Category: Cultura

Músicos de Cuba y EE.UU. juntos en La Habana en Orquesta Juvenil

Más de 70 músicos integrantes de la Orquesta Juvenil Cubano Americana(CAYO, por sus siglas en inglés) se alistan para su primera gira de conciertos en la isla, se anunció hoy.

tomado del blog: El Joven Cubano

Bajo el título de Juntos en Armonía/Together in Harmony, las presentaciones previstas para el próximo fin de semana cuentan con el auspicio de ClassicalMovements, proyecto de intercambio cultural entre Cuba y Estados Unidos con
25 años de experiencia, y el instituto de la Música en la nación caribeña.

De acuerdo con la creadora de CAYO, Rena Kraut, el objetivo de esta iniciativa, sin fines de lucro, radica en brindar oportunidades educativas y de interpretación a músicos de ambos países a través de talleres, delegaciones artísticas e  intercambios culturales.

«Creo que Cayo tiene mucho potencial en la diplomacia artística y las  presentaciones en la isla indican la buena voluntad mutua y el deseo de fortalecer la relación entre las dos naciones a mediante el aprendizaje y
cultivando el espíritu de buena voluntad», explicó Kraut.

Dirigido por el maestro James Ross, el conjunto está compuesto por 30
instrumentistas de la Orquesta Juvenil de Minnesota, así como 42 estudiantes
de la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) e integrantes de la Orquesta de
Cámara de La Habana.

Con presentaciones en las ciudades de Matanzas y La Habana, el programa incluye el estreno mundial de Mojito con saoco, obra compuesta por el músico cubano Guido López-Gavilán expresamente para este proyecto y la cual contará
con la dirección de César Eduardo Ramos y Daiana García.

Según explicó Ross, la selección de las piezas presentan un balance entre la música de artistas cubanos y norteamericanos por lo que destacan, además, las piezas Sinfonía No. 8, de Antonin Dvorák, Billy de Kid, de Aaron Copland; y En conga pa La Habana, de Jorge Amado Molina.

Los conciertos tendrán lugar dentro de la celebración del festival Cubadisco, en el cual se incluye, además, la presentación en la iglesia de Paula de una decena de profesores de la Orquesta de Minnesota y músicos cubanos.

Classical Movements constituye la compañía líder en la organización de conciertos en 145 países y desde su llegada a Cuba en 1995 ha posibilitado las presentaciones e intercabio cultural en la isla de más de 50 agrupaciones norteamericanas.

UN JUAN CANDELA LLAMADO ONELIO.

por: MADELEINE SAUTIÉ

tomado del blog: El Ciervo Herído

14 mayo, 2019omartodaviaDeja un comentario

Onelio-Jorge-Cardoso
El escritor cubano Onelio Jorge Cardoso.

MADELEINE SAUTIÉ

madeleine 3

«Una vez hubo un hombre por Mantua o por Sibanicú, que le nombraban Juan Candela y que era de pico fino para contar cosas». Y hay otro que no ha muerto, aunque el registro civil marque su deceso el 29 de mayo de 1986. Su nacimiento fue el 11 de mayo, pero hace 105 años y su nombre es Onelio Jorge Cardoso, mayúsculo cuentero, orgullo y magisterio de las letras cubanas.

El de «pico fino» tenía «la boca fácil y la cabeza llena de ríos, de montañas y de hombres» y contaba en las noches historias alumbradas por un farol, en el barracón donde sus compañeros, cansados de trabajar todo un día en los cañaverales cubanos –con «el cuerpo doblado» y «el sol a cuestas»– se disponían a escucharlas. El otro, el de Calabazar de Sagua, en la antigua provincia de Las Villas, tuvo que ganarse desde temprano el pan en diversos oficios, pero el talento literario halló el modo de abrirse paso y, habiendo tenido ya algunos resultados, ganó en 1945, en el célebre concurso Alfonso Hernández Catá el primer premio, con Los carboneros.

