Category: Política

EN EL DÉCIMO AÑO DEL BLOG CARACOL DE AGUA (Manifiesto a los nuevos tiempos)

El blog Caracol de agua entra en una nueva etapa. En lo adelante, no publicará más crónica social, ni costumbrista. Por cuestiones vitales privilegiará a partir de hoy, textos narrativos de largo aliento, mejor elaborados; con la finalidad de hacer más universal su alcance.
A los que siguieron sus publicaciones durante nueve años de forma incondicional, Caracol los invita a montarse en esta nueva arca de Noé, que seguirá siendo la casa de todos los que apuestan al alcance de la palabra, las buenas historias y el pensamiento compartido en forma amena y sencilla.
En Facebook cambia la forma de hacer civismo que lo identificó. Ahora tendrán más fuerza los enlaces directos al blog, obviaremos las clásicas mayúsculas y las entradas o cierres más controversiales de lo publicado, que se hacía siempre con el propósito de generar comunidades on line y pulsar desde ellas, opiniones locales-globales sobre temas determinados.   
Twitter es una red habitada por nuestras publicaciones; así que los esperamos en @polemistaenred y el numeral #Caracoldeagua.
Los tiempos obligan a la inteligencia, a formas de activismo que no pongan en peligro lo que con tanta dedicación hicimos casi una década. El 25 de agosto de 2019 cumplimos diez años;  será un momento ideal para celebrar por todo lo alto. Desde hoy, aceptamos sugerencias, observaciones, recomendaciones, para hacer de esa fecha algo inolvidable en la blogosfera cubana.
Gracias a Dios, lo realizado en Caracol en nueve años queda en dos libros en formato de papel, que salvan la memoria de un tiempo hermoso, donde creímos ingenuamente que era posible un diálogo horizontal, por encima de esas jerarquías que  empobrecen el libre ejercicio del pensamiento crítico desde posiciones revolucionarias de avanzada.
A todos los que aman el costumbrismo y lo social, espero no defraudarlos al disparar la nueva flecha, camino a esas eras imaginarias ya visitadas en otros tiempos, por los Origenistas cubanos, los surrealistas europeos y por el panóptico de Foucault.
Abrazo a todos en Martí, tal y como lo escribió el más universal de los cubanos en aquel memorable texto titulado, “A la raíz”: “Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que le muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga (…) O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación”. (José Martí: A la raíz, tomo 2, Obras completas, p. 377) Publicado por ARNOLDO FERNANDEZ VERDECIA en 11:12

La mentira desfachatada, o cómo se embrutece a un pueblo. Por René González Sehwerert

tomado del blog: La pupila Insomne

24 enero, 2019 de La pupila insomne

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Fox News y el vicepresidente Mike Pence “informan” al pueblo norteamericano que el gobierno de Nicolás Maduro dejó de existir.

Trish regan entrevista a Mike Pence sobre Venezuela en Fox News

Mientras el cintillo del noticiario anuncia noticias de última hora, la presentadora Trish Regan se apresta a embutir a su audiencia, sin sombra de escrúpulos, mirando seria a las cámaras:

 “Ultima hora. La dictadura socialista de Nicolás Maduro en Venezuela dejó de existir”.

Una pausa imperceptible antes de que la mirada de Trish se incruste en las pupilas de cada uno de los consumidores al otro lado de su tele. Y sigue:

Venezuela tiene un nuevo presidente, un líder escogido por  su pueblo, y  apoyado  por  L O S  E S T A D O S  U N I D O S  D E  A M É R I C A. Aquí mi entrevista exclusiva con nuestro vicepresidente Mike Pence”.

Trish Regan

L O S  E S T A DOS  U N I D O S  D E  A M É R I C A ha sido pronunciado con énfasis, como recordando al mundo con quién se está metiendo Maduro. Continúa Trish, ahora dirigiéndose a Pence:

“Algo más está ocurriendo porque Vladimir Putin, según me dijo la anterior vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodriguez,… ella me dijo que están haciendo negocios con él, están haciendo negocios con los chinos, están haciendo negocios con los iraníes, ellos están abiertos para los negocios, básicamente…usted sabe, todos los tipos que a nosotros no nos gustan tanto; pero bueno, la señora Rodríguez señaló esto. Ahora que hay un presidente que tiene una relación con nosotros, ahhh,…que quiere libertad para su pueblo. ¿Cómo eso cambia la ecuación de Putin, de los chinos y los iraníes?”

