Category: Política

AMENAZA PARA BRASIL

tomado del blog Moncada

Jorge Gómez Barata

A propósito de las elecciones en Brasil, en una televisora internacional escuché a un comentarista ocasional afirmar en: “América Latina se ha formado una corriente fascista de carácter popular”. Así explicaba que el candidato de la derecha obtuviera casi cincuenta millones de votos en la primera vuelta. Para acreditar esa lógica funciona un silogismo: Bolsonaro es fascista, lo son quienes votan por él, por tanto, la mayoría del electorado brasileño es fascista. El disparate conceptual sublima a la derecha, absuelve a la izquierda, y culpa al pueblo. Una tormenta perfecta.

Al fundamentar su discurso electoral en desacreditar a Bolsonaro por su verborrea extremista en prácticamente todos los temas y ficharlo como fascista, la izquierda brasileña olvidó que cada vez los estereotipos funcionan menos. No funcionaron cuando se tildó a Chávez de golpista, y luego, junto con otros gobernantes de izquierda, de “castrista”, y tampoco tuvieron virtualidad con el propio Lula que, imputado y condenado por actos de corrupción previo a las elecciones, ostentó la mayor intención de votos.

Por ser contemporáneos con Mussolini (1898-1945) y Hitler (1898-1945), y acceder a la vida política en Brasil y Argentina cuando aquellos se imponían en Italia y Alemania, así como por los acentos autoritarios de sus gobiernos, y la neutralidad observada durante parte de la Segunda Guerra Mundial; Getulio Vargas y Juan Domingo Perón fueron considerados como simpatizantes del fascismo.

En el caso de Vargas, cuatro veces presidente de Brasil, y hasta Lula, el más destacado y eficaz, el epíteto se reforzó por la promoción del “Estado Novo”, inspirado en el modelo político implantado en Portugal por el dictador Antonio de Oliveira Salazar.

La colocación de etiquetas a los adversarios políticos, tales como comunistas, castristas, o en grado extremo fascistas, ocurre no solo en los grandes debates, sino también al interior de formaciones políticas que llaman esquiroles a quienes no asumen ciertas consignas, y también stalinistas, trostkistas, incluso liberales. En muchos casos este comportamiento, casi siempre facilista y en ocasiones peligrosamente extremista, puede indicar pobreza de argumentos, y poca disposición para el debate.

Por otra parte, se puede afirmar que en la época actual, cuando los medios desempeñan un papel decisivo en la promoción de los líderes y sus partidos, y las campañas son cuidadosamente diseñadas, los políticos asumen la imagen que quieren mostrar. Probablemente los merecidos adjetivos de autoritario, radical, y violento, misógino, homofóbico y machista, sean música para los oídos de Bolsonaro. Tal vez, al ponderar tales rasgos, se provea de propaganda gratuita a un individuo que procura notoriedad elogiando a la dictadura y asumiendo como válida la práctica de la tortura.

Algunos creen que, cansados de la corrupción que invadió el país, se propagó por la administración pública, el sector social de la economía y la empresa privada; hizo metástasis en la política afectando al parlamento, al poder judicial, y a elementos de todos los partidos y colores, y obstinados por un auge del delito y el narcotráfico, que ha conllevado a la militarización de ciudades y espacios públicos, ciertos sectores liberales y parte de las masas, favorecen enfoques autoritarios.

En Brasil, el país más espiritual del mundo, donde la samba y el futbol adornan la alegría de vivir, y cuyo pueblo se habituó a la tolerancia liberal y a la permisividad de la izquierda; que además de no reprimir ni siquiera a los corruptos, proporcionó empleo, pan, escuelas, y electricidad, no debería ser juzgado cuando busca caminos.

En democracia el gobierno es del pueblo porque el pueblo es quien lo elige. Que actúe para el pueblo y por el pueblo son dimensiones que añaden los políticos. Allá nos vemos.

Céspedes. Una figura hechizante

Tomado del Blog Turquinauta

Por su valor testimonial, Turquinauta repone la intervención del Dr. Eusebio Leal en el Salon de Mayo del Pabellón Cuba,  el 28 de agosto del 2016.

