Category: Sociedad

Nota informativa del Instituto de la Aeronáutica Civil de #Cuba sobre accidente del 18 de mayo

tomado del blog Santiago Arde

Nota Oficial  

Referente al lamentable accidente ocurrido el 18 de mayo de 2018 con la aeronave B-737-200, matrícula XA-UHZ, de la aerolínea DAMOJH S.A, fletada con su tripulación por la empresa Cubana de Aviación, la Comisión Investigadora determinó, según los datos aportados por los registradores de vuelo (cajas negras) de la aeronave y el resultado obtenido de la caracterización de los estándares aeronáuticos para este vuelo, que la causa más probable del accidente fueron las acciones de la tripulación y sus errores en los cálculos de peso y balance, que conllevaron a la pérdida de control y desplome de la aeronave durante la etapa de despegue.

El Instituto de la Aeronáutica Civil de Cuba reconoce la cooperación de todo el pueblo y de las instituciones durante la investigación, así como de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte, el fabricante Boeing de Estados Unidos y la autoridad aeronáutica de México.

Tomado de https://www.presidencia.gob.cu

Misiones cubanas en la salud La verdad frente a la mentira

por: Orlando Guevara Núñez

Tomado del blog: Ciudad sin Cerrojos
En su demencia contra la Revolución cubana, la mafia  contrarrevolucionaria de  Miami, apoyada por el gobierno de los Estados Unidos y ahora por  el secretario general  de su Ministerio de Colonias Yanquis  (OEA), con la mentira como arma favorita, se dispone a revitalizar su cruzada contra nuestro sistema de salud. El tamaño de sus mentiras tiene la misma dimensión de su desvarío  y de sus fracasos. Un objetivo es tratar de desprestigiar  los programas de colaboración  médica cubana, con disparatadas afirmaciones de que nuestros profesionales de la salud son obligados a prestar servicio en el exterior, calificando esas misiones como “esclavitud moderna” y “trata de personas”. Ninguna ofensa mayor a nuestros valiosos integrantes del ejército más noble que existe en el mundo: nuestro ejército de las Batas Blancas, como lo bautizó Fidel. Se conoce  ya la estúpida afirmación de que nuestros trabajadores de la salud en Venezuela son un personal militar e  incluso que intimidan a sus  pacientes para que apoyen el gobierno de Nicolás Maduro. Claro, que de paso  pretenden ocultar la verdad del firme apoyo del pueblo venezolano a su gobierno, bastión  contra el cual se han estrellado los intentos imperiales de vencerlo. Otra parte de la agresión contra Cuba es la presión al Congreso yanqui para aplicar de nuevo la política de Parole  es decir, incentivar  la deserción  del  personal médico cubano en  misión en otros países y llevarlos hacia los Estados Unidos. ¿A quién podrán engañar con estas patrañas?  ¿A los millones a quienes el personal médico cubano, en más de un centenar de países les ha salvado la vida? ¿A los familiares de esas personas? ¿A  los millones que gracias a este programa han recuperado la vista?  ¿A los millones que han sido librados de enfermedades y dolencias, sobre todo en lugares donde nunca había ido un médico? Prestigiosas  autoridades en esta esfera, como la Organización Mundial y la Panamericana de la Salud,  han reconocido y elogiado el aporte cubano a la salud en el mundo, especialmente en los países pobres,  frente a epidemias y desastres naturales. Esa verdad está vetada en los grandes medios de comunicación al servicio de los intereses imperiales, cómplices de la mentira y de las campañas anti cubanas. ¿Pretenden  engañar al pueblo cubano, principal beneficiario de un sistema de salud donde desde hace mucho tiempo la medicina dejó de ser una mercancía y el enfermo un cliente? ¿Al pueblo donde el principal de los derechos humanos – el derecho a la vida- está al alcance de todos, sin excepción  ni discriminación  de ningún tipo? Es evidente  el objetivo de  buscar adeptos para justificar la sucia guerra contra Cuba, para causarle dificultades a nuestro pueblo, para aplicarnos nuevas sanciones. Para los energúmenos del gobierno yanqui, las misiones médicas cubanas en el exterior constituyen una violación de los derechos humanos. Son los mismos que santifican sus 800 bases militares en decenas de países,  sus más de un cuarto de millón de  efectivos militares en tierras foráneas, sus guerras de rapiña causantes de millones de muertos,  heridos  y desplazados, de hambrunas y enfermedades, cuyas principales víctimas son de la población civil. Quienes pretenden denigrar  a Cuba, envían  a otros países soldados para segar vidas; Cuba envía médicos para salvarlas. Nuestros detractores, agreden a otros pueblos para dominarlos, para saquearlos, para causar hambre, miseria y enfermedades; Cuba acude a otras naciones para ayudarlas, para curar enfermedades e incluso para evitarlas. Y de esa obra estamos orgullosos los cubanos. Orgullosos de los más de 600 mil cubanos que en los últimos 55 años han prestado sus servicios en más de 160 países. Orgullosos de que en nuestro país, bloqueado, amenazado y agredido, se hayan formado ya, de manera gratuita, más de 35 mil profesionales de la salud para 138 naciones. Y es notable el aporte de docentes  cubanos en Facultades de Medicina de varios países de distintos continentes. Hay muchos datos que son reveladores de nuestra obra y nuestro prestigio en la salud, pero solo escojo uno: En 1916, los colaboradores cubanos en el exterior atendieron   a 127 727 352  personas, es decir,  a una población 11 veces superior a la nuestra. Y es solo uno de los 55 años de existencia de este programa.
Esta es la gran verdad sobre la cual no podrá prevalecer la mentira.

