Category: Comunidad

Normalmente, niña

Tomado del blog Letra Joven

por rodoguanabacoa

Por Rodolfo Romero Reyes

No es solo su ritmo contagioso, la creatividad de sus letras, el uso de nuevos códigos comunicativos o la frescura de sus videos musicales. Algo adicional le garantiza al reguetón la trascendencia: su arte para rimar.

Los decimistas pusieron la parada bien alta. Su obra presume: 10 versos, 8 sílabas cada uno, rimas consonantes perfectas: primero, con cuarto y quinto; segundo con tercero. Los autores de sonetos hicieron otro tanto. ¡Pobres poetas de versos libres, intensos, dramáticos, sublimes, pero sin destreza para los finales exactos!

Por eso los iniciadores, los padres del género, no perdieron tiempo en licencias poéticas y apostaron por rimar a toda costa. Don Omar, optaba desde un inicio por rimas fáciles: «Subió el balón, / cuidao ahí domina Don. / Amárrate los tenis, comenzó la acción. / Control total de la situación / pues no es lo mismo que driblees tú, a que la baje Don». Incluso, en esa misma canción «Donqueo», lograba rimas en ¿inglés?: «Hey, sorry por el turnover. / No lo viste venir, te maté en el crossover. / Si me empata, aunque lo dudo, nos vamos al over».

Por su parte, Daddy Yankee, en aquel tema que constituyó himno regional en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana —«La gasolina»—, apostó por una rima para nada fácil y logró componer: «Ella prende la turbina. / No discrimina. / No se pierde ni un party de marquesina. / Se acicala, va pa´ la esquina. / Luce tan bien que hasta la sombra le combina. / Asesina, / me domina. / Janguea en carro, motoras y limusina. / Llena su tanque de adrenalina / cuando escucha reguetón en la cocina».

Sin embargo, él también fue víctima del mercado y terminó jugándonos cabeza con rimas bastante forzadas como: «Seguroski, cabroski, que todas las gatas se agarren los meloski, (…) esta noche nos fuimos al garetoski».

Con el paso del tiempo se notó cierto declive en las composiciones foráneas. En la canción «Ay, mi Dios», de Yandel, El Chacal, Chino y Pitbull; este último optó por el facilismo al rimar con ¿la misma palabra?: «Te deseo lo mejor, que todo sea perfecto; / tú no puedes con mi vida, bueno, mami, perfecto, / qué tú quieres que te diga que yo soy perfecto».

En el ámbito nacional no podíamos quedarnos atrás. En el afán por lograr rimas consonantes que resultasen insuperables nos inclinamos por terminaciones difíciles. Cuando parecía imposible encontrar palabras que rimaran con agua y que tuvieran un sentido lógico —insisto en esta última parte—, un grupo cubano pegó esta rima por toda la Isla: «¡Aceiteeeee! ¡Agua! / Yo soy una guagua, / cuidado que te cogen las jimaguas».

Otros, para quitarse este problema de arriba, han decidido modificar la terminación de las palabras. El promotor de esta «ideota» fue Osmany García quien para rimar decidió modificar un tanto algunos sustantivos y verbos: bayú, por bayuqui; luz, por luqui; todo, por tuti; boca, por bocuti; caliente, por calentuqui; disfrutes, por disfruti; y así logró componer su tan polémico hit: «Chupi chupi».

Cierro con una cita del último sencillo de Yomil y El Dany, junto a Wildey. Se titula «Normalmente». Obviamente —y vale la cacofonía en este caso—, la premisa que los inspiró fue mostrar su domino de los adverbios de modo.

«Normalmente / contigo voy a darme mi lugar, correctamente, / voy a dejarte tiesa y voy a echarme pieza, ricamente, / voy a hacer mi vida yo, lindamente / porque tú eres mala, mami, tú no sientes»; obsérvese como al final del estribillo se salen del facilismo, de lo predecible, para mostrar una rima asonante que impacta en el auditorio. Ellos saben lo que hacen, evidentemente.