Eusebio Leal habla de Carlos Manuel de Céspedes

Yo tenía el conocimiento de Céspedes que se adquiere en los libros, en el anecdotario infinito, ya conocemos aquellos años tan importantes para Cuba. Yo visitaba a un historiador que estaba muy enfermo, al extremo de que, al lado de su escritorio, tenía un balón de oxígeno. Estaba muy mal el ancianito, entonces, él se había dedicado a las mujeres de la historia de Cuba que habían sido agraviadas o desconocidas, allí estaba trabajando en esas mujeres.
Trabajaba por ejemplo en Carmen Zayas Bazán, que ha sido muy calumniada por el solo hecho de que no se entendió con Martí. No pudo ser, cuantas veces ha ocurrido eso, sería eso necesario para exigirle que fuera ella una nueva Amalia Simoni, o una Mariana o una Manana; no es posible, cada cual tiene a veces un signo. Y esa discordia generó para la historia romántica de Cuba, toda una página que Cintio y Fina resolvieron cuando encuentran el libro de bodas -que nosotros reprodujimos- y donde aparecen lo que los amigos escribieron a partir de aquel matrimonio celebrado en México.
Claro, había un peso muy grande en esa figura, y yo cuando leo sus versos: El infeliz que la manera ignore/ de alzarse bien y caminar con brío/ que de una virgen celeste se enamore/y arda en su pecho el esplendor del mío. Es él hacía ella, con un verso que se llama “Dolor a grietas” entonces el historiador José de la Luz León que firmaba con el seudónimo de Clara del Claro Valle en el periódico El Mundo, que había escrito un libro precioso sobre Ramón Emeterio Betánces, estaba escribiendo también sobre Ana de Quezada que había sido calumniada, gravemente calumniada.
Por ese tiempo yo visitaba a Hortensia Pichardo y a Fernando Portuondo que eran los cespedianos fundamentales para mí. Tan es así que la Habana no tenía un monumento de Céspedes, y fueron ellos lo que lo colocaron en el Instituto de la Víbora, pagado con sus esfuerzos y el de las personas que lo lograron. Yo los visitaba, la pasión de ellos era Céspedes y habían escrito unos tomos maravillosos donde está en gran medida la historia de aquel gran hombre. Había leído el elogio de Martí, de Céspedes y Agramonte, en su espíritu de buscar la cohesión y vencer las cosas que separan a los individuos que tienen una determinada aspiración.
En esa pasión un día compré un libro en la plaza, en algún lugar, en una librería y dentro tenía un papelito con un manuscrito, era un papelito de Céspedes arrancado de una carta en el cual decía algo así como: “Primero triunfará la injusticia y después finalmente se abrirá paso la verdad” y yo me fui corriendo con el papel a ver a Hortensia Pichardo y le dije. Doctora mire esto. Ella veía todavía, vio el escrito y me dijo. Es él. Ellos vivían obsedidos por el diario que Céspedes escribió y que su paradero era totalmente desconocido. Solamente se había publicado una parte de ese diario y las cartas de él a Ana de Quezada su esposa.
Antes tenemos que decir Céspedes era viudo, su esposa había muerto poco antes del 68 de hechos hay una leyenda áurea de que la franja azul de la bandera de Céspedes, fue tomada del velo que cubría el retrato de Carmen. Creo que lo fueron a detener cuando ella estaba gravemente enferma. Viudo desolado e inconsolable, pasó el tiempo y vino la Revolución como una especie de tormenta y cuando llega a Camagüey, conoce a la muy bella, joven y tempestuosa Ana de Quezada, hermana de los Generales Rafael y Manuel de Quezada que venían de México, donde habían escrito una página muy bella y ahora se sumaban al esfuerzo de los camagüeyanos. Entonces cuando Céspedes la conoce surge un flechazo a pesar de que él tenía cuarenta tantos años y ella veintitantos y surge esa pasión tremenda, de la cual nacieron dos niños: Gloria de mis Dolores se llamó una y Carlos Manuel el otro.
José de la Luz león nunca me dijo que tenía el diario de Céspedes que faltaba, pero cuando él murió, su viuda Adis Dana, hija de Charles Dana el famoso amigo de Martí, me llama y me dice. Óigame venga por aquí que mi esposo dejó algo para usted. Fui a casa de ella y me da un sobre manila que dice. Estos papeles son de mi patria. Y dentro estaban los dos diarios, las dos libretas, una grande y una pequeña, pero además las cartas de Ana de Quezada en su diálogo epistolar, con los que habían adquirido el diario, de manos españolas y ahora, a pesar de que estaba dedicado a ella, con su dirección en Nueva York donde debían llevárselo, esta persona le retenía el diario diciendo que era un “trofeo de guerra”, y ella le responde colérica. ¿Cómo es posible que un cubano diga que el diario de Céspedes es un trofeo de guerra de los españoles, comprado por unos centavos en una taberna? Además vienen las cartas en que la calumnian a ella que también él las había adquirido.
