Category: Opinión

El ciclo de la Historia

Tomado del blog La mariposa cubana

La Historia tiene maneras de enseñarnos. Una espiral de sucesos que nos pueden llevar al desarrollo o al inequívoco ejercicio de la repetición. Si algo tenemos los nacidos bajo el signo de Cuba es buena memoria, sobre todo ante la amnesia, selectiva, de quienes han gobernado en el Norte vecino.
Los creídos Mesías estrenaron su divina misión de interventores pacifistas en el hemisferio mucho antes de extender su manto al resto del mundo. Desde entonces una pieza apetecible ha sido esta nación indómita.
Una nación que desde 1492 aprendió a vivir con la cruz y la espada rozándele la garganta al tiempo que se nombraba y se definía. En medio de toda esa sangre y esa vida que cuestan los aprendizajes a fuego estuvo Estados Unidos a la sombra, esperando el momento de la “salvación” por su mano de un pueblo de débiles y afeminados, incapaces de gobernarse.
Martí, el hombre a quien nunca le tembló la vida por Cuba, alzó la voz y contó de nuestro servicio a la paz, tan antiguo como nuestras ansias independentistas. Pero donde muchas veces olvidan el por qué de las luchas y la muerte de Abraham Lincoln no cejaron en su empeño. El inmenso cubano lo vislumbró e hizo su causa evitar su extensión por Nuestra América.
Pero la necesaria guerra llegó a su fin sin el Maestro y el valiente General confió en el honor de quienes declararon que no tenían “deseo ni intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla (Cuba), excepto para su pacificación, y afirman su determinación, cuando ésta se haya conseguido, de dejar el gobierno y dominio de la Isla a su pueblo”.

Mala fue la interpretación de sus palabras. Ellos se fueron a disfrutar de lejos su nueva pocesión, una falacia de República acunada en los brazos de una Enmienda impuesta bajo la amenaza de no marcharse jamás.
Once votos se opusieron al robo de la libertad, entre ellos el cubano bueno que se alzó por órdenes de Martí—Juan Gualberto Gómez–, quien aseguró que de rodillas al Imperio solo tendríamos “gobiernos raquíticos y míseros, (…) condenados a vivir más atentos del beneplácito de los Poderes de la Unión que a servir y defender los intereses de Cuba”.Situación ante la que Salvador Cisneros Betancourt sentenció que “Cuba no tendrá su independencia absoluta”.
La “República” comenzó a dar pasos sola cuando el protectorado murió junto con la “Platt” en 1934, pero los títeres de turno cuidaban más su bolsillo que el estado de nación y de derecho que solo conoció el país después de 1959.
De entonces acá los desvela la fruta perdida. A su sueño han puesto diferentes nombres: Mangosta, Peter Pan, Brigada 2506, Ley Torricelli… Radio y TV Martí… intentos de asesinatos, subversion interna…
En 2004, celebrando una independencia que nunca gozó el pueblo definido por Fidel en la Historia me Absolverá, conmemorando una República (20 de mayo) orquestada tras bambalinas. George W Bush fue a Miami, junto a los pocos que lloran heridas que el resto no recuerda, a firmar un Plan para Cuba. Sus antecedentes datan de octubre del 2003, cuando estableció la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.
Fue esta sin dudas una declaración abierta al intervencionismo, pues reconocía que buscaban identificar medios adicionales para poner fin rápidamente al régimen cubano, que su Gobierno no estaba simplemente esperando sino que estaba trabajando en términos prácticos para lograr ese fin. Y en el camino para acelerar la transición iban a determinar cómo sería la misma. Justo la clave de toda su ayuda: la devolución de propiedades que fueron nacionalizadas por la Revolución.
Todo un canto de sirenas de 450 páginas para endulzar los oídos de uno de los lobby entonces más fuertes de la política norteamericana. Los años de elecciones tienden a tener ese efecto enceguecedor en quienes quieren mantener sus pertencias en el despacho Oval.
Para los cubanos, un dejavu de 1996. Cuando William Clinton se negaba a recoger la maleta y firmó para complacencia del voto la Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas.
La Helms-Burton tuvo su Maine: el incidente de las avionetas de Hermanos al Rescate fue el pretexto preparado el 24 de febrero de 1996 para lograr la escalada agresiva que terminó en la firma de un cuerpo legal que en sus títulos III y IV varios abogados, incluso en los propios Estados Unidos, han señalado que no tiene precedentes en la historia legal de ese país, pues se entromete en asuntos que solo serían abordables a la luz de los principios del Derecho Internacional.
La Ley define entre sus propósitos “ayudar al pueblo cubano a recuperar su libertad”… “Proporcionar un marco de política para el apoyo de los Estados Unidos al pueblo cubano a la formación de un gobierno de transición”. Y en la Sección 109 se autoriza al Presidente a prestar asistencia a personas y organizaciones no gubernamentales independientes a favor de los esfuerzos de democratización en Cuba, incluido… “apoyo a los grupos democráticos y de derechos humanos de Cuba”.
Un guion ya desgastado, que incluye la disolución de las principales instituciones del país, incluidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, bajo la apariencia de un nuevo rol. Recuerdo claro de 1898 y la deposición de las armas del Ejército Libertador… la Historia ha sido clara en las consecuencias, quien tenga dudas puede mirar al Sur, en Colombia.
Con esta Ley el gobierno de Estados Unidos perpetúa sus hostilidades hacia Cuba; contrarresta el cuestionamiento creciente al bloqueo y asegura que ningún presidente estadounidense pueda levantarlo ni cambiar la política agresiva hacia el pueblo cubano. De paso incrementa la extraterritorialidad de las decisiones norteamericanas, busca desestimular la inversión extranjera en el país e impedir que las organizaciones financieras internacionales ofrezcan préstamos para el desarrollo de la economía nacional… y con ello el logro de la asfixia de la Revolución.
La misma que representa y es la República unitaria que soñó Martí, la que no fue el 20 de mayo donde pisotearon la sangre mambisa y la entrega de muchos; la que no pueden construirnos de afuera con un plan a la medida de quienes buscan recuperar propiedades en suelo nacionalmente cubano.
La Historia tiene maneras de enseñarnos. Este no es el país de 1492. Es una nación por vocación rebelde y por convicción mayoritaria martiana y fidelista, construida por un pueblo que bien puede parafrasear al Comandante — en las mismas entrañas del monstruo–, pues de los asuntos de Cuba, nos encargamos nosotros.

