Rojas / Cubahora)

Unas noches atrás, mientras caminaba de regreso a casa, encontré a un amigo que no veía hace mucho. Después de ponernos al día sobre nuestras respectivas pequeñeces cotidianas, le conté sobre la enfermedad de un conocido de ambos.

Entonces, mi interlocutor, con una sapiencia en el tema que hasta entonces no le sospechaba, hizo toda una disertación sobre la posible evolución del paciente y los tratamientos debidos.

Nos despedimos poco después, pero quedé pensativa: ¿y cómo sabe él todo eso?, incluso me esforcé en rememorar si tenía algún estudio médico, pero no, había tomado el camino de la ingeniería, estaba segura.

Lo suyo es un entusiasmo amateur, un hobby que, valga decirlo, comparten un buen número de cubanos y cubanas; y que, también es justo aclarar, no tiene sus bases solo en un alto nivel de instrucción sino también en el acceso universal y gratuito a la salud.

Para quienes habitan este archipiélago, las instituciones médicas, desde el consultorio hasta los más prestigiosos hospitales, no son zonas vedadas; y se ha desarrollado una cultura de acudir a ellas que ciertamente conlleva familiarizaciones con exámenes, diagnósticos y prescripciones.

El problema está en aquellos que, sin haber usado jamás una bata blanca, creen que pueden ellos mismos recetar, basados en sus experiencias o la de personas cercanas, ¡y cuántos hay!

No sorprende entonces que la paulatina llegada de Internet a la isla propicie búsquedas sobre enfermedades, uso de medicamentos, tratamientos alternativos…

Ya sea quienes pueden conectarse desde el trabajo o la casa, por motivos laborales, o los que acuden a los puntos wifi o el servicio de Nauta Hogar, casi todos sucumben a la tentación de consultar a “Doctor Google” sobre temas de salud.

Hasta ahí no habría problema si no fuera porque quedarse con la versión de una página web entraña tantos o más peligros que guiarse en el mundo offline por criterios inexpertos y no acudir al personal facultado.

El fenómeno ya es mundial y por tanto está extensivamente estudiado. Buena parte de la información de salud que los internautas buscan corresponde a enfermedades como cáncer, gripe, diabetes, diarrea, alergia, depresión, Alzheimer, sida, anorexia o Parkinson.

Y si poder acceder a todo ese caudal de conocimiento es maravilloso, para quien no esté alerta puede ser muy frustrante. Mucha de la información disponible en Internet  sobre temas médicos está destinada a un público especializado, por tanto, el lector promedio se ve incapacitado para filtrar la información, la distorsiona y termina fijando solo los datos más alarmantes, con la consiguiente carga de miedo y ansiedad.

De más está decir que no todas las fuentes son fiables y que debe precisarse bien la fecha de actualización del artículo; que las historias de vida de sobrevivientes —tan frecuentes en la red de redes— no pueden generalizarse: cada cuerpo humano es un universo; y la mayoría de los contenidos disponibles se refieren a las patologías más graves, y no a las comunes que pueden relacionarse con síntomas similares a los de las primeras.

Si bien existen fenómenos más complejos como la ciberhipocondría, aun sin llegar a obsesionarse, cualquier persona puede desconfiar de su médico al indagar por tratamientos o consultar estadísticas.

El foro ¿Tu médico es Internet?, desarrollado por Cubahora, ofreció indicios sobre la percepción que existe en el país de este fenómeno.

Los comentarios acusan una conciencia colectiva de que automedicarse no es una opción y de que “buscar enfermedades y creerse que eso es lo que uno tiene” implica cierto morbo perjudicial.

Los foristas reconocieron leer sobre temas de salud y destacaron el beneficio de Infomed y de secciones médicas en la prensa cubana para ahondar en las recomendaciones de los facultativos y “entender mejor”, sin poner en duda el diagnóstico inicial.

En el contexto de la falta de medicamentos que experimenta el país, por carencia de materias primas, y que comienza a ceder, según datos de la industria farmacéutica nacional, varios usuarios dijeron haberse informado con enfoque más práctico: conocer sobre medicamentos análogos a los comercializados en Cuba para gestionarlos a través de amigos o familiares en el extranjero. Incluso, en ese caso preguntar a un médico se hace imprescindible.