¿De dónde había salido eso? Había salido del archivo de Manuel Sanguily, cuando la viuda de su hijo Sara Cuervo se fue a ir de Cuba, ella fue a ver a Raúl Roa y Roa le abrió el camino por haber sido la viuda de un oficial del ejército y de una figura de la historia, el hijo de Manuel Sanguily. Ella le dejó una serie de papeles a Roa, que en artículo mortis me entregó a mí, fui a casa de Roa, ya acostado y me entregó los papeles de Maceo que están en nuestro archivo, pero los de Céspedes ¿dónde estaban? Habían estado en ese archivo que era un archivo muy grande que tenía Sanguily.
Cuando empecé a leer el diario me quedé estupefacto porque hay cosas que se dicen ahí que hasta ahora la historia no había referido, cosas tremendas, en las cuales aparece un hombre lleno de carácter, lleno de fuerza y al mismo tiempo la víctima de un proceso político- con sus responsabilidades personales también- porque lo peor que podemos hacer es tratar de reducir la condición de un gran hombre, o una gran mujer, y tratar de separarlo de su condición humana. Él es un hombre de pasión, pongo un ejemplo: Ella lo acompaña a la Sierra y está con él allá arriba en el campamento, hasta que decide que hay que sacarla del país porque estaba embarazada. La llevan hasta un punto de la costa, en el que también está el poeta Juan Clemente Zenea, que había venido a Cuba con una misión compleja y ahora se iba. Se le atribuyó a Zenea haber sido el delator de ella, ella lo creyó también, porque cuando llegaron los españoles y capturaron a los que estaban allí, ella enseguida se identificó, mientras que él saca un pasaporte español. Es una historia de la cual un día daré una conferencia. Es tremendo eso, es casi una novela.
A ella la traen para la Habana, la encierran en la Casa de Recogidas de San Juan Nepomuceno y de ahí le toman la fotografía en la que está toda de negro, asistiendo a la entrevista con el Capitán General, Conde de Balmaceda, que era un hombre de armas tomar. Él le pide a ella que medie, para que su esposo acceda, después de haber apretado a Céspedes hasta el límite del fusilamiento de su hijo Oscar, que provocó sus célebres palabras. Ella le responde que. Es la esposa del Presidente de la República. Y el Conde se molesta y le dice. No importa, un cubano me lo entregará. Como así fue.
En el diario viene el dilema de esa estrella que es el líder del movimiento y al mismo tiempo su deposición y su entrega a la soledad de un lugar llamado San Lorenzo, donde es sorprendido.
Todo eso estaba en el diario. Eso provocó en mí un extraordinario reconocimiento, de que esta figura era la piedra angular de la historia de Cuba, y que sin esa piedra, el arco no podía de ninguna manera cumplir su papel de resistir la carga que tiene encima. De hecho cuando Martí se enfrenta a la figura de Céspedes así lo describe en su maravillosa semblanza, cuando él todavía era el hombre que fue antes: con el pelo a la moda, perfectamente arreglado, con el traje elegantísimo, con el diamante en el dedo, con el bastón de carey y oro; todo lo cual deja en el camino y al final es un peregrino en medio de los ríos crecidos, de la pobreza del monte, de las desdichas y el infortunio de la guerra y solamente se vestirá de nuevo, con lo mejor que tenía, el día de su muerte.
Quiere decir va a asistir a un matrimonio que le ha sido revelado unas noches antes, tiene un sueño premonitorio en el cual va describiendo a cada uno de sus enemigos políticos, haciendo un juicio de cada uno de ellos, pero antes, revela que había soñado que estaba en una boda y que él era el novio. Se presentaba su difunta esposa Carmen cubierta por un velo, pero de pronto él cree que está casándose con otra mujer y como lo ha creído así, cuando se revela que es ella, se abraza y llora. Todo eso está escrito en el diario. Hay una mano profana que escribió “Qué extraño que unas horas antes de su muerte Céspedes sueñe con muertos y aparecidos”
Esa figura ha sido muy hechizante para mí, es una figura para mí completa, viajero, recorrió parte del mundo de aquella época, políglota, poeta, escribió versos a la naturaleza al país, pequeño de estatura, para demostrar que no hay nada pequeño para un hombre grande, buen jinete, enamorado como tiene que ser todo cubano. Si no es muy enamorado entonces no reconoceremos en nosotros la estirpe patricia que nos llega, ahí viene todo. Mi tesis de trabajo de la universidad la hice sobre Céspedes y me recuerdo en el cementerio Santa Ifigenia cuando le llevé allí las flores de devoción a su tumba.

