El vivo vive del bobo, y el bobo lo ve en memory flash

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Por: lilithalfonso

La verdad es que me dio risa. Risa con aquel negrón de pose teatral contando, como si fuera Formell explicando cómo compuso una canción, cómo le había levantado al Estado durante unos pocos años y desde un puestecito en la Dirección de Comunales de La Habana Vieja, más de 33 millones de pesos.

De sus labios, escuché la más atinada definición de corrupción. “La corrupción es que un día yo me acerco a ti, te hago favores, porque tienes la inmensa necesidad, la tremenda necesidad que tiene todo el mundo. Empiezo por traerte la merienda, mañana te invito a almorzar y cuando te has dado cuenta estas totalmente comprometido conmigo, sin necesidad de decirte nada”.

Y todo, sin una pizca de remordimiento. “Y fue fácil, porque nadie me preguntó”, repetía una y otra vez y uno se da cuenta que además de la pobreza y el sentido de la oportunidad de alguien que puede dar cosas que el otro necesita a cambio de favores, el problema de la corrupción en Cuba es que, donde tiene que importar, a nadie le importa.

Cierto que por lo menos, desde hace unos años para acá, ya no es posible robar y que te boten con lo bailao, y a vivir la guarapachanga. Cierto que desde que creó la Contraloría General de la República, muchas cosas que antes se hubieran manejado a lo cortico, si bien no salen a la luz, por lo menos se chapean bien bajito.comunale

Pero tanto como eso es cierto, lo es que mientras en nuestra islita de las maravillas siga la filosofía del vive y deja vivir que nos tapó el sol como hiedra en los años noventa, y la realidad de que es imposible pasar el mes sólo con el salario, y la oportunidad que algunos ven de llevarse una tajadita más a casa…la corrupción no se irá a ningún lado.

Porque, en realidad, de todo lo que vi lo que más me preocupa, lo que pasa, es que las cosas suceden ante la vista de todo el mundo y nadie se inmuta. Y no es nada nuevo. En el famoso videito del Combinado Cárnico de Guantánamo era el mismo panorama: Los sacos de carne para afuera a pleno sol, con los trabajadores pasando.

Y lo que preocupa todavía más, es que todos son miembros de organizaciones sociales y se masas, todos o por lo menos la mayoría se asocian a sindicatos, a organizaciones políticas -empezando por los principales jefes-…pero da igual. Nadie dice nada.

Nadie dice ni siquiera los que tienen que decir. Porque lo más lindo de todo, es que cuando se dan esos explotes y salen a la luz todos los trucos a uno le queda la impresión de que nada funciona.

Y todos los saben. Porque, después de los explotes, es cuando se dice todo. Se dice, en definitiva, cuando el jefe ya no está para tirarte el salve o tronarte  si te pasas, cuando se fue el vecino que en las fiestas populares aportaba lo suyo aunque no se le viera ni un pelo en la calle…

Porque hasta eso.

Y lo otro, de fondo, es el descontrol. Porque a ver, ¿a nadie le intriga que un guajirito que no tenia ni un paz de chinelas -como decía mi abuela, pa recordarla un poquito- que a los tres meses de jefe se haga una casa en pleno vedado guantanamero, con todos los toques?

¿A nadie se le ocurre, quizás en cargos de dirección más altos, controlar las pertenencias de esos funcionarios para hacerle un seguimiento a sus finanzas y su nivel de vida?

Y así pasa en  en todo, porque como dijo el negrón es muy fácil robarle al Estado, porque los que tienen que preguntar no preguntan, y la gente más cercana está comprometida, porque un día comenzaste a llevarle una merienda y un día le diste dinero para completar para una cocina, y hacen por ti de cortina, de humo, de matorral…sin necesidad de decirle nada.

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