Libreta de abastecimiento: Con la comida no se juega ( +Fotos y video)

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Por Alex Guevara

¡Qué feliz me haría poder llegar a la bodega y adquirir de una vez todos los productos que necesito, en cantidades suficientes para librarme por un buen tiempo de las fastidiosas colas que acompañan mi existencia como cubano de a pie!Pero, ¿acaso me gustaría llegar al mercado y enterarme de que ya no queda arroz o frazadas de piso porque el que vino antes de mí se llevó todas las existencias?

El racionamiento es la asignación gubernamental de recursos y bienes de consumo limitados. Ha sido utilizado a lo largo de la historia como medida excepcional en tiempos de guerra, hambruna u otras emergencias.Durante la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. y varios Estados europeos racionaron los alimentos y otros artículos de primera necesidad.

La variante cubana —libreta de abastecimiento— surgió en 1962 por una necesidad histórica para garantizar una distribución equitativa e igualitaria[1] de ciertos productos agropecuarios e industriales entre los ciudadanos. Se dice que justo antes del período especial la “libreta” cubría prácticamente toda la canasta básica de la familia cubana.

En medio de la crisis del período especial desaparecieron o disminuyeron algunos productos de la libreta; pero se incorporaron otros que anteriormente se conseguían en el llamado “mercado paralelo”[2].

Una característica específica del racionamiento cubano es que la mayoría de los artículos de la “libreta” tiene precios subsidiados. Los subsidios, concebidos originalmente para que todos pudieran adquirir los productos de la canasta básica, hoy benefician tanto al jubilado, al trabajador y al estudiante, como al dueño de la “paladar” y a quien recibe jugosas remesas desde el exterior, y ni hablar de quienes lucran con el robo u otras ilegalidades.

libretadeabastecimientoEn el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba 2011se trazaron los Lineamientos de la Política Económica y Social del país para los siguientes cinco años. Como parte de un conjunto de medidas para “lograr una redistribución más justa de la riqueza”, se propuso“implementar la eliminación ordenada de la libreta de abastecimiento, como forma de distribución normada, igualitaria y a precios subsidiados, que favorece tanto al ciudadano necesitado como al no necesitado, induce a las personas a prácticas de trueque y reventa, y propicia un mercado subterráneo[3].

Estuve de acuerdo con la esencia de la medida. La distribución normada por la “libreta” ha estado asociada a ineficiencias, burocracia e ilegalidades; aunque no creo que estos males sean una consecuencia inevitable del racionamiento y los subsidios.

Por ejemplo, los cárnicos llegan a la bodega de uno en uno: hoy el pollo, mañana el picadillo de soya, la semana que viene el pollo por pescado… ¿Por qué no los dan juntos? El derecho a comprarlos expira a los tres días; si no estás al tanto, los pierdes. Estas condiciones dificultan la vida de las familias trabajadoras, facilitan el robo a los involucradas en una larga e ineficiente la cadena de distribución y prácticamente obligan a contratar mensajeros.

Mi hermana de 8 años, que depende del yogur de soya normado para desayunar, está sometida a las “fluctuaciones de la oferta”. El yogur viene aproximadamente 8 veces al mes, algunos lunes, miércoles y viernes. Todos los días, cuando regreso de la universidad, paso por el mercado —de por sí bastante lejano a mi casa—, pero tengo la desgracia de hacerlo entre la 1 y las 4 pm —“horario de almuerzo”— y, aunque hay trabajadores dentro, nadie me puede vender el yogur. Si regreso más tarde, puedo enterarme, de repente, que “este viernes no entró el yogur”, que “se echó a perder” o que “ya lo vendieron todo por la libre”. En el mejor de los casos, me dicen que “venga el lunes y me lo dan doble”. O sea, mi hermana no desayuna hasta el martes. ¡Ah!, pero entonces podrá tomarse dos vasos.