Otras labores, cuentos y estímulos vendrán a resaltar desde entonces el nombre de Onelio. Publicará su primer libro, Taita, diga usted cómo, y aparecerá su firma en otras publicaciones de carácter antológico. Será maestro rural, vendedor ambulante, redactor de noticieros, escritor de libretos de radio… merecerá otros lauros, como el Premio Nacional de la Paz, por su cuento Hierro viejo, verá publicado en 1958 su libro El cuentero.

El triunfo de la Revolución iluminó la vida espiritual de Onelio, amante de la cultura, los escritos, los libros. Además de dirigir varios frentes en el mundo de las instituciones, hizo periodismo. En este diario fue jefe de reportajes especiales y trabajó como jefe de redacción de Pueblo y Cultura y del semanario Pionero. Fue consejero cultural en Perú y Presidente de la Sección de Literatura de la Uneac, hasta el fin de sus días. El doctorado Honris Causa le fue conferido por la Universidad Simón Bolívar, de Bogotá, en 1983, y por la Universidad de La Habana, en 1984.

En una ocasión reveló haber heredado el estilo de sus cuentos del modo de hablar de su padre. «Iba al grano y tenía una gracia natural que se me fue pegando». Y es cierto: haberlo leído es ir al encuentro de un estilo donde no falta ni sobra una letra, para dar ambientes y situaciones de asombrosa plasticidad.

El campo, su gente, los escenarios sencillos, los pueblecitos provincianos, los pescadores, los niños, los viejos, el mar; pero también la savia filosófica de la vida: el triunfo del trabajo sobre la muerte; la necesidad de crecer y emprender el vuelo; la importancia de alimentar y defender los sueños… son, entre otras, imperiosas presencias en la obra de este narrador medular, que desde un «puesto» omnisciente ha legado a las letras del patio esencias de la nobleza del cubano junto a una generosidad palpable desde los primeros instantes de la lectura.

Como las joyas de las letras continentales que son deben admirarse sus obras, verdaderas divisas para el lector adulto, incluso las destinadas al público juvenil. Valga recordar –por solo citar una de las más reconocidas y realizar con ello un ejercicio de franca seducción– las palabras con las que abre su pieza narrativa Francisca y la muerte, factura inolvidable para quien la haya alguna vez leído.

«Santos y buenos días –dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla en el bolsillo. –Si no molesto –dijo–, quisiera saber dónde vive la señora Francisca».

Por suerte el sistema de enseñanza nacional lo inserta en su plan de estudios –oportunidad para asomarse a otros textos de su autoría y garantía de que los niños todos lo conozcan– y bibliotecas y libreros familiares albergan sus obras. Un centro veinteañero y prodigioso en nuestro país lleva su nombre y decir Onelio es experimentar una plácida dulzura. Ha de ser por los poderes incuestionables que tiene la literatura para quienes la consumen y propinan al lector un poco, o mucho, del alma de quien la escribe.

“CADÁVERES AMADOS”

Publicado el enero 31, 2019 por Dialogar, dialogar

tomado del blog Dialogar Dialogar

(Palabras de presentación del filme Inocencia, en la premier realizada en el Cine Chaplin, 29 de enero de 2019)

Elier Ramírez Cañedo

Hay filmes que trascienden a su época y se convierten en referentes ineludibles para todos los tiempos; no tengo la menor duda de que así sucederá con Inocencia. Una vez más, se demuestra que cuando se unen el patriotismo, el talento y el apoyo institucional se pueden lograr resultados memorables en la manera de llevar nuestra intensa y gloriosa historia a la pantalla grande. Con Inocencia se confirma, además, como desde el audiovisual se puede llegar a lo más profundo de la fibra humana y conectar a los espectadores con figuras y hechos de nuestro pasado histórico, algo más difícil de alcanzar con un libro de texto.