El ciclo de la Historia

Tomado del blog La mariposa cubana

La Historia tiene maneras de enseñarnos. Una espiral de sucesos que nos pueden llevar al desarrollo o al inequívoco ejercicio de la repetición. Si algo tenemos los nacidos bajo el signo de Cuba es buena memoria, sobre todo ante la amnesia, selectiva, de quienes han gobernado en el Norte vecino.
Los creídos Mesías estrenaron su divina misión de interventores pacifistas en el hemisferio mucho antes de extender su manto al resto del mundo. Desde entonces una pieza apetecible ha sido esta nación indómita.
Una nación que desde 1492 aprendió a vivir con la cruz y la espada rozándele la garganta al tiempo que se nombraba y se definía. En medio de toda esa sangre y esa vida que cuestan los aprendizajes a fuego estuvo Estados Unidos a la sombra, esperando el momento de la “salvación” por su mano de un pueblo de débiles y afeminados, incapaces de gobernarse.
Martí, el hombre a quien nunca le tembló la vida por Cuba, alzó la voz y contó de nuestro servicio a la paz, tan antiguo como nuestras ansias independentistas. Pero donde muchas veces olvidan el por qué de las luchas y la muerte de Abraham Lincoln no cejaron en su empeño. El inmenso cubano lo vislumbró e hizo su causa evitar su extensión por Nuestra América.
Pero la necesaria guerra llegó a su fin sin el Maestro y el valiente General confió en el honor de quienes declararon que no tenían “deseo ni intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla (Cuba), excepto para su pacificación, y afirman su determinación, cuando ésta se haya conseguido, de dejar el gobierno y dominio de la Isla a su pueblo”.