En la panadería es otro tanto. Cada día tengo que ir a buscar mis tres pancitos normados de 80 gramos. Ayer no pude ir a buscarlos y los perdí. ¿Por qué no puedo comprar hoy el pan normado de ayer? ¿O el de mañana? ¿O el de todo el fin de semana? Pan hay, porque me puedo llevar todos los que quiera, por la libre, a 80 centavos.

libreta440x220A pesar de todas estas insatisfacciones, me preocupó lo enfático y dispositivo de la redacción del citado lineamiento, sobre todo cuando otros, como los relacionados con la forma en que los trabajadores podrían acceder a los productos que se dejarían de vender por la libreta, se veían bastante lejanos y condicionados[4].

Muchos cubanos dependen de los alimentos normados que, si bien no cubren la canasta básica mensual, ayudan bastante a llegar al fin de mes. Este sentir, compartido por más de 50 mil ciudadanos[5] preocupados, se materializó en la adición del adjetivo “gradual” a la formulación final del lineamiento, que quedó así:

Implementar la eliminación ordenada y gradual de la libreta de abastecimiento, como forma de distribución normada, igualitaria y a precios subsidiados.[6]

Y así fueron desapareciendo productos de la libreta: primero los cigarros y tabacos —era un bochorno que el Estado subsidiara un vicio tan dañino—, luego la pasta y el jabón, los chícharos, las papas, el café… Por último, la cantidad de huevos por consumidor en La Habana se redujo de 10 a 5. Estos productos se han venido comercializando en moneda nacional (CUP), a precios no subsidiados, aunque menores que los de las tiendas recaudadoras de divisa.

Sin embargo, es innegable que el ya alto costo de la canasta básica —si se le compara con los ingresos de trabajadores estatales y pensionados— ha subido más con la eliminación de estos “subsidios”. Por otro lado, la aplicación de los lineamientos relacionados con el incremento del poder adquisitivo de estos mismos sectores ha sido especialmente lenta.

Considero que, a menos que se adopte otra forma de racionamiento u otro mecanismo más efectivo para proteger a los ciudadanos contra la escasez y el acaparamiento y para asegurar a los más desfavorecidos un mínimo de equidad social, el gobierno estaría declinando esa responsabilidad y renunciando así a un principio humanista de la revolución: no abandonar a nadie a su suerte.

Si bien el hombre que descubrió a su mujer siéndole infiel sobre el sofá resolvió su problema botando el mueble, a mí me parece poco prudente intentar resolver el nuestro haciendo lo mismo con la libreta; porque ni todo racionamiento es malo, ni todo subsidio tampoco.

En las condiciones de nuestro país —pobre, subdesarrollado, recurrentemente afectado por desastres naturales y sometido a una despiadada guerra económica—, el racionamiento resulta una medida de justicia social y es expresión del compromiso político del gobierno revolucionario con la supervivencia de un pueblo que lo ha apoyado incondicionalmente. Asimismo, cuando en Cuba se subsidia a las personas menos favorecidas —que hoy son los trabajadores estatales, pensionados, discapacitados, enfermos crónicos, niños sin amparo filial, ancianos sin amparo familiar— se está haciendo justicia social.

Sería bueno desaparecer la libreta y pagar un salario al trabajador—y una pensión al jubilado o al receptor de asistencia social— que le permitiese adquirir, al menos, la canasta básica familiar a precios no subsidiados. Pero esto es difícil de lograr en un país donde no se sabe a ciencia cierta cuánto cuesta producir algo, o cuántos pesos cubanos son un peso convertible, o un dólar.

Mientras logramos lo anterior, que pudiera demorar cinco años más, o veinticinco, el gobierno debe honrar su compromiso de abastecer a los ciudadanos de un país en guerra de la cantidad indispensable de productos para su supervivencia, de distribuirlos equitativamente y de proteger a los más desfavorecidos.