CARTA ABIERTA DE MANUEL CASTELLS A LOS INTELECTUALES DEL MUNDO

Tomado del Blog El ciervo Herido

Amigos intelectuales comprometidos con la democracia:

Brasil está en peligro. Y con Brasil, el mundo, porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un gobierno neo fascista en Italia y por el ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegir como presidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quién sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy día desprestigiado por haber participado en corrupción. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos en una indiferencia generalizada hacia el sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino la presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por él”. O que el problema con la Dictadura no fue la tortura, sino que no matara en lugar de torturar. Yo no represento a nadie más que a mí mismo.

Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos habremos precipitado aún más bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta, a la que estamos asistiendo. Por eso les escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer.

No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos, sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una activa participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos y cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil.

Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un mensaje de Whatsapp es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos hace falta un # (hashtag). Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil, porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad cierta autoridad moral. Utilicémosla en este momento, antes que sea demasiado tarde. Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda. Manuel Castells

La última trepada del CU-455, la del salto al infinito

tomado del blog Fanal Cubano

Héctor R. Castillo Toledo

El 5 de octubre de 1976 un DC-8 de la aerolínea Cubana de Aviación taxea sobre la losa del aeropuerto de Timehri, en Guyana. Es un avión; para el argot cotidiano de la aeronáutica se trata del CU-455, dos letras y tres números apenas, un vuelo que pronto entrará en la historia, una trágica historia…

Son las 10:57 de la mañana del día siguiente cuando la aeronave enfila su nariz al aeródromo de Piarco, en Puerto España. Según la hoja de vuelo llevan 27 minutos de retraso, demora provocada por la espera a integrantes de una delegación oficial de la República Popular Democrática de Corea.

La escala técnica en Trinidad y Tobago es breve. Allí suben al avión, organizados pero con inusitado y contagioso bullicio, los 24 muchachos de nuestro equipo juvenil de esgrima. Vienen de regreso desde Caracas, de donde llegaron en un vuelo de la Pan American con los pechos henchidos por la gloria de todas las medallas áureas puestas en disputa durante el Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte.

Se me antoja que entre los chistes cruzados de un asiento a otro, hace las delicias de la muchachada aquel que iguala al vetusto DC-8 con el tren lechero por la cantidad de paradas que realiza la aeronave en su trayecto hacia La Habana. Puede que alguno empleara la broma mientras el pájaro de metal sale rumbo a Barbados, su próximo destino… el último, pero eso sólo lo sabe el Diablo encarnado por cuatro forajidos.