Mala fue la interpretación de sus palabras. Ellos se fueron a disfrutar de lejos su nueva pocesión, una falacia de República acunada en los brazos de una Enmienda impuesta bajo la amenaza de no marcharse jamás.
Once votos se opusieron al robo de la libertad, entre ellos el cubano bueno que se alzó por órdenes de Martí—Juan Gualberto Gómez–, quien aseguró que de rodillas al Imperio solo tendríamos “gobiernos raquíticos y míseros, (…) condenados a vivir más atentos del beneplácito de los Poderes de la Unión que a servir y defender los intereses de Cuba”.Situación ante la que Salvador Cisneros Betancourt sentenció que “Cuba no tendrá su independencia absoluta”.
La “República” comenzó a dar pasos sola cuando el protectorado murió junto con la “Platt” en 1934, pero los títeres de turno cuidaban más su bolsillo que el estado de nación y de derecho que solo conoció el país después de 1959.
De entonces acá los desvela la fruta perdida. A su sueño han puesto diferentes nombres: Mangosta, Peter Pan, Brigada 2506, Ley Torricelli… Radio y TV Martí… intentos de asesinatos, subversion interna…
En 2004, celebrando una independencia que nunca gozó el pueblo definido por Fidel en la Historia me Absolverá, conmemorando una República (20 de mayo) orquestada tras bambalinas. George W Bush fue a Miami, junto a los pocos que lloran heridas que el resto no recuerda, a firmar un Plan para Cuba. Sus antecedentes datan de octubre del 2003, cuando estableció la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.
Fue esta sin dudas una declaración abierta al intervencionismo, pues reconocía que buscaban identificar medios adicionales para poner fin rápidamente al régimen cubano, que su Gobierno no estaba simplemente esperando sino que estaba trabajando en términos prácticos para lograr ese fin. Y en el camino para acelerar la transición iban a determinar cómo sería la misma. Justo la clave de toda su ayuda: la devolución de propiedades que fueron nacionalizadas por la Revolución.
Todo un canto de sirenas de 450 páginas para endulzar los oídos de uno de los lobby entonces más fuertes de la política norteamericana. Los años de elecciones tienden a tener ese efecto enceguecedor en quienes quieren mantener sus pertencias en el despacho Oval.
Para los cubanos, un dejavu de 1996. Cuando William Clinton se negaba a recoger la maleta y firmó para complacencia del voto la Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas.
La Helms-Burton tuvo su Maine: el incidente de las avionetas de Hermanos al Rescate fue el pretexto preparado el 24 de febrero de 1996 para lograr la escalada agresiva que terminó en la firma de un cuerpo legal que en sus títulos III y IV varios abogados, incluso en los propios Estados Unidos, han señalado que no tiene precedentes en la historia legal de ese país, pues se entromete en asuntos que solo serían abordables a la luz de los principios del Derecho Internacional.
La Ley define entre sus propósitos “ayudar al pueblo cubano a recuperar su libertad”… “Proporcionar un marco de política para el apoyo de los Estados Unidos al pueblo cubano a la formación de un gobierno de transición”. Y en la Sección 109 se autoriza al Presidente a prestar asistencia a personas y organizaciones no gubernamentales independientes a favor de los esfuerzos de democratización en Cuba, incluido… “apoyo a los grupos democráticos y de derechos humanos de Cuba”.
Un guion ya desgastado, que incluye la disolución de las principales instituciones del país, incluidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, bajo la apariencia de un nuevo rol. Recuerdo claro de 1898 y la deposición de las armas del Ejército Libertador… la Historia ha sido clara en las consecuencias, quien tenga dudas puede mirar al Sur, en Colombia.
Con esta Ley el gobierno de Estados Unidos perpetúa sus hostilidades hacia Cuba; contrarresta el cuestionamiento creciente al bloqueo y asegura que ningún presidente estadounidense pueda levantarlo ni cambiar la política agresiva hacia el pueblo cubano. De paso incrementa la extraterritorialidad de las decisiones norteamericanas, busca desestimular la inversión extranjera en el país e impedir que las organizaciones financieras internacionales ofrezcan préstamos para el desarrollo de la economía nacional… y con ello el logro de la asfixia de la Revolución.
La misma que representa y es la República unitaria que soñó Martí, la que no fue el 20 de mayo donde pisotearon la sangre mambisa y la entrega de muchos; la que no pueden construirnos de afuera con un plan a la medida de quienes buscan recuperar propiedades en suelo nacionalmente cubano.
La Historia tiene maneras de enseñarnos. Este no es el país de 1492. Es una nación por vocación rebelde y por convicción mayoritaria martiana y fidelista, construida por un pueblo que bien puede parafrasear al Comandante — en las mismas entrañas del monstruo–, pues de los asuntos de Cuba, nos encargamos nosotros.

El derecho de nacionalizar

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Tomado del Blog Dialogar Dialogar

El premio Nobel de Economía Paul Krugman escribió en el New York Times que “ningún hombre es autosuficiente, aunque Trump lo sea más que la mayoría. Así que, para poder comprender la magnitud de sus metidas de pata en las decisiones sobre políticas, es necesario reconocer la extraordinaria calidad de las personas que lo rodean. Claro que cuando digo “extraordinaria”, en realidad quiero decir una calidad extraordinariamente baja. Lincoln tenía un equipo de rivales; Trump tiene un equipo de imbéciles”.

Eso es lo que estamos observando en los que formulan y ejecutan la política hacia Cuba que, además de irracional, es bastante desoladora, porque parece que son ataques frenéticos, fuera de control, como si la bilis acumulada durante tantos años por tantos fracasos los hiciera más rabiosos, aunque confieso que no se les puede negar el mérito por la eficacia para disfrazar la verdad ante la opinión pública. Son verdaderos doctores en ciencia en el arte de propagar mentiras.

Desde antes de llegar al poder y aprovechando la visión transaccional que tiene Trump, estos camajanes secuestraron la política hacia nuestra nación  y retomaron la agresión para destruir a la Revolución. Por eso, reactivan los procesos judiciales y las demandas del título III de la ley Helms-Burton, legislación que propugna con sus imposiciones de cómo tenemos que ser y como tenemos que hacer para reconvertirnos con total humillación en un enclave neocolonial.