La Marcha LGBT «independiente» u otra herida a cicatrizar

Tomado del Blog Paquito de Cuba

Es muy probable que estas líneas no satisfagan a ninguna de las partes involucradas en lo que sucedió este sábado 11 de mayo en la llamada marcha LGBTI “independiente” desde el Parque Central hasta el Malecón habanero, pero siento la obligación de comentar y ampliar algunas de las consideraciones que ya hice en las redes sociales, sean cuales sean los riesgos que ello implique.

Como ya expresé, lamento los sucesos ocurridos al casi finalizar la caminata por el Prado capitalino de alrededor de unas 200 personas, a quienes a pesar de no tener la autorización correspondiente, las autoridades policiales y del Ministerio del Interior acompañaron y custodiaron por las varias cuadras de ese extenso paseo.

Fue la agencia Efe la que reportó que dentro de ese grupo había quienes al parecer tenían la intención de provocar un incidente, y no acataron las indicaciones de la Policía, para poder lograr ante las cámaras el espectáculo que se habían propuesto. Ello nos vuelve a enseñar que las personas LGBTI debemos estar muy claras para que no nos manipulen ni utilicen con fines políticos en contra no solo de la Revolución, sino de nuestros propios derechos y conquistas.

Todo indica que la apuesta de algunas conocidas figuras de la llamada disidencia, que nunca se preocuparon ni ocuparon con propuestas ni mensajes constructivos por nuestros derechos como personas LGBTI, era por enrarecer aún más el ambiente durante esta duodécima edición de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, y es evidente que en parte lo lograron.

Contrasta, sin embargo, como la concurrida Fiesta por la Diversidad con varios cientos de asistentes, donde estuvimos hasta casi la medianoche la mayoría de la comunidad LGBTI y sus activistas más sistemáticos –incluyendo a participantes de la ilegal marcha -, no mereció la misma atención mediática.

Pero mis dudas sobre esta manifestación empezaron desde mucho antes, y las compartí con varias personas que estaban al tanto de sus detalles, sin recibir una respuesta convincente.

¿Por qué convocarla para el Parque Central, en La Habana Vieja, y no en algunos de los escenarios del Vedado donde durante once años ha acontecido la Conga contra la Homofobia y la Transfobia, cuya cancelación este año fue la presunta causa del llamado a realizarla? ¿Qué grupos son los que habitualmente han usado esta zona del Parque Central y el Capitolio Nacional para intentar alguna pálida protesta antigubernamental?

El llamado a la marcha fijaba lugar y hora de inicio, pero nunca se dijo con claridad cuál sería el recorrido ni hasta dónde llegarían los posibles participantes. ¿No existía esa definición o la intención no era ir a ningún lugar, sino llegar a un determinado estado de crispación masiva?