A pesar de las indispensables licencias propias de toda obra de ficción, Inocencia nos recrea con gran fidelidad, uno de los hechos más atroces del siglo XIX cubano, donde en pocas horas, La Habana vivió una escalada de corrupción, odio y terror, reflejo del sistema opresivo colonial que prevalecía en la Isla y sus peores y fanatizadas fuerzas: los cuerpos de voluntarios, quienes con gran mezquindad pisoteaban diariamente el honor y la dignidad humana contra las ansias libertarias de un pueblo, sentimiento este último que no solo se expresaba en la manigua cubana, sino que palpitaba en el corazón de lo más valioso de la juventud de la época. De ahí que toda la furia de los voluntarios se volcara sobre aquellos universitarios, estudiantes de medicina, que en su mayoría no sobrepasaban los 20 años de edad.

Creo es otro mérito de la película el mostrarnos como dentro de aquel ambiente de insania y odio, hubo también hombres que hicieron gala de sus principios morales, en defensa del honor y la justicia, llevando en sí el decoro de muchos hombres, entre ellos, el profesor oriundo de Canarias, Domingo Fernández Cubas y el capitán nacido en Valencia, Federico  Capdevilla, quienes valientemente defendieron a los estudiantes enfrentándose a la ira de aquellas bestias sedientas de sangre. Y no serían los únicos que expresarían su indignación, también lo harían los capitanes del ejército español, Víctor Miravalles y Nicolás Estévanez.

Esta maravillosa obra de arte es un merecido tributo a Fermín Valdés Domínguez, a su empeño por encontrar los restos mortales de sus amigos y demostrar su inocencia. ¡Nunca olvidará Cuba –diría Martí-, ni los que sepan de heroicidad olvidarán, al que con mano augusta detuvo, frente a todos los riesgos, el sarcófago intacto, que fue para la patria manantial de sangre; al que bajó a la tierra con sus manos de amor, y en acerba hora de aquellas que juntan de súbito al hombre con la eternidad, palpó la muerte helada, bañó de llanto terrible los cráneos de sus compañeros¡ El sol lucía en el cielo cuando sacó en sus brazos, de la fosa, los huesos venerados: ¡jamás cesará de caer el sol sobre el sublime vengador sin ira¡

Creo una magnífica oportunidad, ahora que nuestra juventud sin duda será estremecida por este filme y se interesará en profundizar sobre la historia de los 8 estudiantes de medicina, se reeditara el justiciero libro de Fermín, así como la mayor investigación realizada hasta la fecha sobre los sucesos del 27 de noviembre, publicada en 1971 por el profesor Luis Felipe Le Roy Gálvez.

Este último demostró fehacientemente, algo que también se refleja en la película, que si bien los 8 estudiantes de medicina y el resto de sus compañeros condenados, eran inocentes del delito de profanación –ratificando la tesis de Fermín Valdés Domínguez-, no lo eran en su mayoría de simpatizar con la causa independentista,  pues para nada estaban ajenos al ambiente de rebeldía que se respiraba en la Universidad. Ello explica también, el porqué hoy los retratos de los 8 estudiantes de medicina ubicados en el simbólico Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana, con toda justicia, encabezan la larga lista de los caídos en las luchas del estudiantado universitario cubano.

Nuestro Apóstol José Martí, valoró lo ocurrido aquel 27 de noviembre de 1871 como uno de “los sucesos más tristes y fecundos de nuestra historia” y en bello poema titulado A mis hermanos muertos, expresó: “Cadáveres amados, los que un día/Ensueños fuisteis de la patria mía, / Arrojad, arrojad sobre mi frente/ Polvos de vuestros huesos carcomidos¡/ ¡Tocad mi corazón con vuestras manos¡ /Gemid a mis oídos¡ /Cada uno ha de ser de mis gemidos/Lágrimas de uno más de los tiranos¡ (…) ¡Y más que un mundo más¡ Cuando se muere/En brazos de la patria agradecida/ La muerta acaba, la prisión se rompe; /Empieza, al fin con el morir, la vida¡ (…)