Es la obtusa obsesión de infundir miedo a los inversionistas extranjeros para que desistan de invertir en la Isla, pero también a los cubanos de que habrá demandas judiciales y tendremos que devolverles todas las propiedades nacionalizadas o confiscadas desde el 1ro de enero de 1959 hayan sido o no de ciudadanos norteamericanos en ese momento, marcando claramente el interés de favorecer a los batistianos que encontraron refugio seguro en los Estados Unidos tras la huida del tirano Fulgencio Batista.

Nacionalización y expropiación

En las normas del derecho internacional se contempla la potestad de los estados de ejercer el principio de la nacionalización para reivindicar bienes tanto de personas naturales como de personas extranjeras, siempre y cuando no se realice por motivos discriminatorios y se adjudique la correspondiente indemnización.

Así, por ejemplo, la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1974, dispone que “todo Estado tiene derecho a nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de bienes extranjeros, en cuyo caso, el Estado que adopte esas medidas deberá pagar una compensación apropiada, teniendo en cuenta sus leyes y reglamentos aplicables y todas las circunstancias que el Estado considere pertinente. En cualquier caso en que la competencia sea motivo de controversia, esta será resuelta conforme a la ley nacional del Estado que nacionaliza”.

El Gobierno Revolucionario cubano  dictó en febrero  de 1959 la Ley Fundamental de la República donde se retomaron  los elementos cardinales de la Constitución de 1940, la cual proscribió el latifundio y estableció la expropiación forzosa por causa de utilidad pública e interés nacional (que no pudieron llevarse a cabo pues nunca en la seudorepública se hicieron las leyes complementarias para ejecutar ambas disposiciones).

Cuba nacionalizó las propiedades estadounidenses entre mayo  de 1959  y octubre de 1960 como parte de los principios establecidos en su legislación a partir de la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, que acabó con el latifundio, y otras medidas como la Ley 851 de 6 de julio de 1960, en la cual se establecieron también los mecanismos de indemnización.

La destacada y reconocida jurista Olga Mirada Bravo dejó antes de fallecer numerosos textos de conferencias impartidas  en organismos nacionales e internacionales, así como  libros sobre las nacionalizaciones y el bloqueo, puesto que  en 1992 durante  los primeros debates en la ONU de la resolución de denuncia del bloqueo, el gobierno estadounidense justificó la aplicación de esas medidas coercitivas y extraterritoriales contra nuestro país   al asegurar que era esencialmente una respuesta a la nacionalización de los bienes pertenecientes a los Estados Unidos

El 9 de julio de 1993 el representante permanente de Cuba ante la ONU entregó al Secretario General una carta y un extenso documento elaborado por un grupo de expertos a solicitud del Gobierno cubano, donde  se prueba claramente que el programa de coerción  económica determinó siempre  el interés de las autoridades norteamericanas de presionar   para imponer   el sistema político del agrado de Estados Unidos, mientras que nunca aceptaron ninguna de las propuestas presentadas por Cuba para indemnizar a los propietarios nacionalizados.

También carece de todo fundamento el argumento esgrimido por EE.UU. de que la nacionalización efectuada por Cuba fue ilegal y discriminatoria, puesto que dicho proceso incluyó propiedades de nacionales de otros países. Excepto Estados Unidos, el resto de los países adoptó una posición respetuosa con relación a la decisión soberana de Cuba y establecieron negociaciones con las autoridades cubanas para la compensación a sus nacionales por las propiedades que estos tenían en la isla. De esta forma, se concluyeron acuerdos con Francia, Suiza, Gran Bretaña, Canadá,  España , entre otros, para efectuar las compensaciones, estableciendo plazos para su ejecución acordes a la práctica internacional en estos casos.

Otra aclaración importante que hizo la destacada jurista Olga Miranda deslinda el asunto de la confiscación de los ciudadanos de origen cubano al subrayar que independientemente del proceso de nacionalización, se efectuó la confiscación de los bienes malversados, mediante procedimientos establecidos en la ley, tanto por vía judicial como administrativa.

