De como veo la Base Naval o Narraciones en primera persona

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Por: YISELL RODRÍGUEZ MILÁN

¿Cómo es vivir cerca de la Base Naval? me han preguntado varias veces amigos fuera y dentro de las redes sociales y siempre respondo lo mismo:  «nada del otro mundo», o un «normal» que deja fuera de sus casillas hasta al más paciente de mis interlocutores.

Resulta que yo jamás he sentido como que vivo cerca de centro militar alguno. Ni siquiera de la policía nacional, que es ya mucho decir.

Pero hay gente en mi provincia, muchachos con los que compartí aulas y becas, colegas de trabajo, vecinos de barrio, amigos incluso, para quienes la base, más que un ente lejano, centro de discursos políticos, titular de periódicos… es su historia familiar, el abuelo jubilado, las cercanías de su casa y la razón del sinfín de limitaciones que convierten a Caimanera, donde nacieron, en un sitio «especial» y de «acceso restringido».

Recientemente concluyó en Guantánamo el III Seminario Internacional de Paz en contra de las bases militares extranjeras y he decidido dedicar un post al asunto.

Ya una vez comenté aquí que cuando se es pequeño, en mi provincia (y creo que por todo el país) «se nos enseña que vivimos demasiado cerca del enemigo. Y que ese adversario tiene en esos 116 kilómetros cuadrados: cárceles, aeropuertos, casas, pizzerías, medios de comunicación, oficinas, campos minados, guardias,  pero que además tortura a sus prisioneros de guerra, ofende a los cubanos que custodian el perímetro, amenazan nuestra seguridad….».

Uno, primero, aprende esas cosas de memoria, y luego, cuando conoce gente como Hector Renán Tati Borges, extrabajador de la Base Naval a quien entrevisté hace unos años, capta la esencia de lo que en tiempos estudiantiles quizás, injustamente, fuese calificado como labia.

Tati tenía 80 de años cuando lo vi por primera vez y «coleccionaba» premios (medallas por los Aniversarios 40 y 50 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la de la Clandestinidad, y la Campaña de Alfabetización. También la Fama, símbolo de la ciudad, y reconocimientos de la Unión Nacional y Provincial de Historia).

Decían que era arisco, un viejo «duro de roer», que le sabía la vida a medio Guantánamo y a todas las esquinas de la ciudad. Por eso era como un historiador «natural» del territorio que, para más mérito, había trabajado cuatro años en la base naval. Allí vio de todo, pero de eso dejaré que se enteren con este post.

La influencia de la base se percibe hasta en la cultura guantanamera. Y tan es así que por allá, en mi tierra, existe el Club de Soul «Malvin Gaye». Sus fundadores insisten en que fue el primero creado en Cuba, el 18 de julio de 1993.  Ese día  sesenta personas se reunieron para darle cuerpo a una idea que les había llegado gracias al Canal 8 (quizás alguien se acuerde ). El canal 8 era llamado «el canal de la base» y a través de él mis vecinos -y yo siendo niña- consumían todo tipo de películas, musicales, novelas y muñequitos… en inglés. De aquellos tiempos y por esa vía recuerdo haber visto por primera vez los dibujos animados de Bob Esponja y las películas de Viernes 13.  Por supuesto, yo apenas entendía lo que decían los protagonistas y mucho menos mi padre, acompañante fiel de mis desvelos televisivos. Continuará….

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