Venezuela y la geoplolítica mundial. Por Angel Guerra Cabrera

tomado del blog: La pupila Insomne

Venezuela fue foco y manzana de la discordia fundamental de la reunión sostenida en Sochi el 14 de mayo por los jefes de las diplomacias de Rusia y Estados Unidos, Sergéi Lavrov y Mike Pompeo. Seguida por un encuentro de los dos altos funcionarios con el presidente Vladimir Putin, la centralidad del país bolivariano en la cita resulta más significativa por tratarse de la primera visita de Pompeo como secretario de Estado al país eslavo en el contexto de un largo período de envenenadas relaciones bilaterales entre las dos potencias, que se remonta al primer gobierno de Obama.  También, por haberse contemplado en la agenda varios de los temas candentes de la relación bilateral y, a la vez, de la escena internacional, entre ellos Ucrania, el programa nuclear de Irán, Siria, Corea del Norte,  la supuesta interferencia rusa en las elecciones y la política interior de Estados Unidos, y los tratados de control de armas nucleares.

Las posturas sobre la patria de Bolívar no pudieron ser más distantes.

Así, Lavrov manifestó: “Rusia está a favor de que el pueblo(de Venezuela) determine su futuro, y… es de suma importancia que todas las fuerzas patrióticas responsables de la política de ese país inicien un diálogo entre ellas… en el marco del llamado Mecanismo de Montevideo. Y el gobierno… ha afirmado Maduro, está dispuesto a ese diálogo”.

 Más adelante: “Las amenazas contra el gobierno de Maduro… de los representantes… de la administración estadounidense y de Guaidó, que constantemente recuerda su derecho a invitar a la intervención armada desde el exterior, no tienen nada en común con la democracia”.