Hay tanto futuro, tantas ansias de vivir y deseos de reencontrarse con los suyos, que permanecen ajenos al meticuloso examen de las autoridades aduaneras, práctica que aplican desde un reciente y frustrado atentado a un avión de Cubana en Kingston, Jamaica. Entre las normativas figura no aceptar carga, correo, ni bultos sin acompañante; chequear el equipaje de mano y revisar si algún pasajero porta armas. La revisión no va más allá, el equipamiento utilizado por los custodios no está preparado para la detección de sustancias explosivas.

Media hora más tarde el bromista arremete de nuevo con que si un pitirre les hace señas paran a recogerlo, tal como hace el expreso entre Cienfuegos y la capital cuando las vacas le mueven la cola. Apenas han transcurrido 32 minutos desde el despegue en Puerto España y ya toman pista en el aeropuerto de Seawell, Barbados, y alguien recuerda que aún deben hacer escala en Kingston.

Varios pasajeros abandonan el vuelo; entre quienes dan por concluido su viaje se hallan Freddy Lugo y José Vázquez García (nombre falso con el que Hernán Ricardo Lozano adquirió su boleto), los sicarios empleados por los autores intelectuales del salvaje acto. Detrás de su estela con olor a azufre y odio ha quedado la carga mortífera, bien disimulada…, pero ya en conteo regresivo.

No ha transcurrido siquiera una hora cuando los motores ensordecen de nuevo con su rugido y el tubo metálico con alas devora metro a metro la pista que parece una cinta sinfín en alocada carrera. Alerones arriba. La rueda delantera se despega del hormigón y comienza la trepada, la última, la del salto al infinito…
Desde la torre los controladores de vuelo ven el punto alado alejarse en la distancia. Apenas se distingue. Prosigue el habitual ajetreo en la sala de control de tráfico aéreo cuando la rutina es rota por un clamor en los audífonos…

    – ¡Seawell! ¡Seawell!… ¡CU-455!
    – CU-455… Seawell
    – ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente!
    – ¡Tenemos fuego a bordo!
    – ¡Cierren la puerta! ¡Cierren la puerta!
    – ¡Nos estamos quemando intensamente!
    – ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua Felo, pégate al agua!
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?
    – Cubana, este es Criwest 650. ¿Les podemos ayudar en algo?

Por respuesta sólo se escucha la estática en el éter. Silencio, nada más. Sabrá Dios adonde habrá volado el último pensamiento de aquellos 73 inocentes a quienes sentenció el odio irracional.

Pronto corrió la noticia, trasladada de persona a persona con urgencia, pesar y rabia, era concisa y devastadora: “Se cayó un avión cubano en el mar por un sabotaje. No hay sobrevivientes…”.
La evidencia posterior implicó a los ejecutores: Lugo y Ricardo fueron detenidos. Días después eran puestos presos los autores intelectuales del atentado en pleno vuelo: Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes tiempo más tarde (18 de agosto de 1985), y luego de dos intentos fallidos, consiguieron “escapar” del penal de San Juan de los Morros con el contubernio de las autoridades venezolanas de entonces.

Como es usual en estos casos, ambos buscaron la protección del amo yanqui. A Bosch le extendió un indulto el presidente George Bush padre y murió sin remordimientos de conciencia viviendo en Miami, asiento de la mafia anticubana. El otro tuvo tiempo aún para nuevos servicios a la CIA y prestarse a sucias componendas en Centroamérica contra los movimientos de izquierda y en particular contra la Revolución Sandinista.

Luego pareció esfumarse, pero seguía latente su empecinamiento por hacer daño a Cuba. Y volvió a pagar de trasmano con dinero yanqui a nuevos mercenarios para poner bombas en instalaciones turísticas en La Habana, una de las cuales le cortó la vida al joven italiano Fabio Di Celmo.

Años después, en 2000, un operativo conjunto entre la inteligencia cubana y autoridades panameñas permitió abortar un nuevo acto brutal de Posada Carriles, quien con el concurso de otros connotados terroristas de origen cubano fraguaba un atentado con explosivos al líder de la Revolución, presente en la nación istmeña para la Cumbre Iberoamericana.