Tal era la magnitud del fraude y robo, que se creó el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, para determinar en cada caso, mediante escrupuloso expediente, los bienes malversados producto de notorias operaciones fraudulentas e ilícitas, o legitimados adicionalmente por la fuga en masa de sus gestores, propietarios y cómplices, muchos de los cuales desde los meses finales de 1958 venían trasladando cuantiosas sumas a bancos norteamericanos, y casi todos creyeron que este era un proceso transitorio, pues Estados Unidos nunca permitiría una Cuba independiente y seguramente en cuestión de meses intervendría al país.  Puede encontrarse en la Gaceta Oficial de la República de aquellos años, la relación de personas naturales o jurídicas sancionadas.

Por supuesto, señaló la doctora Miranda, como la confiscación presupone un hecho punible, estos casos no llevan compensación alguna, de ahí su diferencia sustancial con la nacionalización, que no es una sanción y que conlleva la indemnización adecuada.

Ahora, para confundir y encubrirse, muchos de los pretendidos reclamantes de la Helms-Burton de origen cubano, fueron realmente confiscados y no nacionalizados, por lo que en Cuba no tuvieron ningún derecho a compensación.

Esta acción de la Helms-Burton, además de lo inmoral que resulta,  vulnera los limites establecidos por  el Derecho Internacional que no confiere derechos retroactivos a los ciudadanos por naturalización.

Con respecto al derecho a nacionalizar, es reconocido por no pocas personalidades e instituciones norteamericanas que Estados Unidos siempre actuó en el marco de la coerción. Desde el primer momento se negó a la aplicación de la fórmula compensadora propuesta por Cuba que era plenamente compatible con la práctica internacional. La soberbia hegemónica impidió a la administración Eisenhower aceptar la decisión cubana de igualdad soberana para indemnizar a los nacionalizados, no por la forma en que fue concebida, sino por el criterio de que sus nacionales no podían ser objeto de expropiaciones.

Por el contrario, asumió formas que convertirían después a esas reclamaciones en rehén de su política. Básicamente impuso a los afectados un modelo de solución que permitió al gobierno de EE.UU. asumir la negociación. El programa de reclamaciones que elaboró durante cerca de ocho años (1964-1972) las concentró en 5 911 casos de estadounidenses al momento de la nacionalización, aunque solamente una veintena de empresas tienen casi el 87 por ciento del monto reclamado.

Pese a ser agredida, Cuba siempre se manifestó por indemnizar

El investigador cubano Alejandro Aguilar, titular del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, ha publicado diversos análisis sobre este tema que, sin dudas, se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional para Cuba. A partir de las causas por las que los estadunidenses no recibieron la compensación por las propiedades nacionalizadas, él  se ha preguntado:: ¿Obedece  acaso a una falta de voluntad política de Cuba para ello?. ¿Pudo Cuba enfrentar económicamente la liquidación de las indemnizaciones y bajo qué condiciones? ¿Propició EE.UU. un clima adecuado para llevar a cabo las negociaciones y la indemnización? ¿Mantienen vigencia las reclamaciones estadounidenses después de casi seis décadas de bloqueo, agresiones diversas y una sistemática hostilidad?

En una enjundiosa argumentación, el doctor Aguilar señaló  que  La Ley de Reforma Agraria promulgada el 17 de mayo de 1959 estaba encaminada a potenciar la economía agropecuaria del país, eliminando la posesión improductiva de la tierra y, en particular, el latifundio, el cual estaba proscrito ya en la Constitución aprobada en 1940. Para ofrecer una idea: el  Censo Agrícola Nacional de 1946 había puesto de manifiesto esta situación cuando informaba que el 15 por ciento  de los propietarios disponían  casi del 50 por ciento de las fincas

En sus comentarios, el investigador enfatizó que la Ley también reconoció el derecho constitucional de indemnización y estableció el pago mediante Bonos de Reforma Agraria, redimibles en 20 años, con interés anual no mayor del 4,5 por ciento, para lo cual se incluirían los fondos en el presupuesto de cada año. Estableció, además, una excepción del impuesto sobre renta personal a aquéllos receptores de bonos que inviertan estos fondos. “Las condiciones de amortización de las indemnizaciones superaban con creces las que se establecieron por los propios Estados Unidos a los terratenientes en la reforma efectuada durante su ocupación del Japón”, subrayó.