Hay que conceder que a Trish se le trabó algo la lengua antes de decir que el nuevo presidente de Venezuela quiere la libertad para su pueblo. Ya nos ha recordado que Delcy es la anterior vicepresidenta y que los malos de Hollywood siguen siéndolo en la vida real. Toca entonces la palabra a Mike Pence, vicepresidente de L O S  E S T A D O S  U N I D O S  D E  A M E R I C A. Dedicando una mirada de contrición a la teleaudiencia:

 “Hemos visto a Rusia, China y Cuba involucradas en lo que yo llamo diplomacia de la deuda con Venezuela, y lo que pediremos al nuevo gobierno de transición es sencillamente que se avengan a la constitución y al estado de derecho. Muchos de esos arreglos fueron hechos unilateralmente por el régimen de Maduro y nunca aprobados por la Asamblea Nacional y el legislativo como requiere la constitución. Pero, mira, yo espero que esto sea un nuevo comienzo para nuestra relación con Venezuela, y más importante, un nuevo comienzo para el pueblo de Venezuela. Debo decirte Trish que nunca me he sentido realmente más conmovido que al ver las vastas multitudes que han tomado las calles en Venezuela, ondeando banderas venezolanas y defendiendo la libertad, defendiendo la democracia y elecciones justas y el estado de derecho; y estoy muy inspirado por el coraje de todos aquellos en la oposición dispuestos a enfrentarse a un régimen que ha usado violencia para oprimir a sus críticos, que ha encarcelado a su oposición en el pasado. Hemos visto la brutalidad del régimen de Maduro. El coraje que el presidente Guaidó ha demostrado, el coraje de todos aquellos en la oposición han mostrado para traer este día es algo que no escapa al presidente Trump, no escapa a mí y continuaremos firmes junto al pueblo de Venezuela hasta que la libertad y la democracia son restauradas.”

Mike Pence en el programa de Trish Regan, de Fox News

Lo que sigue es más de lo mismo, pero no añade al hecho de que ya el norteamericano común está informado de que Maduro no está ocupando la presidencia venezolana. Entretanto, el pueblo bolivariano de Venezuela y quienes le acompañamos en su justa lucha debemos de estar en máxima alerta. Detrás de la burlesca representación montada por Trish –¿o será Trash?- Regan y el vicepresidente Mike Pence, están cayendo las primeras víctimas que preludia una posible agresión armada a Venezuela: Los norteamericanos que, engañados, lanzarán idiotizados vítores ante las imágenes del poderío desatado por su gobierno contra un pueblo de la América Nuestra.

DECLARACIÓN DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO: DEBE CESAR LA AGRESIÓN CONTRA VENEZUELA


tomado del blog El Ciervo Herido

24 enero, 2019omartodaviaDeja un comentario

El Gobierno Revolucionario de la República de Cuba condena y rechaza enérgicamente el intento de imponer, a través de un golpe de estado, un gobierno títere al servicio de los Estados Unidos en la República Bolivariana de Venezuela, y expresa su invariable solidaridad con el Gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.

Los verdaderos objetivos de las acciones contra Venezuela son controlar los vastos recursos de esa hermana nación y destruir el valor de su ejemplo, como proceso emancipador y de defensa de la dignidad e independencia de Nuestra América.

Como expresara el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez: «La soberanía de nuestros pueblos se dirime hoy en la actitud ante Venezuela. Respaldar el legítimo derecho de la hermana nación a definir su destino es defender la dignidad de todos».

No deben olvidarse otros intentos como el golpe militar del 2002 y el golpe petrolero del 2003, la agresiva Orden Ejecutiva de los Estados Unidos que califica a Venezuela como «una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior» de la superpotencia, las medidas coercitivas unilaterales, el llamado a un golpe militar contra el Gobierno constitucional de Venezuela, la advertencia del Presidente de los Estados Unidos de utilizar «una posible opción militar» y el intento de magnicidio el pasado 4 de agosto contra el Presidente Maduro.

