no puedo, doctor…

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blanco1Escribir de lo desconocido no se me da bien. Por eso no hilvano palabras sobre ovnis, fantasmas, o economía. Se lo digo al médico, pero no me cree. Me mira más con cara de juzgarme vaga que de creerme. Si fuera un psiquiatra pensaría que la cordura se me escapa. A fin de cuentas soy periodista, ¿no?

Pero no es psiquiatra. Y este doctor se ha quedado hoy a la espera de las letras que me pidió. Unas letras que no puedo darle porque mi argumento de “no puedo escribir de alguien que no conozco”, es realmente válido.

No podría decirle que su letra es mejor que la mía, que camina tan rápido que a veces se me pierde, que me habla de diagnósticos como si yo entendiera más allá de la segunda palabra…

Que es la única persona que ha logrado que yo ingiera dexametasona. Que las batas blancas de médico me desconcentran y por eso me turbo y le escucho solo a medias. Que tiene manos que encuentran dolencias. Y que las manos es otra de las cosas que me desconcentran.

Debería advertirle que nací con fórceps (ese es mi justificación más valiosa cuando hago alguna torpeza) y que por eso y por mujer, es que se me desarrolló solo una neurona. He ahí que me despisto por otros pasillos buscándolo, que pronuncio mal su apellido unas tres veces hasta aprendérmelo, y que digo cosas que le resultan disparatadas, como que no puedo escribir de él.

Aunque supongo que ya él adivinó mis musarañas de antemano, y me dice “espérame aquí, no te muevas que te pierdes” o “siéntate y pórtate bien para que no te reganen”. O me acompaña hasta el elevador en un intento de que yo me conserve en una sola pieza.

Por suerte no es psiquiatra, o mis diagnósticos y pastillas serían otras. Por suerte… pero es neurocirujano y entonces no puedo decirle todo esto, o correría el riesgo de una operación para ver qué hay dentro de mi cabeza.

Mejor mantengo mi postura inicial, y sostengo lo que me aprendí desde que entré al hospital. Decirle y repetirle hasta el cansancio: “No puedo escribir de usted, doctor. No puedo”.

(Tomado del blog Botellas al mar. Por Leydi Torres Arias)

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