Category: Cultura

UNA INTERESANTE POLÉMICA

 

A raíz de una de las ideas expuestas por Pedro Noa en su post más reciente de nuestro intercambio, se ha originado una interesante polémica entre el crítico de arte Abelardo Mena y él, vía correo electrónico. Les he pedido autorización a ambos para compartir esas reflexiones en el blog.

La idea de Pedro Noa que originó el intercambio es la siguiente:

“De los cuatro invitados a la mesa, las “mejores cartas” para informar a los presentes las tenía Samada, quien, desde hace algún tiempo, ha venido hablando en varios foros como el Congreso de la AHS y el propio Caracol de la Uneac, sobre los cambios en la política audiovisual y especialmente cinematográfica. Sobre ellas puedo escribirte casi otro post tan largo como este; pero, a grandes rasgos, puedo decirte que va dirigida a la transformación del icaic como institución más pequeña, eficiente y funcionando como empresa, no unidad presupuestada; al acercamiento de los artistas a la propia institución, mediante la creación y rescate de varios organismos internos como el Comité de documentalistas, la Comisión de Fomento fílmico; y, por último, a crear un vínculo y reconocimiento de los productores independientes, mediante el registro del creador, una nueva figura que es el colectivo de creación audiovisual, y el reconocimiento de varias figuras dentro del trabajo por cuenta propia entre los que están el arrendador y operador de equipos audiovisuales.

Todo esto dicho y rápido, tiene muchos matices que, si te parece bien, podemos desarrollar, otro día, como parte de este diálogo.

Un abrazo

Pedro Noa

 

DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA Y GARCÍA BORRERO

 Juani y Noa, de veras no logro imaginar cómo el ICAIC podría metamorfosearse en “empresa cubana estatal socialista”, y aun así producir buen arte que sea comercialmente rentable… Hay límites que el mercado no debe transgredir…y es deber de la clase política cubana entenderlo. Como sucede con la biotecnología.

¿Es acaso el entierro de aquel precepto fundador de marzo de 1959 “Por cuanto el cine es un arte?… ¿O es que volvemos al pragmatismo vulgar que sacudió las instituciones cubanas en el Periodo Especial?

Incluso la Conceptualización reconoce formas de propiedad no lucrativas, que desarrollen acciones lucrativas para sostenerse. Pero definirse de pleno como empresa igualito que las de la música, disqueras etc, será su muerte anunciada.

Abelardo Mena

 

DE PEDRO NOA A ABELARDO MENA

Estimado Abelardo:

Creo que todo lo planteado por Samada está por comprobar en la práctica; pero me parece que es un paso de avance. La empresa estatal socialista que se aspira como futuro de Cuba todavía es una entelequia demasiado apegada a uno de sus apellidos: socialismo, un sistema de transición sobre el cual hay más teoría que buenos resultados. Sin embargo, el que se piense como empresa me parece un adelanto, porque no es la mentalidad adocenada de la unidad presupuestada.

El cine y todo lo audiovisual es por sí una industria, por lo tanto se rige por un mercado y por los conceptos de ganancia. Mucho daño le ha hecho a nuestro cine olvidar esto y, sinceramente, creo que hemos logrado menos obras de arte que películas malas y algunas que otras comercializables.

El cine como arte, escrito en el proyecto original del icaic era un sueño y se logró en algunos momentos con el respaldo del estado; pero después de muchos yerros. Los tiempos que corren quizás no permitan simplemente aquello de “una cámara y una idea en la cabeza”. A lo mejor habrá que agregarle a la idea en la cabeza “que dé resultados económicos”, eso lo logró el movimiento originario: el cinema novo.

Pero también debemos rescatar una cinematografía que se pueda insertar en los festivales que le dan prestigio a nuestro audiovisual.

La biotecnología quizás debería ser un modelo a seguir por nuestras industrias culturales, en cuanto a irse colocando en un mercado y formando un personal calificado que ayude a esto. En esa industria, el estado ha jugado un papel fundamental. Esto no sería nada nuevo, si recordamos que los pioneros del cine norteamericano contaron con el apoyo de los grandes bancos y heredaron el modelo fordista para su producción. Y no es una defensa a ultranza de lo que comúnmente llamamos el cine de Hollywood; pero sus resultados nos deben hacer pensar, incluso como productores de arte fílmico.

Gracias por tu opinión. Me imagino que Juany también dará sus opiniones.

Saludos,

Pedro Noa

 

 DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA

 Estimado Noa,

Lucia, Memorias del Subdesarrollo ni Guernica no podrían haberse hecho bajo un concepto empresarial del cine o del arte, porque así no funciona.

Una cosa es que el ICAIC tenga ciertas zonas productivas “de mercado”: renta de equipos, salas de edición, etc, para ofertar servicios a productores cubanos y extranjeros.

Y otra cosa muy diferente es trabajar, en un país de extremismos como este, buscando criterios vulgares de rentabilidad en una actividad que (como la biotecnología) requiere invertir mucho (sembrar capital, públicos, capacitación) para recoger en no menos de 10 años.

Un realizador cubano YA no necesita del ICAIC para vender sus guiones a una productora extranjera, o Netflix, o para hacer cine en Cayman, Panama, o EEUU.

Ni para rentar cámaras Red, ni para vender derechos en Cannes o a una televisora de Europa.

El ICAIC NO necesita ser empresa. Puede ser entidad No lucrativa, y tender dentro áreas lucrativas, como estipula la Conceptualización.

Además, lo mismo para tomar Santa Clara que para dirigir el anterior ICAIC, necesitas liderazgos carismáticos, sea Che o Alfredo Guevara.

Preparemos el entierro del ICAIC. Fruto de una distorsión político-cultural irreparable.

Saludos, Abelardo

Pd: hago copia al viceministro Fernando Rojas.

 

DE PEDRO NOA A ABELARDO MENA

Estimado Mena:

Lucía y Memorias… fueron los “cantos de cisne” de un proyecto político que incluía la cultura, aunque, después de 1961, fue difícil definir qué se ponía en función de qué, cuando debieron crecer juntos.

Después han llegado otros filmes que podemos evaluar como obras de arte, cada uno hijo de su tiempo hasta el día de hoy.

“Guernica” fue el grito salido del corazón de un artista frente a una de las masacres más crueles de la humanidad. Algo poco frecuente hoy en día, cuando casi ninguno grita con la misma fuerza que Picasso, ante tantas masacres que llenan las pantallas.

Tienes razón. El nacimiento de ninguna de las tres obras está determinadas por la empresa como gestionadora de arte; pero el cine no es igual a la pintura, por lo menos en su momento creativo. El cine -reitero- es industria.

Quizás en los días que corren, se pueda pensar que un filme se hace como un cuadro, cerrado en una habitación o estudio, acompañado por una PC y un celular de última generación.

También es cierto que ya podemos relacionarnos con quien queramos. El problema es que esas instituciones quieran saber algo de nosotros. Si todavía no tenemos “engrasado” los rieles de la industria del arte visual – sobre el cual ud. conoce mucho mejor que yo- qué quedará para el audiovisual.

Le doy otra aprobación: En estos intentos es cierto que necesitamos personas como Che y Alfredo Guevara. Ambos son únicos. Pero van apareciendo otros a quienes – espero- no le corten las alas como Ícaro.

Cuando convocamos en el 3er Encuentro de la crítica cinematográfica, el Panel final: “Institucionalidad, modelos de producción y el futuro del cine cubano” fue idea de un joven crítico. Los organizadores lo aplaudimos porque todos creemos que el gran reto actual del país y dentro de él, el arte, es construir nuevas instituciones, bien fundamentadas en leyes que den posibilidades a tod@s.

En aquellos modelos de producción – donde se incluye la posibilidad del creador de vender su idea, proyecto u obra a grandes industrias- empresas, pensamos igualmente en los youtubers cubanos, una nueva manifestación tribal urbana que está colocando una imagen Cuba diferente en las redes. Muy naif, pero desamparados en su “inocente” adolescencia. Por eso – para conocerlos personalmente- pusimos un encuentro con ellos en el evento.

El icaic nació como un sueño de cinéfilos. Le regalo unos párrafos que pueden, de cierta manera, confirmar lo escrito anteriormente. Los escribió Walfredo Piñera, asesor, en 1959, del BANFAIC para la aprobación de créditos en el área cinematográfica, sobre la Ley No. 169:

“La ley está hecha por personas que creen saber de cine, pero que están muy confusos y valoran desenfocadamente el aspecto artístico. Carece de detalles. se insinúa el control de los temas y hay contradicción al marcar criterios argumentales en el mismo párrafo que consagra la libertad de creación.

No se contempla el ángulo industrial. se insiste en problemas culturales que nada tienen que ver con esto. Se forman comisiones de estudio que bajo contrato analizarán y determinarán sobre estas cuestiones. Se considera en extremo el problema de la distribución siendo éste un capítulo que costaría millones de pesos mantener con canales propios por el mundo y esto después de tener una producción de continuidad suficiente.

El art. 13 daría la clave para una Ley de Cine en manos de personas capacitadas. Pero ésta sería la ley que se debió aprobar y no esta superestructura inoperante en la práctica”.

¿Qué le parece? El icaic fue madurando a golpes como la Revolución. Ahora está en el momento de transformarse porque no puede desaparecer, porque es necesaria una institución, llámese icaic o Instituto cinematográfico cubano. ¿Al fin no estamos reconociendo el evento cinematográfico de diciembre como Festival de cine de La Habana?

Sin embargo, no comparto con ud la premura ante su muerte ni la libertad sin ataduras de los creadores audiovisuales.

Gracias por poner al tanto de nuestra conversación a Fernando Rojas, yo agrego a Ramón Samada, al frente en estos momentos del icaic.

Un abrazo,

Pedro Noa

 

DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA

Noa, ahora no tengo tiempo como mereces para responderte en detalle.

Pero creo olvidas un hecho fundamental: ni el ICAIC como empresa, ni ninguna empresa cubana, podrán desarrollar los esquemas de producción presentes en los monstruos productivos capitalistas porque sencillamente, no tienen capital de expansión.

A no ser que comencemos a reciclar a Juan Orol, con destino a cines estilo Shanghái, para un canal de Netflix en moteles de Tijuana.

Apple necesitó a Steve Jobs, Microsoft a Bill Gates y Paul Allen, Google a Serguei Brin, para soñar, emerger y subir.

Ninguno de nuestros burócratas-empresarios le llega ni al tobillo.

Es que ni siquiera pueden garantizarnos un buen pan cada día!

Y eso no tiene nada que ver ni con jóvenes críticos, ni con Walfrido Piñera.

Tiene que ver con formación gerencial, administración, management.

Lo que se enseña en EEUU desde que eres escolar.

Avidez de sangre implacable que no se enseña en los menguados cursos estatales de administración.

No hay nada más ridículo y pretencioso que intentar ser un fabricante suizo de relojes, cuando ni eres suizo, ni tendrás el material necesario, ni el mercado.

Es la misma fatuidad que cuando se habló de la industria cubana del videojuego.

O la industria cubana del queso, inaugurada en 1970.

Cuba debe aprender a jugar su juego, en su nicho, con sus capacidades, y no mirarse en espejos donde no podrá ganar, y donde se convertirá en mueca grosera de sí misma.

Mira con lupa los experimentos más innovadores del mundo empresarial cubano: La Habana Vieja, la UCI, y Biotecnología.

Los tres tenían detrás una personalidad carismática, Fidel, y a un administrador también carismático: Leal.

Esto NO tiene nada que ve con una nueva ley de cine, ni con el apoyo a creadores jóvenes.

En un país con salas de cine destartaladas, no hay “mercado” de cine al estilo Hollywood o Bollywood.

No puedes subir el precio de taquilla, y ni poniéndolo a 10 cuc lo harás rentable.

Y no puedes exhibir en EEUU, y lo que haces como cine cubano- porque aunque seas independiente no te logras quitar la piel cubana- será un mamotretro folklórico  para ellos.

El ICAIC está muerto hace rato.

Pero el entierro demora, porque aquí ni las ambulancias rumbo al crematorio tienen prisa.

¡Viva el postcine cubano!

Abelardo Mena

 

 

 

¿Reparar lo roto?