El objetivo, tal como lo describieron, era volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá durante un acto de Solidaridad con Cuba al que asistiría Fidel, organizado por los estudiantes. Macabro plan en la nación que se aprestaba a ser sede de una cumbre que justamente enfilaría sus debates bajo el siguiente orden: Infancia y adolescencia, un nuevo proyecto para un nuevo siglo.

Poco antes de culminar su mandato, la presidenta Mireya Moscoso, “generosamente” retribuida por la mafia cubanoamericana asentada en Florida, concedió el indulto al terrorista y sus compinches de idéntica laya.

Transcurrieron 42 años desde el abominable crimen y las autoridades de los Estados Unidos nunca atendieron el negro historial criminal de Luis Posada Carriles, autor intelectual confeso del atentado junto a Orlando Bosch Ávila, indultado a finales de los ’80 por el entonces presidente George H. W. Bush, el hombre que estaba al frente de la CIA en el momento del sabotaje al vuelo CU-455, la agencia que apenas un día después de la voladura, al igual que el FBI, dijo tener desde antes conocimiento pleno del plan de atentado y los autores materiales e intelectuales del criminal suceso.

A pesar de ello, ambos crápulas se radicaron en Miami, la sentina de la contrarrevolución, donde morirían apacibles y sin remordimientos de conciencia, pero peor aun, sin purgar ante la justicia por sus probados crímenes. Bosch falleció el 27 de abril de 2011. Siete años más tarde, el 23 de mayo de este 2018 lo haría también aquel que nunca se escondió para proclamar su inconclusa cruzada contra el proyecto socialista cubano. Como escribió una amiga en Twitter desde España, ambos deben estarse “quemando lentito en las brasas del Infierno”.

La firmeza de Cuba frente a los señores de la guerra

Tomado del Blog: La Santa Mambisa

Las explosiones del barco La Coubre y del avión de Cubana en Barbados son dos de los dramas que ha sufrido nuestro pueblo, víctima del terrorismo. Foto: José Agraz

Fragmentos de la intervención de Eduardo Galeano  en su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana en diciembre del 2001.

Hace treinta años, me preguntaba yo, a propósito de la actitud del gobierno de los Estados Unidos, que prohibía que sus ciudadanos viajaran libremente a Cuba: «Si esta Isla es, como dicen, el infierno, ¿por qué los Estados Unidos no organizan excursiones para que sus ciudadanos la conozcan y se desengañen?».

Ahora, me lo sigo preguntando.

Hace diez años, formulaba otra pregunta sobre la infiernización de Cuba: «¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno, si yo nunca la he confundido con el Paraíso?».

Y ahora, me lo sigo preguntando.

Ni infierno, ni Paraíso: la Revolución, obra de este mundo, está sucia de barro humano, y justamente por eso, y no a pesar de eso, sigue siendo contagiosa.

No son muy honrosos, que digamos, estos tiempos que estamos viviendo. Pareciera que se está disputando la Copa Mundial del Felpudo. Uno tiene la impresión, y ojalá sea una impresión equivocada, de que los gobiernos compiten entre sí a ver quién se arrastra mejor por los suelos y quién se deja pisar con mayor entusiasmo. La competencia venía de antes, pero a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre, hay una casi unanimidad en la obsecuencia oficial ante los mandones del mundo.

Casi unanimidad, digo. Y digo que hoy me siento orgulloso de recibir esta distinción en el país que más claramente ha puesto los puntos sobre las íes diciendo no a la impunidad de los poderosos, el país que con más firmeza y lucidez se ha negado a aceptar esta suerte de salvoconducto universal otorgado a los señores de la guerra, que en nombre de la lucha contra el terrorismo pueden practicar a su antojo todo el terrorismo que se les ocurra, bombardeando a quien quieran y matando cuando quieran y a cuantos quieran. En un mundo donde el servilismo es alta virtud; en un mundo donde quien no se vende, se alquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad. Cuba está siendo, una vez más, boca de esa voz.

Esta Revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos que lo que quería pero ha hecho mucho más que lo que podía. Y en eso está. Ella sigue cometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos no estamos condenados a la humillación.

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