Los actos de un grupo de países y el vergonzoso papel de la OEA constituyen un nuevo y desesperado intento por aplicar una fracasada política de cambio de régimen, que no se ha podido imponer debido a la inquebrantable resistencia del pueblo venezolano y su voluntad de defender la soberanía nacional.

La Habana, 23 de enero de 2019

LA BATALLA COMUNICACIONAL (3): CONOCER EL PODER DEL ENEMIGO Y LA FUERZA PROPIA. PEDRO SANTANDER MOLINA


PEDRO SANTANDER, especial para DOMINIO CUBA

Ilustración: Aldo Cruces
pedro santander 4

En esta batalla una cosa está clara: la contienda es desigual. Esa premisa hay que asumirla, analizarla, y en dicho marco estudiar y desarrollar nuestras tácticas.

Podemos conceptualizar esta desigual contienda como una asimetría estructural que en términos de fuerza hace que las posiciones al interior del campo comunicacional sean materialmente más favorables para los defensores del capital y del imperialismo que para nosotros. Como suele ocurrir, gracias a colusiones, cartelización y beneficios estatales se ha configurado una estructura concentrada y coordinada en sus diversas dimensiones, es decir, en lo digital, en lo analógico, en los medios tradicionales, en los electrónicos, etc.

Por ejemplo, Google, Amazon, FaceBook, Appel (GAFA), junto a Oath, Microsoft y Disney predominan en el entorno digital; son “los gigantes de la web”. En el ámbito informativo, Disney, Time Warner, News Corp, General Electric, Viacom y CBS controlan el 90% de los flujos noticiosos, y Hollywood el 90% de la industria cultural.

Ilustración: Belén Trincado/ Cinco Días

Esa es la condición material objetiva de la batalla comunicacional que es, como sabemos, parte de la batalla cultural. Pero no sería ésta, ni por lejos, la primera vez que las fuerzas revolucionarias enfrentamos escenarios a priori desventajosos. Por el contrario, ya Marx y Lenin lo vivieron, y en difíciles condiciones ambos desarrollaron una potente actividad mediático-comunicacional, centrada, sobre todo, en la creación de diarios y en una intensa producción de columnas, crónicas y editoriales que interpretaban la realidad y guiaban la acción. Ambos dirigentes, a pesar de las duras condiciones materiales que enfrentaban (relegación, cárcel, exilio, persecución, pobreza, etc.) nunca dudaron de la importancia de esta batalla.

Lenin la consideró “una forma superior de agitación”. Lo mismo Gramsci quien ejerció a partir de 1910 activamente el periodismo; hasta antes de ser apresado por el fascismo escribió cerca de 1.700 artículos. También en América Latina, a principios del siglo 20 y bajo condiciones igualmente desvantajosas, no cesaron en su actividad periodística ni Carlos Mariátegui ni Luis Emilio Recabarren. Este último, entre detención, persecución y pobreza, fundó más de 15 periódicos a lo largo de Chile, convencido de que la clase obrera necesita de sus propios órganos de difusión para afrontar el combate político.

No es ésta la primera vez que libramos la batalla comunicacional bajo condiciones asimétricas.

Como vemos, no es ésta la primera vez que libramos la batalla comunicacional bajo condiciones asimétricas. Por el contrario, podemos observar una continuidad en la lucha de 500 años que llevamos protagonizando desde que el español pisara esta tierra. En el Virreinato de Perú, por ejemplo, los más estrictos castigos, incluyendo azote y pena de muerte, estaban contemplados para los indios que tuvieran caballos, armas o…. que supieran leer o escribir (como lo sabía Tupac Amaru).

¿Qué implica esta asimetría estructural para nuestra lucha comunicacional?

En primer lugar, hay que entender que no podemos librar la batalla como si las condiciones fueran simétricas. Suena obvio, pero a menudo parece no serlo si observamos ciertas costumbres y rutinas en las iniciativas mediático-comunicacionales que se llevan a cabo desde nuestras filas. Considerar en serio las condiciones materiales en las cuales se libra la batalla implica evitar acciones repetitivas que podrían tener más sentido si la cancha fuese pareja.