Debemos agradecer hoy y siempre a Alejandro Gil, a su guionista Amilkar Salatti, y a todo el equipo de realización de Inocencia, por saldar esta deuda que desde el cine aun existía con este acontecimiento fundamental de nuestra historia, por este regalo al pueblo de Cuba que hoy tendremos el placer de disfrutar; también al ICAIC, el Ministerio de Cultura y la Oficina del Historiador de la Ciudad, por su inconmensurable apoyo para que este sueño fuera posible. Tengo la convicción, de que a partir de ahora, cada 27 de noviembre será vivido y homenajeado en nuestra Isla, en especial por los jóvenes, de una manera mucho más sentida, profunda y comprometida.

¡Muchas gracias¡

El asesinato de Julio Antonio Mella

tomado del blog: Segunda Cita

Por Pedro Salmerón Sanginés
La noche del 10 de enero de 1929, Julio Antonio Mella paseaba del brazo de su amante, Tina Modotti, cuando fue abatido a tiros en la esquina de Abraham González y Morelos de la ciudad de México, a unos metros, una cuadra, de la Secretaría de Gobernación.
El asesinato a mansalva de Mella provocó una tormenta política en la ciudad de México y una inacabable serie de especulaciones. Destaca entre ellas una contrafactual: para muchos, el joven comunista cubano exiliado aquí, fue una malograda promesa. Su asesinato, junto con la muerte del peruano José Carlos Mariátegui el año siguiente, eliminó la posibilidad de que existiera en América Latina una poderosa resistencia intelectual contra el estalinismo, desde las filas de los partidos comunistas.
Por ello, muchos comentaristas posteriores (a nadie se le ocurrió entonces) asegurarían que el joven cubano fue asesinado por órdenes de Stalin. Omitamos que Stalin todavía no terminaba de asumir el poder supremo y aún no imponía sus métodos. La acusación solía respaldarse en que poco después del asesinato de Mella, Modotti se convertiría en amante de Vittorio Vidali, y que ambos serían conocidos en la Guerra Civil Española como estalinistas incondicionales: en esa guerra, Vidali, con el nombre de comandante Carlos, comisario político del quinto Regimiento, dejaría una estela de violencia represiva que lo hizo un digno agente de Stalin. Sin embargo, en lo que a Mella toca, es una clásica explicación posfacto. En enero de 1929 ni Stalin ni Vidali eran lo que serían en 1937.
Lo que sí se les ocurrió entonces a la policía mexicana y a no pocos sectores de la llamada opinión pública fue el crimen pasional. La prensa llamó a Modotti disoluta, veneciana perversa, Mata Hari del Comintern (siglas de la Internacional Comunista) y adjetivos semejantes. Releer la prensa de aquellos días nos revela que el movimiento feminista sí que ha ganado batallas, al menos en lo que al discurso público se refiere.
El linchamiento mediático contra la fotógrafa y modelo comunista fue inmediatamente combatido por el partido al que pertenecía. Desde el primer día, los comunistas, por boca del ya mundialmente famoso Diego Rivera (quien por instrucciones del comité central del partido condujo una investigación paralela) desde el principio señalaron como autores intelectuales del crimen al dictador cubano Gerardo Machado y a su embajador en México, que mantenían de tiempo atrás espías y sicarios que seguían a los disidentes y exiliados de la gran antilla… con la complicidad del gobierno de México.
¿El gobierno mexicano?, ¿qué no teníamos suficientes actores en la ecuación? Para algunos, el asesinato de Mella es el punto de partida de una transformación del discurso político mexicano y la tolerancia al radicalismo, propios de la década de los 20. En los meses siguientes al asesinato de Mella sería fusilado el legendario dirigente campesino y comunista José Guadalupe Rodríguez; moriría misteriosamente el líder de la Unión Nacional Campesina, Úrsulo Galván, y se ilegalizaría al Partido Comunista.
Si esto fuera una trama de fic­ción, podrían acusarme de gigantismo: aparecen aquí desde Gerardo Machado y Emilio Portes Gil hasta el legendario comisario de policía Valente Quintana. Sicarios, pistoleros a sueldo, agentes, espías, exiliados, pintores y fotógrafas de fama mundial. Desde esta historia se tejen muchas otras, y dando vueltas o acercándose a ella se han escrito libros formidables, como Tinísima, de Elena Poniatowska. Y cuando discutíamos el tema hace algunos años, había quienes podían llegar a las manos sobre las acusaciones contra Stalin, Vidali, Modotti… o, se nos quedaba en el tintero, alguno de los anteriores amantes de la hermosísima Tina, como el muralista Xavier Gue­rrero, comunista de armas tomar, a quien Quintana en algún momento quiso culpar. ¿Quién fue?, ¿seguiremos discutiendo?
Ya no. Gabriela Pulido halló los expedientes sobre Mella en los archivos policiacos mexicanos y Laura Moreno localizó en La Habana el expediente de la vigilancia y espionaje a que el gobierno cubano sometía a Mella y a los exiliados. Cruzaron los expedientes, hicieron una pesquisa exhaustiva en otros repositorios, leyeron cuantos libros se habían publicado y parece que al fin, a 90 años de su asesinato, sabremos quién y por qué ordenó matar a Mella. Y no se los cuento, lean: El asesinato de Julio Antonio Mella: Informes cruzados entre México y Cuba, de Gabriela Pulido y Laura Moreno (INAH, 2018), que se presentará este jueves en la feria del Libro de La Habana, es más que un gran libro de historia: es un relato policiaco y de espionaje, así como un tratado sobre la política internacional de México, que también nos abre los ojos sobre las difíciles decisiones de hoy.
Twitter: @HistoriaPedro Blog: lacabezadevilla.wordpress.com

