Category: Política

Hasta Twitter se distancia de las manipulaciones de los seguidores de #YoaniFraude.

Tomado del Blog La Pupila Insomne

Por Iroel Sánchez

La actual guerra contra Cuba en las redes sociales de internet está empleando todas las técnicas que se han hecho comunes entre los aliados de Washington para destabilizar países, derrocar gobiernos que no le resultan cómodos a Estados Unidos y sustituirlos por fieles servidores. Mentiras obvias convertidas en noticia, suplantación de identidades, victimizaciones oportunistas, uso masivo de cuentas falsas y trolles…

Un caso emblemático es la campaña de Jair Bolsonaro que vinculó a la ex Presidenta y candidata a senadora Dilma Rouseff con Cuba y a una persona que lo apuñaló con el Partido de los Trabajadores al que quería derrocar.  

A la izquierda fotomontaje que se utilizó masivamente en la campaña de Bolsonaro a través de Whatsapp, enviado a millones deelectores  brasileños. A la derecha foto real de Fidel en la visita a New York en 1959 con directivos de universidades estadounidenses, Dilma tenía en esa fecha once años.

Pues parece que en Cuba tenemos una amiga de Bolsonaro que está aplicando sus experiencias,  creando cortinas de humo para esconder los efectos del bloqueo contra el país y cuenta con el apoyo de las publicaciones a las que el gobierno de Estados Unidos ha dedicado, sólo de 2017 a la fecha, más de 22 millones de dólares, según recientes datos del State Department, Yoani Sánchez.

Jair Bolsonaro junto a Yoani Sánchez en el Senado de Brasil durante la visita de esta última a ese país.

El mismo Bolsonaro publicó en su cuenta de YouTube la gritería llena de odio contra Cuba en que consistió su intervención en el senado en homenaje a la Señora Sánchez.

Basta revisar las cuentas participantes en las campañas de Twitter recientemente convocadas por la también amiga de los congresistas norteamericanos que están pidiendo reforzar el bloqueo contra la Isla para encontrar la aplicación de todas las técnicas de guerra mediática que han empleado Washington y sus aliados en otros países.

Pero lo que nunca imaginé es tener el honor de que esas ténicas fueran usadas contra mi como parte de esa campaña, creando una cuenta falsa con mi nombre y fotografía que la empresa Twitter canceló por violar sus normas.

Miren que les han pagado millones de dólares en cursos, becas y viajes pero no aprenden.

Mercenarios en las redes y la internet como arma de guerra contra Cuba

  tomado del blog: Blog del Ministerio de Comunicaciones de Cuba

Yoani Sánchez recibida por sus amigos de la mafia anticubana, Bob Menéndez y Marco Rubio, en Washington.Este domingo lo hizo al reproducir una información publicada por el sitio «independiente» 14 y Medio sobre un segundo tuitazo, supuestamente protagonizado por usuarios cubanos, que emplazaban a la empresa de comunicaciones, ETECSA, a bajar los precios de internet.

Gráfica publicada en la cuenta de Twitter de Iroel Sánchez @iroelsanchez

Con la manipulación de los resultados del evento, falsificación que desmienten las estadísticas, y que solo sirve para ilustrar la capacidad de tergiversar la realidad del periódico de marras, El Nuevo Herald intentaba, desde su mismo titular, presentar el tuitazo como una iniciativa de «estudiantes, ingenieros informáticos, clientes del servicio doméstico de Nauta Hogar», cuando todo el mundo sabe que este tipo de «operaciones» forma parte de la política del gobierno de Estados Unidos de utilizar Internet como un arma de guerra contra Cuba.

Como ha sucedido en otras ocasiones, el tuitazo para reclamar el descenso de precios de ETECSA fue convocado por mercenarios al estilo de Yoani Sánchez —curiosamente, la «directora» del libelo independiente que le sirve de fuente a El Nuevo Herald—, en quienes el gobierno de Estados Unidos, desde los tiempos del Plan Bush hasta hoy, ha gastado millones de dólares para convertirlos en supuestos líderes de opinión a su servicio en las redes sociales.

Como se sabe, el propósito del gobierno norteamericano de crear artificialmente supuestas protestas en la redes no es nada nuevo, ni en el mundo, ni en Cuba.

La misma práctica fue utilizada contra Irán durante las elecciones de 2009. Durante la llamada Ola Verde —donde Twitter jugó un papel tan importante, que hasta la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, ordenó posponer un mantenimiento programado a los servidores para Irán de esta red social—, la mayor parte de los activistas que supuestamente denunciaban el fraude de las elecciones, las manifestaciones y la represión en ese país del Medio Oriente, no estaban allí, como se quería hacer creer, sino en territorio norteamericano.

El «experimento» realizado por el Departamento de Estado durante las protestas de la también llamada Revolución de Facebook y Twitter en Irán provocó la cifra de veinte muertos.