Una de ellas es la estrategia del “reflejo — contrario”. Durante las dos décadas en que muchos países de nuestro continente fueron gobernados por fuerzas progresistas, estos gobiernos fueron (y son) duramente atacados en el plano comunicacional. En ese marco, hemos podido ver que se gastan grandes cantidades de energías y recursos en negar que somos y hacemos lo que los medios hegemónicos dicen que somos y hacemos. Es decir, si los medios hegemónicos dicen que “somos y hacemos X”, lo común suele ser que se reaccione desde nuestro campo contestando y demostrando que “no somos ni hacemos X”.

Esta desgastante dinámica es,en general, bastante inútil, poco eficaz y perversa ya que nos relega a ser la cara anversa de la agenda dominante. Ocurre entonces que todos, amigos y enemigos, hablan de “X”, los unos afirmando, los otros negando. De este modo, la matriz impuesta por el adversario se convierte y se consolida como centro referencial único.

Y si algo ha demostrado la teoría medial es que una parte importante del poder político de los medios reside en su capacidad de “poner la agenda”. Por supuesto, muchas veces es necesario referirse y responder las matrices discursivas de la derecha, pero centrar nuestras estrategias fundamentalmente en este síndrome delreflejo contrario nos impide desarrollar nuestra propia agenda, a la vez que consolida la de ellos. Claro, es bastante más fácil ser contra-agenda reactiva que proponer una agenda activa propia. Esto último requiere mayor audacia, y, sobre todo, esfuerzo intelectual y creatividad político-comunicacional.

Una segunda característica de nuestras estrategias — relacionada con la anterior- y que también da cuenta de que no siempre se tiene conciencia de la asimetría estructural, es la cantidad de esfuerzos invertidos en nuestro campo en crear una profusión de emisores. Al día de hoy existen miles de emisoras comunitarias (radios y televisión) levantadas gracias al avance de los gobiernos progresistas en América Latina, pero muchas de ellas repiten la agenda oficial, no son contra-hegemónicas, a menudo tienen problemas para cubrir sus espacios con contenido propio, además, tienen mínimas audiencias, etc. Efectivamente, en las últimas décadas hemos podido observar un raudal de iniciativas en el polo de la producción de discursos, pero que no se han traducido necesariamente en impacto político-comunicacional.

El único modo para que la batalla comunicacional sea efectiva debe ser mediante acciones de coordinación local, nacional e internacional.

Una tercera característica de nuestra batalla que vuelve poco eficiente la estrategia del reflejo contrario y a las voces que emiten desde nuestro campo, es la falta de articulación de la mayoría de las iniciativas mediático- comunicacionales. Es decir, a menudo observamos muchas voces nuestras instalando temas y tratando de levantar agenda, aunque sin coordinación entre sí. Sin embargo, considerando la asimetría, el único modo para que la batalla comunicacional sea efectiva debe ser mediante acciones de coordinación local, nacional e internacional. Por supuesto que esta coordinación no tiene que ser diaria, pero sí en los momentos cruciales y para gestionar acontecimientos significativos.

Esta coordinación es, necesariamente, un asunto orgánico-político, no sólo mediático. La derecha está claramente coordinada y articulada políticamente en el uso de sus dispositivos comunicacionales. La SIP, por ejemplo, que agrupa a los dueños de diarios y revistas de América Latina es un claro ejemplo de ello; Google está coordinado con el Departamento de Estado; los Estados capitalistas, a su vez, están coordinados para llevar a cabo una campaña contra la neutralidad en la red; los diarios de referencia, asimismo, están coludidos con las fundaciones y centros de estudios, y así suma y sigue.

Los efectos de esta articulación se han visto con especial énfasis en los ataques a Venezuela. Durante el 2017, sobre una muestra de 90 medios estadounidenses, se contabilizaron 3.880 noticias negativas contra este país hermano, es decir, una media de 11 diarias, encabezadas por Bloomberg y el Miami Herald. En cuanto a las agencias, Reuter y AFP juntas reúnen el 91% de las noticias negativas. A su vez, el diario El País de España mencionó a Venezuela en ¡249! de las 365 ediciones del 2017, casi a diario y siempre negativamente. La cadena alemana Deutsche Welle publicó 630 noticias sobre el presidente Maduro…¡casi 2 diarias! Para el caso de la prensa latinoamericana son los medios de México, Colombia y Chile quienes más y peor informaron: 4.200 noticias negativas aparecieron en México el 2017, 3.188 en Colombia y 3.133 en Chile. ¡Eso sí es una internacional!

