Archive for: marzo 16th, 2018

Candados al deseo de hacer

Tomado del blog Mira Joven (Cuba)

Por Yasel Toledo Garnache

¿Y qué pasa si el trabajador lleva varios días cabizbajo, con la tristeza circulando por las mareas de su cuerpo? ¿Y si el jefe enaltece la incomunicación y ya existe como un muro entre ambos? ¿Qué debería hacer quien se siente como atado, a pesar de tantos deseos de ser útil, proponer y aportar?

El muchacho de esta historia, que puede tener varios nombres, quiere recuperar su alegría de antes y la energía para impulsar proyectos, conversar y soñar en un ambiente de entusiasmo y unidad. En estos momentos lo carcome la inmovilidad, y eso le duele, le golpea el alma, por eso cierra los ojos e intenta recobrar el ánimo de casi siempre.

Numerosos jóvenes llegan a los centros laborales repletos de ímpetu y deseos de hacer, demostrar lo aprendido en la academia, sin embargo, no encuentran el escenario más adecuado. A otros de más edad también les puede suceder algo similar.

A veces, del otro lado de la puerta los recibe alguien que pone frenos a la voluntad, candados al deseo de hacer o que, simplemente, les explica: «aquí está todo inventado, lo tuyo es solo esto, eso y aquello».

En ocasiones, hasta se encuentran un jefe que habla siempre más alto que los demás. Hace una reunión en la empresa casi todos los días y su palabra preferida parece ser «yo», porque es la primera de la mayor parte de sus oraciones. Da golpes sobre la mesa, regaña y amenaza con expulsiones. Los subordinados, quienes no suelen expresar sus criterios, le tienen miedo, y él parece orgulloso.

«Respeto, me tienen respeto», piensa el hombre del buró y retoca la corbata inexistente. Camina por el interior de la instalación y no saluda a nadie, entra a la oficina en las alturas, su reino más pequeño, y cierra la puerta.

Otras veces, son recibidos por personas que verdaderamente los tratan bien, pero todas parecen muy conformes con los resultados productivos y las maneras de organización del trabajo, aunque los éxitos pudieran ser mayores.

El recién llegado propone, quiere hacer de una manera diferente, habla de ciencia, de que sería más favorable intentarlo de esta manera…, y eso motiva incomprensiones. Él percibe también poca unidad, deficiente gestión de la comunicación interna y demasiada conformidad.

Cada acción suele indicarse desde las oficinas, sin debate entre todos ni propuestas de ideas. Luego no se valoran los impactos y existe la sensación de lanzar pelotas sin importar cuántas caen en zona de strikes.

Verdaderamente, la comunicación interna, el ambiente agradable y el afán colectivo de conquistar triunfos son esenciales. Especialistas aseguran que la mala gestión comunicativa suele ser causa de numerosos problemas puertas adentro, incluidos sentimientos negativos entre compañeros, relaciones débiles de jefes y subordinados, un mal clima laboral y disminución de la producción, en cantidad y calidad.

Resulta lamentable que en algunos sitios pululen las malas sensaciones, los chismes, rechazos a las figuras de autoridad cercanas, frustraciones, los resentimientos y la desmotivación.

Para lograr la armonía y éxitos no existen modelos. Alguien o varios podrían tener las mejores intenciones, pero a veces un «rosca izquierda», una persona empeñada en nadar siempre en contra, pudiera lacerar las sonrisas, por eso es esencial también conocer a cada quien y descubrir las maneras de motivarlo.

Afortunadamente, en algunos sitios todo fluye bien, con entusiasmo, propuestas desde la humildad y el anhelo de ayudar, sin pretender aplausos.

Cada centro laboral debe constituir un grupo de amigos, una familia unida por el objetivo común de alcanzar éxitos individuales, pero sobre todo colectivos, aprovechando al máximo las potencialidades de cada uno, siempre con exigencia y la fuerza necesaria para señalar los errores con respeto, y especialmente indicar cómo hacerlo.

También es necesario felicitar a los más destacados, dar unas palmaditas en el hombro, buscar entre todos soluciones a las dificultades y encontrar las maneras más favorables de alcanzar triunfos, con unidad y conciencia de que la fuerza y la inteligencia del grupo siempre serán superiores a las de cada quien.
El presente y el futuro serán mejores si todos caminamos juntos como un gran equipo, a favor del bien.

Eduardo Ramos

tomado del blog Segunda Cita

En la madrugada de hoy, viernes 16 de marzo de 2018, se nos fue Eduardo Ramos Montes, hermano, bajista y uno de los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Pongo la nota que escribí en enero para su último disco, que debe salir pronto. Segunda Cita abraza a Popy, a Elis Regina, a Jean Franco y a Laura, y desea el mejor de los viajes a este amigo querido, excelente músico e impecable caballero en todas las circunstancias de la existencia.

Hace unos días, pensando las palabras que debía pronunciar como inauguración del Premio Casa de las Américas, cuando recordaba que en el próximo febrero se iba a cumplir medio siglo de que algunos trovadores de mi generación habían cantado por primera vez en aquella importante institución de la cultura Latinoamericana, recordaba que, aquel 19 de febrero de 1968, uno de los presentes concertantes fue Eduardo Ramos.Yo había conocido a Eduardo un par de meses antes, porque habíamos coincidido en las actividades colaterales al Primer Festival de la Canción Popular, en el famoso balneario de Varadero. Recuerdo hasta la primera vez que hablamos, en los jardines del hotel Kawama, en cuyo cabaret nos habían asignado actuar. Eduardo por entonces era la segunda guitarra del importante grupo Sonorama 6, que dirigía Martín Rojas e integraban músicos que luego fueron de mucha trascendencia como Enrique Pla, Changuito, Carlos del Puerto, Carlos Averoff.Eduardo ya escribía canciones con unas armonías muy particulares y llegó a desarrollar uno de esos estilos tan peculiares que son únicos. Sus temas me fascinaban, tenían unas atmósferas oscuras, con giros armónicos y melódicos inhabituales, y estoy seguro de que, en aquellos años en que yo me formaba, me sirvió de mucho la honestidad de un autor como él, para completar mi conciencia exigente respecto al arte de la canción.Desde entonces fundamos una amistad invariable, basada siempre en goces y afinidades tanto estéticas como éticas. Recuerdo cuando vivía en el barrio de Pogolotti, con sus padres; recuerdo cuando nació cada uno de sus hijos. Vivimos años inolvidables en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC –donde él quedaba como director cuando Leo Brouwer se ausentaba–. Para aquel grupo legendario Eduardo escribió páginas fundamentales y, como bajista, fue uno de los autores de su sonoridad. En aquella etapa me ayudó con varias orquestaciones y fue el productor de mi álbum Tríptico. Después viajamos juntos a muchos eventos musicales.Eduardo fue elegido, por aclamación, el segundo dirigente que tuvo el Movimiento de la Nueva Trova, y en los años 90, cuando fundamos los estudios Abdala, fue de los primeros en acudir a echarnos una mano, siempre con la responsabilidad que le caracteriza.Para mi, más que gusto, es honor presentar este disco de uno de los músicos que más quiero y respeto, por ser siempre intranquilo, por no achantarse, por estar siempre dispuesto a dar un paso más, como hacen los que eligen el arte como forma de vida y se hacen niños para siempre. Así es Eduardo Ramos, quien tiene residencia en el infinito parque de diversiones de la música.Silvio Rodríguez Domínguez
La Habana, 8 de enero, 2018.

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