Tag: cine

UNA CARTA DE AKIRA KUROSAWA A INGMAR BERGMAN

tomado del blog: El Ciervo Herido

Estimado Sr. Bergman:Por favor, permítame felicitarlo en su septuagésimo cumpleaños.Su trabajo toca mi corazón profundamente cada vez que lo veo y he aprendido mucho de sus obras y han sido alentadoras. Le deseo que permanezca en buen estado de salud para que pueda crear más películas maravillosas para nosotros. En Japón, había un gran artista llamado Tessai Tomioka que vivió en la era Meiji (finales del siglo XIX). Este artista pintó varios cuadros excelentes mientras todavía era joven, y cuando llegó a la edad de 80 años, de repente comenzó a pintar cuadros que eran muy superiores a los anteriores, como si estuviera en su gran etapa de florecimiento. Cada vez que veo sus pinturas, me doy cuenta perfectamente que un ser humano no es capaz de crear obras extraordinarias hasta que llega a los 80.Un ser humano nace como bebé, se convierte en un niño, pasa por la juventud, la flor de la vida y, finalmente, vuelve a ser un bebé antes que termine su vida. Esta es, en mi opinión, la forma ideal de la vida. Yo creo que estaría de acuerdo en que un ser humano llega a ser capaz de producir obras puras, sin restricción alguna, en los días de su segunda infancia. Ahora tengo setenta y siete (77) años de edad y estoy convencido que mi verdadero trabajo apenas comienza.Mantengámonos juntos por el bien de las películas.Con los más cordiales saludos,Akira Kurosawa.  Esta carta fue la reacción de Kurosawa cuando leyó en La linterna mágica, unas memorias de Ingmar Bergman publicadas en 1987, poco antes de cumplir los 70 años, en las que el director sueco aseguraba que “probablemente lamentaría el hecho de no hacer más películas”. Todavía estarían por llegar obras tan formidables para ambos como Saraband y Los sueños de Akira Kurosawa.Imágenes: Akira Kurosawa durante el rodaje de “Los siete samurais” e Ingmar Bergman a la edad de 44 años. Fuente: Blog ANÉCDOTAS DE CINE, MÚSICA Y ARTE 

APUNTES PARA UN DEBATE: CULTURA Y MEDIOS EN LA ERA DIGITAL

Tomado del Blog: Cine Cubano La pupila Insomne

Como parte de los preparativos del IX Congreso de la UNEAC, a celebrarse entre el 28 y el 30 de junio del 2019, la Comisión Permanente encargada de la Cultura y los Medios ha sometido a debate su informe.

Lo ideal sería que ese texto estuviese en la red, y recibiese las contribuciones críticas de todos los miembros, a lo largo y ancho de la isla. Es posible que esté, pero hoy he intentado acceder al espacio Se dice cubano (www.uneac.org.cu), que se anuncia como la publicación digital de la Comisión, y me da error. Así que apelo a esta vía para dar a conocer algunas de las impresiones que me deja el escrito.

El informe abre citando una parte de las palabras pronunciadas por el actual Presidente del país Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del VIII Congreso de la UNEAC. La cita alude al innegable hecho de que hoy la cultura es la principal herramienta de dominación que tienen los poderes imperiales para someter a sus subalternos, pero como quedarse en el diagnóstico que se deduce de lo anterior es una sutil invitación a sentarnos en el muro de las lamentaciones, yo prefiero esta otra parte de ese mismo discurso pronunciado por Díaz-Canel en aquella ocasión:

Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos”.

Lamentablemente, el Informe no se pronuncia en este aspecto pro-activo, tal vez porque, en sentido general, en estos cuatro años transcurridos después del Congreso, los miembros de la UNEAC no hemos conseguido estar a la altura del desafío creativo propuesto por el presidente. Al contrario, más bien nos hemos atrincherado en las viejas maneras de interpretar los fenómenos culturales, ignorando de forma tozuda lo que la realidad ya es, que en nada se parece a lo que era, ya no en el siglo pasado, sino hace cuatro años, cuando celebrábamos aquel Congreso.

De allí que lo que se expresa tenga ese tono incurablemente defensivo y (ultra)conservador, donde en nombre de la jerarquización, se patologiza de forma numantina todo aquello que no entra dentro de lo que está asumido (por el grupo que representamos) como lo valioso.