Florida, Texas, Tennessee y Georgia son los lugares que lideran la «protesta ciudadana» en Twitter de los cubanos. Fuente: La Pupila Imsomne

En el caso cubano, recientemente denunciamos un intento de manipulación similar, a propósito del Referendo Constitucional, en el que se recurrió otra vez a Twitter para, mediante la utilización del hashtag #YoVotoNo, propiciar el rechazo ciudadano y ofrecer al mundo una falsa imagen de oposición gubernamental.
Entre los principales implicados en ese intento se encontraba la OCB, oficina del gobierno de Estados Unidos a la que pertenece Radio TV Martí que, en un documento público, acababa de anunciar, a propósito del incremento del acceso a Internet en Cuba, la creación en la isla de equipos digitales para que creen «cuentas de Facebook ficticias para diseminar información. Las páginas abiertas en Cuba aumentan las posibilidades de aparecer en las noticias de los usuarios cubanos de Facebook».
Entonces, como ahora, en el caso de la «protesta» contra ETECSA, entre los protagonistas del proyecto subversivo se encontraba la mercenaria Yoani Sánchez, un globo inflado a fuerza de dólares por el gobierno de Estados Unidos para tales fines.
Vale recordar las declaraciones de dicho personaje sobre la posible realización de una Ola Verde en Cuba. En una entrevista en 2009, cuando el alcance de Internet era todavía demasiado incipiente, la entonces bloguera dijo:
«Creo que estamos un poco lejos de eso. La sociedad civil todavía está un poco fragmentada, los puntos de encuentros, las maneras de conectarnos los unos a los otros, muy débiles, pero no creo que sea muy remota la posibilidad. Es posible que en un par de años podamos reaccionar de esa manera. Para ese entonces habrá tecnologías más sofisticadas y quizás la Ola Verde cubana sea incluso más intensa».

Yoani Sánchez en EE.UU. junto a su amigo y protector, el senador Marco Rubio.

Quienes han llegado recientemente a la red gracias a los esfuerzos que hace ETECSA por superar el bloqueo deben saber que, tanto ella como el sitio «independiente» en internet que dirige, forman parte del Grupo de Tarea o Task Force que, mediante el «fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba», intenta promover, a través de Internet, «el flujo de información libre y sin regulaciones dentro de la isla».

El «flujo de información libre y sin regulaciones» está en sintonía con la sarta de mentiras que todos los días diarios como El Nuevo Herald publican sobre Cuba y cuyo fin no es otro que, Ley Helms-Burton y otros engendros genocidas mendiantes, provocar una crisis que permita incitar a la desestabilización desde la redes sociales.

De más está decir que a este tipo de personajes, el bienestar del pueblo, cualquiera que este sea, en realidad les importa un rábano, por la simple razón de que el mismo se contrapone a la esencia de su misión y único interés: el confort que les proporciona trabajar al servicio de una potencia extranjera.

Las redes sociales y el nuevo mundo sin verdad

Tomado del Blog Cambios en Cuba

Por M. H. Lagarde

El pasado martes, ante un grupo de corresponsales extranjeros acreditados en Londres, el editor jefe de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson, aseguró que el caso de Julian Assange, encarcelado en Reino Unido y reclamado por Estados Unidos, forma parte de una conspiración contra la libertad de prensa.

No se trata de un caso aislado, dijo el periodista islandés y agregó que los recientes ataques a medios en California, Estados Unidos, los registros efectuados por la Policía Federal en la sede de la cadena ABC, en Sydney, Australia, y la encarcelación del informático sueco Olin Bin, en Ecuador, formaban parte de una estrategia global para acabar con el periodismo investigativo.


Lo más preocupante, sin embargo, es que, en estos tiempos, más que la «libertad» de prensa o el periodismo de investigación, lo que parece en peligro de extinción es la verdad misma. Mientras se encarcela a la verdad, en la figura de Julian Assange, la mentira se desencadena y prolifera como nunca antes en los medios informativos y las redes sociales.


A la par de las declaraciones de Hrafnsson en Londres, el mismo martes, un sondeo internacional divulgado en Canadá daba a conocer que casi nueve de cada diez personas (86%) han dado por cierta al menos una noticia falsa con la que se han cruzado la mayoría de las veces en las redes sociales.


De acuerdo con el (82%) de los consultados en el sondeo de Ipsos para el grupo de análisis canadiense Centro para la Innovación en Gobernanza Internacional, las plataformas de redes sociales figuraban como las principales responsables de la propagación de fake news. Un 77% de los usuarios señaló a Facebook como la principal fuente de noticias falsas y un 62% a Twitter.


El problema es realmente alarmante si se tiene en cuenta de que son cada vez más las personas que usan las redes sociales como fuente de información. Según los expertos en comunicación, más allá de los avances de la tecnología, el favor del público alcanzado por las redes se debe al descrédito sufrido por la prensa tradicional en los últimos tiempos. Sin embargo, ¿qué crédito de veracidad queda para las redes sociales luego de conocer los resultados del citado sondeo?


Para colmo de la confusión acaba de publicarse, en Instagram, un falso video que tiene como protagonista nada menos que al fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. En el video, manipulado con inteligencia artificial, aparece Zuckerberg diciendo, en una aparente descripción de su persona: «Imagina esto por un segundo: un hombre, con un control total de datos robados de miles de millones de personas, todos sus secretos, sus vidas, sus futuros» .