No puede ser casual la última frase del último cuento del libro: «A la mañana, la brutal certeza de que todo vuelve a comenzar». Foto: de la autora

Cada cuento es un universo. Sin importar cuál sea la historia y cuántas palabras se necesiten para contarla, hay mucho de mágico en crear, de la nada, nuevas vidas y sus conflictos.
A diferencia de las novelas, que ofrecen al lector la posibilidad de reconciliarse por el camino con sus dramas, los cuentos –al menos los buenos– suelen ser golpes definitivos, que dejan sin aire y permanecen en la memoria como ecos lejanos, pero fuertes.

La literatura cubana es pródiga en buenos cuentistas, y hoy se escriben «ficciones breves», marcadas por la furia, el dolor, la curiosidad, el miedo, la ironía, el humor…, porque, aunque a veces parezca que ya todo está escrito, la naturaleza humana sigue siendo insondable y cada una de sus versiones digna de ser contada.
Anna Lidia Vega Serova (Leningrado, 1968) es una de las narradoras cubanas que, se nota, no puede dejar de escribir. Me bastó con leer Imperio doméstico (2005) para entender que su escritura rehúye de los prejuicios y las sensiblerías; en realidad, arremete contra la sensibilidad básica y no lo hace, como otros tantos, por moda o efectismo, sino porque alguien debe contar a esos seres rotos que, a contrapelo de la lógica, existen.
Cazadora como soy de las rebajas de libros, fue grato encontrarme en una de las tiendas de Artex, en ese bendito estante de «literatura en liquidación», con Estirpe de papel (Ediciones Cubanas, 2012), una antología personal en la que Vega Serova reunió las piezas de sus siete libros de cuentos que considera mejor logradas.
Según declara la nota de contraportada, con la que concuerdo, en el volumen «aparecen seres que se empeñan en buscar sus esencias explorando sus lados más oscuros, personas que sufren y aman, que luchan día a día contra la destrucción y la muerte, y que podemos encontrar en cualquier mirada a nuestro entorno (…). Al parecer Anna Lidia cree, como Mallarmé, que “el mundo está hecho para terminar en un libro”».
Leyendo estos cuentos, he sentido más de una vez la necesidad de advertirles a los personajes para que no se lancen por el acantilado, para que tomen decisiones racionales y no vayan derecho a la perdición; esa no es más que otra prueba del sustento real de estas historias: ¿cuántas veces al día no queremos aconsejar a alguien que creemos avanza en contra de toda lógica? ¿Cuántas veces no somos nosotros mismos los erráticos que, no sin cierta cursilería, actuamos según los «dictados del sentimiento»?
Penuria, discapacidad física e intelectual, rupturas, ausencias, fobias y filias pueblan estas páginas que pueden llevarnos del horror a la lástima (ese desagradable sentimiento que parte de un falso sentido de superioridad), de la tristeza a la amarga sonrisa, del asco a la reflexión.
Los textos que Anna Lidia congregó no narran, salvo algunas excepciones, grandes sucesos, por el contrario, se cimientan en la cotidianidad que puede ser tan rara y agresiva como el timbre del teléfono en medio de la madrugada.
Yo me quedo con la punzada en el pecho tras leer las cuatro páginas de Sueños de naufragios, con ese sentimiento de querer reparar lo para siempre roto; y con la certeza de que nunca faltará la palabra escrita, para, como en el final de Collage con fotos y danzas, volar:
«Nos quedamos mucho rato mirando en dirección del teatro, viéndola, con sus alas de mariposa trastornada, dar dos o tres círculos sobre el edificio, después planear lentamente hacia nosotros y, por último, subir en línea recta más y más alto, hasta perderse en el amanecer que la recibía con una ingenua humildad».

CIBERTERTULIA SOBRE EL “PROGRAMA DE FOMENTO DE LA CULTURA AUDIOVISUAL” EN CUBA

Tomado del blog: Cine Cubano La pupila Insomne

por Juan Antonio García Borrero

En nuestra próxima Cibertertulia El Callejón de los Milagros, a celebrarse el jueves 25, a las 5.00 pm, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, estaremos hablando del “Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual” concebido por el ICAIC, y tendremos como invitado a Roberto Smith, actual Coordinador Nacional del mismo.

No es la primera vez que en Camagüey abordaremos este asunto, pues los que asistieron al Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales celebrado en el año 2016, recordarán que una de las sesiones de trabajo estuvo dedicada a evaluar la implementación del mismo en la ciudad.

Lamentablemente, a pesar de que en Camagüey todas las condiciones están creadas para poner en práctica el Programa, no hemos podido iniciar convenios de trabajo con las instituciones educacionales que existen aquí, debido a que el grueso de los directivos no conoce la existencia de ese documento programático.

Es cierto que hay cuestiones que para que consigan impactar en la Política Pública necesitan de la intervención directa de quienes ocupan los más altos escaños del gobierno en Cuba, pero, ¿qué justificación tendría que acá en Camagüey, donde ya la infraestructura está creada, y existen las personas que pueden ayudar a formar a los profesores, todavía no funcionen los círculos de interés que aborden la apreciación audiovisual desde las escuelas?

En estos cuatro años de trabajo, el Proyecto El Callejón de los Milagros ha tratado de construir un espacio de reflexión y un área de influencia donde sea posible adquirir competencias cognitivas asociadas al momento histórico que estamos viviendo.

Y en ese período hemos tenido la oportunidad de intercambiar con representantes de la Red del Universo Audiovisual del Niño o de CELEP (Centro Referencia Educación Preescolar adscrito al MINED), pero el impacto en las prácticas rutinarias asociadas a lo docente sigue siendo mínimo, dada la falta de una alianza efectiva entre las áreas de Educación y Cultura.

Con la Cibertertulia del jueves, más que disertar sobre las posibilidades de implementar el Programa de Fomento para la Cultura Audiovisual en abstracto, pretendemos dejar establecidas un grupo de acciones concretas, donde se aproveche la infraestructura que ya existe.

Ese día también dejaremos inaugurada la Galería QR “El Callejón de los Milagros” con una exposición de fotos sobre las cuales estaremos ofreciendo información más adelante.

Juan Antonio García Borrero

Sin cultura no hay libertad posible

 

Fragmentos de las intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en la última sesión del Primer Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, en el Palacio de las Convenciones, el 18 de octubre del 2001, “Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio”.

 

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

[…]

Aquí se ha hablado de identidad nacional y que la televisión y los medios masivos alimentados desde Hollywood constituían el veneno más grande y la amenaza más grande para todos los países, eso es lo que discutimos fundamentalmente en el Congreso de Cultura, y ahora yo he dicho ya que si por aquellos días estábamos aterrorizados e inventando cómo demonios contraatacábamos, hoy estamos a la ofensiva.  Ustedes saben que hay 300 Joven Club de computación con personal muy preparado y si queremos podemos crear una página web en cada uno de los 300 centros, ¡imagínense!

Imagínense las universidades con cada vez más gente, la gente cada vez con mayor conocimiento, los talentos esos, que es una palabra que a ustedes les gusta usar (Risas), y que yo digo que es masivo, ahí tengo unas contradicciones, pero bueno, nosotros estamos tratando de cultivar el talento masivo de nuestro pueblo.  Nadie se vaya a imaginar que la capacidad de hacer cosas y de crear cosas es de una minoría de la población, lo que hay es un grupo, mayor o menor, que ha tenido la oportunidad de expresar su talento. […]

[…]

Entonces nosotros aspiramos a las cosas en masa, a las comunicaciones en masa.  Nosotros estudiamos, incluso, las estrategias que deben seguirse en la búsqueda de compactos, cosa que a veces no es fácil por el temor a los virus, cierra las computadoras, no hay direcciones.  Nosotros tenemos que desarrollar, incluso, y ustedes entre los intelectuales y otros entre los médicos, etcétera, la relación con decenas o cientos de millones de personas en el mundo.

Los países tienen un montón de medios de estos, pero caóticos, desorganizados y cada uno por su cuenta, y este país tiene la posibilidad, más o menos, de organizarse y tú conviertes en páginas web los 300 centros de computación, sin dejar de ser lo que son y sin dejar de prestar los servicios; pero tú puedes decir:  “Mira, concéntrate en el estado tal de tal lugar, de Estados Unidos, y tú te vas para la provincia de Canadá, y tú te vas para Bélgica.”  Hablo de estos países, porque tú no puedes hacer eso en Africa.

Mientras la gente analfabeta y pobre de América Latina, que lo que tiene es un 2% o un 3%, no me acuerdo el dato, de acceso a Internet, nosotros estamos en el estudio de cómo multiplicamos nuestras capacidades de comunicación y la fibra óptica, nacionalmente, y después las ramas, porque llegan hasta un punto, después usan el teléfono, porque iremos extendiendo la red por todo el país para ampliar las posibilidades de comunicación. […]

 

[…]

Yo no les he dicho más que una parte.  El mensaje de Cuba llegará a todas partes, ni se preocupen de eso, ese que llega a través de los medios habituales; pero es que este pueblo tiene que llegar, esa teoría de pueblo a pueblo somos nosotros los que la hacemos, y de individuo a individuo, cada uno en su área; pero ya hoy por hoy les aseguro a ustedes, no se imaginan hasta qué punto las noticias emanadas desde Cuba recorren el mundo.  Así que nosotros estamos a la ofensiva ahora, a crear cultura.

Ellos hablaban de justicia infinita.  Aquí empleamos una palabra, al final de este material, que decía:  valor sin límites.  A crear cultura que son valores, por encima de todo, espirituales de los cuales nosotros, como subproducto, podremos sacar en el futuro lo que queramos, así que todas estas cosas son posibles.

El ejemplo tuyo me motivó a hacer esta explicación y por eso quiero que sigas hablando, porque es una de las tantas formas, todas estas revistas, la Jiribilla ha enloquecido, como ustedes saben bien, a unas cuantas gente.  Igual que las mesas redondas tienen una audiencia en Miami que ustedes no se pueden imaginar y por radio la trasmitimos a una hora determinada.  Los compañeros que están allí presos la escuchan, mucha gente, porque se trasmiten por radio, no sale por televisión; pero también por satélite llega a 500 universidades, unos 5 000 centros de estudio en Estados Unidos, 60 cadenas locales de televisión.

Ya  llegamos allí, cuando ellos no han logrado colar una imagen de su televisión “Martí”, y las perspectivas que tienen en el futuro son muy pocas, para no decir rotundamente que es cero, y las posibilidades nuestras de trasmitir dentro son reales y posibles por todo lo que hemos analizado, ¿comprenden?  Me callo, antes de que ustedes empiecen aplaudir como a veces hacen (Aplausos), me callo.  No, no, quería decir que muchas veces cuando se habla más de la cuenta empiezan a aplaudir (Risas).  Sé que les he estado quitando tiempo y les juro que no nos vamos de aquí hasta que todo el tiempo que yo les haya robado, ustedes lo puedan disponer (Aplausos).  […]

 

[…]

Uno se pone a pensar en las cosas históricas en serio, dos acontecimientos fueron decisivos en lo que hoy estamos haciendo:   uno es lo que, por otro lado, fue una tragedia, que fue la disolución del campo socialista y de la URSS —lo del campo socialista no fue ninguna tragedia, pero lo de la URSS sí—, dejo a un lado las privaciones que vinieron para nuestro país como consecuencia de haber caído en un doble bloqueo en cuestión de días.  Lo que más duele es que le entregaron a la otra superpotencia el mando del mundo, hicieron a Estados Unidos dueño del mundo. […]

 

[…]

 

Uno ha estudiado un poco de historia y, sobre todo, ha leído mucho, además es político, ese es mi oficio, sé un poco de política —posiblemente menos que lo que saben ustedes de rock y otras muchas cosas— y desde ese ángulo lo analizo, de la historia, de lo que hace, las declaraciones y todo eso, y un poder fabuloso en manos de él (se refiere a Bush), y quizás, fundamentalmente, de los halcones que lo rodean, no parece muy piadoso, puesto que jamás ha concedido un indulto en ese estado donde más gente son llevada a la silla eléctrica. […]

 

[…]

Realmente uno se pregunta, ¿merecerá el mundo, mereceremos todos nosotros, que tanto hemos luchado desde 1868 por tener independencia, paz, por hacer lo que estamos haciendo ahora, las cosas que ustedes han expresado aquí y las que yo he mencionado;  merecerán los demás pueblos que no pueden hacer lo que estamos haciendo nosotros; merecerá nuestra especie, que es capaz de producir tantas personas maravillosas como ustedes —y no es un halago, es una simple muestra—, esa suerte?  Eso es lo que no se les puede perdonar. […]

 

[…]

Fíjate, nosotros, cuando aquellos de repente nos cortaron el combustible, alimentos, todo, pudimos llegar a vivir 30 años de Revolución, o mejor dicho, a disponer de 30 años en medio de muchas luchas que fueron —las que se han mencionado— de todo tipo:  terrorismo, agresiones, bloqueo, guerra económica, invasiones mercenarias, riesgo de guerra nuclear; pero dispusimos de 30 años de Revolución.  Yo te puedo asegurar que sin la obra de la Revolución en los 30 primeros años, nosotros no habríamos podido resistir el período especial.  Habríamos podido morir gloriosamente una gran parte de nosotros, no puedo decir que todos hubiéramos muerto, pero no habríamos podido pasar este período, y no lo hemos terminado de rebasar y ahora hay que estar mentalmente preparados para volver a enfrentar situaciones difíciles. […]

 

[…]

Comprendo psicológicamente, incluso, por qué nos apoyaron (se refiere a la URSS).  ¡Ni ellos se podían imaginar jamás que un país tan pequeño aquí, al lado del monstruo y por su propia cuenta, sin la menor ayuda, ni un centavo, ni un arma, ni nada, sino por nuestras propias conclusiones, hubiese hecho una Revolución social tan radical y tan profunda como la que hicimos en nuestro país, inspirados en las ideas patrióticas tradicionales de nuestro pueblo y de nuestros grandes próceres, en Martí, pero también en Marx, Lenin, Engels y los demás que nos hicieron —a mí por lo menos— tener una idea de lo que era la sociedad y el mundo!