Imposible encontrar en este Informe indicios de que se haya explorado lo que puede aportar la creatividad en aquellos escenarios informales donde hoy se produce, distribuye y consume buena parte de la cultura (por suerte, instituciones como la Fundación Ludwig, por ejemplo, sí han venido trazando un valioso mapa); todo lo contrario: pareciera que el mundo cultural empieza y termina en los marcos institucionales.

Me apresuro en señalar que yo también defiendo las jerarquías culturales y el sistema institucional, en un tiempo en que parece que todo vale. Pero esa defensa tiene que ir acompañada de un conocimiento cabal de lo que es la compleja realidad en que nos movemos, y ello incluye el examen de las nuevas prácticas culturales, que obviamente responden a las nuevas circunstancias en que los miembros de la sociedad se van desenvolviendo.

Me parece absurdo que sigamos asumiendo el viejo esquema comunicativo que nos hablaba del uno dirigiéndose a muchos, cuando en el país (a pesar de haber llegado tarde a la cultura de las redes), ya se aprecia un desarrollo imparable de lo que sería lo inter-activo, participativo y colaborativo. Si no acabamos de entender que ya vivimos en la Cuba del 3G (aunque sean pocos los que puedan conectarse de un modo natural), y que el mundo de los ciudadanos comunes que somos todos nosotros cada día, opera de acuerdo a este horizonte de expectativas que van condicionando los medios emergentes, nuestros Congresos seguirán siendo parodias de lo que Tomás Gutiérrez-Alea describía en Los sobrevivientes: una lujosa mansión donde un grupo que se ve a sí mismo como cumbre de su tiempo, se aísla de lo que considera el Apocalipsis del mal gusto.

Estoy escribiendo estos apuntes todavía con el eco de lo pronunciado por Miguel Díaz-Canel en la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando evaluaba el proceso de informatización de la sociedad. En algún momento de su intervención, el Presidente habló azorado de la manera en que en este país todavía se conforma a mano el censo a través del cual después se entrega la libreta de abastecimientos de la bodega.

No sé por qué asocié aquello que el mandatario estaba diciendo con lo que muchas veces sucede entre nosotros con la cultura y el consumo cultural. Sí, esta es una imagen de la que no me he podido librar a ratos: la cultura normada y administrada a dedo por un bodeguero (el Estado) que restringe el papel del consumidor a lo que por lo general ha sido: un repositorio de bienes que llegan por la libreta.

Mi criterio es que a estas alturas del siglo XXI debemos ensayar nuevas modalidades de intervención institucional alrededor de estos procesos culturales. El Estado cubano ya no será más ese ente rector que antes monopolizaba todo lo que tuviese que ver con la producción, distribución y consumo. Nos guste o no, ahora los nuevos públicos organizan sus propias parrillas de programación, deciden qué ver, cómo ver, y con quién ver lo que desean consumir.

¿Qué le quedaría por hacer al sistema institucional en un contexto así? Pues probablemente mucho más de lo que hacía antes. El Estado, en vez de administrar de un modo mesiánico el consumo de los bienes, puede convertirse en ese gran mediador que, Políticas Públicas mediante, garantiza escenarios donde lo creativo adquiera el protagonismo, acompañado de un cuerpo de ideas que se actualiza de modo permanente.

De allí que resulte tan importante la observación rigurosa de lo que va pasando más allá de “lo establecido”. Siempre va a ser difícil detectar dónde está lo valioso de eso que está naciendo (¿necesitamos recordar algunos de los epítetos dedicados a Los Beatles cuando estaban iniciando su carrera?), pero lo importante no es tanto ponerse en plan de policía que multa a los conductores que se saltan la norma, como construir autopistas que estimulen la creatividad asociándola a lo diverso.

Esto, insisto, no quiere decir que el Estado y sus instituciones públicas perderán el protagonismo a la hora de concederle visibilidad a lo más valioso de la producción cultural. Para poner un ejemplo cercano a mis intereses: no me imagino a la Cinemateca de Cuba existiendo sin el apoyo estatal, ni a ningún Proyecto cultural alternativo a lo que hegemónicamente se promueve de acuerdo a los imperativos del mercado. Tampoco es una loa al anarquismo que defienden los que confunden la democracia con la ley de la selva.

Pero una cosa es esa, y otra condicionar un único tipo de consumo que responde a los gustos de quienes desde el poder, pueden legitimar o desautorizar lo que se produce a diario en la realidad.