En memoria de Rigoberto López

Tomado del blog Cine Cubano La pupila Insomne

Publicado por Juan Antonio García Borrero

Es inevitable que, tras el fallecimiento de una persona a la que se ha conocido, no lleguen a la mente buena parte de esos momentos en que nuestras vidas se entrecruzaron. Con Rigoberto López coincidí varias veces: en festivales de cine, en encuentros organizados en diversas provincias, en la sede de su Muestra Itinerante del Caribe.

Nuestros intercambios siempre fueron breves, pero intensos. Por eso los recuerdo de forma tan nítida ahora. El último fue un poco antes de que comenzara a rodar El Mayor. Él me leyó un fragmento del guión mientras nos tomábamos un café en las afueras del Hostal “El Paso”; yo le mostré la maqueta de lo que entonces iba a ser la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), y todavía me conmueve la manera en que dejó a un lado el tema de lo que sin dudas fue su proyecto de trabajo más ambicioso, para hablar de las potencialidades que veía en aquella plataforma.

Supongo que influyó el haberle mostrado las diversas entradas vinculadas a cada uno de sus filmes, incluyendo los documentales menos conocidos y que para él, tenían una importancia similar a la de sus películas más comentadas (Yo soy del son a la salsa; Roble de olor; Vuelos prohibidos).

De hecho, la consulta de esos textos nos permitió “reconstruir” el momento en que por primera vez intercambiamos ideas acerca de su trabajo. Fue en los hoy lejanos años noventa, en la provincia Ciego de Ávila, invitados ambos a la Semana de Cine Iberoamericano que no sé si todavía se celebra en esa ciudad. Y recuerdo cómo el perfecto desconocido que era yo llegó ante el cineasta, para preguntarle sobre La soledad de la jefa de despacho (1990), que recién había descubierto.

Nuestro diálogo, ahora lo sé, empezó allí, pero a pesar de su muerte, no ha terminado. Como tampoco va a terminar cuando, inevitablemente, me toque a mí la muerte. El cine tiene eso: pone a salvo ideas que mañana podrán ser recuperadas por aquellos que, como nosotros, creemos en el alto valor de la cultura.