 

Quiero que ustedes sepan que yo, estudiando economía política capitalista, me convertí en un comunista utópico, a partir de mis razonamientos primitivos, si se quiere, y mis meditaciones acerca de lo que era la sociedad esa en que estábamos viviendo y que la conocía en los campos, en las ciudades, desde que era niño, en un latifundio donde mi padre era el dueño de ese latifundio.  Antes de ser comunista-marxista, fui comunista utópico por mis propias convicciones.

 

Desde luego, el contacto con aquella literatura me dio mucho, ¿comprenden?, empecé a saber lo que era la sociedad.  Yo no podía adivinar qué era la sociedad, porque como alguien dentro de un bosque no sabe ni dónde está parado…  Si por mi cuenta había sacado conclusiones, cuando empecé a ver algunas explicaciones racionales y lógicas de la sociedad en que estábamos viviendo, fui fácilmente conquistado por esas ideas.  Después lo otro fue cosa cubana, como ustedes, como los trovadores y como los rockeros y como los creadores.

 

En ese sentido, nuestra generación —nuestro grupito— fue creadora de un método; igual que ustedes no inventaron la música tampoco, la estudiaron, nosotros estudiamos algunos elementos y los adquirimos, que sirvieron para ser adaptados a las condiciones de nuestro país, a nuestra historia y a una serie de factores, y crear un método para luchar contra aquel sistema y después para luchar contra el imperialismo y para resistir todo ese tipo de cosas.  […]   Los errores no los cometieron ellos, José Ernesto, los errores los cometimos nosotros, porque no todos tenían la confianza en sí mismos y la idea de juzgar, de analizar.  Todos los errores que se puedan haber cometido, los cometimos nosotros.  No podemos echarles la culpa a los que vinieron aquí; […] Yo era un inconforme, pero en un momento en que teníamos un monstruo enfrente y un país que emocionado por la sorpresa de que en no sé cuántos años al lado del imperio se rebelara y estableciera un régimen radical socialista, un régimen radical en este país, los arrastró a la valentía de ayudarnos.  Estoy seguro de que si eso ocurre en la época de Stalin aquí no llega un barco de petróleo, porque eran demasiado calculadores y cautelosos; tuvimos la suerte de que coincidió con el momento en que había un campesino allí, pero eso era Jruschov, un campesino, y tuvo un entusiasmo enorme cuando estos podían haber liquidado la Revolución en aquellos momentos.

 

En aquellos momentos un buen número de revolucionarios habría muerto gloriosamente, pero no habríamos podido resistir.  Eso nos dio la oportunidad de 30 años, e hicimos una obra a pesar de todas las imperfecciones.  Se acabó el latifundio y millones de cosas se acabaron; se creó un sistema de igualdad en el país que había vivido nada más que bajo las botas de ejércitos, policías, terratenientes, propietarios.

Mira, un ser humano no era nada en este país donde, con seis y medio millones de habitantes, había 100 000 prostitutas; ya no te voy a hablar de los clubes esos, donde nada más podían entrar los que tenían más o menos la piel blanca y otros millones de cosas, con un analfabetismo…  No hay que hablar de eso.

¿Qué era un hombre?  ¿Qué era un campesino?, yo los vi y los conocí allí.  ¿Qué era un trabajador?  ¿Qué era un descendiente de los esclavos que apenas habían liberado oficialmente?, porque, además, se liberaron combatiendo, en la guerra del 68 y demás.  La esclavitud se acabó en este país en 1886, y yo tengo muy presente siempre, dentro, cómo era la vida de toda aquella gente.  No eran nadie, eran menos que cero, eran menos 10.  Incluso a los esclavos liberados nadie les garantizaba ni siquiera el alimento o la salud que les garantizaban los dueños, porque si se morían o se enfermaban perdían el capital invertido en aquello.  Era repugnante, realmente, aquella sociedad.

Una revolución, con todos sus errores, crea un nivel de igualdad y de justicia.  Y aquí fue gorda, porque las empresas norteamericanas tenían hasta 200 000 hectáreas que fueron reducidas, fue una aplanadora, realmente; se acabaron los casatenientes; se rebajó en los primeros tiempos de la Revolución a la mitad el alquiler; los medicamentos se rebajaron a la mitad.  No era muy económico; un economista académico no habría estado de acuerdo con nada de lo que hicimos, igual que un militar académico no habría participado nunca en el tipo de guerra irregular, en virtud de la cual se pudo derrotar al ejército de Batista que tenía 80 000 hombres y estaba bien armado y asesorado por los yankis.  Todas esas cosas que tuvieron lugar hicieron posible la Revolución, que fue una obra creadora, repito.

Eso crea en el pueblo cosas nuevas.  ¿Antes qué era un obrero?  Un hombre que cortaba caña, andaba descalzo, los hijos pasaban hambre, no tenían escuela, y veía pasar por allí un guardia rural en un caballo grande, con un fusil, un plan de machete, aquello era el terror.  El era la última carta de la baraja.

¿Qué era un campesino?  Veía al soldado, veía al terrateniente, le quemaban la casa.  ¿Qué noción podía él tener del Estado y del poder?    Y de un día para otro se vuelve él el Estado y el poder, y es el que tiene todas las armas.

Estoy hablando de cosas que ustedes no vivieron, pero nada más quiero decir que una revolución de ese tipo, con todos los errores —y se puede hacer una larga lista—, genera una fuerza social tremenda.

En aquella época, cuando Girón, si aquello no se emplea, sí, posiblemente habríamos muerto gloriosamente unos cientos de miles de ciudadanos; pero sin invasiones y solo cortándonos los suministros de alimentos, de combustible y de todas las demás cosas, sin invasiones podríamos habernos suicidado, en el caso de que aquellos, un poco más listos, nos aplicaran las medidas que nos aplicaron, habría sido insostenible la Revolución.

Digo que no, porque en los primeros tiempos nos hicieron bloqueo cuando apareció una ayuda que ni nosotros esperábamos, ni nadie esperaba.

Entonces, ya venían trabajando con los dos procedimientos, ellos siguieron las dos líneas:  la de la acción, sabotaje, guerra, subversión, terrorismo, y también la económica, para liquidarnos de todas formas.     La que evitó que nos liquidaran económicamente fue esa ayuda que recibimos.

También cuando Girón fue derrotado, en menos de 72 horas, con las armas que teníamos; pero también con las armas que habíamos recibido y que nosotros aprendimos a manejar.

No les hicimos ningún caso a los instructores soviéticos, porque ellos mandaron a unos grupos para preparar unas cuantas baterías en un programa de seis meses, y nosotros, que teníamos el sentido de la realidad de guerrilleros que habíamos estado dos años allí luchando y que veíamos lo que venía, sencillamente no les hicimos ningún caso.  No hubo manera de convencerlos, y entonces reunimos a miles de hombres, tomamos todos los cañones —porque ya estaban aquí— y les preguntamos a los compañeros de unas pocas baterías que estaban aprendiendo a manejar esas armas:  “¿Ustedes pueden enseñar por la tarde lo que aprenden por la mañana?”  “Sí.”  Rodeamos todos aquellos lugares con miles y miles de hombres jóvenes y les dimos instrucciones a los alumnos aquellos:  “Ustedes por la tarde les enseñan a los demás lo que aprendieron por la mañana.”  Y en cuestión de semanas organizamos cientos de baterías.  No eran expertos, ni mucho menos, pero aprendieron a manejar las armas.

No les hicimos ningún caso en absoluto a ellos, nos liquidan si les hacemos caso.  Bueno, no habríamos podido liquidar la invasión en unos días; pero había armas suficientes ya en ese momento para una lucha larga en el país y espíritu para luchar durante años.

A lo mejor hubiéramos sido el Viet Nam.  La derrota de Girón impidió el Viet Nam.  Después, si aquellos nos hubiesen hecho el bloqueo económico en el que nos vimos envueltos, en un doble bloqueo en aquel momento; si someten al país de aquel entonces, no a una guerra, sino al bloqueo económico, a privarnos de toda posibilidad de adquirir alimentos, combustible, de todo, el otro, el que después aplicaron, pero tenían el contrapeso de lo que venía de allá —cuando aquello se derrumba, ellos arreciaron ese bloqueo—, te digo honestamente mi criterio:  el país no habría podido resistir ese bloqueo.  […]

 

[…]

Sí, hubiéramos tomado una acción militar contra la base y qué, tal vez los hubiéramos obligado a pelear.  Yo no te digo que era una situación sin alternativa, tal vez los hubiéramos podido obligar a combatir y morir combatiendo; pero no tuvimos que buscar una alternativa de ese tipo y pudimos resistir gracias a lo que habíamos hecho durante 30 años y, sobre todo, a la disciplina, experiencia; medio millón de compatriotas habían cumplido misiones internacionalistas, teníamos suficientes armas, pero teníamos suficiente organización y conciencia, que no teníamos al triunfo de la Revolución, y nos permitió vencer el doble bloqueo, resistirlo, y antes de que empezara a producirse este último fenómeno íbamos avanzando, avanzando y avanzando, ya estábamos en eso, lo tengo muy presente. […]

 

[…]

Yo no te estoy criticando, de verdad; es que sentí la necesidad, ante ustedes, de decir así para ser justo.  No lo tome como crítica, de ninguna manera; porque yo me río igual que tú, porque lo que tú estabas diciendo ahí es pálido al lado de las cosas que yo he dicho (Risas), y de las cuales tengo constancia, porque están las actas y está todo.  Nosotros tenemos ahí la constancia de cada una de las discusiones que hemos tenido con el equipo de la juventud, de los estudiantes, de las organizaciones de masa y del Partido, que hemos trabajado estos 22 meses en esta batalla. […]

 

[…]

Veíamos claro: “Mire, esto es un error, lo que hay es que sacar el tratado y se acabó.”  […]  (se refiere a la Crisis de Octubre de 1962) Lo sostuvimos en Naciones Unidas y en todas partes; mientras ellos andaban con el jueguito de que no eran las armas ofensivas, nosotros decíamos que no teníamos que darles cuenta y que teníamos derecho a usar cualquier tipo de arma para la defensa de nuestro país, el mismo derecho que tenían ellos y los europeos, los de la OTAN y todos los demás.  […]

[…]

¿Qué quería decir Kennedy cuando le preguntaban si había armas ofensivas?  Quería referirse a las armas estratégicas que pueden llegar a su territorio.  ¿Y qué decía Jruschov?  “No, no  hay armamento ofensivo.”  Es decir, le decía otra cosa.  El se preocupaba por los armamentos estratégicos y aquel le decía, aparentemente, que no había cohetes aquí, que no había armamento, usaba eso.  ¡Ah!, no son ofensivos, a partir de una idea tonta de que, puesto que no pensaban atacar, que no tenían por objeto atacar, las armas aquellas no eran ofensivas, y aquellos, cuando hablaban de armas ofensivas, estaban pensando en las armas estratégicas.  […]

 

[…]

Si algún valor tienen las muy repetidas palabras que yo les dije a los intelectuales, a partir de intuición, a partir de conceptos, que dije unas palabras: Con la Revolución todo, contra la Revolución nada (Aplausos).  Eso tenía un sentido: libertad total en cuanto a la forma de expresión.  Ya entonces era un pecado capital decir eso. […] Yo no conocía mucho la pintura abstracta y trataba de entenderla, porque nadie me la había explicado bien.  Discutía con Alfredo, no es que discutía, le preguntaba, porque a él le gustaban mucho —a Alfredo Guevara— y allí tenía una serie de cuadros abstractos, y yo ignorante, le preguntaba:  ¿Qué significado tiene, explícame?  ¿Por qué te gustan?  Yo no entiendo nada de lo que hay en los cuadros esos.  ¡Ah!, pero la idea clara de que era muy ignorante y él es un compañero que uno apreciaba y los criterios y todo; pero si quería pintar alguien así, ¿por qué darle una patada a un cuadro, prohibir el cuadro?