Resumiendo: me parece que la UNEAC, y en sentido general, todo el sistema institucional de la cultura en Cuba, debería dejar a un lado los afanes de dictar parámetros y perímetros, para insertarse en una dinámica cultural global que ahora mismo aparece atravesada por la inter-actividad, la inter-creatividad, lo transmedial, y el prosumo de los grupos.

Juan Antonio García Borrero

UNA INTERESANTE POLÉMICA

 

A raíz de una de las ideas expuestas por Pedro Noa en su post más reciente de nuestro intercambio, se ha originado una interesante polémica entre el crítico de arte Abelardo Mena y él, vía correo electrónico. Les he pedido autorización a ambos para compartir esas reflexiones en el blog.

La idea de Pedro Noa que originó el intercambio es la siguiente:

“De los cuatro invitados a la mesa, las “mejores cartas” para informar a los presentes las tenía Samada, quien, desde hace algún tiempo, ha venido hablando en varios foros como el Congreso de la AHS y el propio Caracol de la Uneac, sobre los cambios en la política audiovisual y especialmente cinematográfica. Sobre ellas puedo escribirte casi otro post tan largo como este; pero, a grandes rasgos, puedo decirte que va dirigida a la transformación del icaic como institución más pequeña, eficiente y funcionando como empresa, no unidad presupuestada; al acercamiento de los artistas a la propia institución, mediante la creación y rescate de varios organismos internos como el Comité de documentalistas, la Comisión de Fomento fílmico; y, por último, a crear un vínculo y reconocimiento de los productores independientes, mediante el registro del creador, una nueva figura que es el colectivo de creación audiovisual, y el reconocimiento de varias figuras dentro del trabajo por cuenta propia entre los que están el arrendador y operador de equipos audiovisuales.

Todo esto dicho y rápido, tiene muchos matices que, si te parece bien, podemos desarrollar, otro día, como parte de este diálogo.

Un abrazo

Pedro Noa

 

DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA Y GARCÍA BORRERO

 Juani y Noa, de veras no logro imaginar cómo el ICAIC podría metamorfosearse en “empresa cubana estatal socialista”, y aun así producir buen arte que sea comercialmente rentable… Hay límites que el mercado no debe transgredir…y es deber de la clase política cubana entenderlo. Como sucede con la biotecnología.

¿Es acaso el entierro de aquel precepto fundador de marzo de 1959 “Por cuanto el cine es un arte?… ¿O es que volvemos al pragmatismo vulgar que sacudió las instituciones cubanas en el Periodo Especial?

Incluso la Conceptualización reconoce formas de propiedad no lucrativas, que desarrollen acciones lucrativas para sostenerse. Pero definirse de pleno como empresa igualito que las de la música, disqueras etc, será su muerte anunciada.

Abelardo Mena

 

DE PEDRO NOA A ABELARDO MENA

Estimado Abelardo:

Creo que todo lo planteado por Samada está por comprobar en la práctica; pero me parece que es un paso de avance. La empresa estatal socialista que se aspira como futuro de Cuba todavía es una entelequia demasiado apegada a uno de sus apellidos: socialismo, un sistema de transición sobre el cual hay más teoría que buenos resultados. Sin embargo, el que se piense como empresa me parece un adelanto, porque no es la mentalidad adocenada de la unidad presupuestada.

El cine y todo lo audiovisual es por sí una industria, por lo tanto se rige por un mercado y por los conceptos de ganancia. Mucho daño le ha hecho a nuestro cine olvidar esto y, sinceramente, creo que hemos logrado menos obras de arte que películas malas y algunas que otras comercializables.

El cine como arte, escrito en el proyecto original del icaic era un sueño y se logró en algunos momentos con el respaldo del estado; pero después de muchos yerros. Los tiempos que corren quizás no permitan simplemente aquello de “una cámara y una idea en la cabeza”. A lo mejor habrá que agregarle a la idea en la cabeza “que dé resultados económicos”, eso lo logró el movimiento originario: el cinema novo.

Pero también debemos rescatar una cinematografía que se pueda insertar en los festivales que le dan prestigio a nuestro audiovisual.

La biotecnología quizás debería ser un modelo a seguir por nuestras industrias culturales, en cuanto a irse colocando en un mercado y formando un personal calificado que ayude a esto. En esa industria, el estado ha jugado un papel fundamental. Esto no sería nada nuevo, si recordamos que los pioneros del cine norteamericano contaron con el apoyo de los grandes bancos y heredaron el modelo fordista para su producción. Y no es una defensa a ultranza de lo que comúnmente llamamos el cine de Hollywood; pero sus resultados nos deben hacer pensar, incluso como productores de arte fílmico.

