Crónicas de Guantánamo: El Yunque

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El Yunque no es de metal, es una montaña de rocas, tierra y árboles, una montaña cuadrada como la cama de un gigante madrugador. Al Yunque subimos cruzando el Duaba, un río de aguas transparentes y con prisa. El Duaba es hermano del Toa, uno tiene historia, el otro record.

En la base de la montaña se cultiva el coco y el cacao, las dos plantas maravillosas que sostienen la economía de la zona. Entre la foresta se distinguen los techos de las haciendas y los secaderos. El camino a la cima sube culebrino eludiendo los abismos, sostenido entre las rocas, marcados por el socavón de la lluvia. Poco a poco se supera altura y se llega al alto.

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En la cúspide alguien erigió un busto del general Maceo. Con ojos de eternidad observa al este. Allí está el lugar donde desembarcó la goleta Honor. En esa playa las enormes olas destrozaron la embarcación pero el honor quedó intacto y aún sobrevive en la cabeza de bronce y en la mirada eterna del héroe que no ha olvidado la dolorosa ruta de la libertad.

Compartimos con el titán el paisaje. Toda la geografía de la costa. Las desembocaduras de los ríos la arcada de la bahía, los valles y los deltas y más allá, el Paso de los Vientos: Cuna de tormentas, pasarela de huracanes. Compartimos el paisaje y aprendemos, de la natural persistencia de los fundadores, el acomodo de las dimensiones: En lo alto el viento y el sol; en la hondura el mar, en el pecho el amor.

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Las montañas son retos sobre el horizonte. Las montañas seducen con sus enormidades. Ella en cambio es apenas una avecilla pero igual seduce. Los sé por el rayo que me anima desde sus manos apoyadas en las mías durante la ruta de ascenso, lo sé porque elaboro latidos al verla, con sus artes de mariposa equilibrar el paso al cruzar las rocas.

Quien trepa serranías sabe que con iguales fuegos se marcan en la piel las rutas del sacrificio y de la pasión.
Descendemos, el calor obliga a meterse en la fresca corriente del Duaba. Aún sumergido puedo ver entre las copas de los árboles la cuadrada silueta del Yunque, ese que no es de metal sino de rocas, tierra, árboles y parece la cama de un gigante madrugador y enamorado.

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por: https://www.facebook.com/rcruzfajardo

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