Lo único, realmente, que tiene importancia de lo que les dije a los intelectuales es esto:  “Pinten como quieran pintar, usen el estilo que quieran usar.”  Y más recientemente hubo otra prueba:  el acto del milenio, y fue sin ron.  Hubo fiestas en todo el país, máximo, cerveza en algunos lugares, de ron nada.  Quiero que sepan que yo no soy abstemio, desde luego, pero odio el ron, lo odio, porque cuando uno ve esos espectáculos, esos timbiriches que se montan a lo largo del Malecón y los tanques de todas esas cosas y botellas de ron y de todo, me parece que estamos cometiendo el acto criminal de alcoholizar al pueblo.

Bien, nosotros luchamos contra el alcoholismo y contra la fuma.  Se ha reducido de 15 000 millones de cigarrillos a 12 000, es el que se está fumando, significan 300 millones de pesos menos de ingresos.  Buscamos otra cosa, pero no puede haber ingresos a ese precio, y el precio es el más caro del mundo para el cigarro, y el más caro del mundo para el alcohol.

No se va a prohibir, pero si no seguimos una política consecuente alcoholizamos a la gente.  Esos carnavales, yo no simpatizo con los timbiriches que ponen por ahí, y el día Primero, hubo un día Primero, aniversario de la Revolución, principio de un nuevo siglo, principio de un nuevo milenio, fiestas en todo el país sin ron y con todas las manifestaciones artísticas y todas las manifestaciones musicales, bien claro ahí, todas.  Y hasta estaban los Orichas de allá, que estaban por allá, ¡que vengan!

Ahora ustedes dicen:  Nos han tratado bien, muy bien, algunos han dicho que les han dado a esto y los otros.  No, nada, lo que hicimos fue aplicar una política de libertad en las expresiones del arte y de la música.

Hay una cosa, yo tengo esa tendencia; pero, además, tengo la suerte de que soy amigo de Harry Belafonte y no hace mucho tiempo, un día me explicó toda la historia del rap y cómo surgió, dónde surgió, fue en Nueva York, de la población negra de Estados Unidos oprimida, discriminada, con una música de protesta y advertía:  “Los enemigos y los reaccionarios están tratando de utilizar toda esa música, comercializarla y convertirla…”  Y aquí se horrorizaba la gente con el rap.  Y ese mismo día, la política:  “Señores, hay que darles apoyo a todas las manifestaciones, no hay que tener temor ninguna.”

También un día —porque aquí estaba Veitía—, él tiene un ballet español excelente, entonces, cuando lo vimos al inaugurar el Palacio de Bellas Artes, dijimos:  “¡Excelente!  Busquen a esa gente.”  Hasta una tribuna abierta allá en Cárdenas en que tuvieron la desgracia de que les faltaba un cable, y de repente se fue la música y siguieron bailando.  Todo el mundo asombrado, no se sabía lo que había pasado, creían que era parte del espectáculo, y es que se fue la música porque se fue, y aquel grupo siguió, una cosa bella.  Y el ballet clásico no lo inventó nadie.  Eso es europeo, y casi casi, bueno, no lo digo, ¡es europeo!, sin embargo, es un espectáculo maravilloso, y de ahí sale esa danza clásica.  ¿Por qué vamos a elevar a 300?  ¡Ah!, porque de allí queremos que salga la gente que necesitamos para la danza moderna, contemporánea, la que se usa en la televisión, en un lugar.

Nosotros queremos multiplicar con la máxima calidad el número de grupos de danza, y aquella de cubana no tiene nada el ballet.  Y si aceptamos el ballet, ¿tenemos que tenerle miedo a la música que han inventado los negros norteamericanos, el rap y todo lo demás?  Y en virtud de una concepción, si ellos recibieron alguna ayuda, ahora que tú mencionabas o Luis mencionaba y creo que Yamira también algo dijo de eso, no es nada, sino que no reciben nunca ninguna ayuda, si estaban casi prohibidos.  ¿Es que acaso van a desplazar el ballet, o van a desplazar la danza folclórica? Ni el circo es desplazado aquí por nada de eso.  Lo que hace falta es circo también, pero hemos planteado que circo sin leones, y sin elefantes, circos artísticos.

Lo vimos un día al inaugurar un curso las maravillas que hicieron unas muchachas allí en el circo, la cosa artística, y  con perritos, con pelotas y con todas esas cosas se puede hacer una maravilla.  Por aquí está un amigo con el cual discutí muchísimo.  Estaba rabioso con él en una tribuna abierta, porque le pregunto por el circo, estaba muy entusiasmado.  Le digo:  ¿Qué les pasa a ustedes?  “Es que nos falta una carpa?”  Digo:  “¿Cómo que les falta una carpa?  ¿Cuánto vale una carpa?”  Entonces no tenían ni los 30 000 dólares para una carpa, y dije:  “Multipliquemos el circo.  ¿Cuánta capacidad tiene esa escuela?  Multipliquen, elévenla.  Yo no sé, habrá duplicado, o triplicado el número de eso.

 

En el capitalismo había unos circos que andaban por ahí en época de zafra en unas carpas, y allí llevaban leones hambrientos.  Rugían.  Si algún familiar de ustedes vivió en un central azucarero, y yo nací a 4 kilómetros de un central, y todos los años venía el circo tal, y para allá iba todo el mundo al circo, pero los leones no dejaban dormir a nadie.  Había leones, elefantes, no sé cuántas cosas, y yo le decía:  “Un circo que no sea romano, un circo sin leones, ni tigres, ni elefantes, nada de eso, otro tipo de animales.”  Cuánto arte hay en el circo mezclado con la danza, con la música, con las demás actividades que hacen.

Yo dije: Yo quisiera que tuviéramos 20 escuelas de circo, porque son capaces de hacer un espectáculo artístico; es decir que todas las actividades se desarrollen y que lleguemos a lo óptimo en materia de calidad.

Bien temprano la Revolución construyó, o intentó construir la Escuela Nacional de Arte.  Yo recuerdo que vi los proyectos, discutí con los que lo presentaban, yo de arquitectura sabía tan poco como de todas las demás cosas; pero encontraba bellos aquellos proyectos.  Eran una fantasía.  Entonces digo:  “Construyan la fantasía.”  No llegaron ni a terminarla porque un día en el Ministerio de la Construcción —no voy a mencionar el nombre del que estaba allí, pero es un arquitecto, era una persona que conocía de eso—, digo:  “¿Cuándo vamos a terminar la escuela?”  Dice:  “No es posible.”  Digo:  “¿Físicamente es imposible terminar esa escuela?”  Y me dice:  “Es imposiblemente físicamente construirla.”  Pues nada, con lo que se hizo  —y le faltaban algunas cosas— se hizo famosa en el mundo la escuela, y nosotros dijimos:  “Vamos a terminar esta escuela.”  No había pasado la batalla esta, sí la del congreso ya, y tomamos la decisión.  Invitamos a los arquitectos que habían participado y tomamos la decisión de terminar aquella escuela en los conceptos que tenía, arreglar el río ese, y llegar a tener la escuela con que habíamos soñado hace más de 40 años, hace 41 años.  No hemos mencionado que allí están todos los proyectos y los recursos para terminar esa escuela tal como fue concebida, y, además, mejorada.

La Habana Vieja también, 200 años tardaría en construirse.  Las donaciones esas no alcanzaban para nada.  Pero, señores, una idea hizo posible lo que es hoy La Habana Vieja.  Señores, vamos a recoger todos esos restaurantes.  Ya estábamos en el período especial, ya había restaurantes en divisa, tiendas, recojan todo eso.  No vamos a regalar     La Habana Vieja porque algunas casas se construyeron, porque alguien traía 60 000 dólares, una gente muy rica y amiga del país, se reconstruía la casa y tenían durante 30 años derecho al uso.  Nosotros dijimos:  “No, ¿por qué vamos a regalar a La Habana Vieja?”  Entonces se buscó un millón de dólares, ¡un millón!, unas cuantas tiendas de estas, restaurantes, y todo, en divisa, no había de dónde demonios sacar nada, y se hizo un Decreto-ley estableciendo…  El Poder Popular de la ciudad no podía con eso, imposible. […]

[…]

Entonces, La Habana que se autofinancie.  La Habana tiene que recaudar más fondos que Varadero, y los fondos se dividen por un decreto del Consejo de Estado para la restauración, para el apoyo social a la gente, y una parte de ese dinero para la reserva, porque, por ejemplo, para construir.  Es para la reserva, pero con los fondos esos se está construyendo la Escuela Nacional de Arte.

Una idea salvó La Habana Vieja ya dentro de las condiciones duras del período especial y la desgraciada situación en que había tiendas en divisa para el que tenía un pariente.  Ya hoy no, ya hay tiendas en divisa y hay casas de cambio en que se puede cambiar el peso, etcétera; y no es nada, eso seguirá evolucionando.  Tenemos nuestra moneda nacional en divisa y nuestra moneda nacional en peso.

Todo esto no es más que un amargo período, un purgante que hay que tomarse para desintoxicar el organismo y salvarlo.

Pero mira lo que es hoy La Habana Vieja, es la admiración de todo el mundo, viene ya todo el mundo a ver a La Habana Vieja.  Ahí está; desde luego, no es una cuestión de dinero.  Ahí están las ideas, los conceptos, la sabiduría, la cultura de Leal y su amor infinito por La Habana Vieja.  No había con qué aplicar todo aquello, y hoy La Habana Vieja es…  Y la escuela esa se reconstruye.  Lo que pasó con el rap, sobre todo, y con el rock es producto de una idea muy similar a la que se defendió hace 41 años, no sé cuándo fue aquella reunión de la más amplia libertad en la forma de expresarse, y lo mismo también en la música.  No podemos caer en eso.

Un día estaba viendo una tribuna abierta, que fue en Artemisa, fue después del primero, fue este año, y se aparece un grupito de cuatro allí, tres muchachos y una muchachita, con una bandera, y óiganme, a mí me hizo una impresión tremenda.  Yo quise conocer a aquella gente, se lo dije a Carmen Rosa y a otros compañeros allí:  “Localicen a esa gente, para ver de dónde han salido”, porque había que ver a aquella gente con la bandera y el canto, ¿quién era?  Un ama de casa y dos muchachos más, ellos solos habían creado su grupito, y en uno de los actos más grandes que dimos, nos acordamos de eso, y era el rap al servicio de una causa, en una protesta, instrumento de la Revolución, como fue instrumento de los que lo crearon, contra la discriminación, la opresión y todas esas cosas.  Es un concepto, es una filosofía, y vendrán otros y eso es así, amplitud total, es por eso.

 

Aprovecho la ocasión para explicarles por qué se hizo eso, y esa es la política que vamos a seguir de apoyo a todos los géneros, y a los trovadores, por supuesto, no hay ni que dudar de eso ni en lo más mínimo.

Es que este va a ser, además, en nuestro concepto, el país más libre del mundo, porque la libertad está en razón directamente proporcional a la cultura de la gente, que he dicho y repetido la frase de Martí, un día que estábamos reunidos en vísperas de un acto, que fue el de la calle 23 y 12, discutiendo, lo más extraño del mundo: un discurso colectivo de un grupo de intelectuales.  En aventura como esa, les juro que no me meto más nunca en mi vida (Risas), porque aprovechamos ya cuando todos estaban dormidos, del proyecto que tenía un pedazo de uno, de otro, de otro.  Óiganme y cuidado, si el autor admite que le quiten una línea o le cambien algo, era una mezcolanza terrible y se hizo, pero ya de madrugada, el mismo día del acto.