Si el propósito era mostrar la inconformidad ante las autoridades ¿por qué no fueron a gritar “Queremos la conga”, por ejemplo, en la Gala del viernes 10 en el Teatro Karl Marx, donde estuvieron nada más y nada menos que el secretario del Consejo de Estado, los ministros de Salud Pública y de Justicia, el Presidente del Tribunal Supremo Popular y la Fiscal General de la República, entre otros dirigentes del país?

Muchas críticas han generado la afirmación de la directora del Centro Nacional de Educación Sexual de que detrás de la organización de esta marcha había grupos de personas que residen en Miami.

A mí en lo personal no me consta cuál fue el origen de esta idea, pero sí puedo atestiguar el ardiente entusiasmo y la amplia promoción que realizaron en las redes sociales, incluyendo mi muro en Facebook, sujetos que ya no viven en Cuba y de modo sistemático dedican abundante tiempo y esfuerzos –casi increíbles para quienes supongo tienen otras ocupaciones cotidianas mucho más absorbentes e impostergables que les impone el capitalismo-, solo a criticar cualquier acción o reacción del Cenesex, sus especialistas y redes de activismo.

También puedo dar fe —porque les saludé con sincero afecto y hasta me hice fotos con ellas— de más de una persona conocida y con formación como activista en las redes comunitarias vinculadas al Cenesex que viven en los Estados Unidos y viajaron expresamente a La Habana para estar en las Jornadas, y muy particularmente en esta marcha que no tenía permiso oficial.

Soy consciente del mal sabor que nos deja hablar de todo esto. Créanme que a mí me duele un mundo hacerlo. Entre otros motivos porque casi con toda certeza es muy probable que también yo esté cometiendo alguna injusticia con mis apreciaciones quizás subjetivas y parciales, aunque sean sobre la base de los elementos reales y objetivos que estuvieron a mi alcance.

De hecho, un colega y amigo cuyo criterio aprecio muchísimo y que por años ha sido partícipe de mis empeños en el activismo y como bloguero en estos temas, me ha alertado con sincera preocupación sobre los riesgos que corre mi “credibilidad como comunicador y activista”, por esta toma de postura hasta cierto punto tan inusual en mí, que siempre prefiero los equilibrios y la benevolencia a la hora de evaluar las conductas humanas.

Pero me niego a hacer cualquier tipo de cálculo personal ante esta situación tan penosa, donde a quienes somos las principales víctimas, nos quieren hacer pasar ahora por victimarios. Lo que sea, será; aunque ello implique cualquier descalabro individual que poca o ninguna relevancia tiene.

Lo menos importante ahora es uno mismo, sino que cada cual diga su verdad, para que entre tanta mierda renazca la esperanza en una causa que, más tarde o más temprano, les tocará seguirla cultivando y llevando adelante a otras personas que lo harán con toda seguridad mejor que quienes lo hicimos hasta este punto.

A las personas que de buena fe y con legítima inconformidad participaron en la caminata, les doy las gracias de todo corazón. Hicieron lo que pensaron correspondía hacer por una causa justa, como yo también he hecho otras muchas veces, no sin cometer equivocaciones y sufrir las consecuencias. Nunca le cuestionaría sus intenciones a esa posible mayoría de asistentes que estoy convencido no premeditó ni pudo suponer la provocación en que finalmente terminó envuelta.

Y digo más. Si no fuera por mi estrecho e incondicional compromiso con el Comité Organizador de estas Jornadas —el cual reúne a tantas personas valiosas que le han puesto toda su pasión y mente a esta obra colectiva, incluyendo un dolor indecible cuando no hemos conseguido hacer algo como creemos que nuestra gente quiere, espera y merece—, y la mayor información que pude tener sobre la evolución y posibles consecuencias de este acontecimiento, quizás yo habría estado en esa misma frágil posición, con mi bandera arcoíris por el Prado.

La negativa repercusión de estos hechos demostró, sin embargo, que la marcha no fue un éxito como dicen quienes defienden más sus agendas antigubernamentales que nuestros derechos como personas LGBTI, sino un grave error que podríamos llegar a pagar con un costo muy alto de desuniones, extremismos y retrocesos en futuros procesos de diálogo, sino somos capaces de analizar críticamente lo acontecido y extraer así lecciones para superarlo.