Juan Antonio García Borrero

Rigoberto López sobre La soledad de la jefa de despacho (1990)  

Yo llevaba un tiempo considerable sin rodar, sobre todo como consecuencia de un verticalismo autoritario, que impedía se filmara de manera fluida. Llegué a tener catorce guiones que nunca realicé, pues siempre se argumentaba la falta de recursos, o sea, que no había transporte, gasolina, etc.

Un día me reuní con Camilo Vives, el productor general del ICAIC, para discutir mi situación, y luego que me explicara lo de la falta de recursos, se me ocurrió decirle: “¿Y si yo te traigo un proyecto con una sola locación y una sola actriz?”, y me dijo “Tráelo”.

Hablé entonces con Alberto Pedro, que tenía escrito un monólogo que todavía no había estrenado y pensé que ese podía ser el proyecto. Siempre pensé en Daisy para el personaje, porque es a mi juicio, nuestra actriz de mayor rango. Es una actriz personal. La prefiero por su naturaleza, su organicidad y sobre todo su sinceridad.

Yo quería un personaje muy creíble, porque iban a ser veinticinco o treinta minutos, exigiéndose del personaje múltiples transiciones. Sabía que en términos de realización no debía cortar el texto, sino que en todo caso debía buscar la complicidad del espectador, que este pudiera asumir la sorpresa.

Como se sabe, un magacín de 400 pies es apenas cuatro minutos, por lo que parecía inevitable hacer varios cortes. Entonces me acordé de Hitchcoock y su experimento con La soga, y de allí el juego de Daisy entrando y saliendo del cuadro, pero de manera imperceptible.

Es una experiencia que recuerdo con mucho agrado, y que me permitió ser audaz. Yo veía al equipo, que en ocasiones no podían ocultar sus caras de dudas, escepticismos, porque en verdad no podía fallar nada. Si Daisy se equivocaba, o el dollyman o el foquero, yo tenía que botar el magacín completo.

Creo que tuve mucha suerte al elegir a Daisy, y al mismo tiempo pienso que es uno de los trabajos más significativos en su carrera como actriz, donde puso en evidencia su facilidad para transitar diversos estados de ánimo: en el corto ella es cínica, ese sensual, es mordaz, o sea, tiene diversos registros actorales.

(…)

Yo siempre he tenido el criterio de que la cámara es un actor y el personaje es el plano. Para lograr que el personaje se exprese el fotógrafo tiene que tener un gran vínculo con el sentido dramático de lo que está filmando.

Pepe Riera y yo sentíamos que había que buscar un plano que mostrara la interrelación, porque de lo contrario la cámara se iba a sentir demasiado fría. Entonces le pedí a Raúl Pomares, un amigo común, que me ayudara como comodín.

Es decir, siempre quise que Pepe Riera sintiera a Daisy, y que la cámara se incorporara o moviera de acuerdo a la emoción del momento. Entonces le pedí a Pomares que reaccionara ante lo que Daisy decía, pero sin hablar, y a Riera que anotara los puntos de reacción. Todo esto se hizo con recursos muy rústicos. El Dolly fue lo más jodido de aquello. Era poner los rieles y moverse sin provocar ruidos.

(…)

La película fue filmada íntegramente en el séptimo piso del ICAIC. No tuvo una censura oficial, pero si oficiosa. O sea, nadie dice: “este corto no se puede proyectar”, pero lo cierto es que no se exhibe. Es la propia Daisy la que pide en televisión, luego que le preguntan por algunos de sus trabajos preferidos, que se ponga este corto y es gracias a esto que mucha gente lo descubre.

Quedamos tan contentos con el resultado que pensamos hasta hacer una segunda parte, en la que sale un tipo que estaba debajo del carro. ¿Te imaginas? La gente con el corto primero se sorprende, luego se ríe y finalmente aplaude. De veras que a mí me ha dejado satisfecho.

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