Contrastar fuentes serias y nunca pensar que una lectura a la distancia de un clic puede sustituir la visita a un centro asistencial son recomendaciones no por obvias menos necesarias.

Cada vez habrá más acceso a Internet en el país y más cubanos sucumbiremos al mal de la autoconsulta web, preparémonos entonces para informatizarnos, que supone en buena medida saber discernir el oro de entre las rocas.

Cuba recurre al afecto para tratar a los niños con cáncer [+ video]

Tomado del Blog Cuba Isla Mía

Entrevista con el Dr. Jesús de los Santos Renó Céspedes, consulta médica: Xerodermia pigmentosa. Hospital Oncológico de Ciudad de La Habana

En el sistema de salud de Cuba más del 75% de los niños tratados por diferentes tipos de cáncer logran curarse y llevar una vida normal, según datos ofrecidos por el del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) de la isla.

El doctor Jesús de los Santos Renó, que desde hace treinta años está a cargo de la sala infantil del INOR de La Habana, visita a cada uno de sus jóvenes pacientes al comienzo de cada jornada, y revisa su historial clínico para hacer un seguimiento de su evolución.

“Nos sostiene el amor a lo que hacemos”, confiesa el doctor Renó, que destaca la importancia de la vocación a la hora de tratar niños con enfermedades malignas.

Los jóvenes pacientes del INOR no pueden asistir a la escuela como los niños sanos, pero cuentan con una maestra que los atiende de manera personalizada.

Merlene Álvarez, maestra de la planta infantil del INOR, cuenta que el objetivo principal es ayudar a los niños para hacer más “llevaderas” sus largas estancias en el centro de salud. Ver que terminan sus estudios al igual que los alumnos de las escuelas “ayuda a su autoestima”, explica.

Idael Torres Curnaux, que fue tratado en el INOR a causa de un tumor ocular y ahora ejerce allí como médico, decidió estudiar medicina motivado por el afecto que recibió durante su estancia como paciente.

Torres Curnaux suele visitar a sus pacientes casa por casa para cuidar su salud física y emocional, ya que una de las tareas de los doctores es “curar el alma”, concluye el doctor, que podría haberse curado con un fármaco estadounidense, pero que, a causa del bloqueo impuesto por Washington, no pudo acceder al mismo.

LA VITAMINA C PUEDE “ANIMAR” A LAS CÉLULAS MADRES DEL CÁNCER DE LA SANGRE A MORIR

 

Tomado del Blog El Ciervo Herido

Ciertos cambios genéticos son conocidos por reducir la capacidad de una enzima llamada TET2 para alentar a las células madre a convertirse en células maduras de la sangre, que finalmente mueren, en muchos pacientes con ciertos tipos de leucemia, dicen los autores. El nuevo estudio encontró que la vitamina C activó la función TET2 en ratones diseñados para ser deficientes en la enzima.

La vitamina C puede “decir” a células madre defectuosas en la médula ósea que maduren y mueran normalmente, en lugar de multiplicarse para causar cánceres de sangre. Éste es el hallazgo de un estudio dirigido por investigadores del Centro del Cáncer Perlmutter en ‘NYU Langone Health’, Estados Unidos, y publicado en la edición digital de este jueves de la revista ‘Cell’.

Ciertos cambios genéticos son conocidos por reducir la capacidad de una enzima llamada TET2 para alentar a las células madre a convertirse en células maduras de la sangre, que finalmente mueren, en muchos pacientes con ciertos tipos de leucemia, dicen los autores. El nuevo estudio encontró que la vitamina C activó la función TET2 en ratones diseñados para ser deficientes en la enzima.

“Estamos emocionados por la perspectiva de que altas dosis de vitamina C pudieran ser un tratamiento seguro para patologías de la sangre causadas por las células madre de la leucemia deficientes en TET2, muy probablemente en combinación con otras terapias dirigidas”, dice el autor del estudio correspondiente Benjamin G. Neel, profesor en el Departamento de Medicina y director del Centro del Cáncer Perlmutter. Hay cambios en el código genético (mutaciones) que reducen la función TET2 en el 10 por ciento de los pacientes con leucemia mieloide aguda (LMA), en el 30 por ciento de las personas con una forma de pre-leucemia llamada síndrome mielodisplásico, y en casi el 50 por ciento de los pacientes con leucemia mielomonocítica crónica.