El Video falso, que muestra a Zuckerberg jactándose del dominio que ejerce, fue creado por la empresa emergente israelí Canny AI, y por los artistas Bill Posters y Daniel Howe supuestamente para un proyecto artístico llamado Spectrum que se exhibió en el festival de cine documental británico Sheffield Doc/Fest.

Pero lo más interesante es que, según ha declarado Instagram, que pertenece a Facebook, el video no será censurado por lo que pasará a formar parte de otros videos manipulados a los que se conoce como «deepfake» por las técnicas de inteligencia artificial que se utilizan para desarrollarlos con resultado extremadamente realista.


El más conocido de este tipo de «obra maestra» para falsear la realidad, que Facebook también se niega a censurar, es sin duda el video ultrafalso publicado hace un mes en donde aparece la presidenta de la Cámara Baja de EE.UU., Nancy Pelosi, hablando como si estuviera borracha.


El video de Pelosi, por cierto, fue dado a conocer al mundo mediante un tuit del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y si de mentiras y de Trump se trata, el presidente del país de «la libertad de prensa», el primer cruzado contra las fake news de la nación, recientemente llamó a un boicot masivo de los estadounidenses a la empresa AT&T, uno de los principales grupos de telecomunicaciones del país, para forzar a que haga «grandes cambios» en la cadena CNN, propiedad de esa compañía. Según Trump «¡(La CNN) es tan injusta, con noticias tan malas y falsas!», que «cuando el mundo ve la CNN tiene una imagen falsa de EEUU».


Y en este caso no se trata, como en el caso del video de Pelosi, de un tuit falso, sino, de uno salido de la cabeza del presidente que ha convertido la política exterior de su país en una antología de mentiras y vulgares amenazas contra aquellos países que se resisten a la hegemonía imperial. El mismo Trump que fustigó a los medios por lo que calificó como una «cobertura fraudulenta y altamente inexacta de Irán» y acto seguido afirmó, en otro tuit, que esos mismos informes tuvieron un efecto positivo porque, según él: «Al menos, Irán no sabe qué pensar, lo que en este momento puede ser algo bueno».


En el nuevo mundo sin verdad, quien denuncia el crimen, como en el caso de Assange, es condenado por quien lo comete. Y lo único cierto, al parecer, es tratar de lograr que nadie 

El Che y la crítica desde el socialismo cubano

Tomado del Blog Dialogar, dialogar

Por: Fernando Martínez Heredia

Ernesto Che Guevara es uno de los nombres fundamentales en la historia del pensamiento revolucionario cubano. Y es uno de los más prominentes marxistas que participaron desde el Tercer Mundo en el proceso de universalización de esa concepción teórica revolucionaria. Los dos títulos que se presentan aquí hoy son de una enorme importancia para el conocimiento de la concepción revolucionaria marxista del Che.

He analizado su pensamiento en numerosos escritos e intervenciones desde hace décadas. Entonces, dedicaré la mayor parte de mis palabras a un aspecto de la concepción teórica del Che que está muy desarrollado en Apuntes críticos a la Economía Política, pero también está siempre presente en Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965).

No es posible valorar ni sacarle mucho provecho a un pensamiento específico sin conocer en alguna medida sus presupuestos ―tanto en lo concerniente al mundo en que se elaboró como a la persona que lo hizo— y el lugar que ocupó ese pensamiento respecto a las situaciones y los problemas fundamentales de su época. Enumero cuatro aspectos del momento histórico al que pertenecen estos dos libros: el triunfo del socialismo cubano; el tiempo en que ese socialismo fue retado por el estado del pensamiento existente en un país capitalista neocolonizado en el cual comenzaba una Revolución muy profunda; las necesidades, el desarrollo y los conflictos propios de esa Revolución en el poder durante su primera etapa (la que va de 1959 a inicios de los años 70); y el conjunto de sus condicionamientos internacionales.

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Las tres revoluciones cubanas sucedidas entre 1868 y 1935 habían exigido complejizaciones de la hegemonía de la dominación que permitieran su reformulación eficaz en cada etapa posrevolucionaria. Una consecuencia importante fue la incongruencia entre la estructura económico-social y las dimensiones política e ideológica, que llegó a ser muy fuerte durante la segunda república burguesa neocolonial (1936-1958). Se estableció un delicado equilibrio dirigido a que nunca más hubiera una Revolución en Cuba, pero conllevaba el riesgo de que si esta sucediera, se vería obligada a ser muy radical. Por ejemplo, el democratismo era más influyente que el liberalismo. Estaba muy extendida la creencia en que grandes jornadas cívicas y la adopción de nuevas leyes podrían satisfacer las necesidades de cambios de la sociedad. La palabra revolución era muy utilizada, pero las organizaciones políticas ―incluida la declaradamente socialista— no se proponían utilizar esa vía para abatir el dominio del imperialismo y el capitalismo nacional. El movimiento revolucionario insurreccional dirigido por Fidel tuvo que abocarse en la práctica a la victoria para que el socialismo perteneciente al movimiento comunista internacional admitiera esa posibilidad.