Para colmo invitamos a los actores, porque la creación era de uno y los que iban a hablar eran otros, y los actores enredaron mucho más todo aquello, porque también empezaron a opinar, porque a aquel no le gustaba el párrafo que le tocó, porque era medio lírico (Risas) y ellos querían una cosa fuerte.  ¡Terrible!, reunir a actores con intelectuales y ponerlos de acuerdo para revisar un material…  Menos mal que a aquellos les dije:  “Ustedes tienen que estar descansados, váyanse a dormir.”  Una buena parte de los que estaban allí estaban cansados, y yo también, les pedimos…  No avanzábamos y eran las 5:00 de la mañana, y nos quedamos allí a ver, y algunos más, algunos cómplices, y cuando todo el mundo se había dormido ya, entre dos o tres de los cómplices empezamos a tachar, ¡y ran, y ran y ran!  No cambiamos nada, lo único que tachamos todo lo que había que tachar; lo ordenamos, más o menos, como tenía que ordenarse (Risas).  No, eso es de reírse.

Entonces, al otro día, cuando ya creíamos que lo que habíamos dejado por la noche estaba bien, todo muy bien, creo que hasta Abel se había dormido, pero Abel era partidario de darle racionalidad a aquello, pero se durmió también.  Se quedaron dos o tres socios, cómplices, y se reconstruyó aquello.  Por la mañana yo lo traigo, y descubro, de repente, que faltaba una frase importante.

Cuando llego, ya estaban ensayando los actores, se habían repartido, según su característica, estaba bastante armonioso, y había una frase que no podía faltar, y por el camino me lo leí, óiganme, en 25 minutos.  A mí me gusta leer con calma, en 25 minutos he leído las 63 páginas, revisado rápido, rápido.  También yo sabía dónde estaban los puntos complicados, en lo que estaban de acuerdo, sobre todo en la parte final, y ya llegando al Palacio, que veo el párrafo aquel, en el elevador iba yo redactando para allá arriba, y cuando llego allí, con el párrafo, todo el mundo comprendía que ya estaban ensayando el material que habíamos dejado al amanecer, y cada uno repartido su pedazo y todo el mundo muy contento, y ya la introducción del párrafo aquel obligó a complicados cambios:  A este que le tocaba, le tocó este; pero se pudo arreglar, y a las 6:00 de la tarde estaba en 23 dándose el acto, que era el día 28 de enero, que era el día en que los yankis habían dicho que iban a devolver al niño, y nosotros esperamos hasta esa hora.

Ya teníamos todos los proyectos, la tribuna abierta, y cuando se cumplió las 12:00 de la noche, al amanecer empezaron a llegar unos camioncitos aislados, a construir la tribuna abierta antimperialista esa que está ahí, que ya tenía todos los proyectos, la estatua.

Aquellos fueron tan estúpidos en su tozudez que nos dio tiempo a construir la tribuna, aunque ya la tribuna iba de todas maneras, porque, era difícil, si devolvían al niño, el 28, al otro día ponerse a hacer la tribuna.  Pero no llegó y empezaron unos poquitos, porque hemos utilizado el método, incluso, de sorprenderlos siempre, a veces hacerlos sufrir:  primero llegó un buldocito…  Teníamos dos variantes:  o llega todo junto; pero hicimos el peor, el más torturante medio político:  unos pocos que llegaron allí, unos martillos —yo estoy ocupando tu  puesto— y un camioncito, un buldocito, y dijimos:  “Vayan incrementando.”  Por la noche allí había decenas de equipos, durante el día lo que se hizo fue poner luminarias, y aquellos no sabían en qué demonios se estaba trabajando; y para que no supieran lo que estábamos haciendo allí, a los mismos constructores les dimos como diez versiones:  “Miren, la estatua de Niemeyer, aquí va tal cosa, aquí va un parque de no sé qué cosa”, como diez cosas. Iban los periodistas, iba todo el mundo, un trabajador, porque, además, tampoco ellos sabían lo que se estaba haciendo allí, se les dio la misión de que cada uno dijera una razón diferente.  Y aquello por la noche, día y noche en 80 días, ¿fueron 80 u 81?  En 80 días se hizo la Tribuna Abierta con todo.  No, no, eso fue del diablo, y ya esa tribuna es donde se gradúan los de sexto grado, noveno, todos.  Y ahí está, así que hubo que hacer muchas cosas, utilizar mucho la imaginación y seguir una táctica para hacer todo eso.

 

Nosotros soñamos con muchas cosas, pero con muchas cosas; nosotros estamos haciendo proyectos para el día en que se puedan hacer.  Pero sí hubo dos cosas muy importantes:  Se reconstruyó el “Amadeo Roldán”, ¿cuántos años estuvo ahí?  Habían destruido el parque y los alrededores; se salvaron 600 millones de dólares en cuadros y obras artísticas que se iban a perder, en los dos museos.  Donde había uno, hay dos ahora, y de verdad estamos orgullosos de esos dos museos, pero estamos inconformes:  uno tiene la impresión de que falta un museo, por ejemplo —en Bellas Artes—, latinoamericano.  Aquello está lleno de cosas europeas…  De Haití me habían dicho que había un solo cuadro, y todo el mundo creía que no había más, hasta que nos dijeron que tenían una colección de pintura haitiana en la Casa de las Américas.

Nosotros soñamos con muchas cosas, y ya tenemos un poco el hábito de ver muchos sueños convertidos en realidades, puedo añadir que muchos sueños que nacieron después y que no teníamos cuando triunfó la Revolución; es decir, la Revolución ha llegado en medio de todo eso.

No estoy aquí haciendo panegírico, no, no, no; estoy tratando de trasmitirles —algunos lo saben, no siempre uno dice las cosas iguales— la cantidad de sueños que nosotros tenemos, y bajo estos conceptos de libertad y libertad.

Lo que Martí escribió es una de las más grandes verdades, esto fue lo que nos llevó a la historia esta.  Fue aquel día en que compartiendo con unos compañeros, les dije:  Miren, es que sin cultura no hay libertad posible, es imposible.  Pienso en los miles de millones de personas que tienen prohibido pensar:  aquellos que fuman tal marca de cigarro, toman tal cosa y todos los demás, porque alguien les ha dicho que hagan eso.  A tales extremos ha llegado el sistema que combatimos, que les ha suprimido a la gente el equipo de pensar.

El hombre de las hordas podía descubrir algo, ver que un palo era más duro que otro, y lo utilizaba.  Este hombre de hoy tiene menos libertad de pensar que el hombre de las hordas primitivas, porque casi todo lo que hace es lo que le han metido en la cabeza, a través de los medios masivos, que haga:  “Consume eso, lo otro, lo otro.”  Y de la misma forma le introducen hasta el pensamiento político.  Con esas armas jamás el hombre podría liberarse.  El hombre se va a liberar porque lo están conduciendo a un callejón sin salida y las crisis van a ser cada vez más profundas.  Desde luego, ¿qué hay que hacer?  Hay que trasmitir ideas.

En este momento Cuba tiene el privilegio de que la escuchan, por haberse quedado como un país solitario.  Nosotros no queríamos hacer el papel que debieron haber hecho los otros, la Revolución que pudieron haber hecho países en mucho mejores condiciones y hasta más lejos de Estados Unidos; porque aun cuando hicieron allá ellos su revolución en octubre, los ingleses, que están junto con ellos ahora bombardeando a Afganistán, y los yankis intervinieron allí en aquel país, para acabar con aquella revolución que pudo hacer mucho.

Es verdad que no se ajustaba a la idea de Marx de que no se podía hacer la revolución en un solo país, la revolución tenía que ser mundial, sería una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y un fenómeno de carácter mundial.

Ellos se metieron en la aventura.  Hicieron bien, ¿qué iban a hacer después que tienen el poder?  Creían que venía la revolución en Alemania, en Inglaterra, aquí y allá, y no vino en ninguna parte, la aplastaron los reaccionarios.  ¿Qué tienen que hacer, rendirse o construirla en un solo país?

Nosotros tuvimos el privilegio de que aquello existiera.  Ahora, nadie pensó en aquello.  Nosotros, los que estábamos, partíamos de una creencia falsa.  Partíamos de la creencia de que después de aquella guerra mundial, en que tanto se habló de independencia, de soberanía, etcétera —guerra que se acaba en 1945 y con empleo de aquellas armas nucleares—, la soberanía de los países existía.  Ese fue nuestro error.  Era falsa aquella creencia por completo, porque si hubiera existido la soberanía nosotros hubiéramos hecho nuestra Revolución sin que tuvieran que venir aquellos amigos distantes.

Estoy dispuesto a estar con ustedes aquí hasta por la madrugada, o cualquier cosa.  Yo no tendré que hablar, si hablo son unas palabras formales, y los que estén por querer decir, defenderé aquí hasta la hora que sea necesario el derecho a exponer. […]

 

[…]

Cmdte.-  Yo quería decir dos cosas, cuando él hablaba, ¿no? y decía cosas correctas, que hay incomprensión por aquí, por allá o por allá, dificultades.

Algunas cosas para nosotros son relativamente fáciles de resolver, algunas nada más.  Cada una de las cosas que nosotros hacemos tiene un trabajo, hay que persuadir, y lo más importante para personas que tengan las responsabilidades de nosotros es el arte de lograr rectificaciones, soluciones de problemas, limpiar prejuicios.

Algunas de las cosas que nosotros estamos haciendo llevarán años en tener resultados, pero no descansamos en el esfuerzo por hacerlas y avanzamos.

De muchas de ellas ni hablamos, porque no las comprenderían todavía.  Puede ser, quizás, algún cambio en el sistema de la enseñanza secundaria, otra concepción nueva; pero usted primero tiene que demostrarla, tiene que probarla.

Nosotros tenemos un experimento que estamos haciendo ahora para sustentar una proposición que revoluciona la forma de atender la enseñanza secundaria; pero usted no puede salir y hablar de eso, porque yo a algunas personas les he hablado de la idea y usted nota asombro y asombro.

Es que, sencillamente, hay personas que se habitúan a una forma de hacer las cosas o la han visto toda la vida, y cuando he planteado algo que cambia eso, choca con una mentalidad ya hecha; sin embargo, usted logra que cambien.  No lo logra parándose en una tribuna y diciendo:  “Hay que hacer esto, esto no sirve.”  No logra el objetivo, porque usted no logra un objetivo si no ha persuadido a todos los que de alguna forma están implicados en eso.

Hago esta aclaración, porque nosotros podemos estar conscientes de un problema y de muchos problemas, pero eso no es la compra de una guitarra, o, incluso, la solución de muchos de los problemas que ustedes han planteado aquí.  El decía, con razón, de prejuicios y de cosas con el género de la música del rap; eso no se quita en un día, pero se quita.

El día primero de enero estuvieron presentes, creo que es la primera vez, y se aprovechó incluso el grupo que estaba allá con relación al milenio.

Lo digo porque son realidades que existen, siempre hay un problema de un tipo o de otro y algunos son más fáciles de resolver que otros.

Nadie piense que nosotros podemos resolver cualquier problema en cualquier momento.  Nosotros podemos resolver algunos, lo que sí es posible que relativamente pronto surjan ideas de cómo abordar un problema y resolver un problema.  Hay montones de ellos.

Ustedes saben que, por ejemplo, la vocación del maestro había desaparecido.  ¿Cómo usted resolvía el problema de los maestros primarios?  Treinta y siete graduaba este año la ciudad, para sustituir a     8 080, que casi todos tienen más de 20 años de maestro; y para ese reemplazo se graduaban este año 37 y en Cienfuegos 8.  Se habían acabado aparentemente las vocaciones.

Crearon los preuniversitarios pedagógicos y cuando allí ya, con el título de bachiller, preguntaban cuántos iban a estudiar para maestros de primaria, de cada 100 respondían 3.  “Yo quiero matemáticas, yo quiero física, yo quiero química, historia y todo lo demás.”

¿Qué iba a pasar aquí en la capital?  Era un problema difícil de resolver, cuando aparentemente había desaparecido la vocación, y así también en secundaria y en otras cosas.

Nosotros tenemos paciencia, pero no olvidamos los problemas y trabajamos constantemente.

El decía que los prejuicios, y yo le aseguro que nosotros hacemos polvo los prejuicios esos, pero no lo hacemos en una semana, y tenemos que saber cómo lo hacemos.  Lo vamos a hacer, vamos a ayudar a liquidar todo eso.