 

Estos cánceres causan anemia, riesgo de infección y hemorragia, ya que las células madre anormales se multiplican en la médula ósea hasta que interfieren con la producción de células sanguíneas, con el número de casos aumentando a medida que la población envejece.

Junto con estas enfermedades, nuevas pruebas sugieren que aproximadamente el 2,5 por ciento de todos los pacientes de cáncer de Estados Unidos –o aproximadamente 42.500 pacientes nuevos cada año– pueden desarrollar mutaciones Tet2, incluyendo algunos con linfomas y tumores sólidos, según los autores.

INTERRUPTOR DE MUERTE CELULAR

Los resultados del estudio giran en torno a la relación entre TET2 y la citosina, una de las cuatro “letras” del ácido nucleico que componen el código de ADN en los genes. Cada tipo de célula tiene los mismos genes, pero cada uno obtiene instrucciones diferentes para activar sólo los necesarios en un contexto celular dado. Estos mecanismos reguladores “epigenéticos” incluyen la metilación del ADN, la unión de una molécula pequeña denominada grupo metilo a las bases de citosina que cierran la acción de un gen que las contiene.

La vinculación y retirada de los grupos metilo también sincroniza la expresión génica en las células madre, que pueden madurar, especializarse y multiplicarse para convertirse en músculos, huesos, nervios u otros tipos de células. Esto ocurre cuando el cuerpo se forma, pero la médula ósea también mantiene grupos de células madre a mano en la edad adulta, listas para convertirse en células de reemplazo según sea necesario.

En la leucemia, las señales que normalmente dicen a una célula madre de la sangre que madure funcionan mal, dejando que se multipliquen sin cesar y “auto-renueven” en lugar de producir glóbulos blancos normales necesarios para combatir la infección.

La enzima estudiada en este informe, Tet metilcitosina dioxigenasa 2 (TET2), permite un cambio en la estructura molecular (oxidación) de los grupos metilo que se necesita para que puedan retirarse de las citosinas. Esta “desmetilación” se convierte en genes que indican a las células madre que maduren y para iniciar una cuenta atrás hacia la auto-destrucción como parte de la rotación normal.

Esto sirve como un mecanismo de seguridad contra el cáncer, que se interrumpe en pacientes con cáncer de sangre con mutaciones TET2, dice Neel. Para determinar el efecto de las mutaciones que reducen la función de TET2 en células madre anormales, el equipo de investigación diseño genéticamente ratones de tal manera que los científicos podrían apagar o encender el gen TET2.

Similar a los efectos naturales de las mutaciones TET2 en ratones o seres humanos, el uso de técnicas de biología molecular para desactivar TET2 en ratones provocó un comportamiento anormal de las células madre. Sorprendentemente, estos cambios se invirtieron cuando se restauró la expresión de TET2 mediante un truco genético.

ALTAS DOSIS DE VITAMINA C POR VÍA INTRAVENOSA

Trabajos anteriores habían demostrado que la vitamina C podría estimular la actividad de TET2 y sus familiares TET1 y TET3. Debido a que sólo una de las dos copias del gen TET2 en cada célula madre suele verse afectada en enfermedades de la sangre con TET2, los autores plantearon la hipótesis de que altas dosis de vitamina C, que sólo pueden ser administradas por vía intravenosa, pueden revertir los efectos de la deficiencia de TET2 mediante la activación de la acción del resto del gen funcional.

De hecho, encontraron que la vitamina C hizo lo mismo que restaurar la función TET2 genéticamente. Al promover la desmetilación del ADN, el tratamiento con altas dosis de vitamina C indujo a las células madre a madurar y también suprimió el crecimiento de células madre de cáncer de leucemia de pacientes humanos implantadas en ratones.

“Curiosamente, también encontramos que el tratamiento con vitamina C tenía un efecto sobre las células madre leucémicas que se asemejaba a daño a su ADN”, dice la primera autor del estudio, Luisa Cimmino, profesora asistente en el Departamento de Patología de ‘NYU Langone Health’. “Por esta razón, decidimos combinar la vitamina C con un inhibidor de la PARP, un tipo de fármaco conocido por causar la muerte de células cancerosas mediante el bloqueo de la reparación de daños en el ADN y ya aprobado para el tratamiento de ciertos pacientes con cáncer de ovario”.