La Revolución socialista de liberación nacional que triunfó en 1959 tuvo ese carácter por la praxis organizada y conciente que lo conquistó, no a consecuencia de características de la estructura económica y social del país. Ese segundo choque con los principios de la teoría-ideología del socialismo guiado por la Unión Soviética y el movimiento comunista de su campo ―la corriente mayor y más influyente del socialismo en el mundo—, pronto fue seguido por otros. Se fue haciendo obvio que, además de ser un evento trascendental por su inmenso alcance y por haber sido inconcebible, que conquistó la liberación nacional y social del país, estableció un poder popular fortísimo y enfrentó con éxito las agresiones de EE.UU., la Revolución cubana constituía una herejía dentro del campo de las experiencias y las ideas socialistas.

Para comprender estos eventos y sus consecuencias es preciso reconocer la existencia de dos formas de socialismo en Cuba, que se iniciaron desde la tercera década del siglo XX y han tenido una historia de contradicciones y conflictos, y también de coexistencias y colaboraciones. Esas dos formas son el socialismo proveniente del movimiento comunista internacional y el socialismo cubano.

Fidel consumó su liderazgo completo en las jornadas de la fase inicial de la Revolución en el poder, y desde entonces ha sido siempre el máximo guía político e ideológico del proceso. El Che se mantuvo siempre junto con Fidel y siguiendo su liderazgo, y compartió con él la colosal aventura de la Revolución. En el transcurso de aquellos años, Fidel debió asumir sobre todo las funciones de dirigente máximo y de educador popular, y el Che, que desempeñó un cúmulo de responsabilidades prácticas en numerosos terrenos, elaboró al mismo tiempo en aquellos años una obra teórica que es el más importante monumento intelectual de la Revolución en su primera etapa, obra que por su alcance ha resultado muy trascendente para la estrategia y el proyecto cubano, hasta el día de hoy y en el futuro que alcanzo a pensar.

El aspecto del pensamiento del Che al que voy a referir es el de su crítica al socialismo que llamaban “realmente existente”, crítica que evolucionó y se hizo cada vez más dura y fundamentada. Al hacerla, el Che procedió con arreglo a su responsabilidad militante y de dirigente cubano.

Las experiencias procedentes de las nuevas relaciones económicas con socios tan lejanos en muchos sentidos tenían que contener insatisfacciones, incomprensiones y prejuicios, pero también críticas provenientes de la diferencia de posiciones respecto a las cuestiones económicas y el socialismo. En octubre de 1963, al planear un seminario para los cuadros del Ministerio de Industrias, Che orienta relacionar y comparar los sistemas de dirección. Comenta que hay que estudiar las relaciones entre el sistema de dirección y los problemas económicos y las concepciones de los países socialistas. Encerrarse en una “falsa concepción de la ley del valor”, dice, les hizo perder contacto con el mundo exterior. La productividad mundial dejó atrás a los otros países socialistas que, a diferencia de la URSS, dependían del comercio exterior.1

Se produce una lucha continua entre los aparatos centrales y las empresas, dice el Che, porque estas buscan tener metas menores para sobrecumplir fácilmente o no arriesgarse a incumplimientos; su éxito consiste en obtener mayores premios. “Se está estableciendo entre el aparato central y la Empresa una contradicción que no es socialista, una contradicción que atenta contra el desarrollo de la conciencia”. Los dirigentes de empresas socialistas se van convirtiendo así en expertos en engañar al Estado, deformándose como individuos, y ante el obrero la imagen del buen dirigente es la del que “sabe” organizar para “sobrecumplir” siempre.

En julio de 1964, mientras culmina el debate económico público, Che ofrece una visión de conjunto del problema a sus compañeros de Industrias. En la URSS se prepara la reforma económica, en medio de discusiones que condujeron a la destitución, en octubre, de Nikita Jruschov; en los países europeos de su campo se habla mucho también de la reforma. Toma un ejemplo reciente que ha estudiado, los análisis del 14º Congreso del partido polaco acerca de graves deficiencias de la economía y cómo enfrentarlas. La utilización del cálculo económico en un país que ya antes había descolectivizado su agricultura no logra evitar males de todo tipo, incluidos algunos que parecerían propios de un modelo muy autoritario, pero “la solución que se le piensa dar a estos problemas en Polonia es el libre fuero de la Ley del Valor, es decir, la vuelta al capitalismo (…) el cálculo económico, cuando llega, como debe llegar, a un callejón sin salida, conduce por la lógica de los hechos a tratar de resolverlo por el mismo sistema, aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente específicamente a su interés material y por ahí al libre fuero de la Ley del Valor. Y por ahí al surgimiento en cierta manera de categorías estrictamente capitalistas (…) Polonia lo está probando y creo que también van a probarlo otros países socialistas”.