Les contaba cómo me di cuenta allí.  Yo no sabía que había esos tipos de problemas, uno no está en todos los problemas, uno no sabe todo, está metido en muchas cosas.  Sí, ya uno tiene el hábito de captar cuando hay un problema y prestarle la atención debida.

Le respondo al compañero que se expresó tan bien ahí.  Tengan la seguridad de que los prejuicios van a ser derrotados, totalmente derrotados; lo que yo no puedo decir que dentro de 15 días están derrotados, porque si usted no hace las cosas como debe hacerlas, en vez de quitar un prejuicio, lo que lo incrementa y crea incomprensiones.

Si lo que usted hace es justo y es correcto, puede tener la seguridad de que se obtiene la comprensión de todos; y, por otro lado, tampoco nos gusta perder tiempo. […]

 

[…]

Cmdte.-  Porque mira, uno de los problemas a resolver, porque es uno de los temas que más salieron en la visita a todos los núcleos, es la cuestión relativa a la recreación.  Nosotros hemos mandado, porque sabemos que todavía está sumándose todo, una contrapregunta, ¿cuál concepto tenían de recreación?  ¿Cuál era su concepto de recreación?  Porque me temo que el concepto de recreación, para muchos jóvenes, sea la idea de las discotecas esas locas que tienen los turistas y donde se mezclan allí y donde se toma, se acaba con la vista, porque todas aquellas luces son enloquecedoras, y puede aparecer, incluso, su hierbita por allí sin que nadie vea nada.

Es de suponer que nosotros de alguna forma o de otra nos enteramos y no por la policía, no.  Nosotros nos enteramos de cualquier problema en cualquier escuela secundaria, cualquier cosa que pase, y en la lucha contra las drogas sí tenemos que no perder un segundo nunca, porque cuando eso entra es un cáncer más de los que tienen las sociedades estas.  Claro, se ha creado, no sé cómo le llamarán ustedes, esa ingestión o indigestión de cosas traídas del exterior que, a mi juicio, no tienen nada que ver con la verdadera recreación sana.

Cuando tú hablaste de las escuelas es porque nosotros estamos elaborando una idea y vamos a hacer algunas pruebas.  Si nosotros podemos crear diversiones sanas, prácticamente, en cada escuela del país; tenemos distintas actividades, una de ellas:  ahora tenemos el televisor más la computadora, que ya les dije el efecto que tenía en las primarias; el deporte posible, porque hay algunas que lo que tienen es un patiecito chiquito; tablas gimnásticas; gimnasia rítmica de esta; la otra que hacen las mujeres para bajar de peso, aeróbicos y otros tipos de entretenimiento.  Es que estoy pensando que el lugar donde van a ir todos los muchachos los sábados y los domingos es la escuela. […]

 

[…]

Cmdte.-  Cuando hablan de recreación, a cuál se refieren, y cuánta recreación no pueden crear, producir nuestros artistas, buscando, como dicen ustedes, los locales.  Y estoy seguro de que salones como el salón este que yo mencionaba, el Rosado —ahora estamos averiguando cuánto costaría un salón Rosado de esos—, porque allí creo que caben 1 000 parejas.  ¡Mil parejas en un solo lugar de esos!  Busque espacio, averigüe cuánto cuesta, busque los espacios en las escuelas, ya no para que trabajen ustedes solos, sino para organizar fiestas sanas, saludables, alegres y sin ron en las escuelas.

Hay muchos problemas todavía, el otro día analizábamos en escuelas secundarias donde algunos fuman, ¿qué es eso de un muchacho fumando entre los 12 y 14 años en una escuela?  No, no, estoy hablando de problemas que estuvimos analizando.  Eso hay que erradicarlo.

¿Cuál es el ejemplo que los profesores le dan al alumno en la escuela?  ¿Qué profesor fuma?  Esto no es:  “¡Oiga!”, expulsándolo de la escuela.  No, no, esto es explicándole a todo el pueblo el problema, invitando a todo el pueblo a que coopere para que en una escuela no fumen… cigarros; ya no te digo otra cosita que de cuando en cuando aparece algún caso.  Esa es una batalla que se gana con las masas, de modo que se cree la cultura de que la falta más grave que puede cometer un profesor es estar fumando allí en la escuela delante de los alumnos.  La crítica pública, el análisis público del problema.  Eso genera la fuerza con que muchos de estos problemas se resuelvan.  Tiene nuestra sociedad no se imaginan ustedes cuántas cosas que superar.  Y eso no cuesta nada, eso sí que no es material,  […]

 

[…]

Cmdte.-  No me puedo marchar sin decirles algo, aunque sea cinco minutos.  Hemos estado como 14 horas trabajando casi sin descanso.  Bueno, sin descanso, no hubo descanso para unos cuantos de nosotros y tal vez ni para ustedes a la hora del almuerzo, y ahora tampoco.  Es una buena jornada de trabajo, aunque yo no doy por concluido el congreso.

Una gran parte de lo que hubiera podido decirles en una clausura formal la he planteado aquí.  Tenemos que pensar que hay que complementar las cosas que hemos acordado, hacerlo pronto, con toda rapidez. […]

 

[…]

Cmdte.-  Yo creo que tenemos que volvernos a reunir, como hemos hecho en los congresos de la UNEAC y de la UPEC.  Al fin y al cabo no hay que viajar 10 000 kilómetros para reunirnos, muchos pueden venir por carretera y otros por tren.

Ahora, hay que cumplimentar lo que hemos acordado y en un período de tiempo de cinco o seis meses, estoy proponiendo que nos reunamos para conocer cómo se ha cumplido lo que hemos acordado y volver a analizar problemas; porque tengan la seguridad de que la próxima vez que nos veamos ya nosotros tendremos muchas más noticias de cómo está marchando el trabajo de ustedes, los problemas que existen.

No nos sentiríamos satisfechos simplemente con que todo concluyera aquí y nos volvamos a ver dentro de cinco años.  Ustedes tienen mucho más espacio que yo para reunirse cada cinco años, pero yo tengo que hacer en cinco años lo que haría falta en 25, y por eso estoy proponiendo esto, que nos reunamos otra vez y hagamos una especie de rendición de cuenta de cómo están marchando las cosas que hemos acordado aquí y las cosas que hayamos resuelto en contacto con la dirección, y vayamos elaborando una especie de programa.

Hay algunos problemas por resolver.  Al mediodía estuvimos conversando y están relacionados con el hecho de que hay un número elevado de artistas que ahora terminan en la Asociación “Hermanos Saíz”, algunos son miembros de la UNEAC, […]  ¿Cuántos tienen ustedes en total en la UNEAC?, ¿cuántos hay?

Abel Prieto.-  En la UNEAC hay alrededor de 5 000.

Cmdte.-  Cinco mil, y el número de los que pertenecen a “Hermanos Saíz” es de alrededor de 2 500 y tantos, hasta este momento, me imagino que ingresen otros.  Nos queda una gran masa que de acuerdo con el trabajo que cada una de las dos organizaciones acometen, las tareas que deben desempeñar, o tendrían que cambiar su actual función y convertirse en organizaciones masivas, o mantener el status que tienen ahora.  La mayoría de las personas con las que he hablado son partidarios de mantener este status; pero hace falta una asociación o algo, son ideas, creo que debemos analizar y sacar las conclusiones pertinentes.  Alguna asociación donde puedan estar todos, quiero decir a la cual pertenecerían los que no están en la UNEAC ni están en la Asociación “Hermanos Saíz”, y tenemos además, el sindicato.

Eso lo estábamos discutiendo hoy, no hemos sacado conclusiones todavía, pero pienso que va a crecer.  Me pregunto, por ejemplo, los instructores de arte cuando terminen a qué organización van a participar; bueno, al Sindicato de los Trabajadores de la Cultura, aunque ahí están todos.  Aquellos, en un momento dado, van a ser graduados universitarios, tienen un nivel, hay que darles una atención.

Por eso es que hoy yo expresaba la idea más bien como una necesidad de que pertenezcan a una institución a la cual pertenecerían también los otros, cada uno con sus funciones específicas, no para dirigir a la UNEAC ni para dirigir a la “Hermanos Saíz”, pero sí para que formen parte de una institución que tiene funciones muy específicas.  Son todos los demás artistas, y los que ingresen, y los que se gradúen, es para mí un problema que hay que resolver, y entonces todos en el sindicato.  No se debe abandonar la idea del sindicato, pero, dadas las misiones del sindicato, pienso que este sector que no está en las dos instituciones mencionadas, requiere de una atención que a mí me parece difícil en ese sindicato que los abarca a todos también y pueda desempeñar en cuanto a las características de su trabajo.

Son ideas por pulir todavía.  Esta no es, digamos, una organización como la juventud, que trabaja en la juventud y en un momento dado ingrese en el Partido, cuando ingresan, que son dos momentos diferentes.  Los estudiantes transitan como estudiantes.  Pero yo pienso que el sector artístico e intelectual requiere una atención especial.  Son problemas nuevos porque crece la masa y habrá personas muy valiosas, masivamente valiosas.

Es una de las ideas que tenemos que contemplar.  Ustedes deben meditar también sobre este punto.

El sindicato tiene que trabajar; pero el sindicato tiene un gran número de trabajadores, es imposible que pueda proporcionarle la atención, yo diría, especializada que requiere la masa de intelectuales y artistas que no estarían ni en la UNEAC, ni en los “Hermanos Saíz”.

Estuvimos por el mediodía meditando sobre todo eso; sería bueno que pensaran ustedes, meditaran también.

Hemos hablado de sistema de cultura.  Todos los del sistema de cultura están en el sindicato.

Abel.-  Más trabajadores de la radio y la televisión.

Cmdte.-  Me parece que hay un vacío, me parece que nos falta algo.  Y, claro, no se debe tocar lo que son las dos instituciones, no hay que convertirlas en masivas porque dejarían de ejercer las funciones que están ejerciendo ahora.  No se pueden excluir de una asociación de artistas, como se sabe, crece el número de asociaciones.

Nosotros mismos tenemos que meditar, porque está muy fragmentado todo y puede estar fragmentado en el sentido de que están los que atienden la música, los que atienden…

Abel.-  Institutos y consejos, de la música, de las artes escénicas, del libro.

Cmdte.- ¿Cuántos tenemos?

Abel.-  Cinco.

Cmdte.-  Pertenecen al Ministerio de Cultura.  La UNEAC es una institución social; “Hermanos Saíz”, por todo lo que he podido apreciar, es también una institución social. Hay que hacer una coordinación entre cada una de las instituciones de ustedes y de ellos; pero las instituciones sociales no están subordinadas institucionalmente y, sin embargo, algo hay que hacer, que coordine.  ¿Quién es hoy, podemos decir, el principal coordinador?

Hay instituciones que pertenecen a la televisión, ¿no?

Abel.- Cuatro.

Cmdte.- ¿Cómo están organizados los artistas que trabajan en la televisión?

Abel.- Están sindicalizados —ahí está la Secretaria del Sindicato— por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.

Cmdte.- Y me han dicho que es una persona excelente, todos ustedes han dicho.

Abel.-  Con cariño hablamos de ella mucho.

Hay una Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, y también hay algunos jóvenes videastas, realizadores que pertenecen a la Asociación “Hermanos Saíz”, que no son un gran número, con un pequeño número.  Están en el sindicato y están en la UNEAC, una asociación, incluso, bastante numerosa, que es la que preside Lisset.

Cmdte.- ¿Pero toda la coordinación se produce desde abajo?

Abel.-  En este caso el interlocutor permanente es, sobre todo, el ICRT, en el caso de esa asociación, la radio y la televisión, porque en el cine el número de realizadores, es decir, los realizadores del ICAIC, los artistas del ICAIC son realmente un número pequeño y son miembros de la UNEAC.  Hay algunos también de la Asociación “Hermanos Saíz”.

Cmdte.-  Y algunos que no pertenecen a ninguna de las dos.

Abel.-  Y algunos que no pertenecen a ningún lado.

Nosotros tenemos alrededor de 25 000 artistas en el país, es lo que yo le comentaba al Comandante.  De esos 25 000, entre la UNEAC y la Asociación, son poco menos de 8 000; el resto todos están dentro del sindicato de la cultura; pero no están, digamos, atendidos por organizaciones profesionales.

Cmdte.- Más bien que dispersar habría que crear algunas instituciones sociales nuevas, para mantener lo que tenemos hoy.  Saca la cuenta, 2 500 aquí, 5 000 allá, son 7 500; hay 17 500 artistas que pertenecen al sindicato, el cual tiene que atender, además, ¿a cuántos miles de trabajadores?