Tuvo un efecto mejor sobre las células madre de la leucemia, llevándolas desde la auto-renovación hacia la madurez y la muerte celular. Los resultados también sugieren que la vitamina C puede conducir a las células madre leucémicas sin mutaciones TET2 hacia la muerte, dice Cimmino.

“Nuestro equipo está trabajando para identificar sistemáticamente los cambios genéticos que contribuyen al riesgo de leucemia en grupos significativos de pacientes”, dice el autor correspondiente Iannis Aifantis, profesor y presidente del Departamento de Patología de ‘NYU Langone Health’. “Este estudio añade la orientación del TET2 anormal impulsado por la desmetilación de ADN a nuestra lista de potenciales nuevos enfoques de tratamiento”, concluye.

Operación Milagro

tomado del blog Dialogar Dialogar

Le llaman “la Ceguera”. Es un conjunto de cuatro modernos edificios situado al suroeste de La Habana (Cuba), concretamente en el verde y boscoso municipio de Marianao. No lejos de la mundialmente conocida sala de espectáculos Tropicana y del que fuera colegio jesuita de Belén, donde cursó sus estudios secundarios Fidel Castro. Oficialmente se llama Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer y ahí es donde se inventó, el 9 de julio de 2004, a iniciativa de Fidel y de Hugo Chávez, la famosa “Operación Milagro” que le ha devuelto la vista a millones de personas ciegas y sin recursos no sólo en Cuba y Venezuela sino en decenas de países de América Latina y del mundo.

El hospital existía, en forma embrionaria, antes de la revolución cubana. Se llamaba “La Liga contra la Ceguera” (de ahí el nombre con el que aún se le conoce popularmente) y había sido fundado en 1956 por un grupo de oftalmólogos humanitarios, financiado por un patronato de beneficencia a base de donaciones voluntarias de la población. Pero la mayoría de sus médicos, después de la victoria de la revolución, abandonaron a sus pacientes y se marcharon a Estados Unidos.

Con el personal que no desertó y se mantuvo fiel al proyecto transformador, poco a poco, gracias también a un grupo de jóvenes oftalmólogos, se retomó el proyecto. Así fue consolidándose la idea de impulsar la creación de un Hospital Docente Oftalmológico enteramente financiado por las nuevas autoridades revolucionarias.

En 1988, a iniciativa del presidente Fidel Castro, se creó, en el seno de este hospital, con los más modernos equipos tecnológicos, el Centro de Microcirugía Ocular que pronto iba a situar a Cuba en los primeros puestos, a nivel mundial, en materia de cirugía de cataratas, miopía y glaucoma. De todo el planeta empezaron entonces a acudir pacientes para someterse a delicadas intervenciones. Y la excelente reputación del “Pando Ferrer” se fue extendiendo por el mundo entero.

“¿Cómo surgió la idea de la operación milagro?”, le pregunto al doctor Marcelino Ríos, director del Hospital Pando Ferrer. Acompañados por la Dra. Eneida Pérez, que dirige el departamento de cataratas, estamos en su modesto despacho en el que destaca una gran foto en blanco y negro, enmarcada –obra de Alberto Korda—, que muestra en primer plano a Fidel Castro encendiendo un cigarro junto a Che Guevara. El Dr. Ríos lleva su bata blanca bien abrochada por encima de una camisa azul, está sentado ante una mesa repleta de libros y documentos, y me cuenta: “Todo empezó un 9 de julio del 2004. Se cumplen ahora exactamente trece años. Yo estaba ya de director. Recuerdo que era un viernes, ya de noche, pasadas las siete de la tarde. Una gran parte del personal, como es lógico, ya se había ido a su casa. Empezaba el fin de semana… Y, de pronto, me anuncian que llega, de improvisto, Fidel. ¡Imagínese!”

