EMIGRACIÓN: PERSPECTIVA HISTORICA

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BarataPor: Jorge Gómez Barata

La emigración cubana es un fenómeno endógeno que concierne a las esencias de la nación y la acompañará siempre. Todo comenzó en el siglo XVI cuando se estableció el primer asentamiento español, se inició la importación de esclavos africanos y se dio acceso a elementos procedentes de Las Antillas, México, América y China. De Cuba partieron expediciones a conquistar y explorar regiones de México, Canadá y las Américas.

Durante cuatro siglos Cuba fue favorecida (algunos gobernantes estimaron que perjudicaba) por la llegada de inmigrantes y sólo a partir de la década de los cuarenta del siglo XX el saldo migratorio comenzó a ser negativo, desde entonces parten más de los que llegan y en los últimos cincuenta años muy pocos inmigrante se han establecido en la isla. No sólo faltan atractivos sino que los obstáculos son enormes.

En 1898 la Isla fue ocupada por los Estados Unidos, con lo cual se creó un vínculo favorecedor de los procesos migratorios. Norteamérica era y es el destino de la mayoría de los emigrantes cubanos. En 1870 fueron 12 000, 20 000 en 1890, y en 1910, 40 000. Entonces Cuba generaba 18 emigrantes a Estados Unidos por cada mil habitantes. Entre 1930 y 1950 la cifra creció hasta 35 000 y entre 1950 y 1958 pasó de 60 000.

Al triunfo de la Revolución en 1959, Estados Unidos concibió la perversa idea de utilizar los flujos humanos como arma política intentando el vaciamiento del país por medio del exilio y la emigración de sus elites profesionales, culturales, académicas y científicas y, sobrepasando todos los límites, auspició la partida de una clase social completa. La burguesía cubana se mudó de La Habana a Miami y allí se jubiló.

Luego de la estampida de 1959 hubo tres grandes oleadas migratorias: Camariocas, 1965; Mariel, 1980, y los balseros”, en 1994. Mayor que cada una de ellas ha sido la riada formada por una constante emigración irregular, deserciones, visitas autorizadas y otras formas cuyo número es difícil de establecer.

Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo migratorio en virtud del cual Estados Unidos accedió a otorgar anualmente no menos de 20 000 visas a emigrantes, alguien llamó la atención de que a ese ritmo, cada cinco años emigraban 100 000 personas, por lo cual, cada 50 años lo haría un millón. Tomando en cuenta que en algunos años la cifra de visas concedidas casi se ha duplicado, esa cifra no es un horizonte lejano.

La emigración hace decrecer la población. No solo porque resta a los que se marchan sino porque quienes parten son los jóvenes, es decir aquellos que están aptos y aspiraban a reproducirse.

Esas y otras realidades excluyen los enfoques clasistas, las explicaciones coyunturales y descartan las fórmulas de corto plazo. El país que padece las consecuencias de la partida de muchos de los suyos, pudiera también disfrutar de las oportunidades que ello abre.

Aunque internamente la emigración apenas tiene efectos políticos visibles, la colonia asentada en Estados Unidos ha ejercido una influencia negativa en las políticas de las administraciones y los criterios del Congreso hacia la Isla, lo cual puede cambiar.

De hecho numerosos emigrados, entre ellos figuras destacadas, han depuesto sus posiciones contrarias al gobierno cubano o dejan esos asuntos a cargo de quienes viven en la isla. No es imposible que en algún momento esta reacción abarque a senadores y representantes federales y estaduales, alcaldes, funcionarios, empresarios y académicos de origen isleño. Cuando ello ocurra la nación comenzará a cosechar lo que involuntariamente sembró.

En un escenario de apertura y normalización, los efectos devastadores que sobre la economía cubana tiene la emigración, pudieran trocarse en oportunidades. Todo dependerá de las políticas que permitan a los emigrados participar en los procesos económicos nacionales; no sólo mediante remesas o por la izquierda, sino invirtiendo en Cuba parte de sus capitales y ahorros (grandes y pequeños) e importando las habilidades productivas y gerenciales. Tal vez la legislación sobre inversión extranjera que se estudia ofrezca respuestas.

Hay otros asuntos como el demográfico donde la subsanación será más difícil. En cualquier caso hay tela por donde cortar y asuntos que meditar. Allá nos vemos

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