Che reclama que se eviten excesos en la crítica, y que no se subestimen la capacidad técnica, el empeño y la voluntad de acertar de numerosos involucrados en los países del socialismo europeo. Pero denuncia de manera categórica la apelación a tomar “como arma para luchar contra el capitalismo, las armas del capitalismo”. Las motivaciones de “la sociedad donde la filosofía es la lucha del hombre contra el hombre, de los grupos contra los grupos y la anarquía de la producción” no podrán ser despertadas y utilizadas eficazmente para servir a una sociedad basada en el poder socialista. Esta exige control riguroso y conciente, “la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa (el conjunto de la economía), en vez de ser lobitos entre sí dentro de la construcción del socialismo”.

Opina que en vez de ir al fondo de los problemas, la práctica y el pensamiento de estos socialistas se dejan llevar a la seguridad aparente de acudir a lo ya probado. Las reformas pueden relucir como “descubrimientos” que remediarían la falta de motivaciones suficientes en los actores económicos y lograrían la subordinación de la producción para el consumo a las demandas de sus consumidores, relacionar la rentabilidad con la venta del producto, etcétera. Esos experimentos y ensayos de política económica son, sin embargo, remedos de lo que el capitalismo hace eficazmente, porque lo universaliza y porque corresponde a las relaciones fundamentales de su sistema. Existe una lógica que caracteriza a cada sociedad: si la olvidamos, pagaremos un precio muy caro.

Punta del Este, 1961

Por otra parte, Che invita a no olvidar nunca la situación concreta de la cual ha partido Cuba en su transición socialista. No somos ilusos, advierte, estamos tratando de edificar efectivamente el socialismo “saliendo de una etapa semicolonial… de todos los vicios, de todas las taras que nos dejó el capitalismo, con la misma gente, con todos nosotros con mentalidad capitalista, hace unos años pensando siempre cuánto íbamos a ganar”. La debilidad que padece Cuba no debe atribuirse a la utilización de un sistema financiero determinado: “son debilidades de una economía que ha cambiado su composición, su característica”.

El Che insiste, incansable, en desbaratar la imputación que se hace a sus ideas de mantener un desprecio “idealista” por el interés material, un simplismo que busca devaluarlas y rehuir la discusión. Nadie en sus cabales desconoce la fuerza y el arraigo del interés material, instalado a lo largo de la historia de las sociedades de dominación y multiplicado y refuncionalizado por el capitalismo. La elección está entre utilizarlo llana y acríticamente ―aunque se lamente que sea nocivo—, o utilizarlo como un mal necesario, sin depender de él. Ser creativo desde la situación concreta e inevitable, y organizar un proceso de erradicación paulatina de los comportamientos económicos egoístas e individualistas. Ir forjando otro mundo de actuaciones y valores, que pueda reunir diferentes estímulos, implantar la norma que en nombre del deber social reconoce o reprocha, al mismo tiempo que retribuye o no a partir del grado de cumplimiento, o el estímulo a la capacitación dado por su conversión en requisito para pasar a un nivel superior. Instrumentos como los citados, dice el Che, persiguen la toma de conciencia de tipo mecánico en el individuo; hay que perseguir, a la vez, la toma de conciencia de tipo dinámico, una de cuyas formas fundamentales es el trabajo voluntario.

La creación de otra realidad desde la existente, sin lo cual no hay revolución socialista, tiene que incluir el espíritu crítico, fomentar la independencia de los criterios y la capacidad de pensar y valorar con cabeza propia, y aprender a distinguir los caminos, sus implicaciones y sus resultados.  Es impresionante la vitalidad y la hondura alcanzados por aquel análisis teórico que permitía, en medio de la tormenta de la Revolución, señalar los graves peligros de copiar mecánicamente y no ver las deficiencias del socialismo existente, y salirle al paso a la resignación a lo que existe, la rutina y el seguidismo. El Che aprendió ―al mismo tiempo— a reflexionar sobre la circunstancia en curso, la actuación inmediata, los métodos y los fines mediatos, y a teorizar acerca de los asuntos fundamentales.

En textos no públicos, el Che expuso más libremente sus juicios. Consideraba que la URSS había comprometido de manera fatal el futuro de su transición socialista cuando convirtió en permanente la Nueva Política Económica que el país se había visto obligada a adoptar en medio de una crisis interna terrible, poco después del final de la Guerra Civil. Esa conclusión la extrajo de sus profundos estudios del proceso de los primeros años del poder soviético y el pensamiento de Lenin y otros bolcheviques. En los meses que siguieron a la retirada del Congo ―el tiempo en que permaneció en Tanzania y Praga— escribió mucho, ordenó y expuso ideas y organizó numerosos textos. Un trabajo fundamental de ese periodo son estos Apuntes críticos a la economía política. Más de doscientos comentarios del Che a la más reciente edición del Manual de Economía Política, texto docente oficial soviético, constituyen el núcleo central del libro, que reúne también un gran número de textos del Che, casi todos procedentes de sus cuadernos de notas, su correspondencia y la transcripción de grabaciones. La gran mayoría permanecía inédita.