¿Dónde está nuestra articulación y coordinación editorial? A pesar de la gran cantidad de emisores que objetivamente tenemos, no contamos con una red que nos permita proponer e instalar una agenda propia, instalar matrices nuestras y construir un bloque comunicacional propio que proporcione los discursos y significados necesarios para que las clases populares construyan su identidad a partir de nuestro discurso.

No contamos, como lo explicitó lúcidamente el Comandante Chávez en su última reunión ministerial, “un sistema que incluya su interconexión con otro sistema o subsistema; medios comunitarios, medios populares de comunicación, televisoras regionales, periódicos regionales, internacionales, Telesur. Cada uno anda por su lado”.

No olvidar las audiencias

Pero a pesar de las debilidades señaladas en el marco de una asimetría estructural, hoy se dan varias condiciones que nos permiten maniobrar como lanchas rápidas frente a los buques corporativos. Mencionemos, en primer lugar, el creciente desprestigio que los medios tradicionales enfrentan en el mundo entero, y de lo cual dan cuentas estudios de opinión a lo largo de Occidente: se trata de un desprestigio con alcance global. Esto significa que el capital simbólico más importante de la prensa — la credibilidad- está siendo erosionada por las audiencias a lo largo y ancho del planeta, audiencias que ya tienen claro que el otrora Cuarto Poder hoy, por el contrario, forma parte de las estructuras de la elite.

La tendencia es clara: las personas se están informando cada vez más en el entorno digital.

A ello sumemos la importancia que están adquiriendo de manera imparable las redes sociales como herramientas de información. La tendencia es clara: las personas se están informando cada vez más en el entorno digital. Esto debilita el rol de intermediarios exclusivos que los medios tradicionales ocuparon a lo largo del siglo 20, y obliga a buscar a los actores nuevas formas de comunicación política.

Se ha ido instalando lenta, pero densamente una relación polarizada entre medios tradicionales y una parte importante de la audiencia. Esto se ha visto claramente, por ejemplo, durante el movimiento de los indignados en España y en EE.UU., también con los chalecos amarillos en Francia, con el movimiento estudiantil chileno, etc. Los sectores sociales movilizados ni creen ni buscan a la presa tradicional.

Se abre una ventana de oportunidad. La composición de las redes sociales favorece la comunicación simétrica. Las millones de personas que se informan a través de ellas y que las usan a diario quieren manifestarse y expresar su opinión sin intermediarios. Los jóvenes ya no consumen medios tradicionales y las personas críticas del neoliberalismo — ya sea de izquierda o de derechas- se informan mayoritariamente en las redes sociales.

Pero no se reduce la batalla al buen uso de éstas y a nuestra familiaridad con el contexto digital. Se trata conocer, reflexionar y saber actuar en el polo que tenemos abandonado: el polo de la audiencia. Hubo un tiempo en que los medios tradicionales construían cierta comunidad con sus públicos. A modo de ejemplo, en España los lectores de El País fueron durante la década del ’80 una especie de comunidad identificada con el antifranquismo y la democracia; lo mismo los lectores de Página 12 en la Argentina transicional o, durante la dictadura chilena, los auditores de Radio Cooperativa.

En la batalla comunicacional hay que actuar políticamente en y sobre ese polo, el de la recepción, el de los usuarios, el del pueblo, e invertir parte de esa energía desparramada en crear medios alternativos sin audiencia, para conectar políticamente a los usuarios y usuarias de redes sociales entre sí, a lectores de medios de izquierda, a televidentes de canales públicos, etc., es decir, configurar un espacio público propio. En otras palabras: generar comunidades interpretativas, pues también de eso trata la batalla comunicacional.

Pero esa artista la dejaremos para el próximo artículo.