A su vez, Pompeo: “Insto a que mis colegas rusos apoyen al pueblo venezolano mientras devuelven la democracia a su país. Estados Unidos y más de 50 otras naciones coinciden en que ha llegado el momento de que Nicolás Maduro se vaya… esperamos que el apoyo de Rusia a Maduro termine”. Lavrov, en una fina estocada, recordó cómo han terminado los intentos de llevar la democracia a Irak, Libia y otras naciones.

Aunque las sesiones en Sochi hayan evidenciado el desacuerdo de ambas partes en la mayoría de los temas, si condujeran a establecer un mecanismo regular de consultas entre Moscú y Washington, podría constituir una importante contribución a crear una pequeña válvula de escape a la cada vez más caldeada atmosfera internacional. Aunque no fuera tratado en Sochi, no debe perderse de vista el barril de pólvora en que nos ha sentado Trump con la guerra comercial contra China y su plan de “paz” para Palestina, que implicaría barrer con su ya casi inexistente soberanía económica y territorial y el más duro ataque a la recia identidad de ese pueblo.

No pocos analistas de distinto signo político se han referido al grave peligro de desencadenamiento de un conflicto bélico ruso-estadounidense creado por el presidente de Estados Unidos y su equipo al escalar las amenazas a Venezuela y la retórica contra Rusia por su apoyo   a la soberanía del país suramericano. Incluidas las importantes relaciones económicas bilaterales y el convenio de cooperación militar ruso-venezolano. Al margen de las posturas opuestas, este peligro podría disminuir si existiera una más fluida comunicación entre Moscú y Washington.  De la misma manera, si la potencia del norte llegara a darse cuenta al fin de que por la fuerza no puede romper la estoica resistencia chavista, una relación menos enrarecida con Moscú podría facilitar el establecimiento de un diálogo político entre las “fuerzas patrióticas” venezolanas, como el aludido por el canciller ruso.

Tanto Pompeo como Putin y Lavrov expresaron su satisfacción por las pláticas.  Pompeo declaró encontrarse en el balneario del Mar Negro “porque el presidente Trump está decidido a mejorar las relaciones con Rusia”. Por su parte, Putin expresó  “Como saben, hace unos días tuve el placer de hablar con el presidente estadounidense vía telefónica, y tuve la impresión de que él está dispuesto a restaurar las relaciones ruso-estadounidenses… y resolver conjuntamente las cuestiones que representan un interés mutuo”. Por nuestra parte, dijimos en repetidas ocasiones que también nos gustaría restaurar las relaciones plenamente, espero que se estén creando ahora las condiciones necesarias para esto”. También expresó su disposición a colaborar con Washington en relación a Corea del Norte, Afganistán, el mercado mundial de energía y avanzar en el diálogo estratégico.

En resumen, es un pequeño paso el dado por Moscú y Washington, probablemente facilitado por la publicación del informe del fiscal Mueller. El asesor de Putin, Yuri Ushakov calificó de constructivo el enfoque de Estados Unidos en las conversaciones, pero opinó que no se ha producido “un gran avance”. Si uno piensa en la prepotencia y la estulticia del equipo de política exterior de Trump no es para estar optimista. Pero la lucha y la solidaridad entre los pueblos obra milagros y esa es nuestra esperanza.