Para mi Partido y el Gobierno, considero que también el mensaje ha sido muy claro.

Lo adelanté en mi texto anterior cuando trataba de explicar cómo fue la propia Revolución la que nos empoderó e hizo conscientes de nuestros derechos en esta más de una década de estrategia educativa y lucha política contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, al facilitarnos la creación de espacios para nuestra realización íntima y colectiva —como esa emblemática Conga que este año fue suspendida—, a los cuales ya no podemos ni queremos renunciar, aunque ello implique defenderlos de cualquier amenaza, con la inteligencia y el valor de que siempre hemos sido capaces en Cuba a lo largo de toda nuestra historia.

A todas las partes, pues, involucradas en lo acontecido en el Paseo del Prado, aunque no les satisfaga total o parcialmente estas duras palabras que aquí he escrito, les reitero que no nos queda de otra entonces que intentar exorcizarnos de nuestros propios demonios, inquinas, prejuicios y rencores, y comenzar otra vez a echar hacia adelante, para cicatrizar esta herida temporal y continuar con la construcción de esa sociedad más justa, progresista e inclusiva, a la cual aspira la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

Share this:

Buscadores de huesos, indios y cowboys: la batalla por la memoria

Tomado del Blog El vuelo del Gato

Un líder del partido español Vox llamó «buscadores de huesos» a los defensores de la memoria histórica y subrayó que la llamada «transición» del régimen franquista a la «democracia» se basó en «un pacto para el olvido». Bolsonaro decretó en Brasil suspender los trabajos de otros «buscadores de huesos» que desde 2014 se dedicaban a analizar más de mil cajas con restos óseos de víctimas no identificadas de la dictadura militar, extraídos de fosas comunes del cementerio Perus de Sao Paulo.

Hay dos posiciones del neofascismo frente a la memoria: apostar por «el olvido» y promover la amnesia colectiva, de modo que la gente viva atontada, sin raíces, sin mirar atrás, o manipular el pasado.

El propio Bolsonaro provocó un escándalo cuando quiso conmemorar el golpe de Estado de 1964. Una triste página en la historia de Brasil: el ejército (con el pretexto del «peligro comunista» y el apoyo de la CIA y de EE. UU.) derrocó al presidente Goulart e instaló una dictadura que se mantuvo hasta 1985.

Sin embargo, el Ministro de Educación de Bolsonaro propuso una evaluación «matizada» de lo ocurrido. Fue «la sociedad civil» (no los golpistas) quien promovió la salida de Goulart –afirmó el Ministro– y al régimen instaurado no se le debe llamar «dictadura», sino «gobierno democrático de fuerza».

Anunció que serían modificados los libros de texto donde los niños y jóvenes aprenderán la historia de su país.

El choque entre las ideas de la emancipación y las imperiales y neofascistas se está dando en torno al presente y al futuro; pero también se da en torno al pasado.

¿Cómo serán los libros escolares en EE. UU., que tratan del origen y crecimiento del Imperio, y de qué modo fundamentan su destino mesiánico? Aparte del sistema educativo formal, EE. UU. ha contado con Hollywood y toda la poderosa industria del entretenimiento como herramientas instructivas muy eficaces para ofrecer una transcripción apropiada de la memoria.

Desde El nacimiento de una nación (1915), con sus aportes formales indudables, su descarnado racismo, su apología del Ku-Klux-Klan, hasta las películas que sirvieron para curar «el síndrome de Vietnam», el itinerario sangriento de EE. UU. ha ido encontrando en el cine, en las series, en los videojuegos, una versión idealizada y noble. La «conquista del Oeste» se presenta en términos épicos, «civilizatorios». El genocidio de la población aborigen, su desplazamiento forzoso, las masacres de comunidades completas, fueron horrores retomados por Hollywood y devueltos como enfrentamientos de indios malignos contra militares y cowboys blancos. Zarpazos imperiales, desde México hasta Irak, han recibido la bendición de la industria del entretenimiento.

Hollywood y los videojuegos convencieron a los ciudadanos de EE. UU. y de medio mundo de que los triunfadores en la 2ª Guerra Mundial fueron las tropas estadounidenses. Los soviéticos, que vencieron a Hitler a costa de millones de vidas, quedan en la sombra. Esa Verdad con mayúscula ha sido encubierta de manera indigna y malintencionada.