El Che ―que admiraba a Lenin tanto como el que más— entró resueltamente a analizar los hechos y las posiciones dentro de la Revolución y la Rusia bolchevique, en busca de las experiencias y el conocimiento. Lo cierto, escribe, es que en 1921-1922 el país fue pasando “a las relaciones de producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de estado, pero que en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto al ordenamiento de las relaciones económicas.” Con la muerte de Lenin, dice, “se pierde el riquísimo acervo de su pensamiento revolucionario y queda el reflejo de su postrer impulso por el camino de la retirada”.

La confrontación principal que existe en el mundo no es en modo alguno la que repiten las declaraciones y los organismos de la URSS y el movimiento comunista, con sus supuestas tres fuerzas revolucionarias: primera, el llamado sistema socialista mundial; segunda, el proletariado de los países capitalistas desarrollados; y tercera, las luchas por la independencia y la democracia nacional en el Tercer Mundo. En realidad, dice el Che, el imperialismo no agoniza: “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y tiene una gran vitalidad (…) La tendencia es a invertir capitales propios en el aprovechamiento de las materias primas o en la industria ligera de los países dependientes.” La aguda competencia en su seno “provoca una incesante marea de innovaciones técnicas…”

De la unión entre los proletarios a escala mundial proclamada por las declaraciones, dice: “Falso de toda falsedad. No hay punto de contacto entre las masas proletarias de los países imperialistas y los dependientes; todo contribuye a separarlos y crear antagonismos entre ellos (…) el oportunismo ha ganado una inmensa capa de la clase obrera de los países imperialistas.” Sobre las revoluciones: “También es falso que el proletariado (…) sea el que cumpla el papel dirigente en la lucha de liberación en la mayoría de los países semicoloniales”. Ya no se puede admitir la idea de que la burguesía nacional sea un factor progresivo en las luchas revolucionarias: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso”.

Al salir del Congo y verse obligado a esperar, Che se entrega a una tarea que constituye el inicio de una nueva fase de su obra. Siente la necesidad de llegar a conclusiones sobre el socialismo realmente existente, asunto crucial para todos en el mundo, y también de ofrecer una alternativa desde las ideas de los revolucionarios marxistas de los países que han sufrido o sufren el colonialismo y el neocolonialismo, que ahora quieren pelear por la liberación total de las naciones y de las personas, y por el avance de la revolución mundial. “Es un grito dado desde el subdesarrollo”, escribe en “La Necesidad de este libro”, breve introducción para los Apuntes que contiene planteamientos trascendentales. Se refiere en ella a la obra monumental que dio origen al marxismo, las nuevas situaciones de la época imperialista, los aportes extraordinarios de Lenin y la detención ulterior del desarrollo de la teoría marxista. Enseguida expone las razones por las cuales hace la crítica de la Economía Política:

Creemos importante la tarea porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere solo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas, pero cuyos resultados finales son incalculables (…) Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la NEP han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura. Se está regresando al capitalismo.

Che espera serenamente el repudio a su posición y la acusación de anticomunismo y oportunismo, el rechazo de los que se sentirán heridos en su cariño y su lealtad, y también el sobresalto sincero de otros “ante este cúmulo de razones nuevas y diferentes”. Pero confía en que muchos podrán sentirse atraídos por este “intento de retomar la buena senda”. A ellos se dirige el libro, “y también a la multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender ‘verdades eternas’ en las publicaciones que vienen, sobre todo, de la URSS, y observar cómo nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los textos”.

Un largo camino había recorrido Ernesto Guevara en una década. La Revolución había sido su maestra. En la guerra y desde el poder revolucionario se desarrolló su estatura como combatiente, dirigente y pensador, y ahora él ―como reclamara Lenin 60 años antes— debía, en justo pago, enseñarle algo a la Revolución. Y lo logró. La aventura socialista de un pequeño país aislado producía un pensamiento capaz de continuar el trabajo excepcional mediante el cual Carlos Marx había encontrado ideas capaces de subvertir el control de las ideas de la sociedad por la clase dominante. Che escribió: “nosotros aportamos nuestro modesto granito de arena”. Y a los compañeros cercanos más estudiosos les pidió componer un “manual” cubano. Pensó seguramente que los que compartían su posición continuarían la campaña de difusión de las actitudes y las ideas más revolucionarias, que con tanto ardor y sistematicidad él llevó a cabo en su última etapa en Cuba.