Misiones cubanas en la salud La verdad frente a la mentira

por: Orlando Guevara Núñez

Tomado del blog: Ciudad sin Cerrojos
En su demencia contra la Revolución cubana, la mafia  contrarrevolucionaria de  Miami, apoyada por el gobierno de los Estados Unidos y ahora por  el secretario general  de su Ministerio de Colonias Yanquis  (OEA), con la mentira como arma favorita, se dispone a revitalizar su cruzada contra nuestro sistema de salud. El tamaño de sus mentiras tiene la misma dimensión de su desvarío  y de sus fracasos. Un objetivo es tratar de desprestigiar  los programas de colaboración  médica cubana, con disparatadas afirmaciones de que nuestros profesionales de la salud son obligados a prestar servicio en el exterior, calificando esas misiones como “esclavitud moderna” y “trata de personas”. Ninguna ofensa mayor a nuestros valiosos integrantes del ejército más noble que existe en el mundo: nuestro ejército de las Batas Blancas, como lo bautizó Fidel. Se conoce  ya la estúpida afirmación de que nuestros trabajadores de la salud en Venezuela son un personal militar e  incluso que intimidan a sus  pacientes para que apoyen el gobierno de Nicolás Maduro. Claro, que de paso  pretenden ocultar la verdad del firme apoyo del pueblo venezolano a su gobierno, bastión  contra el cual se han estrellado los intentos imperiales de vencerlo. Otra parte de la agresión contra Cuba es la presión al Congreso yanqui para aplicar de nuevo la política de Parole  es decir, incentivar  la deserción  del  personal médico cubano en  misión en otros países y llevarlos hacia los Estados Unidos. ¿A quién podrán engañar con estas patrañas?  ¿A los millones a quienes el personal médico cubano, en más de un centenar de países les ha salvado la vida? ¿A los familiares de esas personas? ¿A  los millones que gracias a este programa han recuperado la vista?  ¿A los millones que han sido librados de enfermedades y dolencias, sobre todo en lugares donde nunca había ido un médico? Prestigiosas  autoridades en esta esfera, como la Organización Mundial y la Panamericana de la Salud,  han reconocido y elogiado el aporte cubano a la salud en el mundo, especialmente en los países pobres,  frente a epidemias y desastres naturales. Esa verdad está vetada en los grandes medios de comunicación al servicio de los intereses imperiales, cómplices de la mentira y de las campañas anti cubanas. ¿Pretenden  engañar al pueblo cubano, principal beneficiario de un sistema de salud donde desde hace mucho tiempo la medicina dejó de ser una mercancía y el enfermo un cliente? ¿Al pueblo donde el principal de los derechos humanos – el derecho a la vida- está al alcance de todos, sin excepción  ni discriminación  de ningún tipo? Es evidente  el objetivo de  buscar adeptos para justificar la sucia guerra contra Cuba, para causarle dificultades a nuestro pueblo, para aplicarnos nuevas sanciones. Para los energúmenos del gobierno yanqui, las misiones médicas cubanas en el exterior constituyen una violación de los derechos humanos. Son los mismos que santifican sus 800 bases militares en decenas de países,  sus más de un cuarto de millón de  efectivos militares en tierras foráneas, sus guerras de rapiña causantes de millones de muertos,  heridos  y desplazados, de hambrunas y enfermedades, cuyas principales víctimas son de la población civil. Quienes pretenden denigrar  a Cuba, envían  a otros países soldados para segar vidas; Cuba envía médicos para salvarlas. Nuestros detractores, agreden a otros pueblos para dominarlos, para saquearlos, para causar hambre, miseria y enfermedades; Cuba acude a otras naciones para ayudarlas, para curar enfermedades e incluso para evitarlas. Y de esa obra estamos orgullosos los cubanos. Orgullosos de los más de 600 mil cubanos que en los últimos 55 años han prestado sus servicios en más de 160 países. Orgullosos de que en nuestro país, bloqueado, amenazado y agredido, se hayan formado ya, de manera gratuita, más de 35 mil profesionales de la salud para 138 naciones. Y es notable el aporte de docentes  cubanos en Facultades de Medicina de varios países de distintos continentes. Hay muchos datos que son reveladores de nuestra obra y nuestro prestigio en la salud, pero solo escojo uno: En 1916, los colaboradores cubanos en el exterior atendieron   a 127 727 352  personas, es decir,  a una población 11 veces superior a la nuestra. Y es solo uno de los 55 años de existencia de este programa.
Esta es la gran verdad sobre la cual no podrá prevalecer la mentira.

Juego de Tronos: Los creadores explican la decisión de Daenerys

tomado del blog: Al día

No se puede decir que no lo viéramos venir (hasta Robert Baratheon se lo advirtió a un escéptico Ned Stark), pero el brote psicótico de Daenerys en mitad del penúltimo episodio de Juego de Tronos ha divido a los fans.

Unos piensan que Dany ha hecho lo que siempre dijo que haría, recuperar lo que le había sido arrebatado aunque tuviera que quemar ciudades enteras.