Un país bloqueado y bajo permanente amenaza de desabastecimiento no puede permitirse jugar con la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Los productos de primera necesidad que se han comenzado a vender sin subsidios no están siempre disponibles en los mercados. En ocasiones escasean, especialmente los más demandados. En momentos de crisis —política, económica, agresión militar (o su amenaza), afectación por desastres naturales— o incertidumbre, la combinación de compras nerviosas de la población y la acción de los acaparadores pueden provocar una situación de escasez virtual que —sumada a la real—pongan en peligro la estabilidad y la seguridad del país. Se trata de una vulnerabilidad que puede socavar las bases del sistema. El desabastecimiento es también un instrumento de guerra económica, que busca generar descontento en la población. Quien tenga dudas, que estudie el caso de Venezuela.

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Por tanto yo preferiría que, por lo pronto, no desapareciera la “libreta”; sino el “subsidio” a los productos normados. De esta forma, los ciudadanos tendrían en ella una garantía de existencia de determinados productos en la bodega. Yo sabría que, por ejemplo, mis 10 huevos a $1,10 la unidad o mi jabón de lavar de $5,00 están disponibles durante todo el mes, aunque venga un ciclón o mi vecino los compre por cajas.

Concretamente, mis propuestas serían:

  1. 1.       Eliminar los subsidios de todos los productos de la “libreta” y establecer un sistema único de precios vinculado a los costos y a la tasa de cambio real del peso cubano con las divisas internacionales.
  2. 2.       Aumentar los salarios de los trabajadores estatales, las pensiones de asistencia social y los pagos a los jubilados en un monto igual al de la diferencia entre los costos de la canasta básica (productos de la libreta) a los precios nuevos y los anteriores “subsidiados”.[7]
  3. 3.       Mantener la “libreta” o, en su defecto, otro sistema de racionamiento que asegure el derecho de los ciudadanos a adquirir una cantidad indispensable de productos de primera necesidad en cualquier momento del mes.
  4. 4.       Mantener en los mercados y/o en la reserva estatal un stock mínimo de mercancías para satisfacer la demanda normada.

Dice un refrán que “con la comida no se juega”. Mientras los tres principales problemas del cubano “de a pie” sean desayuno, almuerzo y comida; la seguridad alimentaria es un problema de primer orden para nuestro Estado el debate sobre la libreta, el racionamiento y los subsidios sigue abierto.

[1]Según el DRAE, “equidad” es la “disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece”, mientras que “igualitarismo” es la “tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias sociales.”

[2] No confundir con el “mercado negro”. Los mercados paralelos eran tiendas estatales que ofertaban gran variedad de productos a precios superiores a los normados; pero aún asequibles para la mayoría de los ciudadanos.

[3] Artículo 162 del Proyecto de Lineamientos de Política Económica y Social.

[4]El proyecto de artículo relativo a la política cambiaria (Art. 54), por ejemplo, hacía depender la unificación monetaria principalmente del aumento de la productividad del trabajo, mientras muchos consideran la unificación monetaria condición necesaria –aunque no suficiente– para impulsar la productividad. Un gran círculo vicioso.

[5]Tomado del tabloide informativo “Información sobre los resultados del Debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, de mayo del 2011.

[6]Ibídem.

[7] Para quienes tienen dificultad con las matemáticas, lo que quiero decir es que si antes los productos de la libreta costaban 50 pesos y ahora sin subsidios cuestan 150, los salarios de los trabajadores estatales, y las pensiones de asistencia y seguridad social deben aumentar en 100 pesos. En el caso de los trabajadores estatales, esta cifra pudiera ponderarse (multiplicarse) por el promedio nacional de hijos menores de edad, calculado según los datos del censo. Por ejemplo, si la cifra promedio de hijos menores de edad por trabajador del país es de 1,5, los salarios deben aumentar en 250 pesos (100+150). Los cuentapropistas y personas sin vínculo laboral no disfrutarían de estos beneficios.

 Fuente: http://sentirjoven.wordpress.com/2013/11/13/libreta-de-abastecimiento-con-la-comida-no-se-juega-fotos-y-video/

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