La batalla comunicacional (2): Aprovechar las grietas del adversario

Por Pedro Santander Molina*, especial para Dominio Cuba

Es el momento para reafirmar con la mayor fuerza posible, con convicción y ruido, la existencia y la necesidad de una izquierda

La batalla comunicacional que, en definitiva es una batalla cultural, no sólo se define en los medios de comunicación. Igualmente importante en esta lucha son los discursos que se vuelven legítimos y hegemónicos pues las fuerzas en pugna también se constituyen discursivamente.

El discurso ultraderechista ya está instalado. Emergió velozmente y se ha erigido en fuerza política y discursiva en Europa, Estados Unidos y América Latina. Tópicos que como el odio al diferente y el amor a las dictaduras parecían cosa del pasado hoy forman parte de programas de gobierno y candidaturas presidenciales. Discursos que hasta hace poco parecían inconcebibles hoy se extienden con fuerza y popularidad. Este despliegue de discursos que muchos creían imposibles y que, de hecho, lo eran hasta hace poco, da cuenta de profundidades en la vida social que vale la pena tratar de comprender.

Tres hipótesis al respecto:

a) Hay una disputa por la hegemonía dentro del bloque dominante. Ésta responde a un reordenamiento de las correlaciones de fuerza al interior de dicho bloque. La tensión ocurre entre los defensores del neoliberalismo clásico-tecnocrático y del neoliberalismo de ultraderecha, y se expresa en los discursos de ambos bandos.

b) El discurso ultraderechista se muestra efectivo para resolver (por ahora) las tensiones de clase que el mismo neoliberalismo ha creado globalmente al enriquecer a los más ricos como nunca en la historia. Asimismo, la discursividad neofascista ha sido eficiente para canalizar la extendida rabia social que ha sido creada por el propio neoliberalismo, lo que permite dirigir dicha ira contra otros y no contra el sistema. Esta eficiencia discursiva ha permitido generar conexión narrativa con sectores medios y populares, lo que da réditos electorales.

c) La disputa al interior del campo dominante es una oportunidad para la izquierda de recobrar su identidad de clase, de articularse globalmente y de reconectar y repolitizar lo social. Para ello hay que aprovechar comunicacional y discursivamente la pugna intra-bloque.

Luego de unas cuatro décadas de implementación global del neoliberalismo podemos distinguir tres corrientes discursivas que lo conforman y que se han ido estructurando con el tiempo: el neoliberalismo progresista, el neoliberalismo clásico-tecnocrático y el neoliberalismo de ultraderecha. Por supuesto, las tres tienen en común una serie de cosas, la principal de ellas es que no cuestionan el rol central del mercado en el ordenamiento social. Su defensa de sociedades cuya institución principal sea el mercado es esencial, un irreductible.

No obstante, hoy podemos ver ciertos límites en la narrativa neoliberal, y en ese marco emergen diferencias y tensiones, cada vez más notorias, que dan cuenta de un disputa por la hegemonía al interior del bloque dominante.

Al hablar de neoliberalismo progresista (denominación acuñada por Nancy Fraser) nos referimos a esa izquierda socialdemócrata que tras la caída del Muro se hizo liberal y culturalista. La que levantó el discurso de la “Tercera Vía”, del “capitalismo con rostro humano”, mientras promovía las privatizaciones de empresas públicas, la cooptación de los movimientos sociales y la desmovilización de la militancia política y sindical. Para seguir manteniendo cierto aire progre reemplazaron su identidad clasista y la crítica estructural contra la sociedad capitalista por un discurso culturalista, identificándose en clave postmoderna con luchas de reconocimiento identitario, sintonizando así con una minoría ilustrada.

A este progresismo le ha venido bien apoyarse en este tipo de temas, así mantuvieron cierta aura de izquierda sin tener que enfrentarse a las dinámicas capitalistas, lo cual es siempre es más complicado. Plantar cara al poder tiene costos, y hay que tener valor para hacerlo. Su deriva — como no podía ser de otro modo- ha sido la más patética: se ha visto relegada cada vez más a la irrelevancia, tanto de sus partidos como de sus líderes, hablamos de tipos como Tony Blair, Gerhard Schröder, Ricardo Lagos, Felipe González o Enrique Cardoso. Claro, como suele ocurrirle a la socialdemocracia, cuando abjura de su identidad clasista y reniega de un proyecto de sociedad distinto al capitalismo entra en un terreno en el cual va perder (y a perderse). En el contexto actual, eso significó hacerse débil frente a los neoliberales clásicos cuyos discursos se impusieron globalmente.