El acierto y el alcance de los planteamientos del Che acerca de la esencia y el destino del socialismo realmente existente solo se comprobaron 25 años después. Pero cuando hacia el final del siglo pareció que todo lo logrado por la humanidad se perdería, incluso la esperanza, el Che regresó. Celebramos ese regreso, que evidencia la resistencia de los pueblos y el valor permanente de las ideas y del ejemplo. Sin embargo, el pensamiento del Che siguió encontrando escollos y ha tenido que ir ganando espacios paulatinamente. Uno de esos avances es esta labor de establecimiento, organización y edición tan tenaz y tan importante, que va entregando uno tras otros textos suyos, palabras que son luces y armas para el entendimiento y para la acción, tan necesarios frente a los desafíos actuales.Palabras en la presentación de los libros de Ernesto Che Guevara Apuntes críticos a la Economía Política y Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), de la Editorial de Ciencias Sociales del Instituto Cubano del Libro, durante la 22 Feria Internacional de Libro de La Habana, en La Cabaña, 18 de febrero de 2013. La compilación y selección de ambas obras ―que aparecieron por primera vez en 2006 y 2009 respectivamente— estuvo a cargo de la Dra. María del Carmen Ariet García, del Centro de Estudios Che Guevara. 1- Desde este párrafo hasta el final, el texto es una versión muy condensada y revisada del acápite 9 del capítulo II de mi libro Las ideas y la batalla del Che, Editorial Ciencias Sociales / Ruth Casa Editorial, La Habana, 2010. Las referencias de todas las citas del Che que hago pueden encontrarse allí. Una segunda edición de esa obra acaba de aparecer.

CHERNÓBIL. JULIO MARTÍNEZ MOLINA

tomado del Blog: El Ciervo Herido


JULIO MARTÍNEZ MOLINA

julio-martinez-molina

Durante el siglo XX tres hechos trágicos fundamentales vinculados al factor nuclear estremecieron al planeta. De los dos primeros, el responsable directo fue el gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente, Harry S. Truman, ordenó lanzar los bombardeos atómicos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente.

Más de 120 mil personas muertas -de una población de 450 mil-, además de otras 70 mil heridas y la destrucción instantánea de la ciudad casi en su totalidad provocó la bomba en Hiroshima. En Nagasaki asesinó a  50 mil inocentes -de una población de 195 mil habitantes- y causó más de 30 mil heridos. A dichas víctimas precisa sumarse las derivadas, a lo largo de años y décadas posteriores, de los efectos de la radiación nuclear.

El bombardeo atómico contra civiles en ambas urbes niponas constituye el genocidio más atroz, bárbaro e injustificado de la historia de la humanidad. Estados Unidos guarda la deshonra indeleble de ser el único país del mundo en haber empleado el poder nuclear contra una población civil.

El tercer hecho aludido en el primer párrafo, sin parangón con los dos anteriores en razón del carácter alevoso y taimado de aquellos, es el accidente en el reactor RBMK # 4 de la planta de Chernóbil, Ucrania, el 26 de abril de 1986, originado por el error humano; no por razones intencionales. Dos motivos básicos concatenados viabilizaron la explosión: el primero, de relieve mayúsculo, tanto la desidia y falta de profesionalidad de la dirección al mando de los controles aquella fatídica madrugada, como de los directivos centrales de la propia planta; y el segundo, la inobservancia en el diseño de ese tipo de reactores de todos los requisitos establecidos para instalaciones similares a lo largo del resto del mundo, fundamentalmente la carencia de un edificio de contención.

De acuerdo con los datos oficiales conclusivos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de Naciones Unidas, hubo 31 muertes directas por el accidente, a las que se sumaron otras 4 mil como consecuencia del suceso. Decenas de miles de personas sufrieron efectos, a distinto grado. Entre 1990 y 2011, Cuba atendió a 26 mil 114 víctimas (el 84 por ciento de estas niños ucranianos, bielorrusos y rusos), en diferentes áreas médicas. De 1998 a 2011 una brigada de doctores cubanos atendió aproximadamente a seis mil personas, cada año, en la ciudad de Evpatoria, Crimea. Dicho programa de asistencia médica integral masiva y gratuita, respuesta solidaria de nuestro país a solicitudes de organizaciones sociales de la Unión Soviética, fue silenciado por los grandes consorcios mediáticos corporativos encargados de escribir la historia que le conviene a los ejes de poder.

Es algo que también suelen hacer los emporios audiovisuales, los cuales hallan su camino todavía más abierto cuando en los propios países donde se suscitan los hechos no se toman las iniciativas para emprender la realización de materiales que reflejen sus circunstancias de la forma objetiva. Así, se comprende mejor el surgimiento de una miniserie como Chernóbil (Chernobyl, 2019), coproducción entre la cadena norteamericana HBO y la británica Sky, propiedad del ultrarreaccionario magnate australiano de las comunicaciones Rupert Murdoch.

CHERNÓBIL 3

A resultas, sobre la serie basada en el libro Voces de Chernóbil, escrito por la periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura conocida por su postura adversa a la Unión Soviética y su lapidario axioma “el comunismo es el opio de los intelectuales”, gravitan dos signos contradictorios: la calidad técnica y narrativa marca de fábrica del sello estadounidense y la decisión irrenunciable -del primero al quinto episodios, pero sobre todo en los dos últimos- de introducir una tesis política y contribuir a la satanización de todo cuanto se relacione con el universo socio-político-económico soviético, contextualizado ello dentro de la actual y muy poderosa tendencia del audiovisual occidental hacia la demonización rusa. No sería fútil recordar aquí que, desde el imaginario forjado por los materiales de las casas productoras de Occidente situadas en la misma línea de pensamiento instaurada por los poderes hegemónicos, Rusia representa la continuación directa de la Unión Soviética; no importan las sustanciales diferencias entre ambos modelos.