El Dr. Ríos se echa las manos a la cabeza y hunde los dedos en su espesa cabellera gris mientras, abriendo bien grandes los ojos, trata de reproducir la traumática sorpresa de entonces: “Ignoraba a qué venía el Comandante… Y me puse a reunir a todos los doctores que, a esa hora, podía encontrar disponibles. No eran muchos, cuatro o cinco a lo sumo. Entre ellos estaba la jovencísima Dra. Eneida Pérez que no debía tener ni treinta años entonces… Llegó Fidel, con su uniforme verde oliva, sus botas altas, afable como siempre. Venía solo, sin ningún ministro. Nos reunimos en un salita pequeña. Expectantes… Y ahí, sin muchos preámbulos, bebiéndose un vaso de agua, Fidel nos pidió, como un favor, si podíamos recibir el día siguiente por la mañana –un sábado…— a un grupo de cincuenta pacientes venezolanos que estarían llegando de Caracas para ser operados de cataratas…”

“¿Ya dominaban ustedes la cirugía de las cataratas?”, le pregunto a la Dra. Eneida Pérez. Venerada por sus pacientes, amable y bondadosa, considerada como una de las mejores cirujanas oftalmólogas del mundo, la Dra. Eneida me explica: “Bueno, quizás no tanto como ahora con trece años más de experiencia… Pero ya realizábamos, en 2004, unas setecientas cirugías por semana… Y ya entonces, varios de nosotros, exactamente siete, dominábamos la más novedosa técnica quirúrgica, la Blumenthal, para el tratamiento de las cataratas, enfermedad que es responsable, hay que recordarlo, de la mitad de los casos de ceguera en el mundo.”

“Al día siguiente –prosigue el Dr. Marcelino Ríos— a las siete de la mañana, llegaban a nuestro hospital los cincuenta venezolanos anunciados por Fidel. Una hora después ya habían sido operados los primeros de ellos. Y el lunes siguiente, nuestros siete cirujanos, trabajando sin descanso, habían operado a todo el grupo. Me llamó Fidel para felicitarnos y preguntarme si podíamos operar a más gente… ¿A cuántos más? le pregunté. Y ahí es cuando me dice que, sin duda, se había expresado mal porque lo que él nos había pedido era de operar a cincuenta venezolanos… ¡por día! Además eso no debía perturbar el servicio a los pacientes cubanos que ya operábamos normalmente…”

“Tuvimos que traer a otros siete oftalmólogos del interior del país porque no dábamos abasto… –me explica la Dra. Eneida Pérez— Tuvimos que constituir dos grupos: el primero empezaba a las 7 de la mañana… Terminaba a final del día… Calcule usted, cada intervención en aquella época duraba unos 15 minutos… Y cada cirujano operaba a unos sesenta o setenta pacientes por día… En total, los catorce cirujanos operábamos a una media de unos 500 pacientes cada día… Fue un reto formidable. Tuvimos que sobrepasarnos. Dos meses después, habíamos operado a unos 14 mil pacientes. Casi todas eran personas sin recursos. Con anécdotas muy conmovedoras: madres o padres que veían a sus hijos por primera vez… Ciegos de nacimiento –porque hay cataratas de nacimiento…— que por fin recobraban la vista y descubrían el mundo… Muchos lloraban de emoción. Humanamente fue una experiencia fabulosa.”

“Fidel –recuerda el Dr. Ríos—, un tiempo antes, en una precedente reunión, me había preguntado: ‘¿Cuál es la mejor tecnología para la cirugía oftalmológica, sin contemplar precios pero obviamente que no sea norteamericana?’ Le dije, sin vacilar, que era la alemana o la japonesa. Y el Comandante, a pesar de las reservas expresadas por algún ministro, mandó importar lo mejor. Para dar el mejor tratamiento a nuestro pueblo. Ello permitió a nuestros médicos y a todos nuestros especialistas formarse a las técnicas más actuales, más avanzadas. Sin esos equipos de alta tecnología y sin esos progresos no hubiésemos estado a la altura del desafío que nos planteó aquel 9 de julio de 2004. Fidel lo tenía pensado, no me cabe duda, desde mucho antes. Recordemos que, con Hugo Chávez, ya habían lanzado con enorme éxito, en Venezuela, la ‘Misión Barrio Adentro’, enviando a miles de médicos cubanos a los barrios más pobres para atender a pacientes que, a veces, no habían visto a un doctor o a un dentista en toda su vida. Por eso, los dos Comandantes conciben la idea de lanzar la ‘Operación Milagro’. Pero no divulgan la iniciativa; la mantienen en secreto hasta ver si todo sale bien.”

“Durante más de un año –prosigue la Dra. Eneida Pérez— estuvimos operando a miles y miles de pacientes venezolanos. Se estableció un verdadero puente aéreo con Caracas. Cada enfermo venía, por razones obvias, acompañado de un pariente. Y a este pariente, nuestros servicios médicos lo sometían a un examen de salud completo, multidisciplinario. Y a menudo se descubría que padecían diversas afecciones de salud o padecimientos crónicos; y también se les trataban. O sea que paciente y acompañante regresaban a su país totalmente curados.”