Cuando hablamos del neoliberalismo clásico nos referimos a los herederos del Consenso de Washington, los hijos de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Francis Fukuyama. Esta discursividad pone en el centro la defensa del orden democrático-liberal y la difusión a escala mundial de los valores ‘democráticos’ y ‘civilizadores’. Su performatividad discursiva tiene dimensiones globales gracias a la acción comunicacional de las corporaciones mediáticas que posee; fundamentalmente dispositivos tradicionales como cine, diarios, televisión, radios y editoriales. Son éstos los medios a los que apuesta y los que usa políticamente. Según su concepción, no podría haber democracia sin capitalismo, considerándose ambos intrínsecamente inseparables. Su discurso es pseudo — cientificista, y en ese marco consideran sus ideas como técnicas y objetivas en base al saber de la ciencia matemática y económica.

En esa línea, apoyados entusiastamente por los neoliberales progresistas, promovieron un individualismo hedonista y competitivo, y a través de un discurso políticamente correcto y de centro-centro, incentivaron la apatía política de los sujetos, la despolitización de la sociedad y el descrédito del eje político izquierda-derecha. Sólo existiría un centro gravitacional: el centro. Esto porque de acuerdo a las tesis de Fukuyama se concibe la democracia liberal como el fin de la historia evolutiva de la humanidad y de los antiguos enfrentamientos ideológicos. Este discurso “imposibilista” y anti-utópico, que enfatiza la ausencia de alternativas válidas al neoliberalismo y califica como “irracionalidad” oponerse a los postulados del mercado, ha sido hasta ahora el hegemónico y el que ha gobernado ampliamente en las últimas décadas.

Sin embargo, sus postulados, su estilo y su comunicación política defendidos por dirigentes como Macri, Piñera, Aznar, Santos, Merkel, Macron etc., son hoy puestos en tensión y cuestionados por líderes de ultraderecha como Le Pen, José Antonio Kast, Iván Duque, y, por supuesto, Trump y Bolsonaro, en el marco de una disputa por la hegemonía al interior del bloque dominante. No casualmente hemos escuchado recientemente a Madeliene Albright, ex Secretaria de Estado, advertir contra ese peligro del autoritarismo y calificarlo, sin tapujos, de “fascismo”. A su juicio, la democracia, en EE.UU. y en el mundo, está en peligro y los gobiernos libres “están en franca recesión, en decadencia, en total retroceso, completamente asediados”La democracia pierde brillo en 2018
La calidad democrática en el mundo está en regresión. Varios rankings globales lo corroboran. Todos destacan el…www.publico.es

Efectivamente, el neoliberalismo de ultraderecha, de ser una excepción periférica ha pasado a ubicarse en la centralidad del tablero y ha está alterando los términos discursivos del debate político, tanto en su contenido, como en su forma. Hoy confronta al neoliberalismo clásico-tecnocrático en relación con qué lenguaje usar en la comunicación política y con qué significados construir sentido común. Lenguaje y sentido común …. las bases para la formación del discurso dominante, por eso sostenemos que se trata de una disputa interna por la hegemonía, es decir, por el modo de dirección del bloque histórico.

El neoliberalismo de ultraderecha levanta dicotomías con el discurso clásico-tecnocrático, tanto en el terreno económico — por ejemplo, desglobalización versus globalización- como en el doctrinario — liberalismo valórico versus ideología de género. En ese sentido, destaca la impugnación que hace del “lenguaje políticamente correcto”, estilo que ha sido propio del neoliberalismo clásico. Hemos escuchado a sus máximos dirigentes como el mismo Trump decir “no tengo tiempo para el lenguaje políticamente correcto”. Esta convicción la repiten líderes de ultraderecha en Europa, USA y América Latina, de manera coordinada, y bajo ese mantra no temen decir cosas que hasta hace poco eran consideradas tabú y que fundamentan su discurso clasista, racista y misógeno, o sea, su discurso de odio. De este modo tensionan el estilo apolítico, neutral, aséptico del discurso neoliberal clásico, estilo que responde a una visión fukuyamista que propugna el fin de todo antagonismos.