Otros no se explican que la misma persona que lloró la muerte de una niña a manos de su dragón, la misma persona que mandó matar a los esclavistas “sin herir a los niños”, ahora queme a inocentes durante horas.

Daenerys aguantó el tipo tras perder a la mitad de sus hombres, tras descubrir que no era la hereda legítima al trono, tras asumir que no la querían en Poniente. Pero la ejecución de Missandei y la traición de Jon colmaron el vaso. Esa es la explicación que dan los creadores de la serie a su decisión de arrasar Desembarco del Rey: se había quedado sola.

“Dany es una persona increíblemente fuerte”, explica David Benioff. “Pero ha tenido amigos y asesores muy cercanos durante todo su recorrido en la serie. Si echas un vistazo a las personas que han estado más cerca de ella todo este tiempo, casi todos le han dado la espalda o han muerto, y ahora está sola. Y sentirse tan aislado es peligroso para alguien que tiene tanto poder. En el momento en que más necesita un guía, todos se han ido”.

Dany cree que Jon la traicionó al revelar a sus hermanas su verdadera identidad, pero además está enamorada de él, y él ya no es capaz de devolverle su afecto. Llegados a este punto, se da cuenta de que solo le queda una opción para sentarse en el Trono de Hierro: que la gente de Poniente le tenga miedo.

“Creo que cuando dice ‘que sea miedo’ se está resignando al hecho de que podría tener que hacer cosas desagradables, cosas horribles para mucha gente”, explica Daniel Weiss. “Eligió la violencia —dice Benioff—. Un Targaryen que elige la violencia es una cosa bastante aterradora”.

Entonces Dany gana la guerra: suenan las campanas, Desembarco del Rey ha caído, los habitantes se han rendido. Y sin embargo “se siente vacía, no es lo que pensó que sería, no es suficiente”, según el director del episodio, Miguel Sapochnik. Porque Dany siempre fue un poco psicópata.

“Incluso cuando miras atrás, en la temporada 1, cuando Khal Drogo le da la corona de oro a Viserys, sabes que hay algo escalofriante en cómo reacciona al ver la cabeza de su hermano desaparecer”, dice Benioff. “En cómo ha ido respondiendo a la muerte de sus enemigos”.

Pero todavía queda un atisbo de moral en esta Daenerys Targaryen que hace caso omiso a las campanas de rendición. A la hora de la verdad, Dany aprieta la mandíbula, tiembla de miedo (un miedo mezclado con rabia) y duda unos segundos antes de lanzarse a quemar inocentes. Todo lo que ha hecho en su vida la ha traído hasta este punto, y tiene que decidir.

“Si las circunstancias hubieran sido diferentes, no creo que este lado de Dany hubiera asomado nunca”, dice Benioff. “Si Cersei no la hubiera traicionado, si Cersei no hubiera ejecutado a Missandei, si Jon no le hubiera dicho la verdad… Si todas estas cosas hubieran sucedido de alguna forma diferente, no creo que estemos viendo este lado de Daenerys Targaryen”.

No fue premeditado. “No creo que decidiera de antemano que iba a hacer lo que hizo”, explica Weiss. “Pero vio la Fortaleza Roja, que para ella es la casa que construyó su familia cuando llegaron por primera vez a este país hace 300 años, y es en ese momento, en la muralla de Desembarco del Rey, cuando mira ese símbolo de todo lo que le fue usurpado, cuando toma la decisión de convertir esto en algo personal”.

Gran parte de la polémica en torno a la decisión de Daenerys es que este personaje heroico que prometía “romper la rueda”, acabar con los tiranos, reinar con misericordia… sea malo. Pero el poder y la ambición corrompen, y en este mundo de fantasía no solo hay blanco y negro, tal y como ocurre en el mundo real. Por eso, al final del episodio, los buenos son los malos.

“Cuando despega y comienza a quemar la ciudad, los Inmaculados y los hombres del Norte en tierra se lo toman como una señal: ya no hay moral para nadie”, dice Weiss. “Los buenos se comportan como los malos. Las líneas morales que Jon ha dibujado para sí mismo, para su vida, no se pueden extender a todo el mundo en todas las situaciones”.