“¿Cuándo se anunció públicamente la existencia de la ’Operación Milagro’?”, le pregunto al Dr. Marcelino Ríos. “Fue —me contesta— en el marco del programa de televisión ‘Aló Presidente’ que se realizó aquí en Cuba, en la provincia de Pinar del Río, en un poblado llamado Sandino, el 21 de agosto de 2005. Ahí es donde los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro anuncian que ya se han operado más de 50 mil pacientes y divulgan la existencia del convenio mediante el cual se crea la ‘Misión Milagro’ que plantea intervenir quirúrgicamente a seis millones de latinoamericanos, aquejados de enfermedades oculares, en un lapso de una década. Se le puso de nombre ‘Milagro’ porque es la expresión popular de centenares de pacientes que, al recobrar la vista, exclaman sorprendidos: ‘¡Es un milagro!’. Muchos de ellos nos contaban sus experiencias de peregrinar por los diferentes servicios de salud de sus respectivos países, sin recibir respuesta. Y ya habían abandonado toda esperanza de recuperar la vista algún día…”

“¿La ‘Operación Milagro’ —le pregunto al Dr. Ríos— se ha extendido a otros países además de Venezuela?” El año siguiente al anuncio hecho por los Comandantes Fidel y Chávez, o sea en 2006, abrimos varios de centros oftalmológicos en Venezuela, integrados por profesionales cubanos —un centenar de ellos trabajadores de nuestro hospital Pando Ferrer. Debo precisar que, en la ‘Operación Milagro’, participan unas 165 instituciones cubanas. Y se dispone, además, de una red de cincuenta centros oftalmológicos con 82 posiciones quirúrgicas en 14 países de América Latina y el Caribe. Porque, en efecto, Fidel y Chávez, a partir de la experiencia cubana, decidieron ampliar el servicio a otros países, incluyendo a varios Estados del Caribe, como Haití y San Vicente y las Granadinas. Bolivia fue la siguiente nación. Después se sumaron Guatemala, Honduras, Ecuador, Paraguay, El Salvador, México, Argentina, Uruguay… Hasta alcanzar una veintena, más otras decenas de establecimientos quirúrgicos abiertos por personal cubano en África y Asia. “

En el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay unos 45 millones de ciegos. Y, como nos lo precisaba la Dra. Eneida Pérez, la mitad de ellos, o sea unos 25 millones, lo son sencillamente a causa de las cataratas. Lo que significa que, con una simple operación quirúrgica, esos 25 millones de personas podrían recuperar la vista. Dicho de otra manera, esos 25 millones de personas son ciegas porque son pobres. Porque no pueden costearse una intervención quirúrgica de alto coste, o porque no viven en un país con un sistema público de salud que preste esa atención y asuma ese gasto. Esa es la tremenda injusticia que quisieron combatir los líderes de la revoluciones cubana y bolivariana. Igual que ambos combatieron y erradicaron por completo el analfabetismo en sus respectivos países, se propusieron erradicar la ceguera.

Algunos quizás se pregunten si todo esto que estoy diciendo no es más que propaganda. Para verificarlo, como yo era muy miope y con unas cataratas muy complicadas, decidí probar en mi propia persona la ‘Operación Milagro’ y someterme a cirugía en los dos ojos.

Después de los análisis pertinentes, mezclados con las decenas de pacientes que llenan los pasillos del Hospital Pando Ferrer, me sometí a la intervención. Con sus manos de ángel, la Dra. Eneida Pérez me operó. Una semana el primer ojo. La semana siguiente el segundo. Seis o siete minutos a cada vez. Cero dolor. Increíble. Totalmente ambulatorio. Apenas operado, te levantas de la mesa del quirófano por tus propios pies y, sin la ayuda de nadie, te marchas a casa. Dos horas después, te retiras tú mismo el esparadrapo que cubre el ojo operado. Milagro. Ya ves bien. Ya puedes hacer vida normal. Puedo dar testimonio de ello. ¿Cómo no pensar en los millones de personas que han vivido esta experiencia? ¿Cómo no estar eternamente agradecidos a los dos Comandantes que impulsaron este grandioso milagro?

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