Ha sido pues el discurso de la ultraderecha el que ha posibilitado un retorno de los sustantivos fuertes (como pedía de Sousa Santos a la izquierda), frente a los débiles que han sido propios de la usanza discursiva tecnocrática. Palabras como “ideología de género”, “basura marxista”; “adoctrinamiento ideológico”, “limpieza”, “los buenos y los malos” etc. pueblan este discurso. Paradójica y dialécticamente han facilitado un retorno de términos que la teoría política liberal-individualista quería eliminar, pues, antagónicamente, también se están revitalizado conceptos como “supremacistas”, “fascismo”, “nazismo”, “ideología del odio”, “extrema derecha”, etc.

Una de las consecuencias del discurso políticamente incorrecto y los sustantivos fuertes usados por la ultraderecha es que se ha vuelto a repolitizar el discurso público. A su vez, se ha revitalizado el sentido político del eje izquierda — derecha. De este modo, se está haciendo trizas un esfuerzo de 40 años de los neoliberales tecnócratas (secundado por los progres) por destruir y diluir esas distinciones clásicas. Hablamos de décadas en que se fue construyendo un imaginario en el cual no hay ni izquierda ni derecha, todos serían de centro. ¿Alguien puede aún sostener eso a la luz de Le Pen, Salvini, Bolsonaro o Trump? ¿Acaso hay alguna mejor categoría que “ultraderecha” para referirlos? No la hay.

De este modo, el neoliberalismo tras pasar por sus formas “progresistas” y “tecnócratas”, repone el vínculo con su origen autoritario y extremista: no olvidemos que su engendramiento es el Chile de Pinochet.

La izquierda

Si hay derecha y ultraderecha, es porque hay izquierda. Carecen de sentido los discursos que afirman que el eje derecha — izquierda está obsoleto, si así fuera, ¿cómo clasificar a Bolsonaro o a Trump? Paradójicamente, la ultraderecha con su discurso de odio y su disputa contra el centrismo radical tecnocrático abrió un espacio discursivo a la izquierda, pues se ha cristalizado el mapa político y objetivado las posiciones al interior del mismo.

Es, por lo tanto, el momento para reafirmar con la mayor fuerza posible, a través de todos los canales, con convicción y ruido la existencia y la necesidad de una izquierda, como categoría y como realidad política. Se acabó el tiempo del discurso políticamente correcto. Frente a la frustración social que el neoliberalismo ha provocado, las explicaciones tecnocráticas, asépticas, abstractas pierden performatividad. El discurso ha vuelto a politizarse.

Por ahora, el neoliberalismo encontró con el discurso extremista un método para canalizar la rabia y tensión social, y evitar que dicha rabia se dirija al sistema que la causa. Pero al hacerlo ha debido asumir una posición anti-elite que, si bien le ha dado resultados electorales, objetivamente ha también reforzado el odio social hacia los ricos y ha politizado lo social.

El conflicto de clases está ahí y es inocultable. En este momento se presenta (aún) distorsionado y se atenúa aglutinando sectores populares contra otros sectores populares en una infinita lista de odio. En ese marco, debemos observar que la extrema derecha habla críticamente acerca de las consecuencias concretas de una globalización con pocos ganadores y muchos perdedores, mientras la izquierda se ha dedicado, sobre todo, a hablar abstractamente de las causas.

No obstante, éste puede ser nuevamente el momento para la izquierda si sabe conjugar discursivamente consecuencias y causas. Hay un histórico sentido de separación de los pueblos frente a las clases dominantes que debe ser activado en una lógica anti-capitalista. Amplios sectores del pueblo no están dispuestos a aceptar el clasismo, el racismo y el machismo, ese rechazo cohesiona y la re-politización de lo social abre espacios discursivos para poner lo estructural en el centro de la agenda.

Para ello decirse, reafirmarse y mostrarse de izquierda es hoy urgente. No olvidemos lo que Gramsci nos enseña: si los sectores dominados no cuentan con una discursividad propia, construirán su identidad a partir del discurso dominante. Ahí está hoy una de nuestras tareas en el marco de la batalla comunicacional.

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