Pero eso es precisamente lo que definirá el último episodio de la serie: puede que Jon sea un Targaryen , pero ha sido criado por los Stark, por el honorable Ned Stark. Daenerys ya no es “su reina”. No puede serlo, después de esto.

La Marcha LGBT «independiente» u otra herida a cicatrizar

Tomado del Blog Paquito de Cuba

Es muy probable que estas líneas no satisfagan a ninguna de las partes involucradas en lo que sucedió este sábado 11 de mayo en la llamada marcha LGBTI “independiente” desde el Parque Central hasta el Malecón habanero, pero siento la obligación de comentar y ampliar algunas de las consideraciones que ya hice en las redes sociales, sean cuales sean los riesgos que ello implique.

Como ya expresé, lamento los sucesos ocurridos al casi finalizar la caminata por el Prado capitalino de alrededor de unas 200 personas, a quienes a pesar de no tener la autorización correspondiente, las autoridades policiales y del Ministerio del Interior acompañaron y custodiaron por las varias cuadras de ese extenso paseo.

Fue la agencia Efe la que reportó que dentro de ese grupo había quienes al parecer tenían la intención de provocar un incidente, y no acataron las indicaciones de la Policía, para poder lograr ante las cámaras el espectáculo que se habían propuesto. Ello nos vuelve a enseñar que las personas LGBTI debemos estar muy claras para que no nos manipulen ni utilicen con fines políticos en contra no solo de la Revolución, sino de nuestros propios derechos y conquistas.

Todo indica que la apuesta de algunas conocidas figuras de la llamada disidencia, que nunca se preocuparon ni ocuparon con propuestas ni mensajes constructivos por nuestros derechos como personas LGBTI, era por enrarecer aún más el ambiente durante esta duodécima edición de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, y es evidente que en parte lo lograron.

Contrasta, sin embargo, como la concurrida Fiesta por la Diversidad con varios cientos de asistentes, donde estuvimos hasta casi la medianoche la mayoría de la comunidad LGBTI y sus activistas más sistemáticos –incluyendo a participantes de la ilegal marcha -, no mereció la misma atención mediática.

Pero mis dudas sobre esta manifestación empezaron desde mucho antes, y las compartí con varias personas que estaban al tanto de sus detalles, sin recibir una respuesta convincente.

¿Por qué convocarla para el Parque Central, en La Habana Vieja, y no en algunos de los escenarios del Vedado donde durante once años ha acontecido la Conga contra la Homofobia y la Transfobia, cuya cancelación este año fue la presunta causa del llamado a realizarla? ¿Qué grupos son los que habitualmente han usado esta zona del Parque Central y el Capitolio Nacional para intentar alguna pálida protesta antigubernamental?

El llamado a la marcha fijaba lugar y hora de inicio, pero nunca se dijo con claridad cuál sería el recorrido ni hasta dónde llegarían los posibles participantes. ¿No existía esa definición o la intención no era ir a ningún lugar, sino llegar a un determinado estado de crispación masiva?

Si el propósito era mostrar la inconformidad ante las autoridades ¿por qué no fueron a gritar “Queremos la conga”, por ejemplo, en la Gala del viernes 10 en el Teatro Karl Marx, donde estuvieron nada más y nada menos que el secretario del Consejo de Estado, los ministros de Salud Pública y de Justicia, el Presidente del Tribunal Supremo Popular y la Fiscal General de la República, entre otros dirigentes del país?

Muchas críticas han generado la afirmación de la directora del Centro Nacional de Educación Sexual de que detrás de la organización de esta marcha había grupos de personas que residen en Miami.

A mí en lo personal no me consta cuál fue el origen de esta idea, pero sí puedo atestiguar el ardiente entusiasmo y la amplia promoción que realizaron en las redes sociales, incluyendo mi muro en Facebook, sujetos que ya no viven en Cuba y de modo sistemático dedican abundante tiempo y esfuerzos –casi increíbles para quienes supongo tienen otras ocupaciones cotidianas mucho más absorbentes e impostergables que les impone el capitalismo-, solo a criticar cualquier acción o reacción del Cenesex, sus especialistas y redes de activismo.