____________.-  Comandante, el sindicato tiene 70 000 trabajadores, porque, como usted expresaba, abarca el sector artístico en todas las manifestaciones, la radio y la televisión en la parte de nuestros artistas, pero también de nuestros técnicos, del resto de los trabajadores, y abarca a los periodistas y a los órganos de prensa.  Este sindicato es el resultado de la unión de lo que era el Sindicato de Artes y Espectáculos y del Sindicato del Libro y la Prensa, que en un momento determinado, hace 24 años, cuando se unificaron determinados sindicatos en diferentes sectores, se produjo de esta manera en el nuestro.

Cmdte.-  Correcto.  ¿Pero todos los trabajadores de la prensa pertenecen a la UPEC?

____________.-  Sí, Comandante, todos; a la UPEC y al sindicato, entonces los periodistas y el resto de los trabajadores de los órganos.

Cmdte.-  No hay duda de que el sindicato no podría atender la tarea de atender a todos los trabajadores de la prensa, es decir, no pueden prescindir de la UPEC; sin embargo, hay una masa de artistas y de intelectuales que están únicamente en el sindicato y, a mi juicio, requieren de una atención especializada.

¿Qué institución podría llenar ese vacío?  Bueno, una asociación que los comprenda a todos; pero esa asociación tendría una dirección que se ocuparía principalmente de todos aquellos artistas que no están dentro de la asociación; si ustedes quieren mantener una selección no hay otra alternativa.  Lo otro sería la masificación.

Creo que la UNEAC está haciendo un excelente trabajo, como la UPEC también, realiza un trabajo importante, y está la organización “Hermanos Saíz”, para atender a los más jóvenes, pero terminan a los 35.  Admito que jóvenes son los que hemos despedido hoy, algunos, desde luego, una parte pertenece a la UNEAC; están todos los demás, un número de artistas que va a crecer.  Sin embargo, tiene que haber un sindicato también de la cultura que los represente a todos, porque no van a dejar de estar ustedes en el movimiento sindical; pero las características del trabajo que tienen que desempeñar es muy diferente al del sindicato, digamos, azucarero, o al de la construcción.  Ni pueden dejar de pertenecer a los sindicatos, ni pueden ser atendidos por los sindicatos, con una sección de esto.  No, estas instituciones que estamos mencionando tienen una personalidad.

No podríamos hacer una tercera organización, porque sería ininteligible.  Tengo la impresión de que todos aquellos artistas que no pertenecen a estas dos instituciones, que están reconocidas, se van a sentir un poco en el aire; hay que meditar más sobre esto, saber más, qué tipo de problema pueden tener, qué tipo de atención especializada necesitan.  Es lo que hasta ahora veo; veo un vacío, veo la necesidad de que el resto de los artistas e intelectuales no se sientan por debajo; son del sindicato igual que todos pero no hay una atención para los intereses, los criterios, las preocupaciones de esos 20 000 artistas, y que no pertenecen a ninguna de las dos instituciones. […]

 

[…]

Cmdte.-  Tiene razón, pero una parte importante van a estar en las escuelas.

Bien, dejemos aquí planteado que es un problema a analizar y a resolver, con calma; pero yo quería plantear este punto.

Lo otro, decirles que le vamos a prestar el máximo de atención a la Asociación Hermanos Saíz.

Yo me he llevado muy buena impresión del congreso, estoy admirado de la cantidad de talentos, en el otro sentido de la palabra; porque yo hablo del talento, la capacidad de comunicación que tienen, las cosas que han expresado, el sentimiento, la forma en que lo han hecho, y veo con claridad lo que pueden hacer ustedes, claridad total.

El otro encuentro —parece que hace un siglo que yo me reuní con ustedes—, en 1988, hace 13 años, ¿qué teníamos por delante?  Nada, no teníamos ni la sombra, por lo menos yo, de las ideas que posteriormente se fueron desarrollando. […]

[…]

Me alegré, porque habiendo sido hace 15 años, me encontré unas cuantas cosas, unas cuantas ideas, que son las mismas que hemos estado defendiendo y desarrollando ahora; pero hay un abismo de diferencia entre 1988 y este año 2001, somos un pueblo mucho más curtido, mucho más sometido a durísimas pruebas, un pueblo que tiene más comunidad de pensamiento, por la experiencia que todos hemos tenido que vivir.

Me parece que eran años de confusión, y ya yo estaba aburrido de que se hablara de las Palabra a los Intelectuales, porque yo sé valorar cada cosa, las mías, y soy crítico; puedo, por otro lado, sentir una determinada tranquilidad de conciencia, porque en algunas cuestiones claves no tenía duda alguna.  Detrás traíamos aquellas broncas tremendas desde principio de la Revolución, y que estaban presentes, por supuesto, cuando las famosas Palabras a los Intelectuales, y era una guerra entre el órgano oficial del Partido, que se llamaba entonces Revolución, en que se creó una “capilla” que quiso monopolizar todo lo relacionado con la cultura y el arte.  Así todos terminaron donde era lógico que terminaran, de enemigos de la Revolución; tenían guerra con otros compañeros excelentes, que han permanecido hasta el final de sus vidas, y algunos todavía están en una línea revolucionaria.

Aquello de Lunes de Revolución, ¿cómo se llamaba aquello?  (Le dicen algo.)  Aquello era algo horripilante, yo me acuerdo a cada rato.  Y conozco a quien era el amo del suplemento, es un caballerito que uno siente vergüenza de que haya sido director del órgano, yo lo conocía bien, no de antes; porque en la gran realidad nuestro movimiento era muy heterogéneo, y casi todo el que se iba de las filas del Partido Socialista Popular, el cual puede ser sometido a un análisis histórico, crítico y todo, pero nadie le podría negar su condición de ser gente de la más honrada, con ideas antimperialistas, una organización que luchó por los trabajadores en tiempos complicados.

Hay épocas históricas.  Aquella era la época de los años que precedieron al fascismo, en que la Internacional Comunista existía y daba órdenes desde Moscú; pero esos partidos de buena fe, con gran amor, formaban parte de esa institución.  ¡Qué magnífica cosa es una Internacional!, una Internacional democrática.  Y los partidos comunistas latinoamericanos están llenos de gente de grandes méritos, de grandes sacrificios, que se mantenían firmes, y se mantuvieron firmes aun en los tiempos del macartismo, pero en aquellos fatales años en la lucha contra el fascismo se crearon aquellos frentes internos antifascistas en que juntaron al perro, al gato, a los ratones, le hicieron frente a aquello, y el Partido Comunista de Cuba, fundado por Mella, Baliño, y al cual pertenecían muchos de estos nombres que se mencionan, Pablo de la Torriente Brau, por supuesto, Mella, que fue uno de los mártires, Martínez Villena, organizó la huelga que derrocó a Machado.  Sufrieron represiones de todas clases, se cae el gobierno, surge un movimiento militar dirigido por un sargento de conocido nombre, se unió todo el mundo allí: los estudiantes, los del Directorio.  Toda esa historia, por lo menos yo me he visto en la necesidad de conocerla.

 

Eso fue en 1933.  Sube Hitler creo que ese mismo año al poder. Sus teorías contenidas en el Mein Kampf empiezan a ser aplicadas: peligros de guerra, consignas antiguerreristas y antifascistas de la Internacional Comunista, los frentes únicos, los frentes populares.

Como consecuencia de eso, aquí en Cuba, se junta la fuerza batistiana, que eran gente de los batistianos, los militares que eran corrompidos, asesinos, represivos, habían matado a no se sabe cuántos obreros, cuántos estudiantes, habían reprimido la huelga de marzo de 1934 —ó 1935, una de esas fechas— a sangre y fuego; los comunistas venían, que con su historia de la lucha contra Machado, de la lucha contra Batista.  Entonces aquel Frente Popular mezcla a los batistianos y a toda su gente, a la ABC, famosa, que era una institución que se había destacado en la lucha contra Machado a base de poner bombas y era fascista de pensamiento, toda esa gente se juntó en aquel frente antimperialista, viene una constitución, y aquella alianza, durante un montón de años, entre Batista, aquella gente y el Partido Comunista, ordenada desde el exterior le costó un precio altísimo al Partido Comunista con todos sus méritos y su historia, y siguió en todo ese período defendiendo a los obreros y arrancando cualquier conquista, pero enajenó la simpatía de mucha gente joven, de muchos estudiantes.

 

En las elecciones de 1940 estuvieron juntos en la Constituyente.  En la Constituyente todo lo que había de bueno fue lo que propusieron los comunistas allí, ley de reforma agraria y otras, que ninguna, como pasa en todos estos países burgueses, ni se cumplimentó nunca.

En las elecciones de 1944, todavía en medio de la guerra, en que el candidato batistiano pierde, estaban aliados, y se acaba la guerra y empieza casi de inmediato la guerra fría, el macartismo, los gobiernos auténticos, y empiezan a matar comunistas, líderes comunistas.  La gente se mantuvo firme, lo digo así, hablando objetivamente, imparcialmente, pero los revolucionarios con una conciencia, una cultura verdaderamente política.

El único partido era el Partido Comunista, cometió enormes errores, sobre todo en el proceso insurreccional, y no como partido, sino porque algunos líderes estaban afuera, otros se quedaron, algunos tenían métodos stalinianos, conceptos stalinianos, y realmente hubo uno que prácticamente se apoderó en ese período de la lucha revolucionaria, de la lucha armada, y siguió la política de dejar que murieran los pequeños burgueses, que éramos nosotros, cuando yo ya casi me sabía de memoria algunos de los … Yo era comunista, primero comunista utópico y después comunista marxista-leninista desde el año 1948, y como en cualquier cosa que me meto suelo hacerlo en serio, era radical; ya todo lo que vino después estuvo determinado por la táctica que había que seguir en este país para tratar de hacer una revolución al lado de Estados Unidos, cuando los comunistas estaban aislados en ese período.

Por eso yo no me afilié al Partido Comunista, tenía muy buenas relaciones con ellos, entre otras cosas, porque tenían un crédito en la librería del Partido Comunista que estaba en Carlos III y yo tenía hasta un montón de libros, todos los libros los adquiría allí fiados, y todavía no he pagado ni la cuenta, porque después que se terminó los visité por allí y no les pagué, pero yo creo que les debía como 100 pesos, y 100 pesos en aquella época era tremendo.  Ellos me entregaron los libros.  Ellos divulgaron las ideas, ayudaron a que pequeños burgueses y burgueses entraran en contacto con la literatura; ya en ese momento estaban en la misma posición de oposición al régimen corrompido de Grau, de Prío y de toda aquella gente.

¿Qué hizo nuestro movimiento?  Bueno, aquí está Armando Hart, él sí puede ser testigo, él era un pequeñoburgués de izquierda de verdad, y no sé cuándo él adoptó el credo comunista y el marxismo-leninismo.  ¿Cuándo fue, Armando?

Armando Hart.-  Cuando caí preso y me puse a leer, me di cuenta que con todo lo que pensaba, sin saber que era socialismo, estaba con el socialismo.  Me hice comunista por la Revolución que tú has dirigido.

Cmdte.-  Sí, ya tú eras.  ¿Qué edad tú tienes, Armando?

Armando Hart.-  Yo tengo sesenta y nueve.

Cmdte.-  Me asustas, porque nada más te llevo cuatro.

¿Tú sabes cómo era la universidad?  Una universidad de 15 000 alumnos, tan fuerte había sido el efecto de la guerra fría y tan de clases era esa universidad que entre 15 000 estudiantes no había 50 estudiantes antimperialistas, en la Universidad de La Habana, en esa, donde yo llegué.  Ya conté cómo fui utópico primero, leyéndome los libros del capitalismo sobre la base del pleno raciocinio.

¿Qué tiene que ver esto con la cultura?  Cuando triunfa la Revolución, nuestro movimiento era muy heterogéneo y entonces cuanta gente desertaba del Partido Comunista, los recogía el 26 de Julio, digamos (Le dicen algo).  No hace falta ni nombrarlos.  Pero, no, lo de Franqui… Yo no te echo ninguna culpa, pero realmente se nutrían.  Ah, un grupo obrero del 26 de Julio era, por lo general, de renegados del Partido Comunista; Franqui era uno de ellos, había sido miembro del Partido Comunista y le tenía resentimientos.  Era un tipo, además, mediocre.

Yo me acuerdo que después de la huelga de marzo, un episodio en que el movimiento revolucionario sufrió una derrota, van para allá un grupo de dirigentes, entre ellos estaba Frank; pero como era director de un periodiquito clandestino, que se llamaba Revolución también, allí le dimos la tarea en la estación de Radio Rebelde, que ya estaba fundada.  Fue más o menos por el mes de… en abril fue la huelga, en mayo viene una ofensiva tremenda contra nosotros.  Allí se me apareció con un librito de Sartre sobre filosofía, no me acuerdo cómo era el título.

Se vio claro, clarísimo, que él no sabía bien cómo yo pensaba, sí lo sabía el grupo de compañeros de la dirección del Movimiento 26 de Julio, Montané, Abel. […]  Si nosotros después del golpe de Estado, en una casa donde nos habíamos refugiado por allá por Guanabo, teníamos círculos de estudio marxista; estaba Abel, Montané, Ñico López, un grupo de ellos.  Recuerdo que el material que usábamos era una biografía de Marx, escrita por Mehring, una buena biografía.  Y a mí me costaba poco trabajo convencer a aquellos compañeros de las ideas comunistas, de las tesis de Marx; con Montané, con Ñico, con Abel no costó nada.  Qué fácil era un joven en aquellos tiempos, en aquella sociedad, abrirles los ojos sobre unas cuantas verdades.  Había otros a quienes les interesaba nada más que la acción, no andaban muy preocupados por cosas de política. […]

 

[…]

Pero Carlos Franqui, responsabilizado con Radio Rebelde, y yo tenía que redactar las noticias de la guerra, de todas las cosas, porque a él no se le podía dar, ni sabía de eso, ni sabía redactar.  Fíjense lo que digo:  ¡No sabía redactar!  Yo no era experto en redacción ni mucho menos, pero podía hacer ese trabajo.  Y era en medio de la ofensiva, a veces hasta habíamos hecho una comunicación telefónica desde un punto redactando las noticias todos los días, y, desde luego, los partes de cada una de las batallas más importantes los redactaba yo, con todos los datos, con toda precisión, veracidad, sin exagerar una baja al enemigo ni reducir las nuestras.

Cuando triunfa la Revolución viene con su periódico Revolución ya aquí, crea Lunes de Revolución, y nosotros veníamos de la guerra y con veinte mil problemas más, ni cuenta nos dábamos de lo que estaba haciendo el tipo allí.  Y así, la guerra contra los comunistas.  Las famosas palabras aquellas fueron en las condiciones esas de ese conflicto. […]

 

[…]

Cmdte.-  Sí, pero estábamos claros, conscientes, de esas tendencias, fue más bien buscar unidad.

[…]

En esas condiciones fue que se plantearon aquellos problemas, aquellas palabras que quedaron.  Después nos volvimos a reunir.  En dos palabras: se han producido muchos cambios, pero el más grande cambio se ha producido entre 1988 y hoy, hace 13 años, es un radical cambio.  En ese entonces no existían las condiciones; también ha habido una profundización del sentimiento antimperialista, el sentimiento patriótico, el sentimiento socialista en las masas; nosotros lo sabemos porque recogemos todos los días en todo el país, a las dos horas llegan las primeras noticias de una mesa redonda, una tribuna, un acto.

Casi podemos medir matemáticamente los estados de opinión y qué opinan de cada una de las cosas; también el estado de unidad que hay en la población desde el punto de vista político.  Esto es independiente de una queja por allá y otra por acá de distintos problemas; pero estoy hablando en los términos políticos.  Estas son las condiciones que tenemos; jamás habíamos tenido las condiciones que tenemos ahora, producto del período especial, pero de modo muy particular a partir del secuestro de Elián, que nos obligó a una batalla por ese niño, a la movilización de todo el pueblo, y a una batalla que íbamos a ganar, y la íbamos a ganar de todas formas y sin violencia.

Las relaciones de la familia se fueron desarrollando, la pudimos conocer.  Cuando nosotros lanzamos esa batalla el día 5, yo había hablado con Juan Miguel.  Figúrense, él no conocía, jamás habían devuelto a nadie, a ningún niño, jamás había ocurrido un acto de justicia.  El escribe al ministerio, después escribe la madre de la antigua esposa de Juan Miguel, que murió.  Y yo digo, ¿cómo será este hombre?  Tenía que saberlo, verlo, si era un buen padre.

 

Aquello no se podía obtener por vías legales, tenía que ser por vías políticas, a través de la movilización, de la batalla política.  Tres horas estuvimos hablando, fui franco, le dije:  “Esto no se gana así.”  El traía fotos del niño, hasta material fílmico del niño.  Es que tenía obsesión con el niño, y atendía al niño.  Llegó con los ojos rojos y llorando, y escuchó todo lo que le expliqué con toda objetividad:  “Esto no es cosa de…  Esto es como mínimo tres meses, esta es una batalla política, y yo necesito saber qué clase de padre eres tú.”  Sí, todos los datos, todas las cosas, un montón de aspectos por los cuales uno puede sacar, realmente, una conclusión de cómo es una persona.  Y a partir de esa conclusión, decidimos lanzar la batalla. […]

 

[…]

Un error en la apreciación de las características del padre, habría sido un desastre, gran riesgo en aquella pelea; un error en el tratamiento del resto de la familia, que estaba la mitad allá y la otra aquí, habría sido un desastre.  Esa lucha no solo tiene todos los aspectos visibles, sino todo el aspecto de los métodos utilizados, porque de paso que dábamos se cruzaban notas —non paper, como le llaman los yankis—; un papel, que no es una nota diplomática, eso era todos los días, y la información al padre de las cosas esenciales, a la familia también, el tratamiento con la familia, en medio de una situación delicada, por las cosas que ustedes conocen:  estaban las dos abuelas, una había perdido a la hija.  Eso requirió un trabajo, realmente, pero muy cuidadoso.

Fuimos afortunados, con Juan Miguel, en primer lugar, y con la familia en general.  A Juan Miguel le ofrecían cualquier cosa, pero a Juan Miguel no había quien lo comprara; ellos soñaron durante un tiempo que podían llegar a comprarlo con su propio hijo:  “No, te lo damos enseguida.”  Y tuvo una firmeza…  Es  verdaderamente admirable el comportamiento de ese muchacho.  Pero, bueno, nos obligaron a librarla, y teníamos que ganarla.

Nosotros no habíamos utilizado todos los recursos, ya les conté que terminaron las estaciones, lo divulgaron todo, fue cambiando la opinión; pero nosotros teníamos determinadas medidas estudiadas que no las resistían tres días, ya a partir del momento en que teníamos el apoyo aquel, la información internacional…  Y medidas pacíficas; había algunas que eran dramáticas, pero pacíficas.  Había que traer al niño de todas formas, sin guerra.

Calculen ustedes qué momentos estuvimos viviendo todo el grupo de compañeros que nos encargamos de aquella tarea, que vimos rápidamente las estupideces; la idea de construir la tribuna como algo permanente, el Juramento de Baraguá, la decisión de seguir la batalla cuando regresara el niño.  Pero era una incógnita, si toda aquella situación de emotividad tremenda al regresar el niño ya nadie quisiera…, y la batalla aquella perdiera fuerza.  Yo pensaba que podíamos mantener la fuerza, porque es que conocíamos las opiniones.  Con anterioridad se hizo lo de Baraguá.  El tránsito fue entre el acto de Holguín, que reunió a 400 000 personas, y después el de Manzanillo, en que ya se declaró que continuaba la lucha.

Ya después ese movimiento adquirió mucha más fuerza:  la marcha en protesta por los compañeros presos, el desfile frente a la Oficina de Intereses el día 26, después el acto con motivo del aniversario de lo de Barbados.  Antes había venido la dramática muerte de aquellos dos jóvenes que cayeron en Londres tratando de viajar a Estados Unidos, la lucha contra la Ley de Ajuste Cubano, todo eso iba creciendo, detrás de una causa venía otra.  Y ahora la situación esta de un señor ahí que decretó el cese de la independencia.  Permítanme decirles que somos el único país libre del mundo, independiente, ¿no?  Decretó esto, y nadie hizo lo que hicimos nosotros.

Lo podíamos hacer sin aventuras y con tranquilidad, porque conocemos bien los problemas que tienen, las contradicciones y todo eso.  Es decir que no es ninguna aventura.  El movimiento ha crecido y sigue creciendo.  Ya las bombas esas que están lanzando, la cantidad de personas que viven en esas aldeas es impresionante.

Esa es la fuerza que tenemos en este momento.

En el Congreso de la UNEAC se elaboraron una serie de ideas, pero que eran defensivas prácticamente, las únicas que podíamos…, cómo defender la nación.  Ahora estamos a la ofensiva. […]

 

[…]

Nosotros, las tareas en que quedamos, la situación esta un poco extraña, un vacío que queda; pero tenemos tiempo, lo estoy planteando como una preocupación.  Cuando yo hoy mismo en el almuerzo les estuve preguntando exactamente cuántos había, qué tanto por ciento, cómo era la cosa, los que tenían ustedes, los que tenía la UNEAC, y el número de artistas e intelectuales, y vi la masa esa, como también veo la cantidad de combinaciones, qué coordinaciones, porque este por aquí y el otro por allá, hasta he pensado si sería bueno un método de trabajo, algún encuentro, de tiempo en tiempo, entre todos los que tienen autoridad para coordinar las actividades relacionadas con la cultura, para que no se den situaciones de un problema, un grupo con alguien en que cultura no pueda resolver nada.

Por lo menos veo, independientemente de lo que se haga, la necesidad de que las partes que tienen facultad de decisiones…  Ahí mismo uno está proponiendo, el compañero que lo propuso, los títeres a trabajar a las escuelas; pero, bueno, eso no se debe hacer sin coordinación previa, comunicación previa y autorización del Ministerio de Educación.  No sería correcto que empiecen los compañeros nuestros de la juventud en La Habana a tomar acuerdos.  Claro, eso hay que coordinarlo.

La idea es buena, y en aquel lugar en concreto, los trabajos que estamos haciendo no es…, es un lugar, no es un programa; pero tiene que coordinarse con el grupo, tiene que coordinarse con educación, tiene que coordinarse con ustedes; y hay que informarlo al Ministerio de Cultura, puesto que es una actividad cultural, y está educación, está cultura, está esta organización y habrá a lo mejor alguna otra dirección.  Es decir, hay que coordinar todas las cosas, porque hay muchas cosas, y es bueno el carácter de esta asociación, el carácter de la UNEAC, pero, bueno, son organizaciones sociales, no son entidades administrativas, y es muy importante que haya esa coordinación, cada vez más, porque cada vez va a haber más gente, cada vez va a ser necesaria una mayor coordinación.

 

En realidad no debe fallar ninguno de los programas que se hagan.  Uno le diga un poco de atención, hay un hábito de coordinar.  A cada rato hay que coordinar, en el mundo de hoy es imposible…  Hay problemas, en cualquier país, que tienen que ver 10 instituciones con ellos.

Nosotros tenemos la ventaja de la unidad.  Debemos coordinar y analizar antes de que se vaya a tomar una decisión.  A nadie le gusta      —fíjense bien— que se adopte una decisión sobre algo que sea de su competencia, y no le digan nada, no le informen.  Esos hábitos son muy dañinos, constantemente dan lugar a fricciones y a problemas. […]

Cinco guantanameros delegados al Congreso de la AHS

Tomado del blog 

Por Yess Ramírez

Inicia hoy y se extiende hasta el jueves 18 el Tercer Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en La Habana. Entre los temas medulares que defenderán los cinco delegados guantanameros están el respeto a los espacios públicos culturales y la necesidad de mayor vínculo de la vanguardia creativa con las academias de arte.

Integran la delegación, Eldys Baratute Benavides, presidente de la AHS en la provincia; Ana Iris Aranda Pillot, vicepresidenta y curadora; los actores Yosmel López Ortiz y Aylín Zamora; así como el investigador Carlos Urgellés. También acudirán como invitados el periodista Adriel Bosch Cascaret y Liset Samón, directora de la Casa del Joven Creador.

Según artículo publicado en la página web de la organización, el evento desde lo simbólico constituye el marco preciso para debatir, planear y perfilar nuestra identidad y cubanía. Sin embargo, esta cita es más que un encuentro entre los asociados; es la oportunidad para generar nuevas estrategias, trazarse metas, obtener recursos, cambiar métodos y pensar en las subjetividades que nos definen ante el hecho cultural.

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