Aguilar igualmente rememora que desde la promulgación de la Reforma Agraria, las autoridades cubanas informaron su disposición a examinar con el gobierno de EE.UU., en un plano de igualdad y de respeto mutuo, el tema de la indemnización a los nacionales estadounidenses, al propio tiempo que demandaba a ese gobierno que se abstuviera de tomar cualquier medida que pudiera interferir la marcha de las negociaciones.

Sin embargo, como acción  presionante  la administración norteamericana  solo aceptó que  esa expropiación llevara consigo el pago de una pronta, adecuada y efectiva compensación, algo verdaderamente irracional pues  conocían perfectamente que los personeros de la tiranía que usurpó el poder en Cuba desde 1952 con  su total  apoyo habían saqueado las arcas de la nación, robando y malversando más de 460 millones de dólares de las reservas monetarias internacionales del país y habían dejado un saldo de deuda pública de más de 1 300 millones de dólares.

Otro elemento importante que destaca el investigador es que a comienzos de junio de 1960  las empresas petroleras estadounidenses informaron que no enviarían más petróleo a Cuba y prohibieron a sus refinerías en la Isla que procesaran el petróleo de otras fuentes, no obstante que la Ley cubana de Minerales y Combustibles vigente desde el 9 de mayo de 1938 establecía la obligatoriedad de esas empresas de procesar el petróleo crudo que el Estado le suministrara.

No obstante esa agresión que pretendía paralizar al país como parte de la política de provocar la asfixia económica , en la  Ley # 851 de 1960 que autoriza la nacionalización de las empresas estadounidenses se consideró la compensación de los bienes afectados.

El Titular del Instituto Nacional de Investigaciones  Económicas recalcó que esa Ley nacionalizadora en artículo No. 5, estableció el pago por los bienes expropiados con bonos de la República, que se amortizarían en un plazo no menor de 30 años a partir de la fecha de expropiación y con un interés no menor del 2 por ciento, para lo cual se crearía el “Fondo para el Pago de Expropiaciones de Bienes y Empresas de Nacionales de los Estados Unidos de América”.

Para la amortización de dichos bonos y como garantía de los mismos, este Fondo creado por el Estado cubano se nutriría anualmente con el 25  por ciento de las divisas extranjeras que correspondan al exceso de las compras de azúcares que en cada año calendario realicen los Estados Unidos de Norteamérica sobre tres millones de toneladas largas españolas para su consumo interno y a un precio no menor de 5,75 centavos de dólar la libra inglesa (F.A.S).

Si el gobierno de Estados Unidos hubiese respaldado esta fórmula, además de proveer los fondos para la indemnización, hubiera resultado económicamente favorable al contribuyente estadounidense con precios probablemente menores a los que prevalecieron en el mercado interno,

Pero como expresión de sus despiadadas intenciones, lo que hizo el  gobierno de Estados Unidos fue dictar  la proclama presidencial 3355, del 6 de julio de 1960, cancelando  la cuota azucarera para lo que restaba del año 1960  y meses después canceló totalmente toda la cuota azucarera. Con ello, el Gobierno de Estados Unidos eliminó la capacidad de pago para indemnizar las nacionalizaciones a los ciudadanos norteamericanos.

Inaplicable y sin valor ni efecto jurídico alguno

Cualquier análisis  objetivo a tenor de las normas del  Derechos Internacional concluirá que las expropiaciones decididas tuvieron por  motivación  dotar al pueblo cubano de un modo y calidad de vida dignos No hay violación alguna de tratado por parte del Gobierno de Cuba al momento de su decisión nacionalizadora ni  constituyeron represalia contra la política singular de un Estado o de un grupo de Estados, sino la determinación de crear condiciones primarias y necesarias para el desarrollo social, económico y político de la nación.