También puedo dar fe —porque les saludé con sincero afecto y hasta me hice fotos con ellas— de más de una persona conocida y con formación como activista en las redes comunitarias vinculadas al Cenesex que viven en los Estados Unidos y viajaron expresamente a La Habana para estar en las Jornadas, y muy particularmente en esta marcha que no tenía permiso oficial.

Soy consciente del mal sabor que nos deja hablar de todo esto. Créanme que a mí me duele un mundo hacerlo. Entre otros motivos porque casi con toda certeza es muy probable que también yo esté cometiendo alguna injusticia con mis apreciaciones quizás subjetivas y parciales, aunque sean sobre la base de los elementos reales y objetivos que estuvieron a mi alcance.

De hecho, un colega y amigo cuyo criterio aprecio muchísimo y que por años ha sido partícipe de mis empeños en el activismo y como bloguero en estos temas, me ha alertado con sincera preocupación sobre los riesgos que corre mi “credibilidad como comunicador y activista”, por esta toma de postura hasta cierto punto tan inusual en mí, que siempre prefiero los equilibrios y la benevolencia a la hora de evaluar las conductas humanas.

Pero me niego a hacer cualquier tipo de cálculo personal ante esta situación tan penosa, donde a quienes somos las principales víctimas, nos quieren hacer pasar ahora por victimarios. Lo que sea, será; aunque ello implique cualquier descalabro individual que poca o ninguna relevancia tiene.

Lo menos importante ahora es uno mismo, sino que cada cual diga su verdad, para que entre tanta mierda renazca la esperanza en una causa que, más tarde o más temprano, les tocará seguirla cultivando y llevando adelante a otras personas que lo harán con toda seguridad mejor que quienes lo hicimos hasta este punto.

A las personas que de buena fe y con legítima inconformidad participaron en la caminata, les doy las gracias de todo corazón. Hicieron lo que pensaron correspondía hacer por una causa justa, como yo también he hecho otras muchas veces, no sin cometer equivocaciones y sufrir las consecuencias. Nunca le cuestionaría sus intenciones a esa posible mayoría de asistentes que estoy convencido no premeditó ni pudo suponer la provocación en que finalmente terminó envuelta.

Y digo más. Si no fuera por mi estrecho e incondicional compromiso con el Comité Organizador de estas Jornadas —el cual reúne a tantas personas valiosas que le han puesto toda su pasión y mente a esta obra colectiva, incluyendo un dolor indecible cuando no hemos conseguido hacer algo como creemos que nuestra gente quiere, espera y merece—, y la mayor información que pude tener sobre la evolución y posibles consecuencias de este acontecimiento, quizás yo habría estado en esa misma frágil posición, con mi bandera arcoíris por el Prado.

La negativa repercusión de estos hechos demostró, sin embargo, que la marcha no fue un éxito como dicen quienes defienden más sus agendas antigubernamentales que nuestros derechos como personas LGBTI, sino un grave error que podríamos llegar a pagar con un costo muy alto de desuniones, extremismos y retrocesos en futuros procesos de diálogo, sino somos capaces de analizar críticamente lo acontecido y extraer así lecciones para superarlo.

Para mi Partido y el Gobierno, considero que también el mensaje ha sido muy claro.

Lo adelanté en mi texto anterior cuando trataba de explicar cómo fue la propia Revolución la que nos empoderó e hizo conscientes de nuestros derechos en esta más de una década de estrategia educativa y lucha política contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, al facilitarnos la creación de espacios para nuestra realización íntima y colectiva —como esa emblemática Conga que este año fue suspendida—, a los cuales ya no podemos ni queremos renunciar, aunque ello implique defenderlos de cualquier amenaza, con la inteligencia y el valor de que siempre hemos sido capaces en Cuba a lo largo de toda nuestra historia.

A todas las partes, pues, involucradas en lo acontecido en el Paseo del Prado, aunque no les satisfaga total o parcialmente estas duras palabras que aquí he escrito, les reitero que no nos queda de otra entonces que intentar exorcizarnos de nuestros propios demonios, inquinas, prejuicios y rencores, y comenzar otra vez a echar hacia adelante, para cicatrizar esta herida temporal y continuar con la construcción de esa sociedad más justa, progresista e inclusiva, a la cual aspira la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

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