Hay otra cuestión sobre esta guerra que tampoco se divulga: las empresas de EE. UU. que hicieron negocios muy lucrativos con los nazis. La Coca-Cola fabricó para ellos una bebida refrescante muy popular en la Alemania hitleriana: la Fanta. IBM se ocupó de venderles las máquinas Hollerith, para censar y clasificar personas por su raza y religión, es decir, para identificar judíos y destinarlos al exterminio. La filial alemana de la General Motors, el primer productor de camiones de combate para Hitler, utilizó esclavos de los campos de concentración. Henry Ford recibió en 1938 una condecoración nazi como «extranjero distinguido».

Los cubanos no estamos ajenos a esta batalla en torno a la memoria. Uno de los temas básicos de la campaña contra la Revolución tiene que ver precisamente con promover la tendencia a un «presentismo» frívolo, que rechace el análisis histórico, y hacer circular la imagen embellecida de una Cuba prerrevolucionaria que nunca existió. Muestran el «glamour» de La Habana de los 50, su vida nocturna, sus edificios «modernos», y cierran los ojos ante los crímenes incontables de la dictadura, ante la presencia muy influyente de la Mafia, ante la cruel desigualdad, ante los indigentes, ante la niñez desamparada.

Los antídotos, como repitieron Martí y Fidel, están en la cultura. En ese público culto, no manipulable, emancipado, capaz de desechar por sí mismo las estafas y de reconocer lo auténtico y de hacerlo suyo.

El ángel de mi sobrino es un niño autista

tomado del Blog de Glenda

Jk no sabe de ángeles ni mensajeros o guardianes alados. Para él la palabra ángel está asociada con un compañerito del aula, un niño autista. Ángel lo acompaña desde preescolar. Es un niño inquieto, como todos: corre de un lado a otro, sale por la puerta, se para en la silla, le parte la punta a los lápices, se tira en el piso. Sus compañeros de aula le imitan. A veces la mamá de Ángel lo acompaña. Cuando ella no está es demasiado para la maestra de primer grado.
A pesar de ser autista, Ángel debe estar en una escuela normal, compartir con los niños, socializar. Su criterio diagnóstico no lo obliga a estar en una “escuela especial”. Ha mejorado mucho desde la primera vez que lo conocí en prescolar. Recuerdo la alegría del grupo cuando comenzó a identificar las figuras geométricas, algunos números. Recuerdo la sonrisa de aquella maestra, los aplausos en el aula. Pero Ángel ya está en primer grado, y este es un nivel elemental para todos los niños, más riguroso. A muchos padres del aula les preocupa que Ángel no permita a la maestra concentrarse en la clase y desatienda la enseñanza del resto de los niños. A mí también me preocupa, pero no comparto la solución de sacar a Ángel de la escuela. Mi hermana tampoco. Entiendo todas las reacciones: la protectora por parte del Ministerio de Educación que indica que Ángel debe estar en un aula de la enseñanza regular; la de los padres molestos porque ven comprometido el aprendizaje de sus hijos si la maestra tiene que concentrarse todo el tiempo en Ángel; y la de desesperación de la maestra, con poca experiencia y preparación para atender este trastorno y a punto de rendirse si no se haya una solución. Hace un año, en esta misma fecha, mi sobrino fue a la escuela vestido de azul. Cada 2 de abril es el Día de la Concienciación sobre el Autismo y ese color se asocia a la solidaridad con quienes padecen esta enfermedad. En su aula de prescolar había un niño autista, aunque ni él ni ningún otro niño notara la diferencia. Hoy, en esta misma fecha, no sé si Ángel irá a la escuela, a su aula de primer grado. Si la realidad fuera azul Ángel tendría una maestra para él solo, dentro del aula de mi sobrino. Si la realidad fuera azul los padres estarían contentos de ver crecer a sus hijos con niños diferentes y tener desde pequeños una lección de igualdad y respeto. Si la realidad fuera azul la maestra de mi sobrino no pediría la baja. Por suerte, mi sobrino no distingue el color de las diferencias. Sabe que azul es el mar y el cielo, y sabe que Ángel es un niño igual a él, igual a otros. Para nosotros debería ser igual.

A %d blogueros les gusta esto: