Lejos del Kindle

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chat-contomado de Vertientes, Camagüey

Quiero leer un libro, oler sus páginas y llenarme el índice de saliva para cada salto. Quiero dormir siesta con mi Madre, dar cuero a (con) mis amigos y jugar al fútbol con los chamas del barrio.

Quiero cargar agua de la cisterna, bañarme con un cubito en la mañana y tomar leche con mermelada, naranja agria con azúcar prieta o cerveza (cristal de a peso) con puré de tomate.

Quiero ver una serie española y cagarme de la risa, quiero escribir todos los post que tengo reprimidos. ¡¡¡Quiero un masajeeeeeeeeee!!!

Quiero irme lejos donde no haya cobertura, ni *222#, ni ese eme eses, ni ebook, ni matutinos especiales, ni trabajitos por encargo, pero sí un arcoíris, un ocaso rojizo o unas figuras hechas con nubes.

Quiero hacerle cosquillas a mi sobrino, darle un abrazo a mi Padre y a mi hermano, conversar muuuuuuuucho y amanecer hablando con Daicar o rezar el rosario con Isabel Estela. Quiero estar muy lejos de los imbéciles.

Quiero llamar por teléfono a la pequeña Beatriz para que me dispare cuatro o cinco monosílabos y quiero que su hermana Claudia me mienta, otra vez, diciendo que no me quiere “hasta el espacio exterior” (aunque el brillo de sus ojos diga lo contrario).

Quiero entrar en vivo en la radio y sentir esa taquicardia. Quiero sintonizar un canal de TV y dos emisoras a la vez para darle chucho al periodismo cubano y alborotar la casa de sonidos. Quiero darle pa allá y pa acá al dial, todo lo que me de la gana.

Quiero hacer chistes, ganar una data, “actualizar el kasperky” y  sentir el olor a plátano maduro frito.  Quiero narrar béisbol en la sala de mi casa o en silencio, sentado a la orilla de tercera.

Quiero despertar abrazado a ti, leerte poemas de Nogueras, Sabines, Serrat, Gelman y cantarte boleros del Benny.

Definitivamente quiero tener con el prójimo, contigo y conmigo, infinidad de “cosas analógicas”.

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