De tal, los notables valores de producción de Chernóbil tienden a languidecer ante su imperiosa necesidad de mensaje, expresada en un irrefrenable ataque a la URSS en todos los costados (dirigencia, ética -ese dirigente partidista del episodio 2 que humilla y se burla de la científica, en cuyo pleno rostro apura un trago por “los obreros del mundo”; ese villano de manual, puro cartón, al frente de la KGB; esos burócratas y redomados mentirosos del Kremlin-, explotación de estereotipos -zafiedad y alcoholismo de los rusos-, honestidad política -la matriz fundamental injertada por la serie es que la Unión Soviética vivió en su totalidad a base de mentiras, algo muy curioso proveniente de un material facturado en los Estados Unidos, imperio consolidado a base del sofisma y cuyo equipo directivo actual es el culmen de la falsía-; estructuras de poder…), lo cual le quita hierro a la pieza, al demeritarla por su proclividad a la inducción.

Resulta pueril que en una obra que en diferentes apartados exude redondez artística, en el capítulo 4 ubique a la KGB en posición de decidir el mismísimo camino nuclear de la Unión Soviética; si bien esto no resulte nada gratuito, en tanto ha sido resorte esencial de la propaganda occidental anti socialista la impugnación de los aparatos de seguridad e inteligencia de los países de Europa del Este y su calificación como sistemas diabólicos, sanguinarios y hasta supraestatales, aunque en realidad ninguno se comparó ni de lejos con otros como los norteamericanos e israelí, por citar dos ejemplos.

La información epilogar del episodio quinto refiere que las víctimas del accidente podrían alcanzar las 93 mil y que el gobierno soviético (no la OIEA) fijó su cifra en 31. Para provocar un efecto de seriedad por mecanismo de contraste y sensación de exhaustividad factual, introducen el elemento de que “se ha difundido ampliamente que los tres buzos de los tanque murieron como resultado de su operación heroica. En realidad, sobrevivieron los tres. Dos siguen vivos en la actualidad”.

Si el trabajo televisivo se hubiese contenido un poco en su anatema político, en su compromiso ideológico, confiriendo más peso a la evolución psicológica de un mayor grupo de personajes y eludiendo pasajes ridículos como la campesina que mientras ordeña su vaca le cuenta al soldado que la va a buscar para evacuarla una versión siniestra de la historia soviética condensada en un minuto,Chernóbil podría haber constituido otro título remarcable del prestigioso formato de las miniseries sajonas. Podría, habida cuenta del verismo cuasi documental de sus imágenes, del exquisito diseño de producción (es magistral el trabajo de reconstrucción histórica y la atención al detalle: vehículos, tecnología, edificaciones…), la fotografía de tonos plúmbeos del sueco Jakob Ihre, la banda sonora de la islandesa Hildur Guðnadóttir, la encomiable labor de sonido (tributa con fuerza a configurar el perseguido clima de miedo, desolación, peligro), la elección del elenco y la organicidad en la narración.

Uno de los principales méritos del material dirigido por el sueco Johan Renck consiste en su fluencia, su sentido del ritmo de la narración, con cuanto entraña ello de prescindir de zonas muertas y ejecutar buenos pasos en las soluciones dramáticas y la inserción de las elipsis. En buena medida debido a al pulso del guion del norteamericano Craig Mazin, estas cinco horas son un trabajo bastante limpio, sin hojarascas ni trompicones, expedito en la sugerencia propositiva y su capacidad de resolución. Salvo excepciones, porque todas las escenas de los cazadores de animales del segmento postrero nada aportan al desarrollo del relato y antes bien lo entorpecen.

CHERNÓBIL 2

La construcción y desarrollo de los momentos climáticos evidencia la asimilación de los postulados de la mejor escuela del cine de catástrofes, de consuno con el thriller y hasta la pantalla de terror, porque, esencialmente, esta es una historia de catástrofe y terror.

El actor británico Jared Harris y el sueco Stellan Skarsgård, en los roles centrales del físico nuclear Valeri Legásov y del dirigente del Partido Comunista Boris Shcherbina en igual orden, registran par de composiciones memorables. Al menos quien escribe no alberga dudas de que esta figura como una de las más rotundas encarnaciones históricas del intérprete escandinavo, acaso la mejor. Delicioso trabajo el suyo, cuyo componente facio-gestual, sobre todo a partir del momento cuando Legásov le participa que en cinco años ambos estarán muertos debido a la radiación, deviene digno de estudiarse en las escuelas de cine.

Ninguna de las anteriores ponderaciones alcanza, por supuesto, para respaldar a la harto sospechosa calificación de Chernóbil como “la mejor serie de la historia, por arriba de Breaking Bad”, como ya apuradamente certifican en algunos sitios, pero sí para apreciarla y sopesarla -sin entusiasmos mediáticos contaminantes-, en posición críticamente objetiva de verificar sus aquí citados aciertos u otros, pero también reparando en su carga de tintas ideológica y su proclividad manipuladora.

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