Gracias por tu opinión. Me imagino que Juany también dará sus opiniones.

Saludos,

Pedro Noa

 

 DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA

 Estimado Noa,

Lucia, Memorias del Subdesarrollo ni Guernica no podrían haberse hecho bajo un concepto empresarial del cine o del arte, porque así no funciona.

Una cosa es que el ICAIC tenga ciertas zonas productivas “de mercado”: renta de equipos, salas de edición, etc, para ofertar servicios a productores cubanos y extranjeros.

Y otra cosa muy diferente es trabajar, en un país de extremismos como este, buscando criterios vulgares de rentabilidad en una actividad que (como la biotecnología) requiere invertir mucho (sembrar capital, públicos, capacitación) para recoger en no menos de 10 años.

Un realizador cubano YA no necesita del ICAIC para vender sus guiones a una productora extranjera, o Netflix, o para hacer cine en Cayman, Panama, o EEUU.

Ni para rentar cámaras Red, ni para vender derechos en Cannes o a una televisora de Europa.

El ICAIC NO necesita ser empresa. Puede ser entidad No lucrativa, y tender dentro áreas lucrativas, como estipula la Conceptualización.

Además, lo mismo para tomar Santa Clara que para dirigir el anterior ICAIC, necesitas liderazgos carismáticos, sea Che o Alfredo Guevara.

Preparemos el entierro del ICAIC. Fruto de una distorsión político-cultural irreparable.

Saludos, Abelardo

Pd: hago copia al viceministro Fernando Rojas.

 

DE PEDRO NOA A ABELARDO MENA

Estimado Mena:

Lucía y Memorias… fueron los “cantos de cisne” de un proyecto político que incluía la cultura, aunque, después de 1961, fue difícil definir qué se ponía en función de qué, cuando debieron crecer juntos.

Después han llegado otros filmes que podemos evaluar como obras de arte, cada uno hijo de su tiempo hasta el día de hoy.

“Guernica” fue el grito salido del corazón de un artista frente a una de las masacres más crueles de la humanidad. Algo poco frecuente hoy en día, cuando casi ninguno grita con la misma fuerza que Picasso, ante tantas masacres que llenan las pantallas.

Tienes razón. El nacimiento de ninguna de las tres obras está determinadas por la empresa como gestionadora de arte; pero el cine no es igual a la pintura, por lo menos en su momento creativo. El cine -reitero- es industria.

Quizás en los días que corren, se pueda pensar que un filme se hace como un cuadro, cerrado en una habitación o estudio, acompañado por una PC y un celular de última generación.

También es cierto que ya podemos relacionarnos con quien queramos. El problema es que esas instituciones quieran saber algo de nosotros. Si todavía no tenemos “engrasado” los rieles de la industria del arte visual – sobre el cual ud. conoce mucho mejor que yo- qué quedará para el audiovisual.

Le doy otra aprobación: En estos intentos es cierto que necesitamos personas como Che y Alfredo Guevara. Ambos son únicos. Pero van apareciendo otros a quienes – espero- no le corten las alas como Ícaro.

Cuando convocamos en el 3er Encuentro de la crítica cinematográfica, el Panel final: “Institucionalidad, modelos de producción y el futuro del cine cubano” fue idea de un joven crítico. Los organizadores lo aplaudimos porque todos creemos que el gran reto actual del país y dentro de él, el arte, es construir nuevas instituciones, bien fundamentadas en leyes que den posibilidades a tod@s.

En aquellos modelos de producción – donde se incluye la posibilidad del creador de vender su idea, proyecto u obra a grandes industrias- empresas, pensamos igualmente en los youtubers cubanos, una nueva manifestación tribal urbana que está colocando una imagen Cuba diferente en las redes. Muy naif, pero desamparados en su “inocente” adolescencia. Por eso – para conocerlos personalmente- pusimos un encuentro con ellos en el evento.

El icaic nació como un sueño de cinéfilos. Le regalo unos párrafos que pueden, de cierta manera, confirmar lo escrito anteriormente. Los escribió Walfredo Piñera, asesor, en 1959, del BANFAIC para la aprobación de créditos en el área cinematográfica, sobre la Ley No. 169:

“La ley está hecha por personas que creen saber de cine, pero que están muy confusos y valoran desenfocadamente el aspecto artístico. Carece de detalles. se insinúa el control de los temas y hay contradicción al marcar criterios argumentales en el mismo párrafo que consagra la libertad de creación.

