LA FIESTA DE LOS CUBANOS

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tomado del blog: La Bicicleta

 

lechon vara

Yo recuerdo tiempos mejores y peores, fines de años donde era abundante el humo de las pequeñas hogueras encendidas en los patios para asar los puercos, prendidas con cascarones de cocos secos y maderas reunidas para la ocasión y también recuerdo otros festejos con menos hogueras y lo peor con menos puercos; tiempos difíciles donde la proliferación porcina era muy baja y el índice de mamíferos nacionales por casa se deprimió mucho más que el precio del níquel.  Pero ni en unos ni otros momentos se perdió la alegría o se dejó de esperar en familia las 12 de la noche del 31 de diciembre para darnos un abrazo, escuchar con orgullo el Himno Nacional  y seguir guapeando.

 

Cuando algunos vecinos, en pleno 1992, se quedaron sin la posibilidad de su propio asado, nunca faltaron los platos cruzando la calle pues los que pudieron mantener la tradición, a pesar de los pesares, le llevaron su parte a la mesa de los demás y cuando la cosa se complicó otro poquito, pues llegó la solución colectiva y   la caldosa incluyó a todos en el reparto. Había gente que venía de lugares donde la abundancia de pocos alumbra tanto que no deja ver la miseria de tantos, gente que acudía desde otras fronteras para pasar esas horas con la familia, porque eso siempre se queda del lado de acá: el familión, el rechinar del dominó, la guasanga de los que se ríen a todo dar, la música a mitad de cuadra y la bandera propia sobre los tejados.

 

Nunca hemos tenido un diciembre sin esperanzas (salvo el caso de Ángel el Cornado, un vecino mío al cual su mujer Esperanza Verde del Prado, se le fugó con Manolo el carnicero una noche de finales del 89 y el pobre no puede ser incluido en la afirmación anterior)  somos gente optimista por naturaleza y lo mismo tiramos cubos de agua, quemamos muñecones o incluso algunos le dan la vuelta a la cuadra con una maleta para eso de viajar, aunque tengo una prima con más vueltas que un trompo y hasta con averías en las rueditas del equipaje y  lo más  lejos que ha llegado es a la casa de sus suegros en un pintoresco lugar a pocos kilómetros al que llaman LA INTERNACIONAL. Aunque eso no es lo más importante, la gente sobre todo pide salud y felicidad para la familia, paz y armonía y que continuemos siendo un pueblo solidario y que ese bullicio de la media noche siga retumbando en un país de nosotros, sin que nadie venga nunca a cambiarnos la fiesta o pretender que abracemos mejores fechas que el primero de enero.