Por eso, la Ley 80, LEY DE REAFIRMACIÓN DE LA DIGNIDAD Y SOBERANÍA CUBANAS, además de declarar  ilícita la Ley “Helms-Burton”, inaplicable y sin valor ni efecto jurídico alguno, considera nula toda reclamación amparada en ella de persona natural o jurídica, cualquiera que fuere su ciudadanía o nacionalidad.

No obstante, establece que las indemnizaciones por las propiedades estadounidenses nacionalizadas en virtud de ese proceso legítimo, validado por las leyes cubanas y el Derecho Internacional,  podrán formar parte de un proceso negociador entre el Gobierno de los Estados Unidos de América y el Gobierno de la República de Cuba, sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo..
Y establece como principio jurídico que las reclamaciones de indemnización por la nacionalización de dichas propiedades deberán ser examinadas conjuntamente con las indemnizaciones a que el Estado y el pueblo cubanos tienen derecho, con motivo de los daños y perjuicios causados por el bloqueo y las agresiones de todo tipo, cuya responsabilidad corresponde al Gobierno de Estados Unidos.

De la misma manera, la Ley cubana determina que quedará excluida de futuras posibles negociaciones rcualquier persona natural o jurídica de los Estados Unidos de América que utilice los procedimientos y mecanismos de la Ley “Helms-Burton”, se acoja a éstos o trate de emplearlos en perjuicio de otros.

Las aberradas pretensiones de apoderarse  de Cuba vuelven a agudizar el conflicto y, una vez más, comenten el mismo error: subestimar la vocación patriótica e independista de los cubanos.

El ángel de mi sobrino es un niño autista

tomado del Blog de Glenda

Jk no sabe de ángeles ni mensajeros o guardianes alados. Para él la palabra ángel está asociada con un compañerito del aula, un niño autista. Ángel lo acompaña desde preescolar. Es un niño inquieto, como todos: corre de un lado a otro, sale por la puerta, se para en la silla, le parte la punta a los lápices, se tira en el piso. Sus compañeros de aula le imitan. A veces la mamá de Ángel lo acompaña. Cuando ella no está es demasiado para la maestra de primer grado.
A pesar de ser autista, Ángel debe estar en una escuela normal, compartir con los niños, socializar. Su criterio diagnóstico no lo obliga a estar en una “escuela especial”. Ha mejorado mucho desde la primera vez que lo conocí en prescolar. Recuerdo la alegría del grupo cuando comenzó a identificar las figuras geométricas, algunos números. Recuerdo la sonrisa de aquella maestra, los aplausos en el aula. Pero Ángel ya está en primer grado, y este es un nivel elemental para todos los niños, más riguroso. A muchos padres del aula les preocupa que Ángel no permita a la maestra concentrarse en la clase y desatienda la enseñanza del resto de los niños. A mí también me preocupa, pero no comparto la solución de sacar a Ángel de la escuela. Mi hermana tampoco. Entiendo todas las reacciones: la protectora por parte del Ministerio de Educación que indica que Ángel debe estar en un aula de la enseñanza regular; la de los padres molestos porque ven comprometido el aprendizaje de sus hijos si la maestra tiene que concentrarse todo el tiempo en Ángel; y la de desesperación de la maestra, con poca experiencia y preparación para atender este trastorno y a punto de rendirse si no se haya una solución. Hace un año, en esta misma fecha, mi sobrino fue a la escuela vestido de azul. Cada 2 de abril es el Día de la Concienciación sobre el Autismo y ese color se asocia a la solidaridad con quienes padecen esta enfermedad. En su aula de prescolar había un niño autista, aunque ni él ni ningún otro niño notara la diferencia. Hoy, en esta misma fecha, no sé si Ángel irá a la escuela, a su aula de primer grado. Si la realidad fuera azul Ángel tendría una maestra para él solo, dentro del aula de mi sobrino. Si la realidad fuera azul los padres estarían contentos de ver crecer a sus hijos con niños diferentes y tener desde pequeños una lección de igualdad y respeto. Si la realidad fuera azul la maestra de mi sobrino no pediría la baja. Por suerte, mi sobrino no distingue el color de las diferencias. Sabe que azul es el mar y el cielo, y sabe que Ángel es un niño igual a él, igual a otros. Para nosotros debería ser igual.