No se contempla el ángulo industrial. se insiste en problemas culturales que nada tienen que ver con esto. Se forman comisiones de estudio que bajo contrato analizarán y determinarán sobre estas cuestiones. Se considera en extremo el problema de la distribución siendo éste un capítulo que costaría millones de pesos mantener con canales propios por el mundo y esto después de tener una producción de continuidad suficiente.

El art. 13 daría la clave para una Ley de Cine en manos de personas capacitadas. Pero ésta sería la ley que se debió aprobar y no esta superestructura inoperante en la práctica”.

¿Qué le parece? El icaic fue madurando a golpes como la Revolución. Ahora está en el momento de transformarse porque no puede desaparecer, porque es necesaria una institución, llámese icaic o Instituto cinematográfico cubano. ¿Al fin no estamos reconociendo el evento cinematográfico de diciembre como Festival de cine de La Habana?

Sin embargo, no comparto con ud la premura ante su muerte ni la libertad sin ataduras de los creadores audiovisuales.

Gracias por poner al tanto de nuestra conversación a Fernando Rojas, yo agrego a Ramón Samada, al frente en estos momentos del icaic.

Un abrazo,

Pedro Noa

 

DE ABELARDO MENA A PEDRO NOA

Noa, ahora no tengo tiempo como mereces para responderte en detalle.

Pero creo olvidas un hecho fundamental: ni el ICAIC como empresa, ni ninguna empresa cubana, podrán desarrollar los esquemas de producción presentes en los monstruos productivos capitalistas porque sencillamente, no tienen capital de expansión.

A no ser que comencemos a reciclar a Juan Orol, con destino a cines estilo Shanghái, para un canal de Netflix en moteles de Tijuana.

Apple necesitó a Steve Jobs, Microsoft a Bill Gates y Paul Allen, Google a Serguei Brin, para soñar, emerger y subir.

Ninguno de nuestros burócratas-empresarios le llega ni al tobillo.

Es que ni siquiera pueden garantizarnos un buen pan cada día!

Y eso no tiene nada que ver ni con jóvenes críticos, ni con Walfrido Piñera.

Tiene que ver con formación gerencial, administración, management.

Lo que se enseña en EEUU desde que eres escolar.

Avidez de sangre implacable que no se enseña en los menguados cursos estatales de administración.

No hay nada más ridículo y pretencioso que intentar ser un fabricante suizo de relojes, cuando ni eres suizo, ni tendrás el material necesario, ni el mercado.

Es la misma fatuidad que cuando se habló de la industria cubana del videojuego.

O la industria cubana del queso, inaugurada en 1970.

Cuba debe aprender a jugar su juego, en su nicho, con sus capacidades, y no mirarse en espejos donde no podrá ganar, y donde se convertirá en mueca grosera de sí misma.

Mira con lupa los experimentos más innovadores del mundo empresarial cubano: La Habana Vieja, la UCI, y Biotecnología.

Los tres tenían detrás una personalidad carismática, Fidel, y a un administrador también carismático: Leal.

Esto NO tiene nada que ve con una nueva ley de cine, ni con el apoyo a creadores jóvenes.

En un país con salas de cine destartaladas, no hay “mercado” de cine al estilo Hollywood o Bollywood.

No puedes subir el precio de taquilla, y ni poniéndolo a 10 cuc lo harás rentable.

Y no puedes exhibir en EEUU, y lo que haces como cine cubano- porque aunque seas independiente no te logras quitar la piel cubana- será un mamotretro folklórico  para ellos.

El ICAIC está muerto hace rato.

Pero el entierro demora, porque aquí ni las ambulancias rumbo al crematorio tienen prisa.

¡Viva el postcine cubano!

Abelardo Mena

 

 

 

CIBERTERTULIA SOBRE EL “PROGRAMA DE FOMENTO DE LA CULTURA AUDIOVISUAL” EN CUBA

Tomado del blog: Cine Cubano La pupila Insomne

por Juan Antonio García Borrero

En nuestra próxima Cibertertulia El Callejón de los Milagros, a celebrarse el jueves 25, a las 5.00 pm, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, estaremos hablando del “Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual” concebido por el ICAIC, y tendremos como invitado a Roberto Smith, actual Coordinador Nacional del mismo.