Serie del Caribe: El primer hachazo de los Leñadores

Tomado del blog Martín Dihigo El Mejor

Por: Duanys Hernández Torres (duanysh@inder.cu)

Ganaron un partido bien reñido ante los Charros de Jalisco. Lázaro Blanco tuvo una apertura de lujo para asegurar la victoria. Alfredo Despaigne impulsó todas las carreras del equipo.

Foto: Roberto Morejón Ciudad de Panamá.- LOS LEÑADORES de Las Tunas debutaron con victoria de 3-1 ante los Charros de Jalisco de México en la 61 edición de la Serie del Caribe. Fue un partido bien cerrado y de escasa ofensiva como ha sido la tónica del torneo. Solo se han anotado 14 carreras en los tres primeros juegos, lo que reafirma la tesis de que el estadio Rod Carew es favorable para los lanzadores. El equipo tunero se puso delante en el marcador en la tercera entrada con dos anotaciones. Abrió el capítulo Jorge Enrique Alomá con doblete, aunque despúes fue puesto out en tercera en un corrido inadmisible a este nivel, tras roletazo al campo corto de Jorge Yhonson, quien quedó en primera por bola ocupada. Acto seguido el veterano Danel Castro disparó tubey y Alfredo Despaigne imparable al jardín izquierdo para remolcar las dos carreras del inning. Yuniesky Larduet puso la velocidad en función de la ofensiva y convirtió en doblete, una conexión al jardín central en el quinto capítulo. Más tarde anotaría por imparable de Alfredo Despaigne ante el relevista José Oyervidez. Vale destacar en este episodio, la base por bola que consiguió Danel Castro con par de outs, para que llegara el turno de Despaigne. Lázaro Blanco ganó su tercera apertura consecutiva como abridor de los equipos cubanos durante el primer juego de cada edición.Tuvo una sólida actuación sin carreras permitidas en siete entradas, en las que solo le conectaron tres hits, con tres ponches y un boleto. Mostró un excelente control, al lanzar 93 lanzamientos y de ellos 62 strikes. El derecho de Yara se ratifica como el mejor lanzador de Cuba en la actualidad. Por su parte, Liván Moinelo se  mostró inefectivo como preparador. Se enfrentó a dos bateadores  y no dominó a ninguno. Regaló boleto a Agustín Murillo y Gabriel Gutiérrez le conectó hit al jardín izquierdo. Vladimir García tiró un excelente relevo con dos hombres en bases sin outs. Ponchó al emergente Sebastián Valle y obligó al primer bate Alonso Harris a batear para doble play. Sin embargo, el derecho avileño se complicó en el noveno acto cuando soportó par de inatrapables. Raydel Martínez vino a su rescate. Jesús Valdés le pegó cohete al izquierdo que remolcó la única de su equipo. El cerrador dominó a Agustín Murillo para el último out del juego, y se apuntó el salvamento. El abridor mexicano Will Oliver cargó con la derrota. Trabajó durante 4,2 entradas en las que permitió  tres anotaciones, seis hits, propinó cinco ponches y regaló un boleto. Además actuaron cinco relevistas, quienes no permitieron libertades a la ofensiva antillana. Alfredo Despaigne salió de su letargo ofensivo en estas justas (solo bateaba 197 en cinco participaciones previas), al batear de 4-3, con tres carreras impulsadas, todas las del equipo. Jorge Enrique Alomá respondió a la confianza que  le brindó Pablo Civil y bateó de 4-2. Los Leñadores de las Tunas empatan con los Cardenales de Lara con una victoria sin derrotas en el liderato del grupo A. Estos dos conjuntos se enfrentarán este martes a las tres de la tarde. Los Charros de Jalisco tendrán jornada de asueto y ya suman dos descalabros. Ya los Leñadores asestaron el primer hachazo. El corte de leña seguirá en las jornadas venideras.
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