No es la primera vez que en Camagüey abordaremos este asunto, pues los que asistieron al Primer Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales celebrado en el año 2016, recordarán que una de las sesiones de trabajo estuvo dedicada a evaluar la implementación del mismo en la ciudad.

Lamentablemente, a pesar de que en Camagüey todas las condiciones están creadas para poner en práctica el Programa, no hemos podido iniciar convenios de trabajo con las instituciones educacionales que existen aquí, debido a que el grueso de los directivos no conoce la existencia de ese documento programático.

Es cierto que hay cuestiones que para que consigan impactar en la Política Pública necesitan de la intervención directa de quienes ocupan los más altos escaños del gobierno en Cuba, pero, ¿qué justificación tendría que acá en Camagüey, donde ya la infraestructura está creada, y existen las personas que pueden ayudar a formar a los profesores, todavía no funcionen los círculos de interés que aborden la apreciación audiovisual desde las escuelas?

En estos cuatro años de trabajo, el Proyecto El Callejón de los Milagros ha tratado de construir un espacio de reflexión y un área de influencia donde sea posible adquirir competencias cognitivas asociadas al momento histórico que estamos viviendo.

Y en ese período hemos tenido la oportunidad de intercambiar con representantes de la Red del Universo Audiovisual del Niño o de CELEP (Centro Referencia Educación Preescolar adscrito al MINED), pero el impacto en las prácticas rutinarias asociadas a lo docente sigue siendo mínimo, dada la falta de una alianza efectiva entre las áreas de Educación y Cultura.

Con la Cibertertulia del jueves, más que disertar sobre las posibilidades de implementar el Programa de Fomento para la Cultura Audiovisual en abstracto, pretendemos dejar establecidas un grupo de acciones concretas, donde se aproveche la infraestructura que ya existe.

Ese día también dejaremos inaugurada la Galería QR “El Callejón de los Milagros” con una exposición de fotos sobre las cuales estaremos ofreciendo información más adelante.

Juan Antonio García Borrero

LAS FORMAS ÚTILES DE LA LOCURA

Tomado del blog Cine Cubano La pupila Insomne

 

 

Aprendí tarde que la locura no es lo contrario de lo razonable, sino otro de los atajos a través de los cuales se puede llegar a lo que nos libera.

No recuerdo ningún maestro que en mi infancia me hablara bien de la locura. Al contrario, me educaron para que todo en mi vida tuviese un orden férreo, una armonía preestablecida, a imagen y semejanza de lo que mis padres, con su buena fe, deseaban para mí: un mundo armónico, luminoso, que ahora sabemos solo será posible habitar alguna vez en el más allá o en el más tarde.

Descubrir el mundo del arte fue mi bendición, porque para los artistas su creación no podría existir sin la apropiación sistemática de eso que Platón llamaba las formas útiles de la locura. Como apunta Hauser en Romanticismo y pérdida de la realidad: “Tanto el artista como el loco prefieren renunciar al mundo que a sus propios postulados e ideales”, y antes Aristóteles en la antigüedad: “Nunca hubo un ingenio grande sin un poco de locura”.

Algo pasó por el camino que la locura creativa terminó siendo satanizada, para convertirse en hegemónica la locura estéril, esa que a diario nos domestica y convierte en meros instrumentos de intereses casi siempre ajenos a nuestro mundo interior. El miedo a que nos tilden de locos por no compartir lo que sencillamente “el sentido común” disfraza de normalidad, ha terminado por mutilar la autenticidad de nuestro Yo verdadero.

Ahora solo nos queda el camino que María Zambrano proponía cuando hablaba de la urgencia de “una ciencia de la piedad”:

Saber tratar, sí, con lo diverso, con los distintos planos de la realidad que al ser armonía ha de ser múltiple. Saber tratar con lo cualitativamente diferente: tender puentes entre los abismos “existenciales”, que hoy se diría. Saber tratar con la mujer, el loco, el enfermo; saber tratar con el mundo que es siempre lo otro –el no-yo-. Saber tratar con lo sagrado, poniéndose una máscara cuando hace falta y callar a tiempo; saber de conjuros y exorcismos; poder descender a los infiernos una y otra vez, y hasta saber morir en vida todas las veces que haga falta. Saber tratar con los muertos y con sus sombras. Y sobre todo, sobre todo, saber tratar con lo otro en sentido inminente: El otro”.

 

A %d blogueros les gusta esto: